La muerte de Ugarte Pelayo

La muerte de Ugarte Pelayo

Alirio José Ugarte Pelayo, líder político del partido Unión Republicana Democrática (URD).
Alirio José Ugarte Pelayo, líder político del partido Unión Republicana Democrática (URD).

     “Alirio Ugarte Pelayo* había estado reunido la noche anterior hasta después de la una y media de la madrugada, hablando sobre la fundación del nuevo partido político Movimiento Demócrata Independiente. Alirio vacilaba un poco. Prefería mantenerse independiente, como lo había anunciado, pero sus amigos le decían que la formación de un grupo definido era necesario.

     La noche del miércoles había discutido eso con sus amigos, una vez más. Caridad Sperandio, su esposa, con la cual se casó en 1949, lo notaba cansado y le decía: “Alirio, te estás fatigando demasiado. Debes dormir un poco”.

     Pero a Alirio, desde antes del 26 de abril que fue cuando los suspendieron en URD por 16 votos contra 12, no podía dormir tranquilo. Se mantenía despierto con pastillas de Bellergal y con café.

     El jueves 16 de mayo de 1966, los reporteros que acudieron a la residencia de Alirio Ugarte Pelayo para dar cobertura a la rueda de prensa en la que anunciaría el lanzamiento de un nuevo partido político (Movimiento Demócrata Independiente), se vieron obligados a cambiar la razón de la pauta periodística, de política a sucesos. Estando todos reunidos en su casa, y solo a minutos de comenzar la presentación, se escuchó un disparó.

     El dirigente político de 43 años de edad, fue hallado en la biblioteca de su casa (Quinta Claudelí) de la urbanización Los Chorros, en Caracas, con un disparo de revólver en la sien derecha y debió ser trasladado de emergencia a la Clínica Avila, de Altamira, donde falleció cuando era atendido en el quirófano.

     Aunque la Policía Técnica Judicial (PTJ) determinó que se trató de un suicidio, muchas fueron las especulaciones  que se ventilaron en torno a la posibilidad de un asesinato, por las circuntancias que rodearon la rutina del político que por esos días, ya que  fue suspendido de actividad de militancia en el partido Unión Republicana Democrática (URD), por serias diferencias con el máximo dirigente de esa tolda, Jóvito Villalba, quien se negaba a no aceptar que lo retaran en la nominación de la candidatura presidencial para las elecciones de 1968.

      Un par de semanas después de la desaparición física de Ugarte Pelayo, en la edición del 18 de junio de 1966 de la revista Élite, el periodista Félix Hache analizó los diferentes escenarios que rodearon la muerte del joven dirigente político.

 

Suicidio premeditado

     En el trágico epílogo de la vida del Dr. Alirio Ugarte Pelayo conmovió a la nación y dará tema por mucho tiempo a los comentarios políticos. Todo lo que se diga para explicar el drama del joven y relevante líder quedará en el aire, sin bases documentales. No obstante, a los pocos días de su muerte ya corrían por la calle multitud de versiones, muchas de ellas montadas sobre aparentes bases lógicas. Aquí recogemos, con difícil objetividad, las que nos han parecido más verosímiles. Las otras, por descabelladas, no son de tomarse en cuenta.

Los amigos se disputaban el honor póstumo de cargar sobre sus hombros los restos de Alirio
Los amigos se disputaban el honor póstumo de cargar sobre sus hombros los restos de Alirio

     Alirio quiso romper con el estilo político imperante y esto lo llevó a ubicarse en la peculiar posición de hacerse líder y factor de una concordia que acercara a ciertos sectores políticos, afines o no. La recepción que dio a comienzos de año en su residencia de Los Chorros, a la cual fueron invitados personeros de todas las gamas partidistas ̶ desde el perejimenizmo hasta la extrema izquierda ̶ y de las llamadas fuerzas vivas, es una prueba de esa intención cordial. Que aquella cromática recepción fue hecha con fines políticos no cabe la menor duda, pero esos fines fueron honestos y respetables. No lo interpretaron así los tercerones de Jóvito, quienes dieron la voz de alerta. “¡Alirio tiene aspiraciones presidenciales!”. Tácitamente fueron ellos los que lanzaron así, sin proponérselo, el nombre de Alirio sobre el tapete de los candidatos presidenciales. Ya para ese entonces el doctor Ugarte Pelayo era un político presidenciable. Y es de advertir que en este país son muchos los candidatos presidenciales. Un hombre de su brillo intelectual, hábil expositor que a su facilidad de palabra unía cierta emoción, bastante sinceridad y un poco común don de gentes, fue convertido, sin su anuencia, en un potencial candidato a la Presidencia de la República. Su interés por la concordia, paradójicamente, le ganó la animadversión de algunos dirigentes de su propio partido. 

     En URD se le ha rendido un permanente culto a la personalidad de Jóvito Villalba ̶ culto en el que participó el propio Alirio sin reservas y con una sinceridad que no convenció a los tercerones del Maestro ̶, quien jamás admitió a su lado a segundos que pudieran opacarlo. Esta cualidad de Jóvito la prueban hechos históricos tales como su salida voluntaria del PDN, cuando Rómulo Betancourt se ganó en la clandestinidad el puesto de jefe indiscutible del partido, y el mutis que hicieron los fundadores de URD ̶ Elías Toro, Isaac Pardo, Mariano Picón Salas, Inocente Palacios ̶, hombres de fuerte personalidad que no podían tolerar a un jefe único y vitalicio dentro de una organización democrática. 

     No se ha comprobado que el doctor Ugarte Pelayo moviera resorte alguno, ni dentro ni fuera de URD, en favor de su pre-candidatura presidencial, actitud  que, de haberla asumido, hubiera sido perfectamente lícita. La campaña que contra él desataron los tercerones de Villalba, movidos por el celo y con un encono igual al de un  monárquico en venganza de una lesa majestad, tuvo su culminación con el pase del líder al Tribunal Disciplinario y su posterior salida de URD. Esta crisis fue observada paso a paso, por medio de la prensa y la televisión, en las voces de sus principales protagonistas, por el pueblo venezolano. Jóvito y Alirio expusieron sus razones con un lenguaje de altura. El Dr. Ugarte Pelayo fue más lejos aun y en cada una de sus intervenciones, casi con humildad, además de exponer sus conceptos, elogio e hizo protestas de amistad y respeto hacia el Maestro, con lo cual dio un ejemplo de tolerancia y de convivencia. Durante esos sucesos Alirio fue la imagen clásica del político sereno y seguro de sí mismo, reflexivo y desapasionado, pero firme. Nunca como en esos días se ganó A. U. P. tantos adeptos al exhibir sus dos relevantes personalidades: la humana y la política. Pero el Maestro se salió del marco de la altura política y el lunes, tres días antes del suicidio, en la casa distrital urredista, desató un lenguaje del más puro y feroz canibalismo político. Los insultos fueron publicados el martes, a toda página, en casi todos los diarios. Desde acusarlo de estar en combinación con “lo más podrido del perejimenizmo”, hasta presentarlo como mezquino personaje al asumir una actitud anti-adeca por haber sido vetado para el cargo de Ministro del Trabajo por el Presidente Leoni, pasando por el señalamiento de pretéritos errores políticos, el Dr. Villalba lo escarneció sin compasión.

