Boletín – Volumen 129

Boletín – Volumen 129

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Boletín – Volumen 129

Sinopsis

Por: Dr. Jorge Bracho

     Este número apareció el 1 de agosto de 1924 en cuyas páginas iniciales se lee “Situación mercantil”. Su párrafo inicial reza lo siguiente: “El mes de julio ha sido de poco movimiento comercial, y en bastante de los negocios que en él se hicieron hubo concesiones de precios sobre todo en los artículos que por los últimos aumentos de derechos arancelarios pueden sostener su precio” (Pp. 2483-2486).

     A continuación se pueden leer pequeñas notas de asuntos distintos. En “La carretera de Caracas a La Guaira” se informó de los adelantos de esta vialidad que se habían comenzado en 1922, en “Conferencia del cacao en Londres” se informa respecto a un encuentro realizado en junio de 1924, en “Breve historia de la Cámara de Comercio de Maracaibo” se presenta una semblanza de su extensión, en “La Real Nave ‘Italia´” se dio a conocer la visita de una embarcación con una exposición itinerante de la producción industrial y comercial italiana, en “Instituto Internacional de Agricultura” se expone información de una dependencia del mismo nombre que funcionaba en Roma, en “Un libro del profesor Pittier” se informó sobre la publicación de su obra Plantas usuales de Venezuela y, por último, en “La Feria de Fráncfort” se informó que se llevaría a cabo del 21 al 27 de septiembre de 1924 (Pp. 2487-2489).

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     De seguida, “La batalla de Junín” (Pp. 2489-2490) en que se destaca, a propósito de su primer centenario, uno de los encuentros bélicos que fue de importancia para garantizar la Independencia con la liberación de Perú del yugo colonial.

     En páginas posteriores se insertó “El ferrocarril de la Guaira a Caracas. Pormenores técnicos. Su electrificación” (Pp. 2491-2499). En este escrito se puede leer un conjunto de argumentos relacionados con la construcción del primer ferrocarril de Venezuela, en cuya edificación estuvieron presentes ingenieros venezolanos. Fue redactado por Germán Jiménez.

     Luego se incluyó “Bosques y aguas” en que se pueden leer la importancia de las aguas a escala mundial, el problema del agua en Venezuela, la solución que proporcionan los bosques en este orden, el deterioro de los bosques en el país, la tala como causante de su deterioro, la legislación sobre bosques y aguas en Venezuela y algunas propuestas para reformar la legislación venezolana en este sentido (Pp. 2499-2507). Le sigue “Informe de los señores doctor José Vargas, Carlos Machado y comandante de ingenieros Juan M. Cagigal, sobre los terrenos que deben conservarse para que no disminuyan sus aguas al Concejo Municipal en 1837” (Pp. 2508-2511).

     Más adelante se puede leer el capítulo II: orígenes de los bucaneros del texto de C, H. Haring “Los bucaneros de las Indias Occidentales en el siglo XVII” (Pp. 2511-2515).

     Entre las páginas 2515 y la 2518 se editó un escrito preparado por Homer S. Fox, director de la Petroleum Division, con el título “Petróleo” donde su autor expone la situación de la industria petrolera durante el año de 1923.

     De la página 2518 a la 2520 aparece una oferta de estudios en Francia, avalada por la Cámara de Comercio de París bajo el título “La academia comercial para estudiantes extranjeros”.

     “Situación de la industria algodonera mundial durante el primer semestre de la campaña 1923-1924” ocupa las carillas 2520 y 2521 y que fue preparada por la Federación Internacional de hiladores y manufactureros de algodón, viene acompañada de cuadros estadísticos.

     En carillas posteriores, “Noticias de Colombia” en que se aborda información sobre la industria bananera y el descubrimiento de petróleo en la Goajira, “Noticias del Ecuador”, “Sección de correspondencia” y “Participaciones” (Pp. 2521-2522).

     Para cerrar “Comercio de café en Maracaibo en mayo de 1924”, “Comercio de café en junio de 1924”, “Café y cacao exportados por La Guaira en junio de 1924”, “Comercio de café en Maracaibo en 1923”, “Exportaciones por la Aduana de San José de Cúcuta en 1923”, “Exportación de cacao y café por el Puerto de Carúpano en 1923”, “Exportación por el Puerto de Carúpano en 1923”, “Precios de productos en diversos lugares de Venezuela en junio de 1924”, “Valores de las bolsas de Caracas y Maracaibo en julio de 1924”, “Tipos de cambio en Caracas en julio de 1924”, una información acerca de una Feria Internacional en Argentina que se montaría en octubre de 1924 y “Exportación de Puerto Cabello en 1923” (Pp. 2523-25231).

Más boletines

Boletín – Volumen 80

Aceptaciones comerciales y bancarias.

Boletín – Volumen 77

Asamblea en la Cámara de Comercio de Caracas

Boletín – Volumen 141

Aunque más animado que el pasado junio, julio tuvo aún cierta debilidad y los negocios se resintieron de presión del vendedor hacia el comprador.

Las haciendas de café en Caracas

Las haciendas de café en Caracas

En su obra, Relación de un viaje a Venezuela, Nueva Granada y Ecuador, el Consejro Lisboa comenta la importancia de los cultivos de caña y café en Caracas.

En su obra, Relación de un viaje a Venezuela, Nueva Granada y Ecuador, el Consejro Lisboa comenta la importancia de los cultivos de caña y café en Caracas.

