El siniestro que conmovió a Caracas

El siniestro que conmovió a Caracas

La noche del diez de junio de 1927 un incendio seguido de tremenda explosión, estremeció el centro de la ciudad, el casco de lo que todavía era un apacible poblado, y ese suceso causó conmoción en todo el país. El siniestro tuvo lugar entre las esquinas de Sociedad y Traposos, a una cuadra de la Plaza Bolívar, y se produjo en los Almacenes de Quincalla y Ferretería de los señores Eduardo y Antonio Santana A., resultandos dañados otros establecimientos comerciales contiguos, muertas algunas personas y lesionadas muchas más. Entonces no existía un cuerpo de bomberos. Los incendios eran atendidos por la policía, que guardaba en su sede un viejo camión cisterna llamado “La Benemérita”.

Por Raúl S. Esteves

Una de las primeras víctimas fue el oficial de la policía, Víctor Ramón Pérez, quien falleció por contusiones y quemaduras
Una de las primeras víctimas fue el oficial de la policía, Víctor Ramón Pérez, quien falleció por contusiones y quemaduras

La urbe de entonces

     “Caracas era entonces una urbe de ambiente muy sosegado. Sus calles eran angostas, los edificios no sobresalían con altura mayores a los 4 pisos y el tránsito automotor iniciaba tímidamente el desplazamiento del que era movido por tracción animal. El tranvía eléctrico apareció como una conquista moderna y los automóviles de lujo no costaban más de cuatro mil bolívares.

     Los diarios de aquel día, escuálidos de avisos y atiborrados de artículos y de comentarios, traían unas cuantas noticias que debieron ser de mucho interés: Laureano Vallenilla Lanz, director del periódico oficial “El Nuevo Diario”, viajaba hacia Europa con pasaporte diplomático en el vapor inglés “Toloa” y fue objeto de un magnífico recibimiento por la plana directiva del “Diario de la Marina”, cuando el buque hizo escala en La Habana. El pintor Rafael Monasterios exponía obras suyas en los jardines del Club Venezuela y prorrogó la muestra hasta el día diecinueve. La Agencia de Lotería “El Sol” anunció que había dado el tercer premio con el número 7088, y el aviso lo firmaba el propietario de la agencia, señor Alberto Fontes.

     El presbítero Salvador Montes de Oca había sido elegido Obispo de Valencia; sesionaban el Congreso Nacional y el Concejo Municipal. En lo internacional, Albania había roto relaciones con Yugoslavia.

     Gómez estaba en el poder.

     Era viernes y buena parte de los habitantes de Caracas plenaban, para matar el nocturno aburrimiento, las tres más importantes salas de exhibición cinematográfica. Quienes habían ido al “Rialto” veían “Casado y con Suegra”, y “El Doctor Jack”, con Harold Lloyd como el protagonista principal. En el “Ayacucho” proyectaban ̶ Noche Extraordinaria de Gala ̶ una cinta con Norma Talmadge y Eugene O’Brien, titulada “La Princesa de Granstark”, y los asistentes a la sala del “Rívoli” pasaban un rato entretenido con “El Boticario Rural, de W. C. Field y Luise Brooks, cuyas actuaciones humorísticas estaban de moda en el ambiente cinematográfico. Con todo y esos excelentes programas de cine, el precio de las entradas oscilaba entre real y medio y cinco bolívares.

     Policías armados con rolos que sus manos inquietas convertían en objetos volátiles, agentes del orden con negros morriones sobre sus cabezas, cumplían turnos de ronda por el centro comercial de la ciudad. A intervalos pasaba un coche, trepidaba un tranvía que “iba a guardar” o cruzaba una limousine de ronroneante motor que a esa hora y por aquella zona, no podía “correr a sesenta”, a menos que tuviera sobre sus placas el leoncito gomero que era símbolo de poder.

 

La voz de alarma

     Poco después de las diez un “número” llegó a su cuartel policial que estaba entre las esquinas de Monjas a San Francisco, y con voz jadeante, dio la voz de alarma: ̶ De Sociedad a Traposos hay un gran incendio!!

     Dice uno de los cronistas periodísticos que “se inició activamente la lucha contra el fuego, acudiendo en el acto un fuerte contingente del cuerpo de seguridad, a cuyo frente estuvieron atendiendo el salvamento, el señor gobernador del Distrito Federal, su secretario general, su secretario privado, el señor prefecto del Departamento, el coronel Pedro l. García, jefe de la policía, el jefe civil de Catedral y otras personalidades y funcionarios públicos. . .”.

     Asegura el cronista que ya estaba al cabo de heroicos esfuerzos, localizado el fuego en el almacén de la ferretería y poco faltaba para dar fin a la ardua tarea de extinguirlo, cuando una formidable explosión causó la mayor catástrofe, ocasionando varias víctimas, al tiempo que avivaba las llamas. La lucha contra el voraz elemento tuvo que ser intensificada, hasta convertirse en una tarea titánica que conllevó al no menos terrible del salvamento de las víctimas.

 

Muertos y heridos

     Dice igualmente la información periodística que durante aquella dolorosa circunstancia fueron recogidos en el primer momento dos cadáveres. Llevados al Hospital Vargas quedó identificado uno de ellos como de Don José de la Torre, distinguido y honorable elemento de la colonia española, dueño de la Confitería “Venezuela”, instalada en la esquina de Las Madrices. Este señor, al tener conocimiento de lo que sucedía, había salido de su negocio y cuando cruzaba la calle cerca de la esquina de Los Traposos, se produjo la explosión y recibió de lleno un pesado artefacto metálico que le ocasionó espantosa herida en la parte posterior del cráneo, con pérdida de masa encefálica.

     El otro cadáver fue el de un agente de apellido Solórzano, chapa número 274, quien cumplía labores de salvamento y pereció al ser sepultado por una pared caída casi a la entrada misma del local incendiado. En el Hospital Vargas fueron recibidos más de treinta heridos, algunos de gravedad y casi todos quedaron bajo vigilancia médica. Era la inicial remesa de un lamentable saldo dejado por la destructora fuerza producida quizá por la chispa de un corto circuito.

     Entre los primeros heridos y contusos que fueron conducidos al centro asistencial situado en la parroquia San José, estuvieron Juan López A., alto empleado de la Casa Santana, quien presentó fractura en un brazo y heridas en el cuello; José Pacheco, empleado de la Sanidad; Marcos Sergio Navarro, policía N° 20, y Luis Mendoza. Quedaron hospitalizadas diecinueve personas.

Interior del comercio donde se inició el incendio que conmovió a Caracas, en 1927
Interior del comercio donde se inició el incendio que conmovió a Caracas, en 1927

     Recibieron atención médica y pudieron regresar, Mauricio Sajourné, caballero francés que era empleado del Teatro Ayacucho. Este señor fue auxiliado por Elías Bernard, redactor de

     “El Nuevo Diario”, y conducido en un auto hasta el Hospital Vargas, donde también habían recibido atención médica Francisco Bertorelli, repórter del mismo periódico; Gustavo Moreno Hidalgo, empleado de la Imprenta Nacional; Luis Hernández Gómez, empleado de la Jefatura de Catedral y el oficial de policía Luis Puig Ros.

     En clínicas particulares fueron curados algunos de los que recibieron lesiones, entre ellos, el señor Roberto Santana, factor importante de la firma que resultó ser la más seriamente afectada.

     Dice una crónica que “. . . el señor ministro de Relaciones Interiores, doctor Pedro Manuel Arcaya, se trasladó al Hospital Vargas para conocer personalmente del estado de los heridos que recibían atención de internos y externos de ese instituto convocados de urgencia, los cuales cumplieron gran actividad. El Dr. López Viloria, Inspector de los Hospitales, dirigió el auxilio en los diferentes salones, acompañado por el doctor Toledo Trujillo, y también el Padre García, Capellán del Hospital, prestó solícitos cuidados a los lesionados.

     En las primeras horas de la noche falleció en la clínica del doctor Virgilio González Lugo el caballero alemán Hans Günter Strack, joven llegado de Hamburgo días antes para perfeccionar sus estudios del idioma español y desempeñaba labores como empleado de la empresa Lünning y Cía, una de las que resultó afectada. Hans murió como consecuencia de fuertes contusiones generalizadas y quemaduras sufridas cuando colaboraba en las labores de extinción del fuego. También murió al día siguiente en el Hospital Vargas, Pedro Vicente García, empleado de la Sanidad, de 23 años, natural de Barcelona.

