Pronunciamiento de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales

Pronunciamiento de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales

Mes: <span>octubre 2020</span>

Por:  Texto: Vanessa Davies. Foto: Rafael Briceño-Contrapunto

     La Academia de Ciencias Políticas y Sociales, en cumplimiento de sus atribuciones legales, se dirige a la sociedad venezolana para manifestar su absoluto rechazo a la autodenominada “Ley constitucional antibloqueo para el desarrollo nacional y la garantía de los derechos humanos”, dictada por la inconstitucional Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y publicada en la Gaceta Oficial N° 6583 del 12 de octubre de 2020.

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Fuente: Academia de Ciencias Políticas y Sociales

Comerciantes de Caracas piden flexibilización total desde ya

Comerciantes de Caracas piden flexibilización total desde ya

Mes: <span>octubre 2020</span>

Por:  Texto: Vanessa Davies. Foto: Rafael Briceño-Contrapunto

     “No se pueden seguir manteniendo los salarios con un esquema de flexibilización entrecortada, improvisada, sin ningún tipo de armonización o coordinación entre el sector público y privado” , explica Leonardo Palacios, presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Caracas

     El mensaje es claro: No esperar hasta diciembre; ni siquiera, hasta noviembre. El comercio debe abrir sus puertas de una vez, porque el tiempo de confinamiento ha causado estragos. Lo sostiene Leonardo Palacios, presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Caracas.

     Hay que adelantar la reapertura, insiste Palacios. “Deben desde ya anunciar la flexibilización total del comercio, una flexibilización con controles de bioseguridad”.

     Insta al ejecutivo de Nicolás Maduro, a recordar que hay sectores “que tienen más de seis meses sin trabajar”, como el de los licoreros, lo que afecta a toda la cadena.

Mientras crece el sector informal, mayor es la evasión fiscal

Mientras crece el sector informal, mayor es la evasión fiscal

Mes: <span>octubre 2020</span>

Por:  Gabriela Infante

     El abogado tributarista y presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Caracas, Leonardo Palacios, mostró preocupación por el índice de informalidad que ha surgido durante la pandemia, pues como resultado se ha estado generando una mayor evasión fiscal.

     Aseguró que existe un problema de estructuración, por lo que manifestó que para que un país crezca tiene que haber un sistema tributario y un conjunto de medidas claras.

     Mencionó en el programa Marca País que hay formas autorizadas de informalidad como son los bodegones, “porque no pagan impuestos de importación, ni IVA y tienen acuerdos con ciertos sectores que tienen control de mercancías”.

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Un húngaro en Caracas

Un húngaro en Caracas

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Mes: <span>octubre 2020</span>

Por: Jorge Bracho

     Un amante y practicante de los deportes, la fotografía, estudioso de la botánica, las ciencias y la música, admirador de las interpretaciones de Beethoven y Wagner, originario de Hungría y amigo de Alejandro de Humboldt, cuyas recomendaciones le abrieron las puertas de América, partió de los Estados Unidos de Norteamérica en enero de 1857 hacia La Habana, donde estuvo dos meses antes de su arribo a Venezuela adonde permaneció alrededor de cinco meses. Pal Rosti (1830-1874) formó parte de los reformistas húngaros que pugnaron por el despliegue de reformas capitalistas en contra del orden feudal, a la luz de las revoluciones de 1848 y 1849 en Europa. Uno de sus intereses intelectuales que atrajo su atención fue el relacionado con la indagación acerca de la naturaleza. Durante una estadía en París comenzó a interesarse por la fotografía, de la que dejó una gran colección al fallecer, también perfeccionó allí los métodos de trabajo de la geología y la etnología. Partió de Francia un 4 de agosto de 1856 hacia América y regresó a Hungría el 26 de febrero de 1859. Luego de publicado Memorias de un viaje por América (1861) fue galardonado con la incorporación a la Academia de Ciencias húngara. 

     Rosti cultivó una fructífera amistad con Humboldt a quien citó de modo reiterado, como autoridad reconocida en el canon académico, a lo largo de sus Memorias… Interesado en estudiar la exuberante naturaleza, tal como en Europa se le denominaba a la zona natural de estos espacios territoriales, desde tiempos de la Ilustración, no dejó de mostrar quizás mucho más que lo expuesto por su admirado maestro, una fuerte inclinación por observar el carácter general de los lugares que visitó en el continente americano. Por eso será común para el lector de hoy toparse con consideraciones respecto a los alimentos que se consumían, las bebidas de mayor preferencia, los tratos sociales y las prácticas políticas generalizadas.

