Homenaje al Doctor José Guillermo Andueza por Gabriel Ruan

Homenaje al Doctor José Guillermo Andueza por Gabriel Ruan

     Es un honor haber sido invitado a participar en este acto homenaje al profesor y académico José Guillermo Andueza, a quien me unieron lazos de admiración, respeto y amistad desde mis tiempos de estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela, en la cual él ejercía el decanato cuando yo ingresé a ella a fines del año 1964. En esos días tocaba al doctor Andueza, más que dirigir la actividad académica, encarar la situación de violencia política instaurada en la UCV y hacer el papel de árbitro en los enfrentamientos físicos entre los estudiantes de la izquierda guerrillera y del socialcristianismo (entiéndase PCV, MIR, Democracia Cristiana, Copei, MUC, independientes, etcétera) con su presencia apaciguadora, plena de compromiso institucional y de coraje.

Los movimientos precursores del 19 de Abril

Los movimientos precursores del 19 de Abril

Este escrito fue publicado por el historiador larense José Gil Fortoul, en la célebre revista caraqueña El Cojo Ilustrado, en su edición del 15 de abril de 1910. Gil Fortoul, prolífico escritor, fue uno de los principales divulgadores del positivismo en la Venezuela de comienzos del siglo XX. Su obra presenta rasgos que la distinguen por su voluntad de incorporar diferentes corrientes de pensamiento: evolucionismo, darwinismo y liberalismo

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
El guaireño José María España fue uno de los dirigentes del célebre movimiento independentista de 1797, conocido en la historia como Conspiración de Gual y España

     Si fue casi nula durante los tres siglos de la Colonia la iniciativa local en ciencias, artes, industrias ni política, observase que no hubo tampoco degeneración ni decadencia; antes fueron aquellos largos siglos una especie de laboratorio en el que empezaron a compenetrarse las tres castas originales.  ̶ española, india y africana ̶   para formar la variedad mestiza que predominó después en la evolución de la República. Por otra parte, todos los seres organizados, o individuales o colectivos, tienden instintivamente a durar; y en toda agrupación humana, por imperfecta que sea su constitución, se forma al cabo de cierto tiempo una clase de individuos social e intelectualmente superiores, que se atribuye de hecho la función cerebral de la colectividad. ¿De dónde vienen? O surgen del seno mismo de ella, en virtud de la sola tendencia social a la diferenciación, o son conquistadores o inmigrantes pertenecientes a otras razas: fenómenos que se efectúan unas veces en sucesión y otras conjuntamente. A menudo, por las relaciones con pueblos más civilizados, se produce en el que lo es menos una infiltración de ideas extranjeras, que transforman tarde o temprano el acervo de las ideas tradicionales.

     Cuando comienza el siglo XIX, a pesar del sistema español de trabas y aislamiento, y no obstante la tendencia conservadora de la Universidad de Caracas, verse ya constituida en Venezuela una clase social superior, por sus riquezas y por sus dotes intelectuales, la cual propende naturalmente a predominar en el destino de la Colonia. Muchos miembros de las familias ricas, nobles y «mantuanas», aparecen contagiados del espíritu revolucionario europeo, leyendo ocultamente libros nuevos o viajando por países extraños.

     Y esta infiltración de la corriente revolucionaria de Francia, Inglaterra y Estados Unidos, junto con la reviviscencia de las antiguas instituciones españolas como la autonomía municipal y provincial, explican el final empeño de los colonos venezolanos en atacar, en sus fundamentos mismos, la organización política implantada por sus antepasados. Al través de vacilaciones, componendas, tentativas y ensayos eclécticos, acaban por sustituir el régimen monárquico con el republicano, y poco a poco van suavizando la férrea oligarquía territorial o agraria, hasta preparar la evolución democrática.