Poco antes de comenzar la rueda de prensa que había convocado en su casa, para anunciar la fundación de un nuevo partido político, Alirio Ugarte Pelayo se quitó la vida disparándose un tiro de revólver en la sien derecha
Poco antes de comenzar la rueda de prensa que había convocado en su casa, para anunciar la fundación de un nuevo partido político, Alirio Ugarte Pelayo se quitó la vida disparándose un tiro de revólver en la sien derecha

     ¿Hasta qué punto rompieron el equilibrio emocional de Alirio los insultos de Jóvito, a quien él dio inequívocas muestras de respeto y aprecio, aun en lo más agudo de la crisis que los distanció? El doctor Ugarte Pelayo nunca fue, ni personal ni políticamente, un hombre de combate. Era idealista y poeta, de temperamento amable, cariñoso, pródigo en actitudes afectuosas. Contaba con amigos verdaderos aun dentro de los sectores antagónicos a él. La crisis partidista de la que fue eje, quizá contra su voluntad, le crearon compromisos que no buscó. En torno a su persona se Produjo un reajuste político y de opinión de alcances y trascendencia nacionales que lo envolvió en inesperadas responsabilidades. Posiblemente su mayor problema fue el de violentar su pensamiento y sus propios planes al verse obligado a establecer una nueva fracción política, él, que no propiciaba el fraccionamiento del país político y sí una reagrupación de voluntades.

     El miércoles fue un día decisivo. Perdido su equilibrio emocional optó por el suicidio, una solución romántica trascendente. Preparó la escena y una rueda de prensa para que el impacto fuera mayor. Hombre de muchas luces, se abstuvo de dejar un testamento o algún otro documento que disminuiría la repercusión de su voluntario sacrificio.

     Esta es una de las versiones, pero alrededor de ella surgen dudas. Alirio no era rencoroso y sabía que un acto suicida repercutiría con fuerza destructora en URD. Para un hombre de su inteligencia, de sus recursos y de su serenidad, no era admisible como móvil la venganza y menos a costa de su propia vida. ¿Hizo presa de él el desaliento al no sentirse capaz de usar las armas del insulto y la diatriba para defenderse y atacar y optó por hacer un mutis definitivo? No lo creemos. Ugarte Pelayo   ̶ lo dijo poco antes de morir al responder a un periodista que requirió su opinión sobre los ataques personales de que era objeto ̶ conceptuaba los insultos a él dirigidos como dañinos para quien los profería.

     Lo cierto es que el suicidio de Alirio Ugarte Pelayo, pese a la ausencia de un documento escrito o hablado, es un desgarrador mensaje político lanzado a una Venezuela que se debate en menudas y estériles pugnas y, sin que esto haya sido su postrera intención, el rostro de quienes lo escarnecieron y no creyeron en su desprendimiento, en su sinceridad, en su bondad.

 

El chantaje

     Otra versión es la del chantaje y ella gira en torno a la última llamada telefónica que recibió Alirio, minutos antes de dispararse un revólver en el parietal. El líder, mental y moralmente golpeado durante más de 20 días y ya al borde de una crisis nerviosa debido a las presiones a que lo sometieron los sucesos que venían desarrollándose, teniéndolo a él como eje, habló por teléfono y después se mató. ¿Quién fue el autor de esa llamada? ¿Qué grave noticia le comunicó? ¿Qué amenaza le hizo? Las perspectivas políticas de A. U. P. eran prometedoras. Militantes del que fue su partido y muchos otros adeptos que le llovieron en toda la República, le daban humano caudal para fundar un nuevo y poderoso grupo político. Su presencia en el escenario político, sin las trabas egoístas y mezquinas que trataron de frenar su ascenso, modificaba varios aspectos del panorama partidista y lesionaba intereses. Su estilo era nuevo, avasallante y amenazaba con provocar cambios en las combinaciones presentes y en las estructuras futuras del país. Nada tuvo de extraño que quienes ya lo combatían y los que se aprestaban a combatirlo con el uso de desleales armas, tales como el insulto y el infundio, hayan apelado al chantaje para detenerlo en sus propósitos. Pero, ¿qué cosa tan extraordinariamente grave e indestructible esgrimieron para cometer el chantaje? Alirio tuvo deslices y errores políticos, como los han tenido todos los actuales dirigentes políticos, y para esos errores tuvo justificación. No hubo programa televisado al que él asistiera en el que, cual disco rayado, dejaran de preguntarle: ¿Cómo explica usted su actuación como director de Política del Ministerio de Relaciones Interiores y como Gobernador de Monagas durante el régimen dictatorial? Su respuesta llena de lógica sonaba también como disco rayado. De tal manera que hay que descartar, como arma chantajista, algo que se relacione con su actuación política entre 1948 y 1952. ¿Apareció algún documento que sobre el infundio de los cuarenta millones de bolívares que oscuras fuerzas políticas nunca nombradas por sus nombres y apellidos, le ofrecieron para su presunta campaña presidencial? Tal hipótesis es increíble. Si ese documento existiera sus enemigos lo hubieran hecho público sin tener la delicadeza de participárselo; es más, lo hubieran publicado aun después de muerto. Alirio, quien si antes, vivo, fue un formidable adversario, ahora, después de muerto, es una gigantesca sombra acusadora para unos cuantos y una luz orientadora para muchos.

     Es difícil admitir el chantaje como factor determinante del suicidio de A.U.P. Si esa llamada telefónica fue la última gota que desbordó el vaso de su emotividad y lo impulsó a accionar el gatillo, por el hilo telefónico no vino una amenaza ni un chantaje, sino cualquiera otra de esas noticias que sí eran capaces de conmoverlo, como, por ejemplo: la defección de un amigo o un nuevo rastrero ataque de quienes unos días antes figuraron en la, para él muy respetable, lista de sus afectos.