     Como todo visitante que alcanza espacios territoriales distintos a su lugar de origen, el viajero, ya fuese con fines científicos o lo fuera por invitación de autoridades establecidas, dejó estampado elucubraciones de lo observado y experimentado en tierras lejanas. Con sus relatos se muestran como cronistas en la medida que pretenden delinear paisajes naturales y sociales que más llamaron su atención y que exponen un aprendizaje, uno de los motivos principales del viaje. Si en tiempos de la Antigüedad el viajante se asumía como parte de un designio y regido por el requerimiento del destino de los dioses, es decir, prueba, aventura, sufrimiento, o el peligro propio de la experiencia humana, en los tiempos modernos fue convertido en una porción del capital cultural, de aprendizaje, de pasión y de placer.

     En las narraciones vertidas por el viajero devenido visitante aparecen expresadas un aprendizaje acumulado en combinación con la atracción de lo que le es afín, familiar, y el distanciamiento de todo aquello que, por enseñanza, hábito y costumbre experimenta como ajeno. Una de las interrogantes que Rosti se hizo a si mismo fue la relacionada con la aversión a los negros presente en los Estados Unidos, disposición que lo llevó a comparar el trato del negro con el esclavismo aún existente en Cuba para el momento de su visita. Cuando hizo referencia a este mismo tópico, para el caso venezolano, comentó de modo fastuoso la abolición de la esclavitud, en tiempos de los Monagas, hacia 1854. Lo que no sorprender en cuanto a la forma de gobierno personalista propia del monaguismo que, para un hombre instruido y simpatizante del liberalismo reinante en el sistema mundo moderno, resultaba contrario al libre albedrío y las acciones humanas amparadas en la libertad para el disfrute de los bienes provenientes del trabajo.

     Por tal razón, estableció que el pueblo venezolano no disfrutaba ni apreciaba la libertad. Los criollos no extendieron ésta con su experiencia como repúblicas independientes, porque las elites políticas optaron por el provecho propio, el poder y la riqueza, al eludir la gloria, el honor y el bienestar. El ejemplo emblemático lo expuso con la reelección de José Tadeo Monagas. Según sus palabras éste, más bien, reprodujo una tiranía personalista cuyo mayor modelo era el funcionamiento del poder legislativo porque desde él se hacía lo que el grupo de los Monagas disponía, al desconocer a los opositores a quienes se les negaba el pago de sus estipendios o los enviaban a la cárcel. De igual modo, comentó de manera muy crítica el nepotismo y compadrazgo en la práctica política del momento. Entre sus consideraciones geopolíticas hizo referencia a una posible anexión de Venezuela por parte de los Estados Unidos de Norteamérica. Sin embargo, para que tal situación fuese posible sería necesario una guerra en que las guerrillas, comandadas por llaneros, cortarían tal pretensión. Agregó, a este respecto, que no sería el ejército y la milicia quienes ocuparían un lugar destacado debido a sus carencias, al recordar una frase del momento: la milicia es la miseria ricamente adornada.

     Caracas le colmó de perplejidad por su quietud y la falta de circulación de medios de transporte, al igual que el alto costo de los alimentos. Adjudicó esta inclinación a la repugnancia de los criollos por el trabajo productivo, la fertilidad de la tierra que sin mayor esfuerzo daba frutos y que, por tal circunstancia, los pobladores podían satisfacer sus necesidades sin mayor dedicación. Del mismo criollo adujo que no favorecía el progreso porque el pueblo se encontraba alejado del bienestar, del desarrollo espiritual y del progreso. Por esto asentó que en Caracas había experimentado la lejanía de Europa y el aislamiento del mundo civilizado. En su relación de viaje agregó, además, la falta de lugares para el esparcimiento y la diversión como teatros o paseos. Los lugares de encuentro eran las casas de familia, las misas y las fiestas religiosas.

