Biografía del Club Paraíso

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Biografía del Club Paraíso

De la Quinta Monte Elena, del barrio El Paraíso a los Samanes-Las crónicas sociales de antes de las dos guerras-Cuando los automóviles “hacían ruido”

El club Paraíso fue fundado en 1908 por el general Alejandro Ibarra, pariente cercano del edecán del Libertador, Diego Ibarra

     El Club Paraíso, fundado en 1908, es el más antiguo de los Clubs caraqueños, ya que el que le sigue, el Venezuela, sólo data de 1910.

     Fue fundado por el general Alejandro Ibarra, pariente cercano del Edecán más querido del Libertador, Diego Ibarra. Tuvo por objeto agrupar y proporcionar sitio de reunión y esparcimiento a la gente de la época en un sitio tranquilo, bello y elegante, como lo era el naciente barrio (no se decía “urbanización”) de El Paraíso. Su primera sede fue una pequeña casa, al lado de la quinta Monte Elena, residencia de la familia Ibarra, con una linda y espaciosa terraza que daba a la Plaza de la República. Al principio la avenida era de tierra, sombreada de grandes árboles, y por allí pasaba, cada media hora un tranvía tirado por dos caballos y conducido por Norberto, teniendo por colector a Fuentes. Tanto Norberto como Fuentes eran personajes muy útiles para todas las dueñas de casa de El Paraíso que pedían por teléfono a “La Mejor” y casa de Vicente Turco lo que necesitaban para su mesa y desde allá les avisaban que su pedido les iba por el tranvía de tal hora, y entonces los muchachos de la casa (Los Álamo, los Ybarra, los Zuloaga) iban a recibirlo.
En retorno de tal servicio, también ellos ayudaban a Norberto, cuando el tranvía se salía de sus rieles o los caballos se les resbalaban.

     Los domingos en la tarde y en las tempranas horas de la noche, se reunían grupos, a veces formados por el general Ibarra, Don Juan Casanova, Don Pedro Paúl y los doctores Ángel Álamo Herrera. Elías Rodríguez, Nicomédes Zuloaga, Emilio Ochoa, José Gil Fortoul… a comentar tópicos políticos y sociales.

     Se hablaba de las bravatas del Kaiser Guillermo II, de la presencia de la cañonera “Panther” en aguas de Agadir, de la visita del Zar Nicolás a Inglaterra, de la semana trágica de Barcelona, del asesinato de la Reina Draga y del rey Milano de Serbia, de las crónicas que escribía la reina rumana que firmaba Carmen Sylvia, de las tandas de Leicibabaza en el teatro Caracas, y de las óperas de Antón en el Municipal.

     El grupo juvenil de entonces estaba formado por unas muchachas muy lindas, de las cuales recordamos a Leonor Ibarra, las Guevarita, María Teresa y Mercedes, que llamaban las “Pichú”, Lola Méndez, Sofía Valentiner, Elisa Paúl, Albertina Lugo, Isabelina Álamo, Ana Teresa Ybarra, Josefina Casanova, Isabel y Mercedes Palacios, Belén Borges Uztáriz, Mercedes y Corina Tello, Emilia Núñez, Auristela Herrera, Carolina Herrera Uslar, María Velutini, y por los jóvenes: Alejandrito Ybarra, Luis Felipe Guevara, Oscar y Nicomédes Zuloaga, Henrique Tejera (que entonces no tenía chiva), Gustavito Sanabria, Robertico Ybarra, los Vollmer, Federico, Alfredo. Albert y Leopoldo, que jugaban mucho tenis, lo mismo que Ángel y Vicente Álamo Ybarra, los Castro Cárdenas, los Guzmán, Bernardo, Roberto y Diego, los Olavarría, José Antonio y Luis, Manuel Rodríguez Llamozas… Era campeón de tenis el diplomático mejicano Guzmán, entonces Secretario de Embajada y después Ministro de su país entre nosotros. Años después se casó con una muchacha venezolana, Elena Jiménez.

     Todo el mundo salía a pasear los domingos por la tarde en coche descubierto tirado por briosas parejas americanas, y desfilaban delante de la terraza del Club Paraíso. Muchos se apeaban allí y entraban las señoras recogiéndose la cola del traje, y luciendo sus boas de plumas necesarias para defenderse del relente al caer de la tarde.

     Más tarde comenzaron a desfilar por la avenida los primeros automóviles, artefactos ruidosos y peligrosos (cosa que siguen siendo), que no tenían la elegancia de los coches.

     Diez y seis años estuvo el Club Paraíso en la Terraza frente a la Plaza de la República. Y llegó el momento que tuvo que pensar en ocupar un local que le permitiera desarrollar mejor sus actividades, que habían cambiado y aumentado con el transcurso de los años.

     Escogió para su nueva sede el bellísimo parque de Los Samanes, propiedad de la familia Zuloaga, recordado con cariño por toda la chiquillería de la época que iba todas las mañanas allí.

     El edificio fue proyectado y construido por el recordado arquitecto Ricardo Razetti y fue inaugurado en los primeros días de enero de 1924, bajo la Presidencia de José Antonio Olavarría Matos, con un suntuoso baile, el que, según los cronistas, “constituyó el máximo acontecimiento social de estos últimos años”.

