Los viejos restaurantes de Caracas

Los viejos restaurantes de Caracas

CRÓNICAS DE LA CIUDAD

Los viejos restaurantes de Caracas

Por Lucas Manzano

 

     Bien merecido tienen el reposo al lado del Justo, los hombres que vivieron los tiempos nebulosos del mil ochocientos hasta muy avanzado el mil novecientos cuarenta; tiempo en el cual comenzó a declinar la afición a la buena mesa que en los primeros tiempos, la generalidad de los acontecimientos que merecían el honor de no dejarlos inadvertidos, eran festejados con viandas bien sazonadas, excelente vino y poco alcohol porque no había hecho su aparición por esta parte del mundo el whisky ni su similares.

     Fue por este motivo que el Restaurante de Puente Hierro, fundado especialmente para congregar en aquella parte de la ciudad las cabalgatas integradas por las más bellas mujeres y los apuestos mocitos de alto mundo; y los innumerables carruajes tirados por briosos corceles a cuyo bordo iban las Doñas a embriagarse de aromas en los jardines en medio de consumaciones de refrescos, bajo la risa cantarina del Guayre y de la Acequia Espino. 

     Fue precisamente en el Restaurante de Puente Hierro donde el General Presidente de la República homenajeó a los jóvenes Comandantes del Escuadrón de Húsares, que había de hacer los honores durante la conmemoración del Centenario del Nacimiento del Ilustre Prócer de la Independencia, General José Gregorio Monagas, suceso a conmemorarse en el año mil ochocientos noventa y cinco.

     En aquellos mismos días los cronistas Federico León, Job Pim, Leo y el autor de esta crónica concebimos la idea de hacernos imprimir una película con Zimmerman, la cual exhibimos en el “Teatro Caracas” en función de gala a beneficio de los chicos de la prensa. El argumento no pudo ser más original; parodiamos “La dama de las Camelias” con el mote de “La Dama de las Cayenas”. 

     Sin preocuparnos por las tomaduras de pelo que habrían de llovernos de colegas no invitados al beneficio, repartimos los papeles como nos vino en ganas. Yo hice el Armando Duval, Aurora Dubain la Margarita, Leo, Job Pim y Federico León otros papeles no menos pintorescos, para interpretar los cuales nos dábamos cita en lugares elegidos por los cameraman.

Restaurante La Opera que funcionaba en tiempos de Guzmán Blanco

     Resonancia y muy bien justificada tuvo el restaurante “La Opera”, cuyas puertas abrieron sus promotores el día en que inauguraban el “Teatro Guzmán Blanco”, ahora “Teatro Municipal”, relegado inexplicablemente casi al olvido por cuanto consta en mil infolios, que durante su trayectoria no lograron en los retozos democráticos ni las alternativas de los malos tiempos, influir en los desastres que sufren en estos últimos tiempos las empresas de espectáculos que lo han extrañado por maniobras de todos conocidas a un término de ínfima categoría.

     Años después de haber entornado sus puertas “La Opera”, se establecieron en ese mismo ramo, Sixto Lameda cuyo restaurante calzó el mote de “El Gato Negro”, ubicado en la esquina de “El Chorro de San Francisco”; Luis Salazar con el negocio “La Marcial”, que se dio el regalo de atraer hacia sus salones buena gente por la variedad de las viandas por él confeccionadas: no duró más de diez años.

     Don Augusto Guinand y sus amigos fundaron un salón suntuosísimo, confortable y amoblado al estilo de París, en mitad de la cuadra comprendida entre Las Gradillas y San Jacinto, lo titularon “THEA ROON ÁVILA”, servían allí los mesoneros impecablemente trajeados de frac, licores y ciertos comestibles como langostas, buen caviar y ciertos platos de consumo en los grandes restaurants de Francia. Lo malo era que se hablaba tan bajo que los mesoneros no entendían los pedidos del cliente. Cierta vez vino de Calabozo el General Manuel Sarmiento, presidente del Guárico, en uso de licencia, nos pidió a Bernardo Planas a Yayo Pérez y al que esta crónica escribe, que lo llevásemos a conocer el “Thea Roon”. Fuimos a complacerle y nos moríamos de risa cuando al observar Sarmiento que todos hablaban en voz queda, nos interrogó esta suerte:

¿Quién es el enfermo…? 