     A mediados de 1797 se descubre y fracasa el movimiento revolucionario dirigido por Gual y España. Cuán radical era su propósito revelando las ordenanzas que distribuyeron entre sus copartidarios: Según las cuales los vecinos se armarán como puedan  para deponer a todos los empleados españoles en rentas, guerra y justicia; en cada pueblo se constituirá una Junta de gobierno provisional, y dentro de dos meses enviarán diputados a la capital para declarar la Independencia y establecer el gobierno definitivo; serán libres la siembra y venta del tabaco; se suprimirá todo impuesto sobre los comestibles, y se rebajará la cuarta parte de las demás contribuciones; se abolirá el derecho de composición de tiendas y pulperías, y el de alcabala; se abrirán todos los puertos al comercio exterior; se prohibirá la exportación de oro y plata, a no ser en cambio de efectos de guerra; se proclamará la igualdad natural de todos los blancos, pardos, indios y negros; se abolirá para siempre el tributo de los indios y la esclavitud de los negros, pero abonando a los amos de esclavos su justo valor de los fondos públicos; se establecerá la milicia de todos los ciudadanos de dieciséis a cuarenticinco años; la nueva república se compondrá de las cuatro Provincias de Caracas, Maracaibo, Cumaná y Guayana, y la bandera nacional será blanca, azul, amarilla y encarnada, en alusión a las antiguas cuatro castas de blancos, pardos, negros e indios.  ̶ Como se ve, esta tentativa de reforma radical, y no la aventura oligárquica   y reaccionaria de Juan Francisco de León en 1749, fue el primer paso dado hacia la Independencia. El programa de 1797 contiene ya en germen el que realizarán los patriotas de 1810 y 1811.

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
El guaireño Manuel Gual, fue uno de los dirigentes del célebre movimiento independentista de 1797, conocido en la historia como Conspiración de Gual y España

     En mayo de 1799 estalla otra revolución republicana en Maracaibo. Sin mejor éxito que la de Gual y España. En abril de 1806 el régimen colonial se ve amenazado por un peligro mayor: la expedición libertadora de Francisco de Miranda. Proponíase éste emancipar todas las Colonias hispano-americanas, y desde 1790 venía negociando a este respeto en Londres con el ministro Pitt. Tratábase de formar un grande Estado desde el Mississipi al cabo de Hornos. Estado que había de organizarse a imitación de la Monarquía Inglesa, con un Inca o Emperador hereditario, una Cámara Alta de Senadores o Caciques vitalicios y otra Cámara de los Comunes elegida por los ciudadanos. Con semejante plan, y con el apoyo moral y material de Inglaterra, se presenta Miranda en las costas de Venezuela en 1806, y fracasa. Porque si bien es cierto que la oligarquía criolla deseaba contar con la simpatía del Gobierno británico, temía al propio tiempo las consecuencias de cualquier comromiso que al desligarla de la Corona de España la sometiese a otra Corona extranjera. Aspiraba a su autonomía, ora llamando a un Borbón a ceñirse la corona deTierra Firme, ora aparentando fidelidad a la bamboleante dinastía española, o ya constituyendo un Estado independiente cuando ésta desaparecise bajo la invasión francesa.

     En 1808 vuelve a equivocarse Miranda acerca de los sentimientos y tendencia de sus compatriotas. No bien tuvo noticias de la abdicación de Bayona, escribió desde Londres al marqués del Toro, quien recibió la carta en Caracas por el mes de octubre y se apresuró a comunicársela al Capitán General calificando a Miranda nada menos que de traidor, por haber procedido y estar procediendo de acuerdo con una potencia extranjera contra su Rey. Ignorante de este incidente volvió a escribirle Miranda al marqués remitiéndole, entre otros papeles, dos proyectos: el uno de Gobierno Provisorio, el otro de Gobierno Federal; papeles que no llegaron a su destino, porque los interceptó el Gobierno de Curazao y los devolvió a Londres, al Ministerio de Colonias (enero de 1809). Estos proyectos difieren en puntos esenciales del de 1790. No se trata ahora del Inca hereditario, ni Senadores vitalicios. El Poder Ejecutivo se renovará cada diez años y lo ejercerán dos ciudadanos, con el título de Incas, nombrados por el Concilio Colombiano (parlamento); y éste se compondrá de representantes elegidos por las asambleas provinciales. Además «toda autoridad que emane del Gobierno español queda abolida ipso facto», y «las autoridades españolas serán sustituidas por los cabildos y ayuntamientos de las diferentes ciudades, los que agregarán al número de sus miembros un tercio escogido entre los indios y gente de color de la Provincia.»

