La Sociedad Venezolana de compliance promueve la cultura de cumplimiento

La Sociedad Venezolana de compliance promueve la cultura de cumplimiento

La Sociedad Venezolana de compliance promueve la cultura de cumplimiento

     “Nociones básicas del Corporate Compliance” aspectos y beneficios para los empresarios, fue una videoconferencia realizada por nuestro Comité de Asuntos Legales en conjunto con la Sociedad Venezolana de Compliance (SVC). Nos acompañaron Milangela Tachón Scopazzo, asociada de número de la SVC, Samuel Acuña, secretario de la Junta Directiva de la SVC y Carlos Liendo, presidente de la SVC.

     Scopazzo inició su ponencia destacando que la misión de la Sociedad Venezolana de Compliance es promover la cultura de cumplimiento en Venezuela y que seamos un referente internacional. Explicó que el Corporate Compliance abarca el riesgo de sanciones legales o regulatorias, pérdidas financieras o pérdida de reputación que una organización puede sufrir como resultado del incumplimiento de las leyes, regulaciones, normas de autorregulación y códigos de conducta que son de aplicación a sus actividades.

     En materia de Compliance son múltiples los estándares internacionales, como el marco COSO, ISO (3700-3701), US Sentences Guidelines, directrices FCPA y UK Bribery. Todas tienen como objetivo ordenar modelos, tanto genéricos (transversales) como específicos.

     Samuel Acuña, aseguró que algunas instituciones empresariales en Venezuela ya están aplicando las normas del Compliance, lo que es un proceso lento pero con resultados satisfactorios a la hora de hacer negocios con empresas internacionales.

     También diferenció los conceptos de Compliance Regulatorio y Corporate Compliance. En el caso de Compliance Regulatorio se entiende que es un modelo global complemento del Corporate Compliance. Sobre el entorno empresarial, específicamente el Regulatorio, se encuentra enmarcado en el entorno extramercado en el que las empresas sufren las acciones del mercado como el regulador sectorial que rige sus actividades, que son llamadas normas componentes del Compliance Regulatorio.

     Carlos Liendo, presidente de la Sociedad Venezolana de Compliance, insistió en que no hay una una cultura de cumplimiento en Venezuela y vivimos un contexto país para la actividad empresarial complicado. En el país con la creación del Registro Unificado de Sujetos Obligados, una Providencia Administrativa emanada por la Oficina Nacional Contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo, ya es una obligación tener normas de control.

     Liendo resaltó que en la mayoría de los países vecinos de Latinoamérica ya se han adoptado las normas de ética, principios y valores. Hizo hincapié en que “No tener un programa de cumplimiento genera un riesgo reputacional intangible… Es una sentencia de muerte para la organización…Posiblemente es el riesgo que más debe cuidarse y el más perjudicial”

     En nuestro canal de Youtube: Cámara de Caracas puede ver esta videoconferencia.

Acuerdo arbitral y sus patologías

Acuerdo arbitral y sus patologías

Acuerdo arbitral y sus patologías

     “El acuerdo arbitral y sus patologías” fue analizado por la doctora Claudia Madrid, árbitro de nuestro Centro de Arbitraje.

     Un buen acuerdo arbitral bien hecho permitirá que el arbitraje se inicie y conduzca de la mejor manera. Con esta afirmación la doctora Claudia Madrid comenzó su exposición en la videoconferencia en torno al acuerdo arbitral, realizada por el Centro de Arbitraje de la Cámara de Caracas.

     Madrid explicó la importancia de un acuerdo “sano” para el desarrollo del proceso de arbitraje y citó la definición que hace el doctor Ramón Escovar Alvarado, árbitro del CACC, en cuanto a que un acuerdo patológico es aquel que tiene defectos capaces de generar obstáculos para llegar al arbitraje.

     Cuando se presenta este problema dependerá de la voluntad de las partes de cumplir su compromiso de hacer uso de la resolución de conflictos, el poder “curar” el acuerdo, afirma la especialista en Derecho Internacional Privado y Comparado. “La patología per se no genera nulidad, pero la interpretación que se puede hacer en sede judicial puede conducir a la nulidad de estos acuerdos patológicos”.

