Guerrilleros asaltan el museo de Bellas Artes

Guerrilleros asaltan el museo de Bellas Artes

En 1963, cuatro operaciones de alto impacto puso en práctica el movimiento guerrillero venezolano, por intermedio de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), con el apoyo del régimen comunista cubano de Fidel Castro, contra el gobierno democrático de Rómulo Betancourt. El robo de cinco importantes obras de artes (enero), el secuestro de un barco (febrero), la retención del famoso futbolista Alfredo Di Stéfano (agosto) y el ataque al tren de El Encanto (septiembre) fueron las cuatro acciones más notables de la guerrilla venezolana en ese año 1963.

Un comando guerrillero, en una audaz acción de propaganda política, se llevó cinco cuadros de la exposición “Cien años de pintura francesa”, que se exhibía en el Museo de Bellas Artes de Caracas
Un comando guerrillero, en una audaz acción de propaganda política, se llevó cinco cuadros de la exposición “Cien años de pintura francesa”, que se exhibía en el Museo de Bellas Artes de Caracas

     El miércoles 16 de enero de 1963, el comando de guerrilla urbana “Livia Gouverneur” de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), en una audaz acción de propaganda política, se llevó cinco cuadros de la exposición “Cien años de pintura francesa”, que se exhibía en el Museo de Bellas Artes de Caracas. Las obras robadas eran de Vincent van Gogh (Flores en un vaso de cobre), Pablo Picasso (Naturaleza muerta), Paul Cézanne (Bañistas), George Braque (Naturaleza muerta con peras) y Paul Gauguin (Naturaleza muerta).

     Los cuadros habían sido enviados, en calidad de préstamo, por el Museo de Louvre, para ser expuestos en la mencionada muestra.

     La acción tuvo repercusión informativa y rechazo de la comunidad mundial, incluso llegaron a compararla con el robo de “La Gioconda”, de Leonardo Da Vinci, del Museo de Louvre, de Paris, en el año 1911.

     Afortunadamente, gracias al operativo que emprendió la Policía Técnica Judicial (PTJ) los autores fueron identificados, capturados en muy poco tiempo y recuperadas las obras.

     La policía informó que solicitaba a cinco jóvenes, cuatro hombres y una dama. El entonces Ministerio de Relaciones Interiores declaró que «ocho mil policías están tras las pistas de los culpables».

     La noticia del secuestro de los famosos cuadros franceses recorrió la primera página de la prensa mundial, y fue reseñada ampliamente por las agencias de noticias internacionales.

     Las obras hurtadas del MBA estuvieron desaparecidas por 74 horas aproximadamente antes de su recuperación. El sábado 19 de enero de 1963 son devueltas al Museo de Bellas Artes. La exhibición, que había sido inaugurada el 21 de diciembre de 1962 y cerrada el 16 de enero tras el espectacular robo, fue reabierta al público el 7 de febrero y clausurada cinco días después, el 12 de febrero.

     Cerca de 25 guerrilleros participaron en el robo de los cuadros, 10 de ellos de manera directa en el lugar de los acontecimientos. Uno de los cabecillas que planificó el asalto fue el comandante Máximo Canales, cuyo verdadero nombre era Paul Del Río, quien, ese mismo año, participaría en los secuestros del barco de carga “Anzoátegui” y del famoso futbolista argentino del club español Real Madrid, Alfredo Di Stéfano. 

    Una extraordinaria crónica sobre este suceso fue escrita por el periodista Víctor Manuel Reinoso, en la edición de la revista Elite del 26 de enero de 1963, cuya transcripción ofrecemos a continuación.

 

El robo de los cuadros
Por Víctor Manuel Reinoso

      Una edición extra de cierto pasquín extremista [Tribuna Popular] dio la pista para que la Policía Técnica Judicial (PTJ) detuviera a los asaltantes cuando se dirigían a la casa del senador Arturo Uslar Pietri para devolver los cuadros, asegurados en poco más de 3 millones 300 mil bolívares.

     Eran las 8 y 5 de la noche del sábado 23 de enero. Entonces se produjo un silencio en la conferencia de prensa que ya terminaba. Un hombre delgado, de suave mirada y cara roja, había hecho su entrada a esa sala del piso 11 del edificio de la PTJ.

–Adelante, profesor. Aquí le tenemos sus cuadros completos.

     El que dijo esto fue Remberto Uzcátegui, director de la PTJ, quien separado de los reporteros locales y los corresponsales extranjeros, había terminado de contar cómo habían sido recuperados los 5 cuadros franceses.

     Miguel Arroyo, director del Museo de Bellas Artes, se acercó. Le dio la mano al jefe policial, saludándolo en voz baja. Inmediatamente se inclinó sobre cada una de las 5 obras maestras, cuyo robo había hecho vivir 75 horas del más espectacular suspenso a Venezuela.

     Los fotógrafos se atropellaban tomándolo junto al van Gogh, al Cézanne, al Gauguin, al Picasso o al Braque. Por fin se volvió hacia los periodistas que esperaban sus palabras como una sentencia. Su cara estaba más roja con el calor de las potentes lámparas de los noticieros de TV. Dijo, feliz:

Uno de los cinco cuadros robados fue “Flores en un vaso de cobre”, valiosa obra del artista neerlandés, Vincent van Gogh, elaborada en 1889
Uno de los cinco cuadros robados fue “Flores en un vaso de cobre”, valiosa obra del artista neerlandés, Vincent van Gogh, elaborada en 1889

–Están intactas. No han sufrido deterioro alguno. –Se inclinó de nuevo sobre “Flores en un vaso de cobre”, cuadro pintado por Vincent van Gogh en 1889, y agregó–: Solo éste tiene dos rayitas muy fáciles de hacer desaparecer.

     Así desapareció la última sospecha de que las 5 telas aseguradas en 750 mil dólares no fueran las auténticas. A esa hora ya se había hecho el primer intento de guardarlas en las mismas cajas de cartón donde las tenían embaladas los miembros de las llamadas Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), organización terrorista de los comunistas locales. Pero esa exposición inusitada de cuadros de Louvre y del Museo de Arte Moderno de París en un piso de la PTJ, no se iba a volver a repetir. Los periodistas estaban allí desde las 7 y media y tuvieron que quedarse hasta después de las 9 para recoger las palabras y hacer las fotografías de las personalidades que se asomaron a celebrar el triunfo policial.

     Cuando Uzcátegui comenzó la conferencia de prensa estaban con él Santos Gómez, director de la DIGEPOL, y Abraham Baíz, jefe de la Dirección Nacional de Información. Después de Miguel Arroyo, apareció por allí el escritor Arturo Croce, director de Cultura y Bellas Artes del Ministerio de Educación, en representación del ministro Reinaldo Leandro Mora, quien se hallaba en el interior del país. A nombre de la Embajada de Francia concurrió el señor Maurice Castell. El ministro de Justicia Miguel Ángel Landáez, quien había estado llamando a Uzcátegui cada media hora, tampoco resistió la tentación de acudir a la cita triunfal. Había recibido la noticia en su casa y lo primero que hizo fue llamar a “Los Núñez”, al presidente Rómulo Betancourt. Este recibió la noticia con entusiasmo. Durante la semana había llamado varias veces al día no solo al ministro de Justicia sino también a Carlos Andrés Pérez, titular del Ministerio de Relaciones Interiores.

     Funcionarios policiales, a esa hora, sacaban copias fotostáticas de una carta de casi dos cuartillas dirigidas por el Comando Nacional de las bandas armadas comunistas al senador Arturo Uslar Pietri, como también del recibo que llevaban para que lo firmara, apenas le fueran entregados los cuadros.

     Cuando los periodistas se retiraron a sus redacciones, a teclear las crónicas que aparecieron en los diarios del domingo, comisiones de la PTJ llegaban con detenidos o salían con sus ametralladoras colgando de los hombros, a capturar otros, cuyos nombres y direcciones iban saliendo de los interrogatorios a 3 presos: José Hilario Monterrey, que había sido detenido la noche del viernes y los universitarios Winston Bermúdez Machado y Luis Alberto Monsalve Valdés, apresados después de  una balacera, cuando se dirigían al domicilio del doctor Uslar Pietri.

 

La tarde del miércoles

     El suceso que hizo aparecer día a día el nombre de Venezuela en los periódicos de todos los países del mundo, comenzó a las 3 y 15 de la tarde del miércoles 16 de enero. El Museo de Bellas Artes casi estaba repleto de estudiantes de varios liceos que habían concurrido en masa a ver la exposición “Cien años de pintura francesa”, inaugurada el 21 de diciembre por el presidente Betancourt y asegurada antes de que saliera de Paris con destino a México, en 50 millones de dólares.

     Esa tarde llovía en Caracas y cuando el portero del Museo, Gustavo Pérez, vio entrar a 4 civiles con ametralladoras, no se sorprendió. Normalmente, al Museo solo lo cuidan sus vigilantes desarmados y algún policía municipal. Con la traída de esos 143 cuadros de maestros franceses, era distinto. Pero entonces uno de los 4 con ametralladoras, un trigueño alto, de pelo crespo, se le acercó, imperativo.

Al fondo de la sala se encontraba el cuadro de Van Gogh, donde el presidente Rómulo Betancourt se detuvo largo rato el día de la inauguración de la exposición
Al fondo de la sala se encontraba el cuadro de Van Gogh, donde el presidente Rómulo Betancourt se detuvo largo rato el día de la inauguración de la exposición

– ¡Suelte ese aparatico! ¡Suéltelo ya!

     El portero protestó. Con esa especie de reloj de bolsillo que tenía en sus manos contaba el número de visitantes. Hasta ese día eran poco más de 20 mil. Cuando lo hubo soltado, fue obligado a acercarse a la pared. Pronto, los otros 3 que habían pasado con ametralladoras, trajeron encañonados a los 4 guardias nacionales que se hallaban dentro. Junto a vigilantes y secretarias fueron encerrados en la sala ubicada a la derecha de la entrada. Más adentro, en otro cuarto ubicado a la izquierda, ocupado por Lázaro Díaz, el jefe de personal que trabajaba desde 1935 para el Museo, encerraron a otros. Aparte de los de ametralladora, los vigilantes vieron a otros 4 con revólveres y a dos mujeres, armadas también. Los cables de los teléfonos habían sido arrancados y cuando Gustavo Pérez trató de comunicarse con la policía, nada consiguió. Adentro del Museo reinaba la confusión. Los que vieron pasar a los hombres armados creyeron que se trataba de policías. 

     Ellos mismos decían eso. En la sala VI, ubicada a la derecha, más allá de la fuente, su vigilante Carlos Rodríguez vio entrar a una mujer con un revólver en la mano. Era de baja estatura, trigueña, vestía blusa gris y falda anaranjada. Lo mandó a entrar. Otros dos hombres armados mandaron a los estudiantes que tenían más cerca: “¡Ayúdennos a bajar ese cuadro!”. Al fondo de la sala estaba el van Gogh, donde el presidente Betancourt, el día de la inauguración, se había detenido largo rato. Los muchachos, en la confusión, trataban de descolgar el que tenían más a la mano. Los de los revólveres decían “Ese no. Ese Gauguin y ese Cézanne. Queremos los cuadros de más valor”. Así consiguieron la “Naturaleza muerta del abanico”, de Paul Gauguin, las “Bañistas”, de Paul Cézanne, y “Flores en un vaso de cobre”, de Vicente van Gogh. Antes de que los 3 cuadros fueran sacados de la sala VI, la muchacha con revólver que gritaba: “No se asusten. Somos el Movimiento de Liberación Nacional”, hizo entonces un disparo. Enrique Martínez, un liceísta entretenido en hacer unas anotaciones, lo recibió en la pierna izquierda. Los presentes, paralizados, se apresuraron a prestarle auxilio. Los otros salieron en ese instante hacia la calle.

     En la sala XIII, ubicada unos 15 metros hacia el interior izquierdo del Museo, en esos instantes se desarrollaba una escena parecida. Carlos Antonio Ojeda, el vigilante, vio como otros dos hombres y una mujer maciza, de pelo castaño y vestido rosado, tomaron a los espectadores por sorpresa. Ojeda había visto a esa mujer alta y pecosa en la mañana, mirando atentamente los cuadros y haciendo anotaciones. Estuvo más serena que su compañera de la sala VI. Hizo saber que pertenecían a la banda subversiva que usa las iniciales de FALN y gritó algunas consignas. Los hombres sacaron de allí la “Naturaleza muerta” de Pablo Picasso, y la “Naturaleza muerta con peras”, de George Braque.

     Toda la operación no duró más de 10 minutos. Un sacerdote había visto pasar con su revólver en la mano a una de las mujeres y le preguntó a un vigilante de qué se trataba: “Es de la PTJ. Dice que busca a un ladrón que quiere llevarse un cuadro”.

     Miguel Arroyo, el director del Museo, había estado ausente, ocupado en una sala del fondo donde la mayoría de los 28 empleados del Museo preparaba una exposición de arte checoeslovaco. Tres carros que esperaban en la puerta se habían dado a la fuga. Alguien vio que se trataba de un Ford verde modelo 59; otro anotó un par de placas. Fue la primera pista que tuvo la policía un rato después para iniciar sus investigaciones. De los 400 asistentes al Museo, una centena podía hablar de 10 ó 15 asaltantes. El propio Arroyo, avisado del asalto, alcanzó a divisar a 3. Los datos no eran muchos.

Los guerrilleros tenían planeado hacer la entrega de las obras en la residencia del entonces senador Arturo Uslar Pietri, en la urbanización La Florida
Los guerrilleros tenían planeado hacer la entrega de las obras en la residencia del entonces senador Arturo Uslar Pietri, en la urbanización La Florida

La noche y la universidad

     Los cables cubrieron al mundo con la noticia, y el asalto al Museo fue comparado inmediatamente con el secuestro del campeón mundial de automovilismo Juan Manuel Fangio, 5 años atrás, en La Habana. Era indudable que la sustracción de los famosos cuadros no era con fines de lucro económico porque a nadie podían vendérselos, sino con fines políticos. La exposición “Cien años de pintura francesa”, que había permanecido dos meses en México, iba a ser devuelta a París cuando la Fundación Fina Gómez hizo las gestiones entre los gobiernos venezolano y francés, para que alcanzara a Caracas. Ahora el gobierno venezolano estaba en un serio compromiso con Francia. Los cuadros desaparecidos estaban asegurados en 3 millones 375 mil bolívares. La suma no iba a dejar en bancarrota a Venezuela si llegaba el momento de pagar, pero era un asunto de prestigio. Cuando las patrullas policiales llegaron al Museo, nadie sabía qué vía habían tomado los carros de los asaltantes.

     En la noche las autoridades resolvieron allanar la Universidad Central por haber fundados indicios de que allí habían sido llevados los cuadros robados.