     Bajo la presidencia de “Totón” Olavarria, la segunda, pues ya la había ejercido anteriormente, el Club conoció una de sus mejores épocas. Música todas las tardes de los domingos después de las carreras, cuando bailaban las “pollas” y “pollos” de las “cuerditas de Reducto y Socarrás”. Bailes para conmemorar todos los eventos sociales de importancia, entre los que descuella el celebrado en honor de Lindbergh cuando el Águila Solitaria visitó Venezuela y llegó retrasado a Caracas por haber perdido el rumbo, mirando interesado las montañas y llanos de nuestro país. Fue también una época dorada para el tenis cuando los campeones eran Chicharra Machado, el gordo Ibarra, Guillermo Zuloaga.

     Vamos a insertar una pequeña crónica deportiva, reseñando uno de los eventos:

Copa Henríquez

     Invitado galantemente por la Junta Directiva del Club Paraíso a los matchs de tenis entre este importante Centro de Sport Club de Curazao, me encaminé el domingo en la tarde a presenciar el primer juego del Campeonato, un single entre Dick Capriles y Guillermo Zuloaga.

     A las 4 p.m., hora señalada para la iniciación del match, había alrededor del court un numeroso grupo de la más selecta sociedad caraqueña. A una señal dada por el juez E. Peñaloza, Guillermo da comienzo a la lucha esgrimiendo su raqueta, pálido el rostro, firme en la diestra su arma inofensiva, y satisfecho por haber sido elegido para iniciar el torneo.

     Desde el comienzo note que Dick estaba muy nervioso, y que sus formidables drives iban a incrustarse en las alambradas que cercan el court. A medida que avanzó el juego aumentó el predominio de Zuloaga, y tanto fue el desconcierto de Capriles que llegó al extremo de dar dos doubles en un mismo game.
Sin embargo, el servicio de Capriles es inmejorable y el score final, 6-1, 6-4, 6-2, no revela con exactitud la calidad y destreza de los competidores, aunque a decir verdad, Zuloaga tuvo el domingo una de sus mejores actuaciones.

 

Segundo single

     Deseoso de saber si era fácil cortarle un pelito a mi “gordo” (pueda de que Eloy me conceda otro) llegué al Paraíso cuando ya el segundo single había comenzado. Carlos Ibara y Donald Capriles luchaban muy desigualmente, a pesar de que éste tiene una defensa formidable, pero su servicio es muy deficiente, suave y sin seguridad.

     En Carlitos todo va en razón directa con su volumen: servicio desconcertante, drives imparables, maestro en el “cortado” y en las “colocaciones” incontestables, serenidad absoluta, y el buen gusto de aplaudir risueñamente con la raqueta al brazo las acertadas jugadas de su contendor. El score 6-1, 6-2, 6-4, prueba que Donald mejoró mucho, sobre todo en el último set, en el que, con bastante habilidad, pudo contrarrestar el ataque tenaz y continuado de Ybarra y colocarle varias pelotas con gran estilo.

     Al entregar estas notas al linotipista (el Carnaval lo perturba todo) no he sabido el resultado del doublé, pero según lo dicho por los singles, el triunfo será, sin duda, favorable a nuestros sportmen.

     El Club estuvo en el local de los Samanes hasta los primeros años de la década del 30, cuando se trasladó al moderno local que hoy ocupa, construido especialmente, y donde ha seguido manteniendo su categoría de club social. Tradicionales son, en Caracas, el gran baile de Año Nuevo y el baile de Carnaval del Club Paraíso, por la animación, belleza y señorío que los caracterizan, como también la Fiesta de reyes, el 6 de enero, para los niños.

     El club cuenta hoy con una magnífica piscina, canchas de tenis y de bowling, también salones de masaje, de gimnasia y baños de vapor atendidos por una experta. Se celebran quincenalmente juegos de canasta, bridge, rummy y panquinge, torneos internos de tenis, natación y bowling, y hay música varias veces por mes. También se celebran en sus salones actos como banquetes, tés y bailes benéficos, exposiciones, certámenes, cocktails diplomáticos y oficiales, etc. Tal vez dentro de unos años, cuando se quiera saber la trayectoria social de Caracas, habrá que recurrir a los archivos del Club Paraíso.

     Y como es un club con suerte, siempre está lleno de muchachas bonitas, como Leonor Vallenilla, Bibpi Miranda Benedetti, Morella Álamo, Evelyn Branger, Consuelito y Alicia Azpúrua, Ismenioa y Lía Márquez, Luisa Guardia Machado, Jennie Sucre, Hilda y Sonia Santaella, Beatríz DEerlón Baidó, Antonieta y Mariucha Pérez Quequeta Lauría, Marinpes y Aura Lesseur, Lucía Cristina Gómez, Cocó y Chichita Benedetti, Belén Guzmán, Ileana Camejo Arreaza, Luisa Elena Valery,inpes Margarita y María de los Ángeles Osío, Mercedes Aguilera, Mariela Mellior Díaz, Cecilia de La Cova.

 

Fuente: Revista Gente Nuestra. Caracas, número 4, agosto de 1954; Págs. 9-11

Bandolerismo en tiempos de emancipación

Bandolerismo en tiempos de emancipación

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Bandolerismo en tiempos de emancipación

     Otro de los aspectos relacionados con la guerra de Independencia en el territorio venezolano, y que Germán Carrera Damas destacó en su texto Boves. Aspectos socioeconómicos de la Guerra de Independencia (1961, 1994), se relaciona con las penurias económicas y la carencia de elementos para seguir sosteniendo a los ejércitos en pugna, así como fenómenos sociales concomitantes. En anteriores crónicas había destacado el papel de los saqueos, asaltos y exacciones para alcanzar a cubrir con lo necesario para el conflicto armado. También, las acciones de saqueo entre los seguidores realistas, así como por parte de los defensores del republicanismo. En fin, se trató, tal como lo mostró Carrera en esta investigación, de una práctica común y no como una historiografía de ditirambo heroico ha señalado al asturiano José Tomás Boves como figura emblemática al respecto.