     El Consejero Lisboa, como se le motejó en Venezuela, fue un diplomático de origen noble que vivió entre 1809 y 1881. Fue el primer y único barón de Japurá y representó a Brasil en varios países de América y Europa. También fue un aficionado y estudioso de la espeleología y de la poesía. Estuvo en Venezuela entre septiembre de 1852 y enero de 1854, aunque había estado en el país en 1843. Su estancia en territorio venezolano fue con fines diplomáticos al igual que comerciales, a propósito de la apertura de una nueva ruta de navegación por el río Amazonas. Por tal razón, también estuvo en Colombia y Ecuador.

     Aprovechó esta circunstancia para redactar un libro, Relación de un viaje a Venezuela, Nueva Granada y Ecuador. Resultó ser una obra única en su género para el momento cuando fue publicada. Si bien la calificó como del género de los viajeros va mucho más allá.

     En su escrito se nota el conocimiento de la poesía del momento y de aspectos relacionados con su experiencia como diplomático. Desde los 18 años entró en el servicio diplomático del Reino del Brasil. En 1851 fue nombrado ministro en Misión Especial para los gobiernos de Nueva Granada, Venezuela y Ecuador. La misma representación administrativa fue llevada a cabo en Lima (1855), Washington (1859), Bruselas (1865) y Lisboa (1869).

     Según las líneas redactadas por Lisboa, el propósito de dar a conocer su libro, el cual fue publicado en Bruselas en 1866, era ofrecer las características y pormenores de países desconocidos para sus paisanos. Fue una motivación más política frente a otra consideración. Su intención se concentró en ofrecer a la opinión pública sus vivencias, aunque no dejó de advertir que sus argumentaciones las había estampado de manera imparcial. Esperó trece años para dar a conocer su escrito, no sin fuertes trabas ante las empresas editoriales. Pero, advirtió que lo que en su libro había expresado, todavía para 1866, estaban vigentes porque a los países que hacía referencia habían experimentado pocas transformaciones.

     En este orden, expuso ante sus potenciales lectores sobre los reproches que tendría que resistir por una obra culminada en 1853, pero dada a conocer en 1866. Sin embargo, fue enfático en cuanto a la importancia de ofrecer públicamente la experiencia de su estadía en los países que llegaron a ser una república en tiempos de inicios de la Independencia. En especial, por el desconocimiento de lo que había de apreciable del “estado de su civilización, así como de los elementos de desorden y decadencia que retardan su progreso”.

     De igual manera, presentó como excusa la de enfrentar escritos europeos que sólo ponían de relieve las revoluciones, la falta de garantías en ellas presentes y su decadencia material. Países que, de acuerdo con su percepción y examen, a pesar de cincuenta años de desórdenes y mal gobierno presentaban condiciones para alcanzar la prosperidad y la grandeza. Además, la situación en esos países continuaba presentando desórdenes, así como que tampoco se había publicado un libro que destacara lo que él observó.

     En esta oportunidad voy a destacar lo que escribió sobre el cultivo del café en Venezuela. Contó que el primer establecimiento de este tipo se encontraba en los linderos del lado oeste del río Anauco y en los límites de la ciudad. Lo colocó en primer lugar porque era uno de los de mayor prosperidad y el que daba buenos dividendos a su dueño. Sin embargo, advirtió que con la abolición de la esclavitud en 1854 (el libro fue escrito antes de esta fecha) debió haber sufrido grandes pérdidas. La entrada del establecimiento estaba sobre el camino de Sabana Grande, “inmediatamente después de pasar el puente de Anauco”.

     En él estaban dos fundaciones, una denominada Nuestra Señora de la Guía que se extendía hasta el río Guaire. La otra, se encontraba por los lados de San Bernardino hasta la base de la Sierra. A partir de su observación en ambas fundaciones dio a conocer que en Venezuela se cultivaban dos tipos de café, “que muy bien puede ser que conviniera que fueran estudiadas y aplicadas en el Brasil”. El café que se cultivaba en lugares montañosos y en climas de menos calor se le llamaba de tierra fría. El otro tipo era el denominado de tierra caliente y que era cultivado en las mismas tierras donde se sembraba la caña de azúcar.

En San Bernardino, quedaba una de las principales haciendas de café de Caracas.

En San Bernardino, quedaba una de las principales haciendas de café de Caracas.

     Expresó que el de tierras frías estaba expuesto a los rayos solares, mientras el de tierras calientes se cultivaba bajo la sombra de un frondoso árbol conocido con el nombre de Bucare, con el que no se permitía que los rayos solares penetraran de modo directo sobre los cafetos. De estos últimos cultivos señaló: “No hay duda que en las plantaciones de café de tierra caliente en Venezuela lo útil está maravillosamente combinado con lo agradable, porque los parques de San Bernardino y de Nuestra Señora de la Guía muestran la diversidad de los verdes y en la vida y movimiento que les da la ondulación de los penachos de las elegantes palmas reales, de las espigas del maíz y de los bambúes. En el mes de febrero estos mismos bucares pierden todas sus hojas y se visten con una flor roja, dando al paisaje un aspecto de novedad y de variedad que encanta”.

     Las máquinas donde se procesaba el fruto, según escribió Lisboa, descansaban en la fundación de Nuestra Señora de la Guía. El lugar donde estaban instaladas se dividía en dos partes. Una donde se encontraba el despulpador con su respectivo tanque. El otro donde se hallaban los pilones con su ventilador.