     En sus elucubraciones resaltó el hecho de aquellos quienes sin mayor esfuerzo obtenían sustento porque los frutos de la tierra crecían sin gran esfuerzo. Estableció como ejemplo la adquisición de vestimenta la cual era posible con un pequeño esfuerzo, tal como lo corroboró con la entrevista a un mozo (joven) color café que encontró, en plenitud de un día productivo en Europa, recostado en una pared fumando un cigarrillo el cual le había preparado una joven mulata. A la interrogante de Rosti relacionada con el medio de sustento y oficio del caballero en edad productiva, éste le señaló un árbol y agregó que arrancaba de él algún fruto lo llevaba al mercado y al cambio podía adquirir una cobija o una prenda de vestir. Para el viajero, en función etnológica, le llamó poderosamente la atención esta actitud tan generalizada entre lo que acá se denominaba peones.

Visita al mercado

     En su visita al mercado de la ciudad contrastó los precios con los de su país y los de Estados Unidos de Norteamérica, con lo que intentó demostrar el alto costo de los bienes que aquí se ofertaban, a excepción de la carne de vaca. Por ejemplo, un saco de papas 5 dólares, un pavo 5 dólares y un pollo 1 dólar. En cuanto al precio de los huevos mostró gran impresión al verificar que el mismo no variara y que se utilizara como referente para fijar el precio de otros bienes de consumo. En su examen del mercado y lo que en él se ofertaba trajo a colación que la carne de cabra se vendiera como carne de carnero. Además de dulces como el de membrillo y el de guayaba que, para su paladar eran exquisitos y de extraordinaria textura.

     También se conseguía pan de maíz, es decir, arepas que no eran muy de su agrado, en especial, cuando las servían frías, al igual que las caraotas negras y las carnes cocidas en forma de guisos le causaban repulsión. Junto a la arepa se encontraba el pan de trigo y el casabe que, a su parecer, parecía preparado con virutas desmembradas. El papelón lo describió como de muy baja calidad frente al azúcar. Cuando incursionó hacia los llanos le llamó la atención que al papelón lo degustaran con queso. El consumo de dulces le pareció exagerado, así como la justificación que le proporcionaron algunos al expresar que lo hacían para consumir agua con mayor gusto.

     En lo que se refiere a los pobladores hizo referencia a la raza blanca, la que representaba una pequeña porción de toda la población al igual de lo que él denominó criollos. En este sentido, llamó la atención que la mayoría de la población era de sangre mezclada entre quienes predominaban mulatos, zambos, mestizos e innúmeras combinaciones y los negros. Por esta disposición agregó que a Caracas le quedaba de indígena sólo el nombre, tal como lo había apuntado su admirado maestro Humboldt. En su función como etnólogo se mostró sorprendido por la cantidad de uniones con un origen alejado de la legalidad civil y religiosa. Por esto las reprobó al considerar la moral caraqueña como expresión de debilidad. El moralismo exhibido en su relato lo condujo a poner como ejemplo el caso de niñas que, entre 13 y 14 años, tuvieran amantes y que tal acción no parecía sorprender a nadie. Adjudicó la cantidad de vagabundos en las calles a hijos ilegítimos y abandonados como consecuencia de estos enlaces.

La mujer caraqueña

     De la mujer caraqueña estableció o que era una verdadera belleza o lo era fea. Así, sin medias tintas. Para dar vigor a su aseveración trajo a cuentas que entre las habaneras eran muy pocas las que de verdad podrían considerarse hermosas, más bien eran graciosas, agradables, con sus pequeñas caras redondas. Adjudicó este aspecto a que La Habana, al igual que en la mayor parte de Cuba, fue colonizada por catalanes. En cambio, en Caracas y toda Venezuela fueron andaluces sus colonizadores. Rosti se enmarca en la tradición del pensamiento racialista, no racista que ha sido una disposición posterior, que fue un factor preponderante para definir el denominado carácter nacional, a la postre un uso mundial, junto con la importancia otorgada al medio físico, el clima y la ubicación de los espacios territoriales que le sirvieron de marco para su comparación entre habaneros y caraqueños.

     En su descripción estableció que entre ambas agrupaciones humanas el carácter del criollo, o descendiente directo de los peninsulares, se podía constatar la ambición y el deseo de dominio, el orgullo y el apasionamiento, la rudeza, la apatía e indolencia ilimitada y, de otra parte, la hospitalidad y rasgos de caballerosidad. Expresiones que aseveró haber confirmado en México y otros lugares donde el predominio del criollo estaba presente. A lo expresado sumó la reserva que mostraban hacia los extranjeros, las formas de gobierno con muchos desequilibrios, el fanatismo con su secuela de desventajas por estar impregnado de supersticiones y prejuicios contra sus connacionales, lo que mantenía al pueblo en la ignorancia y un sometimiento social de un grupo sobre otro. Por esto llegó a la conclusión que con ellos era difícil desviar el tránsito hacia el abismo social, el alejamiento del bienestar nacional, y lograr la evolución espiritual y el progreso.

