Boletín – Volumen 101

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Boletín – Volumen 101

Sinopsis

Por: Dr. Jorge Bracho

     Número correspondiente al primer día de abril de 1922 que proporciona información relacionada con “Situación mercantil” (Pp. 1489-1492), en que se advierte cierta recuperación de las llamadas mercancías seca, “demuestra que la necesidad de abastecerse mueve”. Le sigue, “El cable en Maracaibo” en que la Cámara de comercio protesta ante el mal funcionamiento del cable francés. “La comunicación radiotelegráfica de Caracas con el exterior” (P. 1492) cuyo costo era de 2,65 bolívares por palabra y la puesta a disposición del servicio en la isla de San Martín. En “Los bancos venezolanos y los de Chile” (Pp.1492-1495) en que su autor, Francisco Rivas Vicuña, embajador de Chile en Venezuela, comparó dos bancos de Chile con los dos de Venezuela.

     “Del informe de la dirección del Banco de Venezuela a la Asamblea General Ordinaria de 13 de marzo de 1922” (Pp. 1495-1499), donde se hace referencia a la crisis que atravesaba el país desde 1920 a raíz de la caída de los precios del café. De seguida, “La utilización del ázoe atmosférico y el problema de la fertilización agraria” (Pp. 1499-1501), en donde se hace referencia a la fertilización de la tierra por medios químicos y con ellos una mayor producción en el mundo y redactado por R. Lomónaco.

Boletín 92

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     A continuación, “Sobre minas del estado Mérida” (Pp. 1501-1502) en el que se estampó: “es entre los de la república uno de los más ricos en minas”. De ellas se destacó las de oro, esmeraldas y petróleo. Entre las carillas 1502 y 1512 se editó un escrito resultado de una expedición realizada por el inglés Hamilton Rice, entre septiembre de 1919 y abril de 1920, “El río Negro, el Canal de Casiquiare y el Alto Orinoco”.

     A continuación, se incluyó un informe elaborado por David H. Sutherland y presentado a la dirección de la British Controlled Oilfield con sede en Londres, entre la que destaca los estudios realizados en terrenos de Buchivacoa, en “La industria del petróleo en Venezuela” (Pp. 1512-1513). Luego se insertó “Circulación de oro en Inglaterra” (Pp. 1513-1514) en la que se hace saber que en este país insular había la intención de permitir el intercambio del oro sin restricciones, mediante la circulación de monedas de oro.

     Entre las carillas 1514 y 1526 se presenta la continuación del trabajo preparado por el historiador estadounidense, C. H. Haring, el capítulo IX: “Galeones y flotas” correspondiente a la segunda parte de su obra El comercio y la navegación entre España y las Indias en época de los Habsburgo.

     En “Sección de correspondencia” (P. 1526) se informa acerca de propuestas de intercambios comerciales desde Londres, Magdeburgo y Piraeus. Luego, los cuadros “Exportación de cacao por La Guaira en 1921”, “Tipos de cambio en Caracas en marzo de 1922, “Cuadro comparativo del comercio de cacao en Nueva York en los seis últimos años”, “Comercio de café en Maracaibo en febrero de 1922”, “Café y cacao exportados por La Guaira en febrero de 1922”, “Valores de las Bolsas de Caracas y Maracaibo en marzo de 1922”, “Precios de productos en diversos lugares de Venezuela en febrero de 1922”. En la página 1532 se insertó “La situación en Barcelona, Apure y Tucupita”, en que se informa la crisis mercantil generalizada en Anzoátegui, al igual de lo que sucedía en Apure y en Tucupita. La crisis giraba alrededor de la restricción del mercado con respecto al ganado y del maíz y del cacao.

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Boletín – Volumen 186

Nuevos miembros de la Cámara.

Boletín – Volumen 175

´La Estrella de Panamá´ y una aserción calumniosa” en referencia a una acusación por falsificación de billetes contra venezolanos.

Boletín – Volumen 113

En primer lugar, “Situación mercantil” donde se lee: “En marzo hubo alguna animación comercial; nos referimos especialmente al ramo de telas.

Interioridades del “Barcelonazo”

Interioridades del “Barcelonazo”

Por Víctor Manuel Reinoso

     “Cuatro años después del “Barcelonazo”, en 1965, los presos continuaban defendiéndose de los 30 años de cárcel que ha pedido el fiscal militar. En el cuartel de Barcelona, el 26 de junio de 1961, murieron 18 personas, pero la justicia militar no se ha interesado por establecer quién los mató. Los abogados dicen que los jefes máximos de ese movimiento fracasado están en libertad. Vivas Ramírez y Massó Perdomo son los oficiales retirados a quienes les han sumado varios expedientes. El “Barcelonazo” fracasó porque el gobierno comenzó a detener a los implicados el 30 de mayo de ese año.

     El 26 de junio fue sábado. Para un centenar de venezolanos fue el aniversario de algo triste. Como ya es costumbre, un grupo de familiares y amigos acudieron a un funeral en memoria de Tony Pérez. Ese día se cumplieron cuatro años de su muerte. Pero Tony Pérez fue solo uno de los 18 muertos del “Barcelonazo”.

     Del “Barcelonazo”se ha escrito bastante. El golpe que tuvo por escenario el cuartel “Pedro María Freites” de Barcelona, se produjo el lunes 26 de junio de 1961. Ese amanecer, y por 6 horas, los insurrectos fueron los dueños de la situación en la capital de Anzoátegui. Pero más tarde todo se acabó.   Los conjurados habían soñado con que Cumaná, Maturín, Ciudad Bolívar, La Guaira, Maracay, Valencia y Maracaibo respaldarían el golpe que terminaría con el régimen de Betancourt.

     Y eso fue lo que no sucedió.

El comandante Oscar Tamayo Suárez, sindicado de ser el jefe del “Barcelonazo”, nunca fue hecho prisionero

El comandante Oscar Tamayo Suárez, sindicado de ser el jefe del “Barcelonazo”, nunca fue hecho prisionero.

