Boletín – Volumen 79

Boletín – Volumen 79

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Boletín – Volumen 79

Sinopsis

Por: Dr. Jorge Bracho

     La edición correspondiente al 15 de junio de 1920 inició con una información proporcionada a través de un Comunicado del Banco de Venezuela, titulada “Noticias financieras acerca de Inglaterra”. En ella se informó sobre la cantidad de billetes en circulación, la existencia de oro que daba garantía a estos billetes y el total de lo adeudado por Inglaterra, así como los préstamos otorgados a los Aliados, durante el conflicto bélico que recién había culminado, y los conferidos a sus colonias.

     De seguidas, se agregó “Cámara de Comercio de Ciudad Bolívar” en que se recordó la importancia que tenía para el intercambio comercial y mercantil de este gremio su instalación, en esta ciudad situada al suroriente de Venezuela. La misma sería presidida por Virgilio Casalta.

     En otro aparte se dio a conocer “El valor de las onzas de oro”. Lo escrito en él guarda relación con el desprestigio de las “célebres peluconas” que a cuenta de su deterioro se pagaban a no más de 7 bolívares. Por intermedio del Banco de Venezuela se comenzaron a cotizar por bolívares 80, porque si bien mostraban algún deterioro conservaban en su estructura “oro fino”.

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    En el mismo trabajo se expuso una breve semblanza histórica de la circulación monetaria desde tiempos coloniales, la que está acompañada de un cuadro en que se contrastan las monedas modernas de algunos países europeos y americanos. De igual manera, aparecen fotograbados de monedas con la imagen de Bolívar y otras de España, la Gran Colombia, Nueva Granada, Ecuador, Perú y Bolivia.

     Le sigue a esta sección: “Memorándum sobre la Ley de la Onza comunicado por el Banco de Colombia de Venezuela”. Se trata de una escueta reseña histórica relacionada con las casas de las monedas que funcionaron en territorio de ultramar en tiempos coloniales. En este sentido, en “Memorándum del Banco Hispano – Americano” se extendió la información acerca de la Ley que rigió a las onzas de oro españolas desde 1751 hasta las modificaciones introducidas en 1840. También, apareció “Memorándum del Banco del Perú y Londres” donde se respondía que la ley de las onzas de oro, correspondientes a los años de 1826 a 1855, y que se encontraban en Londres llevaban estampado el valor en oro que les fue otorgado en su momento.

     En “Notas acerca del origen y proceso histórico de la Ley Orgánica de la Hacienda Nacional” su autor, J. B. Calcaño Sánchez, señaló la importancia de estudiar el desenvolvimiento y desarrollo de la Hacienda Pública desde la época colonial, en especial a partir del siglo XVIII, hasta alcanzar una ley moderna en este orden de cosas. Según su exposición, la primera Ley Orgánica de Hacienda fue la instituida el 3 de agosto de 1824. La nueva Ley se redactó de acuerdo con ideas expuestas en la Memoria de Hacienda de 1918, acompañada de la Ley de Aduanas, leyes que regulaban el comercio exterior, interior y de tránsito, la de Impuesto de Papel Sellado y la de Renta de Salinas.

     Se sumó a esta edición “Noticias de Maracaibo. Centrales azucareros” en la que se dio a conocer que las ganancias que generaban era de altos dividendos. En “Sección de Correspondencia” la misma se nutrió de información proveniente del Consulado americano. Desde distintos lugares de los Estados Unidos de Norteamérica se proponían negociaciones e intercambios alrededor de un “líquido para cerrar rajas en los radiadores”, clavos con tapas de plomo para clavar hojas de metal, automóviles de distintas marcas, máquinas de escribir, telas de algodón, cinturones de cuero, la oferta para participar en una exposición en Chicago de métodos y aparatos para mejorar el procesamiento de la leche, teléfonos, sillas para montar caballos, molinos de café, picadoras de carne eléctricas y jabones para teñir ropa. Asimismo, se agregó una información relacionada con bienes exportados desde Venezuela hacia el país del Norte entre los cuales se encontraban el café, cacao, cueros de res, pieles de chivo y venado, carboyas de hierro, azúcar y otros no especificados y que sumaban en bolívares: 3.110.583. También, apareció una tabla de las exportaciones entre los años de 1912 a 1920.