     Aquello dio por resultado un cocktel de champaña y varios palitos consumidos en copas de bacarat, por cuenta naturalmente de Manuel Sarmiento.

     Muerto trágicamente “El Thea Roon”, estableció Pierre René Deloffre un nuevo y más amplio local situado en una edificación de la Quinta “El Deleite”. Fueron objeto sus elegantes salones de varios convites y acontecimientos a cual más interesantes por la calidad y cantidad de los anfitriones.

     El banquete más suntuoso fue servido en homenaje al Coronel Isaías Medina Angarita para festejarle su ascenso a General de Brigada. Más de trescientos comensales tomaron asiento en la gran mesa en “El Trocadero” de P. René Deloffre; ello según se dijo entonces influyó poderosamente en la decisión del Presidente General Eleazar López Contreras para la candidatura presidencial de Medina.

     En aquel ágape nació la idea de ofrendarle a Medina Angarita la Espada de Oro como homenaje de la Oficialidad de las Fuerzas Armadas; proposición del General Juan de Dios Celis Paredes que fue aceptada por unanimidad en la Institución Castrense.

Isaías Medina Angarita recibió en El Trocadero un emotivo homenaje con motivo de su ascenso a General de Brigada

     Mala suerte tuvo luego “El Trocadero”, pues saqueáronlo y echaron a la calle cuanto de valor conservó Deloffre en licores de las mejores marcas francesas, y para remate convirtieron “El Trocadero” en depósito de adversarios que no resultaron bien librados bajo hordas en cuyas manos pusieron las vidas de los detenidos.

Despedida del ministro de Inglaterra en compañía de varios diplomáticos y periodistas

     La gráfica que ilustra esta página, copia el momento en que los empleados del Ministerio de Relaciones Exteriores en su más amplia totalidad festejaron con un banquete en el Restaurante de Deloffre a Julio Michelena con motivo de sus 25 años de servicios en la Cancillería. Fue aquello un estupendo banquete, ofrecido en el Restaurante que regentaba Deloffre como ningún otro Maitre francés.

     Eran aquellos tiempos en que los acontecimientos eran festejados por medios de convites en los Restaurantes de la ciudad, con la muy simpática particularidad de que los gastos de aquéllos ocasionaban eran compartidos por los anfitriones. 

     El banquete más suntuoso fue servido en homenaje al Coronel Isaías Medina Angarita para festejarle su ascenso a General de Brigada. Más de trescientos comensales tomaron asiento en la gran mesa en “El Trocadero” de P. René Deloffre; ello según se dijo entonces influyó poderosamente en la decisión del Presidente General Eleazar López Contreras para la candidatura presidencial de Medina.

     En aquel ágape nació la idea de ofrendarle a Medina Angarita la Espada de Oro como homenaje de la Oficialidad de las Fuerzas Armadas; proposición del General Juan de Dios Celis Paredes que fue aceptada por unanimidad en la Institución Castrense.

     Mala suerte tuvo luego “El Trocadero”, pues saqueáronlo y echaron a la calle cuanto de valor conservó Deloffre en licores de las mejores marcas francesas, y para remate convirtieron “El Trocadero” en depósito de adversarios que no resultaron bien librados bajo hordas en cuyas manos pusieron las vidas de los detenidos.

     La gráfica que ilustra esta página, copia el momento en que los empleados del Ministerio de Relaciones Exteriores en su más amplia totalidad festejaron con un banquete en el Restaurante de Deloffre a Julio Michelena con motivo de sus 25 años de servicios en la Cancillería. Fue aquello un estupendo banquete, ofrecido en el Restaurante que regentaba Deloffre como ningún otro Maitre francés.