     En la noche las autoridades resolvieron allanar la Universidad Central por haber fundados indicios de que allí habían sido llevados los cuadros robados. El Juez Francisco Villarte, del Primer Juzgado de Instrucción, entró a la UCV a las 8 y 30 de esa noche con un grupo de 8 patrullas y llamó al Rector Francisco de Venanzi por teléfono diciéndole que iba a efectuar una inspección ocular. Mientras el juez Villarte, que iba en una patrulla de la PTJ, acompañado por el inspector Fernando García, jefe de la división de Atracos de la PTJ; Gabriel Arteaga, de la DIGEPOL  y Carlos Vera, hacía su entrada por la puerta de la Plaza Venezuela, por la puerta de Las Tres Gracias entraban otras patrullas. Un buen número de estudiantes y visitantes estaban a esa hora escuchando una conferencia sobre yoguismo. Salieron asustados al escuchar los violentos frenazos de los vehículos negros. De allí en adelante, hasta las 3 de la mañana, se iban a suceder una serie de hechos que crearon una controversia. El Ministerio de Relaciones Interiores iba a sacar un comunicado al día siguiente diciendo que “estudiantes armados trataron de agredir a una patrulla policial y se produjo un intercambio de disparos con un saldo de 4 heridos leves”; y que los funcionarios judiciales fueron practicamente secuestrados, por lo cual el allanamiento solo se pudo hacer 3 horas después, cuando acudió refuerzo policial. Las autoridades universitarias dijeron que los culpables fueron los allanadores al proceder a hacer la revisión armados. Para confirmar o negar esas versiones, dentro de la Universidad, en ese momento, solo había dos corresponsales extranjeros: el representante en Caracas del “Daily Express”, de Londres, y Tony Valbuena, de la UPI. Estos asistieron a la entrevista del juez Villarte y el rector de Venanzi y vieron las residencias cuidadas por vigilantes de la UCV. Los estudiantes, aglomerados en las residencias o fuera de ellas, no veían el allanamiento con buenos ojos. A las 11 de la noche las cosas se pusieron peor cuando un estudiante reconoció en uno de los efectivos de la DIGEPOL, con chaqueta de cuero anaranjada, a un ex condiscípulo suyo y se produjo un incidente entre los dos, el cual degeneró en escaramuza general y hubo varios disparos y detenciones. Luis Ghersy salió de un carro, donde había sido retenido y recibió un balazo en la pierna derecha. Ghersy, militante de Copei, fue a dar al Puesto de Salas, mientras otros 5 estudiantes también resultaban heridos. Tony Valbuena, subgerente de una agencia periodística internacional, que se hallaba presenciando estos hechos, fue detenido. No podía telefonear la noticia porque los teléfonos de la UCV estaban intervenidos. Salió de la DIGEPOL 10 horas después.

Carros y rumores

     El jueves amaneció lleno de rumores. El comunicado de prensa de la Dirección Nacional de Información no solo dijo que los estudiantes armados trataron de agredir a la policía; dijo que la residencia N° 1 era reducto de grupos extremistas, que la policía había encontrado hasta un paquete de marihuana y que el gobierno llamaría a las autoridades  universitarias a discutir las graves irregularidades que se vienen produciendo en la UCV, donde, según la policía, los cuadros permanecieron más de 5 horas.

     En la madrugada apareció la camioneta Chevrolet 57, de color verde y placa H6-6748, en Quebrada Honda, que había sido robada el día martes al repartidor de leche Lucas González; en la avenida Bogotá, de Los Caobos, fue encontrado poco después el Ford verde, modelo 59, placa A6-1385; el Chevrolet 59, color gris y placas C5-4923 apareció en El Valle. Este último, con una antena de radio en el lugar del techo donde debía tener el distintivo de taxi, había hecho las veces de radiopatrulla. Los vehículos fueron trasladados a la central de la PTJ y los técnicos los pasaron al interior del edificio donde los examinaron con el cuidado que un médico chequea a un paciente importantísimo. Allí surgieron las primeras huellas. Los policías empezaron a susurrar el nombre del delincuente Alejandro Gil Bustillos como uno de los participantes en el asalto al Museo.

     La ciudad estaba llena de rumores. Se decía que los ladrones de los cuadros querían cambiarlos por presos políticos, que Arroyo sería destituido.

Miguel arroyo, director del Museo de Bellas Artes, y Juan Calzadilla, uno de los empleados, conversando con el reportero de la revista Élite
Miguel arroyo, director del Museo de Bellas Artes, y Juan Calzadilla, uno de los empleados, conversando con el reportero de la revista Élite

“Mientras Betancourt prosiga en el poder”

     El anochecer del jueves, las agencias noticiosas tuvieron una noticia que no lograron los diarios de Caracas. Las bandas armadas comunistas hicieron llegar un comunicado. A la “France Presse” lo llevaron dos muchachas; a la UPI, asaltada por ellos hace dos años, le tenían menos confianza, llamaron por teléfono: “Escuchen. Habla un miembro de la FALN. En el pipote de la basura, frente a la Jefatura Civil de la Plaza Candelaria, hay un sobre para ustedes”. La agencia está frente a esa plaza. Los empleados bajaron y pasó una hora antes de que hubiera una nueva llamada. El sobre había sido cambiado de pipote. Fue hallado. Contenía un manifiesto. En el pedían “disculpas” al pueblo francés y señalaban que no se trataba de un robo, sino de una acción contra el gobierno del presidente Betancourt. Indicaban que las pinturas no sufrirían daño alguno y que serían retenidas mientras el presidente Betancourt prosiguiera en el poder.

     Eso hacía más serio el golpe. Pero la banda de terroristas que se llama a sí misma “Destacamento Guerrillero Urbano Livia Gouverneur”, que a fines del 61 tomó el avión de Avensa y en septiembre del 62 asaltó El Hatillo, iba a cambiar de opinión el viernes, cuando José Hilario Monterrey fue allanado en la tarde y detenido en la noche.

     En Francia los diarios llenaban páginas enteras con los pormenores del secuestro de los cuadros. La Dirección de Museos de Francia sacó un comunicado diciendo que las telas no eran de primera importancia, pero sí sumamente características en la obra de cada uno de los autores. En Caracas, el Museo de Bellas Artes permanecía cerrado, con una camioneta de Guardias Nacionales al frente. Las fronteras estaban cerradas. Se temía que los cuadros fueran sacados a Cuba. 

     Cada publicación hacía historia de todos los robos de obras de arte realizados en la historia. El robo de los cuadros en Caracas era comparado con el robo de la Gioconda en 1911, desde el Museo de Louvre, por el italiano Vicente Perrugia para “devolver a Italia una obra que le pertenece por derecho propio”, “La Gioconda”, que ahora es huésped de USA, estuvo desaparecido dos años. ¿Los cuadros desaparecidos en Caracas irían a estarlo por el mismo tiempo?

     El tema apasionaba. De Europa y Estados Unidos las publicaciones importantes no vacilaban en hablar media hora por teléfono con sus representantes en Caracas, pidiéndoles el material que querían. Se hablaba de delegados del Lloyd, el más grande asegurador del mundo, de los famosos detectives de Scotland Yard, la Sureté de Francia y del FBI.

Miguel Arroyo en la PTJ

     Para las policías que trabajaban unidas, con la PTJ a la cabeza, las huellas dactilares encontradas en los vehículos señalaron al dirigente sindical José Hilario Monterrey como cabecilla de los asaltantes. 50 radiopatrullas andaban por la ciudad la noche del viernes.

   Monterrey fue detenido en una avenida de la parroquia Sucre, junto a José Montero. Nieves Trujillo fue detenida en la calle Los Alpes de El Cementerio. Las llamadas anónimas ya llegaban a las 500, dando siempre direcciones de dónde se hallaban los cuadros. El sábado amaneció prometedor. La PTJ esperaba que Monterrey diera nombres. Hasta el mediodía no le habían sacado nada. La policía tenía una sola certeza: los cuadros estaban en Caracas. Sus ladrones eran estudiantes y las patrullas empezaban a mirar con especial cuidado y pedir documentos a cuanto vehículo circulaba con más de un joven. Monterrey fue pasado a un calabozo de la PTJ al mediodía del sábado. Para la policía ya estaba clara su participación en el asalto al Museo, pero, fuera porque no quisiera soltar prenda a los reporteros o porque nada concreto sabía, solo prometía noticias importantes para después.

   Un inspector, que estaba trabajando en el caso, dijo a “Élite”, a las 4 de la tarde del sábado: “Estamos sobre la pista. Es casi seguro que vamos a tener los cuadros antes de 24 horas”. Un reportero alcanzó a oír y comentó: “Por supuesto: mañana en la Rinconada, después que se corran todas las carreras del 5 y 6”. Fernando García, el jefe de la sección de Atracos, que llevaba 3 noches sin dormir, se rió cuando supo el comentario. A esa hora, Miguel Arroyo y la totalidad de los empleados del museo, hacían antesala para declarar por los pasillos de la PTJ; después fueron pasados a la celda donde se hallaba Monterrey. Fueron a ver si reconocían a éste como autor del robo. Estuvieron casi una hora detrás de la reja de la fatídica celda de reconocimiento. Por un momento parecía que la policía había decidido dejarlos detenidos. Cuando salieron, nada quisieron decir. Después de las 5, las secretarias y vigilantes del Museo seguían contando lo que habían visto. Era lo mismo que ya habían dicho a los periódicos. Los que interrogaban resolvieron: “Váyanse. Seguiremos el lunes”. Arroyo salió por la puerta sur del edificio con su gente. Los fotógrafos disparaban sus flashes una y otra vez. Todas las fotos perdieron su valor una hora más tarde.

 

“¡Los cuadros! ¡Los cuadros!”

La mayoría de los reporteros se había retirado a escribir sus pistas. Pero a las seis y doce minutos hubo un tiroteo en La Florida y 20 minutos después llegó a la central la patrulla 567, que siempre ocupa el doctor Uzcátegui. El chofer frenó con estruendo, y Bolívar, uno de los dos agentes que participaron en la recuperación de los cuadros, en la avenida Ávila, al llegar al segundo puente, gritaba, loco de júbilo:

– ¡Los cuadros! ¡Los cuadros! ¡Los recuperamos! ¡Los cuadros!

Las dos cajas de cartón fueron subidas al tercer piso, a la sede de la sección Otros Delitos.

El director Uzcátegui llegó en 5 minutos.

   Los cuadros fueron subidos al piso 11 y allí fueron sacados cuidadosamente. Pronto llegaron Santos Gómez y Abraham Baíz. El inspector Casadiego completaba los datos precisos. Los periodistas habían recibido la noticia por una emisora, que llegó a hablar de 3 muertos. A las 7 y media los reporteros y fotógrafos llegaban a la treintena. Uzcátegui comenzó diciendo que la recuperación de los 5 célebres cuadros había sido un triunfo de la policía nacional. Y dio detalles. A las 6 de la tarde la patrulla estaba en su casa cuando la radio del vehículo dijo que un Dodge 55, placas C4-2071, color blanco y azul, llevaba los cuadros por La Florida. El chofer y los dos funcionarios que estaban allí pidieron permiso y corrieron al lugar, ubicando pronto el vehículo e interceptándole el paso. Un policía saltó con su metralleta:

–Salgan con las manos en alto.

   Los ocupantes del vehículo eran dos muchachos y una mujer. Ella dijo no tener cédula. Ellos mostraron sus carnets de estudiantes de la UCV: Luis Alberto Monsalve Valdés, cédula de identidad 1.897.085, tiene 25 años y es estudiante de arquitectura; Winston Bermúdez Machado, cédula 2.063.631, de 21 años, estudiante de ingeniería.

   A Monsalve le hallaron una pistola checa de 9mms. Fueron metidos en la radiopatrulla. Uno de los agentes estaba pidiendo refuerzos para acudieran a llevarse los cuadros que estaban en el asiento trasero del vehículo blanco-azul. Entonces Bermúdez, que había conservado su pistola Supermatic, calibre 22, le apretó el cuello al que llamaba y le puso la pistola en la sien. En ese instante Monsalve y la muchacha huyeron. Bermúdez también lo iba a hacer, pero fue derribado de un golpe. Disparó y los otros ocupantes de la radiopatrulla hicieron fuego con sus metralletas. Los estudiantes fueron heridos: Monsalve en la región lumbar; Bermúdez, en el muslo derecho. La muchacha, de unos 19 años, saltó por un puente y no la pudieron capturar. Todas las patrullas de Caracas convergieron al lugar y rodearon el sector. Hasta la tarde del domingo, cuando fue redactada esta crónica, la muchacha no había sido capturada. Trasladados los cuadros a la PTJ y los heridos al Puesto de Salas, solo faltaba el recuento. Uzcátegui dijo: “En unas horas más, habrá más novedades. Se las diremos”. “Élite” le preguntó:

–¿Nos puede decir si los cuadros estuvieron o no estuvieron en la Universidad?

–Esa será una de las novedades.

–¿Les seguirán un juicio interno a los policías que hicieron fuego en la UCV?

–¿Por qué habría de seguírseles juicio? Ellos respondieron disparos, se defendieron. No hicieron otra cosa que defender sus vidas y cumplir con su deber.

–Las autoridades universitarias dijeron en su comunicado que los estudiantes no tenían armas…

–No tendrían revólveres, pero tenían granadas.

     Los periodistas supieron que el senador Uslar Pietri no estaba en su residencia cuando los estudiantes extremistas se dirigían a ella para entregarle los cuadros. Luego trascendió que la recuperación de los cuadros y la captura de los asaltantes se había adelantado porque un “periódico” extremista los había delatado al publicar la carta que le habían escrito al Senador, aunque en la publicación habían omitido intencionalmente su nombre.

Aventuras del secuestro del barco Anzoátegui

Aventuras del secuestro del barco Anzoátegui

En 1963, cuatro operaciones de alto impacto, puso en práctica el movimiento guerrillero venezolano, por intermedio de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), con el apoyo del régimen comunista cubano de Fidel Castro, contra el gobierno democrático de Rómulo Betancourt. El robo de cinco importantes obras de artes (enero), el secuestro de un barco (febrero), la retención por casi tres días del famoso futbolista argentino del club español Real Madrid, Alfredo Di Stéfano (agosto), y el ataque al tren de El Encanto (septiembre) fueron las cuatro acciones más notables de la guerrilla venezolana en ese año 1963.