     Apareció una noticia titulada “El consumo de cacao en los Estados Unidos de América”. En ella se expuso que la producción de cacao en el mundo para 1918 fue cercana a las 386.000.000 toneladas y que los Estados Unidos de América consumían cerca de la mitad. Luego de la guerra este país decidió importarlo de manera directa y no mediante intermediarios europeos, por lo que se exhortaba a los productores venezolanos a un mayor aprovechamiento en este sentido.

      En la página 752 aparecieron “Noticias financieras acerca de Francia” y “Noticias financieras italianas”, ambas aportadas por medio del Banco de Venezuela. En ellas se informó lo relacionado con la circulación de billetes y la suma total de los valores en oro existentes. En esta misma página se dio a conocer el nombre de quienes se incorporaron a la Cámara de Comercio de Caracas, entre los que se destacó el Banco Holandés de las Indias Occidentales, Hermanos Barbarito y Compañía, Lunning y Compañía, Olavarría y Compañía y Van Dissel Rode y Compañía.

     Entre las páginas 752 y 753 se expusieron algunas dificultades que afectaban al comercio de San Fernando de Apure, en especial, las mercancías que provenían de Caracas. En “Dificultades del transporte de mercancías de Caracas a San Fernando” señalaban la incomodidad que resultaba de la retención de las mercancías en Cagua, debido a la escasez de medios de transporte y por dificultades con los carreteros encargados del transporte. Advirtieron a los miembros directivos de la Cámara que, de no solucionar el problema, “importarían o comprarían en Ciudad Bolívar”. La Cámara elaboró un informe donde indicaban razones que impedían un tránsito fluido de mercaderías como las recientes lluvias, vías en mal estado y la poca cantidad de medios de transporte o carretas utilizadas para el comercio.

     De una información reproducida del Boletín del Banco Nacional de Nueva York se presentó “Escasez de capitales”. En el mismo se indicó el exiguo rendimiento que ofrecía el crédito, el alto costo de los préstamos y el proceso inflacionario proveniente del período bélico y que aún persistía.

     La información estampada en “Participaciones” daba cuenta de nuevas sociedades comerciales que se instalaron en el país. En un aparte suscrito por H. Pérez Dupuy éste defendió el 30% adicional de los derechos de aduana por la importancia que revestía para los intereses de la Nación venezolana. Por último, se presentó un cuadro sobre el movimiento de valores en la Bolsa de Caracas.

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Para este número setenta y seis los editores presentaron un Índice de la Ley de Aduanas.

Boletín – Volumen 68

Publicación de gran interés para el examen de algunas de las actividades económicas que se venían practicando para este año de 1919.

Boletín – Volumen 78

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Sinopsis

Por: Dr. Jorge Bracho

     Esta edición de fecha 10 de mayo de 1920 presentó un “Índice alfabético de la Ley Orgánica de la Hacienda Nacional vigente”. Ley sancionada por el Congreso para 1918 y dada a conocer el mismo año en una edición oficial impresa por la Imprenta Nacional.

     En páginas siguientes se reprodujo un escrito tomado de la Memoria de Obras Públicas titulado “Corporación del Puerto de La Guaira”. En él se subrayó la reconstrucción de la plataforma del muelle de cabotaje y la culminación del trabajo de unión de los muelles del Tajamar. Del mismo modo, se puso de relieve que las ganancias de la Corporación habían sido mayores este año de 1920 con respecto al anterior. El movimiento de cargas en el Puerto fue mostrado mediante cuadros dividido por años, en los que se aprecia que las mayores ganancias se presentaron en 1919. Luego de mostrar balances de ingresos y egresos, los redactores se encargaron de argumentar su oposición al aumento de aranceles propuesto por los administradores del Puerto. En este mismo aparte se publicó “Libelo de demanda contra la Corporación del Puerto de La Guaira”, expuesto por parte del Procurador General de la Nación, Guillermo Tell Villegas Pulido.