     Eran aquellos tiempos en que los acontecimientos eran festejados por medios de convites en los Restaurantes de la ciudad, con la muy simpática particularidad de que los gastos de aquéllos ocasionaban eran compartidos por los anfitriones. 

     De vez en cuando como observara el lector de esta página, los organizadores lanzaban invitaciones a periodistas y escritores amigos. Es por ello por lo que en uno de los grupos de esta página figuran Villanueva y López Uralde, en representación de “El Heraldo” y el Director Propietario de “Billiken”.

Comilona en el restaurante Gato Negro a los periodistas fundadores del diario El Universal

     Para congregarse en torno a la mesa de un Restaurant, motivos no escaseaban. Era suficiente que un miembro de la vieja guardia, lanzara la iniciativa de ofrecerle una comida a quien le viniese en ganas, para que cada quien vistiese lo más elegante posible, afrontase su cuota para el pago del condumio y eligiendo para centro de la operación a un destacado personaje, se encaminasen en su grata compañía al Restaurant elegido al efecto.

     Hemos hablado de los viejos comederos destinados al mundo “bien”; y claro está que como la gente de la clase media y los del mundillo integrante de la parte llana, también se daban el lujo de comer, hacían uso de establecimientos destinados a la misma finalidad como lo eran el Restaurant “La Lira”, situado entre El Principal y la Santa Capilla. Allí los poetas se daban el lujo de citarse para fingir que comían, cuando la verdad es que hacían uso de un mondadientes para cuando el vate amigo les interrogaba si habían cumplido con las mandíbulas y el estómago, exclamaban:

Eso dicen…

     Y seguían tan contentos como si hubieran devorado el más apetitoso condumio. Otro Reparador estableció un Musiú Fratte en mitad de la cuadra que va de Padre Sierra a La Bolsa, lo intitulaban “El Plato Fijo”. El título correspondía a la preocupación del dueño, quien cansado de que lo robasen los cubiertos y en ocasiones los platos, fijó estos por medio de clavos en la mesa y a los cubiertos con un hilo. Así se servían los comensales. Una vez concluida la faena del cliente, el mesonero se enredaba la servilleta en el codo, limpiaba platos y cubiertos, y sin el menor escrúpulo tomaba asiento quien esperaba el turno; se hacía servir.

     Tal era aquella Caracas que se fue y que quisieran vivir los que no creen en la personalidad y la manera de vivir de los hombres de la vieja guardia que sabían honrar los calzones que usaban ajustados a las pretinas.

Exaltación de la figura de José Antonio Páez

Exaltación de la figura de José Antonio Páez

POR AQUÍ PASARON

Exaltación de la figura de José Antonio Páez

     Para abril de 1888 se hizo un homenaje póstumo al “Centauro de los Llanos”, José Antonio Páez, que sirvió para ensalzar su figura como prócer de la Independencia y ex presidente de la República de Venezuela, a propósito de la repatriación y el sepelio de sus restos mortales en el Panteón Nacional. El encargado de la presidencia de la república en Venezuela para este año, Hermógenes López, escogió la denominación “Apoteosis de Páez” para llevar a cabo aquel propósito. El encargado de redactar la crónica de este acto fue el publicista e ideólogo venezolano Laureano Vallenilla Lanz, cuya impresión y edición fue realizada en la Imprenta y Litografía del Gobierno Nacional. Fue titulada: Apoteosis de Páez descrita por el Doctor Laureano Vallenilla Lanz de orden de la Junta Directiva.

     Desde Nueva York fueron trasladados hacia Venezuela los restos mortales de Páez a bordo de la fragata Pensacola y llegaron al puerto de La Guaira el 7 de abril de 1888. La urna fue recogida por una procesión de lanchas enlutadas, tripuladas por marinos vestidos de gala. 