El cabecilla del grupo de guerrillero que secuestró al carguero de la CVN, Wismar Medina Rojas, alias “Comandante Simón”, era un soltero de 29 años, dado más a las conquistas famosas que a la política
El cabecilla del grupo de guerrillero que secuestró al carguero de la CVN, Wismar Medina Rojas, alias “Comandante Simón”, era un soltero de 29 años, dado más a las conquistas famosas que a la política

     En febrero, un grupo de subversivos, capturó el buque “Anzoátegui”, perteneciente a la flota de la Compañía Anónima Venezolana de Navegación (C.A.V.N.), poco después de zarpar del puerto de La Guaira, iniciando así una aventura que durante más de una semana cautivó la atención de medios nacionales e internacionales, hasta que, acosados por la armada de Estados Unidos, los secuestradores lograron conducir la nave hasta Brasil, donde recibieron asilo y entregaron el carguero para ser devuelto a las autoridades de Venezuela. Al barco lo tomaron el día de la Juventud, pero solo avisaron un día después, cuando el presidente de la República, Rómulo Betancourt, celebraba el cuarto año de su gobierno.

     Cuba y Brasil les ofrecieron asilo. Los cabecillas del movimiento guerrillero eran: Wismar Medina Rojas, “Comandante Simón”, era un soltero de 29 años, dado más a las conquistas famosas que a la política; y José Rómulo Niño, el segundo comandante, era estudiante de arquitectura y a sus amigos les dijo: “Este carnaval lo pasaré en Brasil”. Otro guerrillero que tuvo notable participación fue Paul del Río (Máximo Canales), el mismo que, seis meses más tarde, secuestro al astro del fútbol, Alfredo Di Stéfano.

     El misterio es cómo ocho polizones pudieron entrar al muelle, aunque en la puerta no es difícil pasar sin salvoconducto. La captura del “Anzoátegui” opacó el aniversario gubernamental, pero no hizo desistir al Presidente de su viaje al exterior.

     Una extraordinaria crónica sobre este suceso fue escrita por el periodista Víctor Manuel Reinoso, en la edición de la revista Elite del 23 de febrero de 1963, cuya transcripción ofrecemos a continuación.

LA AVENTURA DEL ANZOÁTEGUI

Por Víctor Manuel Reinoso

     “A las 6 de la mañana del sábado 16 de febrero, el “Anzoátegui” fue avistado por un avión norteamericano a 180 millas de la Guayana Holandesa y el lunes 18 atracaba frente a una isla brasileña. En ese instante comenzó la etapa final de la aventura que habían iniciado 8 miembros del FALN a las 5 de la tarde del martes 12. Ese martes era el día de la juventud y los estudiantes lo celebraban en las ciudades más importantes de Venezuela. El 13 era el aniversario del cuarto año del presidente Betancourt en Miraflores. Caracas empezó a llenarse de volantes desde muy temprano. Al anochecer, el presidente se dirigía al país en cadena de radio y TV. Todavía  no terminaba su discurso cuando todos los diarios de Caracas y las agencias internacionales empezaban a recibir llamadas telefónicas: “Les hablamos del Frente Armado de Liberación Nacional. En el pipote de basura de la puerta de su periódico hay una correspondencia muy importante para ustedes. Se trata de la toma del mercante venezolano “Anzoátegui”. Un grupo del FALN lo tomó ayer, poco después de zarpar de La Guaira”. Los jefes de redacción se quedaron de una pieza. Los últimos días el FALN había ocupado la primera plana de todas las publicaciones.

     En Antímano, todavía salía humo de lo que fue el depósito de la Sears, en Barquisimeto habían sido dinamitados 3 puentes. La reacción de un jefe de información fue: “Yo no hago caso a las llamadas anónimas”. Del otro lado del hilo también se molestaron: “Le acabo de decir quiénes somos. Tome un lápiz y escriba. Nuestros nombres se lo iremos a decir cuando llegue la oportunidad”.

     Así se supo el secuestro del “Anzoátegui”. La Compañía Venezolana de Navegación, que tiene otros 9 barcos y 46 años de existencia, no creyó la noticia al principio. La Marina no estaba más enterada. El Contralmirante Sosa Ríos, su comandante general, acababa de volver ese día de los Estados Unidos. El Contralmirante Daniel Gómez Calcaño al frente de la Comandancia solo vino a certificar la toma del “Anzoátegui” al filo de la medianoche.

     Las radios daban la noticia del secuestro del barco, sin confirmarla. En la quinta “Isamar” de Catia La Mar, Isabel Acosta de Pereira fue despertada por sus familiares. Ya no pudo dormir más. Oscar Pereira, capitán del “Anzoátegui”, es su marido. En Caracas, en el aparamento 2 del edificio Pel, en Bello Monte, la madre del protagonista principal del buque tomado, Juana Rojas de Medina, solo supo la novedad cuando leyó los periódicos del jueves.

 

Cables breves

     La toma del “Anzoátegui” trajo enseguida a la memoria de todos, la aventura del “Santa María”, el trasatlántico portugués tomado hace dos años por el capitán Enrique Galvao, enemigo del dictador Oliveira Salazar. Los internacionalistas dijeron que se trataba de un delito político. El gobierno calificó el acto de piratería. Los insurgentes, después de un día de silencio, la noche del miércoles 13, mandaron su primer mensaje. Decía: 

     “En el día de ayer 12 de febrero de 1963, día de la juventud venezolana, una unidad de guerra a bordo, tomó en alta mar sin acto de violencia, el buque “Anzoátegui” con el fin patriótico de denunciar ante la opinión mundial, en el cuarto aniversario del gobierno dictatorial que padece nuestra patria”. Firmaba el grupo Rudas Mezones, encabezado por el segundo piloto Wismar Medina Rojas. “Comandante Simón” en la operación; José Rómulo Niño, “Comandante Rafael”, el jefe de escuadra Máximo Canales y los combatientes Juan H. Montilla, José Mario Peláez, Antonio López Sandoval. Tomas Pereira, Carlos Gil Palma y Carlos Hidalgo. De los 37 tripulantes del buque que había salido hacia Nueva Orleans, solo se supo lo que dijo un cable firmado por el secuestrado capitán Pereira: “Oficiales y tripulación bien. Avisen familiares”. El director de Telecomunicaciones insistió en otro cable: “¿Cómo se encuentra la tripulación y posición del buque?”. Los ocupantes del “Anzoátegui” no querían hablar mucho, para que no fuera descubierta su posición. Contestaron: “Buque en poder del FALN. Tripulación sin novedad” 

El 12 de febrero de 1963, Día de la Juventud, fue secuestrado en alta mar, por un grupo de guerrilleros, el barco “Anzoátegui”, perteneciente a la Compañía Venezolana de Navegación (CVN)
El 12 de febrero de 1963, Día de la Juventud, fue secuestrado en alta mar, por un grupo de guerrilleros, el barco “Anzoátegui”, perteneciente a la Compañía Venezolana de Navegación (CVN)

El jueves fue un día de nerviosismo. El “Almirante Clemente” se hizo a la mar a las 4 de la madrugada; el resto de la flota estaba en Puerto Cabello. Se dijo que el Ministerio de Comunicaciones mandaría un avión de reconocimiento y un enjambre de periodistas voló a Maiquetía para asistir a la recuperación del carguero. Al mediodía esas esperanzas se desvanecieron. Se dijo que el “Sucre”, un gemelo del “Anzoátegui”, lo habían avistado a 150 millas de las costas cubanas. El gobierno venezolano pidió ayuda al de USA y a todos los del Caribe. Barcos y aviones de guerra norteamericanos se dedicaron a la búsqueda del mercante capturado, mientras se creía que éste podía alcanzar Santiago de Cuba al final de ese día. Pero lo del “Sucre” era falso. Este buque había salido el día anterior de Mobile y solo iba a llegar a La Guaira el 19. No podía avistar nada al sur de Puerto Rico.

El último viaje

     Las noticias seguían siendo escasas. En la C. A. Venezolana de Navegación únicamente podían hablar de las características del “Anzoátegui”, que había sido construido en los astilleros de Roterdam, Holanda, en 1955 y es gemelo del “Mérida”, “Sucre” y “Yaracuy”. Había sido traído a Venezuela por el capitán Víctor González, el mismo que ahora está pegado a la radio de la compañía gritando sin cesar: “¡Atención “Anzoátegui”! “¡Atención “Anzoátegui!” “¡Atención “Anzoátegui!”, sin escuchar respuesta.

     El buque de 5 mil toneladas había costado unos 7 millones de bolívares y ahora valía 5 millones, estaba asegurado por esa suma en dos compañías de seguros, tenía un gasto diario de 4.287 bolívares, entre tripulación y combustible y una depreciación de 946 bolívares.

     Las biografías del capitán Oscar Pereira, a quien le quitaron el mando a unas 5 millas de la salida de La Guaira, no era mayor. Se trataba de un margariteño de 32 años, casado desde hacía 5 con Isabel Acosta, sin hijos. A la C.A. V. N.  había ingresado el 8 de septiembre del 53, como primer oficial del “Ciudad de Barquisimeto”, pasando después a comandar el “Ciudad de Cumaná”. Al “Anzoátegui” había pasado hacía solo 4 meses, hacía viajes al Golfo de México y cuando llegaba a La Guaira, se dirigía a su casa y permanecía allí hasta que solo le quedaban dos horas para zarpar de nuevo. El martes 12 de febrero no fue distinto. Estuvo en la quinta “Isamar” hasta las 3 de la tarde. Había llegado la noche del domingo de Puerto Cabello, donde su buque había descargado 336 mil toneladas de mercaderías para el comercio local. Allí cargó 50 barriles vacíos destinados a Nueva Orleans. En La Guaira solo iba a embarcar unas 600 bolsas de correspondencia. El capitán Román Parra, encargado de la oficina de la C.A.V. N. de La Guaira, supervisó ese día los trámites de rigor; le mandó primero una correspondencia al Administrador de Aduanas, diciéndole que el “Anzoátegui” saldría pronto, y otra correspondencia al Capitán de Puerto. Este mandó los remolcadores y prácticos. Como la operación se hizo dentro de las horas hábiles, el costo de la salida no tuvo recargos: los prácticos costaron 60 bolívares y el servicio de los remolcadores 250. Neptalí Marcano, el despachador de carga de la compañía que trabaja para ella desde hace 9 años, vio al “Anzoátegui” en el muelle 12 y no advirtió nada anormal. A las 5 y 5 minutos de la tarde el buque salió. De que iban 8 polizones que en un rato más iban a ayudarle a Medina Rojas a tomarse el barco, solo vinieron a saberlo al día siguiente.

El guerrillero José Rómulo Niño, segundo jefe de abordo, era estudiante de arquitectura en la UCV; “tenía más facha de pavito que de revolucionario”
El guerrillero José Rómulo Niño, segundo jefe de abordo, era estudiante de arquitectura en la UCV; “tenía más facha de pavito que de revolucionario”

Un rebelde foco político

     Galvao no usó mucho la radio cuando tomó el “Santa María”. Medina Rojas y sus 8 compañeros, la usaron menos, los radioaficionados de Venezuela, con su presidente José Gregorio Sánchez a la cabeza, trataban de comunicarse con el “Anzoátegui”, igual que todos los radioaficionados del mundo, pero sus captores preferían dar noticias por cables.

     Una agencia norteamericana le preguntó desde Puerto Rico a Medina por qué había tomado el barco, quién era él y su grupo, qué armas tenía, y cuál era su lider político. Wismar Medina Rojas contestó: “Confirmo FALN. Destacamento Rudas Mezones. Confirmo buque tomado patriotas venezolanos. Fin anunciar crímenes dictadura Betancourt. Tripulación bien”. Cuando le preguntaban por la posición del barco, contestaba: “No puedo dar posición”.

     El Contralmirante Sosa Ríos se había trasladado la tarde del jueves a Puerto Cabello a dirigir las operaciones. Cuando volvió el “Almirante Clemente”, se hizo a la mar el destructor “Nueva Esparta”. Se suponía que el “Anzoátegui” se hallaba en las cercanías de República Dominicana, pero nada era seguro. Del amotinado segundo piloto los directivos de la C.A.V.N. solo sabían que se trataba de un muchacho de 29 años, nacido en Caracas el 8 de septiembre de 1934; vivía en la avenida Caroní, en Bello Monte, había ingresado a la compañía el 14 de marzo de 1957, tenía segundo año de bachillerato; ahora era segundo piloto y como tal ganaba 1.100 bolívares mensuales, más sobretiempos. 

     Wismar Medina Rojas servía en el “Ciudad de Barquisimeto”, y el lunes 11 cuando se subió al “Anzoátegui”, para viajar en él por primera vez, volvía de sus vacaciones. Sus compañeros nunca lo vieron interesarse más por la política que por las muchachas, pero allí estaba, de repente, convertido en comandante insurrecto. Hasta sus dos hermanos y 3 hermanas se sorprendieron  al saber la noticia. Su madre se enfermó de terror y no habló con los periodistas. “Ëlite” estuvo dos veces en su casa y la que respondía las llamadas, sin abrir la puerta, era la criada. Ella se encargó de decir que el hijo de su patrona era soltero, buen hijo. Su hermano Silvio sentenció: “El es mayorcito ya para saber lo que le conviene”. Los diarios dijeron al comienzo que se trataba de un hermano del capitán de Fragata Pedro Medina Silva, uno de los jefes del “porteñazo”, eso fue desmentido, pero sí se dijo que era medio hermano del teniente de Navío Wallis Medina Parra, quien también intervino en el alzamiento de Puerto Cabello, por lo cual fue condenado a 25 años de prisión.

     Antes que finalizara el jueves, Medina Rojas se dirigió por primera vez  al senador Arturo Uslar Pietri. La compañía propietaria de la nave tomada logró captar el mensaje cuando estaba siendo enviado a Arrecife. El jefe de los rebeldes pedía al senador independiente que informara a la opinión nacional que el único responsable de la “acción Rudas Mezones” era él y que el capitán y los oficiales y tripulantes estaban bien y que agradecía que evitaran tergiversar noticias.