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
La expedición de Francisco de Miranda, en 1806, fue otro de los movimientos precursores de nuestra independencia

     Pero la abdicación de Carlos IV y renuncia de Fernando VII habían trazado a los colonos venezolanos otro camino más llano para llegar a la autonomía, a la Independencia y a la República, Camino que recorren, entre vacilaciones, componendas y tentativas, de 1808 a 1811. Cuando la Junta Central de Sevilla declara en enero de 1809 que los dominios de España en las Indias no son ya «propiamente Colonias o factorías, como los dominios de otras naciones, sin una parte esencial e integrante de la Monarquía española»; cuando llama a su seno a representantes de los Virreinatos y Capitanías Generales; cuando en 1810 la regencia convoca a elecciones a sus colonos americanos, éstos ven que está agonizando el régimen colonial. La misma Regencia puede decirse que pronunció la oración fúnebre de la dominación española en las Indias Occidentales, cuando dijo en su Manifiesto del 11 de febrero: «Desde este momento españoles americanos, os veis elevados a la dignidad de hombres libres, no sois ya los mismos de antes, encorvados bajo un yugo mucho más duro mientras más distantes estabais del centro del poder; mirados con indiferencia, vejados por la codicia y destruidos por la ignorancia. Tened presente que al pronunciar o al escribir el nombre del que ha de venir a representaros en el congreso nacional, vuestros destinos ya no dependen ni de los ministros, ni de los Virreyes, ni de los Gobernadores: están en vuestras manos». La última frase resumía la aspiración de los colonos americanos; y en vez de confiar en unas Cortes y en una regencia amenazada por los soldados de la invasión extranjera, prefirieron determinar solos y libremente el destino de la nueva patria”.

El escudo de armas de la Ciudad de Caracas

El escudo de armas de la Ciudad de Caracas

Enrique Bernardo Núñez, escritor, periodista y Cronista de la ciudad de Caracas, publicó, en 1951, en la revista Crónica de Caracas, un magnífico estudio fundamentado en documentos de los siglos XVI y XVIII, y en una investigación de Arístides Rojas

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
Enrique Bernardo Núñez

     “Por real cédula despachada en San Lorenzo del Escorial, el 4 de septiembre de 1591, y a petición del procurador general Simón Bolívar, Felipe II concedió por armas a la ciudad de Caracas “en campo de plata de un León de color pardo, puesto en pie, teniendo entre los brazos una venera de oro con la Cruz roja de Santiago, y por timbre un coronel de cinco puntas de oro”. Esta real cédula ha desaparecido. Por lo menos no existe en el archivo del Ayuntamiento. Quizás pueda hallarse en el Archivo de Indias, de Sevilla, o en Santo Domingo. O sin ir más lejos, en el enorme material no clasificado que se halla en el Archivo Nacional. O entre los papeles sepultado en el olvido de algún afortunado anticuario. Se sabe de ella por la cita que hace José de Oviedo y Baños en el Cap. VIII, Libro V de su Historia de la Conquista y Población de la Provincia de Venezuela. Madrid, 1723.

     La misma descripción se hace en el memorial fecha 21 de marzo de 1763, dirigido por el Ayuntamiento al rey en el Supremo Consejo de Indias. Allí se pide, entre otras cosas, que el nombre de Nuestra Señora ennoblezca el escudo de la Ciudad con estas palabras: AVE MARÍA SANTÍSIMA DE LA LUZ SIN PECADO CONCEBIDA: “Un león de color pardo puesto en pie, teniendo entre los brazos una venera de oro con la Cruz de Santiago y por timbre un coronel de cinco puntas de oro. . .”

     El Rey Carlos III lo acuerda en San Lorenzo, a 6 de noviembre de 1763, recibida en Caracas el 22 de enero de 1764. Por esta real cédula se declara que la orla del escudo debe ser “en los términos que se previenen por la ley 44, título 22, libro I de la Recopilación de estos Reynos, y no en el modo que proponéis y referís . . .” Suscitóse una discusión acerca de cuáles serían los términos de dicha orla. Sostenía el Ayuntamiento que muy bien podría ser AVE MARÍA SANTÍSIMA DE LA LUZ SIN PECADO ORIGINAL EN EL PRIMER INSTANTE DE SU SER NATURAL (*) El Gobernador José Solano, por auto de 5 de julio de 1765, dispone se consulte de nuevo al Rey. La ciudad lo hace en un largo informe, fecha 1 de julio 1765. Alegaba que por hacer más breve la leyenda habían omitido la palabra ORIGINAL. Desde el Pardo, a 13 de marzo de 1766, el rey dispone que la orla del escudo sea en los precisos términos de AVE MARÍA SANTÍSIMA SIN PECADO CONCEBIDA EN EL PRIMER INSTANTE DE SU SER NATURAL. Esta real cédula recibióse en Cabildo el 12 de junio de 1766. Disponía además que no se pusiese dicha orla en el real pendón “y solo se pueda poner en las Armas de los Estandartes que construya o tenga esta ciudad…” Y los señores del Cabildo, después de besar y poner sobre su cabeza dicha real cédula dijeron que la obedecían y dieron gracias a S.M. por las mercedes con que se dignaba honrar a esta ciudad. No obstante, el 10 de abril de 1767 vuelven a suplicar al monarca con las más prolijas razones, les conceda añadir en dicha orla” el título tan glorioso de MARÍA SANTÍSIMA DE LA LUZ”. Pero esta instancia no tuvo resultado y la orla quedó definitivamente tal como se halla expresada.