     Se tenía la certeza de que entre los escombros había más cadáveres y por ello las comisiones de salvamento, incrementadas con la inclusión de colaboradores particulares, removían los despojos humeantes y buscaban entre otros, los cuerpos sin vida de un peón de Sanidad que manejaba una bomba de agua junto con el agente de policía N° 274, Solórzano, ingresado muerto al Hospital Vargas poco antes. El peón desaparecido era Modesto Rodríguez, natural de Barquisimeto, de quien se dijo había sido visto cuando caía bajo el peso de una pared, junto con los agentes policiales Carlos José Rojas, N° 25, y Víctor R. Páez, N° 217.

     Los señores Mauricio Sajourné y José María Sanglade, amigos de Roberto Santana, ayudaban a este último en el rescate de algunos objetos de valor, cuando se produjo la explosión. Quedaron prácticamente enterrados por escombros de aproximadamente cuatro metros de altura y afortunadamente fueron sacados a tiempo. El señor Sajourné, pese a que estaba herido, ayudó a salir a Sanglade, quien se encontraba casi asfixiado.

     También recibieron atención médica en el Vargas, José Manuel Kiensler, agente N° 280; Cecilio Oropeza, obrero del Aseo Urbano; José Pacheco, obrero de Sanidad; Luis Mendoza; Víctor M. Abad, agente N° 23; Adán Flores, agente N° 151; Marcos Sergio Navarro. Agente N° 20; Froilán Hernández, oficial de policía; Pedro Vicente García, obrero de Sanidad, quien murió; Marcos Maraoquín, Jesús María Ascanio, Salvador Blanco, José Rafael López y siete lesionados más cuyos nombres no pudo conseguir el cronista.

     Víctor Araujo, un hombre del pueblo, carretillero, vecino de Caño Amarillo, encontró la muerte en el incendio. En el sitio de la tragedia fueron hallados posteriormente los cadáveres de un joven y de un niño, los cuales no pudieron ser identificados. El primero era como de dieciséis a veinte años y el otro, como de doce a catorce años. Respecto a este último, un cronista de “El Universal” que estuvo en el interior de la casa incendiada cuando se produjo la explosión ̶ y cuyo nombre no dan en la información del diario ̶, asegura que se trataba de un limpiabotas que no se sabe cómo se metió en el lugar y que él lo vio danzando entre objetos dispersos, poco antes del estallido.

     El señor Cristóbal Chitty, empleado de la casa Santana, resultó con aporreos y contusiones, al igual que el coronel P. Saines, jefe Civil de Candelaria; José Manuel Quiles, el coronel Gámez, el joven Alfredo Quintana Llamozas, Guillermo Anderson, empleado del Banco de Venezuela; Pedro Jam, Rafael Cosmos, Daniel Albornoz, oficial de policía, Ramón Luigi, Gustavo Moreno, Cecilio Terife, Luis Hernández Gómez, secretario de la Jefatura Civil de Catedral y el maestro Carlos Bonett.

 

Trágica muerte de dos hermanitas de la caridad

     Un hecho que causó profunda consternación fue el de las muertes, en horribles circunstancias, de dos hermanitas de la caridad pertenecientes a la congregación que atendía el colegio para niñas Santa Rosa de Lima, instalado en una casa situada de Camejo a Colón, cuyo fondo era contiguo a la Casa Santana.

     Sor Josefina de la Madre de Dios, de treinta y seis años, llamada Naqueda Ruiz en la vida privada, y Sor Concepción de Santa Rosa de Lima, (Itos Dona E.), de treinta y siete años, ambas nacidas en Granada, España, ponían a salvo bordados, libros y vestidos de las alumnas cuando se vinieron abajo las paredes y quedaron sepultadas. Sus cadáveres fueron extraídos a las once y cuarto de la mañana, el día siguiente.

La noche del diez de junio de 1927, un incendio seguido de tremenda explosión, estremeció el centro de la ciudad
La noche del diez de junio de 1927, un incendio seguido de tremenda explosión, estremeció el centro de la ciudad

Establecimientos dañados

     Las firmas comerciales que sufrieron daños de mayor consideración fueron: Eduardo Santana Sucs., Almacén de Drogas de Lünning y Cía.; Agencia de Billetes La Estrella Roja, Lucca e Hijos, Sombrerería Musso, Papelería García, Quincalla “La Japonesa”, Tipografía Moderna, de C. Terife; Royal Bank of Canadá, Papelería Ray, Fotografía Balda, Santana y Cía. Sucs., Mueblería Padrón, Salón de Ventas del Radio, Sastrería Solaguier, Zapatería El Águila.

     Pasó apreciable tiempo antes de que pudiera ser estimado el monto de las pérdidas, pero se calculó que las mismas fueron superiores a varios millares de bolívares. Muchas de las firmas afectadas tenían póliza de seguro.

     Los daños pueden ser apreciados solo con decir que la explosión fue sentida hasta en los más apartados lugares de la ciudad. Un gran depósito de ácido se estrelló contra una pared en la cuadra entre Cruz Verde y Zamuro, y varios fragmentos cayeron en casas situadas de Maderero a Miranda. 

     Los vitrales del templo de Santa Teresa resultaron rotos y el reloj de la casa Pádula, ubicada entre Gradillas y Sociedad, quedó inmovilizado. Otros establecimientos afectados fueron la Joyería Americana, el Avio del Sastre, la Casa J. M. Correa y El Escándalo.

     Una tijera quedó clavada del aviso de la Joyería Americana, en tanto que en las azoteas del teatro Ayacucho y de la Sastrería Cubría, se produjeron incendios por la caída de pedazos de materias diversas todavía en llamas.

     El costo de la mercancía que fue destruida quedó estimado en unos cinco millones de bolívares, y la fuerza explosiva se dice que desplazó una potencia de doscientas atmósferas, contándose que no fue mayor debido a que las cuadrillas de salvamento habían sacado poco antes trece cuñetes de pólvora.

     El Dr. Elías Rodríguez había dejado estacionado su auto frente a la Universidad, en la Plaza de la ley, y vidrios caídos sobre la capota del mismo, la dejaron inservible.

     A las cuatro de la tarde del día siguiente fue sacada la caja fuerte de la Casa Santana y en otra de caudales perteneciente a una empresa vecina, fueron encontradas varias morocotas fundidas.

     El doctor Chacín Itriago, director de Salud Nacional, estaba en Maracay. Recibió la noticia del siniestro a las once de la noche, poco antes de las dos de la mañana ya había llegado a Caracas.

     Un fuerte destacamento de la Guarnición de Caracas formó, después de la explosión, un cordón de aislamiento alrededor de la manzana. Esa fuerza estaba comandada por el general Eleazar López Contreras, quien era jefe de dicha Guarnición.

     Un contingente al mando del general Rafael María Velasco, gobernador del Distrito Federal, junto con sesenta obreros de Sanidad, bajo la dirección de los coroneles Joaquín Espejo, jefe de la Desinfección; C. Casanova, jefe del Drenaje, y Enrique Cabeza, colaboraron en las labores de búsqueda entre los escombros.

 

Duelo general

     La Cámara de Diputados, la Iglesia y todas las instituciones públicas y privadas, decretaron duelos y los espectáculos fueron suspendidos, incluypendose las retretas de la Plaza Bolívar.

     Lee Lowa, una actriz que se presentaba en Caracas, sugirió que se hiciese una colecta pública en favor de los damnificados sin recursos económicos y pocos días después ya se había recogido una suma superior a los treinta mil bolívares.

   Casas distribuidoras de productos, tales como bombas para extinción de incendios, cajas fuertes y vidrios de seguridad, publicaron avisos en los diarios, haciendo referencia a lo ocurrido, y sacaban partido publicitario a la mercancía que ponían a la disposición de los comerciantes, “para que se previniesen”

 

Después del incendio ¡¡Asegurarse!!

     El origen del incendio no quedó esclarecido, pero el de la tremenda explosión, sí: en el depósito de la Casa Santana había una gran cantidad de pólvora asignada a la sección de objetos de cacería y, según una crónica publicada en “El Universal”, ello no estaba del todo de acuerdo con la ley.