 

Rumbo hacia el sur

     El viernes por la mañana ya se decía que 1.600 infantes de marina buscaban el “Anzoátegui”. Cuba, por su lado, ofrecía asilo a los secuestradores y prometía entregar la nave al Secretario General de la ONU, si llegaba a algún puerto suyo. Esa mañana el telegrafista del “Anzoátegui”, Gary Arias Lugo, dirigió un mensaje a Andrés Arias, jefe de máquinas del “Mérida”, su padre, que se hallaba en ese momento en Nueva Orleans. Decía: “Estamos bien, bajo coacción, pero bien. Apagamos la radio”. Después de eso las informaciones dieron un vuelco. Se hacían conjeturas que el barco avanzaba con destino a Europa, porque sus captores no iban a caer en la trampa de acercarse a Cuba, donde le iban a salir al paso todas las unidades de la base de Guantánamo y la de Puerto Rico. “Ellos van por la ruta por la que vienen a Cuba los barcos de Europa” –se dijo–. Cuando encuentren uno trasbordarán y dejarán el buque en libertad. El objetivo era la publicidad y esa ya a consiguieron”. Esa teoría tenía muchas posibilidades, pero entonces líderes miristas de Venezuela dijeron que el “Anzoátegui” se dirigía hacia las costas de Brasil. Iban a repetir la aventura del “Santa María” desde el comienzo hasta el final. La operación se llama Rudas Mezones en homenaje al estudiante muerto en 1961, cuya conmemoraciópn del primer aniversario de su asesinato, causó el del profesor Ramírez Labrador. Los miembros del FALN en Caracas, a todo ésto, no perdían el tiempo. Sirviéndose del teléfono y de los pipotes de basura dejaban nuevos sobres con más informaciones, esta vez con fotografías de los captores del barco. Sus informaciones ponían a José Rómulo Niño como primer comandante de la operación. Niño es un estudiante de arquitectura alocado, que les reveló indirectamente a sus amigos su participación en la aventura con esta frase: “Este carnaval de Brasil no me lo pierdo. Acuérdense de que cuando llegue el carnaval, yo estaré allá”. De sus otros compañeros se sabían escasamente los nombres que ellos mismos habían dado. La excepción era Carlos Gil Palma, que trabajó como tercer piloto en el “Ciudad de Barquisimeto” hasta abril de 1958.

    El gobierno venezolano solicitó ayuda al gobierno de Estados Unidos, que envió aviones de la armada que localizaron al barco mercante secuestrado
    El gobierno venezolano solicitó ayuda al gobierno de Estados Unidos, que envió aviones de la armada que localizaron al barco mercante secuestrado

    Un cable de “Élite”

         En Caracas se seguían haciendo conjeturas acerca de cómo los 8 polizones habían podido burlar la vigilancia portuaria. Para pasar hasta los muelles los trabajadores marítimos tienen que llevar una tarjeta rosada, mientras que a los visitantes se los provee de una tarjeta celeste.

         Si hubo cómplices para que los miembros de la organización clandestina pasaran al muelle, es algo que se sabrá después. Lo que los reporteros de “Élite” pudieron comprobar que no es imposible pasar sin salvoconducto. Nosotros atravesamos el túnel de la plaza Vargas y salimos hacia los muelles. Un par de guardias nacionales apostados allí no nos pidieron ningún tipo de documento. Los miembros del FALN  pudieron hacer lo mismo.

         El “Anzoátegui”, que tiene 832 pies de largo y puede desarrollar una velocidad de 15 millas por hora, ese día seguía sin ser ubicado. Los famiiares de la tripulación se acercaban a las oficinas de la compañía que ocupa todo el segundo piso del edificio central, en la avenida Urdaneta; preguntaban cuánto duraría el combustible y se decorazonaban al saber que el barco tenía para navegar 15 días; entonces preguntaban por el abastecimiento y eran informados que también había comida para 15 días que, racionada, podía alcanzar para 20 días. Fuera de eso, el buque llevaba 50 mil bolívares para comprar lo que fuera necesario.

         El viernes al anochecer, “Élite” cablegrafió al “Anzoátegui. Les dijimos: “Interésanos reportaje aventura ustedes. Favor contestar objetivo acción, destino motonave, estado tripulación, situación a bordo, país donde se asilarán, etcétera. Gracias. Casi al amanecer, un radioaficionado nos hizo saber que recibiríamos respuesta. Poco después se supo que un avión P2V de la base de Jacksonville, USA, lo había avistado a 180 millas de la costa de Surinán, cuando avanzaba en dirección sur-sureste, posición 9 grados, 9 minutos, latitud norte; 54 grados, 14 minutos, longitud oeste, curso 150 grados.

     

    El mutismo del “Anzoategui”

         En las oficinas centrales del presidente de la C.A.V.N. el Dr. Alfonso Márquez Añez, se puso la corbata para darle la noticia a los periodistas. Pronto salieron de Ciudad Bolívar 3 aviones de las Fuerzas Aéreas Venezolanas y sobrevolaron el “Anzoátegui”. El destructor “Nueva Esparta”, al mando del capitán de Corbeta García Ibarra, que se hallaba la mañana del sábado nevegando en aguas internacionales en las inmediaciones de Cuba, recibió órdenes de dirigirse hacia las costas de Brasil, para que tratara de interceptar la ruta de los rebeldes. Desde ese momento el destructor de la Marina venezolana se puso a navegar a su máxima velocidad, 24 millas por hora, pero las esperanzas de alcanzar al carguero no eran muchas. En la central de la empresa naviera venezolana se escuchó antes del mediodía del sábado una transmisión de 3 minutos de Medina Rojas. El capitán Marcel Antonorsi, jefe de producción que estaba en ese momento a la radio, puso su dictáfono con la esperanza de conservar el mensaje, pero Medina hablaba un poco en clave y se le oía bastante mal. Decía que 4 aviones norteamericanosm estaban sobrevolando la nave como si tuvieran intenciones de ametrallarla “Eso demuestra –decía el “Comandante Simón”–, la interferencia de los Estados Unidos, en los asuntos venezolanos”. En Nueva York escucharon el mismo mensaje de esta manera: “La Papagua avisa al papago que va para Baracoa”. Haciendo una interpretación muy especial,una agencia noticiosa dijo que Papagua podría ser “Anzoátegui” y Baracoa, Belem. O Sea, el barco secuestrado iba para Belem, el puerto brasilero en la desembocadura del Amazonas, el más cercano, desde su posición de ese momento.

       Antes de que anocheciera, el gobierno de Joao Goulart hizo saber que si los rebeldes venezolanos llegaban al puerto brasilero, se les concedería asilo político y el barco sería devuelto a Venezuela. En Caracas, los miembros del Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL), que capturó el “Santa María”, felicitaba a la tripulación por la captura del “Anzoátegui”, diciéndoles: “En estos momentos todos los hombres libres están con vosotros”. Sin embargo, en Sao Paulo, el capitán Galvao, quien dirigió la “operación Dulcinea”, decía que la captura del barco venezolano no podía compararse con la del portugués, porque el “Santa Marta” no había sido tomado por comunistas. Los aviones norteamericanos que vigilaron durante todo el sábado la navegación del “Anzoátegui”, le transmitieron las instrucciones del Almirante Robert L. Dennison, Comandante de la Flota del Atlántico, de que se dirigiera a Puerto Rico. Medina Rojas y sus hombres se hacían los sordos. No contestaron. Ya era de noche cuando uno de los aviones disparó cohetes en la ruta del “Anzoátegui”, pero la nave calificada de pirata por el gobierno venezolano, continuó imperturbable su camino.

       En Caracas se pensaba que los captores del carguero venezolano, bien podrían elegir Georgetown, el puerto capital de la Guayana Británica, gobernada por el filocomuista Jagan, para atracar. El domingo en la noche la incógnita seguía. Varias unidades de la marina brasilera habían salido con la esperanza de llevar hacia uno de sus puertos el barco de la aventura. El “Anzoátegui” se hallaba entonces a unas 85 millas de la Guayana Francesa. Como el puerto más cercano seguía siendo Belem, se calculó que el carguero llegaría a puerto brasilero el martes en la noche. El destructor “Nueva Esparta” todavía no aparecía por la zona y nadie podía asegurar si iba a llegar a tiempo. Los aviones americanos no procedían porque la nave se encontraba en aguas internacionales y cualquier paso decisivo podía ser tomado como intervención directa en la política interna de Venezuela. En Caracas, la Venezolana de Navegación sacaba una sola cuenta: con la aventura había perdido hasta entonces unos 300 mil bolívares, porque ya había tenido que contratar otro barco para que trajera la carga que el “Anzoátegui” iba a recoger en Houston. Sobre el buque flameaba todavía la bandera roja y negra del FALN, cuando al amanecer del lunes 18 entraba definitivamente en aguas brasileñas y sus captores se preparaban a solicitar asilo político.

       Después de recibir asilo en Brasil, los guerrilleros venezolanos vajaron a Cuba, país donde se reunieron con uno de los líderes del gobierno comunista de la nación antillana, Ernesto “Che” Guevara, y luego ingresaron de manera  clandestina a Venezuela, para reincorporarse a la fracasada actividad subversiva que combatió con éxito tanto el gobierno de Betancourt como el de su sucesor, Raúl Leoni.

      Sir Robert Ker Porter*

      Sir Robert Ker Porter*

      Por Juan Vicente González**

      “La Meseniana de Juan Vicente González (1810-1866) a la memoria de Robert Ker Porter, publicada en “La Prensa” de 2 de enero de 1847, fue una respuesta a Robert Bedford Wilson, encargado de Negocios y cónsul general de Su Majestad Británica. En nota del 17 de agosto del año anterior al secretario de Relaciones Exteriores, hacía historia de los agravios y campañas de prensa contra el buen nombre de su país y los intereses británicos, y de paso llamaba “monomaníaco” a González, para entonces editor del “Diario de la Tarde”. Wilson se quejó de nuevo por la Meseniana, en nota del 6 de enero, y de paso repetía lo de “monomaníaco”. “Manifiestamente considerado como un monomaníaco, excepto por los que pagan su pluma para vilipendiar y calumniar a sus enemigos personales y opositores políticos. Las relaciones con sir Robert Wilson se hicieron cada día más tensas. Se le acusaba de favorecer al “partido faccioso”, y el Gobierno llegó a pedir su retiro, a lo cual accedió Palmerston. El encargado de Negocios de Gran Bretaña se embarcó para su país “con licencia” en mayo de 1847 y regresó en los comienzos del año 49, ya consolidado el gobierno de José Tadeo Monagas. Wilson fue también protagonista de un incidente con un cadete de la Escuela Militar que se hallaba de centinela en el parque de artillería. Bajaba el diplomático por la calle de la “Margarita”, “en coche abierto”, cuando el cadete detuvo el coche y dirigió la bayoneta a la cabeza de uno de los caballos, a fin de “obligarlo a marchar al paso”. De la averiguación practicada resultó que el centinela, “después relevado y reducido a prisión”, obedeció a órdenes recibidas para ejecutarlas en horas de la noche, en vista de la difícil situación en que se hallaba el país. Wilson permaneció en su puesto hasta noviembre de 1852, cuando renunció y fue reemplazado por Richard Bingham.

       

      En 1842, el periodista venezolano Juan Vicente González escribió un artículo en memoria del diplomático inglés Robert Ker Porter, que generó una agria polémica con el encargado de Negocios de Negocios y cónsul general de Inglaterra en Venezuela, Robert Bedford Wilson
      En 1842, el periodista venezolano Juan Vicente González escribió un artículo en memoria del diplomático inglés Robert Ker Porter, que generó una agria polémica con el encargado de Negocios de Negocios y cónsul general de Inglaterra en Venezuela, Robert Bedford Wilson

      “El elogio a los muertos es la sátira de los vivos

           Como el relámpago han huido los hermosos días de mi juventud. Mis cabellos, crespos a poco, marchitados hoy por el fuego de mi frente, la cubren como la ceniza que vuela fácil, a discreción del viento que la toca. ¿Con qué han volado aquellas horas, aquellos días felices, en que, ignorando las condiciones penosas de la vida, solo conmigo mismo, ese valle pacífico que el Guaire riega, con sus cascadas, sus flores y misteriosos ruidos, era toda mi delicia?.

           En ese tiempo en que yo buscaba en mi frente algo que me parecía existir allí, para reír luego de mi loca presunción, bullicioso o abatido, bajo la sombra de los naranjos o a la orilla del río entregando mi anzuelo sin cuidado ni objeto a las aguas que veía desaparecer, tú, extranjero querido a mi memoria, amigo mío; tú detenías tu caballo, que diariamente llevabas a aquellos lugares, y sonriendo dabas espuela a mi imaginación que tomaba vuelo y se perdía en el torbellino de su delirio: una breve sonrisa iluminaba de pronto tu rostro tan serio y ya te arrebataba a veces el sauce a mis miradas, cuando escuchaba los signos de tu extraña alegría.

           En la ciudad, ¡oh! ¡qué bueno fuiste conmigo! Amigo de las artes y las letras, noblemente sencillo, ante aquella imagen tan digna, imponente y severa, yo concebí lo ideal del hombre. ¿Quién en Venezuela recordará sin lágrimas su memoria? Ningún género de dolor, ninguna miseria hubo que no hallase en él un consolador generoso, un protector delicado y circunspecto. Los pobres lloraron a las puertas de su casa el día de su dolorosa ausencia.

           ¡Cuánta modestia adornaba aquel pecho hidalgo y generoso! Largos años le poseímos, breves para el amor de Venezuela, y nunca oímos de su labio la gloriosa historia de su vida: su pincel había representado la batalla de Azincourt, de tanta gloria para Inglaterra, de tan triste recuerdo para Francia; su mano, que había decorado el palacio de San Petersburgo, había empuñado la espada contra el sultán de Myzore a las órdenes del vencedor de Waterloo; viajero, sus notas habían servido para la historia poética de esa Persia, patria de otros hijos del Sol. Yo bien adivinaba al grande hombre entre la noble sencillez, la elegante afabilidad, las exquisitas maneras llenas de dignidad y buen gusto que distinguían a aquel brillante caballero.

           Él puso, él, la fuente de los más puros placeres en mi corazón: el acostumbró mi oído al nombre de los poetas de Albión, a cuyo estudio me excitaba incesantemente. Sin él acaso aun no habría escuchado la dulce voz, tan triste, de la hija de Capuleto, las querellas suavísimas de la sencilla Desdémona, ni los apasionados acentos de la ideal Ofelia. ¡Hermoso Edén del parnaso inglés! Sir Robert Porter me hizo amar tus bosques perfumados de sentimiento y armonía.

           ¡Albión! Este respeto a tu poder, esta admiración por tu historia, esta ansia de tu dicha, un hijo tuyo me la inspiró; de él supe tu gloria tan superior a la de Cartago, tu noble influjo de valor y civilización, los grandes ejemplos de tus héroes, los sublimes combates de tu tribuna, a Chatam expirando por creer desgraciado a su país, a Nelson pereciendo en Trafalgar.

      Sir Robert Ker Porter, autor del “Diario de un Diplomático Británico en Venezuela 1825 a 1842”.
      Sir Robert Ker Porter, autor del “Diario de un Diplomático Británico en Venezuela 1825 a 1842”.
      Robert Ker Porter dejó para la posteridad algunos retratos de ilustres venezolanos, tres de ellos del Libertador Simón Bolívar
      Robert Ker Porter dejó para la posteridad algunos retratos de ilustres venezolanos, tres de ellos del Libertador Simón Bolívar
      El retrato que elaboró Ker Porter de José Antonio Páez, se encuentra en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela (Casa Amarilla)
      El retrato que elaboró Ker Porter de José Antonio Páez, se encuentra en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela (Casa Amarilla)

           Sí, yo amo la bandera inglesa: los hijos del valeroso Ricardo tremolaron nuestros pendones y mezclaron su noble sangre con la de nuestros héroes en los campos de Carabobo. Los mares orgullosos sacuden su cabellera de espumas al conducir tus naves, y a sus riberas los pueblos atónitos asoman la cabeza para admirar tus ciudades, tus castillos, tus armadas flotando sobre la espalda del Océano.

