Pisella: “Vamos a dialogar las veces que sea necesario para enrumbar al país hacia un mejor futuro”

Pisella: “Vamos a dialogar las veces que sea necesario para enrumbar al país hacia un mejor futuro”

Mes: <span>febrero 2021</span>

Por: Isglovi Alcalá

     Luigi Pisella, director tesorero de Conindustria, manifestó que desde la institución hay una disposición positiva en cuanto al diálogo planteado por el Gobierno “Vamos asistir a dialogar las veces que sea necesario con el fin de enrumbar al país hacía un mejor futuro”.

     Asimismo, aclaró que hay propuestas ante dichos encuentros con el fin de generar hechos concretos en beneficio de la sociedad venezolana. “Estamos abiertos a los diálogos siempre y cuando hayan propuestas y las mismas se cumplan paulatinamente”, recalcó.

     En entrevista para el programa Tributos y Algo Más con Leonardo Palacios, explicó que desde la junta directiva de Conindutria se han planteado lineamientos y lo están haciendo con ayuda de las regiones y sectores productivos del país.

     “NO SOLO ES IR AL DIÁLOGO SINO PLANTEAR CUÁLES SON LOS PUNTOS MÁS ÁLGIDOS, Y ES POR ELLO QUE HICIMOS UN DOCUMENTO QUE LO ENVIAMOS A FEDECÁMARAS A EFECTOS QUE EN NOMBRE DE NOSOTROS Y LAS EMPRESAS DEL PAÍS NOS VEMOS REFLEJADOS EN ELLO”.

     Los sietes puntos más álgidos son:

  1. La industria necesita que se vaya levantando la cuarentena, es decir, no seguir trabajando bajo el esquema 7+7.
  2. Regularizar el suministro de combustible.
  3. Revisar el excesivo cobro de las tarifas básicas y de impuestos municipales.
  4. Regresar al pago mensual del IVA.
  5. Destinar mayores recursos, para el financiamiento de la industria.
  6. Desmontar, revisar o modificar algunas leyes como la ley de costos y precios justos.
  7. El decreto 4.620 que a juicio de Pisella está matando a la industria nacional, donde los productos importados están llegando sin el pago de aranceles, IVA y que además no gozan de permisos sanitarios.

     Pisella, quien además es presidente de la Cámara Venezolana de Calzados Y Comp onentes (Cavecal), comentó que en los diálogos anteriores han sido escuchadas las propuestas pero no se han generado cambios. “Se trata de seguir insistiendo y evaluar los puntos que nos están ocasionando todo el deterioro a nivel industrial, de trabajo y poder adquisitivo”.

     “No somos actores políticos, pero si podemos influencias en políticas públicas. En las medidas en las que nosotros podamos contribuir a efecto de que haya un acercamiento ahí estaremos para colaborar. El diálogo es necesario y vamos a seguir. Nuestro nombre es empresarios y el apellido terquedad”, agregó el líder gremial.

La imprenta de Caracas en tiempos de emancipación

La imprenta de Caracas en tiempos de emancipación

CRÓNICAS DE LA CIUDAD

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     A propósito de la ocupación francesa en la península ibérica y el conflicto bélico que se derivaría desde 1808, entre España y Francia, el capitán general Juan de Casas solicitó el envío de una imprenta al gobierno de Trinidad en agosto de este año. El equipo llegó a la provincia de Caracas en septiembre de 1808 junto con los impresores británicos Mateo Gallagher y James Lamb. Ella sirvió para la publicación de la Gazeta de Caracas cuyo primer número vio la luz el 24 de octubre de aquel año. Su redactor principal fue Andrés Bello (1781-1865) hasta el año de 1810, cuando emprendió su viaje para Inglaterra como miembro de la secretaría de relaciones exteriores de la provincia.

     La Gazeta de Caracas surgió bajo circunstancias críticas para el imperio español. En mayo de 1808 había estallado la disputa alrededor del trono entre Carlos IV y su hijo Fernando de Borbón, conocido luego como Fernando VII. En mayo de 1808 Napoleón obligó a este último devolver la corona a su padre. 