     En ninguno de estos documentos se hace mención del color verde donde el león aparece asentado, tal como se ve en casi todos los escudos de la ciudad, dibujados en épocas posteriores. Este color verde fue probablemente imaginado y añadido por algún dibujante de tiempos modernos y así se estampó sin examen, aun en los grabados del escudo de armas de la ciudad. (Arístides Rojas, Obras Escogidas, p. 722. París, 1907). Allí lo describe en los mismos términos ya transcritos, añadiendo:

     “todo exornado con trofeos de guerra”. Rojas se lamenta de que Caracas hubiese “abandonado el más bello recuerdo de sus primitivos días”. En la procesión cívica del 21 de julio de 1833 –refiere–, el gremio de sastres llevaba un guión de seda blanco con borlas de oro. En este guión, llevado por el señor Pablo Velásquez, se veían pintadas al óleo las armas de Caracas. Se recordaba así el primer Simón Bolívar, a quien Felipe II no hizo sino confirmar las mismas adoptadas por los fundadores. Desde sus primitivos días la ciudad había elegido el león como blasón suyo. El año de 1579, los regidores disponen “que los padrones con que se ha de medir el vino lleven el sello del león de esta ciudad”.

     Y diez años después , en septiembre de 1589, disponen que el fiel ejecutor tenga en su poder “un sello en el cual estén esculpidas las armas de esta ciudad, para sellar todas las cosas que se hubieren de vender ”. (**)

     En conmemoración del Día de Caracas, el gobernador Gonzalo Barrios ha dispuesto que se haga una edición del escudo de armas de la ciudad, conforme a la documentación arriba expresada. (Resolución de 16 de julio de 1947). Para la forma del escudo se adoptó la que aparece en la edición de la Gaceta de Caracas, dispuesta por la Academia Nacional de la Historia. El dibujo es obra de Carlos Uriarte”.

Caracas, 25 de julio de 1947

FUENTES CONSULTADAS

  • (*) V. “Los pendones de Santiago de león de Caracas”, por E.B.N Revista Nacional de Cultura, N° 55.

  • (**) V “La Ciudad de los Techos Rojos. –El León de Caracas”, por E.B.N. Se concibe que el valle de Caracas, pueda, en remotas épocas, haber sido un lago antes que el río Guaire abriese su camino hacia el Este, al pie de las colinas de Auyamas y la quebrada de Tipe se abriese otro, al oeste, hacia Catia y Cabo Blanco.– HUMLBOLDT   

Caracas en la década de 1840

Caracas en la década de 1840

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
En la década de 1840, estaban habilitados tres caminos que comunicaban a La Guaira con la ciudad de Caracas

     Durante el 1800 las relaciones diplomáticas entre Brasil y Venezuela tuvieron muy poca incidencia sobre el acontecer nacional y no pasaban del ámbito de las formalidades y tratos propios del quehacer de las cancillerías. El primer Embajador del Imperio de Brasil en llegar a Venezuela, fue Miguel María Lisboa (1809-1881), Barón de Japurá. De las instrucciones que le fueron impartidas por su Gobierno, fechadas el 31 de mayo de 1842, se desprende que el principal objeto de su misión, aparte de mantener y estrechar las relaciones entre los dos países, era concertar la acción de resistencia por parte de Venezuela y Brasil frente a la amenaza contra la integridad territorial de ambos países, constituida por la pretensión inglesa de extender las fronteras de su Guayana por el territorio del Río Branco al sur hasta las bocas del Orinoco. Durante su permanencia de diez años en Caracas, de 1842 a 1852, los cuales no fueron ininterrumpidos por cuanto realizó varios viajes al exterior para cumplir misiones diplomáticas, se dedicó principalmente a la negociación de un tratado de límites entre el Imperio del Brasil y la República de Venezuela.