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     Entre las páginas 729 y 735 se dio a conocer la segunda parte del artículo del historiador estadounidense C. H. Haring bajo el título “Los libros mayores de los tesoreros reales de Hispanoamérica en el siglo XVI”, en que su autor señaló, entre otras cuestiones, que respecto a la organización administrativa de las primeras colonias de la América española ofrecían al historiador una amplia gama de posibilidades de indagación. Exhortaba a sus pares estadounidenses a una revisión mayor del Archivo de Sevilla, así como la necesidad de superar como fuente única la Recopilación de leyes de las Indias, preparada por la Corona de España.

     La sección de correspondencia se basó en la información proporcionada por el Consulado americano en Venezuela. Desde distintos puntos de la geografía de los Estados Unidos de Norteamérica se ofertaban agentes de negocios, máquinas para trabajos de panadería, materia prima para fabricar cerillas y velas, productos químicos, pinturas, telas para confeccionar ropas de damas, películas de cine, semillas, frutas, relojes de bolsillo, bujías para motores de combustión interna, máquinas de escribir, artículos de tocador, dulces, pianos, arroz, autopartes, medicamentos, aceites comestibles y productos a base de huevo.

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La situación mercantil actual

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Índice alfabético de la Ley Orgánica de la Hacienda Nacional vigente

Boletín – Volumen 77

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Boletín – Volumen 77

Sinopsis

Por: Dr. Jorge Bracho

     Esta edición correspondiente al 7 de abril de 1920 reseña una “Asamblea en la Cámara de Comercio de Caracas”. Entre los asuntos que en ella tuvieron especial atención fueron lo relacionado con la ratificación del Convenio, el Reglamento Arbitral y las Reglas para la disposición de las Mercaderías. Estos habían sido firmados con la Cámara de Comercio de los Estados Unidos de Norteamérica, cuyo texto completo se había publicado con el número anterior del Boletín. En la misma asamblea se anunció que para el momento la Cámara contaba con 150 miembros, crecimiento adjudicado al trabajo realizado por la Directiva de esta corporación.

     Páginas después se insertó la continuación de un aparte titulado: “El tercero de los temas de la Alta Comisión Internacional – 1919”. Aparte correspondiente que estuvo dedicado a la Administración del Crédito Público, donde se señaló que con la Ley del 11 de junio de 1915 se transformó por completo el anterior sistema de administración. A partir de este momento la administración del Crédito Público pasó a depender del Ministro de Hacienda. De igual manera, se hizo mención a lo relacionado con el sistema fiscal, las fuentes de ingreso del fisco nacional, las proporciones de los gastos de crédito público, los atributos del sistema fiscal y la reforma monetaria basada en el sistema decimal y la referencia al Franco instituido en 1848.

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     Un breve artículo, reproducido de The Annalist (Nueva York, número 391, con fecha 23 de febrero de 1920) cuyo título fue: “Seria disminución de los aceites combustibles producida por la demanda creciente”. En él se señaló que su escasez, en suelo estadounidense se debía, de manera especial, a una gran demanda a escala planetaria por parte de embarcaciones y el uso industrial. Otro tanto se adjudicó a un Decreto dictado por el presidente mexicano Venustiano Carranza con lo que limitó la cantidad de taladros para la extracción de materias primas para la producción de combustibles. Esto provocó la disminución de transportes y sumado a esta circunstancia se dio a conocer que la explotación de yacimientos en California no era suficiente para cubrir la demanda existente.

     Un escrito denominado “El papel que desempeñan los bancos en el costo de la vida”, firmado por H. Pérez Dupuy y tomado de El Universal (abril 12 de 1920) en que su autor desmintió la conseja según la cual la inflación se debía a la expansión del crédito. Pérez Dupuy desarrolló su argumento según la afirmación que había algo de cierto en ella. Sin embargo, señaló que el crédito se podía clasificar en dos categorías. Uno, se utilizaba para fomentar el comercio y producción de bienes indispensables para la vida humana. Otros, eran destinados para actividades especulativas, no productivas. De acuerdo con sus argumentos serían estos últimos los que repercutían para incrementar la inflación.

     Entre las páginas 700 y 702 se editaron unas tablas tituladas “Curso del cambio en Venezuela durante los años de 1913 a 1919”. En ellas aparecen por cada año y dividido por los meses de enero a diciembre lo correspondiente a libras, dólares, florines, francos, marcos, pesetas y liras en el ámbito cambiario.