     Ya en tierra, el ataúd fue cubierto con las banderas de Venezuela y de los Estados Unidos de Norteamérica. Como tributo fue provista de una guirnalda de siemprevivas, coronas de flores y laurel, y distintas pertenencias de próceres de Venezuela. En el muelle ondeaban banderas de Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú y Venezuela, junto con unos escudos de laurel con los nombres de las batallas ganadas por Páez. Luego, un numeroso cortejo condujo sus restos funerarios hacia el tren Caracas–La Guaira.

     Fueron veintidós jóvenes guaireños los encargados de trasladar la urna hacia el vagón del ferrocarril. Seis niñas, con vestimentas a la usanza romana, con túnicas rojas y medias rosadas, la frente ceñida por una corona de laurel, llevaban sobre los hombros la bandera de la nación que representaban, iban regando flores recogidas de un canastillo colgado de su brazo. A la vera de cada jovencita marchaba un general enarbolando una bandera del país que representaba. El traslado desde el muelle hasta el ferrocarril tardó cerca de dos horas. Próximo al mediodía se pudo colocar el ataúd en el lugar al que estaba destinado inicialmente. Ya en el ferrocarril sobre la urna las seis niñas colocaron las banderas del país que representaban. De inmediato, quien presidió el acto, administrador de la aduana, Juan Bautista Arismendi invitó a la comitiva a un banquete en el salón principal de la aduana. En el salón estaban exhibidos un busto de Páez y retratos de los presidentes estadounidenses Washington, Lincoln, Grant y Garfiel en medio de banderas de Venezuela y los Estados Unidos.

     Luego de haber concluido el banquete la comitiva abordó el ferrocarril con la caja fúnebre. El tren arribó a la estación central de Caño Amarillo en la capital de la república cerca de las seis de la tarde. El presidente López y su tren ejecutivo fueron los encargados de recibir la comitiva y el ataúd, ante la espectral mirada de algunos lugareños. Al son de marchas fúnebres la urna fue transportada en procesión. El féretro fue llevado a la capilla ardiente instalada en el adoratorio de Lourdes, en la cima de El Calvario. A las nueve de la noche fue colocado allí entre los días 9 y 17 de abril. 

     En horas de la mañana del 17 de abril el cajón mortuorio fue transportado a un arco de triunfo efímero en la estación de Caño Amarillo. Este arco fue descrito por Vallenillla Lanz como sigue. Al este del arco se apreciaba la figura de Páez, rodeada de armas y de escudos de Venezuela y otras repúblicas, y el león de España, herido, bajo la bandera de Colombia. Dos ángeles se inclinaban sobre el féretro, en posición de colocar en él las coronas de laurel. En un lado estaban las estatuas de la Libertad y la Justicia, y en el otro las de la Paz y la Ley. La bóveda del arco estaba cubierta de luto y el pavimento alfombrado. En el ángulo sureste del monumento, y como a dos metros de su base, flameaba el estandarte de la república, de dimensiones colosales, enarbolado sobre un mástil al nivel de la cúspide de la colina.

     El mismo día 17, a las cuatro de la tarde, estaban en la estación del ferrocarril el presidente de la república, autoridades civiles y militares, gremios científicos, industriales y comerciales, integrantes de la universidad, periodistas, académicos, colegiados, representantes de legaciones extranjeras, sociedades de beneficencia y varias personas. De inmediato, varios escuadrones de soldados tomaron posición, al igual que el cuerpo de matemáticos, la guardia de honor de la infantería y la guardia del presidente, todos vestidos con uniforme de gala, junto con todos estos se encontraban con hábitos de ceremonia, portando cruces ceremoniales, el clero y seminaristas quienes hacían coro al arzobispo de Caracas, enfundado de pontifical. El ataúd fue situado en un carro de guerra formado con cañones y banderas, adornado con trofeos y escudos de armas de Venezuela y de Estados Unidos de Norteamérica, del que halaban seis caballos cubiertos con mantillas de tul negra y guarnecidas con flecos de plata.