     Durante su exposición Madrid, quien es profesora del Programa de Estudios Avanzados de Arbitraje, PREAA, que dicta el CACC en convenio con la Universidad Monteávila, hizo referencia a todos los elementos que debe tener un acuerdo para desempeñar su función, y también a las formas de resolver alguna falla que presente.

     Considera que entre las reglas importantes, está utilizar una redacción clara y precisa. Recomienda que si no existe experiencia redactando este tipo de acuerdo, lo mejor es tomar un modelo probado de los Centros de Arbitraje, que han sido hechas por expertos que han sido probadas en la práctica y cuya efectividad no se pone en duda, como por ejemplo la cláusula arbitral del CACC.

     La videoconferencia que tuvo como ponente a la doctora Madrid fue moderada por Diana Trías, directora ejecutiva del CACC, quien destacó que el acuerdo arbitral es un tema medular en la resolución alternativa de conflictos.

     Los invitamos a ver en nuestro canal de Youtube la ponencia de la doctora Claudia Madrid.

El Helicoide de la Roca Tarpeya

El Helicoide de la Roca Tarpeya

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El Helicoide de la Roca Tarpeya

Moderno centro comercial al servicio de Caracas Se levantó alrededor de una roca, con una superficie de construcción de 60.000 m2, iba a tener un helipuerto, un hotel, un gran domo en la parte superior, tecnología de punta, 300 tiendas, estacionamiento y ascensores fabricados en Viena. La complejidad y la escala del edificio, concebido por el arquitecto venezolano Jorge Romero Gutiérrez, fue plasmada en 12.000 planos.
El centro comercial nunca abrió sus puertas

El Helicoide se construyó sobre una inmensa roca

     En el transcurso del año 1957, el cerro conocido con el nombre de Roca Tarpeya comenzó a experimentar una profunda transformación. Ante el empuje de los tractores, la roca, aparentemente inaprovechada, se fue convirtiendo en sólida base sobre la cual comenzó a erigirse una de las obras arquitectónicas más audaz y novedosa que se haya concebido en país alguno: El Helicoide de la Roca Tarpeya.

     En 1952 fue fundada la firma Inversiones Planificadas C. A., con el objeto de construir el Centro Profesional del Este, obra que se llevó a feliz término tres años más tarde, en 1955. Dicha firma es la propietaria de Helicoide C. A., empresa que asumió el extraordinario reto de construir el más moderno centro comercial de América Latina.

     En 1956 se comenzaron los estudios del Helicoide, para plasmar en la realidad la idea concebida por el arquitecto Jorge Romero Gutiérrez, de dotar a Caracas de un centro integral de comercio y exposiciones de industrias, de acuerdo con la entonces moderna tendencia de zonificar o agrupar, mediante conjuntos arquitectónicos funcionales las distintas actividades económicas, culturales y recreativas que se desarrollan en los grandes centros urbanos.

     La idea era que el Helicoide funcionara como un gran centro mercantil de departamentos cooperativos, integrados por 300 locales comerciales, un palacio de ferias y exposiciones, un multicinema, un centro automotriz y comodidades complementarias tales como un estacionamiento para más de dos mil vehículos, un bien dotado preescolar, abundantes zonas verdes, etc.

     Tanto los locales comerciales como los espacios destinados a otras actividades, serían vendidos mediante el régimen de propiedad horizontal. La comercialización inicial permitió que más de 170 importantes firmas adquirieran locales en el Helicoide, lo cual le dio mayor impulso al audaz proyecto.

     Las pautas arquitectónicas del Helicoide, así como la acertada concepción de dar aprovechamiento útil, a la par que monumental, a un terreno que, por sus características topográficas, parecía destinado a un uso marginal, provocaron miles de comentarios favorables en más de seis mil periódicos y revistas especializadas, publicadas en la mayoría de los países de América y Europa. El Helicoide, en definitiva, tenía también el objetivo que constituirse en un importante y atractivo lugar turístico que simbolizara a Caracas, como la torre Eiffel lo es para París o el Rockefeller Center para Nueva York. 

Maqueta del Helicoide

     En sentido económico, la concepción del Helicoide permitió asimilar las enormes ventajas que la moderna sistematización en conjuntos arquitectónicos (urbanizaciones, centros profesionales, etc.) aporta a la comunidad: vías y estacionamientos adecuados al desarrollo de los medios de transporte, proximidad espacial de actividades similares con el consiguiente ahorro de tiempo, facilidades de conservación, mantenimiento, operación y disfrute de los espacios privados y comunes, posibilidades de planificación funcional y estética, etc.