     Entre las páginas 702 y 710 fue insertado un artículo que llevó por título: “La Real Hacienda en el régimen colonial de España” cuyo autor era un profesor de historia de la universidad de Yale de nombre C. H. Haring. Este trabajo fue reproducido de: The American Historical Review, correspondiente a julio de 1918.

     En las páginas finales se dio a conocer: “Lista alfabética de los catálogos recibidos por la Cámara de Comercio de Caracas y existentes en su Biblioteca, para 1920”. La mayoría de estos inventarios eran del año de 1919, aunque habían de 1913, 1914 y 1918. En ellos se ofrecían maquinarias de distinto tipo, procesadoras de materias primas, materiales de construcción, autopartes y camiones de carga, entre otros, provenientes de distintos países.

     En la sección de correspondencias se pueden leer propuestas de una fábrica de chocolates y galletas, asentada en La Habana para negociar cacao proveniente de Venezuela. Desde Austria se proponían lazos comerciales con exportadores de cuero seco de res, café y cacao, entre otros productos. Propuestas desde París, Bordeaux, Marsella, Constanza, Oklahoma, Puerto Rico y Viena eran para relacionarse con exportadores venezolanos.

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Boletín – Volumen 76

Sinopsis

Por: Dr. Jorge Bracho

     En esta edición, con fecha primero de marzo de 1920, se agregaron nuevos avisos publicitarios de representaciones para la importación y exportaciones de bienes bajo la firma J. G. White, servicios ópticos y de farmacopea a cargo de Constanzo Vanzina y de consignación y comisión en general bajo la responsabilidad de S. Plaza.

     Para este número setenta y seis los editores presentaron un Índice de la Ley de Aduanas (desde la letra A hasta la letra Z) con el propósito de facilitar su consulta por parte de quienes se dedicaban a actividades comerciales y mercantiles. En el mismo se advirtió que fue preparado por un conocedor de estos aspectos legales.

     Entre las páginas 686 y 690 se publicó “El tercero de los Temas de la Alta Comisión Internacional – 1919”. Este aparte fue dedicado al crédito nacional y los factores que lo afectaban junto con el monto y el carácter de las deudas públicas. En el mismo se aclaró el significado de las denominaciones Crédito exterior y Crédito interior. Se trató lo correspondiente a la Ley de Colombia del 22 de mayo de 1826, la nueva Ley de Crédito Público del 11 de junio de 1915. En lo que respecta al Crédito Interior se explicó que abarcaba la Deuda Nacional Interna Consolidada del 3% anual, la Deuda Inscrita y los Bonos del Tesoro que sumaban un total de 49.070.831,92 bolívares. 

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     Respecto al Crédito Exterior sumó un total de 93.952.410,73 bolívares. En esta última estuvo contemplada la Deuda Nacional del 3% por Convenios Diplomáticos, Certificados Provisionales (españoles), Deuda Diplomática del 3% anual (Emisión de 1905) y Deuda Diplomática sin intereses (Protocolo de arreglo venezolano – francés del 14 de enero de 1915). Para cada caso se daba la explicación de las deudas y cuya reclamación requería de atención gubernamental.

     En “Sección de Correspondencia”, como venía siendo usual en el Boletín, se ofertaban servicios para ensanchar relaciones económicas con casas comerciales asentadas en Venezuela. Las ofertas provenían de distintos espacios territoriales como Puerto Rico, Florencia, Yucatán, Nueva Orleans, Matanzas, Gibraltar, Lucca, El Cairo, Kansas City, Tokio y París. Las ofertas iban desde el ofrecimiento de bienes exportables junto con lo que pudiera ser colocado en tierras de Venezuela. Entre los bienes ofertados y demandados iban desde el café, el cacao, aceites, azúcar refinada y tabaco, se ofrecían desde el exterior cigarrillos, instrumental médico y odontológico.