     Este historiador venezolano argumentó que un conjunto de circunstancias y condiciones, en cuanto al abastecimiento de las tropas realistas o republicanas, fueron compartidas por los contendientes en la querella armada. Por eso aseveró que era dable hablar, de manera determinante, acerca de la capacidad potencial de un territorio para alimentar y proveer a un grupo humano sumergido en condiciones específicas de dificultad, en conjunto con la desorganización de los canales de comunicación vial, de medios de transporte casi inexistentes, un intercambio comercial esmirriado, concentración de población desplazada y de tropas en lugares relativamente fijos o limitados. A esto se sumaba un “factor condicionante de orden general” al cual Carrera asoció con la práctica del saqueo y el pillaje: el denominado bandolerismo.

     Anotó Carrera algunos casos cuando, apenas se inició el conflicto bélico en 1814, ya había escasez y dificultades para el abastecimiento. Aunque la guerra fue el factor para determinar tales circunstancias con ella o como parte de ella, se presentó la necesidad de “salar” burros y mulas que se acompañaron de un maíz que se pudo recolectar. Con tal consumo se logró subsistir por unos días, de acuerdo con el texto citado por Carrera. Este mismo autor rememoró que, apenas Bolívar y los suyos ocuparon Caracas, se presentó una situación de agotamiento de recursos el que ya había adquirido rasgos generales en el país. Para ejemplificar tal situación recordó una acción administrativa, protagonizada por el Director General de Rentas ante la Junta de Diezmos, para que se distribuyeran los caudales de esta última y así disminuir el déficit que venía arrastrando el Erario.

     La respuesta a este requerimiento muestra el carácter de las carencias en la que se hallaba Caracas y sus adyacencias. En una comunicación emitida por el Director de Rentas éste expresó que no había recursos en caja para cumplir requerimientos, como el solicitado por un oficial del ejército para dar satisfacción a demandas de la tropa. Esto se debía a las dificultades que existían para llevar a cabo las cobranzas y por la falta de numerario provenientes de tributos por cobrar. En fin, por efectos del mismo conflicto la circulación de bienes se encontraba restringida, junto con ello la dificultad de acumular tributos en una realidad deficitaria y que, todavía, arrastraba secuelas del terremoto de 1812. Lo ensayado en la Segunda República se vio empañado por una realidad económica adversa y la agravación de la situación de miseria de los pueblos. La guerra absorbía los escasos recursos existentes y los agravaba por la creciente presión a la que estaba sometida la economía venezolana bajo el marco de un enfrentamiento bélico.

     La presentación de expedientes y requerimientos de la época permiten concluir que la crisis no era superable con simples fórmulas administrativas, políticas o militares. El problema de mayor gravedad era que no había espacio de donde extraer recursos. Así sucedía en Valencia, como en la guarnición de Caracas donde, para mediados de 1814, sólo se suministraba pescado seco el cual era trasladado desde el oriente del país, debido al agotamiento de la carne de ganado procedente de los valles de Aragua y de los Llanos. Carrera mostró la existencia de testimonios que evidencian el empobrecimiento del territorio en el centro del país. Se sabe que la provincia de Caracas y espacios colindantes eran de gran interés para los ejércitos en pugna, no sólo por ser un lugar estratégico, cercano al mar, sino por ser sede administrativa y de recursos económicos. Además, la densidad poblacional se concentraba en ella lo que resultaba un atractivo para el intercambio y circulación de bienes.

     La capital del país, sin embargo, transitaba por distintas dificultades de distinto orden al igual que Caucagua, Villa de Cura, Ocumare, Calabozo, Maracaibo y Barinas. En lo referente a Caracas, Carrera destacó al auge que había logrado alcanzar la reacción realista luego del ensayo de la Segunda República, con lo que cortó toda forma de comunicación con otros lugares del país. Subrayó que, en distintas comunicaciones oficiales, dadas a conocer en esta época se exigía que quienes poseían bienes debían cederlos a las fuerzas republicanas para enfrentar a los auspiciantes de la Monarquía.

     Otro elemento que se añadió a estas dificultades fue la llegada de pobladores de otros pueblos a Caracas, quienes huían del hambre y la miseria de sus lugares de origen. Aunque también se presentaron dificultades por la disminución demográfica de Caracas, debido a las personas que huían del conflicto bélico. Para ambas situaciones, hacia 1814, hubo señalamientos de la importancia que significaron en lo referente a la obtención de recursos. Al pedimento que se hacía desde otras provincias el Director General de Rentas respondió, para marzo de 1814, los contratiempos que había acarreado la llegada de personas provenientes de otros lugares del país, porque había grandes dificultades para obtener recursos y que lo que alcanzaba llegar a Caracas provenía del oriente del país y de alguno que otro buque extranjero.

     Carrera afirmó que lo mencionado acerca de la realidad social, en especial entre 1812 y 1814, mostraba signos heredados de una estructura económica constituida durante la época colonial. Señaló asimismo aspectos estrechamente vinculados con una estructuración histórica de larga data. Entre ellos destacó el escaso rendimiento de la mano de obra esclava, la preferencia de dedicar las tierras con mayores potencialidades, en especial las ubicadas en el centro del territorio nacional, a frutos sólo para la exportación. Hábitos que se habían trocado en costumbre pasaban ahora factura, los requerimientos alimenticios que provenían del exterior y que bien pudieron haber sido producidos en Venezuela no eran de fácil adquisición a la luz del conflicto bélico. Esta situación obligaba a los ejércitos a una movilización constante y hacía dificultosa la estadía prolongada en algunas zonas.