El Helicoide fue concebido como un moderno centro comercial, con 300 locales comerciales, estacionamiento, hotel, helipuerto, etc. Nunca abrió sus puertas.

     En el Helicoide, el público puede seleccionar sus compras, rodeado de atractivos complementarios y sin dificultades de acceso o de estacionamiento, y el comercio podrá, a la vez, desplegar sus actividades en un medio altamente propicio para el éxito de sus operaciones.

     La contribución del Helicoide al mantenimiento o desarrollo de los niveles de la actividad económica en el país, presenta dos aspectos, igualmente positivos, aunque orden diferente.

     En primer lugar, los trabajos de construcción requieren, por su volumen, una inversión total cercana a los cien millones de bolívares. La intensidad de esta inversión ha de tener directamente y por la vía del multiplicador económico, una repercusión sumamente favorable en los niveles de actividad de un sector de nuestra económica que, como el de la construcción, es una de las mayores fuentes de ocupación del país. Se estimó que durante el tiempo de ejecución de la obra, directamente o indirectamente, se generaran empleos para unos 100 técnicos (ingenieros, arquitectos, administradores, etc.) y unos mil obreros.

     En segundo término, la realización por iniciativa privada de una obra del volumen y característica del Helicoide, constituyó un importante estímulo a la economía de la ciudad.

     El derrocamiento de la dictadura no provocó, en un principio, que se interrumpieran los trabajos de tan representativa obra, por lo que, la primera etapa de construcción del Helicoide concluyó sin mayores sobresaltos en 1961, año en que la situación económica del país requirió de una serie de medidas por parte del Estado, que impidieron la continuidad de la obra. La construcción del Helicoide se paralizó hasta 1965, cuando se intentan retomar los trabajos para concluirlos en 1967, pero no fue posible porque no hubo flujo de capitales. En consecuencia, la obra se paralizó por completo y su estructura se convirtió en un gigantesco “elefante blanco”.

     En 1982, el gobierno rescató de los depósitos de la aduna de La Guaira la cúpula geodésica de aluminio, la cual fue instalada en la parte superior del Helicoide. Ese año, comienzan a instalarse algunas dependencias oficiales, entre ellas, la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP, hoy SEBIN). En esa década, parte de las instalaciones del Helicoide sirvieron de refugio para damnificados de inundaciones y deslizamientos de tierra ocurridos en sectores populares. 

El Helicoide, un elefante blanco en Caracas

     Desde entonces, la historia del Helicoide ha estado ligada a los gobiernos de turno y a la fluctuante situación económica del país. Han existido varios intentos por regenerarlo y convertirlo en un centro cultural. En una época se habló de mudar allí a la Biblioteca Nacional, pero esa propuesta no pasó de ser una promesa.

 

 

FUENTE CONSULTADA
  • Armiñana, Miguel. El Helicoide de la Roca Tarpeya. El Mes Económico. Caracas, número 5, noviembre-diciembre, 1958
  • El Helicoide. Elite. Caracas, número 1984, octubre de 1963

Pinto Salinas murió acribillado a la edad de 38 años – Parte II

Pinto Salinas murió acribillado a la edad de 38 años – Parte II

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Pinto Salinas murió acribillado a la edad de 38 años – Parte II

Pedro Estrada, máximo exponente del cinismo que caracterizó al regimen dictatorial de Pérez Jiménez

“El cuarto de las bicicletas”

     Entre desmayos, golpes y ring, desnudos y sin probar comida, transcurrieron tres días. A Consalvi y a Castro los pasaron primero a los calabozos, mientras yo, incomunicado y maniatado, permanecía tendido en el suelo, en el tenebroso “cuarto de las bicicletas”, en el sótano del edificio. En la mañana del 12 de junio se presentó de nuevo al cuarto de torturas el “Bachiller” Castro y arrojándose sobre la cara un periódico me dijo: “Mira gran c…, igual suerte correrán todos ustedes” Era “Últimas Noticias”. En su portada aparecía una foto de Pinto Salinas, una gráfica con una camioneta de la Seguridad Nacional baleada y el siguiente truculento comunicado: “La Dirección de Seguridad Nacional cumple con informar al público que en horas de la mañana de hoy (11 de junio de 1953), en las cercanías de San Juan de los Morros, individuos que viajaban en un automóvil hicieron fuego contra una camioneta perteneciente a esta Dirección. Los agentes respondieron de inmediato, resultando herido uno de ellos y muerto uno de los ocupantes del vehículo de los agresores, quien resultó ser el Licenciado Antonio Pinto Salinas, solicitado desde hace tiempo por las Autoridades, como organizador de numerosos atentados terroristas. Los acompañantes de Pinto Salinas fueron detenidos”.