     La comunicación enviada por el Consulado americano, el 2 de febrero de 1920, contemplaba algunas peticiones y propuestas de comerciantes y fabricantes estadounidenses. Entre ellas se ofertaban correas de transmisión, correas hechas de cuero, papel fino para correspondencia y jabones de distintos tipos y usos, el requerimiento se circunscribió a cueros, pieles, cuernos y otros productos similares provenientes de Venezuela. Una información suministrada por el mismo Cónsul daba cuenta de las exportaciones que se habían dirigido a territorio estadounidense, incluido Puerto Rico, por un monto 4.611.846 bolívares. Entre ellas se encontraban el café, cacao, cueros de res, pieles de chivo y venado, carboyas de hierro y cobre viejo, entre otros. Agregaron otra información proporcionada por el mismo funcionario respecto a las exportaciones para los meses de enero y febrero desde el año de 1912 hasta 1920.

     Una breve sección denominada “Participaciones” daba a conocer algunos cambios entre socios comerciales y aperturas de nuevos establecimientos comerciales. Una escueta comunicación presentaba información acerca del balance comercial de los Estados Unidos de Norteamérica. Comercio que le era favorable frente a sus socios en Asia, Suramérica y Europa. Líneas después se encargaron de anunciar la actualización del estudio que habían presentado en ediciones anteriores, titulado “Apuntes sobre la riqueza mineralógica de Venezuela”, escrito originalmente en 1915 por Germán González.

     Al final se presentó una información extractada del Suplemento Comercial de The Times, publicado en Londres, donde se informaba sobre las medidas recomendadas al gobierno británico por parte del Comité de Circulación y Cambios para la reforma de la circulación monetaria. De igual modo, se anexó un decreto firmado por el presidente provisional Márquez Bustillos relacionado con la creación de nuevos cargos en la aduana de La Guaira: un interventor, un guarda – almacén, un liquidador, dos oficiales auxiliares y cuatro oficiales de reconocimiento y almacenes, con sus respectivas asignaciones mensuales. Se anexó, asimismo un Suplemento al Boletín número 76 referido al “Convenio de Arbitraje comercial celebrado entre la Cámara de Comercio de Caracas y la Cámara de Comercio de los EEUU”, refrendado por H. L. Ferguson y H. Pérez Dupuy.

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Boletín – Volumen 75

Sinopsis

Por: Dr. Jorge Bracho

Para el primero de febrero del año de 1920 se dio a conocer el número 75 del Boletín, el cual se sumaba a la denominada segunda época correspondiente al año IX. Una de las novedades de esta edición fue la del aumento de anuncios publicitarios. A los ya habituales se sumaron: Santana y Compañía, encargada de la distribución de neumáticos marca Hartford, el agente de aduanas y negociante S. Plaza M., el abogado J. E. Sánchez Afanador, una distribuidora de camas: Sucre Paredes y una firma de Álamo – Ybarra.

     Uno de los avisos publicitarios habituales era “La India” cuyo despliegue ocupaba la mitad de una página. Se indicaba en él: “Acaba de recibir por vapor “Bologna” los siguientes artículos: Turrones de Jijona, Alicante, Masapán, Cádiz y Yona. Almendras cubiertas de superior calidad. Avellanas cubiertas, Piñones cubiertos, Garrapiñadas, Torrat de Anís, Peladillas de Alcoy, Frutas heladas, cristalizadas y glasadas. Bombones de Pastas de frutas y de Pasta de Almendras. Gran surtido en Cofres japoneses y cesticas propias para regalos”. En negritas y aparte se ofrecían helados de goma, de mantecado y de frutas, “Los mejores de la capital” según se anotó en el anuncio.

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     La edición abrió con informaciones recientes respecto a los nuevos miembros que se incorporaban a la Cámara. Entre ellos dos de Valencia, Eduardo Berrizbeitia y Ernesto Branger, una Compañía de Ferrocarril de Puerto Cabello, de Coro, G. M. Henriquez, García Hermanos de Barquisimeto, Lahoud y Compañía de Caracas, Eduardo Lindheimer y Compañía de Barquisimeto, Manuel L. Malaret de Cumaná, J.M. Miranda Ferrer también de esta ciudad del oriente de Venezuela y, por último, I. A. Senior e hijo de Coro.