Andrés Bello fue redactor principal de la Gazeta de Caracas, entre 1808 y 1810

     Con estas abdicaciones constriñó a Carlos IV que le cediera el trono a él, quien luego lo entregaría a su hermano José Bonaparte. Las primeras informaciones de estos acontecimientos se conocieron en los iniciales días de julio de 1808, gracias a dos ejemplares del Times de Londres, que habían sido enviados por funcionarios de Cumaná al capitán general Juan de Casas, que los puso a la orden de Bello para que los tradujese. Bello hizo lo propio y extrajo noticias que con premura comunicó a Casas, quien incrédulo no dio crédito a la información. Sin embargo, Casas llamó a consulta a personas influyentes de la provincia, pero excluyó a los españoles americanos. Allí se discutió la gravedad del asunto y se decidió no divulgar la noticia.

     Cuando el 15 de julio de 1808 llegó a Caracas un emisario francés, el teniente Paul de Lamanon, para informar de manera oficial lo relacionado con la incursión francesa en la península ibérica, y las nuevas autoridades que ahora regirían la administración colonial en América, la divulgación de los acontecimientos que se sucedían en la provincia ibérica se extendió. A Casas no le quedó otra que aceptar la noticia que días antes le había proporcionado Bello y que él no creyó. Lamanon confirmó lo que el gobernador se negaba a aceptar. El teniente francés, luego de haber informado al capitán general de la situación del imperio, se dedicó a divulgar la noticia con todo aquel que se topó en esta comarca. Por tal motivo en la posada El Ángel lo intentaron linchar. Por esto Casas ordenó su retiro inmediato de la provincia de Caracas, lo que pronto cumplió el oficial francés.

Entre los periódicos caraqueños que apoyaron la emancipación destaca el Semanario de Caracas

     Fue bajo este marco que se introdujo la imprenta en Venezuela. Se tiene como precursor a Francisco de Miranda, quien hacia 1806, a bordo del Leander, bordeó las costas de Coro, quien traía consigo una pequeña imprenta con la que imprimió, al menos, cinco proclamas. Una, fechada en Jacmel, otra la hizo en la propia embarcación, dos fechadas en Coro y otra en Aruba. Se conoce que llegaron a manos venezolanas y que fueron quemadas, como manifestación de rechazo a aquel que pretendía la instauración de un gobierno republicano. Aunque la imprenta no llegó a ser instalada en territorio venezolano, si logró imprimir despachos y nombramientos que haría Miranda si hubiese logrado su cometido. Dos años después se instalaría la imprenta en este territorio de tierra firme, gracias al contrato conseguido por Manuel Sorzano, quien llevó a cabo las instrucciones dadas por el comerciante de La Guaira, Francisco González Linares, a quien había encargado el capitán general para las gestiones correspondientes.

     El 24 de octubre de aquel año apareció el primer número de la Gazeta de Caracas, en el que se ponderó la importancia y la excelencia del nuevo arte y el valor para la provincia. En la Capitanía se instalaría otra imprenta en Cumaná. El licenciado Miguel José Sanz recomendó para que se instalara otra imprenta en Caracas. Para octubre de 1810 inició actividades de impresión la de Baillío y Delpech. Esta sociedad sólo duró un año y prosiguió sólo con Juan Baillío. Simón Bolívar y José Tovar habían traído una imprenta que se instaló en Caracas. Para febrero de 1812 se colocó un taller de impresión en Valencia, a cargo de Juan Gutiérrez Díaz.

     A decir verdad, fueron muy pocos los talleres de impresión que se instalaron en territorio venezolano. La mayoría de impresos fueron de talante político. De estos talleres salieron periódicos, semanarios, hojas sueltas, folletos y libros de interés para la historia política de Venezuela. Los temas variaron en la puja por el control de la provincia de Caracas entre patriotas y realistas. También en ellos se encuentran las argumentaciones y reflexiones alrededor de la Independencia frente a las pretensiones de la corona española.

     El 6 de agosto de 1811 la Gazeta de Caracas incluyó el texto de la Ley de Imprenta, sancionada por la Sección Legislativa de Caracas, en la que se subrayó que la imprenta era el instrumento más fiable para comunicar las luces del conocimiento, y la facultad individual de los ciudadanos para hacer públicas sus ideas políticas y reflexiones. Con esta aseveración se refrendaba uno de los propósitos del liberalismo político como lo era la libertad de opinión, y con la que se podría hacer frente a todo tipo de arbitrariedad de los gobernantes. Se agregó, además, que el producto de la imprenta era imprescindible para ilustrar a los pueblos en sus derechos y el único camino para alcanzar el conocimiento de la verdadera opinión pública.