     No dejó de recordar que Caracas producía melancolía en el extranjero quien estaba acostumbrado al ruido de las grandes ciudades, porque un silencio mortal reinaba en la ciudad semidestruida. Recordaría que los caraqueños se encerraban en sus habitaciones y dormían, almorzaban alrededor de las cuatro o cinco de la tarde y ya a las seis de la tarde las damas se sentaban en los ventanales de sus casas, mientras los jóvenes o señoritos cabalgaban cercanos a las casas para galantear a las muchachas que los observaban desde sus ventanas. Al llegar las ocho de la noche comentó que reinaba un absoluto silencio y sólo era posible encontrarse con los serenos o vigilantes nocturnos.

     En términos generales, el relato que ofreció Rosti no terminó en Caracas porque incursionó en los llanos venezolanos y ofreció una imagen del llanero que contrastó con las actitudes que los señoritos de la capital exhibían. Su narración muestra lo que parece haber impactado en su personalidad: el ámbito etnológico.

Humboldt y la Provincia de Caracas

Humboldt y la Provincia de Caracas

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Mes: <span>octubre 2020</span>

Por: Jorge Bracho

      De seguro, quien emprenda la tarea de indagar acerca de la Venezuela, en especial su capital, durante el largo 1800 y sus características naturales, físicas, oro – hidrográficas, así como las peculiaridades de la sociedad, hábitos y costumbres, vestimenta de los grupos sociales que hacían vida en ella, plantas medicinales utilizadas para dolencias y afectaciones de la salud, en conjunto con algunos pormenores de la experiencia política, no debería dejar de lado algunos relatos de viajeros, naturalistas, botánicos o algún que otro narrador que se vio impelido a estampar en el papel observaciones acerca de esta comarca. Aunque son pocos los estudiosos de la historia que se atreven a examinar estos escritos, quizás, porque dan poco crédito a las representaciones ofrecidas a partir de vivencias muy puntuales, en que la propia experiencia del narrador se mezcla con lo que exponen en sus relatos.

     No se debe olvidar que son relatos en que los convencimientos personales se combinan con la visión de otro, que sirve de objeto de observación. Un objeto, la mayor parte de las oportunidades que se precisa a partir de una mirada ambivalente. Esto es, la de un objeto de observación, ya sea un evento, práctica religiosa, hábito alimenticio, festividades, costumbres localizadas, al que se le otorgan virtudes o carencias. Por esto se debe hablar del viajero con una percepción plagada de ambivalencia en que atracción y repulsión se entremezclan y fungen de hilo conductor de su relato.

     Durante el 1700 el territorio que hoy ocupa Venezuela recibió la visita oficial de algunos naturalistas y misioneros que dejaron sus impresiones de la realidad social, cultural y, especialmente, de las potencialidades naturales que ofrecía la colonia a la luz de las reformas Borbónicas. Sin embargo, fue en el diecinueve cuando exploradores y naturalistas, en especial provenientes de Alemania, quienes se establecieron temporalmente en esta provincia para ofrecer a sus gobernantes informes de los vírgenes recursos que ofrecía la zona tórrida.

     El explorador de mayor resonancia, entre finales del 1700 e inicios del 1800, fue el barón Alejandro de Humboldt (1769-1859) quien, antes de arribar a Venezuela, tenía como objetivo alcanzar Nueva España y La Habana, lugares que, entre sus proyectos exploratorios en la América hispana eran prioritarios. Sus aspiraciones comprendían un viaje de ida y vuelta por el mundo. El azar lo condujo al norte de la América meridional en tiempos de convulsiones políticas, antes de partir para Burdeos en 1804 visitó los lugares que originalmente le preocupaban. En Venezuela se estableció entre julio de 1799 y noviembre de 1800. El plan ambicionado por él era totalizante, tal como se muestra en su texto Cosmos (1845-1862). Instalado en Alemania se dedicó a organizar sus notas del viaje por el espacio hidrográfico y territorial por él denominado nuevo Continente o Mediterráneo americano.