     Lo cierto de todo esto es que, la guerra debía desarrollarse en este esmirriado contexto, es decir de escasez y desquiciamiento económico. Carrera recalcó los esfuerzos realizados para proveer las tropas, equipar los soldados y pagarlos. Es dable pensar que para ello era necesario conseguir recursos a todo trance y de manera urgente. Lo prolongado del conflicto y sus secuelas destructivas, “precipitaron y agravaron el agotamiento de los recursos”. Con las constantes incursiones y ocupaciones del territorio central del país, durante el período de 1812 y 1814, obligaron a la población de esta región a exigencias abrumantes. No sólo había un problema grave con la situación económica sino el de la organización política y administrativa. “En suma, se creaba una situación en la cual la ineficacia de los medios legales y ordenados para hacerle frente, imponía la necesidad de los medios arbitrarios y violentos”.

     Ante esta coyuntura la historiografía venezolana se ha mostrado por medio de la ambivalencia entre intereses e ideales, en lo que respecta a los protagonistas armados. La historia patria y nacionalista ha asociado las acciones de los seguidores del rey sólo con intereses, mientras para las acciones de los patriotas se ha hecho referencia a ideales de libertad. En este sentido, Carrera añadió que el problema, para el historiador, no era la elección entre un “pillaje censurable” y “reivindicaciones populares”, “como lo ha creído ingenuamente cierta historiografía reciente que, llevada a su sentido revolucionario, ha incurrido en el exceso de juzgar el hecho por la condición del testigo”. Esta disposición es algo así como que la historia me interesa para mostrar sólo lo que el perverso español intentó someter al expoliado americano. Sin duda, una fuerte disposición que sirve más para propósitos contemporáneos que para el revisionismo histórico.

     Carrera enfrentó esta forma de estudiar el pasado al agregar que, de manera automática se declarara “revolucionario” todo hecho popular calificado negativamente por testigos e historiadores imbuidos de sentimientos e ideas antipopulares, en cualquiera de sus versiones, realista o patriota. Así, el saqueo y el pillaje, también los asesinatos y actos de crueldad florecidos del delirio o deseos de botín, se quieren hacer ver como actos propios de grupos revolucionarios o de reivindicación popular, “aunque tosca y embrionariamente expresados”. Está en lo cierto Carrera cuando afirmó que detrás de estas versiones de la historia se esconden aviesas intenciones. De gran importancia son estos señalamientos porque en la actualidad, casi sesenta años después de este estudio acerca de las condiciones socioeconómicas de la guerra de Independencia, la asociación del pillaje y el saqueo con el movimiento popular y revolucionario resultan ser muy familiares y, además de indicar la tendencia política que los reivindica como forma de legitimidad.

     En términos generales, Carrera llegó a reivindicar su examen alrededor del saqueo entendido de manera amplia como apropiación violenta o arbitraria de recursos de todo orden, con propósitos especialmente militares, al poner de relieve uno de los rasgos más resaltantes, por consistencia y reiteración, de la guerra de emancipación. El autor advirtió que no era fácil diferenciar de modo ostensible los casos de pillaje frente a los de saqueo. A lo que agregó que no había separación entre el empleo de botín de guerra para la subsistencia y aprovisionamiento del vencedor y el mero pillaje llevado a cabo por un soldado, a cuando lo conseguido se destinara para el pago de necesidades de vestimenta, alimentación o adquisición de armas o a hacer uso de medios poco éticos, en tiempos de conflicto, para satisfacer estas necesidades.

     A esta dramática situación se debe agregar el bandolerismo que se presentaba en estos territorios incluso antes de las acciones de Boves. Con la guerra se introdujo una visión acerca del bandolerismo tradicional muy cercana a la confusión. En efecto, los elementos de desconcierto se agregaron con la amplitud que entre 1812 y 1814 adquirió un fenómeno social conocido bajo la denominación bandolerismo, “y con la imprecisión en el uso de ese término, fruto de razones políticas obvias”. Carrera mostró cómo este fenómeno social, tal como lo denominó en su narración, se había presentado durante los tiempos de la Primera República, así como en la Segunda República, con la secuela de perjuicios causados por afanes de venganza, ante una situación de exclusión, proveniente de la época colonial y que los primeros patricios no lograron superar.

     Sin embargo, Carrera advirtió que el uso del calificativo “bandolero” fue utilizado de manera laxa y escaso rigor en lo concerniente a su connotación. Como ejemplo, citó una nota publicada el 27 de diciembre de 1813, en la Gaceta de Caracas, donde se describieron algunas acciones, en los llanos venezolanos, al describir como bandoleros a todo saqueador e incluso ladrones comunes que aprovecharon el desconcierto a favor suyo. Destacó Carrera algunos factores de desconcierto con respecto al bandolerismo como categoría y hecho histórico, ello, sin dejar de advertir, que fue un fenómeno generalizado en el país sin que se pueda asegurar que correspondió al bando realista. El adjetivo bandolero se utilizó indistintamente entre los representantes o simpatizantes de los grupos políticos en pugna. Se debe tener presente que el bandolerismo es una expresión propia de momentos conflictivos que, en territorio venezolano, entre 1812 y 1814, adquirió carácter de amenaza y riesgo para monárquicos y para republicanos.