En el trágico epílogo de la vida del Dr. Alirio Ugarte Pelayo conmovió a la nación y dará tema por mucho tiempo a los comentarios políticos
En el trágico epílogo de la vida del Dr. Alirio Ugarte Pelayo conmovió a la nación y dará tema por mucho tiempo a los comentarios políticos

Decepciones

     El Dr. Ugarte Pelayo renunció a la vida, a n hermoso hogar y a un porvenir político que era francamente prometedor. Las banderas de la angustia y de la esperanza de muchos venezolanos estaban en sus manos y prueba de ello fueron los ojos, anegados en llanto, de las humildes gentes que, en apretada multitud, acudieron a su imponente cortejo fúnebre. Su inteligencia fue un desafío a los intrigantes de la política, a los que no juegan limpio. Fue un hombre de gran sensibilidad   ̶ amaba el arte, la poesía y todas las cosas hermosas ̶, cuyo estilo era la cordialidad, el culto a la amistad. Tenía amigos, muchos amigos en todos los partidos políticos. Quizás fue esta personal característica suya lo que indujo a sus pequeños y mezquinos detractores a sospechar que Alirio buscaba contacto con líderes de otros sectores con fines personalistas. La dispersión ideológica y la inquina personal han contribuido a la fragmentación de nuestro mosaico político. Esto lo sabía Alirio y por eso trató y buscó un acercamiento con dirigentes de otras toldas, con el generoso deseo de superar el más grave problema político de este país: la desunión. Ese signo amistoso de su personalidad humana y política le ganó sinceros afectos y muchos adeptos. Es muy posible que durante y después de la crisis que produjo su salida de URD, algunos de esos amigos, dirigentes de otros partidos, le hayan prometido formal e informalmente apoyo para su futuro político, pero luego, después de hacer sus cálculos, desistieron por temor a verse desplazados de sus posiciones de comando por la descollante personalidad de A.U. P., lo que sin duda hubiera ocurrido a corto plazo, tal como sucedió en URD. Es un signo fatal de este país el que sus dirigentes, casi todos, se crean predestinados a misiones salvadoras exclusivas. De ahí el celo que en ellos provocan hombres de las dimensiones de Ugarte Pelayo, capaces de lograr amplios objetivos. 

     Poco importaba el contingente humano que Alirio pudiera aportar a una organización política ya existente, además de su caudal ideológico, si su talla de líder estaba llamada a opacar a los viejos ductores. A. U. P. no se mostró, en principio, dispuesto a fundar un nuevo grupo político. Consideraba el fraccionalismo como negativo para el movimiento democrático y por tal razón hubiera preferido sumarse a un partido ya existente a agruparse en una nueva fracción. ¿Qué le hizo dar marcha atrás en ese propósito? Los urredistas que espontáneamente lo siguieron a su salida del partido fueron muchos, varios millares, entre ellos centenares de dirigentes, mayores y menores, que con él tenían frecuente o diario contacto. Es de presumir la influencia que este hecho ha debido ejercer sobre sus intenciones. ¿Le creó esta situación una sensación de frustración, que se añadió a las desazones que en todo ser humano se producen al ser víctima de una injusticia y encima ser agredido con encono? ¿Se vio metido en un atolladero sin salida en el que por un lado corría el riesgo de contradecir sus manifestaciones públicas sobre el fraccionalismo político, así éste fuera honorable y justificado, y por el otro su conciencia de hombre bondadoso le reclamaba no defraudar a sus espontáneos seguidores? ¿Qué camino seguir? Quizás A.U. P., en medio de las intensas presiones a que estaba sometido, perdiera su ponderado discernimiento y no viera otra salida que la heroica del propio y voluntario sacrificio.

 

Complejo de cuna y frustración

     Es otra de las versiones. Tiene facetas científicas y tendría que ser explicada por un psiquiatra, pero para los que conocían al Dr. Ugarte Pelayo es inadmisible. El origen, en nuestro país, no es traba que impida a nadie surgir en cualquier actividad. Más aun, cuando el nivel de una cuna sin apellidos, pasando por una adopción de terceros, se llega a escalar las altas posiciones que desde muy joven tuvo Alirio, lejos de ser un baldón ello constituye un mérito y es motivo de admiración. Ugarte Pelayo jamás ocultó su origen y no se avergonzaba de él. Sin amargura, con su característica generosidad, alguna vez narró a los periodistas las alternativas de su infancia y se refirió con respeto y amor a sus padres naturales y a los adoptivos que le dieron sus apellidos. Allí está, para probarlo, la gran entrevista que le hizo Élite en febrero de este año, en la cual Alirio contó, con lujo de detalles, la historia de su nacimiento. En la misma oportunidad se quejó de ser un hombre que provocaba controversias sin él proponérselo. Sus más diáfanas actitudes eran interpretadas caprichosamente y, muy frecuentemente, en sentido diametralmente opuesto a lo que él se proponía. Ciertamente que no le fue fácil obtener lo que otros tuvieron y tienen como llovido del cielo.

     Supo vencer obstáculos y convencer a sus adversarios. Su voluntad de vencer ha debido desarrollar en él una disciplina como muy pocas y adquirir un adecuado sentido de su proyección personal y política en el destino de su país. Su emotividad de poeta ̶ “soy un poeta frustrado”, declaró en una entrevista a un reportero ̶ fue superada por su brillante inteligencia de político y logró así un equilibrio entre lo idealista y lo práctico. ¿Dónde está entonces su frustración?  Alirio se propuso una meta difícil y estaba en el camino, lleno de obstáculos, pero con promisoras perspectivas, a recorrer para alcanzarla. Joven, con indudables y brillantes condiciones de dirigente, con densos conceptos sobre una realidad nacional imperante y otra por alcanzar, con ideas muy claras sobre los problemas nacionales, con un apoyo que nació espontáneo en diversos sectores y, por último, con una natural inclinación a sumar y multiplicar y no a sustraer y a dividir, tenía ante sí un panorama como para sentirse optimista y no frustrado.

     Sean cual fueren los motivos y las causas que impulsaron el suicidio del doctor Alirio Ugarte Pelayo, lo único cierto es que fue una víctima más de esa vorágine política que destruye hombres y vidas, pulveriza prestigios y tiene sumida a Venezuela en un angustioso suspenso”.

FUENTES CONSULTADAS

  • Elite. Caracas, 28 de mayo de 1966

  • Elite. Caracas, 18 de junio de 1966

    * Alirio José Ugarte Pelayo, líder político del partido Unión Republicana Democrática (URD). Nacido en la Hacienda Palmira, cerca de Anzoátegui, población del estado Lara, Alirio era hijo natural del general José Rafael Gabaldón y de Romelia Tamayo Anzola, pero que tuvo como padres adoptivos a Luis Horacio Ugarte y Hercilia Pelayo, ambos de Guanare y compadres de Gabaldón.