     Desde las cuatro de la tarde, la procesión, encabezada por la caballería, transitó por una calle sembrada de cipreses naturales, el paso por el puente de Caño Amarillo estaba adornado con palmas, cipreses, follaje y pendones en el que se levantaba un segundo arco triunfal compuesto por columnas de gran altura y rematadas con banderas y símbolos de guerra, el recorrido continuó hasta la esquina de Solís donde había otro arco de triunfo. Las calles fueron ataviadas con estandartes, cortinas y pendones, en sus aceras, puertas y ventanas podían verse el nombre de Páez y los escudos de Venezuela y los Estados Unidos entre guirnaldas de flores o laurel. 

     El ornato utilizado para esta ocasión era en esencia bélico. En la esquina de Padre Sierra se estableció un arco a la usanza del Renacimiento, rojo escarlata, con molduras de oro, en cuyos perfiles brillaban escudos decorados de Venezuela y Norteamérica. En el llamado boulevard del Norte se apreciaban altos cipreses de flores de colorido diverso en recipientes blancos de un metro de alto, asentados sobre columnatas de mármol, enlazados unos con otros por anchas cintas de tela que fingían los colores de la luz. Otro arco cubría la esquina de la Municipalidad. Uno de estilo árabe de diez metros de altura, en las Gradillas. Entre los dos estaba el de las Queseras del Medio el que había sido conformado con ciento cincuenta lanzas, en alegoría de los ciento cincuenta héroes presentes en la batalla, cada cual, con una bandera tricolor, y en ella inscrito el nombre de los vencedores.

     La calle que cruzaba entre las esquinas de Gradillas y Municipalidad presentaba, cada tres metros de distancia, floreros con rosas sostenidos sobre columnas onduladas y, alternando entre éstas, pirámides grises con banderas venezolanas y americanas, en tanto que los árboles ostentaban colecciones de banderas atadas con cinta amarilla. Entre las esquinas de Gradillas y la Torre, diez cañones de bronce en posición vertical sobre bases triangulares cubiertas con pabellones de lanzas, de cuyas puntas colgaban guirnaldas, formaban una vía de triunfo militar. Semejante pompa guerrera se complementaba con otro arco de triunfo erigido en la esquina de la Torre, basado en un modelo de fusiles y bayonetas sustentado en piezas de artillería y coronado con un gorro frigio, entre tambores, espadas, lanzas y cornetas.

     A las seis de la tarde el receptáculo con los restos mortuorios de Páez llegó a la catedral. Quedó aquí depositado durante la noche para que al día siguiente recibiera tributo del público en general. La catedral presentaba el arco principal con una inmensa cortina de lienzo negro con cordones de plata, la nave mostraba grandes crespones negros que caían cual ondas del centro de los arcos, velos con lágrimas de plata cubrían los capiteles, de las columnas colgaban escudos elípticos circundados de laureles con inscripciones conmemorativas de la vida de Páez. Ataviados con guirnaldas de laurel y pendones nacionales, cinco monumentos situados a la izquierda de la nave y cuatro más a la derecha, tenían estampados los nombres de los estados de la Unión y del Distrito Federal, sostenían mecheros funerarios en copas de plata. Del centro de los arcos caían sesenta arañas de cristal, ocho de bronce ocupaban el medio de la nave central, el presbiterio resplandecía con altos candelabros de doce luces cada uno. Cerca del altar mayor se había ubicado un solemne catafalco.