     Pasarían algo más de treinta años para dar a conocer su Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente. Por tal motivo, muchas de sus frases narrativas presentes en este texto se intercalan con el tiempo que pasó en algunos lugares de la Capitanía General de Venezuela, y lo que sucedió luego de 1804. Al igual los que describen la Caracas de entonces resaltan el impacto del terremoto de 1812 y la guerra a favor de la Independencia. Ambos eventos sirven de marco para justificar la escasez poblacional y la depresión económica que experimentó durante las primeras décadas del 1800, período de tempo que toma en consideración Humboldt en sus reflexiones sobre Venezuela. En este orden, expresó que el país podría salir de su declive gracias a la fertilidad de sus tierras y la pujante vida comercial de Caracas, a lo que agregó que con una administración juiciosa y tiempos de paz ello sería posible.
     De la Capitanía General de Venezuela expresó que contaba con un millón de habitantes, de los cuales 60.000 eran esclavos y 100000 indígenas. La Capitanía la dividió, en términos metodológicos, en tres zonas: la de los bosques, la de los pastos y las tierras labradas. En lo que se refiere a la distribución de la población le llamó la atención que iba de las costas hacia el interior del territorio. Humboldt, como pensador de su tiempo, deliberaba que el denominado carácter de los pueblos debía definirse de acuerdo con el origen de cada uno de sus componentes. Por ello propuso que, así como se debía considerar el origen de los indígenas había que hacerlo con los provenientes de España. Si en México fue mayoritaria la presencia de vizcaínos, los catalanes lo fueron de Buenos Aires. En cambio, en Venezuela fueron andaluces y canarios. En este orden de ideas, observó que las actividades económicas desarrolladas se definían también de acuerdo con el origen de quienes las hacían posible. Por ejemplo, peninsulares en el comercio al por mayor, y los españoles americanos predominaban en el menor. 

      Si uno de los objetivos primordiales de este naturalista era el de precisar la existencia de recursos minerales y potencialidades de una naturaleza exuberante, no dejó de lado las actividades ilícitas presentes en la Capitanía. Comercio intérlope que adjudicó a la amplia franja costera y la ineficacia de la administración colonial, así como que con el mismo se venía forjando la opulencia, un tipo de conciencia y el anhelo de un gobierno local con mayor autonomía de la Madre Patria, que mostraba disposición a la libertad y formas de gobierno republicanas. Muchos de los aspectos que hoy pueden adjudicarse a los estudios de la sociología fueron abordados por Humboldt y su fuerte disposición de abarcar el todo social.

     Así, al hacer referencia a los indígenas, en la provincia de Caracas, dijo que eran pocos y que en ésta solo quedaba de indígena el nombre de algunos espacios territoriales que la componían. Donde se les podía encontrar era en las misiones religiosas, adonde recibían formación religiosa y llevaban a cabo labores agrícolas. Dedicó mayores consideraciones al caso de los negros. Aspecto éste que no debe despertar sorpresas en el lector actual puesto que, desde 1792 el Guarico o Santo Domingo francés fue escenario de un movimiento de esclavos negros en contra de sus amos coloniales, todo ello alentado por los mismos revolucionarios franceses en contra de quienes habían hecho, de este espacio territorial colonial, una de las colonias más prósperas del momento. Teniendo en mente este acontecimiento, y que dio origen a Haití, dedicó mayores líneas a los negros.

     La situación, respecto a éstos, le llevó a establecer que era doblemente interesante tanto por una reacción violenta en contra de sus dueños como por su número o cantidad en una extensión territorial limitada.  En este sentido, razonó que ellos ocupaban un espacio que abarcaba el sur de los Estados Unidos de Norteamérica, una porción de México, las Antillas y las costas de Venezuela. Al interior de esta última se había otorgado la libertad a algunos esclavos no por motivos humanitarios o de justicia, más bien era por el temor que despertaba una posible sublevación de ellos contra sus dueños, además por su intrepidez, osadía, la capacidad para sobrevivir en circunstancias adversas y por su coraje. De los sesenta mil que hacían vida en la Capitanía, cuarenta mil estaban en la provincia de Caracas. De ahí que diera gran importancia a la ubicación en un territorio limitado y cercanía entre ellos ante un posible conflicto.