Inauguración de la Avenida Bolívar

Inauguración de la Avenida Bolívar

Construida entre el 25 de julio de 1945 y el 31 de diciembre de 1949, la Avenida Bolívar coloca a Caracas a la altura de Roma, Paris, Londres y Nueva York. Por supuesto que la moderna vía caraqueña no será superior a la Quinta Avenida o a la Calle Corrientes o a la Avenida de los Campos Elíseos. Pero todas esas vías no supusieron más trabajo que el de construirlas, mientras que la nuestra ha tenido que comenzar por destruir intensamente, rompiendo la ciudad, trastornando su vida, para llegar a resolver su tránsito, en principio, y, en gran parte más tarde, el duro problema de la vivienda

La Avenida Bolívar fue construida entre 1945 y 1949, e inaugurada por el presidente de la Junta Militar de Gobierno, teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud
La Avenida Bolívar fue construida entre 1945 y 1949, e inaugurada por el presidente de la Junta Militar de Gobierno, teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud

     “Ante distinguidas, así como de numeroso público, el presidente de la Junta Militar de Gobierno, teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud, procedió a las doce del mediodía a cortar el cordón que dejó abierto definitivamente el transito por la Avenida Bolívar.

     El tramo inaugurado es de aproximadamente unos 1.600 metros. Tiene unos 33 metros de ancho en toda su extensión, pero según se informó, en algunos sitios será ensanchada para que permita el estacionamiento de vehículos a ambos lados.

     La hora marcada por el meridiano ese 31 de diciembre de 1949 fue para Venezuela el momento cumbre de su historia progresista en el medio siglo que ese día terminó.

     Caracas entera, asombrada ante la realidad de lo que constituía su mayor preocupación, acompañó emocionada a la Junta de Gobierno y los técnicos dirigentes de la Avenida en los actos inaugurales.

     Realizado el mencionado corte de la cinta por el presidente de la Junta Militar de Gobierno, quedó abierta al público para el tráfico de vehículos una espléndida vía que supone una capacidad por lo menos de seis calles, con lo que Caracas verá satisfecha que el arduo problema de la circulación tiende desde este momento a mejorar y van desapareciendo las causas que motivaban el atascamiento que constantemente se producía.

     La visión de la Avenida, perfecta y bellísima en toda su extensión, desde su apertura y todo el día 1° de enero del recién nacido año 1950, fue la contemplación obligada de la ciudadanía, que, con exaltación entusiasta y asombrada, circuló por ella incansable y orgullosa de la obra realizada por Venezuela en beneficio de la urbe capitalina.

     Uno de los momentos culminante de la inauguración fue cuando el presidente de la Junta de Gobierno impuso al Dr. Oscar Rodríguez, gerente de la Cía. Anónima Obras de la Avenida Bolívar, la Cruz de la orden Francisco de Miranda en Segunda Clase.

     La numerosísima asistencia de invitados fue obsequiada con un lunch durante el cual se repartió con la mayor profusión un cuaderno descriptivo de la Avenida que fue aceptado por el público con el mayor entusiasmo, dedicándose de inmediato a recoger los autógrafos de los miembros del Gobierno y técnicos dirigentes de la Avenida, haciendo así del cuaderno un documento histórico de inapreciable valor.

La Avenida contaba con aproximadamente unos 1.600 metros de longitud, y unos 33 metros de ancho en toda su extensión
La Avenida contaba con aproximadamente unos 1.600 metros de longitud, y unos 33 metros de ancho en toda su extensión

Caracas a la atura de Roma, Paris, Londres y Nueva York

     Más de uno sonreirá maliciosamente ante lo que considerará como pretensión atrevida cuando estampamos los enunciados contenidos en el intertítulo de este párrafo los títulos.

     Sin embargo, al escribirlos los hemos considerado cuidadosamente para no vernos atrapados por la crítica de posibles contradictores.

     Evidentemente no trataremos de comparar a Caracas con la admirable grandiosidad de aquellas ciudades del Viejo Mundo, en las que la historia por milenios se ha hecho piedra, perspectiva y vía; tampoco tratamos de ponerla en parangón con la gigantesca acumulación de técnica y economía que son las grandes metrópolis del Nuevo Continente.

     Más modestamente, queremos señalar, que Caracas abandonando sus encantos coloniales de princesa olvidada en el maternal regazo del Ávila, despierta y se acompasa al ritmo marcado por una civilización inexorable en sus leyes económicas, técnicas, demográficas, etc.

     Por obra y gracia de la Avenida Bolívar, nuestra otrora dormida ciudad del Ávila entra en los términos que la permiten establecer cierto orden de comparación entre las metrópolis mundiales.

Caracas

     La Avenida Bolívar es necesariamente exponente de la técnica más moderna y su belleza es de orden funcional. Su utilidad funcional, tanto como su belleza urbanística, queda reflejada como área de pulmón de la ciudad al estar acompañada del parque Los Caobos.

 

Paris

     La Avenida de los Campos Elíseos correspondería a la Avenida Bolívar y el Jardín de la Tullerías al Parque Los Caobos. Sus magníficas proporciones equilibradas, la arquitectura de sus monumentos y edificios, su inigualable perspectiva, hacen merecedora a la vía parisina del primer puesto entre las grandes avenidas del mundo.

 

Londres

     Hyde Park es, sin duda, el pulmón por excelencia y difícilmente podrá ser aventajada en el mundo. La elección de Grosvenor PL y Vauxhall Bge. Road hasta el río ha sido hecha pensando en Buckingham Palace y la Estación Victoria, las cuales llenan el trayecto con la grandeza característica y propia de Londres, la capital del más grande Imperio.  

 

Roma

     La Vía del Corso, que se inicia en la Plaza Venecia, para llegar a la del Popolo, antes de entrar al grandioso parque de Villa Borghese, el pulmón romano, presenta un sorprendente paralelo en diseño con la vía de la Avenida Bolívar y el amplio parque de Los Caobos, hecha la salvedad de que el gigantesco parque de Roma está considerado como uno de los más hermosos de Europa 

 

Nueva York

     La Quinta Avenida es por antonomasia la avenida del siglo XX. Parte de Washington Square para verterse en Central Park, el pulmón de Manhattan.

     Sus características son las propias de la ciudad americana: estructura rectilínea en un diagrama de calles a ángulo recto. Cubos esbeltos que se elevan al cielo que limitan la calle y la perspectiva que ofrece al viandante haciéndole sentirse pequeño ante la magnitud de los universalmente conocidos rascacielos. La europea es la belleza clásica y equilibrada de Roma, espiritualizada en Paris y Londres; América es la belleza de la forma creada por las técnicas aplicadas sociales y económicas de la hora actual de la civilización.