     Lo cierto es que poco después el señor Roberto Santana contrajo matrimonio con Belén Gómez, hija del Benemérito. La gracia popular innata en el caraqueño, sacó partido a ese hecho social con dicho que circuló profusamente en la ciudad: -Después del incendio, ¡¡hay que asegurarse!!

 

Casa con historia

     El inmueble donde estuvo la casa comercial de los Santana había pertenecido al prócer José Félix Ribas y años antes también había sido destruida por un incendio cuando allí operaba la firma de Juan Benzo”.

FUENTES CONSULTADAS

  • Esteves, Raúl S. El Incendio de la casa Santana. Elite. Caracas, 28 de mayo de 1966

Un golpe que pudo cambiar la historia

Un golpe que pudo cambiar la historia

En julio de 1958, apenas seis meses después del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez, el general Jesús María Castro León, en representación de las Fuerzas Armadas Nacionales (FAN), presentó a la Junta de Gobierno un ultimátum, que encabezaba con una solicitud de proscripción de adecos y comunistas.

El 23 de julio de 1958, el ministro de la Defensa, general Jesús María Castro León, encabezó una insurrección que pretendió derrocar al presidente de la Junta de Gobierno, contralmirante Wolfgang Larrazábal
El 23 de julio de 1958, el ministro de la Defensa, general Jesús María Castro León, encabezó una insurrección que pretendió derrocar al presidente de la Junta de Gobierno, contralmirante Wolfgang Larrazábal

Por Sebastián Lucerna

     “Desde el 20 de julio de 1958, Caracas se encontraba sometida a una aguda tensión nerviosa. Fuertes vientos de fronda soplaban en la urbe. Los rumores de golpe, que no habían cesado desde el mismo 23 de enero de ese año, corrían acentuados y al pasar de una boca a otra y de una calle a otra, aumentaban de bulto y se hacían más alarmantes.

     El doctor Julio de Armas, ministro de Educación, hablando en la Universidad Central de Venezuela (UCV), le había dado carácter oficial a la “bola”. Él denunció clara y concretamente que en esferas militares se estaba gestando una acción de fuerza destinada a derrocar a la Junta de Gobierno e indicó que numerosos civiles estaban comprometidos. La Junta Patriótica, con Fabricio Ojeda, Antonio Requena, Guillermo García Ponce, Enrique Aristiguieta Gramcko y otros a la cabeza, permanecía en estado de alerta. Las organizaciones sindicales, acaudilladas por sus líderes, estaban listas para entrar en acción. El estudiantado universitario, compacto, masivamente, llamaba al pueblo a permanecer en pie, preparado para salir a la calle y responder con la violencia a la violencia. ¡Cómo cambian los tiempos. . .!

     El 21 la tensión llegó al máximo. Ya se daba por descontado que el golpe estaba en marcha y se señalaba al Ministerio de la Defensa y al general Jesús María Castro León como sede y promotor de la conspiración, respectivamente. El contralmirante Wolfgang Larrazábal no afirmaba ni negaba. Se decía que el contralmirante Carlos Larrazábal, hermano Wolfgang, presidente de la Junta, se había hecho a la mar con el grueso de la Flota, listo para bombardear a La Guaira y hasta el Palacio de Miraflores, si preciso fuere.

     El 22 comenzó el movimiento. Betancourt se escondió. Los dirigentes de la Junta Patriótica se dirigieron al pueblo desde Televisa, pero fueron interrumpidos por un piquete militar, que los condujo detenidos al cuartel La Planicie. Los sindicatos se movilizaron en Caracas y en el Litoral. Las organizaciones campesinas se dirigieron a las ciudades del interior armadas de machetes y escopetas. Y así llegó el 23 de julio, cuando la emisora del Miniterio de la Defensa comenzó a transmitir en franca y abierta rebeldía. 

 

Antecedentes del movimiento de julio

     El general Jesús María Castro León y otros jefes y oficiales de las Fuerzas Armadas se encontraban descontentos, desde el mismo 23 de enero, por los ataques de que eran blanco en la prensa, en la radio y en los mítines, destacados personeros de la institución castrense.

     El miércoles Santo, en un programa televisado de la Fuerzas Armadas, el general Castro León, al analizar la situación del país, dirigió un ataque feroz contra ciertos dirigentes políticos y censuró duramente la participación de ellos en el gobierno, mientras  se dedicaban a desprestigiar la Institución Armada.

     El 18 de mayo se produjo una crisis en la Junta con las renuncias de Eugenio Mendoza y el doctor Blas Lamberti. Un allegado e íntimo del general Castro León, que lo acompañó en todo momento desde el 23 de enero, hasta el 23 de julio, nos dio una versión, hasta ahora desconocida, de lo que aconteció ese día. Héla aquí:

El golpista, general Castro León, aseguró que él no quería una dictadura militar, sino un gobierno civil. Y para demostrar que no tenía ambiciones de mando, propuso que la integraran Numa Quevedo y Eugenio Mendoza como presidente
El golpista, general Castro León, aseguró que él no quería una dictadura militar, sino un gobierno civil. Y para demostrar que no tenía ambiciones de mando, propuso que la integraran Numa Quevedo y Eugenio Mendoza como presidente

̶ Al renunciar los señores Mendoza y Lamberti, los restantes miembros de la Junta decidieron reemplazarlos por los doctores José Antonio Mayobre y René De Sola. El general Castro León fue llamado a Miraflores, donde se le notificó del hecho. El ministro de la Defensa se opuso enérgicamente, aduciendo que resultaba inconcebible llevar a la Junta a un filocomunista como el doctor Mayobre y al cuñado de otro filocomunista, el Bepo Lander. Y, agregó, tal decisión no se ajustaba a las normas establecidas, pues la disolución y la integración de la Junta eran potestativas de los Comandantes de las distintas Armas, que eran los que la habían elegido el 23 de Enero.

 ̶ Esta oposición del general Castro León cayó muy mal en el ánimo de los demás miembros de la Junta. El contralmirante Carlos Larrazábal, llamado al Palacio Blanco, fue notificado de la actitud del general Castro León, a quien le reclamó, acusándolo de insubordinación frente al gobierno y amenazó con hacerse a la mar con la Flota, listo para hacer respetar a la Junta de Gobierno. Ante esa posición del contralmirante Carlos Larrazábal, el general Castro León llamó por teléfono al coronel José Manuel Pérez Morales, Jefe del Estado Mayor Conjunto, y lo instruyó para que notificara a todas las guarniciones, tanto del Distrito Federal como del Interior, que no acataran otras órdenes que no fueran las del ministro de la Defensa y que se mantuvieran en estado de alerta. Seguidamente, llamó a la base aérea, en Maracay, y ordenó que tuvieran listos los bombarderos  para atacar en cualquier momento las bases navales y la Armada. Esta actitud del general Castro León hizo que el contralmirante Wolfgang Larrazábal le preguntara qué significaba eso, que si iba a precipitar una guerra civi. El general Castro León respondió que no, que simplemente se preparaba para hacerle frente al Comandante de las Fuerzas Navales, que se había declarado en rebeldía al anunciar que se iba a la mar con la Flota, sin haber recibido órdenes suyas.

̶ Más, la cosa no pasó de allí. Hubo conversaciones y habiendo asomado el general Castro León al doctor Edgard Sanabria como candidato a miembro de la junta, fue aceptado.

 

El 23 de julio

El descontento de parte de los jefes y oficiales de las Fuerzas Armadas se había tornado más intenso. El general Castro León fue conminado por ellos a adoptar una actitud decidida y enérgica en defensa de la institución, amenazando, según ellos, de disolución. Y en una reunión celebrada en el mismo Ministerio de la Defensa elaboraron un ultimátum que el general ministro debía de presentar a la Junta y que fue llevado por éste al Palacio Blanco. Nosotros hemos obtenido una copia de ese interesante documento, sacada del original, que reposa en el archivo particular del general Castro León, por un allegado suyo. Por primera vez va a ser publicado este documento. Hélo aquí:

“Acuerdo que, por intermedio del ciudadano ministro de la Defensa, presentan las Fuerzas Armadas a la Honorable Junta de Gobierno de la República de Venezuela.