     Pocas veces he sentido mayor angustia y mayor dolor. Confieso con orgullosa hombría que lloré silenciosamente la muerte de quien había sido, desde la adolescencia, no solo un compañero de luchas e inquietudes, sino un hermano entrañable. No se merecía Antonio una muerte semejante. Él, el más humano y tierno de nuestra generación, poeta y alma noble, incapaz de proporcionar mal alguno a sus semejantes. 

     Quienes le conocimos en su exacta dimensión de hombre y combatiente, jamás habremos de comprender cómo la diabólica violencia de unos seres desnaturalizados pudieron descargar la metralla asesina sobre su magra figura con rostro de niño. En aquellos momentos de dolor ̶ más espiritual que físico ̶ olvidé mis propias torturas y me hice el propósito de honrar de por vida, sin mancilla y sin flaquezas, las banderas de redención que con tanta firmeza revolucionaria habían enarbolado las manos del poeta.

Un crimen horrendo

     Pero he aquí los hechos en su descarnada realidad, completamente diferentes a como los presentó la farsa el cinismo oficial.

     Revelada por Mascareño la ruta que llevaba Pinto Salinas, todas las alcabalas de la vía estaban ya en actitud de alerta. Fue así como resultó fácil apresarlo a la salida de la población de Pariaguán en horas del mediodía del 10 de junio. Inmediatamente fue conducido a las Oficinas de la Seguridad en la vecina población de El Tigre, donde los alcanzó la comisión despachada desde Caracas. El mismo día, en horas de la tarde, emprenden con el detenido el aparente viaje de retorno a la capital. Esperan la llegada de la noche en Valle de la Pascua, donde se le separa de sus dos restantes compañeros (Contreras Marín y el conductor Eulogio Acosta) y la caravana, hasta perder de vista a los demás. Sería la 1 y 30 de la madrugada. Detienen el auto en una curva del camino. A empujones sacan al detenido y lo conducen a un lugar próximo a la carretera. En la obscuridad de la noche se escucha una voz imperativa: “Prepárate porque te llegó tu hora”. . . Y una respuesta con acento firme: “Estoy preparado desde ayer”. . . Luego la brutal descarga de fusilería, confundida en un mismo hecho trágico con la apagada voz del poeta que caía acribillado cobardemente por sus perseguidores políticos. Quedaba sembrado allí, en aquella madrugada del 11 de junio de 1953, como testimonio de una vida heroica truncada por la violencia dictatorial.

     Contaba apenas 38 años. Había nacido el 6 de enero de 1915, frente al paisaje maravilloso de la cordillera andina en la población de Santa Cruz de Mora del Estado Mérida.

     Veamos ahora, a título de curiosidad histórica, cómo narra el Juez de Primera Instancia en lo Penal de San Juan de Los Morros, la forma como fue encontrado su cadáver: “A las cuatro horas y cincuenta minutos del día de hoy (11 de junio de 1953) la Seguridad Nacional ha informado a este Tribunal que aproximadamente en el kilómetro seis de la carretera de los llanos, en el punto denominado “Cueva del Tigre”, entre esta ciudad y el vecindario “Los Flores”, se ha hallado una persona muerta, disponiéndose abrir la averiguación sumaria correspondiente”

     Más adelante agrega: “Al margen derecho de la carretera el Tribunal constató la presencia de una persona aparentemente muerta: de las siguientes características: persona de regular estatura, de mediana contextura; camisa de color kaki, pantalón de casimir a rayas gris”. Y sigue describiendo los objetos que portaba, entre ellos “una estampita de la virgen de Coromoto, una cadenita de oro, pendiente del cuello, con dos medallitas, una con la efigie de Nuestra Señora del Carmen y la otra con la efigie de Nuestra Señora de Coromoto. . .”