     Los que dirigieron los asuntos propios de la Primera República participaron de modo entusiasta en todo lo que se produjo en los talleres de Caracas, Cumaná y Valencia. Fueron varias las publicaciones en forma de libro o folleto a iniciativa de ellos. Quizá, fueron los periódicos donde aparecieron la mayor cantidad de argumentaciones políticas que sirvieron de base a las realizaciones políticas. La hoja suelta sirvió para dar a conocer información que debía circular de manera presurosa y superar demoras que con equipos de técnica deficiente retrasaban la impresión de los periódicos.

     El único medio impreso que existía en el mes de abril de 1810 en la Capitanía era la Gazeta de Caracas, en cuya página principal aparecía un lema escrito en latín y que rezaba: “la salud del pueblo es la suprema ley”. La edición del 25 de abril corrió a cargo de quienes desconocieron la regencia como gestora de la política en Venezuela. Un fragmento de los razonamientos esgrimidos fue que la Gazeta de Caracas había estado destinada a propósitos que ya no estaban de acuerdo con el espíritu público de los habitantes de Caracas. Ello sirvió para indicar que el espíritu que se iba a restituir era el carácter de franqueza y sinceridad que debía tener, para que el pueblo y el gobierno lograra con ella los benéficos designios que han “producido nuestra pacífica transformación”.

     Junto con este escrito apareció el primer artículo de talante doctrinal cuyo título fue: “Sin virtud no hay felicidad pública, ni individual”. En un número anterior Vicente Emparan y Orbe publicó un “Manifiesto”, con fecha 7 de abril, donde intentó calmar los ánimos de los habitantes de la comarca, en virtud de los fracasos de las tropas españolas contra los franceses, y con la exhortación de continuar bajo los auspicios de la legislación colonial. Ya en números precedentes se habían incorporado los donativos que, a instancias del marqués Casa – León, debían recabarse para ayudar a la península en su lucha contra el “usurpador universal”, tal como se calificaba a Napoleón por estas tierras.

     También aparecieron las “Instrucciones para elegir diputados a las cortes de España”. Se combinaban noticias de triunfos de españoles en batallas contra las huestes napoleónicas. Sin embargo, se intercalaban con escritos de ingleses que veían con preocupación el escaso avance de los españoles contra las iniciativas de Napoleón y los suyos. También, aparecían noticias locales relacionadas con nombramiento de autoridades, resúmenes de gacetas inglesas, avisos mercantiles, ventas de artículos, huidas de esclavos y proyectos para la edición de otros impresos. El tono de la Gazeta de Caracas cambiaría con la edición número noventa y cinco y en la que anunció un tiempo otro a raíz de la declaración del 19 de abril del diez.

     En efecto, un conjunto de argumentaciones se tramó respecto al consejo de regencia y sus implicancias. Así, se puede leer una proclama, firmada por José de las Llamozas y Martín Tovar Ponte, en que se informaba acerca de la penosa situación de España en los primeros meses de 1810, luego de dos años de enfrentamiento con los franceses. 

Gazeta de Caracas, primer periódico de Venezuela, su primer número vio la luz el 24 de octubre de 1808

     En ella se indicó que la guerra, iniciada en 1808, la venían desarrollando los españoles en defensa de su libertad e independencia para escapar del “yugo tiránico de sus conquistadores”. Con el arrollador avance de las tropas de Napoleón por el territorio español, “los honrados y valerosos Patriotas Españoles” libraban batallas para preservar la “soberanía nacional”, pero se vieron obligados a buscar refugio en Cádiz. Al lado de esta acción, la Junta Central Gubernativa del Reino, en la que se había depositado la soberanía en disputa, debió disolverse y con la que se difuminó una soberanía constituida legalmente para la conservación general del Estado.

     Por esta razón, indicaron los redactores, hubo la necesidad de constituir un nuevo sistema de gobierno con el título de regencia que, no podía tener otro propósito que el de preservar la vida de los pocos españoles que habían escapado del yugo francés. La regencia no representaba los intereses de la nación porque no se constituyó con el voto general de quienes tenían la potestad de justificarla. A lo largo de 1810 en las páginas de la Gazeta de Caracas aparecieron un compuesto de argumentaciones alrededor de la ilegitimidad de la regencia, la reclusión de Fernando VII y en manos de quienes estaba la representación de la soberanía.