     El primero era utilizado para separar el grano de la baya o pulpa del café, el tanque servía para lavar la baba o mucílago, mientras los pilones cumplían la función de sacar la película o pergamino y el ventilador para separar este último.

     Luego pasó a describir con gran detalle la máquina con la que se procesaba el fruto. De ella indicó que reposaba sobre un pedestal construido con ladrillos y a su lado, con un fondo más profundo, un tanque para el lavado. Según la información que le fue proporcionada, la mejor oportunidad para despulpar el café era al momento de la recolección, pero, añadió, que existían otras opiniones según las cuales el proceso debía hacerse doce horas después de la recogida de los granos, cuando había pasado por una ligera fermentación.

     Describió el procedimiento de la siguiente manera. Un trabajador trasladaba el fruto en un canasto y lo depositaba en una plataforma plana. Luego, otro, con el uso de una pala de madera, lo arrojaba por una rampa que lo conducía hacia una cuchilla de donde se extraía el grano. Había otro trabajador que recogía el fruto que se escapaba de la cuchilla y lo volvía a colocar en la rampa para que el grano fuese extraído.

     Con el grano ya juntado en el interior del tanque, debía permanecer allí algunas horas. Por lo general, se distribuía en horas de la tarde, al día siguiente se comenzaba a lavar en horas tempranas de la mañana. Posteriormente se pasaba al secado, acumulado en hileras de tres o cuatro dedos de altura. De este modo debía pasar dos días expuesto al sol. Más adelante se recogía en sabanas para un secado de dos días más, tomando en cuenta de que no se mojara. Al final, era transportado a unas plataformas, donde se secaban hasta que se pudiera apreciar que los pilones podían separar del grano toda la película o pergamino.

     Dejó anotado que el pilado era muy parecido al proceso ejecutado en Brasil. “Sólo observo que en Venezuela utilizan morteros de hierro en lugar de nuestras canoas de madera”. En lo que respecta a los ventiladores que se utilizaban para procesar el café subrayó que sólo los vio de mano, “y en general se considera superfluo el gasto de los que van unidos a los pilones”.

El café que se cultivaba en Caracas era de muy buena calidad.

El café que se cultivaba en Caracas era de muy buena calidad.

     Agregó que la recolección la practicaban las mujeres y que se pagaba por tareas y no por jornadas. El café se distribuía en dos formas. El descerezado (despulpado) y el llamado quebrado. Este último era el más utilizado para ser exportado a los Estados Unidos de Norteamérica y valía la mitad del descerezado.

     Según sus pesquisas este procesamiento presentaba dos ventajas. Una, la calidad puesto que el grano conservaba mayor cantidad de su aceite esencial, el cual se evaporaba más secando el café más tarde con su cáscara. La segunda ventaja era que el peso aumentaba con el mismo procedimiento y conservando su aceite esencial, “de manera que la misma medida de café en baya que produce, secándolo con cáscara, cien libras de café, puede producir despulpándolo, 110, 115 y hasta 125 libras. Aun otra ventaja se puede sacar de este sistema, aprovechando la cáscara fresca, de la cual será fácil de destilar un licor alcohólico”.

     Sumó a su descripción que los pilones de la hacienda la Guía estaban instalados de una manera especial que había sido estudiada para aprovechar el terreno. En lugar de haberse colocado en hileras, se había optado por una ubicación en círculo. El eje que los movía, en lugar de estar de manera horizontal, estaba movido por una rueda baja. De los ejes indicó que poseían unos dientes o púas que hacían funcionar los pilones en la concavidad de los morteros. Otra diferencia que puso a la vista de los lectores fue que entre los pilones brasileños y los utilizados en Venezuela, era que en Brasil en vez de ser recipientes de metal eran de madera. No obstante, subrayó haber escuchado que el café pilado en mortero metálico salía con un mejor pulimiento y así se podía vender a un precio mayor.

     Para finalizar sus consideraciones sobre el café anotó que si se seguía el camino de Sabana Grande se llegaba a Petare. A lo largo de este camino estaban instaladas otras haciendas de café, “mas ninguna en tan buena condición como la de Guía”. Por otra parte, en, lo relacionado con el uso de máquinas no observó nada notable, “apenas en la que está en la parroquia de Sabana Grande vi una que hacía accionar el despulpador con la fuerza de un asno, cosa que me pareció ingeniosa”.

Lola Fuenmayor

Lola Fuenmayor

Por Martín de Ugalde

Doña Lola de Fuenmayor, directora del “Colegio Santa María” y fundadora de la primera universidad privada de Venezuela.

Doña Lola de Fuenmayor, directora del “Colegio Santa María” y fundadora de la primera universidad privada de Venezuela.

     “Era el año 1900. Como en cada centenario, las gentes hablaban de fin de mundo. En la andalucísima Sevilla, donde acaba de quedarse viuda doña María Luisa Rodríguez, aún se exageraba más. Pero ella lo tomaría en serio. Calculó, sin duda, que a lo que se referían los “papeles” y los curas en sus sermones era al mundo viejo, que ya hacía agua, y zarpó Guadalquivir abajo, con lo que le quedaba, rumbo al nuevo mundo de otra esperanza mejor.