Considerando

“Que la Institución Armada, al igual que todos los sectores sociales responsables del país, vio con alarma los vergonzosos acontecimientos que se produjeron con ocasión de la visita del Vice-Presidente Nixon a Venezuela; “que ante la opinión internacional, como en la Nacional, se han interpretado dichos sucesos como carencia absoluta en el Gobierno de autoridad suficiente para garantizar el orden público, llevándose tal interpretación hasta el concepto de una lenidad cómplice,  con los grupos filo-comunistas: “que la falta de sanciones a los responsables le ha dado mayor crédito a esas interpretaciones; “y que esta falta de autoridad ha podido traer al país graves trastornos de orden internacional;   

Considerando:

“Que la renuncia realizada de Miembros calificados de la Junta de Gobierno ha evidenciado que en su estructura y funcionamiento hay vicios radicales, que, al dar margen a crisis gubernamentales, trascienden a la colectividad con resultados negativos y lamentables alcances nacionales e internacionales;

Considerando:

“Que la conducta de la Junta y sus erradas decisiones en el caso del coronel Marchelli Padrón, en función de Gobernador del Distrito Federal, ha dado al traste con la autoridad inherente al Poder Ejecutivo, consternado a la colectividad venezolana el hecho de que la presión de un grupo de obreros de dependencias oficiales enervara de manera vergonzosa las atribuciones legales del jefe del Poder Ejecutivo;

Considerando:

“Que el principio de autoridad al relajarse en las Altas esferas gubernamentales ha contaminado de irresponsabilidad a los funcionarios subalternos, y en especial a los órganos de la eminente función policial, consecuenciando un estado de inseguridad social en los bienes y en las personas, produciéndose así un estado de angustia y de alarma en el hogar, en la fábrica, en el taller y en la calle;

Considerando:

“Que sin tomarse en cuenta las bases económicas de la industria y el comercio se ha provocado en el país un movimiento sindical que a fuerza de huelgas, protestas, ocupaciones y hasta confiscaciones, tiene aterrados a los organismos económicos, y a la vez que, al anular por medio de las dependencias municipales del Distrito Federal y el Estado Miranda la industria de la construcción y sus anexos, ha dejado sin trabajo a más de 30.000 obreros, se ha producido una deflación económica, que, debido al encadenamiento mercantil, ha repercutido de manera funesta en todos los organismos bancarios y financieros de la República;

Considerando:

“Que es público y notorio que los Partidos “Acción Democrática” y “Comunista” influencian de manera determinante la mayoría de las decisiones gubernamentales, obteniendo así posiciones claves, tanto superiores como subalternas, produciéndose un ventajismo a favor suyo y en mengua de los otros Partidos Políticos, lo cual ha dado lugar a una ruptura del equilibrio social. pernicioso a los fines del próximo proceso electoral. Esta es una injusticia con las otras agrupaciones políticas, que representan grandes y poderosos sectores sociales, los situará en condiciones de inferioridad que hacen prever que en la lucha electoral que se avecina los resultados no serán el verdadero trasunto de la voluntad nacional;

Considerando:

“Que la prensa, radio y televisión están controlados casi en su totalidad por “Acción Democrática” y los “Comunistas”, quienes en forma pasquinesca desorientan a la opinión pública con resultados nefastos para la colectividad, a tal punto que, por su forma exclusivista de operar, han logrado estrangular la libertad de pensamiento, en su concepto legal, ocurriendo al chantaje en todas sus formas coercitivas y destacándose que todo aquello  que pueda perjudicar a dichos partidos o a sus miembros se le ampare con  un cómplice silencio, sea cual fuere el aspecto delictuoso que represente;

Considerando:

“Que preocupa y alarma a las Fuerzas Armadas Nacionales el concepto de la autorizada opinión internacional en lo que respecta al Gobierno Venezolano, al cual, de manera frecuente, razonada y no sin fundamentos, lo considera filo-comunista. Tal concepto nubla el porvenir de la República debido a sus compromisos internacionales y con graves consecuencias que ahora resulta imposible de predecir;

Considerando:

“Que las Fuerzas Armadas son cotidianamente injuriadas, tanto como institución como en la persona y familiares de sus miembros, en particular incitándose por la prensa, radio y televisión a desconocer su autoridad, todo ello con una tácita e inexplicable anuencia de los mismos personeros del Gobierno;

“que de manera irritante y descarada la prensa ha llegado hasta amenazar con daños y represalias a las esposas y familiares de los Oficiales de la Institución Armada;

“que tales amenazas, en algunos casos, han llegado hasta concretarse en hechos; que en sus hogares y en la calle, la situación de los individuos de tropa, Sub-Oficiales y Oficiales Subalternos y Superiores de las Fuerzas Armadas es de una inseguridad personal manifiesta; que la complaciente actitud del Gobierno ante esta degradante situación, va sumada a declaraciones públicas insidiosas de algunos de sus más autorizados personeros;

“que es del conocimiento de las Fuerzas Armadas, así como de los miembros de la Junta de Gobierno, que el Partido Acción Democrática, a través de sus seccionales del Zulia, Aragua y Distrito Federal, ha pedido que se desplace a Oficiales porque les resultan a ellos inconvenientes;

“en fin, que, porque no solo se ha vulnerado la dignidad de las personas y la institución, sino también las leyes que las rigen, las Fuerzas Armadas Nacionales, como generadoras que son de la autoridad de la Junta de Gobierno, conforme a su Acta Constitutiva de fecha 23 de enero del corriente año, de manera inaplazable, firme y categórica, acuerdan exigir se dé cumplimiento a las siguientes

 

Demandas   

“PRIMERO.  ̶ ̶ Retiro inmediato de los Partidos Acción Democrática y Comunista de todos los cuadros gubernamentales, comenzando este reajuste en el Gabinete Ejecutivo, Gobernadores de Estado y personal de la Secretaría de la Junta de Gobierno

“SEGUNDO.  ̶ ̶   Expedición de un Decreto Ejecutivo ordenando a la prensa, la radio y la televisión de toda la República, la exclusión de todo artículo, noticia, comentario, que en su forma o fondo puede ser interpretado como lesivo a la Institución Armada en general o a sus Miembros en particular;

“TERCERA.  ̶ ̶ Hasta tanto dure la remoción a que se contrae la demanda PRIMERA, dictar un Decreto que prohíba reuniones sindicales, partidistas o de cualquier otra índole política, ya sea en lugares públicos o privados

“CUARTA.  ̶ ̶   Aplicación inmediata y sin distingo de medidas de Alta Policía para aquellos líderes o incitadores que provoquen o dirijan actos tendientes al desacato de los decretos a que se hace referencia.

Caracas, 21 de julio de 1958”

Los golpistas demandaban el retiro inmediato de los partidos Acción Democrática y Comunista de todos los cuadros gubernamentales
Los golpistas demandaban el retiro inmediato de los partidos Acción Democrática y Comunista de todos los cuadros gubernamentales

La actitud de la Junta

     La Junta de Gobierno rechazó de plano este pedimento, por considerarlo como un ultimátum apoyado en la fuerza de las armas y contrario al régimen democrático existente.

     Llegó la noche del 23. Todo el mundo consideraba al ministro de la Defensa en estado de insurreción. Hacia él convergían oficiales y civiles. En una quinta del Este de la ciudad, un grupo de ciudadanos se reunía para constituir el nuevo gobierno. Mentras tanto el pueblo se arremolinaba alrededor del Palacio Blanco.

     Los doctores Jóvito Villalba y Rafael Caldera y Eugenio Mendoza visitaron La Planicie en calidad de mediadores. A su llegada, el general Castro León trataba de que las radios y televisotras entraran en cadena para dirigirse al país, pero no hubo manera de obtener esto.

     Los mediadores se entrevistaron con él y discutieron sus aspiraciones. El general Castro León les dijo que él no quería dictadura militar, sino un gobierno civil. Y para demostrar que no tenía ambiciones de mando, propuso que el presidente lo fuera don Eugenio Mendoza.