     La cantidad de razonamientos vertidos en sus páginas, después de la edición 95, fueron afinando la necesidad de romper el nexo colonial. Unos catorce meses después, en la edición del 9 de julio de 1811, apareció en la primera página el titular: “Independencia de Venezuela”. Si se observa con atención los distintos escritos que se dieron a conocer luego del 19 de abril, se puede constatar que lo asumido en 1810 ya anunciaba la ruptura con la sociedad progenitora. Otros impresos, de corte doctrinario, en especial, conformaron argumentos a favor de la emancipación. El Semanario de Caracas, El Patriota de Venezuela, El Mercurio Venezolano y El Publicista de Venezuela confirman la actitud que se fraguó desde 1810 entre algunos caraqueños. En sus páginas, al igual que en la Gazeta de Caracas, se publicaban textos del irlandés William Burke que defendía airadamente el derecho de la América española a independizarse.

     Si la intención de las autoridades coloniales fue la de establecer una imprenta en la Capitanía General de Venezuela, para contrarrestar la información de sus enemigos, como efecto no deseado ella sirvió de espacio para el convencimiento de un grupo de venezolanos a favor de la Independencia. En el mundo moderno la imprenta se convirtió en un agente de cambio y no un cambio por sí misma. Aunque se debe tomar en cuenta que no todos los individuos de este período sabían leer. La lectura colectiva fue una opción, además en tabernas, posadas, plazas, iglesias se transmitían informaciones por vía oral. Uno de los aspectos de gran relevancia en el mundo y que ayudó a la generalización de impresos fue gracias al uso del papel y la paulatina sustitución del pergamino, más bien de uso para ediciones lujosas. Es necesario dejar claro que las iniciativas de emancipación surgieron entre habitantes de la provincia de Caracas, a las que se agregarían otras provincias y que la Gazeta… se tiene como pionera en la divulgación de las informaciones a su alrededor.

Intento de magnicidio contra Rómulo Betancourt – Parte II

Intento de magnicidio contra Rómulo Betancourt – Parte II

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“Chapita” condenado por el mundo

 

     La autoría intelectual del atentado terrorista contra el presidente de Venezuela se atribuyó desde el principio al dictador dominicano Rafael “Chapita” Trujillo, cuyo nombre también  se asoció con otros intentos de asesinato que sufrió el político guatireño en La Habana (1952) y en San José de Costa Rica (1953).

     Betancourt fue un acérrimo crítico de la dictadura de Trujillo (1930-1961). En septiembre de 1948 emprendió una campaña en una Cumbre de la Organización de Estados Americanos (OEA) celebrada en Washington para procurar una condena internacional contra el régimen dictatorial del dictador, quien desde entonces juró que lo apartaría de su camino.

     La acción terrorista de 1960 se promovió en suelo quisqueyano. Trujillo encargó a Johnny Abbes García, temible coronel que estaba a cargo del Servicio de Inteligencia Militar dominicano, para reclutar y dotar de insumos y finanzas a los autores del repudiable hecho.

     Días antes del atentado llegaron a Venezuela con un cargamento de explosivos (nitrato de amonio y nitroglicerina en forma de dinamita compacta) y un lote significativo de armas introdujo aérea al país y ocultaron en una finca cercana a San Juan de Los Morros.

     Mientras los encargados de las investigaciones técnicas y policiales del atentado trataban de completar la captura de cada uno de los implicados, el gobierno rompió relaciones diplomáticas con República Dominicana al tiempo que inició una campaña para conseguir el repudio de los diferentes países contra la dictadura de Trujillo.

El presidente de la República sufrió quemaduras de primer grado en manos y cabeza

     El miércoles 6 de julio de 1960, en Washington, ante la comisión investigadora del caso en la OEA, integrada por representantes de cinco países, el embajador Marcos Falcón Briceño consignó cintas magnetofónicas grabadas de segmentos de la emisora “La Voz Dominicana”, conocida también como “Radio Chapita”, en las que se anunció, exactamente seis minutos después de la explosión que Betancourt estaba muerto y en Caracas celebraban la asunción de un nuevo gobierno en Venezuela.