     Para el año de 1865 fue publicado, en Bruselas, Relación de un viaje a Venezuela, Nueva Granada y Ecuador, el cual había sido culminado por Lisboa en 1853 y que fue estructurado entre 1852 y 1854. Uno de los propósitos de su escrito tuvo que ver con el interés que existía entre los brasileros por conocer el estado social de las repúblicas que tenían frontera con el Brasil, interés que se avivó con la apertura del río Amazonas, lo que permitió un mayor acercamiento comercial con los países limítrofes del país amazónico.

     En el segmento correspondiente a la “Advertencia” de su escrito expuso que, entre otras razones, dar a conocer sus impresiones acerca de estos países limítrofes con la frontera brasileña tenían como motivo desvirtuar el efecto producido en el mundo literario las obras de escritores prevenidos en contra. Su propósito, entre otras razones, era desmentir creencias arraigadas y difundidas por escritores provenientes de distintas corrientes del pensamiento, ya lo fueran a favor de los americanos o lo fueran de quienes sólo divulgaron la idea según la cual la América española estaba sumida en la barbarie.

     En su relato puso de relieve que estaban habilitados tres caminos que se podían utilizar del trayecto desde La Guaira hasta Caracas. Ellos eran, el camino de “carros” de Catia, el de mulas construido por los españoles y el de las Dos Aguas el cual había venido siendo utilizado por los indígenas de la zona. De acuerdo con su versión la de Catia era la de mayor uso y que había sido diseñada bajo el mandato de Carlos Soublette. Subrayó que la construida por los españoles era también un “monumento de la pericia de los españoles, como constructores de caminos”. Acotó que las rampas que la constituían habían sido empedradas por los españoles desde hacía unos doscientos años y que seguían en un excelente estado. “hoy en día no hay en Venezuela obreros que hagan estos milagros”.

     El descenso de la montaña, entre La Guaira y Caracas lo llevó hasta La Pastora desde donde pudo observar una parte del valle de Caracas y el cauce del río Guaire. De La Pastora agradeció haberla visto en horas nocturnas, porque era un camino descuidado, casi abandonado, con casas miserables que, “aún hoy, atestiguan el terrible terremoto de 1812, es muy lúgubre y aprieta el corazón”. Contó que, en los márgenes del río Guaire las tierras eran de rica fertilidad y que en ellas se podían ver haciendas de café, caña de azúcar y plantaciones de maíz, arroz y legumbres. Del lado sur del río la ciudad, indicó, estaba cruzada por tres ríos tributarios del Guaire, Anauco, Catuche y Caroata, los cuales provenían de la sierra que, a la población, “la dan de beber y sirven de colectores de sus despojos”.

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
Desde La Pastora se podía observar una parte del valle de Caracas y el cauce del río Guaire

     Más adelante advirtió su deseo de describir pormenorizadamente la ciudad, pero el temor a errar lo llevó más bien a incluir un plano de ella. Sin embargo, llevó a cabo una descripción en que destacó la existencia de 16 calles longitudinales, que se extendían de la sierra al Guaire, y 17 transversales de las cuales sólo las situadas en el centro de la ciudad estaban edificadas. De igual modo, le llamó la atención su distribución por cuadras y que cada esquina llevara nombres de personas o familias eminentes.

     Puso en evidencia la incomodidad de las calles de la ciudad y se mostró sorprendido que, siendo descendientes de “hábiles españoles” quienes las hubiesen construido del modo como el las reconoció, mostraran una calidad muy discutible. Aunque reconoció la construcción de aceras cómodas para el transeúnte. Reseñó que de las ocho plazas la principal era la de Bolívar o de la Catedral. En ella observó el mercado principal donde se expendían frutas y legumbres de origen tropical y europeas. 

     En lo atinente a las casas subrayó que su exterior no tenía grandes atractivos, pero su interior era bastante cómodo, con espaciosas salas, con techos elevados y con alturas que amainaban los efectos del calor, al contrario de las casas de su país natal. Por lo general contaban con un solo piso porque, según corroboró, se elaboraron de una sola planta por temor a los movimientos telúricos. “Sin embargo, las que se consideran buenas, tienen un piso superior”. 