     Cerca de las nueve de la mañana, cuando, los oficiales que habían estado con los alzados se dieron vuelta hacia el gobierno, sobrevino una matanza en el patio del Cuartel Freites. Dieciocho hombres que se habían sumado al golpe fueron masacrados dentro del cuartel. Todos eran civiles. Quienes dispararon contra ellos fueron los soldados. Cuatro años después, los, protagonistas de esa intentona, siguen presos. En el Consejo de Guerra han pedido para ellos 30 años de prisión, mientras uno de los oficiales, considerado como uno de los jefes del alzamiento, fue puesto en libertad. El Mayor Vivas Ramírez y el Capitán Massó Perdomo, quienes tomaron el cuartel de Barcelona, están en el Cuartel San Carlos. Sus juicios, actualmente, están en la evacuación de pruebas. Y mientras los abogados esperan que haya un sobreseimiento general, los expedientes se llenan de alegatos. Los pocos que han salido en libertad se niegan a contar su participación en el “Barcelonazo”.

     Los mismos urredistas, que en junio de 1961 fueron sindicados de estar aliados con los insurrectos, a esta altura tampoco quieren hablar del asunto porque pertenecen a la Ancha Base.

     El “Barcelonazo”, sin embargo, tiene sus novedades, a pesar del tiempo que ha transcurrido. Sus organizadores lo planearon tanto o más que el golpe del 20 de abril del 60, abortado en San Cristóbal, tanto o más que el atentado del 24 de junio del 60, que estuvo a punto de mandar a Betancourt al cementerio.

     ¿Por qué el “Barcelonazo” se acabó apenas comenzó el día?

     La respuesta es simple.

     Porque el gobierno esperaba ese golpe. Sus servicios policiales habían comenzado a dar caza a los conspiradores con un mes de anticipación.

     Los venezolanos fueron despertados el lunes 26 de junio de 1961 con la noticia de que un grupo de Oficiales había tomado el Cuartel Freites de Barcelona. Pero mientras la ciudadanía se quedaba esperando noticias, el gobierno ya sabía quiénes eran sus protagonistas y solo faltaba por saber cómo iban a terminar.

     Después de la intentona del general Castro León en San Cristóbal y del atentado de “Los Próceres”, el gobierno de Betancourt no había perdido de vista a un grupo de oficiales y civiles. Entre los oficiales estaba el teniente coronel Oscar Tamayo Suárez, todo un personaje en la época de Pérez Jiménez. Cuando Tamayo entró a Venezuela para intervenir en el golpe fijado para el año 61, los servicios secretos del gobierno no tardaron en saberlo.

     Y el 30 de mayo de 1961, cuando un grupo de opositores se aprestaban a reunirse en un apartamento del “23 de Enero”, el SIFA comenzaba los allanamientos. A las 5,30 de la tarde de ese 30 de mayo, una comisión de esta Policía Militar se dirigió al bloque 24 del “23 de Enero” y allanó en seguida el apartamento 615 de la letra B, detuvo a un grupo de personas cuyos nombres se pasaron a expedientes, y decomisaron 4 subametralladoras M-2 calibre 30 y una carabina M-1 calibre 30. Uno de los detenidos alcanzó a lanzar una pistola por una ventana. Virgilio Carrera Aray, a cuyo nombre estaba ese apartamento, fue detenido poco después, cuando llegaba a él y dijo que se lo había dado prestado a Juan Bautista Rojas sin saber que lo utilizaria en reuniones secretas.

     El SIFA estaba bien dateado. Sabía que en esa reunión iban a detener a Adolfo Meinhart Lares, un civil que había entrado clandestinamente al país en diciembre del 60. Juan Bautista Rojas declararía después que a esa reunión acudiría el Mayor (R) Vivas Ramírez, fugitivo del 7 de septiembre del 58; el Capitán Massó Perdomo, a quien Pérez Jiménez había hecho preso el 1° de enero del 58 y el Teniente Hugo Barillas. Rojas se había encargado de llevar esas armas al apartamento para que sus amigos se protegieran. Y el mismo Rojas se iba a encargar de llevar a esta gente a la reunión. ¿Por qué el SIFA no lo detuvo esa misma tarde? Porque Rojas, “Rojitas”, que también se hacía llamar “Cruz”, tenía un aparato de radio que sintonizaba las radios de la Digepol y del SIFA. Cuando ya iba a salir en busca de sus jefes en un Volkswagen negro, escuchó que el apartamento 615 estaba siendo allanado. Rojas y los invitados especiales pasaron un rato después no lejos del sitio del allanamiento y solo se devolvieron cuando se convencieron que habían sido delatados por alguien.

     Allí mismo la policía comenzó a llenarse de nombres y después, cuando la mayoría de ellos ya estuvieron presos, les cargarían 16 atentados terroristas.

     El mismo 30 de mayo, por la noche,después de interrogar a los primeros detenidos, otra comisión del SIFA salió hacia la calle Bolivia, de los Flores de Catia, y allanó la quinta “Carolina”, donde encontró un lote de armas, comenzando por 5 subametralladoras, 8 rifles, 13 fusiles, varias escopetas, 6 cajas de dinamita y proyectiles. Entre la lista presentada por la comisión también aparecieron 50 uniformes de la Guardia Nacional , cizallas y documentos. El propietario de esta casa, Luis Coello Ron, declararía después que él le había arrendado su quinta a Rojas.

El capitán retirado Masso Perdomo cuando salía hacia el exilio. Es el del maletín, a quien abraza su madre, y avanza rodeado de policías

El capitán retirado Masso Perdomo cuando salía hacia el exilio. Es el del maletín, a quien abraza su madre, y avanza rodeado de policías.

     Pero la cacería de enemigos del régimen seguía. El 9 de junio del 61, gracias a la información de los detenidos y los papeles encontrados en los allanamientos, fue la Digepol la que se dirigió en la noche hacia la Plaza Altamira con el propósito de allanar el pent-house del edificio “Cadora”, donde habían tenido noticias de que podían encontrar escondido a Tamayo Suárez. Pero en el pent-house de Luis Alfonso Osorio no encontraron al ex-Comandante de la Guardia Nacional. La comisión de la Digepol, de la cual formaba parte su propio director, Santos Gómez, bajó entonces por las escaleras tratando de dar con el fugitivo. Ya estaban en el segundo píso sin encontrar a nadie, cuando vieron una maleta abandonada en el pasillo del edificio. La revisaron enseguida y encontraron una serie de papeles que iban a proporcionar otras pistas, una subametralladora Mudsen y una pistola Browning.