En su época, la moderna vía caraqueña fue comparada con la Quinta Avenida de Nueva York, con la Calle Corrientes de Buenos Aires, la Vía del Corso de Roma y con la Avenida de los Campos Elíseos de París
En su época, la moderna vía caraqueña fue comparada con la Quinta Avenida de Nueva York, con la Calle Corrientes de Buenos Aires, la Vía del Corso de Roma y con la Avenida de los Campos Elíseos de París
Los trabajos de la Avenida Bolívar requirieron el empleo de un crecidísimo número de trabajadores y de las máquinas más modernas y potentes de la época
Los trabajos de la Avenida Bolívar requirieron el empleo de un crecidísimo número de trabajadores y de las máquinas más modernas y potentes de la época

Los “Caterpillar” en la Avenida Bolívar

     Los trabajos llevados a cabo en las obras de la Avenida Bolívar proporcionaron cuatrocientas mil toneladas de tierra, las cuales fueron transportadas en ochenta mil camiones.

     La tierra de la Avenida Bolívar sirvió para rellenar las quebradas del Este, donde con ayuda de las máquinas “Caterpillar” se construyó otra gran avenida.

     Esas cifras muestran la ingente obra que se realizó. Jamás se había emprendido obra urbana de igual envergadura, no ya en Caracas, sino en el mundo entero.

     Evidentemente, las magníficas avenidas de los grandes países tuvieron que hacerse. No podemos decir que la Avenida Bolívar es superior a la Quinta Avenida o a la Calle Corrientes o a la Avenida de los Campos Elíseos. Pero todas esas vías no supusieron más trabajo que el de construirlas, mientras que nuestra Avenida Bolívar ha tenido que comenzar por destruir intensamente, rompiendo la ciudad, trastornando su vida, para llegar a resolver su tránsito, en principio, y, en gran parte más tarde, el duro problema de la vivienda.

     La Avenida Bolívar es un ejemplo de actividad y un lujo que solo pueden permitirse los países jóvenes y en plena prosperidad.

     Los trabajos de la Avenida Bolívar requirieron el empleo de un crecidísimo número de trabajadores y de las máquinas más modernas y potentes. La célebre “bola” que derrumbó el Hotel Majestic en una noche fue una innovación realmente “enérgica” en materia de demoliciones.

     En cuanto a los trabajos de excavación, remoción y carga de tierra, y a otros muchos, como el de los célebres pilotes hundidos por potentes grúas para proteger los edificios que no habían de ser derrumbados y para preparar los puentes provisionales que mantuvieron la continuidad en el tránsito, los famosos motores Diesel y los tractores y grúas, palas mecánicas.

     “Traxcavatores”, traíllas y otras máquinas de la marca “Caterpillar”, prestaron el mayor concurso para conseguir la seguridad en el trabajo y la rapidez que ha caracterizado todo cuanto se ha hecho en la Avenida Bolívar.

     Alcanzar la ciudad en tres minutos, desde El Silencio al Parque Carabobo, parece un milagro.

FUENTES CONSULTADAS

  • Elite. Caracas, 7 de enero de 1950

  • Últimas Noticias. Caracas, 2 de enero de 1950

Primera transmisión radial deportiva

Primera transmisión radial deportiva

Esteban Ballesté fue el primero que narró en Venezuela, a través de la radio, las incidencias de un evento deportivo. Se trató de una pelea de boxeo que se llevó a cabo en el Nuevo Circo de Caracas, el 22 de marzo de 1931
Esteban Ballesté fue el primero que narró en Venezuela, a través de la radio, las incidencias de un evento deportivo. Se trató de una pelea de boxeo que se llevó a cabo en el Nuevo Circo de Caracas, el 22 de marzo de 1931

     El domingo 22 de marzo de 1931, cuando en Barranquilla, Colombia, un grupo de venezolanos, exiliados políticos, firmaba lo que se conoció luego en la historia como “El Plan de Barranquilla”, documento en el que se criticaba a la dictadura del general Juan Vicente Gómez, en la ciudad de Caracas se transmitía por primera vez, a través de la radio, un evento deportivo.

     Era la época en la que el beisbol, las carreras de caballos y el boxeo acaparaban la atención de los venezolanos. Entonces, los peleadores Simón Chávez, Sixto Escobar, Firpo Zuliano, y Héctor Chaffardet, entre otros, acrecentaban el fanatismo de los caraqueños.

     Ese 22 de marzo, Esteban Ballesté, hijo, narró desde el Nuevo Circo, a través de la emisora Broadcasting Caracas (Radio Caracas Radio RCR, hoy inactiva en el dial 750 am. Pero al aire a través de Internet), las incidencias de la pelea por el título welter entre el puertorriqueño Pedro Malavé, conocido en los medios deportivos como Pete Martín, y el norteamericano Tommy White, el Gato Salvaje de Arizona.

     Un mes más tarde, el domingo 26 de abril, Ballesté narraría por primera vez en el país, también por la Broadcasting Caracas, los acontecimientos de un emocionante juego de pelota de primera división, entre los “Eternos rivales”, Royal Criollos y Magallanes, desde la entonces mezquita del beisbol, el estadio San Agustín.

     Ballesté fue igualmente el primero que, junto con Miguel Alcides Toro, narró desde el exterior un combate de boxeo para Venezuela.

     El viernes 22 de diciembre de 1939, se transmitió en vivo por Radio Caracas Radio, desde el Madison Square Garden de Nueva York, la pelea entre el venezolano Simón Chávez (El Pollo de la Palmita), quien perdió por decisión, y el norteamericano Pete Scalzo.

     Esa fue la primera vez también en la que un venezolano peleó en el histórico coso neoyorkino y la primera transmisión radial, en vivo, desde el exterior para nuestro país, de un evento deportivo. 

     Ballesté nació en Caracas en 1907 y falleció en Nueva York, tras caerse de un caballo, en 1946. Su padre, de igual nombre, fue un conocido comerciante cubano, fundador del Automóvil Touring Club de Venezuela, en 1913.