           ¡Sir Robert Porter, amigo! ¡Qué grato es tu recuerdo a mí corazón! Por la tarde a veces, pensando en ti, me encamino lentamente al campo de los muertos consagrado por tu piedad a los difuntos de tu religión. Una ilusión me hace soñar tu tumba en medio del fúnebre cementerio: parece que todo hace silencio a tu augusto sueño… ¡ay!, tu sepulcro reposa allá lejos entre las nieves de Rusia: una hija tuya la riega con su llanto. ¡Dure allí consagrado por el respeto y cubierto de olorosas flores a la sombra de la piedad filial!

           Bien pudiera Inglaterra, que es tan pródiga de ilustres ciudadanos, para estrechar relaciones tan dulces, enviar a este país que la admira, hombres que la representaran dignamente.

           Yo lo sé, con cuidado tendría que buscar un intrigante de protervo corazón, de maneras toscas, cómplice con todos los malvados por su intención, ignorante e indigno. ¿A qué iría a buscar un MONOMANIACO en sus plazas, o entre los que gritan y arrojan todo alrededor de un pilorí? ¡Inglaterra! Cualquier hijo tuyo educado en tu seno es digno de representarte.

           ¡Quién me llevará a las orillas del Támesis, ante la augusta Soberana, en cuyas manos de Venus sienta tan bien el tridente de los mares! Yo quisiera ver esos lores, esos ministros, que gobiernan el mundo, ese poder cuya sombra cubre los Estados, cuyas colonias satisfarían la ambición de Alejandro y cuyo gobierno sabio, fuerte, misterioso, por una excepción inexplicable y para enseñarnos que hay también fragilidad en las naciones, se hace representar a veces por indignos hijos”.

      EL RETRATO DE SIR ROBERT KERR PORTYER, K. C. H.

      PROPOSICIONES PARA PUBLICAR POR SUSCRIPCIÓN

      E L R E T R A T O DE NUESTRO MALOGRADO COMPATRIOTA, EMINENTEMENTE DISTINGUIDO EN LAS ARTES, DIPLOMACIA Y LITERATURA DE SU NACIÓN; QUE FALLECIÓ, AUN SIRVIÉNDOLA, EN SAN PETERSBURGO

      El retrato será grabado en Mezzotinto,

      POR W. Q. BURGESS,

      Según uno perteneciente a Miss JANE PORTER, tomado del natural.

      Por el finado

      GEORGE HARLOWE

      Tamaño de la lámina: 17 pulgadas de largo y 12 de ancho

      Primeras copias (Proofs)…………………………………2 Guineas

      Copias comunes (Prints)…………………………………1      ”

      PUNTOS DE SUSCRIPCIÓN

      En Londres: Los Sres. P. y D. Colnaghi y Ca. 14 Pall Mall East; el Sr Churchill, librero, 16, Princess Street, Soho; y los Sres Longman & Ca., Pater-noster-row

      En Caracas: el Sr. J. M. de Rojas, calle del Comercio, núm. 40

      (El Liberal, 2 de octubre de 1842, Caracas)

      * Sir Robert Ker Porter (1777-1942), fue ministro Plenipotenciario de la Gran Bretaña en Venezuela, entre 1825 y 1842. Durante esos años, y de manera sistemática, el diplomático ingles escribió un diario en el que plasma, con una visión muy personal, el acontecer de aquel período de postguerra de la independencia de la Gran Colombia y su posterior separación. Ese diario fue publicado posteriormente bajo el título de Diario de un Diplomático Británico en Venezuela 1825 a 1842. Porter también dejó para la posteridad algunos retratos de ilustres venezolanos, con los cuales tuvo amistad, entre ellos, Simón Bolívar y José Antonio Páez

      ** Periodista, escritor, político y educador caraqueño (1810-1866), graduado en filosofía, fue autor de numerosas obras de carácter histórico y literario. Polémico periodista que adversó a los presidentes José Tadeo Monagas y José Antonio Páez. Fue fundador del colegio El Salvador del Mundo, donde impartió clases gramática y filosofía. Su producción escrita en el campo de la política, donde se destacan sus célebres «Mesenianas», lo sitúan como uno de los más destacados prosistas venezolanos del siglo XIX. 

      FUENTES CONSULTADAS

      • Crónica de Caracas. Caracas, Nos. 37-38, jul-dic. 1958; Págs. 162-165

      La muerte de Ugarte Pelayo

      La muerte de Ugarte Pelayo

      Alirio José Ugarte Pelayo, líder político del partido Unión Republicana Democrática (URD).
      Alirio José Ugarte Pelayo, líder político del partido Unión Republicana Democrática (URD).

           “Alirio Ugarte Pelayo* había estado reunido la noche anterior hasta después de la una y media de la madrugada, hablando sobre la fundación del nuevo partido político Movimiento Demócrata Independiente. Alirio vacilaba un poco. Prefería mantenerse independiente, como lo había anunciado, pero sus amigos le decían que la formación de un grupo definido era necesario.

           La noche del miércoles había discutido eso con sus amigos, una vez más. Caridad Sperandio, su esposa, con la cual se casó en 1949, lo notaba cansado y le decía: “Alirio, te estás fatigando demasiado. Debes dormir un poco”.

           Pero a Alirio, desde antes del 26 de abril que fue cuando los suspendieron en URD por 16 votos contra 12, no podía dormir tranquilo. Se mantenía despierto con pastillas de Bellergal y con café.

           El jueves 16 de mayo de 1966, los reporteros que acudieron a la residencia de Alirio Ugarte Pelayo para dar cobertura a la rueda de prensa en la que anunciaría el lanzamiento de un nuevo partido político (Movimiento Demócrata Independiente), se vieron obligados a cambiar la razón de la pauta periodística, de política a sucesos. Estando todos reunidos en su casa, y solo a minutos de comenzar la presentación, se escuchó un disparó.

           El dirigente político de 43 años de edad, fue hallado en la biblioteca de su casa (Quinta Claudelí) de la urbanización Los Chorros, en Caracas, con un disparo de revólver en la sien derecha y debió ser trasladado de emergencia a la Clínica Avila, de Altamira, donde falleció cuando era atendido en el quirófano.

           Aunque la Policía Técnica Judicial (PTJ) determinó que se trató de un suicidio, muchas fueron las especulaciones  que se ventilaron en torno a la posibilidad de un asesinato, por las circuntancias que rodearon la rutina del político que por esos días, ya que  fue suspendido de actividad de militancia en el partido Unión Republicana Democrática (URD), por serias diferencias con el máximo dirigente de esa tolda, Jóvito Villalba, quien se negaba a no aceptar que lo retaran en la nominación de la candidatura presidencial para las elecciones de 1968.

            Un par de semanas después de la desaparición física de Ugarte Pelayo, en la edición del 18 de junio de 1966 de la revista Élite, el periodista Félix Hache analizó los diferentes escenarios que rodearon la muerte del joven dirigente político.

       

      Suicidio premeditado

           En el trágico epílogo de la vida del Dr. Alirio Ugarte Pelayo conmovió a la nación y dará tema por mucho tiempo a los comentarios políticos. Todo lo que se diga para explicar el drama del joven y relevante líder quedará en el aire, sin bases documentales. No obstante, a los pocos días de su muerte ya corrían por la calle multitud de versiones, muchas de ellas montadas sobre aparentes bases lógicas. Aquí recogemos, con difícil objetividad, las que nos han parecido más verosímiles. Las otras, por descabelladas, no son de tomarse en cuenta.

      Los amigos se disputaban el honor póstumo de cargar sobre sus hombros los restos de Alirio
      Los amigos se disputaban el honor póstumo de cargar sobre sus hombros los restos de Alirio

           Alirio quiso romper con el estilo político imperante y esto lo llevó a ubicarse en la peculiar posición de hacerse líder y factor de una concordia que acercara a ciertos sectores políticos, afines o no. La recepción que dio a comienzos de año en su residencia de Los Chorros, a la cual fueron invitados personeros de todas las gamas partidistas ̶ desde el perejimenizmo hasta la extrema izquierda ̶ y de las llamadas fuerzas vivas, es una prueba de esa intención cordial. Que aquella cromática recepción fue hecha con fines políticos no cabe la menor duda, pero esos fines fueron honestos y respetables. No lo interpretaron así los tercerones de Jóvito, quienes dieron la voz de alerta. “¡Alirio tiene aspiraciones presidenciales!”. Tácitamente fueron ellos los que lanzaron así, sin proponérselo, el nombre de Alirio sobre el tapete de los candidatos presidenciales. Ya para ese entonces el doctor Ugarte Pelayo era un político presidenciable. Y es de advertir que en este país son muchos los candidatos presidenciales. Un hombre de su brillo intelectual, hábil expositor que a su facilidad de palabra unía cierta emoción, bastante sinceridad y un poco común don de gentes, fue convertido, sin su anuencia, en un potencial candidato a la Presidencia de la República. Su interés por la concordia, paradójicamente, le ganó la animadversión de algunos dirigentes de su propio partido. 

           En URD se le ha rendido un permanente culto a la personalidad de Jóvito Villalba ̶ culto en el que participó el propio Alirio sin reservas y con una sinceridad que no convenció a los tercerones del Maestro ̶, quien jamás admitió a su lado a segundos que pudieran opacarlo. Esta cualidad de Jóvito la prueban hechos históricos tales como su salida voluntaria del PDN, cuando Rómulo Betancourt se ganó en la clandestinidad el puesto de jefe indiscutible del partido, y el mutis que hicieron los fundadores de URD ̶ Elías Toro, Isaac Pardo, Mariano Picón Salas, Inocente Palacios ̶, hombres de fuerte personalidad que no podían tolerar a un jefe único y vitalicio dentro de una organización democrática. 

           No se ha comprobado que el doctor Ugarte Pelayo moviera resorte alguno, ni dentro ni fuera de URD, en favor de su pre-candidatura presidencial, actitud  que, de haberla asumido, hubiera sido perfectamente lícita. La campaña que contra él desataron los tercerones de Villalba, movidos por el celo y con un encono igual al de un  monárquico en venganza de una lesa majestad, tuvo su culminación con el pase del líder al Tribunal Disciplinario y su posterior salida de URD. Esta crisis fue observada paso a paso, por medio de la prensa y la televisión, en las voces de sus principales protagonistas, por el pueblo venezolano. Jóvito y Alirio expusieron sus razones con un lenguaje de altura. El Dr. Ugarte Pelayo fue más lejos aun y en cada una de sus intervenciones, casi con humildad, además de exponer sus conceptos, elogio e hizo protestas de amistad y respeto hacia el Maestro, con lo cual dio un ejemplo de tolerancia y de convivencia. Durante esos sucesos Alirio fue la imagen clásica del político sereno y seguro de sí mismo, reflexivo y desapasionado, pero firme. Nunca como en esos días se ganó A. U. P. tantos adeptos al exhibir sus dos relevantes personalidades: la humana y la política. Pero el Maestro se salió del marco de la altura política y el lunes, tres días antes del suicidio, en la casa distrital urredista, desató un lenguaje del más puro y feroz canibalismo político. Los insultos fueron publicados el martes, a toda página, en casi todos los diarios. Desde acusarlo de estar en combinación con “lo más podrido del perejimenizmo”, hasta presentarlo como mezquino personaje al asumir una actitud anti-adeca por haber sido vetado para el cargo de Ministro del Trabajo por el Presidente Leoni, pasando por el señalamiento de pretéritos errores políticos, el Dr. Villalba lo escarneció sin compasión.

      Poco antes de comenzar la rueda de prensa que había convocado en su casa, para anunciar la fundación de un nuevo partido político, Alirio Ugarte Pelayo se quitó la vida disparándose un tiro de revólver en la sien derecha
      Poco antes de comenzar la rueda de prensa que había convocado en su casa, para anunciar la fundación de un nuevo partido político, Alirio Ugarte Pelayo se quitó la vida disparándose un tiro de revólver en la sien derecha

           ¿Hasta qué punto rompieron el equilibrio emocional de Alirio los insultos de Jóvito, a quien él dio inequívocas muestras de respeto y aprecio, aun en lo más agudo de la crisis que los distanció? El doctor Ugarte Pelayo nunca fue, ni personal ni políticamente, un hombre de combate. Era idealista y poeta, de temperamento amable, cariñoso, pródigo en actitudes afectuosas. Contaba con amigos verdaderos aun dentro de los sectores antagónicos a él. La crisis partidista de la que fue eje, quizá contra su voluntad, le crearon compromisos que no buscó. En torno a su persona se Produjo un reajuste político y de opinión de alcances y trascendencia nacionales que lo envolvió en inesperadas responsabilidades. Posiblemente su mayor problema fue el de violentar su pensamiento y sus propios planes al verse obligado a establecer una nueva fracción política, él, que no propiciaba el fraccionamiento del país político y sí una reagrupación de voluntades.

           El miércoles fue un día decisivo. Perdido su equilibrio emocional optó por el suicidio, una solución romántica trascendente. Preparó la escena y una rueda de prensa para que el impacto fuera mayor. Hombre de muchas luces, se abstuvo de dejar un testamento o algún otro documento que disminuiría la repercusión de su voluntario sacrificio.

           Esta es una de las versiones, pero alrededor de ella surgen dudas. Alirio no era rencoroso y sabía que un acto suicida repercutiría con fuerza destructora en URD. Para un hombre de su inteligencia, de sus recursos y de su serenidad, no era admisible como móvil la venganza y menos a costa de su propia vida. ¿Hizo presa de él el desaliento al no sentirse capaz de usar las armas del insulto y la diatriba para defenderse y atacar y optó por hacer un mutis definitivo? No lo creemos. Ugarte Pelayo   ̶ lo dijo poco antes de morir al responder a un periodista que requirió su opinión sobre los ataques personales de que era objeto ̶ conceptuaba los insultos a él dirigidos como dañinos para quien los profería.

           Lo cierto es que el suicidio de Alirio Ugarte Pelayo, pese a la ausencia de un documento escrito o hablado, es un desgarrador mensaje político lanzado a una Venezuela que se debate en menudas y estériles pugnas y, sin que esto haya sido su postrera intención, el rostro de quienes lo escarnecieron y no creyeron en su desprendimiento, en su sinceridad, en su bondad.