     ¿Por dónde había escapado Tamayo Suárez?

     La policía lo vino a saber mucho después: el Comandante Tamayo había bajado por un ascensor interno.

     Pero la Digepol no había terminado su tarea esa noche del 9 de junio del 61. Después de abandonar el edificio “Cadora” con una maleta, la comisión se dirigió hacia La Pastora y allanó la casa N° 197, ubicada entre Santa Ana y San Pascual. Allí fueron detenidos Juan Bautista Rojas y Noel Flaviano Ayala Bocaranda. Debajo de un colchón, los policías dijeron haber hallado dos subametralladoras, y en la maleta, 5 revólveres, una pistola y dos granadas.

     Después de esto, la policía perdió el rastro de los cosnpiradores.

     Pero el golpe ya estaba casi debelado. “Rojitas”, acusado de ser el encargado de ganar civiles para el golpe y de reunir las armas que los oficiales retirados conseguían en distintas dependencias del ejército, había sido detenido. Tamayo Suárez seguía en libertad, pero la gente partidaria de un golpe no lo aceptaba como cabecilla. Cuando en junio se reunió con algunos conjurados en los Palos Grandes, éstos le dijeron que lo mejor que podía hacer era salir del país. Entre los que le dijeron eso estaba Luis Nouel, quien había entrado en marzo al país, y los capitanes Sánchez Mogollón y Massó Perdomo.

     Pero Tamayo Suárez no salió del país sino un mes y 7 días después del “Barcelonazo”.
Gustavo Adolfo Chirinos González, otro de los indiciados por el “Barcelonazo”, declaró en agosto del 61, cuando fue detenido, que unas 2 semanas antes de lo de Barcelona había sido llamado por, Luis Nouel, citándolo para el apartamento 52 de las Residencias “Mónaco”, frente a Televisa. Chirinos dice que se sorprendió porque no sabía que Nouel estuviera en el país. “Estando yo en el mencionado apartamento me dijo que se avecinaba un movimiento muy grande. . .” El día 25 de junio, Nouel lo citó para el mismo apartamento y a las 11 de la noche le dijo que el movimiento era esa noche. Poco después llegó allí Adolfo Meinhardt con el “Loco Altuve”: “Como a las 12 de la noche me dijeron que yo era el candidato para manejarles un carro, ya que se iban a ir en un convoy para Barcelona”. Chirinos aceptó. Pero un par de horas después llamaban a Meinhardt Lares para decirle que el movimiento había fracasado. La aviación ya no podría sobrevolar Caracas al amanecer del lunes 26, como se había previsto. Meinhardt, cuando fue interrogado, agregaría que la señal definitiva la iba a dar el lunes 26 de junio, entre 5 y media y 6 de la mañana, el Teniente Coronel Martín Parada, cuando pasara en un vuelo rasante sobre Caracas en un B-25.

     ¿Es verdad todo esto?

     El comandante Parada ha declarado que todo este plan jamás existió. Pero los demás dicen que la toma de Maiquetía fracasó y la autopista fue cerrada. Tamayo Suárez, rechazado por muchos oficiales andinos, la noche del golpe se hallaba en Maturín. Su papel era tomar ese cuartel, cuyo Comandante esa noche, quebrantado, dormía en su casa. Pero Tamayo creyó que se trataba de una emboscada y prefirió no hacer nada. Por la mañana, cuando escuchó que en Barquisimeto sí habían tomado el cuartel, trató de llegar hasta allí, pero en el camino ya recibía la noticia por radio de que el golpe era un completo fracaso. Torció el rumbo y logró, una vez más, salvarse de la policía.

     Solo en Barcelona las cosas resultaron bien. Pero no por mucho tiempo.

     El mayor Fidel Parra Rodríguez, comandante del cuartel “Pedro María Freites”, había celebrado el 24 de junio, Día del Ejército, en compañía de sus soldados y las autoridades locales. Como el cuartel carecía de vajilla consiguió una con el capitán Tesalio Murillo, que vivía cerca del cuartel y acababa de volver de Caracas, donde hacía un curso para ser ascendido a Mayor el 5 de julio.

     Eso fue un sábado. Por la noche hubo una velada. Pero el mayor Parra salió en la mañana del domingo para Caracas porque la tarde del sábado había recibido un telegrama, donde le ordenaban que compareciera a Caracas, donde lo condecorarían con la Cruz de las Fuerzas Terrestres.

     Por eso, al mediodía del domingo 25, cuando el Mayor (R) Luis Alberto Vivas Ramírez y el Capitán (R) Rubén Massó Perdomo llegaron a Barcelona, tenían el campo libre. Pronto se reunieron con el Capitán Tesalio Murillo, a quien habían visto en Caracas. La reunión fue en las afueras de Barcelona, en una propiedad de los hermanos Mayor Meneses, cuñados del Capitán Murillo, ex comandante de la guarnición militar de Barcelona.

     El capitán Murillo entró en el Cuartel “Freites” a las 7,30 de la tarde del domingo 25 de junio de 1961. Salió y regresó 15 minutos después, acompañado por dos civiles. Al Subteniente Ramón Carrasquel se los presentó como primos. La tropa se entretuvo viendo una película. Después que terminó, Murillo le dijo a Carrasquel que mandara a buscar a los oficiales que estaban fuera. Carrasquel preguntó para qué. Murillo no le dio razones. Antes de que llegaran los oficiales, se presentaron unos civiles y el Capitán Murrillo, y de acuerdo con la versión de Carrasquel, los hizo pasar al Casino de Oficiales. Cuando todos los oficiales, a excepción del Subteniente Carlos Prato Martínez, estuvieron presentes, el capitán Murillo les explicó que se iban a dar un golpe militar que tenía comprometidos en varias ciudades. A ellos, los oficiales, les quedaban 3 caminos: unirse a los alzados, mantenerse neutrales o ir contra ellos. A uno de los civiles que lo acompañaban lo presentó como el Capitán Rubén Massó Perdomo. El otro era Ernesto Azpúrua. Después de esa reunión cada suboficial se fue a su habitación, vigilado por civiles. A las 3 de la madrugada del lunes 26 los subtenientes fueron despertados. El capitán Murillo arengó a la tropa y a los suboficiales les dio diversas comisiones: al Subteniente Luis Branchi Rodríguez ordenó que se encargara de la defensa circular del cuartel; al Subteniente Emilio Arévalo Braasch, que tomara el Aeropuerto; al Subteniente José Benito Querales, que fuera al cruce de Lechería; y al Subteniente Eleazar Flores León le ordenó que fuera a la ciudad y tomara la Digepol, la PTJ y la Policía Municipal.