     El lugar que le sirvió de posada lo describió como amplio y que contaba con un amplio patio en la parte trasera, así como que las principales piezas de la casa conducían a él. A su vez, detrás de ese patio había otros de menor tamaño, en uno de los cuales se hallaba la cocina. Agregó que en la mayor parte de las calles corría agua corriente. “Vense, con todo, algunas casas con sobrado, como los palacios del Gobierno y del Arzobispo, la casa del Municipio y algunas otras particulares”.

     Lisboa argumentó no haber visto ningún edificio que valiera la pena como expresión de relevante arquitectura, sólo “el Palacio de Gobierno es una buena casa y nada más, sin ninguna pretensión arquitectónica exterior”. Tampoco lo eran los tres conventos de las hermanas dominicas, carmelitas y las de la concepción. Con mayor espacio y comodidad señaló al antiguo convento de San Francisco, cuyos espacios estaban dedicados a la biblioteca y al palacio legislativo. Otro ejemplo de “buena arquitectura” lo ilustró con la catedral, aunque su exterior estuviese estropeado. De la catedral agregó que “era mezquina e irregular por dentro”.

     Puso en evidencia que la ciudad estaba dividida en seis parroquias. A esta consideración sumó que la Prisión principal tenía apariencia triste e insalubre y que ocupaba el espacio del anterior convento denominado con el nombre San Ignacio. Sobre el río Catuche observó la existencia de cinco puentes designados bajo los nombres de La Pastora, Trinidad, Púnceles, Candelaria y Monroy. Expresó que el Anauco se caracterizaba por ser un puente con buenas dimensiones, mientras el Caroata contaba con dos puentes, “de los cuales uno, el de San Pablo, es también grande y hermoso”. Subrayó que al estar la ciudad ubicada en tierras con inclinaciones y terrenos con declives diversos tenía el riesgo de inundaciones, tal como sucedía con la ciudad brasileña de San Pablo.

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
Frente a la Catedral de Caracas estaba el mercado principal donde se expendían frutas y legumbres de origen tropical y europeas
José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
Antiguo convento de San Francisco, en pleno centro de la ciudad

     El agua que bebían los caraqueños provenía del río Catuche, según lo relatado por Lisboa, aunque los más pudientes solían filtrarla. En lo que se refiere al camposanto señaló que estaba situado entre los ríos Catuche y Anauco y que había sido insuficiente, para la inhumación de cadáveres durante el año de 1851, cuando una epidemia de sarampión y de coqueluche había diezmado un número importante de niños de la ciudad. Debió ser clausurado por la municipalidad y se había instalado uno nuevo varios kilómetros de distancia del lugar señalado como la Trinidad. “El nuevo, situado en un terreno sin cercar, repugna tanto a las clases elevadas de la sociedad, que no llevan a él los cadáveres de sus parientes y prefieren, con perjuicio de la salud pública, embalsamarlos mal para poderlos depositar en el interior de las iglesias”.

     Expuso que no existía un teatro en Caracas y que el llamado La Unión no merecía tal calificación. De acuerdo con su afirmación, el mismo era “frecuentado únicamente por la clase ínfima de la Sociedad”. 

     Escribió que existía una plaza de toros la cual estaba inservible, lo que lo llevó a calificar de desgracia el “abominable ejercicio de torear y colear su práctica en Caracas por las calles”. Esta práctica le pareció de gran peligro para quienes transitaban por las calles y también para los habitantes de la ciudad. Más adelante escribió, “y está tan arraigada esta costumbre de torear y colear por las calles, que subsiste a despecho de varios mandamientos y ordenanzas municipales, que se han promulgado prohibiéndolo”.

     Llamó la atención en torno a la afición existente, entre los caraqueños de toda condición social, al “circo de gallos o gallera, y los venezolanos son aficionadísimos a ver luchar esos fanfarrones animales”. De la construcción y edificación de las casas describió que, en su gran mayoría, se habían construido de tierra. Las comparó con el procedimiento utilizado en su país y cuya denominación era Tapial, “que no es otra cosa sino tierra amasada y, en algunos casos, ligada por medio de paja picada (adobes)”. Puso a la vista del lector que la edificación de iglesias, así como las casas de mayor lujo eran las que exhibían una construcción levantada con ladrillos o mampostería.