El Nuevo Circo de Caracas, fue el escenario desde donde se transmitió por radio, por primera vez en el país, un evento deportivo. Ese día, se enfrentaron el puertorriqueño Pete Martín y el norteamericano Tommy White
El Nuevo Circo de Caracas, fue el escenario desde donde se transmitió por radio, por primera vez en el país, un evento deportivo. Ese día, se enfrentaron el puertorriqueño Pete Martín y el norteamericano Tommy White
La primera emisora radial de Venezuela fue AYRE, fundada en 1926, pero la primera que transmitió un evento deportivo fue la Broadcasting Caracas (Radio Caracas Radio RCR)
La primera emisora radial de Venezuela fue AYRE, fundada en 1926, pero la primera que transmitió un evento deportivo fue la Broadcasting Caracas (Radio Caracas Radio RCR)

Una tarde histórica

     La prensa de la época recogió este histórico acontecimiento, acaecido apenas cinco años después de la puesta al aire de la primera emisora de radio del país: AYRE (1926). El lunes 23 de marzo de 1931, El Nuevo Diario relató el evento de la siguiente manera:

     “Qué soberbio aspecto presentaba nuestro estadio pugilístico en la tarde de ayer (…) Todos los detalles de un coliseo norteamericano: lleno completo (…), mucho ajetreo en las apuestas; lentes cinematográficos por distintos sitios; la voz sonora del señor Ballesté, hijo, speaker de la Broadcasting Caracas, transmitiendo el curso de la pelea (…), un éxito completo para la Radio”.

     El periodista Juan Antillano Valarino (AVJota) también se hizo eco de tan magno acontecimiento, desde las páginas del diario El Heraldo, en la edición correspondiente al 23 de marzo, dijo que: “La Estación de Radio I.B.C. Broadcasting Caracas perifoneó de manera magistral a Puerto Rico y otras ciudades del exterior, las incidencias de la gran tarde de boxeo de ayer, la cual será de grata recordación para los anales del boxeo en Venezuela”.

     Sin duda, que este evento marcó un hito en la historia deportiva del país. Fue la primera transmisión directa y a su vez llevada en vivo al exterior. Como cosa curiosa, pero normal para entonces, dos peleadores extranjeros disputaban un campeonato venezolano.

     La victoria del nuevo campeón Tommy White se produjo tras diez encarnizados asaltos, donde él llevó la mejor parte, por lo que la Comisión de Boxeo del Distrito Federal, luego de leída las tarjetas, le entregó la faja que llevaba el escudo nacional, que fue besado por el norteamericano en gesto emocionado recogido por las cámaras cinematográficas que filmaron por primera vez para los cines de Venezuela un programa boxístico, el cual incluyó dos peleas preliminares, una entre José Rafael Cueche y el puertorriqueño Villa y el también boricua “Moralito” contra Luis Liscano, así como un combate de semifondo entre el español Franklin Martínez y el italiano Max Izane.

     Fue una velada deportiva que pasó a la historia, y que jamás deberá ser olvidada.

El siniestro que conmovió a Caracas

El siniestro que conmovió a Caracas

La noche del diez de junio de 1927 un incendio seguido de tremenda explosión, estremeció el centro de la ciudad, el casco de lo que todavía era un apacible poblado, y ese suceso causó conmoción en todo el país. El siniestro tuvo lugar entre las esquinas de Sociedad y Traposos, a una cuadra de la Plaza Bolívar, y se produjo en los Almacenes de Quincalla y Ferretería de los señores Eduardo y Antonio Santana A., resultandos dañados otros establecimientos comerciales contiguos, muertas algunas personas y lesionadas muchas más. Entonces no existía un cuerpo de bomberos. Los incendios eran atendidos por la policía, que guardaba en su sede un viejo camión cisterna llamado “La Benemérita”.

Por Raúl S. Esteves

Una de las primeras víctimas fue el oficial de la policía, Víctor Ramón Pérez, quien falleció por contusiones y quemaduras
Una de las primeras víctimas fue el oficial de la policía, Víctor Ramón Pérez, quien falleció por contusiones y quemaduras

La urbe de entonces

     “Caracas era entonces una urbe de ambiente muy sosegado. Sus calles eran angostas, los edificios no sobresalían con altura mayores a los 4 pisos y el tránsito automotor iniciaba tímidamente el desplazamiento del que era movido por tracción animal. El tranvía eléctrico apareció como una conquista moderna y los automóviles de lujo no costaban más de cuatro mil bolívares.

     Los diarios de aquel día, escuálidos de avisos y atiborrados de artículos y de comentarios, traían unas cuantas noticias que debieron ser de mucho interés: Laureano Vallenilla Lanz, director del periódico oficial “El Nuevo Diario”, viajaba hacia Europa con pasaporte diplomático en el vapor inglés “Toloa” y fue objeto de un magnífico recibimiento por la plana directiva del “Diario de la Marina”, cuando el buque hizo escala en La Habana. El pintor Rafael Monasterios exponía obras suyas en los jardines del Club Venezuela y prorrogó la muestra hasta el día diecinueve. La Agencia de Lotería “El Sol” anunció que había dado el tercer premio con el número 7088, y el aviso lo firmaba el propietario de la agencia, señor Alberto Fontes.

     El presbítero Salvador Montes de Oca había sido elegido Obispo de Valencia; sesionaban el Congreso Nacional y el Concejo Municipal. En lo internacional, Albania había roto relaciones con Yugoslavia.

     Gómez estaba en el poder.

     Era viernes y buena parte de los habitantes de Caracas plenaban, para matar el nocturno aburrimiento, las tres más importantes salas de exhibición cinematográfica. Quienes habían ido al “Rialto” veían “Casado y con Suegra”, y “El Doctor Jack”, con Harold Lloyd como el protagonista principal. En el “Ayacucho” proyectaban ̶ Noche Extraordinaria de Gala ̶ una cinta con Norma Talmadge y Eugene O’Brien, titulada “La Princesa de Granstark”, y los asistentes a la sala del “Rívoli” pasaban un rato entretenido con “El Boticario Rural, de W. C. Field y Luise Brooks, cuyas actuaciones humorísticas estaban de moda en el ambiente cinematográfico. Con todo y esos excelentes programas de cine, el precio de las entradas oscilaba entre real y medio y cinco bolívares.

     Policías armados con rolos que sus manos inquietas convertían en objetos volátiles, agentes del orden con negros morriones sobre sus cabezas, cumplían turnos de ronda por el centro comercial de la ciudad. A intervalos pasaba un coche, trepidaba un tranvía que “iba a guardar” o cruzaba una limousine de ronroneante motor que a esa hora y por aquella zona, no podía “correr a sesenta”, a menos que tuviera sobre sus placas el leoncito gomero que era símbolo de poder.

 

La voz de alarma

     Poco después de las diez un “número” llegó a su cuartel policial que estaba entre las esquinas de Monjas a San Francisco, y con voz jadeante, dio la voz de alarma: ̶ De Sociedad a Traposos hay un gran incendio!!