     “Presente el médico forense de esta Circunscripción Judicial ̶ prosigue el expediente ̶ examinó en el mismo acto el cadáver, el cual presentó las siguientes heridas producidas por arma de fuego: herida en la sien derecha; herida en la región malar derecha; orificio en la región deltoidea derecha; orificio de herida axilar derecha; orificio en la región pectoral derecha y otro en la misma zona, separados uno de otro por una distancia de cerca de dos centímetros. . . ”.

     Como puede observarse en esta patética descripción del juez que ordenó el, levantamiento del cadáver, Pinto Salinas fue acribillado de la manera más salvaje e inhumana; sin embargo, los esbirros quisieron aparentar que el cadáver se encontraba abandonado y sin identificación, por lo que el mismo Juez asienta en el acta que el Tribunal hubo de trasladarse a las oficinas de la Seguridad en San Juan de los Morros, “a fin de identificar, por los medios necesarios, el cadáver de la persona fallecida”. . . Y mientras en el lugar del suceso la Seguridad montaba la farsa descrita, en Caracas Pedro Estrada, con ese cinismo que caracterizaba al régimen dictatorial, publicaba en la prensa diaria el breve comunicado aludido anteriormente, desvirtuando completamente los hechos y pretendiendo hacer ver que había ocurrido en un encuentro armado entre Pinto Salinas y una brigada del mencionado cuerpo represivo. En forma tan burda la Seguridad pretendía ocultar la verdad de tan monstruoso crimen.

Última morada

     Pinto Salinas fue sepultado en el cementerio de San Juan de Los Morros, en la misma fosa que la dictadura había reservado para Alberto Carnevali, fallecido 22 días antes en un camastro carcelario de la Penitenciaría General de Venezuela, y trasladado finalmente su cadáver a la ciudad de Mérida al día siguiente de su muerte. Durante seis años permanecieron los restos de Pinto Salinas en tierras de Guárico, hasta que fueron trasladados al Cementerio General del Sur, en la fecha aniversaria del 11 de junio de 1959, en la cual también sus compañeros de partido le erigieron un monumento a su memoria, en el propio sitio de su asesinato. Allí, la lápida de mármol recoge unas palabras mías: “Antonio Pinto Salinas, poeta de la ternura infinita, habría de escribir con su propia sangre, en la hora suprema de su sacrificio, el poema perenne de la rebeldía”.

     Hemos querido recoger este relato como un testimonio de uno de los crímenes más sombríos que pesan sobre la conciencia de los hombres que escarnecieron el gentilicio venezolano durante una década de oprobio y dictadura. El asesinato de Pinto Salinas, como el de muchos otros venezolanos sacrificados cobardemente por la tiranía, debe tener para las generaciones del presente y del porvenir ̶ ya lo hemos dicho otras veces ̶ el categórico acento de una irrenunciable determinación cívica de impedir por siempre el ominoso retorno a nuestra tierra, de regímenes signados por la barbarie y la opresión.

Los saqueos realistas

Los saqueos realistas

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Los saqueos realistas

     En continuidad con lo expresado en notas anteriores y según lo estudiado y redactado por el historiador venezolano Germán Carrera Damas, en su obra Boves. Aspectos socioeconómicos de la guerra de Independencia, resulta importante hacer referencia a la práctica del saqueo como un medio de encontrar recursos en tiempos de belicismo, tal como ha quedado expresado en lo tocante a la guerra de emancipación. En lo que sigue expondremos lo que este historiador venezolano reveló acerca de esta práctica y el papel que le ha otorgado la historia patria y la nacionalista, que lo ha asociado sólo con unas ejecuciones propias de las fuerzas militares realistas. La figura escogida para mostrar esta práctica ha sido la del asturiano José Tomas Boves. Sin embargo, existen pruebas fehacientes que dan fe de acciones comunes entre los jefes realistas, así como por parte de quienes lucharon en favor de la República. Por los distintos testimonios presentados por Carrera se puede confirmar lo extendido de la práctica del saqueo y permiten concluir que ella respondió a lineamientos comunes de las fuerzas en pugna.