Comandante (R) Martín Parada: en el expediente del “Barcelonazo” han declarado que él debía dar la señal sobrevolando Caracas al amanecer del 26 de junio de 1961

Comandante (R) Martín Parada: en el expediente del “Barcelonazo” han declarado que él debía dar la señal sobrevolando Caracas al amanecer del 26 de junio de 1961.

     De acuerdo con las declaraciones de Carrasquel, antes de que estas comisiones salieran ya habían comenzado a entrar civiles que fueron provistos de uniformes y armas. El Mayor Vivas Ramírez, de uniforme y ametralladora, entró a las 5.15 con el Capitán Enrique Olaizola; se hizo cargo del Comando mientras las patrullas salían a tomar lugares claves y a detener a personajes locales. Solórzano Bruce era el Gobernador. Poco después de las 5, en su residencia de Lechería, en el camino a Puerto La Cruz, ya estaba detenido con sus 6 guardias. Pidió que lo dejaran en su dormitorio porque se hallaba enfermo. Sus captores habían cortado los alambres del teléfono, pero el Gobernador tenía su teléfono adentro. Llamó a Canache Mata pero éste no le contestó. Ya había sido detenido. Al no conseguir al Secretario de Gobierno, ubicó a Efraín Landa, Director de Relaciones Interiores. La radio “Barcelona” ya transmitía el manifiesto de los alzados. El Gobernador pudo llamar al Comandante de la Guarda Nacional de Puerto La Cruz. Este le habló de rescatarlo por la playa, con una lancha. Landa, después de dar la noticia a Caracas, se fue a la casa de su jefe, pero fue detenido. Pronto lo llevaron al cuartel con Solórzano, donde ya estaba Canache Mata.

     El subteniente Carrasquel declaró después que él, Brachi Rodríguez y Prato Martínez eran vigilados por los civiles armados, pero que en un momento de descuido le dijeron a la tropa que se colocaran de a dos junto a cada civil y de a 3 junto a cada oficial alzado para recapturar el cuartel al primer descuido. Mientras las radios daban noticias contradictorias, el Teniente Coronel Ramón Blanco González, jefe de la Proveeduría de oriente, salió hacia Lechería a comunicarles el asunto a los Subtenientes Querales y Arévalo.

     A las 8 de la mañana se estaba amontonando la gente frente a la casa de AD. Ya se decía que los aviones bombardearían el Cuartel y el destructor “Almirante Clemente” había recibido órdenes de acercarse a Puerto La Cruz.

     Un par de horas después cuando Murillo y Massó salieron a la calle, llegó el momento de volverse hacia el lado del Gobierno. El Capitán Olaizola fue el primero en ser detenido. El cabo Porfirio Trías Díaz hizo preso a Vivas Ramírez. Inmediatamente comenzaron los tiros. Todos los civiles, aunque uniformados, se distinguían por una insignia en el brazo. El Subteniente Luis Brachi Rodríguez, dijo en sus declaraciones: “Los civiles, al ver detenido al Mayor Vivas Ramírez, comenzaron a disparar. La tropa contestó el fuego, dominándolos, luego de causarles muchas bajas entre muertos y heridos”. Y Carrasquel no fue más explícito: “Aprovechando el momento en que los Capitanes Massó y Murillo salieron de este Cuartel, fue dada la voz de ¡Ya! Y apresados el Mayor Vivas Ramírez y el Capitán Olaizola, quien también había entrado a este Cuartel. A tiempo que esto ocurría hubo una descarga que dejó un saldo de varios muertos, pero lográndose recapturar el cuartel. Poco después apareció aquí el Subteniente Prato Martínez trayendo presos a los capitanes Murillo y Massó”.

     Lo curioso de ese instante, el más discutido del “Barcelonazo”, es que los civiles fueron los que comenzaron a disparar, pero ningún militar resultó herido. Los civiles, en cambio, cayeron como moscas. Allí murieronn 16 y solo 7 resultaron heridos. En la calle habían muerto otras dos personas . Así los muertos aumentaron an 18.

     Los prisioneros, entre los que estaban Solórzano, Canache y Landa, estaban en el corredor en el momento de la matanza y creyeron que no iban a salir con vida. Se arrojaron detrás de las vieja sillas. Landa resultó con una bala en el tórax. El Gobernador Solórzano dijo que encomendó su alma a Dios cuando alguien lo apuntó, pero entonces alguien gritó: “¡A ellos no, son los gobernadores!”

     Ese día fueron detenidos más de cien personas. Por la tarde, mientras los deudos lloraban a sus muertos, algunos con más de 20 balas en el cuerpo, los detenidos fueron trasladados a Caracas.

Las investigaciones siguieron. Se dijo que se investigaría quién había provocado la matazón del cuartel Freites, pero eso no se hizo.

     El 3 de agosto del 61 una comisión de la Digepol mandada por Octavio Corales acudió a la avenida Juan Bautista La Salle a allanar el apartamento 52 de las “Residencias Mónaco”. En la calle detuvieron a Gustavo Adolfo Chirinos y Sixto Gerardo Reiles Piñero, quienes, según la policía, le cambiaron placas a un Mercedes Benz en el que irían enseguida al Hospital Militar a rescatar unos prisioneros. Cuando subieron al apartamento del quinto piso detuvieron a Luis Emilio Nouel Alonso, a Thelmo Naranjo, estudiante dueño del apartamento; el Capitán Simón Sánchez Mogollón y al Sargento Técnico Víctor Colmenares que se había fugado de la Escuela Militar; a Esteban Marcano Guerra y Eliseo Arcila.