     Muy tensa se tornó la situación entre ambas naciones antes de la ruptura de relaciones. Hubo serias acusaciones por ambos lados y hasta amenazas de llegar a declararse la guerra. Desde Miraflores se argumentó que “Chapita” Trujillo financiaba el entrenamiento de grupos para derrocar a Betancourt y respaldaba el regreso al poder del tirano Marcos Pérez Jiménez. Gracias a la intervención de la Comisión Interamericana para la Paz, el asunto no pasó el terreno de las acusaciones.

     El viernes 8 de julio, con el voto unánime de 19 países, la OEA aprobó el nombramiento de una comisión que tuvo a cargo investigar la intervención y agresión del gobierno dominicano contra Venezuela y su presidente.

     Dicha comisión llegó a Caracas la tarde del lunes 18 de julio y al día siguiente se entrevistó con el presidente Betancourt. El grupo estuvo integrado por Vicente Sánchez Gavito (México), Erasmo de la Guardia (Panamá), Enrique Dardo Cuneo (Argentina), Pablo Oscar Guffante (Uruguay) y Henry Clinton Reed (Estados Unidos).

     Del 16 al 20 de agosto de 1960 se celebró en San José de Costa Rica la sexta cumbre de cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA), a la cual asistieron representantes de 21 naciones. Allí se acordó por unanimidad condenar al régimen dominicano de Trujillo por haber promovido el atentado contra Rómulo Betancourt.

     Setenta y siete días después del intento de asesinato a Betancourt, el 9 de septiembre de 1960, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, emitió la resolución número 156. Tras aprobar el reporte presentado por la secretaría de la OEA, se acordó la aplicación de medidas económicas contra República Dominicana, según las cuales se prohibió comerciar con la isla, entre otras cosas, derivados de petróleo y repuestos para vehículos y maquinaria. Dicha resolución fue aprobada con nueve votos, ninguno en contra y dos abstenciones de la República Popular de Polonia y la Unión Soviética.

Termina la “Era Trujillo”

     No había pasado un año del atentado a Betancourt cuando, el pueblo dominicano alcanzó la liberación de treinta años de dictadura. La noche del 30 de mayo de 1961, mientras transitaba la carretera que conduce de Santo Domingo a San Cristóbal, fue asesinado Rafael Leonidas Trujillo Molina.

     En la emboscada participaron más de diez hombres que ametrallaron con más de sesenta impactos de bala el carro en el que viajaba el sanguinario dictador, acusado de promover más de 50 mil asesinatos contra opositores a lo largo de las tres décadas que duró su régimen.

     Miles de personas desfilaron ante el cuerpo de Trujillo en las ceremonias fúnebres, celebradas el 2 de junio de 1961 en el Palacio Nacional. Posteriormente, ante la presión del pueblo, la familia se vio obligada a huir del país con el cadáver de “Chapita”, quien está enterrado en un cementerio de la ciudad de Paris.

A tribunales autores del atentado

     Pocas horas después de ocurrir la acción terrorista, antes de culminar el mes de junio de 1960, se conoció que el hombre que accionó el control remoto que provocó la explosión fue Luis Cabrera Sifontes, radio técnico venezolano que recibió una seña (levantarse el sombrero) de Manuel Vicente Yánez Bustamante desde un sitio cercano al lugar en el que se encontraba el carro-bomba.

     También se ventilaron en los medios al principio los nombres de militares conspiradores, aun fieles a Pérez Jiménez, como el general Carlos Sanoja Rodríguez el capitán Eduardo Morales Luengo.

     Los primeros diez sospechosos detenidos por participar en la acción terrorista fueron trasladados desde la sede de la Digepol, en Los Chaguaramos, a la Cárcel Modelo, en Catia, el viernes 1 de julio de 1960. Entre otros integrantes del grupo figuraron Manuel Yánez, quien estuvo en el sitio de la explosión, Eduardo Morales Luengo, quien trasladó los explosivos desde Santo Domingo y el sindicalista Hernán Escarrá.

     En la edición del diario Últimas Noticias del 2 de julio de 1960, el doctor Pedro Luis Gutiérrez, sub director de la Policía Técnica Judicial (PTJ), informó que, como consecuencia de las investigaciones sobre el atentado y en colaboración con la Dirección General de Policía (Digepol), se han practicado unas 32 detenciones.

     Por esos días también se publicó en la prensa nacional un aviso de requisitoria, solicitándole al pueblo colaboración para capturar a Cabrera Sifontes, quien finalmente el 4 de julio fue aprehendido en Cabudare, estado Lara, disfrazado de campesino y montado en un burro.