 

     Tres viajes hicieron los mediadores de Miraflores al Ministerio. La situación era peligrosa. Las Fuerzas Armadas estaban divididas: unas apoyaban al contralmirante Larrazábal y otras al general Castro León. Cualquier orden apresurada o mal interpretada podía prender la mecha y dejar multitud de muertos en las calles y en todo el territorio nacional. Y ya en horas de la madrugada, el general Castro León se dirigió al Palacio Blanco. La discusión se prolongó durante cinco horas.

     Finalmente, tras larga discusión con el Contralmirante Wolfgang Larrazábal, el general Castro León decide renunciar. A las 4,35 de la mañana, Larrazábal se dirige al país por radio y televisión y anuncia: “El general Jesús María Castro León, dando una prueba más de su patriotismo y sentido de responsabilidad, ha presentado formal renuncia al cargo de ministro de la Defensa”. Y a renglón seguido, agregó: “Desde el propio instante en que civiles y militares enriquecieron los anales de la historia en ejemplar unidad de acción y sentimientos, es mi firme decisión conducir el país a unas elecciones auténticamente libres, democráticas e imparciales”.

     Poco tiempo después salió el general Castro León para el exterior. En abril de 1960 encabeza una insurrección en San Cristóbal y es detenido. Preso en el Castillo Libertador, primero, y en el Cuartel San Carlos, después, fallece en éste el 12 de julio de 1965, cuando esperaba que la Corte Marcial decidiera en el proceso que se le siguió por rebelión.

     En el correr del tiempo, el espíritu de unidad de que habló el vicealmirante Wolfgang Larrazábal había sido hecho trizas por el sectarismo intransigente de los adecos. El pueblo no manifiesta hoy en favor del gobierno, sino para repudiarlo. Los estudiantes universitarios mantienen en alto las banderas de la oposición más implacable. Muchos de los salieron a la calle, listos para presentarle el pecho a las balas en julio de 1958, hoy están en las cárceles o en el exilio, otros   ̶ como Fabricio Ojeda, el profesor Lovera y muchos más ̶ murieron, en tanto que algunos se fueron a las montañas en la misma actitud insurrecta que le combatieron a Castro León.

     ¡Sic transit gloria mundi…!  (Así pasa la gloria del mundo)

FUENTES CONSULTADAS

  • Elite. Caracas, 23 de julio de 1966

Los movimientos precursores del 19 de Abril

Los movimientos precursores del 19 de Abril

Este escrito fue publicado por el historiador larense José Gil Fortoul, en la célebre revista caraqueña El Cojo Ilustrado, en su edición del 15 de abril de 1910. Gil Fortoul, prolífico escritor, fue uno de los principales divulgadores del positivismo en la Venezuela de comienzos del siglo XX. Su obra presenta rasgos que la distinguen por su voluntad de incorporar diferentes corrientes de pensamiento: evolucionismo, darwinismo y liberalismo

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
El guaireño José María España fue uno de los dirigentes del célebre movimiento independentista de 1797, conocido en la historia como Conspiración de Gual y España

     Si fue casi nula durante los tres siglos de la Colonia la iniciativa local en ciencias, artes, industrias ni política, observase que no hubo tampoco degeneración ni decadencia; antes fueron aquellos largos siglos una especie de laboratorio en el que empezaron a compenetrarse las tres castas originales.  ̶ española, india y africana ̶   para formar la variedad mestiza que predominó después en la evolución de la República. Por otra parte, todos los seres organizados, o individuales o colectivos, tienden instintivamente a durar; y en toda agrupación humana, por imperfecta que sea su constitución, se forma al cabo de cierto tiempo una clase de individuos social e intelectualmente superiores, que se atribuye de hecho la función cerebral de la colectividad. ¿De dónde vienen? O surgen del seno mismo de ella, en virtud de la sola tendencia social a la diferenciación, o son conquistadores o inmigrantes pertenecientes a otras razas: fenómenos que se efectúan unas veces en sucesión y otras conjuntamente. A menudo, por las relaciones con pueblos más civilizados, se produce en el que lo es menos una infiltración de ideas extranjeras, que transforman tarde o temprano el acervo de las ideas tradicionales.

     Cuando comienza el siglo XIX, a pesar del sistema español de trabas y aislamiento, y no obstante la tendencia conservadora de la Universidad de Caracas, verse ya constituida en Venezuela una clase social superior, por sus riquezas y por sus dotes intelectuales, la cual propende naturalmente a predominar en el destino de la Colonia. Muchos miembros de las familias ricas, nobles y «mantuanas», aparecen contagiados del espíritu revolucionario europeo, leyendo ocultamente libros nuevos o viajando por países extraños.

     Y esta infiltración de la corriente revolucionaria de Francia, Inglaterra y Estados Unidos, junto con la reviviscencia de las antiguas instituciones españolas como la autonomía municipal y provincial, explican el final empeño de los colonos venezolanos en atacar, en sus fundamentos mismos, la organización política implantada por sus antepasados. Al través de vacilaciones, componendas, tentativas y ensayos eclécticos, acaban por sustituir el régimen monárquico con el republicano, y poco a poco van suavizando la férrea oligarquía territorial o agraria, hasta preparar la evolución democrática.

     A mediados de 1797 se descubre y fracasa el movimiento revolucionario dirigido por Gual y España. Cuán radical era su propósito revelando las ordenanzas que distribuyeron entre sus copartidarios: Según las cuales los vecinos se armarán como puedan  para deponer a todos los empleados españoles en rentas, guerra y justicia; en cada pueblo se constituirá una Junta de gobierno provisional, y dentro de dos meses enviarán diputados a la capital para declarar la Independencia y establecer el gobierno definitivo; serán libres la siembra y venta del tabaco; se suprimirá todo impuesto sobre los comestibles, y se rebajará la cuarta parte de las demás contribuciones; se abolirá el derecho de composición de tiendas y pulperías, y el de alcabala; se abrirán todos los puertos al comercio exterior; se prohibirá la exportación de oro y plata, a no ser en cambio de efectos de guerra; se proclamará la igualdad natural de todos los blancos, pardos, indios y negros; se abolirá para siempre el tributo de los indios y la esclavitud de los negros, pero abonando a los amos de esclavos su justo valor de los fondos públicos; se establecerá la milicia de todos los ciudadanos de dieciséis a cuarenticinco años; la nueva república se compondrá de las cuatro Provincias de Caracas, Maracaibo, Cumaná y Guayana, y la bandera nacional será blanca, azul, amarilla y encarnada, en alusión a las antiguas cuatro castas de blancos, pardos, negros e indios.  ̶ Como se ve, esta tentativa de reforma radical, y no la aventura oligárquica   y reaccionaria de Juan Francisco de León en 1749, fue el primer paso dado hacia la Independencia. El programa de 1797 contiene ya en germen el que realizarán los patriotas de 1810 y 1811.

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
El guaireño Manuel Gual, fue uno de los dirigentes del célebre movimiento independentista de 1797, conocido en la historia como Conspiración de Gual y España

     En mayo de 1799 estalla otra revolución republicana en Maracaibo. Sin mejor éxito que la de Gual y España. En abril de 1806 el régimen colonial se ve amenazado por un peligro mayor: la expedición libertadora de Francisco de Miranda. Proponíase éste emancipar todas las Colonias hispano-americanas, y desde 1790 venía negociando a este respeto en Londres con el ministro Pitt. Tratábase de formar un grande Estado desde el Mississipi al cabo de Hornos. Estado que había de organizarse a imitación de la Monarquía Inglesa, con un Inca o Emperador hereditario, una Cámara Alta de Senadores o Caciques vitalicios y otra Cámara de los Comunes elegida por los ciudadanos. Con semejante plan, y con el apoyo moral y material de Inglaterra, se presenta Miranda en las costas de Venezuela en 1806, y fracasa. Porque si bien es cierto que la oligarquía criolla deseaba contar con la simpatía del Gobierno británico, temía al propio tiempo las consecuencias de cualquier comromiso que al desligarla de la Corona de España la sometiese a otra Corona extranjera. Aspiraba a su autonomía, ora llamando a un Borbón a ceñirse la corona deTierra Firme, ora aparentando fidelidad a la bamboleante dinastía española, o ya constituyendo un Estado independiente cuando ésta desaparecise bajo la invasión francesa.