El Emprendimiento Corporativo como estrategia de innovación empresarial

El Emprendimiento Corporativo como estrategia de innovación empresarial

El Emprendimiento Corporativo como estrategia de innovación empresarial

     El Comité de Emprendimiento de La Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Caracas, La Cámara de Caracas, inició sus actividades públicas con un ciclo de videoconferencias sobre la cultura del emprendimiento corporativo en el mundo.

     El emprendimiento corporativo significa para La Cámara de Caracas la oportunidad de inventar un futuro mediante el espíritu emprendedor y una cultura de innovación, que apunte al crecimiento a largo plazo de las empresas.

     “Las características de una organización innovadora” fue la primera de esta serie de videoconferencias. Javier Iglesias, Director de Operaciones de Opinno, se conectó desde España. Iglesias, para explicar que la innovación es un proceso inminente con la transformación digital, basado en la cultura del mañana: flexibilidad, adaptación y creatividad. Aseguró que existe un cambio de paradigma en la forma en que se ven las organizaciones, ya no son vistas como máquinas sino como organismos vivos. Para él una organización ágil es capaz de añadir velocidad y adaptabilidad a su esquema equilibrado, creando una ventaja competitiva sobre el entorno volátil que vivimos.

     Durante la segunda videoconferencia, Pedro Mateos, Director de Agilidad & Innovación de Opinno Perú, presentó el “Intraemprendimiento corporativo: la clave para transformarse en una organización ambidiestra”. Mateos reiteró que en el 2020 se habla de liderar la incertidumbre con metodologías ágiles como convertir a los empleados en intraemprendedores y aplicar métodos como Lean Startup o Design Thinking. Buscando explorar nuevas oportunidades de productos y servicios.

     En la tercera videoconferencia Esteban Reyes, CEO de Academia N, planteó que los empresarios deben aprender a “leer” mejor las nuevas “normalidades” para desarrollar estrategias que logren sacar provecho a las transformaciones que se avecinan.

     Este ciclo de charlas estuvo moderado por Johanna Behrens, coach de emprendimiento, innovación y metodologías ágiles empresariales, y miembro del Comité de Emprendimiento de la Cámara de Caracas.

     Para nuestro Comité de Emprendimiento es fundamental impulsar el conocimiento y desarrollo del intraemprendimiento en Venezuela. Por eso, se estructuró un programa de formación conjunto al Centro Internacional de Actualización Profesional de la Universidad Católica Andrés Bello y Academia N, para sus empresas afiliadas y público en general.

     El Diplomado de Emprendimiento Corporativo inicia el próximo mes de septiembre y está dirigido a gerentes y líderes empresariales con el interés de desarrollar un portafolio de exploración de ideas y proyectos innovadores con potencial en el mediano y largo plazo. La información completa se encuentra en el portal web: https://ciap.com.ve/oferta/diplomado-emprendimiento-corporativo/

La india de El Paraíso cumple 110 años

La india de El Paraíso cumple 110 años

CRÓNICAS DE LA CIUDAD

La india de El Paraíso cumple 110 años

     La famosa estatua de La India en la urbanización caraqueña de El Paraíso fue colocada hace 110 años.

     La obra diseñada por el escultor Eloy Palacios se programó originalmente para ser inaugurada por Juan Vicente Gómez el 5 de julio de 1911, con ocasión del centenario de la Independencia, pero de acuerdo a un comentario publicado en la revista El Cojo Ilustrado, el dictador se empeñó en que debía llevar el lema de su gobierno (Unión, Paz y Trabajo), lo cual demoró la instalación. Finalmente, la inauguración de la escultura se efectuó el 21 de agosto.

     Gómez también se negó a que el monumento fuese erigido en el Campo de Carabobo, donde se libró la batalla decisiva de la independencia venezolana, debido a que consideró que la desnudez de la india era un irrespeto a la majestad de los próceres que participaron en la Batalla de Carabobo.

     A lo largo de estas once décadas la estatua de la India ha tenido dos ubicaciones en la caraqueñísima urbanización del suroeste de la ciudad.

     Primero estuvo frente al Hipódromo Nacional, a la altura del Instituto Pedagógico, en la avenida La Vega o 19 de diciembre (hoy José Antonio Páez). Luego, en 1966, fue trasladada al lugar donde se encuentra actualmente, al final de la misma avenida, en la entrada de La Vega, para darle paso a la construcción del ramal del Distribuidor La Araña que da acceso a los túneles que comunican con la autopista sur que conduce al Cementerio, a El Valle y Coche.

     Raúl S. Esteves escribió en la revista Líneas, en la edición de junio de 1972, un amplio reportaje con minuciosos detalles acerca del concepto de la obra, incluidos costos y escogencia de los candidatos a diseñar el monumento concebido para perpetuar la victoria obtenida frente España, que selló la independencia de Venezuela, el cual presentamos a continuación:

EL PRIMER MONUMENTO A LA BATALLA DE CARABOBO QUEDÓ EN CARACAS, ES LA POPULAR “INDIA DEL PARAÍSO”, SU ESCULTOR FUE ELOY PALACIOS Y COSTÓ 189.900 BOLÍVARES

     Antes de que en la llanura de Carabobo, donde en 1821 fueron libradas gloriosas acciones por el Ejército Libertador, quedara instalado el monumento alegórico hecho por el escultor español Rodríguez del Villar ̶ fallecido hace años en Valencia̶ ̶ fue decretada la erección de otros conjuntos escultóricos, para dar cumplimiento a un Decreto del Parlamento de Colombia fechado el 23 de julio de 1821.