       

      El chantaje

           Otra versión es la del chantaje y ella gira en torno a la última llamada telefónica que recibió Alirio, minutos antes de dispararse un revólver en el parietal. El líder, mental y moralmente golpeado durante más de 20 días y ya al borde de una crisis nerviosa debido a las presiones a que lo sometieron los sucesos que venían desarrollándose, teniéndolo a él como eje, habló por teléfono y después se mató. ¿Quién fue el autor de esa llamada? ¿Qué grave noticia le comunicó? ¿Qué amenaza le hizo? Las perspectivas políticas de A. U. P. eran prometedoras. Militantes del que fue su partido y muchos otros adeptos que le llovieron en toda la República, le daban humano caudal para fundar un nuevo y poderoso grupo político. Su presencia en el escenario político, sin las trabas egoístas y mezquinas que trataron de frenar su ascenso, modificaba varios aspectos del panorama partidista y lesionaba intereses. Su estilo era nuevo, avasallante y amenazaba con provocar cambios en las combinaciones presentes y en las estructuras futuras del país. Nada tuvo de extraño que quienes ya lo combatían y los que se aprestaban a combatirlo con el uso de desleales armas, tales como el insulto y el infundio, hayan apelado al chantaje para detenerlo en sus propósitos. Pero, ¿qué cosa tan extraordinariamente grave e indestructible esgrimieron para cometer el chantaje? Alirio tuvo deslices y errores políticos, como los han tenido todos los actuales dirigentes políticos, y para esos errores tuvo justificación. No hubo programa televisado al que él asistiera en el que, cual disco rayado, dejaran de preguntarle: ¿Cómo explica usted su actuación como director de Política del Ministerio de Relaciones Interiores y como Gobernador de Monagas durante el régimen dictatorial? Su respuesta llena de lógica sonaba también como disco rayado. De tal manera que hay que descartar, como arma chantajista, algo que se relacione con su actuación política entre 1948 y 1952. ¿Apareció algún documento que sobre el infundio de los cuarenta millones de bolívares que oscuras fuerzas políticas nunca nombradas por sus nombres y apellidos, le ofrecieron para su presunta campaña presidencial? Tal hipótesis es increíble. Si ese documento existiera sus enemigos lo hubieran hecho público sin tener la delicadeza de participárselo; es más, lo hubieran publicado aun después de muerto. Alirio, quien si antes, vivo, fue un formidable adversario, ahora, después de muerto, es una gigantesca sombra acusadora para unos cuantos y una luz orientadora para muchos.

           Es difícil admitir el chantaje como factor determinante del suicidio de A.U.P. Si esa llamada telefónica fue la última gota que desbordó el vaso de su emotividad y lo impulsó a accionar el gatillo, por el hilo telefónico no vino una amenaza ni un chantaje, sino cualquiera otra de esas noticias que sí eran capaces de conmoverlo, como, por ejemplo: la defección de un amigo o un nuevo rastrero ataque de quienes unos días antes figuraron en la, para él muy respetable, lista de sus afectos.

      En el trágico epílogo de la vida del Dr. Alirio Ugarte Pelayo conmovió a la nación y dará tema por mucho tiempo a los comentarios políticos
      En el trágico epílogo de la vida del Dr. Alirio Ugarte Pelayo conmovió a la nación y dará tema por mucho tiempo a los comentarios políticos

      Decepciones

           El Dr. Ugarte Pelayo renunció a la vida, a n hermoso hogar y a un porvenir político que era francamente prometedor. Las banderas de la angustia y de la esperanza de muchos venezolanos estaban en sus manos y prueba de ello fueron los ojos, anegados en llanto, de las humildes gentes que, en apretada multitud, acudieron a su imponente cortejo fúnebre. Su inteligencia fue un desafío a los intrigantes de la política, a los que no juegan limpio. Fue un hombre de gran sensibilidad   ̶ amaba el arte, la poesía y todas las cosas hermosas ̶, cuyo estilo era la cordialidad, el culto a la amistad. Tenía amigos, muchos amigos en todos los partidos políticos. Quizás fue esta personal característica suya lo que indujo a sus pequeños y mezquinos detractores a sospechar que Alirio buscaba contacto con líderes de otros sectores con fines personalistas. La dispersión ideológica y la inquina personal han contribuido a la fragmentación de nuestro mosaico político. Esto lo sabía Alirio y por eso trató y buscó un acercamiento con dirigentes de otras toldas, con el generoso deseo de superar el más grave problema político de este país: la desunión. Ese signo amistoso de su personalidad humana y política le ganó sinceros afectos y muchos adeptos. Es muy posible que durante y después de la crisis que produjo su salida de URD, algunos de esos amigos, dirigentes de otros partidos, le hayan prometido formal e informalmente apoyo para su futuro político, pero luego, después de hacer sus cálculos, desistieron por temor a verse desplazados de sus posiciones de comando por la descollante personalidad de A.U. P., lo que sin duda hubiera ocurrido a corto plazo, tal como sucedió en URD. Es un signo fatal de este país el que sus dirigentes, casi todos, se crean predestinados a misiones salvadoras exclusivas. De ahí el celo que en ellos provocan hombres de las dimensiones de Ugarte Pelayo, capaces de lograr amplios objetivos. 

           Poco importaba el contingente humano que Alirio pudiera aportar a una organización política ya existente, además de su caudal ideológico, si su talla de líder estaba llamada a opacar a los viejos ductores. A. U. P. no se mostró, en principio, dispuesto a fundar un nuevo grupo político. Consideraba el fraccionalismo como negativo para el movimiento democrático y por tal razón hubiera preferido sumarse a un partido ya existente a agruparse en una nueva fracción. ¿Qué le hizo dar marcha atrás en ese propósito? Los urredistas que espontáneamente lo siguieron a su salida del partido fueron muchos, varios millares, entre ellos centenares de dirigentes, mayores y menores, que con él tenían frecuente o diario contacto. Es de presumir la influencia que este hecho ha debido ejercer sobre sus intenciones. ¿Le creó esta situación una sensación de frustración, que se añadió a las desazones que en todo ser humano se producen al ser víctima de una injusticia y encima ser agredido con encono? ¿Se vio metido en un atolladero sin salida en el que por un lado corría el riesgo de contradecir sus manifestaciones públicas sobre el fraccionalismo político, así éste fuera honorable y justificado, y por el otro su conciencia de hombre bondadoso le reclamaba no defraudar a sus espontáneos seguidores? ¿Qué camino seguir? Quizás A.U. P., en medio de las intensas presiones a que estaba sometido, perdiera su ponderado discernimiento y no viera otra salida que la heroica del propio y voluntario sacrificio.

       

      Complejo de cuna y frustración

           Es otra de las versiones. Tiene facetas científicas y tendría que ser explicada por un psiquiatra, pero para los que conocían al Dr. Ugarte Pelayo es inadmisible. El origen, en nuestro país, no es traba que impida a nadie surgir en cualquier actividad. Más aun, cuando el nivel de una cuna sin apellidos, pasando por una adopción de terceros, se llega a escalar las altas posiciones que desde muy joven tuvo Alirio, lejos de ser un baldón ello constituye un mérito y es motivo de admiración. Ugarte Pelayo jamás ocultó su origen y no se avergonzaba de él. Sin amargura, con su característica generosidad, alguna vez narró a los periodistas las alternativas de su infancia y se refirió con respeto y amor a sus padres naturales y a los adoptivos que le dieron sus apellidos. Allí está, para probarlo, la gran entrevista que le hizo Élite en febrero de este año, en la cual Alirio contó, con lujo de detalles, la historia de su nacimiento. En la misma oportunidad se quejó de ser un hombre que provocaba controversias sin él proponérselo. Sus más diáfanas actitudes eran interpretadas caprichosamente y, muy frecuentemente, en sentido diametralmente opuesto a lo que él se proponía. Ciertamente que no le fue fácil obtener lo que otros tuvieron y tienen como llovido del cielo.

           Supo vencer obstáculos y convencer a sus adversarios. Su voluntad de vencer ha debido desarrollar en él una disciplina como muy pocas y adquirir un adecuado sentido de su proyección personal y política en el destino de su país. Su emotividad de poeta ̶ “soy un poeta frustrado”, declaró en una entrevista a un reportero ̶ fue superada por su brillante inteligencia de político y logró así un equilibrio entre lo idealista y lo práctico. ¿Dónde está entonces su frustración?  Alirio se propuso una meta difícil y estaba en el camino, lleno de obstáculos, pero con promisoras perspectivas, a recorrer para alcanzarla. Joven, con indudables y brillantes condiciones de dirigente, con densos conceptos sobre una realidad nacional imperante y otra por alcanzar, con ideas muy claras sobre los problemas nacionales, con un apoyo que nació espontáneo en diversos sectores y, por último, con una natural inclinación a sumar y multiplicar y no a sustraer y a dividir, tenía ante sí un panorama como para sentirse optimista y no frustrado.

           Sean cual fueren los motivos y las causas que impulsaron el suicidio del doctor Alirio Ugarte Pelayo, lo único cierto es que fue una víctima más de esa vorágine política que destruye hombres y vidas, pulveriza prestigios y tiene sumida a Venezuela en un angustioso suspenso”.

      FUENTES CONSULTADAS

      • Elite. Caracas, 28 de mayo de 1966

      • Elite. Caracas, 18 de junio de 1966

        * Alirio José Ugarte Pelayo, líder político del partido Unión Republicana Democrática (URD). Nacido en la Hacienda Palmira, cerca de Anzoátegui, población del estado Lara, Alirio era hijo natural del general José Rafael Gabaldón y de Romelia Tamayo Anzola, pero que tuvo como padres adoptivos a Luis Horacio Ugarte y Hercilia Pelayo, ambos de Guanare y compadres de Gabaldón.

      El siniestro que conmovió a Caracas

      El siniestro que conmovió a Caracas

      La noche del diez de junio de 1927 un incendio seguido de tremenda explosión, estremeció el centro de la ciudad, el casco de lo que todavía era un apacible poblado, y ese suceso causó conmoción en todo el país. El siniestro tuvo lugar entre las esquinas de Sociedad y Traposos, a una cuadra de la Plaza Bolívar, y se produjo en los Almacenes de Quincalla y Ferretería de los señores Eduardo y Antonio Santana A., resultandos dañados otros establecimientos comerciales contiguos, muertas algunas personas y lesionadas muchas más. Entonces no existía un cuerpo de bomberos. Los incendios eran atendidos por la policía, que guardaba en su sede un viejo camión cisterna llamado “La Benemérita”.

      Por Raúl S. Esteves

      Una de las primeras víctimas fue el oficial de la policía, Víctor Ramón Pérez, quien falleció por contusiones y quemaduras
      Una de las primeras víctimas fue el oficial de la policía, Víctor Ramón Pérez, quien falleció por contusiones y quemaduras

      La urbe de entonces

           “Caracas era entonces una urbe de ambiente muy sosegado. Sus calles eran angostas, los edificios no sobresalían con altura mayores a los 4 pisos y el tránsito automotor iniciaba tímidamente el desplazamiento del que era movido por tracción animal. El tranvía eléctrico apareció como una conquista moderna y los automóviles de lujo no costaban más de cuatro mil bolívares.

           Los diarios de aquel día, escuálidos de avisos y atiborrados de artículos y de comentarios, traían unas cuantas noticias que debieron ser de mucho interés: Laureano Vallenilla Lanz, director del periódico oficial “El Nuevo Diario”, viajaba hacia Europa con pasaporte diplomático en el vapor inglés “Toloa” y fue objeto de un magnífico recibimiento por la plana directiva del “Diario de la Marina”, cuando el buque hizo escala en La Habana. El pintor Rafael Monasterios exponía obras suyas en los jardines del Club Venezuela y prorrogó la muestra hasta el día diecinueve. La Agencia de Lotería “El Sol” anunció que había dado el tercer premio con el número 7088, y el aviso lo firmaba el propietario de la agencia, señor Alberto Fontes.

           El presbítero Salvador Montes de Oca había sido elegido Obispo de Valencia; sesionaban el Congreso Nacional y el Concejo Municipal. En lo internacional, Albania había roto relaciones con Yugoslavia.

           Gómez estaba en el poder.

           Era viernes y buena parte de los habitantes de Caracas plenaban, para matar el nocturno aburrimiento, las tres más importantes salas de exhibición cinematográfica. Quienes habían ido al “Rialto” veían “Casado y con Suegra”, y “El Doctor Jack”, con Harold Lloyd como el protagonista principal. En el “Ayacucho” proyectaban ̶ Noche Extraordinaria de Gala ̶ una cinta con Norma Talmadge y Eugene O’Brien, titulada “La Princesa de Granstark”, y los asistentes a la sala del “Rívoli” pasaban un rato entretenido con “El Boticario Rural, de W. C. Field y Luise Brooks, cuyas actuaciones humorísticas estaban de moda en el ambiente cinematográfico. Con todo y esos excelentes programas de cine, el precio de las entradas oscilaba entre real y medio y cinco bolívares.

           Policías armados con rolos que sus manos inquietas convertían en objetos volátiles, agentes del orden con negros morriones sobre sus cabezas, cumplían turnos de ronda por el centro comercial de la ciudad. A intervalos pasaba un coche, trepidaba un tranvía que “iba a guardar” o cruzaba una limousine de ronroneante motor que a esa hora y por aquella zona, no podía “correr a sesenta”, a menos que tuviera sobre sus placas el leoncito gomero que era símbolo de poder.

       

      La voz de alarma

           Poco después de las diez un “número” llegó a su cuartel policial que estaba entre las esquinas de Monjas a San Francisco, y con voz jadeante, dio la voz de alarma: ̶ De Sociedad a Traposos hay un gran incendio!!

           Dice uno de los cronistas periodísticos que “se inició activamente la lucha contra el fuego, acudiendo en el acto un fuerte contingente del cuerpo de seguridad, a cuyo frente estuvieron atendiendo el salvamento, el señor gobernador del Distrito Federal, su secretario general, su secretario privado, el señor prefecto del Departamento, el coronel Pedro l. García, jefe de la policía, el jefe civil de Catedral y otras personalidades y funcionarios públicos. . .”.

           Asegura el cronista que ya estaba al cabo de heroicos esfuerzos, localizado el fuego en el almacén de la ferretería y poco faltaba para dar fin a la ardua tarea de extinguirlo, cuando una formidable explosión causó la mayor catástrofe, ocasionando varias víctimas, al tiempo que avivaba las llamas. La lucha contra el voraz elemento tuvo que ser intensificada, hasta convertirse en una tarea titánica que conllevó al no menos terrible del salvamento de las víctimas.

       

      Muertos y heridos

           Dice igualmente la información periodística que durante aquella dolorosa circunstancia fueron recogidos en el primer momento dos cadáveres. Llevados al Hospital Vargas quedó identificado uno de ellos como de Don José de la Torre, distinguido y honorable elemento de la colonia española, dueño de la Confitería “Venezuela”, instalada en la esquina de Las Madrices. Este señor, al tener conocimiento de lo que sucedía, había salido de su negocio y cuando cruzaba la calle cerca de la esquina de Los Traposos, se produjo la explosión y recibió de lleno un pesado artefacto metálico que le ocasionó espantosa herida en la parte posterior del cráneo, con pérdida de masa encefálica.