     Casi dos años después de abrirse el proceso judicial, en febrero de 1962, se inició la formulación de cargos contra los indiciados en el intento de magnicidio contra el presidente Rómulo Betancourt, el asesinato del coronel Ramón Armas Pérez y el estudiante Luis Elpidio Rodríguez, en el Juzgado I de Primera Instancia en lo Penal, en los antiguos tribunales de Caracas, ubicados cerca de la esquina de la Bolsa, en el edificio “University”.

     La lista de indiciados que fueron condenados o absueltos en el caso es la siguiente: Salvador Alfonzo Acero, Luis Álvarez Veitía, teniente coronel Antonio de Jesús Bolívar, Luis Cabrera Sifontes, Carlos Chávez, Yolanda Chávez de Morales, Ramón Díaz Borges, capitán de fragata Mario DiGuilio, Hernán Escarrá, Clara Gamero de Trompiz, Carlos González Rincones, Manuel Guzmán Parés, Beltrán Lares Escalona, Lorenzo Mercado, Maximiliano Mora, Addia Morales Luengo, Ángel Morales Luengo, José Morales Hernández, Mayor Ramón Ovidio Moreti Arellano, Mayor Alberto Padilla, Ernesto Rhan, Carlos Russian Requena, Manuel Sanoja Rodríguez, Manuel Vicente Yánez Bustamante y Juvenal Zabala.

     Cabrera Sifontes y Yánez Bustamante fueron sentenciados a treinta años por su carácter de ejecutores. En 1971, Cabrera Sifontes fue beneficiado con indulto del entonces presidente de la República, Rafael Caldera, por encontrarse muy delicado de salud, con un cáncer terminal, al poco tiempo falleció.

Primer periódico libre e independiente de Caracas

Primer periódico libre e independiente de Caracas

CRÓNICAS DE LA CIUDAD

Mes: <span>febrero 2021</span>

     Con fecha domingo 4 de noviembre de 1810 apareció el primer número de un periódico libre e independiente en la provincia de Caracas. En un espacio territorial conmovido por la suerte de la Madre Patria, a raíz de las acciones bélicas contra las tropas francesas, la reclusión del rey Fernando VII y la entronización de una regencia en su lugar. Reviste gran importancia la aparición de un órgano periodístico cuyo carácter no fue oficial ni oficioso en una Caracas en la que revoloteaban noticias, informaciones y pensamientos alrededor de asuntos muy propios de la filosofía y teoría política. Es cierto que, para 1808 ya existía la Gaceta de Caracas que basculó, hasta la ruptura del nexo colonial, entre ediciones a favor de la corona, en algunos momentos de su historia, y reproducciones en contra de ella, en otras oportunidades. También, es importante porque permite visualizar la conformación de una opinión pública, así como el ensanchamiento del espacio público, a partir de los cuales la publicitación de ideas políticas y sociales se explayaron.

     El Semanario de Caracas fue un órgano de divulgación que, entre otros propósitos, intentó contribuir con la ilustración y difusión de ideales a favor de la “prosperidad de la patria”. Para cumplir este cometido se eligieron una serie de aspectos relacionados con la agricultura, el comercio, la estadística y, quizá la de mayor relieve, la política. Desde un primer momento con la estructuración de la Junta de Caracas, a favor de la figura de Fernando VII, se comenzó a generalizar, entre otras argumentaciones, el triunfo de la “opinión” frente al silenciamiento de trescientos años de tiranía. Es decir, el despotismo como dique de contención de la libertad. De lo que se trató, tal como quedó redactado en el acta que acompañó al desconocimiento del consejo de regencia el 19 de abril de 1810, en la Capitanía General de Venezuela, y en la “Declaración de los Derechos del Pueblo”, dada a conocer el primero de julio de 1811, fue el de restituir la soberanía y la libertad a aquellos que se la habían cedido, temporalmente, al rey.