     A las nueve de la mañana del 18 de abril el arzobispo de Caracas, Críspulo Uzcátegui, comenzó el oficio de difuntos, de modo simultáneo una orquesta de cien músicos entonaba el Réquiem de Mozart y otras piezas de Beethoven. Al mediodía desde el púlpito pronunció un extenso panegírico a la gloria del extinto héroe. Al concluir los actos litúrgicos, a la una de la tarde, Hermógenes López, su gabinete, representantes de los estados de la Unión y de los Concejos Municipales, asociaciones, gremios, academias, institutos y escuelas, la universidad, el clero y otras agrupaciones culturales, sociales y benéficas posaron sobre el catafalco coronas y ofrendas florales, bajo el canto de himnos en la catedral hasta las diez y media de la noche.

     Para el día 19 de abril de 1888, a las nueve de la mañana, se inició el traslado de las cenizas de Páez desde la catedral hasta el Panteón Nacional. Conducidos por palafreneros vestidos con elegancia, tiraban el carro fúnebre ocho caballos enmantillados con tela blanca guarnecidas con flecos de seda, cada uno con el nombre de un Estado con letras de oro, ceñida por cadenas de plata y acicalada con plumas blancas. La marcha del cortejo lo abrían las más altas autoridades nacionales, regionales y municipales, representantes de la industria, del comercio, la masonería, gremios, asociaciones, academias, universitarios, colegiales y otros grupos de la sociedad. Detrás de la urna venía el presidente de la república y su tren ministerial junto con otros miembros del gobierno. 

     El trayecto entre la catedral y el Panteón Nacional fue decorado con gran magnificencia. Entre las esquinas de la Torre y Veroes la calle estaba adornada, de manera refulgente, con banderas americanas y europeas. En la esquina de Veroes se había colocado un marco de estilo toscano, con presencia de trofeos, en la cima estaba un retrato de Páez en su caballo de batalla, custodiado de la estatua de la Libertad y la República. El camino entre la esquina de Veroes y el Panteón Nacional mostraba matas de azucenas, magnolias, rosas, dalias y malabares sobre trípodes adornados con ramos de trepadoras multicolores que alternaban con festones de hojas, espigas, flores y botones. En las paredes de las casas había cuadros que figuraban las acciones bélicas del héroe apureño, también se exhibió un retrato de tamaño natural en traje militar, en el que lucía la condecoración del rey de Suecia, la banda de General en Jefe de Colombia y la espada de oro que le otorgó el Congreso de 1836.

     A lo largo de la calle había gorros frigios, coronas de flores entre pendones y banderas con los nombres de las hazañas de Páez, símbolos de guerra, escudos, palmas y trofeos combinados, cortinas y estandartes en las puertas y ventanas de las casas, mientras el suelo estaba cubierto de hojas olorosas. Al ritmo de cantos y música marcial y en compañía del ruido de los cañones el desfile fúnebre alcanzó el frente del Panteón Nacional. Luego de cruzar el último arco de triunfo que realzaba acciones bélicas ingresaron al Panteón, donde había elipses plateadas con los nombres de las campañas bélicas del fallecido. Llevada en hombros hasta la nave central, la urna se dejó expuesta para recibir el último homenaje de los concurrentes. Al concluir el panegírico fúnebre, se procedió a la lectura del acta del sepelio y se inhumaron los restos en la capilla que se tenía reservada para ello.

“El IVA es el impuesto del siglo XXI”

“El IVA es el impuesto del siglo XXI”

“El IVA es el impuesto del siglo XXI”

     Las tendencias actuales en torno al Impuesto al Valor Agregado, IVA; fueron analizadas en una conferencia magistral de Mauricio Plazas Vega, fundador de la firma MPV Abogados & CIA y autor de obras como “EL IVA EN COLOMBIA” y “Los servicios en el IVA”. El catedrático colombiano afirma que el IVA postmoderno es el impuesto del siglo XXI. 

     “Ideas políticas y tributación. Tendencias actuales en el IVA” fue una videoconferencia organizada por la Cámara de Comercio, Industrias y Servicios de Caracas en alianza con el Instituto Colombiano de Derecho Tributario, ICDT, y la Asociación Venezolana de Derecho Tributario, AVDT. 