     Según evidenció, el sistema de tapial lo utilizaban como una forma de prevención ante los movimientos telúricos. Sin embargo, edificaciones como la catedral, la iglesia de San Francisco, las casas de los condes de Tovar y de San Javier, al igual que otras casas, no se habían derrumbado con el terremoto de 1812, cuyos cimientos eran de ladrillos amalgamados. Mientras que, “la gran masa de ruinas que afea la ciudad presenta la triste vista del tapial descarnado”. Respecto a los relojes de la ciudad, agregó que sólo se había restituido el de la catedral luego del terremoto de 1812. En ésta había cuatro relojes y que el del lado norte “aún está con su terrible aguja señalando la hora fatal”.

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
Sobre el río Catuche había cinco puentes bajo los nombres de La Pastora, Trinidad, Púnceles, Candelaria y Monroy

     Ante la calamidad producida por el movimiento telúrico de 1812 afirmó que por obra del “dedo de la Providencia” que señalaba a los hombres que nada había estable en la tierra. Por otro lado, no dejó de ponderar las bondades naturales que exhibía la capital de Venezuela. De ella dijo que estaba situada entre los trópicos, bajo un influjo benéfico de un sol equinoccial y a una privilegiada altura lo que la hacía un lugar especial y de clima muy agradable. Incorporó a su consideración que las condiciones climáticas caraqueñas eran similares a la de la capital de Brasil. Para reafirmar su reflexión citó algunas cifras proporcionadas por Agustín Codazzi respecto a condiciones climáticas y la temperatura a lo largo del año.

     Terminó este acápite con lo que sigue, “No se sufren allí epidemias permanentes y destructoras como en otros puntos de la zona tórrida, aunque la fiebre amarilla y el cólera la hayan visitado a veces; con todo, el tifus es bastante corriente en la estación de calma, la terrible enfermedad del tenesmo, que reina con mucha frecuencia, es fatal a los europeos, y, en general, la recuperación de las fuerzas perdidas por la violencia de las fiebres, muy lenta y difícil. La mortalidad es desproporcionadamente grande en la edad infantil”.

La Rotunda: Lúgubre Cárcel

La Rotunda: Lúgubre Cárcel

Fue construida entre 1844 y 1854, en Caracas. Estaba ubicada en el lugar donde actualmente se encuentra la Plaza La Concordia. El nombre de la cárcel se deriva de su forma circular. Luego de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, la cárcel fue demolida en 1936 para eliminar con ello cualquier rastro de la crueldad del régimen gomecista

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
El nombre de la cárcel se deriva de su forma circular
José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
Dentro de oscuros calabozos de La Rotunda, pasaron años de sus vidas grandes figuras de nuestra intelectualidad

     “La tristemente cárcel de La Rotunda, lúgubre recinto, fue demolida el año de 1936 durante el gobierno del general Eleazar López Contreras, construyéndose en su lugar una plaza bautizada como La Concordia, diseñada por el genial arquitecto Carlos Raúl Villanueva, el mismo que trazara los diseños de la Ciudad Universitaria de Caracas, de la urbanización El Silencio, de los museos de Ciencias y Bellas Artes, de la plaza de toro La Maestranza de Maracay, entre otras obras. Aquella edificación, La Rotunda, hacia donde eran llevados presos comunes y políticos, alcanzó celebridad durante los gobiernos de los caudillos andinos Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, jefes de la llamada Revolución Liberal Restauradora.

     En el interior de dicha prisión, Nereo Pacheco, guarenero, se encargaba de aplicar tremendas torturas, las que muchas veces le provocaban la muerte a los torturados. Su maldad, al lado de los que lo acompañaban, lo llevó a aplicar torturas conocidas con los nombres de cepo de campaña, las colgadas, el tortol, el acial, las pelas, los grillos, el apersogamiento (ataban al reo a un poste). 

     El sentido criminal de los carceleros, conducidos por Nereo Pacheco, se hacía presente al colocarle vidrio molido y veneno dentro de las comidas. Unos versos que circularon a comienzos del siglo XX retratan el macabro recinto, así:

“La Rotunda de Caracas

es sepulcro de hombres vivos

donde se amansan los guapos

y lloran los atrevidos¨.

     Dentro de oscuros calabozos como los de La Rotunda, pasaron años de sus vidas grandes figuras de nuestra intelectualidad, entre ellos, Rafael Arévalo González, Andrés Eloy Blanco, José Rafael Pocaterra, Leoncio “Leo” Martínez, Francisco “Job Pim” Pimentel, Antonio Arráiz, entre otros, escribiendo, en esos insalubres espacios, parte de sus obras.