     Lo que le quedaba era bien poco: su viudez pobre y una recomendación perentoria de su médico: “Un viaje, doña María Luisa, y a olvidar. Porque recuerde que tiene dos hijos y la necesitan”. Ese era un consuelo: Gabriel (4) y Lolita que cumplió tres en el vapor. Y quería rescatarlo para plantarlo en otras tierras, más descansadas, más frescas.

     El vapor hizo escala en Puerto Príncipe. El barco no hizo más que zarpar rumbo a La Guaira cuando se produjo una terrible tempestad. Desembarcó, ¡por fin! Y dio gracias a Dios por haber puesto un poco de tierra firme en aquel enorme mundo de agua, y gracias también porque puso en su camino desorientado de recién llegada a dos señoritas muy serviciales que llegaron desde Caracas para ver llegar a gentes de otro mundo, y se le ofrecieron para ayudarle a subir en carreta por el camino viejo y darle su dirección, “por si la necesitaba”.

     Doña María Luisa la necesitó. No por ella, que estaba muy mala y tenían que recibirla en un hospital, sino a sus hijos, que no sabía dónde dejarlos después de casi dos meses largos de navegar. . . Lolita, la más chiquitica que acababa de estrenar su tercer año, quedó alojada en casa de las dos hermanas Adrianza, solteras y solas, que vivían de Cipreses a Hoyo, donde funcionaba entonces el “Colegio Nacional de Niñas”. Su mamá murió a los quince días. Ella tardó años en saberlo; pero después lo recordó con fidelidad de asombro durante decenas y decenas de años más. . .

     Hace aún muy pocos, doña Lola de Fuenmayor, la Lolita de entonces que cumple 56 años el 2 de febrero próximo (1952), se acongojó y comenzó a llorar durante una representación de la zarzuela “La Tempestad” en el Teatro Municipal. La sisearon, un señor pidió airado que se callara, y el Dr. Asdrúbal Fuenmayor, su esposo, la acompañó fuera del local. Por uno de esos misterios fenómenos de la psiquis humana, doña Lola recordó al cabo largo de casi cincuenta años los angustiosos momentos que pasó junto a su mamá durante la tormenta en el mar.

     Ha habido también, en la vida de doña Lola de Fuenmayor, otras búsquedas angustiosas por la soledad ancha y tierna del recuerdo materno. Ella, que escribe poemas, obras de teatro para su Colegio y poesías, tiene escondidos en un cajón de recuerdos unos versitos escritos cuando quinceañera y soñadora, se ponía a recordar a su madre imaginándose que podía ser cualquiera de las mujeres de aire dulce que transitaban frente a la puerta del Colegio:

“Cuando una mujer veía
yo a mí misma me decía:
¡Si será mi madre esa! . . .
Pero pasa. . . y no me besa
No es ésa la madre mía” . . .

Cuando apenas contaba con 9 años, Lola comenzó a dar clases a niñitas de su edad en el Colegio “María Auxiliadora”. Además, solía dar algunas clases a domicilio.

Cuando apenas contaba con 9 años, Lola comenzó a dar clases a niñitas de su edad en el Colegio “María Auxiliadora”. Además, solía dar algunas clases a domicilio.

     “Yo soy –dice con el aire triste de contar una broma seria– una concha de caracol que botó el mar en la orilla y la primera que vino la recogió” . . .

     Y la recogieron bien. Doña Lola de Fuenmayor, directora del “Colegio Santa María” y fundadora de la primera universidad privada de Venezuela, no olvidará nunca, como no se olvida a una madre, a Panchita y María Adrianza, las dos maestras de escuela que se encargaron de ella desde el vaivén columpiado de su cuna hasta verla hecha mujer.

     Fue la lección de ejemplo que recibió Lolita en su hogar la que perdura a través de esta vida dedicada a la enseñanza, no como una misión pedagógica encuadrada en la rutina de las horas de clase, sino la más amplia misión sacerdotal de mentora, que roba inquietudes, sueños y lágrimas.

     Cuando doña Lola me dijo que el homenaje que le dedicaron el 15 de enero venía a festejar el 47 aniversario de sus labores docentes, hice mentalmente una resta. . .

–Pero, doña Lola, ¡si acaba de decirme que tiene 56! . . .

–Pues –me replicó la profesora– 56 menos 9, 47. . . ¡justo!

Y en la exclamación había un aire legítimo de reto.

     Es justamente un caso notable de precocidad rayano en lo inverosímil. Pero si lo de doña Lola, punto redondo. Si se le dice que exagera, por lo que le queda de andaluza, es capaz de disgustarse. Pero a quien ha cruzado el mar, con tempestad y todo, a los tres años, y funda el “Colegio Santa María” a los cinco, hay que creerle capaz de iniciar sus labores docentes a los nueve años de edad.

     Aún le queda de aquella tierna experiencia de sus cinco años el recuerdo de Edit, y a Enriqueta y Canuta, “dos negras grandotas” de trapo que asistían silenciosas y asombradas a las clases parlanchinas de Lolita, la maestrita de un lustro redondo. Doña Lola logró conservar durante algún tiempo las 52 muñecas que constituían su “Santa María” de entonces, que poco a poco han ido desapareciendo camino de casa de otras alumnitas menos quietas, menos atentas, pero, por eso, más reales, con quienes le tocaba batallar ahora.