     Entre los artículos se editó la conclusión de “Apuntes sobre la riqueza mineralógica de Venezuela” redactada por Germán Jiménez. El mismo cerró esta disertación con el examen de la minería de las sustancias no metálicas, en este caso el asfalto. En una sección posterior, titulada “Participaciones de constitución de firmas mercantiles” se dio a conocer el establecimiento de nuevas dependencias comerciales tales como: la Editorial Victoria, en Caracas, representada por Manrique y Ramírez Ángel, la Tipografía Vargas, en Caracas, bajo la responsabilidad de Aguerrevere y Guruceaga, compra y venta de frutos del país de Otero y Díaz, en Caracas, así como el establecimiento de la Trading Engineers en Venezuela.

     Un aparte titulado “Estadística” fue preparado por miembros de la Cámara para ofrecer cifras correspondientes a productos venezolanos de exportación, entre ellos los atinentes al café y el cacao, de acuerdo con información suministrada por el Ministerio de Hacienda que abarcaron desde los años 1902-1903 hasta 1917-1918. En el mismo gráfico aparecen números relacionados con los lugares de origen de las salidas de estos productos.

     En “Información sobre algunas materias primas que produce Venezuela” e importadas desde Liverpool se dio a conocer que de las conchas de nácar debían ser enviadas muestras para futuros negocios, así como que el Guano debía ser enviado en frascos cerrados herméticamente para conservar su frescura, aunque continuaba siendo enviado en sacos. También la cola de pescado desde Maracaibo, rojo seco y oscuro oleoso aparecía entre los productos ofertados e importados desde Inglaterra.

     De igual manera, en este número se presentó un informe preparado por autoridades inglesas, relacionadas con la compañía de ferrocarriles, publicado en la revista The Economist, acerca de los progresos alcanzados por “La Compañía del Ferrocarril Central de Venezuela”. Seguidamente, se hizo extensiva la invitación a quienes viajaban a Nueva York con fines comerciales a informar al diario La Prensa, editado en esta ciudad, el motivo de su visita y así facilitar información de potenciales negociantes y lugares donde pernoctar durante la visita.

     De una revista editada en Francia que llevaba como nombre L’ Exportateur Francais se reprodujo un escrito, “Distribución del comercio francés durante una parte del año 1919”. Entre otros asuntos se informó acerca de la compra y venta de productos franceses, entre los meses de enero y octubre de 1919, por parte de países como los Estados Unidos de Norteamérica, Bélgica, España, Suiza, Italia, Brasil, Argentina, Rusia, Argelia y Marruecos.

     La “Sección de correspondencia” informaba acerca de propuestas provenientes de Génova, Italia, para relacionarse con comerciantes de Venezuela, otra proveniente de Lyon, Francia, en que se ofertaba el camión C. B. A., con capacidad de cuatro toneladas y que se había utilizado durante la Primera Guerra Mundial, así como un auto, H. P., cuyo uso podría ser para hombres de negocios y actividades turísticas. De Cuba se ofrecían servicios de importación y exportación y de Estados Unidos de Norteamérica se proponían alianzas del mismo tenor, aunque no por la representación de intermediarios o comisionistas. En este mismo orden de ideas, bajo el título: “Consulado americano, La Guaira 12 de febrero de 1920” se ofrecían intercambios comerciales de bienes como efectos eléctricos, de ferretería, de quincallería, máquinas de distinto tipo apropiadas para el trabajo agrícola y para fábricas, muebles, pianos, accesorios para automóviles, bicicletas, instrumental para dentistas, una nueva clase de cepillos dentales, lámparas incandescentes, medias y calcetines, entre otros.

     Del Suplemento Comercial de The Times editado en Londres se dio a conocer algunos pormenores de las importaciones latinoamericanas por parte de fabricantes y comerciantes ingleses. En el mismo se informó acerca de la escasez de aceite comestible en muchas partes del mundo. Por tal razón, sugirieron la necesidad de extender la producción de aceites provenientes de las nueces, así como el de coco, que se cotizaban muy bien en el mercado internacional. En el mismo escrito se indicó que Colombia y Venezuela contaban con frutos generadores de aceites. No obstante, el desarrollo de una industria en este sentido había tenido dificultades tecnológicas y culturales que no se habían podido superar.