     Adolfo Meinhardt Lares fue detenido después. El habló de los sitios donde habían tenido reuniones con los conjurados, y que le había pedido a Tamayo Suárez que se marchara porque la mayoría no quería nada con él. En el mismo mes de agosto fueron allanados el edificio Sucre, de la avenida Francisco de Miranda, donde hallaron algunas armas e insignias que se habrían usado en Barcelona; también el edificio “Los Médanos”, donde encontraron dinamita en el estacionamiento. Pero ese edificio de la avenida Las Palmas, de Boleíta, no fue el último allanado. La quinta “Linda”, de Los Chorros, también fue allanada y decomisaron otro poco de dinamita.

     Por esto es por lo que una treintena de personas siguen detenidas. Y los abogados, aunque han alegado que la pena pedida por el Fiscal es ilegal, confían en una absolución. Alegan que los muertos del “Barcelonazo” no fueron hechos por sus defendidos sino por los soldados que en ese momento se dieron vuelta al Gobierno.

     Massó Perdomo, poco después del “Barcelonazo” escribió, lleno de indignación: “La prensa capitalina afirmó que oficiales y soldados de la democracia reconquistaron el Cuartel, pero nadie señaló que horas antes, esa misma oficialidad al mando de sus tropas, desarrolló un plan que culminó con la ocupación militar de Barcelona. Entonces no eran soldados de la democracia: eran hombres de un movimiento que podía asomarse a la historia, pero cuya pequeñez no alcanzó a integrar la grandeza de los fines con el desprendimiento del corazón”.

FUENTES CONSULTADAS

  • Elite. Caracas, 3 de julio de 1965. Págs. 32-35

Boletín – Volumen 100

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Sinopsis

Por: Dr. Jorge Bracho

     Para esta edición de marzo de 1922 se inicia con “Situación mercantil” (P. 1455-1456) adonde se estableció: “La mala situación comercial depende de causas mundiales con un arraigo muy profundo, y cuyos efectos se constituyen a su vez en factores de desmejoramiento. Por esto todavía no podemos anunciar una mejora apreciable del estado mercantil; ni siquiera una positiva esperanza de que esa mejora se realice inmediatamente”. A continuación, “La deuda comercial de Maracaibo”, información proporcionada por el Banco de Venezuela. “Del Boletín del National City Bank of New York” que, entre otras consideraciones, se puede leer: “Tres años han pasado desde que se firmara el armisticio, y el mundo se halla aún lejos de la normalidad, y más distante todavía de recuperar lo perdido en el conflicto” (Pp. 1456-1459).

     En “Alta comisión Interamericana. El cambio en Venezuela” en que se muestran opiniones de la Sección de los Estados Unidos con referencia los efectos del cambio internacional en el comercio interamericano. En el mismo se estampó: “Hay que sentar pues la exclusividad del dólar en nuestro cambio monetario internacional, como la única moneda que rige actualmente las relaciones comerciales con el exterior” (Pp. 1459-1464).

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     Le sigue (Pp. 1464-1468) “Los beneficios de las buenas carreteras” donde se afirma que la política del gobierno de Juan Vicente Gómez ha sido positiva al respecto. En el mismo se hace referencia a su repercusión efectiva en términos económicos y sociales. Aunque, se trata de un artículo referido a la realidad estadounidense los editores lo introdujeron en esta edición por su posible aplicación para el caso venezolano.

     De seguidas, “Informe de la comisión de comerciantes del estado Zulia” el que es un extracto del libro Primer Congreso de Agricultores, ganaderos, industriales y comerciantes de Venezuela (Pp. 1469-1475). En el mismo se hace referencia a aspectos, comerciales, mercantiles, productivos y características de la mano de obra del Zulia. Luego, se edita del historiador estadounidense C. H. Haring, profesor de la universidad de Yale, otro capítulo titulado “Comercio. El Istmo de Panamá” (Pp. 1475-1482).

     En “Sección de Correspondencia” aparecen propuestas comerciales provenientes de Detroit, Londres, Nueva York y Portland (Pp.1482-1483). De la 1483 a la 1487 aparecen un conjunto de cuadros con información sobre: precios de café, cacao y cueros en Caracas y La Guaira durante 1921, la exportación de café por los tres puertos más importantes del país, café y cacao exportados por Carúpano en 1921, exportación de café, cacao y pieles de chivo por Puerto Cabello en diciembre de 1921, café recibido y exportado desde Maracaibo en enero de 1922, un cuadro de la deuda de Venezuela para diciembre de 1921, café y cacao exportados desde La Guaira en enero de 1922, los tipos de cambio en Caracas para febrero de 1922 y “Valores de la Bolsa de Caracas y Maracaibo en febrero de 1922”.

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Para esta edición de marzo de 1922 se inicia con “Situación mercantil”

Maríamoñito me convidó

Maríamoñito me convidó

Prof. Jesús María Sánchez*

El arroz ha servido de inspiración para numerosas canciones infantiles

El arroz ha servido de inspiración para numerosas canciones infantiles.

     Plátano y arroz no falla en la mesa del venezolano. El plátano se puede comer frito, asado, horneado y, qué decir de las tajadas que acompañan al famoso pabellón criollo, ese que nunca falla en la mayoría de nuestros restaurantes.

     En algunos pueblos del país, épocas pasadas, se comía mucho arroz con costillas de marrano y se oía una sentencia que decía: “está como el arroz blanco”, es decir, está en todas partes. Era costumbre, en toda Venezuela, en los días de la Semana Mayor, preparar arroz con leche, de vaca, de chiva o de coco. Al arroz también se le identifica con unas pequeñas fiestas caseras, donde participaban pocas personas, denominándoseles “arrocitos”.

     Los que asistían, bailaban al compás de guitarras, arpas y maracas. Este tipo de “arrocitos” se hicieron más alegres y con muchos más participantes, al llegar a nuestro país el tocadisco, bautizado como “picot” con su cantante Agujita, donde los que movían el esqueleto lo hacían al ritmo de guarachas, merengues, pasodobles, mambos, boleros. 

    Los días viernes se comenzaban a preparar las casas donde existía “picot”, para montar el “arrocito” de fin de semana. En esos “arrocitos” era muy difícil, por el orden que mantenían los dueños de las residencias, que se presentara un arroz con mango, léase, desorden, confusión, pleito.