     Al hacer referencia a los blancos criollos o hispanoamericanos sugirió que, aunque mostraban interés por ideas liberales y mayor autonomía, habían preferido cobijarse en los intereses de familia y una vida tranquila. Otros mostraban temor ante una posible revolución porque no solo perderían sus esclavos, también existían temores a que se suscitara una experiencia similar a los sucesos de la Revolución francesa y los del Santo Domingo francés, por su secuela de muertes y ruina, así como que el clero sería perseguido y despojado de sus bienes, al lado de la posible aprobación de leyes que reconocieran la tolerancia religiosa, que se eliminase derechos de linaje y herencia. Sin embargo, no dejó de llamar la atención del anhelo que mostraban por una mayor libertad de comercio sin dejar de considerar que seguían siendo indolentes, al optar por una existencia que garantizaba sus posesiones. En lo referente a los peninsulares o españoles hizo notar su escasa cantidad frente a negros, indios e hispanoamericanos, lo que lo llevó a preguntarse cómo habían logrado sostener estas colonias americanas.

La Caracas de principios del siglo XIX

     Del lugar ocupado por la ciudad de Caracas se interrogó por qué razón no había sido edificada hacia el lado Este, donde el valle se mostraba con mayor anchura, de llanura extendida, como Chacao en que las aguas podían descansar en un terreno más nivelado.  Informó que su fundador, Diego de Losada, continuó las líneas trazadas por Fajardo. En ese tiempo de fundación la predilección era por la cercanía de las minas de oro en Los Teques y Baruta y con preferencia al camino que conducía a la costa. En lo que respecta a las vertientes de agua había tres pequeños ríos que bajaban por las montañas, Anauco, Catuche y Caruata. En Caracas, según su exposición, los habitantes preferían, para beber, la de Catuche. Los pobladores de mejor posición económica seleccionaban las aguas provenientes de El Valle y de Gamboa, a las que adjudicaban propiedades saludables porque corrían sobre las raíces de zarzaparrilla y no contenían cal ni emanaban aroma de materia extractiva.

    Describió las calles de Caracas como de extensión ancha y bien alineadas, tal como eran otras construidas por los españoles en América. De las casas llamó su atención el espacio amplio que ocupaban, pero muy altas para un país de movimientos telúricos. Rememoró que la casa que ocupó en La Trinidad fue destruida por completo con el terremoto de marzo de 1812. Según sus observaciones, la escasa extensión del valle de Caracas y la proximidad de las montañas que la bordean ofrecían una imagen tétrica y sombría, en especial entre los meses de noviembre y diciembre cuando la temperatura era más amable. No obstante, este aspecto melancólico contrastaba con lo que se podía experimentar en las noches de junio y julio, cuando el cielo era menos nuboso que, para un observador de constelaciones y estrellas era de vital interés.

     Dejó escrito que, a pesar de la fuerte presencia de la población negra, en La Habana y en Caracas se experimentaba más cercanía con Cádiz y los Estados Unidos de Norteamérica que en algún otro lugar del Nuevo Mundo. Según su percepción fue en Caracas que se habían mantenido, a lo largo del tiempo, las costumbres nacionales. Los integrantes de la sociedad no mostraban para él placeres o diversiones muy variados, pero sí entusiasmo, cortesía y amabilidad en sus acciones. Destacó que existían dos generaciones muy distintas. Una, menos numerosa, muy apegada a la tradición y los viejos usos, que detestaba todo cambio del estatus colonial, con prejuicios coloniales y temerosa de toda idea proveniente de la Ilustración.

   Otra, más pendiente del porvenir mostraba inclinaciones por hábitos e ideas novedosas, aunque a menudo sin mucha reflexión. También observó una fuerte disposición por adquirir títulos nobiliarios y el encono entre los peninsulares y sus descendientes criollos. Destacó que en Caracas había familias con gustos por la instrucción, el conocimiento de las obras maestras de la literatura francesa e italiana, una alta estima por la música como expresión de las bellas artes y su disposición para acercar a los distintos grupos sociales.

     Realizó una comparación respecto al estudio las ciencias exactas en México y Santa Fe, ante quienes vivían entre una exuberante naturaleza como lo apreció en la Capitanía General de Venezuela. Con sorpresa comprobó, en un convento de franciscanos, la preocupación por la astronomía moderna por parte de un anciano que calculaba fechas para todas las provincias de Venezuela. No dejó de anotar su sorpresa por la curiosidad que mostró por conocer el funcionamiento de la brújula de inclinación y nuevos descubrimientos de la astrología. Idea con la que mostró su mesura en lo referente a la descripción de esta comarca.


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