     Leonardo Palacios, presidente de la Cámara de Caracas, en sus palabras de inicio del evento, afirmó que fue una actividad para analizar las tendencias en las reformas a la imposición al consumo tipo valor agregado, con parámetros académicos y científicos.  “Hoy con visión global, no particularizada a un país, bajo el faro del conocimiento profundo de PLAZAS VEGA de esta especie impositiva, que hoy nos concita, tendremos una visión holística de las finanzas públicas, que debe ser la premisa mínima esencial para las propuestas de reforma del IVA en nuestras naciones en función a la estructuración de políticas que favorezca la recuperación, el crecimiento, la estabilidad de la economía y la consolidación de la institución democrática”.   

     Manuel Iturbe Alarcón, vicepresidente de la AVDT, hizo consideraciones de algunas de las distorsiones del IVA en nuestro país y agradeció la disposición del doctor Plazas Vega de siempre colaborar con este tipo de eventos en Venezuela, aportando sus conocimientos académicos en materia de la Hacienda Pública y el Impuesto al valor Agregado.  

     Juan de Dios Bravo, presidente del ICDT, celebró la invitación de las instituciones venezolanas a participar en este debate para conocer esas nuevas tendencias alrededor de un impuesto que en esencia es común, uniforme, en la mayoría legislaciones. 

     El doctor Plazas Vega inició su ponencia haciendo un resumen de lo que denomina “tríada de dialéctica” que tiene como tesis el Estructuralismo cepalino (desarrollo hacia adentro); antítesis el Neoliberalismo latinoamericano (desarrollo hacia afuera) y la síntesis hoy vigente el Neoestructuralismo cepalino (desarrollo desde dentro).  

     A partir de estos antecedentes, explicó cuáles son las tendencias en la imposición al consumo de valor agregado. “El derecho tributario está cada vez más cerca, aproximándonos al derecho de la hacienda pública, tomando conciencia acerca del error de abordar el tributo, que es un medio, sin tener conciencia del gasto público y de los fines del Estado para los cuales ese instrumento es fundamental”. 

     Al final de su ponencia presentó su “Propuesta en el contexto del IVA postmoderno”, que hace referencia entre otros puntos a los bienes y servicios excluidos previsto en la Decisión 599 en relación al impuesto de valor agregado y armonización entre los países de la Comunidad Andina;  impuesto complementario del IVA a cargo de personas de mayores ingresos y un impuesto complementario del IVA al consumo de bienes y servicios suntuarios. 

     Los invitamos a ver la conferencia en nuestro canal de Youtube: Cámara de Caracas. 

     Palabras de apertura de Leonardo Palacios, pdte. de La Cámara de Caracas.

La economía digital propone claves de interacción comercial

La economía digital propone claves de interacción comercial

La economía digital propone claves de interacción comercial

Por: Marian Carmona

     El abogado y consultor Gustavo Zambrano expone que la economía digital está conformada en la ola económica desde hace mucho tiempo y que el aspecto tributario es esencial dentro de esta. «Estamos hablando necesariamente de un avance industrial tecnológico».

     El especialista en derecho tributario sostiene que la economía digital propone claves para concretar formas de interacción comercial entre los diferentes actores presentes en el aborde de esta.

     «Asimismo, son conocimientos, adiestramiento y voluntad que deben tener las personas para tener éxito en esta nueva era de tecnología»

     En entrevista con Leonardo Palacios, conductor del programa «Tributos y algo más», el abogado comentó que Venezuela está todavía un poco rezagada en estos elementos, pero a su juicio, el venezolano puede prepararse con las herramientas.

     «Venezuela no está preparada actualmente porque hace falta fuerza de voluntad más que conformismo, que podamos desarrollar mejores prácticas»

     Zambrano señaló que la economía sigue siendo lo mismo a excepción de metodologías digitales que cambian por ejemplo, a la hora de facturar, o para transferencia de datos por canales digitales y/o medios electrónicos, entre otras actividades.

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