     A sus nueve años justos, Lolita comenzó a dar clases a niñitas de su edad en el Colegio “María Auxiliadora”, de Mijares a Mercedes. Además, solía dar algunas clases a domicilio. Ella recuerda a unos niñitos Castillo, a quienes enseñaba a leer y escribir por diez pesos al mes. A los 12 era profesora de Geografía e Historia Universal en el “Colegio Nacional de Niños”, donde le pagaban ya 60 bolívares mensuales “que eran 15 pesos” . . .

     Yo quise averiguar la relación exacta del peso con el bolívar. Doña Lola no me supo explicar más que el peso valía cuatro veces más. Después de la entrevista, don Juan de Guruceaga me aclaraba que, aunque los cálculos se hicieran siempre en pesos, no existía ninguna moneda que lo representara. El patrón de moneda era el bolívar, pero se seguía calculando en pesos imaginarios llamados “macuquinos” de un valor equivalente a cuatro bolívares justos.

Sede de la Universidad Santa María, en la urbanización El Paraíso, en Caracas.

Sede de la Universidad Santa María, en la urbanización El Paraíso, en Caracas.

     “Aquellos eran otros tiempos – me dice – Diez pesos me daban entonces para vestirme, calzarme, pagar las lecciones que recibía yo y una sirvienta, de esas que le cuestan hoy más que un Cadillac”…

     Los 14 era profesora normal. Recibió el grado en la Escuela Normal de Mujeres. La de hombres vino más tarde; y fue ella precisamente una de las fundadoras. Comenzó a dar clases en el Colegio “San José de Tarbes” y en el “Santa Teresa de Jesús”.

     Cuando se casó, doña Lola tenía 23 años, porque. . . “tengo 33 años y medio de casada”. Se casó un 28 de julio con el Doctor Asdrúbal Fuenmayor Rivera en el templo de Las Mercedes. El Doctor Fuenmayor es abogado que sigue ejerciendo y “tiene negocios”. Tienen también seis hijos: Manuel Fernando (32), Rebeca Margarita, Luis Augusto, Gustavo, Asdrúbal y María Cristina.

Sede de la Universidad Santa María, en la urbanización El Paraíso, en Caracas.

Sede de la Universidad Santa María, en la urbanización El Paraíso, en Caracas.

     Doña Lola de Fuenmayor ha tenido recesos forzosos en su labor docente, impuestos por sus deberes maternos; pero nunca se ha separado enteramente de lo que ha venido a ser su razón de vida. Durante un tiempo fueron a vivir a Antímano, para descansar un poco fuera de la capital.

     Pues doña Lola se las ingeniaba para llegar a lo que llaman el Alto de la Iglesia y dar clases de puericultura y primeras letras, para satisfacer esa necesidad instintiva de dar algo suyo a quien necesita.

     Hoy esa siembra ha dado frutos ubérrimos de buena semilla y bajo la mirada escrutadora, un poco áspera, de doña Lola han pasado en estos quince años de vida del Colegio “Santa María” más de 15.000 alumnos. Algunos más habrán pasado por sus manos durante los 32 años que le precedieron, sin contar las muñecas de aquel Colegio “Santa María” que dista más de medio siglo.

     El Colegio se instaló en una casa de Curamichate a Rosario el primero de octubre de 1938. Respondía a su impulso de siempre de crear un plantel propio, desde que cumplió sus cinco años. a mes y medio corto de distancia tuvo que mudar sus clases a otra casa más capaz, de Colón a Cruz Verde, donde se mantuvieron por espacio de once años. “La Avenida Bolívar nos sacó de ahí” … y apenas hace cuatro años que se trasladaron a los locales que ocupan hoy, de Velásquez a Santa Rosalía, donde cursan estudios cerca de un millar de alumnos. El Colegio tiene además un internado, situado entre los puentes Restaurador y Soublette, con 135 pupilos. Considerado como uno de los más completos del país, consta de clases para los cuatro años de normal, cinco años de bachillerato, una primaria completa e instrucción deportiva con profesores especializados en cada deporte.

     Lola de Fuenmayor, nacida Lola Rodríguez, es una mujer de carácter, que no fuma ni le gusta que fumen los demás, voluntariosa y de una enorme capacidad de trabajo. Tiene el pelo entrecano y rebelde, apenas domado en rizos y las cejas negras. Lleva grandes aretes, como los pendientes de las gitanas andaluzas, y unas gafas de carey que enmarcan unos ojos cansados, pero vivos e inteligentes. Doña Lola lleva también, sin adorno, arrugas como surcos de gran trabajadora. Cuando le pregunté por la satisfacción más grande recibida en su larga vida dedicada a la enseñanza, me contestó sin titubear:

–La Universidad. . .

 

–¿Y de los contratiempos?

 

–Muchos. Pero recuerdo uno que me dolió mucho: la acusación pública de una madre que “me llamó ladrona”, porque “había robado el tiempo y el dinero de una hija suya que no había conseguido pasar aquel año…”

     Y doña Lola se ha puesto de repente sería, como si aún le hicieran daño en los oídos las palabras injustas de una madre ciega de cariño por su hija.

–Y otro– dice como para cambiar el tema– que tampoco podrá olvidar nunca: el caso de una alumnita mía que salió del colegio sonriente un atardecer, y a las 12 del día siguiente estaba muerta…

     Y esta madre de tanto niño, huérfana desde sus tres añitos, vuelve su mirada hacia adentro y relee como a hurtadillas aquel versito que escribió cuando tenía 15 años y aún creía que su mamá, de alguna manera, iba a buscarle otra vez:

“Cuando una mujer veía
yo a mí misma me decía:
¡Si será mi madre esa! . . .
Pero pasa. . . y no me besa
No es ésa la madre mía” . . .