           El otro cadáver fue el de un agente de apellido Solórzano, chapa número 274, quien cumplía labores de salvamento y pereció al ser sepultado por una pared caída casi a la entrada misma del local incendiado. En el Hospital Vargas fueron recibidos más de treinta heridos, algunos de gravedad y casi todos quedaron bajo vigilancia médica. Era la inicial remesa de un lamentable saldo dejado por la destructora fuerza producida quizá por la chispa de un corto circuito.

           Entre los primeros heridos y contusos que fueron conducidos al centro asistencial situado en la parroquia San José, estuvieron Juan López A., alto empleado de la Casa Santana, quien presentó fractura en un brazo y heridas en el cuello; José Pacheco, empleado de la Sanidad; Marcos Sergio Navarro, policía N° 20, y Luis Mendoza. Quedaron hospitalizadas diecinueve personas.

      Interior del comercio donde se inició el incendio que conmovió a Caracas, en 1927
      Interior del comercio donde se inició el incendio que conmovió a Caracas, en 1927

           Recibieron atención médica y pudieron regresar, Mauricio Sajourné, caballero francés que era empleado del Teatro Ayacucho. Este señor fue auxiliado por Elías Bernard, redactor de

           “El Nuevo Diario”, y conducido en un auto hasta el Hospital Vargas, donde también habían recibido atención médica Francisco Bertorelli, repórter del mismo periódico; Gustavo Moreno Hidalgo, empleado de la Imprenta Nacional; Luis Hernández Gómez, empleado de la Jefatura de Catedral y el oficial de policía Luis Puig Ros.

           En clínicas particulares fueron curados algunos de los que recibieron lesiones, entre ellos, el señor Roberto Santana, factor importante de la firma que resultó ser la más seriamente afectada.

           Dice una crónica que “. . . el señor ministro de Relaciones Interiores, doctor Pedro Manuel Arcaya, se trasladó al Hospital Vargas para conocer personalmente del estado de los heridos que recibían atención de internos y externos de ese instituto convocados de urgencia, los cuales cumplieron gran actividad. El Dr. López Viloria, Inspector de los Hospitales, dirigió el auxilio en los diferentes salones, acompañado por el doctor Toledo Trujillo, y también el Padre García, Capellán del Hospital, prestó solícitos cuidados a los lesionados.

           En las primeras horas de la noche falleció en la clínica del doctor Virgilio González Lugo el caballero alemán Hans Günter Strack, joven llegado de Hamburgo días antes para perfeccionar sus estudios del idioma español y desempeñaba labores como empleado de la empresa Lünning y Cía, una de las que resultó afectada. Hans murió como consecuencia de fuertes contusiones generalizadas y quemaduras sufridas cuando colaboraba en las labores de extinción del fuego. También murió al día siguiente en el Hospital Vargas, Pedro Vicente García, empleado de la Sanidad, de 23 años, natural de Barcelona.

           Se tenía la certeza de que entre los escombros había más cadáveres y por ello las comisiones de salvamento, incrementadas con la inclusión de colaboradores particulares, removían los despojos humeantes y buscaban entre otros, los cuerpos sin vida de un peón de Sanidad que manejaba una bomba de agua junto con el agente de policía N° 274, Solórzano, ingresado muerto al Hospital Vargas poco antes. El peón desaparecido era Modesto Rodríguez, natural de Barquisimeto, de quien se dijo había sido visto cuando caía bajo el peso de una pared, junto con los agentes policiales Carlos José Rojas, N° 25, y Víctor R. Páez, N° 217.

           Los señores Mauricio Sajourné y José María Sanglade, amigos de Roberto Santana, ayudaban a este último en el rescate de algunos objetos de valor, cuando se produjo la explosión. Quedaron prácticamente enterrados por escombros de aproximadamente cuatro metros de altura y afortunadamente fueron sacados a tiempo. El señor Sajourné, pese a que estaba herido, ayudó a salir a Sanglade, quien se encontraba casi asfixiado.

           También recibieron atención médica en el Vargas, José Manuel Kiensler, agente N° 280; Cecilio Oropeza, obrero del Aseo Urbano; José Pacheco, obrero de Sanidad; Luis Mendoza; Víctor M. Abad, agente N° 23; Adán Flores, agente N° 151; Marcos Sergio Navarro. Agente N° 20; Froilán Hernández, oficial de policía; Pedro Vicente García, obrero de Sanidad, quien murió; Marcos Maraoquín, Jesús María Ascanio, Salvador Blanco, José Rafael López y siete lesionados más cuyos nombres no pudo conseguir el cronista.

           Víctor Araujo, un hombre del pueblo, carretillero, vecino de Caño Amarillo, encontró la muerte en el incendio. En el sitio de la tragedia fueron hallados posteriormente los cadáveres de un joven y de un niño, los cuales no pudieron ser identificados. El primero era como de dieciséis a veinte años y el otro, como de doce a catorce años. Respecto a este último, un cronista de “El Universal” que estuvo en el interior de la casa incendiada cuando se produjo la explosión ̶ y cuyo nombre no dan en la información del diario ̶, asegura que se trataba de un limpiabotas que no se sabe cómo se metió en el lugar y que él lo vio danzando entre objetos dispersos, poco antes del estallido.

           El señor Cristóbal Chitty, empleado de la casa Santana, resultó con aporreos y contusiones, al igual que el coronel P. Saines, jefe Civil de Candelaria; José Manuel Quiles, el coronel Gámez, el joven Alfredo Quintana Llamozas, Guillermo Anderson, empleado del Banco de Venezuela; Pedro Jam, Rafael Cosmos, Daniel Albornoz, oficial de policía, Ramón Luigi, Gustavo Moreno, Cecilio Terife, Luis Hernández Gómez, secretario de la Jefatura Civil de Catedral y el maestro Carlos Bonett.

       

      Trágica muerte de dos hermanitas de la caridad

           Un hecho que causó profunda consternación fue el de las muertes, en horribles circunstancias, de dos hermanitas de la caridad pertenecientes a la congregación que atendía el colegio para niñas Santa Rosa de Lima, instalado en una casa situada de Camejo a Colón, cuyo fondo era contiguo a la Casa Santana.

           Sor Josefina de la Madre de Dios, de treinta y seis años, llamada Naqueda Ruiz en la vida privada, y Sor Concepción de Santa Rosa de Lima, (Itos Dona E.), de treinta y siete años, ambas nacidas en Granada, España, ponían a salvo bordados, libros y vestidos de las alumnas cuando se vinieron abajo las paredes y quedaron sepultadas. Sus cadáveres fueron extraídos a las once y cuarto de la mañana, el día siguiente.

      La noche del diez de junio de 1927, un incendio seguido de tremenda explosión, estremeció el centro de la ciudad
      La noche del diez de junio de 1927, un incendio seguido de tremenda explosión, estremeció el centro de la ciudad

      Establecimientos dañados

           Las firmas comerciales que sufrieron daños de mayor consideración fueron: Eduardo Santana Sucs., Almacén de Drogas de Lünning y Cía.; Agencia de Billetes La Estrella Roja, Lucca e Hijos, Sombrerería Musso, Papelería García, Quincalla “La Japonesa”, Tipografía Moderna, de C. Terife; Royal Bank of Canadá, Papelería Ray, Fotografía Balda, Santana y Cía. Sucs., Mueblería Padrón, Salón de Ventas del Radio, Sastrería Solaguier, Zapatería El Águila.

           Pasó apreciable tiempo antes de que pudiera ser estimado el monto de las pérdidas, pero se calculó que las mismas fueron superiores a varios millares de bolívares. Muchas de las firmas afectadas tenían póliza de seguro.

           Los daños pueden ser apreciados solo con decir que la explosión fue sentida hasta en los más apartados lugares de la ciudad. Un gran depósito de ácido se estrelló contra una pared en la cuadra entre Cruz Verde y Zamuro, y varios fragmentos cayeron en casas situadas de Maderero a Miranda. 

           Los vitrales del templo de Santa Teresa resultaron rotos y el reloj de la casa Pádula, ubicada entre Gradillas y Sociedad, quedó inmovilizado. Otros establecimientos afectados fueron la Joyería Americana, el Avio del Sastre, la Casa J. M. Correa y El Escándalo.

           Una tijera quedó clavada del aviso de la Joyería Americana, en tanto que en las azoteas del teatro Ayacucho y de la Sastrería Cubría, se produjeron incendios por la caída de pedazos de materias diversas todavía en llamas.

           El costo de la mercancía que fue destruida quedó estimado en unos cinco millones de bolívares, y la fuerza explosiva se dice que desplazó una potencia de doscientas atmósferas, contándose que no fue mayor debido a que las cuadrillas de salvamento habían sacado poco antes trece cuñetes de pólvora.

           El Dr. Elías Rodríguez había dejado estacionado su auto frente a la Universidad, en la Plaza de la ley, y vidrios caídos sobre la capota del mismo, la dejaron inservible.

           A las cuatro de la tarde del día siguiente fue sacada la caja fuerte de la Casa Santana y en otra de caudales perteneciente a una empresa vecina, fueron encontradas varias morocotas fundidas.

           El doctor Chacín Itriago, director de Salud Nacional, estaba en Maracay. Recibió la noticia del siniestro a las once de la noche, poco antes de las dos de la mañana ya había llegado a Caracas.

           Un fuerte destacamento de la Guarnición de Caracas formó, después de la explosión, un cordón de aislamiento alrededor de la manzana. Esa fuerza estaba comandada por el general Eleazar López Contreras, quien era jefe de dicha Guarnición.

           Un contingente al mando del general Rafael María Velasco, gobernador del Distrito Federal, junto con sesenta obreros de Sanidad, bajo la dirección de los coroneles Joaquín Espejo, jefe de la Desinfección; C. Casanova, jefe del Drenaje, y Enrique Cabeza, colaboraron en las labores de búsqueda entre los escombros.

       

      Duelo general

           La Cámara de Diputados, la Iglesia y todas las instituciones públicas y privadas, decretaron duelos y los espectáculos fueron suspendidos, incluypendose las retretas de la Plaza Bolívar.

           Lee Lowa, una actriz que se presentaba en Caracas, sugirió que se hiciese una colecta pública en favor de los damnificados sin recursos económicos y pocos días después ya se había recogido una suma superior a los treinta mil bolívares.

         Casas distribuidoras de productos, tales como bombas para extinción de incendios, cajas fuertes y vidrios de seguridad, publicaron avisos en los diarios, haciendo referencia a lo ocurrido, y sacaban partido publicitario a la mercancía que ponían a la disposición de los comerciantes, “para que se previniesen”

       

      Después del incendio ¡¡Asegurarse!!

           El origen del incendio no quedó esclarecido, pero el de la tremenda explosión, sí: en el depósito de la Casa Santana había una gran cantidad de pólvora asignada a la sección de objetos de cacería y, según una crónica publicada en “El Universal”, ello no estaba del todo de acuerdo con la ley.

           Lo cierto es que poco después el señor Roberto Santana contrajo matrimonio con Belén Gómez, hija del Benemérito. La gracia popular innata en el caraqueño, sacó partido a ese hecho social con dicho que circuló profusamente en la ciudad: -Después del incendio, ¡¡hay que asegurarse!!

       

      Casa con historia

           El inmueble donde estuvo la casa comercial de los Santana había pertenecido al prócer José Félix Ribas y años antes también había sido destruida por un incendio cuando allí operaba la firma de Juan Benzo”.

      FUENTES CONSULTADAS

      • Esteves, Raúl S. El Incendio de la casa Santana. Elite. Caracas, 28 de mayo de 1966

      Un golpe que pudo cambiar la historia

      Un golpe que pudo cambiar la historia

      En julio de 1958, apenas seis meses después del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez, el general Jesús María Castro León, en representación de las Fuerzas Armadas Nacionales (FAN), presentó a la Junta de Gobierno un ultimátum, que encabezaba con una solicitud de proscripción de adecos y comunistas.

      El 23 de julio de 1958, el ministro de la Defensa, general Jesús María Castro León, encabezó una insurrección que pretendió derrocar al presidente de la Junta de Gobierno, contralmirante Wolfgang Larrazábal
      El 23 de julio de 1958, el ministro de la Defensa, general Jesús María Castro León, encabezó una insurrección que pretendió derrocar al presidente de la Junta de Gobierno, contralmirante Wolfgang Larrazábal

      Por Sebastián Lucerna

           “Desde el 20 de julio de 1958, Caracas se encontraba sometida a una aguda tensión nerviosa. Fuertes vientos de fronda soplaban en la urbe. Los rumores de golpe, que no habían cesado desde el mismo 23 de enero de ese año, corrían acentuados y al pasar de una boca a otra y de una calle a otra, aumentaban de bulto y se hacían más alarmantes.

           El doctor Julio de Armas, ministro de Educación, hablando en la Universidad Central de Venezuela (UCV), le había dado carácter oficial a la “bola”. Él denunció clara y concretamente que en esferas militares se estaba gestando una acción de fuerza destinada a derrocar a la Junta de Gobierno e indicó que numerosos civiles estaban comprometidos. La Junta Patriótica, con Fabricio Ojeda, Antonio Requena, Guillermo García Ponce, Enrique Aristiguieta Gramcko y otros a la cabeza, permanecía en estado de alerta. Las organizaciones sindicales, acaudilladas por sus líderes, estaban listas para entrar en acción. El estudiantado universitario, compacto, masivamente, llamaba al pueblo a permanecer en pie, preparado para salir a la calle y responder con la violencia a la violencia. ¡Cómo cambian los tiempos. . .!

           El 21 la tensión llegó al máximo. Ya se daba por descontado que el golpe estaba en marcha y se señalaba al Ministerio de la Defensa y al general Jesús María Castro León como sede y promotor de la conspiración, respectivamente. El contralmirante Wolfgang Larrazábal no afirmaba ni negaba. Se decía que el contralmirante Carlos Larrazábal, hermano Wolfgang, presidente de la Junta, se había hecho a la mar con el grueso de la Flota, listo para bombardear a La Guaira y hasta el Palacio de Miraflores, si preciso fuere.

           El 22 comenzó el movimiento. Betancourt se escondió. Los dirigentes de la Junta Patriótica se dirigieron al pueblo desde Televisa, pero fueron interrumpidos por un piquete militar, que los condujo detenidos al cuartel La Planicie. Los sindicatos se movilizaron en Caracas y en el Litoral. Las organizaciones campesinas se dirigieron a las ciudades del interior armadas de machetes y escopetas. Y así llegó el 23 de julio, cuando la emisora del Miniterio de la Defensa comenzó a transmitir en franca y abierta rebeldía. 