     Dice uno de los cronistas periodísticos que “se inició activamente la lucha contra el fuego, acudiendo en el acto un fuerte contingente del cuerpo de seguridad, a cuyo frente estuvieron atendiendo el salvamento, el señor gobernador del Distrito Federal, su secretario general, su secretario privado, el señor prefecto del Departamento, el coronel Pedro l. García, jefe de la policía, el jefe civil de Catedral y otras personalidades y funcionarios públicos. . .”.

     Asegura el cronista que ya estaba al cabo de heroicos esfuerzos, localizado el fuego en el almacén de la ferretería y poco faltaba para dar fin a la ardua tarea de extinguirlo, cuando una formidable explosión causó la mayor catástrofe, ocasionando varias víctimas, al tiempo que avivaba las llamas. La lucha contra el voraz elemento tuvo que ser intensificada, hasta convertirse en una tarea titánica que conllevó al no menos terrible del salvamento de las víctimas.

 

Muertos y heridos

     Dice igualmente la información periodística que durante aquella dolorosa circunstancia fueron recogidos en el primer momento dos cadáveres. Llevados al Hospital Vargas quedó identificado uno de ellos como de Don José de la Torre, distinguido y honorable elemento de la colonia española, dueño de la Confitería “Venezuela”, instalada en la esquina de Las Madrices. Este señor, al tener conocimiento de lo que sucedía, había salido de su negocio y cuando cruzaba la calle cerca de la esquina de Los Traposos, se produjo la explosión y recibió de lleno un pesado artefacto metálico que le ocasionó espantosa herida en la parte posterior del cráneo, con pérdida de masa encefálica.

     El otro cadáver fue el de un agente de apellido Solórzano, chapa número 274, quien cumplía labores de salvamento y pereció al ser sepultado por una pared caída casi a la entrada misma del local incendiado. En el Hospital Vargas fueron recibidos más de treinta heridos, algunos de gravedad y casi todos quedaron bajo vigilancia médica. Era la inicial remesa de un lamentable saldo dejado por la destructora fuerza producida quizá por la chispa de un corto circuito.

     Entre los primeros heridos y contusos que fueron conducidos al centro asistencial situado en la parroquia San José, estuvieron Juan López A., alto empleado de la Casa Santana, quien presentó fractura en un brazo y heridas en el cuello; José Pacheco, empleado de la Sanidad; Marcos Sergio Navarro, policía N° 20, y Luis Mendoza. Quedaron hospitalizadas diecinueve personas.

Interior del comercio donde se inició el incendio que conmovió a Caracas, en 1927
Interior del comercio donde se inició el incendio que conmovió a Caracas, en 1927

     Recibieron atención médica y pudieron regresar, Mauricio Sajourné, caballero francés que era empleado del Teatro Ayacucho. Este señor fue auxiliado por Elías Bernard, redactor de

     “El Nuevo Diario”, y conducido en un auto hasta el Hospital Vargas, donde también habían recibido atención médica Francisco Bertorelli, repórter del mismo periódico; Gustavo Moreno Hidalgo, empleado de la Imprenta Nacional; Luis Hernández Gómez, empleado de la Jefatura de Catedral y el oficial de policía Luis Puig Ros.

     En clínicas particulares fueron curados algunos de los que recibieron lesiones, entre ellos, el señor Roberto Santana, factor importante de la firma que resultó ser la más seriamente afectada.

     Dice una crónica que “. . . el señor ministro de Relaciones Interiores, doctor Pedro Manuel Arcaya, se trasladó al Hospital Vargas para conocer personalmente del estado de los heridos que recibían atención de internos y externos de ese instituto convocados de urgencia, los cuales cumplieron gran actividad. El Dr. López Viloria, Inspector de los Hospitales, dirigió el auxilio en los diferentes salones, acompañado por el doctor Toledo Trujillo, y también el Padre García, Capellán del Hospital, prestó solícitos cuidados a los lesionados.

     En las primeras horas de la noche falleció en la clínica del doctor Virgilio González Lugo el caballero alemán Hans Günter Strack, joven llegado de Hamburgo días antes para perfeccionar sus estudios del idioma español y desempeñaba labores como empleado de la empresa Lünning y Cía, una de las que resultó afectada. Hans murió como consecuencia de fuertes contusiones generalizadas y quemaduras sufridas cuando colaboraba en las labores de extinción del fuego. También murió al día siguiente en el Hospital Vargas, Pedro Vicente García, empleado de la Sanidad, de 23 años, natural de Barcelona.

     Se tenía la certeza de que entre los escombros había más cadáveres y por ello las comisiones de salvamento, incrementadas con la inclusión de colaboradores particulares, removían los despojos humeantes y buscaban entre otros, los cuerpos sin vida de un peón de Sanidad que manejaba una bomba de agua junto con el agente de policía N° 274, Solórzano, ingresado muerto al Hospital Vargas poco antes. El peón desaparecido era Modesto Rodríguez, natural de Barquisimeto, de quien se dijo había sido visto cuando caía bajo el peso de una pared, junto con los agentes policiales Carlos José Rojas, N° 25, y Víctor R. Páez, N° 217.

     Los señores Mauricio Sajourné y José María Sanglade, amigos de Roberto Santana, ayudaban a este último en el rescate de algunos objetos de valor, cuando se produjo la explosión. Quedaron prácticamente enterrados por escombros de aproximadamente cuatro metros de altura y afortunadamente fueron sacados a tiempo. El señor Sajourné, pese a que estaba herido, ayudó a salir a Sanglade, quien se encontraba casi asfixiado.

     También recibieron atención médica en el Vargas, José Manuel Kiensler, agente N° 280; Cecilio Oropeza, obrero del Aseo Urbano; José Pacheco, obrero de Sanidad; Luis Mendoza; Víctor M. Abad, agente N° 23; Adán Flores, agente N° 151; Marcos Sergio Navarro. Agente N° 20; Froilán Hernández, oficial de policía; Pedro Vicente García, obrero de Sanidad, quien murió; Marcos Maraoquín, Jesús María Ascanio, Salvador Blanco, José Rafael López y siete lesionados más cuyos nombres no pudo conseguir el cronista.

     Víctor Araujo, un hombre del pueblo, carretillero, vecino de Caño Amarillo, encontró la muerte en el incendio. En el sitio de la tragedia fueron hallados posteriormente los cadáveres de un joven y de un niño, los cuales no pudieron ser identificados. El primero era como de dieciséis a veinte años y el otro, como de doce a catorce años. Respecto a este último, un cronista de “El Universal” que estuvo en el interior de la casa incendiada cuando se produjo la explosión ̶ y cuyo nombre no dan en la información del diario ̶, asegura que se trataba de un limpiabotas que no se sabe cómo se metió en el lugar y que él lo vio danzando entre objetos dispersos, poco antes del estallido.