FUENTE CONSULTADA

  • Élite. Caracas, septiembre de 1951.

Consideraciones sobre el carácter nacional del venezolano

Consideraciones sobre el carácter nacional del venezolano

Miguel María Lisboa (Consejero Lisboa), primer embajador del Brasil en Venezuela entre 1843 y 1853, autor de una crónica de viaje en la que relata, entre otros, aspectos socioculturales del país.

Miguel María Lisboa (Consejero Lisboa), primer embajador del Brasil en Venezuela entre 1843 y 1853, autor de una crónica de viaje en la que relata, entre otros, aspectos socioculturales del país.

     Mientras Miguel María Lisboa o Consejero Lisboa (1809-1881), tal como se le conoció entre los venezolanos, estuvo en Venezuela como representante plenipotenciario del reino del Brasil, Rosti (1830-1874) llegó a Venezuela con las pretensiones de dar continuidad al periplo realizado por Alejandro de Humboldt (1769-1859) a finales del 1700 e inicios del 1800. Luego de haber visitado los Estados Unidos de Norteamérica y México, donde pernoctó durante enero de 1857, Rosti se trasladó a La Habana en donde estuvo por un lapso de cinco meses.

     Posteriormente, llegó a Venezuela donde permaneció durante cinco meses. Sus impresiones sobre estas visitas las estampó en un libro publicado en Pest, Hungría, lugar en el que había nacido. Perteneció a la élite letrada de su país de origen, legataria de los reformistas que protagonizaron la Revolución de 1848-1849. Fue un creyente fervoroso de la democracia parlamentaria. Estudió música, ciencias y botánica. Fue húsar de caballería en la revuelta de 1848. Luego de la derrota de este movimiento se refugió en Múnich, lugar éste en el que estudió química. Desde Alemania se trasladó a París, donde perfeccionó el arte fotográfico, además de estudiar geología y etnografía.

     El día 4 de agosto de 1856, Rosti partió de Francia para el continente americano. Regresaría a Hungría el 26 de febrero de 1859. A raíz de este viaje escribió Memorias de un viaje por América, libro con el cual fue incorporado a la Academia de Ciencias húngara. En su texto dejó estampado que luego de haber sido sofocada la revolución húngara, debido al intervencionismo austríaco y ruso, el único medio para que los letrados tuvieran un cauce de expresión fueron el ámbito artístico, la ciencia y la literatura.

     Desde esta experiencia subrayó que una de las maneras de contribuir con esta dimensión de lo social y expresión espiritual humana, estos ámbitos se convirtieron en un sagrado deber para sus coterráneos. Calificó a su escrito como una contribución o grano de arena para ese crecimiento espiritual. “Con semejante grano de arena pensaba yo acudir al altar de mi patria, en cuanto proyecté mi viaje americano, cuyo resultado comunico a mis compatriotas en el presente trabajo”.

     En este sentido, sumó a sus consideraciones, relacionadas con el propósito que tuvo al escribir Memorias…, que desde que era un niño había tenido en mente incrementar la literatura patria con algún aporte literario. Indicó, de igual manera, que los dos años que había estado entre Francia e Inglaterra perfeccionó el arte de la fotografía con el propósito de sumar su aporte, “para difundir el conocimiento relativo a la tierra casi no hay medio más eficaz que el de poder ofrecer claras imágenes, mediante fotografías caracterizadoras, fieles, de algunos paisajes de las diversas regiones, sus ciudades, sus edificaciones, plantas”. Consideró que el motivo axial de las líneas por él redactadas, así como las imágenes captadas con el daguerrotipo, serían la más fiel expresión de lo observado y vivenciado en las zonas de América donde permaneció por algunos meses.

     Así, no deja de ser interesante una aproximación a los relatos tramados por Rosti y Lisboa. Primero por el lugar de origen de cada uno de ellos. Además, de los motivos a partir de los cuales estuvieron en Venezuela. Rosti de origen europeo y quien llegó a estas tierras con el propósito de dar a conocer, especialmente por medio de la fotografía, a sus compatriotas pormenores de otras realidades distintas a las conocidas en el Viejo Continente. Lisboa, en cambio, aunque permaneció en tierras venezolanas por deberes diplomáticos, tuvo también como intención dar a conocer experiencias de espacios territoriales contiguos con el reino brasileño. Lisboa escribió el libro titulado Relación de un viaje a Venezuela, Nueva Granada y Ecuador, publicado en Bruselas (1866), y el cual lo había escrito trece años antes de ser dado a la imprenta.

El venezolano se ofendía si por algún motivo cuestionaban formas de ser propias de su gentilicio.

El venezolano se ofendía si por algún motivo cuestionaban formas de ser propias de su gentilicio.

     De igual manera, es importante apreciar algunas de sus impresiones relacionadas con lo que en el decimonono se conoció bajo el nombre de carácter nacional. Término o concepto legatario de la idea de alma nacional forjado en el 1700 europeo. Con aquel concepto se pretendió aprehender o asir la esencia, sustancia o formas de ser de las comunidades nacionales. Se forjó conjuntamente con el racialismo y las condiciones geomorfológicas que determinaban formas de ser, así se creía. Por lo general, debe ser asociado con una disposición inmutable o una impronta con la cual determinar atributos y peculiaridades de los pueblos. Se debe agregar, en este sentido, que lo que entre el 1600 y el 1700, en Europa, se generalizó con la denominación Pintoresco para dar cuenta de esas peculiaridades, así como de lo relacionado con edificaciones y características físicas de cada espacio territorial también pasaron a formar parte del carácter nacional.