     Esa lúgubre cárcel, donde pensadores, políticos, militares, religiosos, obreros, dejaron sus vidas por el solo delito de enfrentarse al tirano de turno, se empezó a construir durante la presidencia del general Carlos Soublette y va a concluirse en la administración de otro caudillo militar, José Gregorio Monagas, según planos del agrimensor Francisco Florentino Tirado y el alarife José Francisco Herrera. Se sabe, a través de declaraciones de los que lograron sobrevivir ese infierno, que, entre los calabozos existentes en La Rotunda, el más temido era el conocido con el nombre de El Olvido, ello porque los presos que allí llegaban eran tan olvidados, que si salían… salían muertos. 

     Nereo Pacheco, quien nació en Guarenas en 1866, barbero de profesión, se desempeñó como Cabo de Presos en La Rotunda entre los años de 1913 y 1920 y fue llevado allí por haberle dado muerte a su concubina. Mientras se producía la sentencia correspondiente, la cual fue paralizada, siempre y cuando se comprometiera a la aplicación de torturas, físicas y mentales a todos los presos políticos que allí llegaran, se ganó, por su trabajo como sádico torturador, el cargo antes señalado. Se dice que de su negra mente salió el mezclar vidrio molido y arsénico en las podridas comidas de los detenidos, produciéndoles la muerte a los que la ingerían, entre ellos el sacerdote, también nacido en Guarenas, Régulo Fránquiz. Este despreciable elemento, se deleitaba tocando arpa mientras escuchaba los gritos de los que estaban siendo torturados. Para esos momentos, verdadero sadismo, su pieza favorita era La Pava, golpe tuyero.

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
En el interior de La Rotunda, Nereo Pacheco se encargaba de aplicar tremendas torturas

     En 1935, al morir el dictador Juan Vicente Gómez, quien se complacía con lo que hacía Nereo Pacheco en La Rotunda, prisión donde pasó 14 años de su vida el general Román Delgado Chalbaud, padre de Carlos Delgado Chalbaud, un grupo de venezolanos que habían estado allí como presos políticos, entre ellos, Víctor M. Juliac, Salvador de la Plaza, Néstor Luis Pérez, Luis Rafael Pimentel, acusaron a Nereo Pacheco de los asesinatos del reverendo Régulo Fránquiz, de Eliseo López, de Calimán y del doctor Jiménez, siendo condenado a 20 años de prisión el 8 de diciembre de 1936 y enviado a la cárcel del Obispo, prisión donde murió el 15 de septiembre de 1941.

     En la obra Recepción a Nereo Pacheco, escrita por Miguel Otero Silva, destacado humorista, poeta, periodista, novelista, político, parlamentario, académico, miembro de la generación del 28, formada por estudiantes universitarios, fundador, al lado de su padre y del poeta Antonio Arráiz, del diario El Nacional (1943), pinta, con su genial sentido del humor, la llegada de Nereo Pacheco a la “Quinta Paila del Infierno”, creación que aparece en la páginas de su obra Un Morrocoy en el Infierno, indicando: “Se trata de una verbena de bienvenida a Nereo Pacheco, verdugo gomecista y tocador de arpa… Al llegar al diabólico dominio, Nereo, escribe el autor citado, acompañándose en el arpa de Nerón, dice:

“Yo no soy de por aquí, Ningún preso que yo tuve
Yo vengo del otro lao, dejó de ser maltratao
Y un cambur en esta paila y aquel que no se murió
Lo tengo muy bien ganao fue porque nació parao.

¡Fue mucho el preso en mis manos! Mi cambur en esta paila
¡Que se murió encortinao, lo tengo bien ganao!»
Le di raciones de arsénico
En el guayoyo mezclao
Y le remaché los grillos
Al enfermo desahuciao”.

FUENTES CONSULTADAS

  • Sánchez, Jesús María. Historia menuda. Guarenas, estado Miranda, 2022

    El profesor e historiador Jesús María Sánchez, nació en Vega Redonda, Araira, estado Miranda, el 14 de septiembre de 1938. Desde muy joven se interesó en personajes, historias, cuentos, costumbres y tradiciones de Guatire y Araira, que le llevaron posteriormente a investigar y documentar buena parte de la historia cotidiana a través de diversos artículos de prensa, programas radiales y libros, que lo convirtieron en un ilustre guardián de nuestro gentilicio y sus tradiciones autóctonas, defensor de nuestra identidad cultural y reconstructor de nuestra historia.

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