     A la persona que se metía, sin ser invitado a ese tipo de festividades, le montaban lo de arrocero, que nada tiene que ver con un pájaro que le cae sin desmayo a las siembras de arroz. En la ciudad de Maracaibo, con su histórico lago y su famoso puente “Rafael Urdaneta”, sus habitantes se daban banquetes con palomitas en arroz, las cuales se adquirían, ya preparadas, en los mercados de la localidad, como lo señala el fundador y propietario del desaparecido diario caraqueño La Esfera (1927-1967), Ramón David León, en su tratado Geografía Gastronómica Venezolana (1954). Al lado de las palomitas de arroz, también se consumía venado, conejo, lapa, cachicamo, picure, guacharaca, yaguasa, iguana, conejo, guacharaca, perdiz, paují, báquira.

     En la misma obra, Ramón David León señala que un musiú aceitero decía que en Maracaibo podía desaparecer el petróleo, pero que se mantendrán por siempre dos tradiciones inconmovibles: la devoción por La Chiquinquirá y el arroz con palomita. Las palomitas son aves migratorias que procedentes de distintas latitudes, refiere el escritor citado, pasan en espesas bandadas sobre la Península Guajira para rematar su vuelo en los pozos y jagüeyes cercanos a Maracaibo… No olvidar que usted, después de las palomitas en arroz, puede saborear unos sabrosos huevos chimbos, mandocas y caujil o merey.

     En el campo musical, el de nuestro patio, tanto el arroz figura en muchas composiciones, como en “La Ruperta”, de Francisco Pacheco, interpretada por afamadas agrupaciones musicales a lo largo del siglo XX: “Todas las noches La esperaba en aquel sitio, Me traía una perola bien repleta: Asado, sopa y arroz, papita frita y frijol.” De autor anónimo conocemos la canción “Arroz con Coco”, interpretada con mucho cariño por nuestras abuelas y madres para dormir a los niños:

“Arroz con coco
Me quiero casar
con una viudita de la capital
Que sepa coser
que sepa bordar
que ponga la mesa En su santo lugar”

     La combinación de plátano con arroz, la encontramos cuando escuchamos Mariamoñito:

Maríamoñito me convidó
A comer plátano von arroz
Y yo le dije que no quería
Porque venía la policía

Mariamoñito me convidó
A comer plátano con arroz
Y yo le dije que no, que no
Porque mi madre me regañó”

     El maestro Vicente Emilio Sojo, fundador del Orfeón Lamas y de la Orquesta Sinfónica Venezuela, guía de la generación de músicos y compositores más completa del siglo XX venezolano, educador a tiempo completo, ciudadano ejemplar, realizador de una extraordinaria compilación y armonización de obras musicales a punto de desaparecer en nuestro país, recogió otra versión de Maríamoñitos que en su letra dice:

 “Maríamoñito me convidó

A comer plátano con arroz

Como no quise su mazacote

Maríamoñito se disgustó

Petrona, Concha Natividá

Como chorizo sin cociná

Chupa bagazo, como cochino

Y come ají sin estornudá”

     Otra de esas conocidas creaciones, donde la influencia afrovenezolana marcha agarrada de las manos, se conoce con el nombre de “El Negrito Con”, donde el arroz también está presente:

 “Estaba el negrito Con

Estaba comiendo arroz

El arroz estaba caliente

Y el negrito se quemó”

     En lo que se refiere al plátano, en nuestras tierras conocemos el americano y el africano, cuyas hojas se utiliza para vestir las hayacas y los bollos en los días navideños. Arturo Uslar Pietri, novelista, humanista, cuentista, economista, político, en uno de sus ensayos “La Hayaca, como Manual de Historia”, nos refiere que:

Plátano y arroz no falla en la mesa del venezolano

Plátano y arroz no falla en la mesa del venezolano.

     “En su cubierta está la hoja de plátano. El plátano africano y americano en el que el negro y el indio parecen abrir el cortejo de sabores. Luego está la luciente masa de maíz. El maíz del tamal, de la tortilla de la chicha, que es tal vez la más americana de las plantas.”

     En una excelente entrevista que la periodista Milagros Socorro le realizó a Don Armando Scannone, publicada en la revista Bigott, correspondiente a los meses enero-febrero de 2002, quien en su larga vida se dedicó a bucear en los secretos de los fogones, de los olores, sabores y ollas de la cocina nuestra, recuerda la preparación de los frijolitos rojos con plátano, sin dejar de nombrar las delicias de quesos como de mano, cartera, queso amarillo, de bola, de las cachapas, hallaquitas, arepas, perico, caraotas fritas, carne refrita, carne mechada, de la chicha, el carato de parcha, guarapo de papelón, de piña o de limón, del chocolate, de la torta burrera, del café, aguarapao.

     El presidente Rómulo Betancourt, quien siempre manifestó sus preferencias por los platos nacionales, refiriéndose a las guerrillas que aparecieron durante su administración en montañas venezolanas y en algunas ciudades después del triunfo de Fidel Castro en Cuba, movimiento armado que su gobierno derrotó, así como los alzamientos de Carúpano (1962) y Puerto Cabello (1962), entre otras intentonas de golpes de estado, al hacer referencia a los que se encontraban en armas en las zonas rurales y urbanas, sentenció; “Las guerrillas son como un arroz con pollo, pero sin pollo”.

     Otro de nuestros grandes estudiosos del condumio nacional, Rafael Cartay, al hacer referencia al pabellón criollo, nos dice que el mismo es plato producto del mestizaje, con un alto valor nutritivo, popular y urbano.

     Es un plato combinado, dice Cartay, compuesto por cuatro ingredientes principales (carne de res, arroz, caraotas negras y plátano maduro y trece ingredientes accesorios, como aceite vegetal, ajo, cebolla, sal, agua, ají dulce, pimentón, pimienta negra, orégano, comino, tomate, papelón, salsa inglesa).

     Perfecto mestizaje gastronómico, dice el citado autor indicando que de Asia nos llegaron la carne de res, arroz y plátano, cebolla, ajo, pimienta, comino, orégano y papelón de caña de azúcar; de América, ají dulce, pimentón, tomate, caraotas negras.

     Otro de nuestros geniales humoristas, Francisco Pimentel, mejor conocido en el plano intelectual como Job Pim, le rinde homenaje al pabellón, plato de primera de nuestra cocina, así:

 “Es de épocas remotas

El plato de sensación

Carne, arroz y caraotas

Pabellón:

Y si al agregar le manda

De plátano otra sección

Es entonces pabellón

Con baranda.”