El resultado del periplo de Rosti fue una colección de fotografías y la publicación en 1861 de su diario Memorias de un viaje por América.

El resultado del periplo de Rosti fue una colección de fotografías y la publicación en 1861 de su diario Memorias de un viaje por América.

     Rosti expuso, a propósito de su paso por los Estados Unidos de Norteamérica, que las características de la naturaleza en este país no despertaron mayor interés en él, sino las condiciones sociales, radicalmente distintas de las que se experimentaban en Europa, tanto en sus instituciones como en el desarrollo político. Desde esta perspectiva agregó que para la clasificación y jerarquización de lo observado en el norte, no eran suficientes para unas consideraciones equilibradas, por eso las silenció en su escrito para no caer en juicios precipitados y una manera de ver unilateral. Además, porque podía caer en ideas torcidas, configuradas a partir de puntos de vista asimilados de otros, quizás errados por tener informaciones incompletas. Por tanto, optó por difundir lo relacionado con una porción de Sudamérica y “tomé la pluma para ayudar a llenar de alguna forma, el vacío de nuestra literatura en este ramo”.

     Por otra parte, en cuanto a la caracterización que hizo de los caraqueños frente a los habitantes de La Habana estableció que las diferencias entre unos y otros se debía a que los cubanos habían sido colonizados por catalanes, mientras los caraqueños, y venezolanos en general lo habían sido de los andaluces, aunque también sus acciones estaban determinadas por el medio físico. Sin embargo, existían rasgos comunes entre ambas comunidades humanas. En este orden de ideas, subrayó que el criollo mostraba, en ambos lugares, ambición, deseo de dominio, orgullo, al lado de una fuerte disposición a la hospitalidad y la caballerosidad, así como la apatía e indolencia ilimitadas en el ámbito de la política.

     El Consejero Lisboa, quizá por su experiencia vital como suramericano, aunque de origen portugués, no tenía señalamientos similares a los de Rosti, así como de muchos otros europeos quienes estaban marcados por la Leyenda Negra forjada frente al imperio español. Aunque Rosti no debe ser contextuado bajo esta disposición sus indicaciones sobre los habitantes de América que conoció, era la de tipos holgazanes y poco previsivos ante el futuro. Lisboa también ponderó el carácter hospitalario, la indulgencia y la suavidad de carácter del sudamericano, en especial, los mantuanos de Caracas.

     No obstante, ante esa actitud indulgente del caraqueño de posición social holgada, también mostraba un orgullo exagerado, así como a desviar la mirada frente a los requerimientos de los extranjeros por lo que éstos apreciaban como algo irregular. En este sentido, Lisboa expuso sobre lo ofendido que se mostraba el criollo si por algún motivo cuestionaban formas de ser propias de su gentilicio.

Pal Rosti, naturalista húngaro, pionero de la fotografía paisajista en Venezuela (1857).

Pal Rosti, naturalista húngaro, pionero de la fotografía paisajista en Venezuela (1857).

     Sin embargo, ambos coincidieron en algunas consideraciones respecto a la realidad política venezolana. Rosti como un geógrafo y amante de las ciencias naturales alabó con frecuencia la flora venezolana. Al igual que Lisboa que vio en el Bucare y el Cedro árboles cuya frondosidad eran de una beldad digna de ser destacada. Rosti encumbró el Samán, muy marcado por su amigo y ductor, Humboldt, así como lo hicieron respecto a la Sierra y la Silla. El cerro Ávila fue en realidad una montaña que despertó en el viajero gran expectativa y admiración.

     En lo atinente a las consideraciones políticas, ambos coincidieron con la dinastía de los Monagas y la forma autoritaria de hacer política. Lisboa le prestó gran atención como una experiencia que había marcado al venezolano a partir de 1848. Al hacer referencia a la vida social y a vicios que se comenzaron a generalizar en la década del cincuenta del 1800, como los juegos de azar, así como que vio en aquella un catalizador. Incluso la inseguridad que imperaba en ese momento la adjudicó a los eventos de enero de aquel año.

     Así, Rosti quien llegó a escribir el impacto que experimentó en su alma con la exuberancia natural del trópico, la confrontó con la incertidumbre del futuro del país, no sólo adjudicado a vicios de las personas, sino a la forma de gobierno, con sus “muchas desventajas, el fanatismo con sus innumerables prejuicios y supersticiones, y con los que mantenían al pueblo en la ignorancia”, así como que concitaban una excesiva influencia de algunos sectores sociales sobre otros.

     De manera similar, Lisboa agregó que entre la “población baja” de las ciudades de Venezuela su forma de actuar era dócil. Señaló que, excitada, engañada o seducida, hace bulla, vocifera y comete excesos estimulada por agrupaciones y facciones políticas en pugna. “El pueblo de las ciudades en Venezuela es pues un pueblo manso y sencillo”. Si los sectores privilegiados de la sociedad caraqueña mostraban patriotismo y “espíritu de nacionalidad”, también se caracterizaban por los “hábitos de inacción y de indiferencia política”.