     En 1808 vuelve a equivocarse Miranda acerca de los sentimientos y tendencia de sus compatriotas. No bien tuvo noticias de la abdicación de Bayona, escribió desde Londres al marqués del Toro, quien recibió la carta en Caracas por el mes de octubre y se apresuró a comunicársela al Capitán General calificando a Miranda nada menos que de traidor, por haber procedido y estar procediendo de acuerdo con una potencia extranjera contra su Rey. Ignorante de este incidente volvió a escribirle Miranda al marqués remitiéndole, entre otros papeles, dos proyectos: el uno de Gobierno Provisorio, el otro de Gobierno Federal; papeles que no llegaron a su destino, porque los interceptó el Gobierno de Curazao y los devolvió a Londres, al Ministerio de Colonias (enero de 1809). Estos proyectos difieren en puntos esenciales del de 1790. No se trata ahora del Inca hereditario, ni Senadores vitalicios. El Poder Ejecutivo se renovará cada diez años y lo ejercerán dos ciudadanos, con el título de Incas, nombrados por el Concilio Colombiano (parlamento); y éste se compondrá de representantes elegidos por las asambleas provinciales. Además «toda autoridad que emane del Gobierno español queda abolida ipso facto», y «las autoridades españolas serán sustituidas por los cabildos y ayuntamientos de las diferentes ciudades, los que agregarán al número de sus miembros un tercio escogido entre los indios y gente de color de la Provincia.»

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
La expedición de Francisco de Miranda, en 1806, fue otro de los movimientos precursores de nuestra independencia

     Pero la abdicación de Carlos IV y renuncia de Fernando VII habían trazado a los colonos venezolanos otro camino más llano para llegar a la autonomía, a la Independencia y a la República, Camino que recorren, entre vacilaciones, componendas y tentativas, de 1808 a 1811. Cuando la Junta Central de Sevilla declara en enero de 1809 que los dominios de España en las Indias no son ya «propiamente Colonias o factorías, como los dominios de otras naciones, sin una parte esencial e integrante de la Monarquía española»; cuando llama a su seno a representantes de los Virreinatos y Capitanías Generales; cuando en 1810 la regencia convoca a elecciones a sus colonos americanos, éstos ven que está agonizando el régimen colonial. La misma Regencia puede decirse que pronunció la oración fúnebre de la dominación española en las Indias Occidentales, cuando dijo en su Manifiesto del 11 de febrero: «Desde este momento españoles americanos, os veis elevados a la dignidad de hombres libres, no sois ya los mismos de antes, encorvados bajo un yugo mucho más duro mientras más distantes estabais del centro del poder; mirados con indiferencia, vejados por la codicia y destruidos por la ignorancia. Tened presente que al pronunciar o al escribir el nombre del que ha de venir a representaros en el congreso nacional, vuestros destinos ya no dependen ni de los ministros, ni de los Virreyes, ni de los Gobernadores: están en vuestras manos». La última frase resumía la aspiración de los colonos americanos; y en vez de confiar en unas Cortes y en una regencia amenazada por los soldados de la invasión extranjera, prefirieron determinar solos y libremente el destino de la nueva patria”.

La Rotunda: Lúgubre Cárcel

La Rotunda: Lúgubre Cárcel

Fue construida entre 1844 y 1854, en Caracas. Estaba ubicada en el lugar donde actualmente se encuentra la Plaza La Concordia. El nombre de la cárcel se deriva de su forma circular. Luego de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, la cárcel fue demolida en 1936 para eliminar con ello cualquier rastro de la crueldad del régimen gomecista

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
El nombre de la cárcel se deriva de su forma circular
José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
Dentro de oscuros calabozos de La Rotunda, pasaron años de sus vidas grandes figuras de nuestra intelectualidad

     “La tristemente cárcel de La Rotunda, lúgubre recinto, fue demolida el año de 1936 durante el gobierno del general Eleazar López Contreras, construyéndose en su lugar una plaza bautizada como La Concordia, diseñada por el genial arquitecto Carlos Raúl Villanueva, el mismo que trazara los diseños de la Ciudad Universitaria de Caracas, de la urbanización El Silencio, de los museos de Ciencias y Bellas Artes, de la plaza de toro La Maestranza de Maracay, entre otras obras. Aquella edificación, La Rotunda, hacia donde eran llevados presos comunes y políticos, alcanzó celebridad durante los gobiernos de los caudillos andinos Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, jefes de la llamada Revolución Liberal Restauradora.

     En el interior de dicha prisión, Nereo Pacheco, guarenero, se encargaba de aplicar tremendas torturas, las que muchas veces le provocaban la muerte a los torturados. Su maldad, al lado de los que lo acompañaban, lo llevó a aplicar torturas conocidas con los nombres de cepo de campaña, las colgadas, el tortol, el acial, las pelas, los grillos, el apersogamiento (ataban al reo a un poste). 

     El sentido criminal de los carceleros, conducidos por Nereo Pacheco, se hacía presente al colocarle vidrio molido y veneno dentro de las comidas. Unos versos que circularon a comienzos del siglo XX retratan el macabro recinto, así:

“La Rotunda de Caracas

es sepulcro de hombres vivos

donde se amansan los guapos

y lloran los atrevidos¨.

     Dentro de oscuros calabozos como los de La Rotunda, pasaron años de sus vidas grandes figuras de nuestra intelectualidad, entre ellos, Rafael Arévalo González, Andrés Eloy Blanco, José Rafael Pocaterra, Leoncio “Leo” Martínez, Francisco “Job Pim” Pimentel, Antonio Arráiz, entre otros, escribiendo, en esos insalubres espacios, parte de sus obras.

     Esa lúgubre cárcel, donde pensadores, políticos, militares, religiosos, obreros, dejaron sus vidas por el solo delito de enfrentarse al tirano de turno, se empezó a construir durante la presidencia del general Carlos Soublette y va a concluirse en la administración de otro caudillo militar, José Gregorio Monagas, según planos del agrimensor Francisco Florentino Tirado y el alarife José Francisco Herrera. Se sabe, a través de declaraciones de los que lograron sobrevivir ese infierno, que, entre los calabozos existentes en La Rotunda, el más temido era el conocido con el nombre de El Olvido, ello porque los presos que allí llegaban eran tan olvidados, que si salían… salían muertos. 

     Nereo Pacheco, quien nació en Guarenas en 1866, barbero de profesión, se desempeñó como Cabo de Presos en La Rotunda entre los años de 1913 y 1920 y fue llevado allí por haberle dado muerte a su concubina. Mientras se producía la sentencia correspondiente, la cual fue paralizada, siempre y cuando se comprometiera a la aplicación de torturas, físicas y mentales a todos los presos políticos que allí llegaran, se ganó, por su trabajo como sádico torturador, el cargo antes señalado. Se dice que de su negra mente salió el mezclar vidrio molido y arsénico en las podridas comidas de los detenidos, produciéndoles la muerte a los que la ingerían, entre ellos el sacerdote, también nacido en Guarenas, Régulo Fránquiz. Este despreciable elemento, se deleitaba tocando arpa mientras escuchaba los gritos de los que estaban siendo torturados. Para esos momentos, verdadero sadismo, su pieza favorita era La Pava, golpe tuyero.

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
En el interior de La Rotunda, Nereo Pacheco se encargaba de aplicar tremendas torturas

     En 1935, al morir el dictador Juan Vicente Gómez, quien se complacía con lo que hacía Nereo Pacheco en La Rotunda, prisión donde pasó 14 años de su vida el general Román Delgado Chalbaud, padre de Carlos Delgado Chalbaud, un grupo de venezolanos que habían estado allí como presos políticos, entre ellos, Víctor M. Juliac, Salvador de la Plaza, Néstor Luis Pérez, Luis Rafael Pimentel, acusaron a Nereo Pacheco de los asesinatos del reverendo Régulo Fránquiz, de Eliseo López, de Calimán y del doctor Jiménez, siendo condenado a 20 años de prisión el 8 de diciembre de 1936 y enviado a la cárcel del Obispo, prisión donde murió el 15 de septiembre de 1941.