  • * Jesús María Sánchez (1938), historiador nativo de Araira, que ha dedicado gran parte de su vida al rescate de las tradiciones mirandinas.

La vida social caraqueña del sigo XIX

La vida social caraqueña del sigo XIX

Pal Rosti le obsequió al naturalista alemán, Alejandro de Humboldt, una fotografía, captada por él, de un Samán de Güere que había reproducido durante su estadía en Venezuela

Pal Rosti le obsequió al naturalista alemán, Alejandro de Humboldt, una fotografía, captada por él, de un Samán de Güere que había reproducido durante su estadía en Venezuela.

     El húngaro Pal Rosti (1830-1874), en su escrito titulado Memorias de un viaje por América, publicado en 1861 en su país natal, relató parte de su experiencia como viajero explorador en América. Cuando llegó a Venezuela, en 1857, ya había pasado por Estados Unidos y Cuba, espacios territoriales que le sirvieron de referencia al momento de los señalamientos que estampó en su obra acerca de Venezuela. Luego viajaría a México, adonde permaneció durante siete meses. En el Nuevo Continente estuvo durante dieciséis meses. Tiempo durante el cual logró coleccionar un conjunto de fotografías tomadas por el mismo. En este orden, logró captar la imagen de muchos lugares poco conocidos y que Alejandro de Humboldt había transitado o dibujado. El mismo Rosti le obsequió al naturalista alemán una fotografía, captada por él, de un Samán de Güere que había reproducido durante su estadía en Venezuela.

     En esta ocasión vale la pena hacer referencia a las consideraciones que esbozó sobre el “pueblo de Caracas y su vida social”. Bajo este marco, es preciso tener en mente que para la época estaba generalizado el uso del concepto carácter nacional. Concepto que sirvió de base para examinar la forma de ser de las comunidades humanas, sería como decir las características que se tenían como atributos de los pueblos y que, por lo general, estaban marcadas por las condiciones geomorfológicas de los territorios que ocupaban los compuestos humanos.

     Bajo esta perspectiva, Rosti advirtió la dificultad que existía para examinar con exactitud “el carácter de los caraqueños”. Lo vio de este modo por “las múltiples mezclas, consecuencias – en su mayoría – de las uniones ilegales”. Expresó, en este orden de ideas, que la moral caraqueña mostraba una gran debilidad. Como ejemplo expuso el caso de “muchachitas del pueblo, de 13-14 años, tengan ya su amante” y que esto no sorprendiera a nadie, ni a sus padres, quienes las consideraban algo natural y muy normal.

     Al constatar la cantidad de vagabundos que deambulaban por las calles lo adjudicó a estas laxas coyundas que solo generaban hijos ilegítimos y abandonados que eran procreados en la comarca. “Pero la buena naturaleza se preocupó tanto de sus criaturas en estos favorecidos valles, que en muchos lugares – verbigracia: los valles de Aragua – es literalmente imposible morirse de hambre. Aun el que no trabaja puede hallar abundante sustento, pues las bananas y otros frutos se dan en enormes cantidades”. De igual manera, anotó que para proveerse de la ropa de uso diario no había que hacer mayor esfuerzo porque “a base de una labor diaria” se obtenía con gran facilidad.

     A estas reflexiones le agregó un comentario, en forma de pregunta, a su escrito y en el que expresaba que la situación comentada con anterioridad, sobre lo barato de vivir en estas tierras, resultaba un espejismo al visitar el mercado de Caracas. Indicó que el mercado principal de la ciudad, “la plaza mayor” tal como se le conocía contaba con una variedad de productos, pero con altos precios. Anotó que se encontraba en un lugar muy aproximado al centro de la ciudad. De las construcciones que estaban en algunos de sus lados mencionó que eran edificaciones sencillas e insignificantes. Ellas eran la Catedral, la sede del Congreso y el Arzobispado.

     Indicó que el “verdadero mercado” estaba cercado y que en él se levantaban puestos techados, en el que se ofertaban cintas, sedas, telas de lienzo, cuchillos, rosarios y retratos de santos, entre otros bienes. También se ofrecían carnes de res seca o cortadas en tiras, secadas al sol y que las denominaban tasajo. “La carne es el comestible principal y más barato en Caracas”, según pudo constatar en su visita. En el mismo lugar observó que se vendía pescado, carne de cabra, “que venden como si fuera de carnero”, aves de corral, huevos, mantequilla, importada de Europa o de Estados Unidos, papelón, dulces variados, como el de membrillo, que a Rosti le parecía muy agradable, de guayaba, “fruta muy sabrosa”, pan de harina de maíz o arepa y también de trigo, toda clase de pasteles, algunos muy sabrosos como el de coco según Rosti.

Al constatar la cantidad de vagabundos que deambulaban por las calles, Rosti lo adjudicó a estas laxas coyundas que solo generaban hijos ilegítimos y abandonados que eran procreados en la comarca

Al constatar la cantidad de vagabundos que deambulaban por las calles, Rosti lo adjudicó a estas laxas coyundas que solo generaban hijos ilegítimos y abandonados que eran procreados en la comarca

     Se refirió a “otro tipo de pan” cuya base de preparación era la yuca y que tenía forma de una torta enorme. Agregó que el casabe: “Es el alimento preferido del pueblo, aunque – por su sabor – parece que lo hubiesen preparado con virutas desmenuzadas”.

     Luego escribió que el precio de las mercancías “es asombrosamente alto”. De ahí que comparó los precios en el mercado de Caracas con los de su lugar de origen para ofrecer una imagen más clara de los altos precios de los alimentos en la comarca. Por ejemplo, un saco de papas se conseguía a cinco dólares, un pollo a un dólar, un pavo por cinco, “se consiguen cuatro huevos por un real – este precio es tan estable que a menudo lo emplean para fijar el precio de otros productos, dicen por ejemplo que el plátano vale dos huevos, y así entienden que se trata de medio real”. De inmediato se interrogó que siendo este territorio bendito, gracias a su exuberante y variada naturaleza, “y le ofrece al hombre en demasía todo lo que puede desear para su subsistencia, ¿el mercado sea tan pobre y los precios tan altos?”.