Boceto del Monumento a Carabobo, elaborado por el escultor Eloy Palacios (Maturín, estado Monagas, 1847 - La Habana, 1919)

     El 21 de septiembre de 1887, cuando ejercía funciones de Presidente Provisional de la República el general Hermógenes López, hubo una disposición presidencial mediante la cual se ordenaba colocar en la Plaza Bolívar de Valencia una columna de mármol de diez metros de altura ̶ es la que ahora se conoce como El Monolito ̶ “destinada a perpetuar la última gran victoria obtenida por los ilustres Próceres de la Independencia en territorio de Venezuela”, como se manifestaba en el único Considerando del decreto mencionado.

Otro monumento conmemorativo

     En la Memoria del Ministerio de Obras Pública correspondiente al año de la inauguración, se informa que por Decreto de fecha 5 de julio de 1904, se ordenó la creación de un Monumento en la llanura de Carabobo, y para llevar a cabo su ejecución, fue promovido por ese Ministerio un concurso entre los ingenieros y escultores venezolanos. Escogido el proyecto que resultó ser el mejor entre los que fueron presentados, se confió al escultor Eloy Palacios su realización.

     Palacios ̶ autor también del conjunto escultórico erigido en La Victoria para rendir tributo al reconocimiento a la heroica batalla que fue librada en esa población aragüeña por las fuerzas patrióticas al mando de José Félix Ribas ̶ quiso dar a su obra un estilo original y para ello ideó un nuevo proyecto que fue aprobado por los representantes del Gobierno Nacional. El escultor dijo ante un grupo de amigos que había logrado inspiración en el medio tropical, fundamentalmente en una expresión de la llanura venezolana: la palma real, tres de cuyos troncos unidos sustituyeron la columna clásica que era tradicional en ese tipo de esculturas. Expresó también que había recordado una bella leyenda indígena que pone en el penacho de las palmeras la habitación de los dioses y para lograr tal simbolismo, hizo surgir del mismo capullo de la enorme palmera al genio de la independencia, con la bandera de la libertad en su diestra, y una antorcha en su mano izquierda.

     Los ciudadanos que fueron comisionados por el gobierno nacional para diligenciar todo lo relacionado con el Monumento resolvieron hacer algunas modificaciones al respecto y con fecha 10 de diciembre de 1909 hubo un decreto mediante el cual eran reformadas las inscripciones que debía llevar el grupo escultórico y se ordenaba hacer la erección del conjunto en el Paseo Independencia de Caracas.

     Pero, considerándose que la obra había sido concebida para ser levantada en una llanura ̶ la de Carabobo ̶ y que aquel sitio había sido desechado por inconvenientes surgidos después de la fecha del primer Decreto, se escogió la para aquella época llamada Avenida de La Vega, en Caracas, como sitio adecuado donde podía destacarse el hermoso grupo de Palmeras.

     En cuanto a las inscripciones, éstas quedaron dedicadas a inmortalizar el 24 de junio de 1821 y a los héroes que surgieron de la Batalla de Carabobo, y finalizaba así: “El gobierno de la República, bajo la Presidencia Constitucional del General Juan Vicente Gómez, erige este monumento – 1911”.

     Bajo relieves representativos de acciones épicas, y en el sitio donde nace la palmera tridimensional destacan tres figuras femeninas tocadas con gorros frigios en representación de Venezuela, Nueva Granada y Ecuador, en una trinidad que sería eterna para el Escudo de Armas de la Gran Colombia, decretado por el Congreso de Cúcuta el 4 de octubre de 1821.

La inauguración

     Para la inauguración del Monumento había sido fijado el 24 de junio, pero tal acto no pudo realizarse sino el 21 de agosto de 1911, y en aquella oportunidad pronunció un discurso el doctor José Gil Fortoul, Ministro de Instrucción Pública, quien señaló que con esa ceremonia se ofrecía una prolongación de las festividades del Centenario y se daba cumplimiento a un Decreto del año 21, que ordenaba tributar en Caracas los honores del triunfo al Ejército de la Independencia. Emocionado el doctor Gil Fortoul expresó “. . . en el centro del paisaje de incomparable belleza, armoniosamente cercado por montañas que, al amanecer, se visten de cálidas nieblas que ve luego el sol a acariciar con matices de nácar y rosa, en este valle de El Paraíso, donde verdea la inmortal caña dulce y agita amorosamente su verde penacho el chaguaramo, aquí, en este paseo donde por las tardes de oro y púrpura, viene a derramarse, bulliciosa la ciudad. . .” 

Otras características del monumento

     De conformidad con lo establecido en un Decreto Ejecutivo de fecha 30 de junio de 1905, el Gobierno Nacional asumió la responsabilidad de realizar el Monumento y fue nombrada ̶ por resolución de ese mismo día ̶ un Jurado que formaron los doctores Jesús Muñoz Tébar, Alejandro Chataing y Emilio J. Maury, el cual debía conocer del mérito artístico de los proyectos que fueron presentados. Estos señores hicieron público el Veredicto correspondiente el día 15 de julio.

     Hubo seis proyectos y se declaró mejor el que fue ejecutado por el ingeniero Manuel Cipriano Pérez, ya que tanto en su aspecto monumental como en el artístico, reunía las condiciones exigidas en el Decreto Ejecutivo de 1904. A este proyecto, según declaración de los miembros del Jurado, siguieron en mérito los que fueron enviados por los ciudadanos Andrés Pérez Mujica y Lorenzo González, quienes estudiaban con notorio provecho el arte de la escultura en París, pensionados por el Gobierno Nacional.