     En la obra Recepción a Nereo Pacheco, escrita por Miguel Otero Silva, destacado humorista, poeta, periodista, novelista, político, parlamentario, académico, miembro de la generación del 28, formada por estudiantes universitarios, fundador, al lado de su padre y del poeta Antonio Arráiz, del diario El Nacional (1943), pinta, con su genial sentido del humor, la llegada de Nereo Pacheco a la “Quinta Paila del Infierno”, creación que aparece en la páginas de su obra Un Morrocoy en el Infierno, indicando: “Se trata de una verbena de bienvenida a Nereo Pacheco, verdugo gomecista y tocador de arpa… Al llegar al diabólico dominio, Nereo, escribe el autor citado, acompañándose en el arpa de Nerón, dice:

“Yo no soy de por aquí, Ningún preso que yo tuve
Yo vengo del otro lao, dejó de ser maltratao
Y un cambur en esta paila y aquel que no se murió
Lo tengo muy bien ganao fue porque nació parao.

¡Fue mucho el preso en mis manos! Mi cambur en esta paila
¡Que se murió encortinao, lo tengo bien ganao!»
Le di raciones de arsénico
En el guayoyo mezclao
Y le remaché los grillos
Al enfermo desahuciao”.

FUENTES CONSULTADAS

  • Sánchez, Jesús María. Historia menuda. Guarenas, estado Miranda, 2022

    El profesor e historiador Jesús María Sánchez, nació en Vega Redonda, Araira, estado Miranda, el 14 de septiembre de 1938. Desde muy joven se interesó en personajes, historias, cuentos, costumbres y tradiciones de Guatire y Araira, que le llevaron posteriormente a investigar y documentar buena parte de la historia cotidiana a través de diversos artículos de prensa, programas radiales y libros, que lo convirtieron en un ilustre guardián de nuestro gentilicio y sus tradiciones autóctonas, defensor de nuestra identidad cultural y reconstructor de nuestra historia.

Caracas en automóvil

Caracas en automóvil

Paseo en automóvil por la Caracas de principios de siglo XX, a través de una deliciosa crónica escrita por el periodista Carlos Benito Figueredo (Serapio Padilla) y publicada en el diario caraqueño El Porvenir, el 29 de noviembre de 1905.

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
Paseo en automóvil por la Caracas de 1905

     “Soy aficionadísimo a todo lo que vuela, menos a los aparatos encallados para este objeto, los cuales han proporcionado más de una fractura, como ustedes saben mis lectores.

     Me encanta todo lo rápido por lo cual bendigo a diario el invento de la locomotora, que nos ha proporcionado el ferrocarril, y con él la ventaja de transportarnos rapidísimamente a cualquier parte, menos a El Valle de Caracas, aunque me dé pena decirlo.

     Conociendo mi buen amigo Antonio, el delirio que experimento por todo lo veloz, como es veloz el pensamiento de su tocayo Francisco Antonio Delpino y Lamas, invitóme para un paseo en automóvil, vehículo que, según la evolución de Razetti, desciende del pato, por el estentóreo cuá, cuá, cuá con que anuncia su presencia.

     Inmediatamente después de esta invitación me traslade a Caracas, y he me aquí ya sentado sobre un blando y cómodo cojín; a mi noble y buen amigo Antonio, volante en mano, dispuesto al movimiento y …. sale el bicho, como diría el Bachiller Munguía haciendo una revista taurina.

     Oiga compinche- le dije a mi amigo Antonio, ¿no hay peligro que se desboque este coroto?

     Que va don Serapio, que va; el automóvil cede más que un diputado bien pago y se detiene al tocar yo este manubrio.

     Pero compinche, haga por ir más despacio porque acabo de desayunarme y no voy hacer la digestión.

     Ni se preocupe usted, don Serapio; en cuanto lleguemos alguna farmacia se toma usted una copita de Elixir de Vargas y con esto digerirá hasta un adoquín que se haya comido.

     Compinche, pero que transformado encuentro el Puente de Hierro; le aseguro que no venía aquí desde aquel tiempo inmemorial en que era costumbre entre nosotros traer a las damas a comer el sabroso pan de horno caliente que nos ofreciera Nicanor.

     Ya lo creo, don Serapio; esto es una maravilla que alegrará su espíritu; ahora emprendemos la vía que nos conduce al Paraíso, en el cual abundaban antes las serpientes y hoy, en cambio, las flores lozanas que perfuman el ambiente.

     ! Olé por su mare compinche ¡¿usted cómo que es poeta?

     Yo poeta. Tan sólo he escrito en mi vida dos cuartetos que dediqué a Consuelo mi esposa, el día de su santo, y los cuales me han proporcionado tantos sinsabores que no quisiera ni acordarme de ellos. Pues mire, compinche, yo amo la literatura con ardor, y no me tache de majadero si le suplico que me recite esa composición mientras atravesamos la larga vía que nos conduce al Paraíso.

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
Emocionante paso por el Puente de Hierro

     Yo no puedo negarle nada hoy, don Serapio; lo he hecho mover de su tierruca, dejando tras de sí las delicias que pudiera haberle proporcionado su querido hogar. La composición a que me refiero dice así:

Hoy que es día de tu santo
y que cuentas primaveras,
quisiera amarte de veras
con cariño y amor santo.
De tu cariño hechicero
guardo un recuerdo precioso:
un mechón lindo y frondoso
de tu adorado cabello.

     No siga, compinche, pare, pare, que se me ha volado el cabello, …. digo el sombrero.

     Comprendido, compinche; creí que me decía que parara la recitación porque no le agradaban los versos.

     No lo crea, don Antonio; al mismo tiempo que usted decía: un mechón lindo y frondoso, lo cual compinche, no me cuela, lo mismo que aquello de que cuantas primaveras que tampoco me entra, vino un mechón de viento y me llevó el sombrero con que cubro mi adorado cabello: pero no fue nada el Stetson quedó en el mismo locomóvil.

     Perdone, don Serapio, no es locomóvil sino automóvil.

     Tiene razón, don Antonio, no olvidare el nombre en lo adelante.

     Y escuche usted, don Serapio, ¿cree usted que esos cuartetos merezcan la crítica que les hizo un periódico de esta capital?

     Le voy a ser franco, camará, no la merecen por ser dos nada más; pero el periodista gustó de esa composición y diría para sí: “la idea es bonita y nueva; puede que cambiando el autor eso del mechón frondoso y aquello de que cuentas primaveras merezca entonces un aplauso.”

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
Las concurridas calles de El Paraíso

     Yo voy a darle un consejo compañero; cuando usted quiera que un periódico aplauda calurosamente alguna concepción suya, aun cuando haya sido concebida con mancha y con pecado, llévele junto con el original un avisito de cuatro o cinco pesos y espere al día siguiente grandes y prolongados aplausos.

     Y si uno no tiene nada que avisar, don Serapio.

     Siempre hay, don Antonio, siempre hay. Y si no encuentra usted a la mano cualquier cosa que avisar, confecciona un embuste cualquiera, por ejemplo: que se le ha perdido la suegra, ofrece una gratificación a quien dé informes sobre su paradero.

     Mire, don Serapio, si el informe que le dieran sobre mi suegra fuese: “que se desbarrancó por el puente del Guanábano,” por ejemplo, crea usted que sería capaz de darle al informante hasta 5.000 pesos. Esto, por supuesto, acá entre nosotros. Pero crea usted, amigo Serapio, que acepto el consejo y no lo echaré en saco roto.

     Pero, camará ya estamos en El Paraíso.

     Me parece bien apearnos del coroto este para poder apreciar mejor las maravillas del sitio y gozar un rato aspirando, como bien dijo usted, “el perfume de las flores lozanas que embalsaman el ambiente.”

     No me parece mal. Daremos un paseito por estos contornos admirando la primorosa decoración de estas famosas quintas y luego iremos a San Bernardino, donde vera usted rostros seductores y cuerpecitos que han hecho volver locos a más de cuatro.

     Convenido, compinche.

     Mire usted, camarón, éste es un delicioso lugar convertido hoy en un verdadero paraíso, destinado por los ricos para pasar en él temporadas de recreo. El arte y la naturaleza se han asociado para presentar al visitante la maravilla de sus magnificencias.

     ¡Ah! compinche, y si usted viera alguno de los rostros habitadores de este paraíso. Los hay más preciosos que las rosas sembradas en sus jardines y de tallos más seductores que las palmeras que engalanan este bosque.

     Pues mire, camarón, si hay tanto bueno por aquí, sáqueme in continenti de este sitio antes que esas flores abran su cáliz al despuntar el sol.