     Para dar fuerza a esta cuestión eligió como ejemplo a “un joven “color café”, quien consumía un cigarrillo que le había preparado “una joven mulata”, y le hizo esa pregunta. Éste le respondió: “¿Para qué voy a trabajar?; el alimento necesario se da en todos los árboles; solo debo estirar la mano para recogerlo, si me hace falta una cobija, o un machete o un poco de aguardiente, traigo al mercado algunos plátanos y obtengo abundantemente lo que deseo ¿para qué más?”. Esta idea la culminó al sentenciar “Y así siente y opina cada peón de Venezuela”.

     Determinó que esta actitud llevara a la exageración con los precios de los productos alimenticios y de algunos servicios como el envío de una carta. Contó que le había costado cinco dólares enviar una de ellas de Caracas a La Guaira para un viaje de tres horas, para él una exageración, “así sucede que la mantequilla – a pesar de que en las praderas pastan miles de vacas – la traigan de Norteamérica o Europa; que las mejores verduras y alimentos lleguen a la mesa de los caraqueños distinguidos directamente de Francia; y así se explica que la industria y la agricultura se encaminan hacia la ruina y que la prosperidad del país decae año a año”.

     En un párrafo aparte expresó que le había llamado la atención que “la población blanca de Caracas, los criollos, que forman – en la mayoría de los casos – las capas superiores de la sociedad, no obstante ser también de origen español, se diferencian grandemente – atendiendo a su carácter – de los habaneros”. De los caraqueños subrayó que eran de talla elevada, esbeltos, “de rasgos regulares, su nariz es un tanto arqueada; el color moreno y los ojos brillantes; el abundante pelo negro y el pie pequeño también se dan aquí, como en La Habana”.

     En cuanto a las mujeres subrayó que “es una verdadera belleza o es fea”. La comparación la hacía con respecto a las mujeres que había observado en La Habana, donde, de acuerdo con su mirada “son pocas las realmente hermosas, siendo sin embargo casi todas graciosas, agradables, con sus pequeñas caras redondas”. Aunque no se extendió a explicar el porqué de estos rasgos diferenciadores sumó que a Cuba la habían colonizado catalanes y a Venezuela andaluces. Sin embargo, agregó que era indudable la gran influencia, presente en ambos espacios territoriales, en lo que respecta al desarrollo físico, el carácter, las costumbres y modos de ser, del clima y la ubicación geográfica.

Para mediados del siglo XIX, en el mercado principal de la ciudad, se expendían gran variedad de productos, pero con altos precios

Para mediados del siglo XIX, en el mercado principal de la ciudad, se expendían gran variedad de productos, pero con altos precios.

     En estas regiones, según escribió, se podía encontrar el “carácter criollo” en sus rasgos generales o principales: “la ambición y el deseo de dominio; el orgullo; el apasionamiento; la rudeza, sobre todo en el pueblo; la apatía e indolencia ilimitadas; y – por otro lado – la hospitalidad y una cierta caballerosidad”. Sumó a esta consideración el haber encontrado en México atributos similares, “y en todos los sitios donde el elemento primordial de la población lo constituyen criollos españoles”.

     Advirtió que si se agregaba la actitud de reserva que mostraban los americanos meridionales, su forma de gobierno marcada por sus desventajas, el fanatismo y sus incontables prejuicios y las supersticiones, “que mantienen al pueblo en la ignorancia y permiten una influencia excesiva a ciertas clases, podemos imaginarnos que esta gente está aún lejos de hollar con decisión la senda del acrecentamiento del bienestar nacional, de la evolución espiritual y del progreso. En Caracas sentí – por vez primera – que estoy lejos de Europa y casi aislado del mundo civilizado”.

     De acuerdo con su observación, Caracas concitaba melancolía y tristeza en el extranjero acostumbrado al ruido de las grandes urbes, “un silencio mortal reina en la ciudad semiderruida, donde están ausentes el movimiento comercial e industrial y aún falta el ruido de los carruajes. No hay salas de fiesta ni teatros; ni siquiera paseos; vida social solo puede hallarse en los círculos más íntimos”.

     Bajo este lastimoso ambiente, los caraqueños se solían resguardar en sus hogares para dormir, el almuerzo lo hacían a golpe de cuatro o cinco de la tarde y a las seis de la tarde, las damas “de brillantes ojos se sientan en las ventanas, mientras los señoritos se pasean en sus menudos y ágiles caballos, no tanto por cabalgar a través del hermoso valle, sino por hacer la corte en las silenciosas calles de la ciudad”. Agregó a esta descripción que ya a las ocho de la noche reinaban en las calles profundo silencio y sólo era posible toparse con los “serenos”.

     Aseguró que así era la vida del caraqueño. Anotó que las mujeres no solían salir a la calle y en caso que lo hiciera era durante el día, para llevar a cabo sus diligencias o ir de visita a otra casa, “imitan en sus vestidos – con mal gusto – la moda francesa; aquí pues, vimos de nuevo aquellos sombreros y vestidos llamados altos, que ni remotamente son tan agradables ni van tan bien con los rostros españoles, como la mantilla y el velo habaneros, que las bellezas caraqueñas sólo usan para ir a la iglesia y – en general – para las celebraciones religiosas y de otra índole” . Los hombres más jóvenes usaban por lo general trajes de paño y sombreros de copa alta. Los domingos y días de fiesta vestían fracs de color negro, “y luego refunfuñan continuamente por el gran calor, y con razón, ya que esa moda europea no es propiamente la más conveniente para aquel clima”.

     Según su examen la única diversión de los habitantes de Caracas era visitar las iglesias. En comparación con los parisinos, quienes se reunían en paseos o bulevares para relacionarse con otros o encontrarse con amigos y conocidos, o para alardear de sus vestidos o cortejar al “bello sexo”, “los caraqueños no se pierden ni una visita a la iglesia, para aprovechar la ocasión y lucir sus mantos y mantillas”. Sumó a esta descripción que el almanaque católico español contemplaba abundantes festividades, “pero a estas se añaden en Caracas fiestas locales, procesiones, ciertas fiestas de algunos santos particularmente venerados y las conmemoraciones de terremotos y otros desastres, así como de grandes acontecimientos políticos”.

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