     El día 6 de julio fue escogido el presupuesto para la realización de la obra y resultó favorecido el de Eloy G. Palacios, cuyo monto fue de 189.900 bolívares.

     En justa medida de retribución por el mérito concedido a los trabajos de Pérez Mujica y de González, se resolvió que estos escultores realizaran dos de las estatuas que figuran en el basamento del conjunto. El primero haría la de Colombia y el segundo, la de Ecuador.

     El documento fue firmado el 20 de julio de 1905, y Palacios se obligaba a entregar ̶ montado de un todo ̶ el Monumento el 24 de julio de 1907, pero no pudo cumplir tal compromiso y solicitó un año de plazo.

     Adujo Palacios que no le era posible dar por terminada su obra sino en 1908, por haberse visto obligado a recomenzar varias veces el trabajo, para mejorar algunos detalles, y porque buscaba la más apropiada armonía del conjunto en su deseo de hacer algo que resultara digno de su objeto y con la mayor perfección artística.

     El Monumento a la India, o simplemente “La India de El Paraíso”, como se le conoce popularmente, estuvo frente al Instituto Pedagógico hasta el año 1966, cuando fue trasladado hasta la redoma que está en la entrada de La Vega, su ubicación actual, para dar paso a las obras de construcción de la autopista que enlaza el sur de la ciudad con la vía que lleva al litoral guaireño.

     El original grupo escultórico, exponente del refinado simbolismo artístico que era característico en aquel tiempo, con sus relieves alegóricos custodiados por cóndores, con la hermosa mujer india que conserva el gorro frigio y una antorcha en su mano izquierda, pero que no tiene la bandera originalmente señalada por el autor para que la llevara en su mano derecha, no fue nunca a Carabobo, aunque sí representó el primer monumento concebido para inmortalizar en bronce y piedra esculpidos, la acción gloriosa de quienes participaron con las armas de la República en la batalla libertadora de 1821.

La India en la redoma de La Vega, 2020
Eloy Palacios, escultor y pintor, autor del Monumento a la Batalla de Carabobo, conocido popularmente como “La India del Paraíso”
Traslado de la India del Paraiso, del Pedagógico a la redoma de La Vega, 1966

Atomización de la Economía Venezolana

Atomización de la Economía Venezolana

Atomización de la Economía Venezolana

Abg. Juan Cristóbal Carmona Borjas
Especialista en Derecho Financiero

 

     El evidente debilitamiento del Estado venezolano que arrastra consigo al proyecto político iniciado por Hugo Rafael Chávez Frías, ha obligado a su sucesor Nicolás Maduro a buscar oxígeno en fórmulas que involucran al sector privado nacional y extranjero al que tanto adversó por años.

     La destrucción del sector de los hidrocarburos líquidos y gaseosos, la depredación del sector minero, la devastación del parque industrial local, el repudio a la inversión privada extranjera y la exterminación del sistema monetario patrio, con la consiguiente pérdida del poder adquisitivo del venezolano, son algunas expresiones de la lamentable gestión que en el ámbito económico registra el llamado Socialismo del Siglo XXI.

     Tan dañinos resultados se alcanzaron a través de numerosas actuaciones gubernamentales al margen del estado de derecho, destacando entre ellas, una ola de expropiaciones arbitrarias, tornadas en confiscaciones; la estatización y publicalización irracional de numerosos sectores; la extinción del crédito bancario y la hiper-regulación de las actividades económicas, con los abusos de poder que ella supone.

     Esa política, como resulta evidente, percoló el resto de los ámbitos de la vida nacional, generando la mayor abrasión institucional y moral registrada en la historia republicana del país, al punto de conducirnos a escenarios propios de un Estado fallido. Tan lamentable situación generó reacciones de rechazo en buena parte del mundo democrático que se aunaron a las que internamente se habían registrado desde comienzos del “proceso revolucionario chavista”. Fue así como a partir del año 2015 los EE.UU., la Unión Europea y algunos países de la región latinoamericana, adoptaron medidas concretas que se tradujeron en las llamadas “sanciones”, impuestas, por una parte, a individuos considerados violadores de derechos humanos e involucrados en actos de corrupción y, por otra parte, a un gobierno considerado responsable de la mayor crisis humanitaria vivida en la región, cuya más clara expresión la representa la pavorosa emigración de más de cinco millones de compatriotas.

     El proyecto revolucionario implementado en estos últimos veinte años terminó por atomizar al sector productivo nacional, así como a la inversión extranjera existente en Venezuela, lo que obedeció, en opinión de muchos, a un plan premeditado bajo la consigna “divide y vencerás”. No contaban sus propulsores, que terminarían siendo víctima de su propia gestión.

     En la actual realidad venezolana, las labores de exploración y extracción de recursos naturales suponen ingentes inversiones financieras; la recuperación del parque industrial, público y privado, para alcanzar niveles aceptables de productividad y actualización tecnológica, exige igualmente de enormes recursos; el pleno abastecimiento interno en los ámbitos alimentarios y de servicios esenciales, requiere de cuantiosas sumas de dinero. El logro de tales objetivos demanda no sólo de medios financieros, sino también de recursos humanos con conocimiento técnico y confianza en el futuro del país, elementos estos que también ha perdido significativamente Venezuela.