     Con el uso de otros calificativos Rosti argumentó que el mal de la sociedad caraqueña y venezolana, en general, estaba en la corrupción de las personas y en su incapacidad para la acción autónoma. Aunque existían excepciones, los males que la aquejaban no se solucionarían con nuevas revoluciones y con cambios anuales de gobierno. Por eso escribió: “Es difícil que Venezuela, abandonada a sí misma y bajo un gobierno criollo y republicano, llegue a ser floreciente pronto”.

     Lisboa formuló que uno de los males de las sociedades de Hispanoamérica, sin que incluyera a Brasil dentro de la problemática heredada de la esclavitud, era el resultado de lo heredado con las relaciones esclavistas, por tanto, el fracaso del republicanismo encontraba explicación en esas relaciones. Puso como ejemplo a la ciudad de Caracas que, para el momento de la Independencia, su población estaba compuesta de manera mayoritaria por personas bajo el régimen de la esclavitud. Población que mostraba en el “pueblo bajo” rasgos de carácter marcados por la “confusión de ideas y sentimientos”. En términos generales, para el noble brasileño uno de los más poderosos argumentos en contra de la esclavitud, era la facilidad con la que la juventud educada bajo sus parámetros obtenía hábitos de despotismo para la “abstinencia y la abnegación que exigen las formas de gobierno representativo”.

     Si se puede hablar de coincidencias entre Rosti y Lisboa es la idea según la cual los pueblos de la América española al superar al régimen colonial, de inmediato entraron en una guerra intensa contra la antigua metrópoli, que permitió la gloria militar, pero, a su vez, fueron pueblos sometidos a un nuevo despotismo no menos violento que el español.

Boletín – Volumen 128

Boletín – Volumen 128

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Boletín – Volumen 128

Sinopsis

Por: Dr. Jorge Bracho

     Para este número fechado 1 de julio de 1924 se presenta, en primer lugar, “Situación mercantil” (Pp.2453-2459) donde se informó que los negocios no habían dado ganancias suficientes el mes de junio, en especial por la sequía. Se esperaba que para agosto la situación mejorara.

     Le sigue “Los fletes marítimos para los países del Caribe” en el que se puede leer que Venezuela invertía 20 000 000 de bolívares, tanto para la importación como para la exportación. Igual sucedía con Colombia, Centroamérica y algunas islas caribeñas. Según esta nota la solución sería contar con una marina mercante la cual era factible de realizar (P. 2459).

     Dos cortas notas se incluyeron en las carillas 2459 y 2460. Ellas llevan como título “El ferrocarril de La Guaira a Caracas” y “Código de la Moral Comercial”, así como un cuadro “Estadística de las cosechas estadounidenses de algodón”.

     En páginas subsiguientes “Bosquejo histórico de los impuestos venezolanos sobre el tabaco” (Pp. 2461-2462), continuación de la primera entrega que se había publicado en el número anterior del Boletín y adjudicado a F. Álvarez.

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     De seguidas se dio a conocer “La invasión de los filibusteros a Caracas” (Pp. 2463-2465) dentro del cual se reseña una incursión de aventureros ingleses a finales del 1600.

     Se incluyó, de igual manera, “El crédito agrícola en Francia” redactado y proporcionado para el Boletín por A. Boudet y en el que explica cómo funcionaba el crédito agrícola en este país europeo a principios del siglo XX (Pp. 2466-2467).

     Entre las páginas 2468 y 2470 en “Franco a Bordo” se ofreció una explicación acerca de esta frase muy corriente entre quienes hacían vida en los negocios de exportación. Lo expuesto resultó de un estudio de las casas exportadoras para esclarecer lo que aquella expresión indicaba en lo atinente a las obligaciones de vendedores y compradores.

     Tanto el problema de la sequía como depósitos de agua ocuparon las páginas del Boletín en este año. Por esta razón Gino Baglioni expuso en “Venezuela y los nuevos horizontes de la hidráulica italiana” el ejemplo de Cerdeña donde se estaba desarrollando un proyecto de esclusas montañosas o lagos artificiales y que podría servir de modelo a Venezuela (Pp. 2470-2471).

     En esta edición continúa con el capítulo Orígenes de los bucaneros, del escrito “Los bucaneros de la Indias Occidentales en el siglo XVII” de C. H. Haring (Pp. 2471-2475).

     Más adelante, se pueden leer “Noticias de Colombia” en relación con el café en Cúcuta, “Noticias del Ecuador” relacionado con el crecimiento de algunas industrias, “Sección de correspondencia” en que se incluyó una información relacionada con el ántrax de los animales, así como propuestas de negocios desde Guayaquil, Leipzig, París, Bruselas, Galatz y La Habana (Pp. 2475-2478).

     Entre los cuadros publicados se encuentran “Café y cacao exportado por La Guaira en mayo de 1924”, “Valores de las bolsas de Caracas y Maracaibo en junio de 1924”, “Precios de productos en distintos lugares de Venezuela en mayo de 1924” y “Tipos de cambio en Caracas en junio de 1924” (Pp. 2478-2482).

Más boletines

Boletín – Volumen 96

Situación mercantil

Boletín – Volumen 108

La Barra de Maracaibo. Importancia de Venezuela. Necesidad de la apertura de la Barra

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Con fecha 1 de octubre de 1924 se dio a conocer un nuevo número del Boletín que inició con “Homenaje al Centenario de la Batalla de Ayacucho”.

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