     El señor Cristóbal Chitty, empleado de la casa Santana, resultó con aporreos y contusiones, al igual que el coronel P. Saines, jefe Civil de Candelaria; José Manuel Quiles, el coronel Gámez, el joven Alfredo Quintana Llamozas, Guillermo Anderson, empleado del Banco de Venezuela; Pedro Jam, Rafael Cosmos, Daniel Albornoz, oficial de policía, Ramón Luigi, Gustavo Moreno, Cecilio Terife, Luis Hernández Gómez, secretario de la Jefatura Civil de Catedral y el maestro Carlos Bonett.

 

Trágica muerte de dos hermanitas de la caridad

     Un hecho que causó profunda consternación fue el de las muertes, en horribles circunstancias, de dos hermanitas de la caridad pertenecientes a la congregación que atendía el colegio para niñas Santa Rosa de Lima, instalado en una casa situada de Camejo a Colón, cuyo fondo era contiguo a la Casa Santana.

     Sor Josefina de la Madre de Dios, de treinta y seis años, llamada Naqueda Ruiz en la vida privada, y Sor Concepción de Santa Rosa de Lima, (Itos Dona E.), de treinta y siete años, ambas nacidas en Granada, España, ponían a salvo bordados, libros y vestidos de las alumnas cuando se vinieron abajo las paredes y quedaron sepultadas. Sus cadáveres fueron extraídos a las once y cuarto de la mañana, el día siguiente.

La noche del diez de junio de 1927, un incendio seguido de tremenda explosión, estremeció el centro de la ciudad
La noche del diez de junio de 1927, un incendio seguido de tremenda explosión, estremeció el centro de la ciudad

Establecimientos dañados

     Las firmas comerciales que sufrieron daños de mayor consideración fueron: Eduardo Santana Sucs., Almacén de Drogas de Lünning y Cía.; Agencia de Billetes La Estrella Roja, Lucca e Hijos, Sombrerería Musso, Papelería García, Quincalla “La Japonesa”, Tipografía Moderna, de C. Terife; Royal Bank of Canadá, Papelería Ray, Fotografía Balda, Santana y Cía. Sucs., Mueblería Padrón, Salón de Ventas del Radio, Sastrería Solaguier, Zapatería El Águila.

     Pasó apreciable tiempo antes de que pudiera ser estimado el monto de las pérdidas, pero se calculó que las mismas fueron superiores a varios millares de bolívares. Muchas de las firmas afectadas tenían póliza de seguro.

     Los daños pueden ser apreciados solo con decir que la explosión fue sentida hasta en los más apartados lugares de la ciudad. Un gran depósito de ácido se estrelló contra una pared en la cuadra entre Cruz Verde y Zamuro, y varios fragmentos cayeron en casas situadas de Maderero a Miranda. 

     Los vitrales del templo de Santa Teresa resultaron rotos y el reloj de la casa Pádula, ubicada entre Gradillas y Sociedad, quedó inmovilizado. Otros establecimientos afectados fueron la Joyería Americana, el Avio del Sastre, la Casa J. M. Correa y El Escándalo.

     Una tijera quedó clavada del aviso de la Joyería Americana, en tanto que en las azoteas del teatro Ayacucho y de la Sastrería Cubría, se produjeron incendios por la caída de pedazos de materias diversas todavía en llamas.

     El costo de la mercancía que fue destruida quedó estimado en unos cinco millones de bolívares, y la fuerza explosiva se dice que desplazó una potencia de doscientas atmósferas, contándose que no fue mayor debido a que las cuadrillas de salvamento habían sacado poco antes trece cuñetes de pólvora.

     El Dr. Elías Rodríguez había dejado estacionado su auto frente a la Universidad, en la Plaza de la ley, y vidrios caídos sobre la capota del mismo, la dejaron inservible.

     A las cuatro de la tarde del día siguiente fue sacada la caja fuerte de la Casa Santana y en otra de caudales perteneciente a una empresa vecina, fueron encontradas varias morocotas fundidas.

     El doctor Chacín Itriago, director de Salud Nacional, estaba en Maracay. Recibió la noticia del siniestro a las once de la noche, poco antes de las dos de la mañana ya había llegado a Caracas.

     Un fuerte destacamento de la Guarnición de Caracas formó, después de la explosión, un cordón de aislamiento alrededor de la manzana. Esa fuerza estaba comandada por el general Eleazar López Contreras, quien era jefe de dicha Guarnición.

     Un contingente al mando del general Rafael María Velasco, gobernador del Distrito Federal, junto con sesenta obreros de Sanidad, bajo la dirección de los coroneles Joaquín Espejo, jefe de la Desinfección; C. Casanova, jefe del Drenaje, y Enrique Cabeza, colaboraron en las labores de búsqueda entre los escombros.

 

Duelo general

     La Cámara de Diputados, la Iglesia y todas las instituciones públicas y privadas, decretaron duelos y los espectáculos fueron suspendidos, incluypendose las retretas de la Plaza Bolívar.

     Lee Lowa, una actriz que se presentaba en Caracas, sugirió que se hiciese una colecta pública en favor de los damnificados sin recursos económicos y pocos días después ya se había recogido una suma superior a los treinta mil bolívares.

   Casas distribuidoras de productos, tales como bombas para extinción de incendios, cajas fuertes y vidrios de seguridad, publicaron avisos en los diarios, haciendo referencia a lo ocurrido, y sacaban partido publicitario a la mercancía que ponían a la disposición de los comerciantes, “para que se previniesen”

 

Después del incendio ¡¡Asegurarse!!

     El origen del incendio no quedó esclarecido, pero el de la tremenda explosión, sí: en el depósito de la Casa Santana había una gran cantidad de pólvora asignada a la sección de objetos de cacería y, según una crónica publicada en “El Universal”, ello no estaba del todo de acuerdo con la ley.

     Lo cierto es que poco después el señor Roberto Santana contrajo matrimonio con Belén Gómez, hija del Benemérito. La gracia popular innata en el caraqueño, sacó partido a ese hecho social con dicho que circuló profusamente en la ciudad: -Después del incendio, ¡¡hay que asegurarse!!

 

Casa con historia

     El inmueble donde estuvo la casa comercial de los Santana había pertenecido al prócer José Félix Ribas y años antes también había sido destruida por un incendio cuando allí operaba la firma de Juan Benzo”.

FUENTES CONSULTADAS

  • Esteves, Raúl S. El Incendio de la casa Santana. Elite. Caracas, 28 de mayo de 1966

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