     En las últimas páginas se dio a conocer “Informe de la Oficina de Comercio Exterior de The Merchants, Association of New York” en que se explicaban algunas cuestiones relacionadas con el comercio durante el período de la Primera Guerra y varias recomendaciones para su recuperación y eludir cualquier posibilidad de colapso.

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Sinopsis

Por: Dr. Jorge Bracho

     Para esta ocasión el Boletín ofreció otra entrega del trabajo realizado por Germán Jiménez, titulado “Apuntes sobre la riqueza mineralógica de Venezuela”. En las líneas trazadas bajo este título hizo referencia a la minería de las sustancias no metálicas, entre las que destacó las minas de carbón en los estados Anzoátegui y Falcón. También destacó lo referente a las minas de asfalto. Según la información anotada había veinte concesiones otorgadas, aunque la única en actividades era la situada en Guanoco y administrada por la New York and Bermudez Company. Estas consideraciones fueron acompañadas de datos de producción, características de los minerales e inversiones y ganancias en la minería.

     Seguidamente se insertó “Método empleado por las casas europeas para descontar en los bancos sus ventas a plazo”.En el mismo se dio a conocer el rol que cumplía el llamado comisionista o intermediario, el vendedor, el distribuidor, así como el procedimiento que debían realizar con los bancos y la empresa proveedora. En este corto escrito informativo se ofreció como ejemplo el caso de belgas, alemanes, italianos, entre otros para establecer relaciones de intercambio en América.

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     Bajo este mismo marco, se describió en “Nuestro sistema de exportación” concentrado en las modalidades de venta en Venezuela, las cuales se hacían por consignación o venta firme. De seguidas, se expuso “Sistema de nuestro comercio de importación” en que se informó, de un lado, las modalidades del cobro desde fuera del territorio y, por otro, que el comercio con Francia, Italia e Inglaterra era igual que antes de la Primera Guerra, con plazos de seis meses para cancelar e intereses entre 4 y 6 por ciento por año. A pesar de la brevedad de este escrito resulta interesante por datos que aporta en torno a las disposiciones favorables, mostradas por el comerciante venezolano, quien, al saber del texto, no contraía deudas por grandes importes. También, porque ofreció información en torno al tratamiento de los distribuidores de manufacturas europeas y exigidas por el americano. Lo que podría llamar la atención hoy es que las exportaciones o los exportadores americanos poco se preocupaban por la calidad de lo exportado en contraste con el trato de los europeos hacia el comerciante americano, según las líneas redactadas al respecto.

     En esta edición, correspondiente al primero de enero de mil novecientos veinte, se incorporó un texto nombrado como “Temas de la sección venezolana de la Alta Comisión Internacional” que, según se publicó fueron tomados de un folleto publicado por la misma Comisión. De ella se dio a conocer un fragmento del tema dos: “Aceptaciones comerciales”. En este aparte se habló en torno a los bancos y lo novedoso que para los comerciantes venezolanos resultaban las transacciones mediante entidades bancarias. De igual, manera se incorporó un tema relacionado con las medidas encaminadas a facilitar el intercambio mercantil entre las repúblicas americanas.

     Más adelante se publicó un prospecto de convenio de arbitraje. En la sección “Correspondencia” fue presentada una lista, enviada por el cónsul estadounidense, de casas comerciales asentadas en la América del Norte que tenían la intención de entablar relaciones comerciales con venezolanos dedicados a la compra y venta de manufacturas.
Al final, se publicó una reseña de una revista mensual, editada en Nueva York por Mc. Grau Hill, titulada Ingeniería internacional, en que los temas eran de interés comercial. De ella el Boletín reprodujo “El costo del oro” y “Precio del carbón en Inglaterra”. Como acompañamiento a esta información se presentó “Rápida sustitución del carbón por el petróleo en los buques mercantes americanos”. Se trató de un artículo tomado y traducido de: The Annalist. Publicación proveniente de Nueva York y de fecha noviembre 17 de 1919. Entre diversas consideraciones, se explica en él, con cierto matiz de asombro, que el 15 por ciento de las embarcaciones usaban petróleo como combustible, la disminución del uso del carbón, así como las ventajas de este cambio: se empleaban menos trabajadores.

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