     Bueno, iremos a San Bernardino, pero le advierto que si usted, por ser casado, huye del contacto de las muchachas bonitas, encontrará en aquel lugar un centenar de bellezas, capaces de sacar de quicios a más de un mortal.

     No, camará, condúzcame a Caracas y dejemos el paseo a San Bernardino para el próximo domingo, pues me suscribo desde ahora para un paseo dominical, mientras no se descomponga el automedonte”.

Fundadores del deporte hípico en Caracas

Fundadores del deporte hípico en Caracas

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
Gustavo J. Sanabria fue el de la idea de construir el Hipódromo de Sabana Grande, en la Caracas de 1896. Más tarde, en 1908, impulsó la realización del Hipódromo El Paraíso.

     “Para hablar de los hipódromos de Caracas, comencemos por recordar a don Gustavo Sanabria, el entusiasta y decidido precursor de su formación en la Sultana del Ávila.

      El primer hipódromo de Venezuela, propiamente dicho, se estableció en el año 1896 en los terrenos que hoy ocupa Las Delicias de Sabana Grande. La idea de construirlo fue de iniciativa privada de varios entusiastas del turf que presidió don Gustavo J. Sanabria. Él prestó el mayor apoyo moral y material al proyecto y en su empresa se vio acompañado de Francisco Sucre, John Boulton, Charles Rohl, Harry Ganteaume, F. L. Pantin, Eduardo Montaubán, Octavio y Alejandro Escobar Vargas, Felipe Toledo, doctor Elías Rodríguez, Manuel Lander Gallegos, doctor Luis Landaeta y el pintor Arturo Michelena. Muchos nombres, sin quererlo, se escapan a nuestra memoria. Pero fueron los pioneros de un deporte que hoy no debemos llamar de los reyes, sino de todos los estratos sociales que han contribuido para que nuestra hípica alcanzase la jerarquía que para ella soñaron sus precursores en el final del medio siglo pasado. Para aquella época era presidente de la República el general Joaquín Crespo. Como buen llanero, tenía pasión por los caballos y prestó su resuelto apoyo para la nueva empresa. De sus hatos en el llano trajo los mejores caballos para actuar en carreras.

     Luego se importaron los primeros purasangres que tuvimos. Entre ellos recordamos a Fascalli, Dickund, la recordada yegua Calixta,y el caballo Monroe, el primero que produjo caballos de carrera criollos y de cuyos descendientes no recordamos sino a la gran yegua Simpatía. Entonces corrían caballos criollos, Vencedor, del general Crespo; Sangría, Párate Bueno y el famoso Borinquen, ganador de treintidós [sic] carreras consecutivas y que siempre fue conducido por el gentleman ridder Harry Cadenas.

      Conviene, a propósito, recordar una anécdota de entonces. El jinete oficial del general Crespo, un señor de apellido Noble, de nacionalidad norteamericana, enfermó violentamente. Una hora antes del match que sostendrían Rompelínea y Vencedor, del general Crespo el último, éste se quejaba de no tener un jinete de confianza que montase a su caballo. Un señor de apellido González, de la mayor confianza de Crespo y por lo tanto jefe de sus edecanes, y que pesaba 70 kilos y usaba una larga barba al estilo de la época, se ofreció para hacerlo. El general Crespo aceptó la gentileza de su amigo. Pero el jinete advirtió que, como llanero, lo haría en silla de montar y no en silla de carrera. Tal circunstancia hacía que el caballo corriera con 78 kilos. Con todo y ello, Vencedor derrotó a Rompelínea ante el asombro de la “muchedumbre” que poblaba el hipódromo de Sabana Grande.

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
El presidente de la República, Joaquín Crespo, como buen llanero, tenía pasión por los caballos y prestó su resuelto apoyo para construcción del Hipódromo de Sabana Grande. De sus hatos en el llano trajo los mejores caballos para actuar en carreras

     Don Gustavo Sanabria era, para el año de 1907, Gobernador Civil y Militar del Distrito Federal. Para celebrar el establecimiento o inauguración del servicio de tranvías eléctricos, se propuso trasladar a El Paraíso el hipódromo de Sabana Grande. El presidente de la República era entonces el general Cipriano Castro, y se mostraba en desacuerdo con tal medida por cuanto temía que ella afectara mucho a las rentas municipales. Don Gustavo Sanabria lo convenció y le dijo que el hipódromo era una propiedad privada, que por lo tanto no afectaría a las rentas, y logró así su propósito. Convencido Castro, se procedió a trasladar las tribunas, que habían sido importadas de Inglaterra y son las mismas que luego se instalaron en el Hipódromo Nacional. Todos los gastos de instalación fueron costeados por don Gustavo Sanabria. Es él, pues, el fundador del Hipódromo Nacional de El Paraíso. 

     Siendo todavía don Gustavo Sanabria gobernador de Caracas y funcionando ya el Hipódromo Nacional, trajo desde Maracay a los mejores caballos que entonces corrían. Eran de su propiedad y descendían todos de los primeros caballos ingleses que se importaron a Venezuela. Un domingo, estando enfermo en su casa de la esquina de El Principal, se enteró don Gustavo que sus caballos habían ganado fácilmente las primeras carreras. Sabiendo que en las restantes tenía inscritos a los mejores caballos, rogó que se los retirasen. No quería ganarlas todas y evitar así las murmuraciones naturales por cuanto eran caballos del Gobernador Civil y Militar. Pero el público no se percataba de que esos caballos eran los mejores porque no eran criollos sino descendientes de grandes purasangres ingleses, los únicos que había en el país. No fueron retirados los caballos. Y cuando como se esperaba, ganaron cómodamente, los Comisarios fueron sacados a pedradas de su sitio. Y entonces sí que había piedras en el hipódromo. En la pista, sobre todo. Los Comisarios eran entonces autoridades máximas y eran handicappers. Pero con todo y eso, los sacaron a pedradas. La deplorable situación económica del hipódromo de entonces llegó hasta hacer imposible el pago de los mínimos premios que se asignaban en las carreras.

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
Las tribunas del Hipódromo de Sabana Grande, que fueron importadas de Inglaterra en 1896, fueron trasladadas e instaladas en el Hipódromo de El Paraíso, en 1908

     Siendo de don Gustavo Sanabria la mayoría de los caballos ganadores y como no había con qué pagarle los premios, sus amigos y socios de la empresa le propusieron que tomara los terrenos del hipódromo en pago de la deuda. Don Gustavo siempre rechazó tal proposición.

     Los miembros de la junta directiva eran ad-honorem, igual que los Comisarios y demás personal técnico de las carreras. Entre los años de 1912 y 1920 figuraron como Comisarios los señores Francisco J. Sucre, Octavio Escobar, doctor Elías Rodríguez, Felipe S. Toledo, Andrés Mata, F. L, Pantin, Edgard Ganteaume, M. A. Matos Ibarra, doctor Juan Iturbe, Bernardo Guzmán Blanco, Eduardo Eraso, Andrés Ibarra y el coronel chileno Samuel McGill.

     Entre los años 1924 y 1926, figuraron el doctor J. P. Larralde, Oswaldo Stelling, Antonio Ramella y Antonio Reyes. Para 1927 lo fueron el doctor José Vicente Camacho, Oswaldo Stelling y Ramón Rotundo Mendoza. 

     Y, hasta 1930, fueron Comisarios, don Carlos Márquez Mármol, Oswaldo Stelling y Juan Santos González. Lo demás es ampliamente conocido. Interesa destacar que don Gustavo J. Sanabria es el fundador del hipismo en Venezuela. Es curioso que no exista, para un hombre de tantos méritos en nuestra hípica, un gran clásico que mantenga latente su valor dentro del turf nacional. Es propicia la ocasión en que “Última Hora Hípica” me ha pedido una semblanza sobre él, con ocasión de homenajear en su sexto aniversario l turf venezolano de todos los tiempos, proponer que se establezca un gran clásico que lleve por nombre el de don Gustavo J. Sanabria, fundador del hipismo venezolano”.

 

FUENTES CONSULTADAS

  • Márquez Mármol. Carlos. El Hipismo en Venezuela. En: Crónica de Caracas. Caracas, abril-junio, 1957
  • Última Hora Hípica. Caracas, 1956
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