     Dejó de contar nuestro Estado con los recursos que aportaba la actividad petrolera, gracias a los cuales pudieron los gobernantes de estos últimos años conducir el país de manera hegemónica. Tras más de veinte años de gestión, de nada le vale al gobierno seguir haciendo alarde de las potencialidades que representa Venezuela, si no se pasa de la retórica a los hechos.

     Muchos han dado por concluida la etapa del rentismo petrolero que acompañó a Venezuela por más de 100 años y ven en ello la gran oportunidad de la diversificación de la economía nacional. Al respecto, valga precisar que, una cosa es procurar superar el modelo rentista y, otra muy distinta, pensar que no debe ser prioritaria la recuperación de la industria petrolera y hacer de ella, por fin, un real soporte del desarrollo económico, en lugar de una simple plataforma financiera de proyectos políticos y personales. Ese trascendental paso y el resto de los que supone la recuperación de la economía nacional, más allá de recursos materiales y humanos, demanda también de institucionalidad y seguridad jurídica.

     Encontrándose el gobierno actual “entre las cuerdas del ring de boxeo” en que se desplazó por décadas, sin respetar reglas ni referees, ha iniciado un coqueteo con el sector privado, a quien pareciera haber dejado de considerar como su contrincante, para comenzar a verlo como un aliado o quizá, como su única tabla de salvación, aquella a la que no le queda otra opción que abrazarse porque las piernas comienzan a fallar inexorablemente.

     Parecieran ver las autoridades gubernamentales actuales al sector privado, nacional y extranjero, como el capaz de aportar parte de los insumos requeridos para reactivar la economía, ya que procurarlos por intermedio de los organismos multilaterales se torna más remoto, en tanto para ellos, en principio, lo estrictamente comercial pesa menos en la ecuación que lo institucional.

     El verdadero retorno de capitales privados al país dependerá en buena medida de la confianza, esa que se sustenta en la legitimidad de las autoridades y en seguridad que ofrezca su gestión. A ellas también prestan especial atención la mayoría de los particulares. Pasar de la economía de bodegones a la que realmente requiere Venezuela, aquella que construye infraestructura, genera empleo y perdura en el tiempo, demanda mucho más que una oportunidad coyuntural de ganar dinero.

     Los ofrecimientos realizados hasta el momento por el Poder Público Nacional al sector privado se sustentan, entre otras, en medidas a ser dictadas con fundamento en la llamada “Ley Antibloqueo”, la implementación de políticas dirigidas a la compra de productos nacionales, el restablecimiento selectivo del financiamiento bancario y el relajamiento de facto, que no formal, de numerosos controles (cambio y precios). Respecto de la gran mayoría de esas medidas existen fundadas razones para dudar de su constitucionalidad y legalidad.

     A la par de aquellas cuestionables iniciativas, la Asamblea Nacional instalada el 5 de enero de 2021, ha presentado al país una amplia agenda legislativa en la que destacan proyectos de leyes que como los de Zonas Económicas Especiales y de las Ciudades Comunales pretenden crear “oasis” en medio del desierto. Esos espacios territoriales, concebidos en unos casos bajo modelos económicos socialistas y, en otros, capitalistas, implican una alteración de la organización político territorial y del régimen jurídico consagrado en la Carta Magna. Tales medidas, de concretarse, acrecentarán la inseguridad jurídica reinante. Se trataría de modelos diametralmente opuestos entre sí y a la realidad generalizada que impera en el resto del país. La atomización del territorio, la economía, el régimen jurídico y de los venezolanos, lejos de resolver problemas los potenciará.

     Las propuestas efectuadas por el Poder Público Nacional al sector privado nacional y extranjero resultan incompatibles con el discurso conciliador y esperanzador que intenta transmitirse. La recuperación del país amerita de una visión y actuación política global que genere confianza y se mantenga en el tiempo. La seguridad jurídica a esos efectos es condición sine qua non, ella, sin embargo, continúa muy lejos en la propuesta gubernamental.

     Junto a aquel escenario se presenta de nuevo un esfuerzo de negociación entre personeros del gobierno y factores opositores cuyo espectro debe trascender lo estrictamente político-electoral, sin que se desconozca que de ello depende el resto, incluido lo económico. De nada valdrá elegir gobernadores y alcaldes para que a los pocos días de los comicios entre en vigencia la Ley de las Ciudades Comunales, vaciando de contenido los ámbitos competenciales y financieros de las instancias estadales y municipales. De qué valdrá sancionar una Ley de Zonas Económicas Especiales, si el resto del país seguirá ahogado en la anarquía, agobiado con cargas impositivas irracionales y bajo los feroces embates de la hiperinflación.

     Venezuela ha llegado a un punto en el que todas las materias son urgentes y deben ser tenidas en cuenta como una unidad, no sólo por los gobernantes, sino también por el empresariado y la ciudadanía. En la atención de la crisis nacional, seguir atomizando territorios, actores, reglas, materias y procesos para resolver la problemática solo contribuirá a que quienes ocupan el cuadrilátero en el que se ha convertido el país alivien el cansancio de sus desgastados músculos hasta que finalmente los más débiles o desprevenidos pierdan el round o la pelea, además, por nocaut. A estas alturas del combate, las salvadas de campana sólo son un milagro que genera alivios pasajeros y tirar la toalla no es una opción. Es hora de ofrecerle al mundo un espectáculo digno en el que el país deje de ser un escenario en el que unos y otros se golpean, para convertirlo en la pista en la que podamos saltar tan lejos como nos demostró Yulimar Rojas puede hacerse.

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