     En ellas los caraqueños establecieron que la sociedad al recuperar la libertad civil, la opinión recobraba su importancia y los “periódicos” que eran el órgano de ella adquirían la influencia que debían tener. La idea de opinión pública tuvo que ver con la soberanía en la medida que se pensó que las “luces” se encontraban en los espacios geográficos donde el derecho a representación, en calidad de espacio soberano, se expresaba por el uso de la razón que implicaba independencia de juicio. Las ciudades capitales que lo eran desde el Antiguo Régimen se impusieron, entre otras argumentaciones, con la idea de opinión pública como expresión de soberanía, porque se suponía que la opinión pública, en materia de gobierno, residía en las grandes ciudades, o sedes de gobierno y no en las “aldeas o cabañas”. Si de un espacio cosmopolita y con fuerte vinculación de hábitos y costumbres de la Europa ilustrada se trataba, esa fue la provincia de Caracas, o sus elites, que abrazaron el ideal independentista.

     Resulta de gran interés recordar que quienes hicieron posible la publicación de este semanario, hasta el número treinta, correspondiente al 21 de julio de 1811, siguieron rumbos distintos, al momento de definirse la Independencia con la guerra. Miguel José Sanz murió en la lucha a favor de la emancipación y José Domingo Díaz fue a España y publicó La rebelión de Caracas donde arremetió en contra de todo lo que representaron los patriotas. El Semanario de Caracas contaba con dos secciones: “Política” a cargo de Sanz y “Estadística” cuya elaboración fue responsabilidad de Díaz. Mientras en las primeras páginas con las que abría cada edición, el primero delineó con su pluma principios republicanos, con matices liberales, los valores políticos con los cuales debía regirse la república a desplegar, Díaz ofrecía cifras y series de prosperidad de esta comarca bajo el marco de la experiencia colonial presentes aún para 1810.

     Se ha expresado, por parte de estudiosos del desarrollo del periodismo en Venezuela, que el pionero de la prensa fue el Semanario de Caracas. Esto porque en territorio venezolano, antes del 4 de noviembre de 1810, no se conoció un periódico independiente que, entre sus propósitos estuviese el de ser un órgano para difundir las “luces” necesarias respecto a la prosperidad de los “pueblos de Caracas” y la patria en general. Para este cometido en sus páginas encontraron eco asuntos relacionados con la agricultura, el comercio y la estadística, de manera especial. Nació justo cuando estaban por llevarse a cabo las elecciones para la selección del primer Congreso de las provincias emancipadas. Con ello se extendería un poder legislativo por medio de la escogencia de representantes que delegarían de manera temporal, en quienes fuesen electos, su soberanía.

     Sanz se había formado en el ámbito de las leyes durante el Antiguo Régimen. Tenía conocimiento de sus pares letrados como él, además conocía de cerca la realidad de la vida campesina en Barlovento por el ejercicio como abogado y asesor del Consulado. Buscó la asociación con Díaz por los conocimientos que éste tenía acerca de la estadística y lo hizo editor responsable de la publicación semanal. Desde el primer número del Semanario… en la sección “Política”, su autor, se dedicó a elucubrar acerca de la Ley y la necesidad de que ella garantizara un gobierno probo y justo. En este orden de ideas, expuso el caso de la Revolución Francesa y el producto más visible de ella: Napoleón Bonaparte. Con esto intentó demostrar que una revolución podría desembocar en una situación igual o peor a lo que la originó. Por ello en el primer número estampó que el Semanario… será libre, pero lo “será como debe ser, amando respetando la ley y obedeciendo a sus ejecutores: él será libre con dignidad”.

     En el aparte “Política”, del primer número, en las líneas de cierre, Sanz, ratificaría que, la felicidad de los pueblos provenía de la instrumentación de “buenas leyes”, del afecto que sus integrantes profesaran hacia ellas, de la “justa y racional” libertad de los integrantes de la sociedad, de la educación y de la opinión pública, así como de la “excelencia y rectitud del gobierno”. A partir de estas reflexiones concluyó que lo esencial de la “política” era alcanzar aquellos propósitos, en los que Sanz combinó principios de la teoría política republicana y la propia liberal.

     En el propio primer número, en el aparte “Estadística”, Díaz se explayó a razonar que era la opulencia. Enunció, en las primeras líneas, que no bastaba que un pueblo fuese feliz, gracias a que era libre, “es necesario que lo sea porque es opulento”. Según su apreciación ser opulento permitía obtener un poder con el cual contrarrestar las ambiciones de los demás pueblos, gracias al manejo de recursos y medios con los cuales se haría respetar. De igual modo, esa abundancia haría posible hacer pueblos virtuosos que nada temerían a la santidad de sus leyes.