       

      Antecedentes del movimiento de julio

           El general Jesús María Castro León y otros jefes y oficiales de las Fuerzas Armadas se encontraban descontentos, desde el mismo 23 de enero, por los ataques de que eran blanco en la prensa, en la radio y en los mítines, destacados personeros de la institución castrense.

           El miércoles Santo, en un programa televisado de la Fuerzas Armadas, el general Castro León, al analizar la situación del país, dirigió un ataque feroz contra ciertos dirigentes políticos y censuró duramente la participación de ellos en el gobierno, mientras  se dedicaban a desprestigiar la Institución Armada.

           El 18 de mayo se produjo una crisis en la Junta con las renuncias de Eugenio Mendoza y el doctor Blas Lamberti. Un allegado e íntimo del general Castro León, que lo acompañó en todo momento desde el 23 de enero, hasta el 23 de julio, nos dio una versión, hasta ahora desconocida, de lo que aconteció ese día. Héla aquí:

      El golpista, general Castro León, aseguró que él no quería una dictadura militar, sino un gobierno civil. Y para demostrar que no tenía ambiciones de mando, propuso que la integraran Numa Quevedo y Eugenio Mendoza como presidente
      El golpista, general Castro León, aseguró que él no quería una dictadura militar, sino un gobierno civil. Y para demostrar que no tenía ambiciones de mando, propuso que la integraran Numa Quevedo y Eugenio Mendoza como presidente

      ̶ Al renunciar los señores Mendoza y Lamberti, los restantes miembros de la Junta decidieron reemplazarlos por los doctores José Antonio Mayobre y René De Sola. El general Castro León fue llamado a Miraflores, donde se le notificó del hecho. El ministro de la Defensa se opuso enérgicamente, aduciendo que resultaba inconcebible llevar a la Junta a un filocomunista como el doctor Mayobre y al cuñado de otro filocomunista, el Bepo Lander. Y, agregó, tal decisión no se ajustaba a las normas establecidas, pues la disolución y la integración de la Junta eran potestativas de los Comandantes de las distintas Armas, que eran los que la habían elegido el 23 de Enero.

       ̶ Esta oposición del general Castro León cayó muy mal en el ánimo de los demás miembros de la Junta. El contralmirante Carlos Larrazábal, llamado al Palacio Blanco, fue notificado de la actitud del general Castro León, a quien le reclamó, acusándolo de insubordinación frente al gobierno y amenazó con hacerse a la mar con la Flota, listo para hacer respetar a la Junta de Gobierno. Ante esa posición del contralmirante Carlos Larrazábal, el general Castro León llamó por teléfono al coronel José Manuel Pérez Morales, Jefe del Estado Mayor Conjunto, y lo instruyó para que notificara a todas las guarniciones, tanto del Distrito Federal como del Interior, que no acataran otras órdenes que no fueran las del ministro de la Defensa y que se mantuvieran en estado de alerta. Seguidamente, llamó a la base aérea, en Maracay, y ordenó que tuvieran listos los bombarderos  para atacar en cualquier momento las bases navales y la Armada. Esta actitud del general Castro León hizo que el contralmirante Wolfgang Larrazábal le preguntara qué significaba eso, que si iba a precipitar una guerra civi. El general Castro León respondió que no, que simplemente se preparaba para hacerle frente al Comandante de las Fuerzas Navales, que se había declarado en rebeldía al anunciar que se iba a la mar con la Flota, sin haber recibido órdenes suyas.

      ̶ Más, la cosa no pasó de allí. Hubo conversaciones y habiendo asomado el general Castro León al doctor Edgard Sanabria como candidato a miembro de la junta, fue aceptado.

       

      El 23 de julio

      El descontento de parte de los jefes y oficiales de las Fuerzas Armadas se había tornado más intenso. El general Castro León fue conminado por ellos a adoptar una actitud decidida y enérgica en defensa de la institución, amenazando, según ellos, de disolución. Y en una reunión celebrada en el mismo Ministerio de la Defensa elaboraron un ultimátum que el general ministro debía de presentar a la Junta y que fue llevado por éste al Palacio Blanco. Nosotros hemos obtenido una copia de ese interesante documento, sacada del original, que reposa en el archivo particular del general Castro León, por un allegado suyo. Por primera vez va a ser publicado este documento. Hélo aquí:

      “Acuerdo que, por intermedio del ciudadano ministro de la Defensa, presentan las Fuerzas Armadas a la Honorable Junta de Gobierno de la República de Venezuela.

      Considerando

      “Que la Institución Armada, al igual que todos los sectores sociales responsables del país, vio con alarma los vergonzosos acontecimientos que se produjeron con ocasión de la visita del Vice-Presidente Nixon a Venezuela; “que ante la opinión internacional, como en la Nacional, se han interpretado dichos sucesos como carencia absoluta en el Gobierno de autoridad suficiente para garantizar el orden público, llevándose tal interpretación hasta el concepto de una lenidad cómplice,  con los grupos filo-comunistas: “que la falta de sanciones a los responsables le ha dado mayor crédito a esas interpretaciones; “y que esta falta de autoridad ha podido traer al país graves trastornos de orden internacional;   

      Considerando:

      “Que la renuncia realizada de Miembros calificados de la Junta de Gobierno ha evidenciado que en su estructura y funcionamiento hay vicios radicales, que, al dar margen a crisis gubernamentales, trascienden a la colectividad con resultados negativos y lamentables alcances nacionales e internacionales;

      Considerando:

      “Que la conducta de la Junta y sus erradas decisiones en el caso del coronel Marchelli Padrón, en función de Gobernador del Distrito Federal, ha dado al traste con la autoridad inherente al Poder Ejecutivo, consternado a la colectividad venezolana el hecho de que la presión de un grupo de obreros de dependencias oficiales enervara de manera vergonzosa las atribuciones legales del jefe del Poder Ejecutivo;

      Considerando:

      “Que el principio de autoridad al relajarse en las Altas esferas gubernamentales ha contaminado de irresponsabilidad a los funcionarios subalternos, y en especial a los órganos de la eminente función policial, consecuenciando un estado de inseguridad social en los bienes y en las personas, produciéndose así un estado de angustia y de alarma en el hogar, en la fábrica, en el taller y en la calle;

      Considerando:

      “Que sin tomarse en cuenta las bases económicas de la industria y el comercio se ha provocado en el país un movimiento sindical que a fuerza de huelgas, protestas, ocupaciones y hasta confiscaciones, tiene aterrados a los organismos económicos, y a la vez que, al anular por medio de las dependencias municipales del Distrito Federal y el Estado Miranda la industria de la construcción y sus anexos, ha dejado sin trabajo a más de 30.000 obreros, se ha producido una deflación económica, que, debido al encadenamiento mercantil, ha repercutido de manera funesta en todos los organismos bancarios y financieros de la República;

      Considerando:

      “Que es público y notorio que los Partidos “Acción Democrática” y “Comunista” influencian de manera determinante la mayoría de las decisiones gubernamentales, obteniendo así posiciones claves, tanto superiores como subalternas, produciéndose un ventajismo a favor suyo y en mengua de los otros Partidos Políticos, lo cual ha dado lugar a una ruptura del equilibrio social. pernicioso a los fines del próximo proceso electoral. Esta es una injusticia con las otras agrupaciones políticas, que representan grandes y poderosos sectores sociales, los situará en condiciones de inferioridad que hacen prever que en la lucha electoral que se avecina los resultados no serán el verdadero trasunto de la voluntad nacional;

      Considerando:

      “Que la prensa, radio y televisión están controlados casi en su totalidad por “Acción Democrática” y los “Comunistas”, quienes en forma pasquinesca desorientan a la opinión pública con resultados nefastos para la colectividad, a tal punto que, por su forma exclusivista de operar, han logrado estrangular la libertad de pensamiento, en su concepto legal, ocurriendo al chantaje en todas sus formas coercitivas y destacándose que todo aquello  que pueda perjudicar a dichos partidos o a sus miembros se le ampare con  un cómplice silencio, sea cual fuere el aspecto delictuoso que represente;

      Considerando:

      “Que preocupa y alarma a las Fuerzas Armadas Nacionales el concepto de la autorizada opinión internacional en lo que respecta al Gobierno Venezolano, al cual, de manera frecuente, razonada y no sin fundamentos, lo considera filo-comunista. Tal concepto nubla el porvenir de la República debido a sus compromisos internacionales y con graves consecuencias que ahora resulta imposible de predecir;

      Considerando:

      “Que las Fuerzas Armadas son cotidianamente injuriadas, tanto como institución como en la persona y familiares de sus miembros, en particular incitándose por la prensa, radio y televisión a desconocer su autoridad, todo ello con una tácita e inexplicable anuencia de los mismos personeros del Gobierno;

      “que de manera irritante y descarada la prensa ha llegado hasta amenazar con daños y represalias a las esposas y familiares de los Oficiales de la Institución Armada;

      “que tales amenazas, en algunos casos, han llegado hasta concretarse en hechos; que en sus hogares y en la calle, la situación de los individuos de tropa, Sub-Oficiales y Oficiales Subalternos y Superiores de las Fuerzas Armadas es de una inseguridad personal manifiesta; que la complaciente actitud del Gobierno ante esta degradante situación, va sumada a declaraciones públicas insidiosas de algunos de sus más autorizados personeros;

      “que es del conocimiento de las Fuerzas Armadas, así como de los miembros de la Junta de Gobierno, que el Partido Acción Democrática, a través de sus seccionales del Zulia, Aragua y Distrito Federal, ha pedido que se desplace a Oficiales porque les resultan a ellos inconvenientes;

      “en fin, que, porque no solo se ha vulnerado la dignidad de las personas y la institución, sino también las leyes que las rigen, las Fuerzas Armadas Nacionales, como generadoras que son de la autoridad de la Junta de Gobierno, conforme a su Acta Constitutiva de fecha 23 de enero del corriente año, de manera inaplazable, firme y categórica, acuerdan exigir se dé cumplimiento a las siguientes

       

      Demandas   

      “PRIMERO.  ̶ ̶ Retiro inmediato de los Partidos Acción Democrática y Comunista de todos los cuadros gubernamentales, comenzando este reajuste en el Gabinete Ejecutivo, Gobernadores de Estado y personal de la Secretaría de la Junta de Gobierno

      “SEGUNDO.  ̶ ̶   Expedición de un Decreto Ejecutivo ordenando a la prensa, la radio y la televisión de toda la República, la exclusión de todo artículo, noticia, comentario, que en su forma o fondo puede ser interpretado como lesivo a la Institución Armada en general o a sus Miembros en particular;

      “TERCERA.  ̶ ̶ Hasta tanto dure la remoción a que se contrae la demanda PRIMERA, dictar un Decreto que prohíba reuniones sindicales, partidistas o de cualquier otra índole política, ya sea en lugares públicos o privados

      “CUARTA.  ̶ ̶   Aplicación inmediata y sin distingo de medidas de Alta Policía para aquellos líderes o incitadores que provoquen o dirijan actos tendientes al desacato de los decretos a que se hace referencia.

      Caracas, 21 de julio de 1958”

      Los golpistas demandaban el retiro inmediato de los partidos Acción Democrática y Comunista de todos los cuadros gubernamentales
      Los golpistas demandaban el retiro inmediato de los partidos Acción Democrática y Comunista de todos los cuadros gubernamentales

      La actitud de la Junta

           La Junta de Gobierno rechazó de plano este pedimento, por considerarlo como un ultimátum apoyado en la fuerza de las armas y contrario al régimen democrático existente.

           Llegó la noche del 23. Todo el mundo consideraba al ministro de la Defensa en estado de insurreción. Hacia él convergían oficiales y civiles. En una quinta del Este de la ciudad, un grupo de ciudadanos se reunía para constituir el nuevo gobierno. Mentras tanto el pueblo se arremolinaba alrededor del Palacio Blanco.

           Los doctores Jóvito Villalba y Rafael Caldera y Eugenio Mendoza visitaron La Planicie en calidad de mediadores. A su llegada, el general Castro León trataba de que las radios y televisotras entraran en cadena para dirigirse al país, pero no hubo manera de obtener esto.

           Los mediadores se entrevistaron con él y discutieron sus aspiraciones. El general Castro León les dijo que él no quería dictadura militar, sino un gobierno civil. Y para demostrar que no tenía ambiciones de mando, propuso que el presidente lo fuera don Eugenio Mendoza.

       

           Tres viajes hicieron los mediadores de Miraflores al Ministerio. La situación era peligrosa. Las Fuerzas Armadas estaban divididas: unas apoyaban al contralmirante Larrazábal y otras al general Castro León. Cualquier orden apresurada o mal interpretada podía prender la mecha y dejar multitud de muertos en las calles y en todo el territorio nacional. Y ya en horas de la madrugada, el general Castro León se dirigió al Palacio Blanco. La discusión se prolongó durante cinco horas.

           Finalmente, tras larga discusión con el Contralmirante Wolfgang Larrazábal, el general Castro León decide renunciar. A las 4,35 de la mañana, Larrazábal se dirige al país por radio y televisión y anuncia: “El general Jesús María Castro León, dando una prueba más de su patriotismo y sentido de responsabilidad, ha presentado formal renuncia al cargo de ministro de la Defensa”. Y a renglón seguido, agregó: “Desde el propio instante en que civiles y militares enriquecieron los anales de la historia en ejemplar unidad de acción y sentimientos, es mi firme decisión conducir el país a unas elecciones auténticamente libres, democráticas e imparciales”.

           Poco tiempo después salió el general Castro León para el exterior. En abril de 1960 encabeza una insurrección en San Cristóbal y es detenido. Preso en el Castillo Libertador, primero, y en el Cuartel San Carlos, después, fallece en éste el 12 de julio de 1965, cuando esperaba que la Corte Marcial decidiera en el proceso que se le siguió por rebelión.

           En el correr del tiempo, el espíritu de unidad de que habló el vicealmirante Wolfgang Larrazábal había sido hecho trizas por el sectarismo intransigente de los adecos. El pueblo no manifiesta hoy en favor del gobierno, sino para repudiarlo. Los estudiantes universitarios mantienen en alto las banderas de la oposición más implacable. Muchos de los salieron a la calle, listos para presentarle el pecho a las balas en julio de 1958, hoy están en las cárceles o en el exilio, otros   ̶ como Fabricio Ojeda, el profesor Lovera y muchos más ̶ murieron, en tanto que algunos se fueron a las montañas en la misma actitud insurrecta que le combatieron a Castro León.

           ¡Sic transit gloria mundi…!  (Así pasa la gloria del mundo)

      FUENTES CONSULTADAS

      • Elite. Caracas, 23 de julio de 1966

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