     Los razonamientos de Díaz, a quien la historiografía de talante nacionalista y patriótico adjudican sólo avieso interés y ambición al servicio de la Corona, razonó de modo distinto respecto a la idea de poder, libertad y de riqueza que debería extenderse entre las comunidades humanas. Entre otras argumentaciones ponderó que, el poder de un pueblo, útil y respetable, debía estar sustentado en la proporción del número y la calidad de los individuos que lo componían. Por tanto, el pueblo en que la mayor parte fuese opulenta, o donde no existiera una “debida” proporción de bienes, en él cabría la posibilidad de extenderse la molicie, el lujo y otros “vicios corruptores”. Tal cual había pasado en Roma en tiempos antiguos, de acuerdo con su percepción.

     En los delineamientos de Díaz es posible reconocer una de las dimensiones conceptuales de la palabra pueblo, entre los publicistas del momento. En acompañamiento a la idea del gasto moderado con unas mismas tareas se estimularía la prosperidad de una sociedad. El conocimiento de los mecanismos para moderar los gastos de la distancia entre los pueblos y las dificultades de comunicación entre ellos, era básico para la “última clase del pueblo”, es decir, la más numerosa y la de mayores padecimientos, en este sentido.

Miguel José Sanz, jurista, político, periodista e ideólogo de la independencia de Venezuela

     El primer número cerró su edición bajo los siguientes señalamientos o propósitos de la sección “Estadística”, dentro del que los “Redactores” ofrecerían los elementos fundamentales que formaban parte de la opulencia y poder de Venezuela. Pretendían dar a conocer datos a los vecinos de la Provincia, y a pueblos distantes de ella, para mejorar la producción y el comercio de recursos entre ellos. El objetivo era hacer público la producción de bienes y los posibles fondos que pudieran ser explotados en el ámbito agrícola, no sólo para aumentar su número, también producirlos a menor costo y que fuesen de utilidad pública.

Semanario de Caracas, primer periódico libre e independiente en la provincia de Caracas

     En los subsiguientes números Sanz continuó con el desarrollo de sus conceptos alrededor de su concepción acerca de la política. De acuerdo con su percepción la función de esta era alcanzar la “felicidad”. Concepto éste que se asimiló con los de seguridad, libertad y propiedad puesto que estos eran la garantía de individualidad o independencia de acción de los hombres en sociedad. Siendo las leyes, y su cumplimiento, el centro axial de desarrollo, crecimiento y progreso de las sociedades. Por eso, cuando se refirió a subordinación civil lo hizo bajo esta perspectiva, es decir, la necesidad de acuerdos, pactos y su cumplimiento en el marco constitucional. Así, subrayó que la “felicidad de Caracas” dependía de que se crearan mecanismos de vigilancia de los hombres, porque de “toda revolución” surgían conflictos entre contrarios o por distintos intereses. Entre éstos se encontraban la ambición, el orgullo, la avaricia con esperanzas de provecho entre aquellos que los ponían en práctica.

     Por tanto, era preciso establecer diques a una fracción de los querellantes y así evitar la tiranía, si uno se arrogaba la soberanía podía imponer el despotismo, si era una o algunas familias se erigiría una aristocracia, si se dejaba libre cauce al “populacho” el desorden y los trastornos formarían parte de la “funesta anarquía”.

     En la sección “Estadística” se insistió en la idea de “Redactores”. Quizás, para dar vigor a un medio impreso que pretendió ejercer algún tipo de influjo entre quienes buscaban edificar otro orden de cosas y distantes del imperio francés. También resulta interesante resaltar la insistencia en que era un órgano periodístico dirigido a la provincia de Caracas y las villas y pueblos que la constituían. No deben quedar dudas que fue un impreso cuyas características radicó en su independencia frente a quienes manejaban los asuntos públicos. De igual manera, que quienes lo hicieron posible ya mostraban, al menos para el tiempo que se editó el Semanario…, algunas diferencias respecto al camino y prosperidad que debía seguir la provincia para alcanzar su “felicidad”. Por otro lado, es importante rememorar que, durante los primeros momentos de edificación republicana, no dejó de estar presente una percepción de los componentes de la sociedad caraqueña y lo que se denominó opinión pública. Para el año de su edición esta última idea se combinó con la de pueblo y sus componentes: pueblo ignorante, elites ilustradas y corruptores de la opinión.


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