     Carrera subrayó que resultaba notable la viva e incesante campaña sostenida en las páginas de la Gaceta de Caracas para demostrar que Boves y las tropas realistas estaban todas integradas por ladrones y asesinos que participaban en las acciones contra los criollos sólo por un botín. Fue esta actitud la que se hizo común para hacer referencia a los soldados del rey, y con la cual legitimar las acciones de los republicanos. En este sentido, Carrera citó palabras del general Daniel Florencio O`Leary quien llegó a expresar que los integrantes del ejército español se sentían obligados a cumplir órdenes superiores e incentivados, también, por la obtención de una compensación. De igual forma narraría José Félix Blanco sucesos ocurridos entre las postrimerías de 1813 e inicios de 1814. Éste llegó a utilizar adjetivos como el de monstruos crueles quienes estaban bajo las órdenes de Yáñez, Boves, Morales y Puig. Además, fueron acusados por Blanco de haber dejado desoladas las poblaciones de Calabozo, Barinas, Araure, Guanare, Barquisimeto, Nirgua y otros espacios territoriales donde saquearon y destruyeron sus vecindarios.

La Gaceta de Caracas y los realistas

     Carrera anotó que a Cajigal y a Ceballos se les recordaba por haber mostrado su desacuerdo con estas prácticas. Bajo este marco, mencionó el testimonio de José de Austria quien expresó que Ceballos, a pesar de mostrar oposición a los intentos de Independencia, no debía ser confundido con otros jefes del bando del rey que acompañaban sus operaciones con el pillaje, el asesinato y la quema de ciudades porque él trataba de evitarlos. Carrera no se detuvo en estos testimonios que podrían ser considerados de dudoso convencimiento por la parcialidad evidente mostrada por sus redactores. Más bien, agregó otros como los de Heredia, Urquinaona y Cajigal quienes a lo largo de la contienda no dejaron de expresar su disgusto y molestia con una práctica generalizada entre los contendientes.

     Lo relatado por Carrera y las evidencias que le sirvieron de base no parecen dejar dudas respecto a que el saqueo fue ejercido por parte de los jefes realistas, tanto en los llanos como en Occidente, al menos durante 1813 y 1814. Sin embargo, este historiador venezolano subrayó que las consideraciones acerca del saqueo no eran viables si se adopta la tesis de acuerdo con la cual se trató sólo de una apropiación violenta e inmediata, por

parte de un soldado, de todo lo que encontraba a su paso. Agregó que era necesario comprender este fenómeno en toda su amplitud. En consecuencia, resultaba indispensable ampliar la noción de saqueo hasta incluir los actos genéricamente denominados exacciones. Exacciones, bajo coerción, que formaron parte también de la arbitrariedad y la violencia. “Así, bien sea asumiendo formas ostensibles, bien sea disimulándose en las exacciones, el saqueo de la población civil fue una práctica continua de los jefes realistas”.

     En este contexto Carrera recordó que, a las formas ostensibles de saqueo, no sólo se debía tener en mente las que practicó Boves. A ellas se deberían sumar las que constituyeron procedimiento corriente entre los ejércitos en pugna, y las que de forma primitiva y brutal acometieron los esclavos en defensa de la causa del rey desde los tiempos de la Primera República. Igualmente, asumir la existencia de variados testimonios que, “aún cediéndole lo suyo a la mentalidad racista y esclavista de los testigos, revelan una realidad”. Hechos atroces como los cometidos en Caucagua, Curiepe y Guatire en tiempos de la Primera República, se repitieron en la Segunda República cuando los esclavos volvieron a cometer actos atroces en Yare, Santa Lucía y Santa Teresa. Operaciones que por lo incómodo de su asunción en tiempos de restitución del excluido, suelen ser eludidos o mostrados como una acción distributiva y natural entre los sometidos a expoliación.

     Las formas brutales de saqueo practicadas por las partidas de guerrilleros fueron denunciadas por la Gaceta de Caracas y miembros del ejército patriota como el caso de Rafael Urdaneta. Fueron de tal magnitud que Juan de Escalona en su “Relación de lo ocurrido en los dos sitios que sufrió Valencia en el año de 1814”, anotó que, para el año de 1813, los partidarios españoles pusieron a Valencia en tal disposición que ningún vecino de ella podía salir fuera unos metros, sin que se le diera muerte, fusilado o robado, por parte de los guerrilleros que merodeaban por las inmediaciones de la ciudad. Esta manera de ejecutar los saqueos fue común entre los cuerpos destacados de las grandes unidades militares para efectuar movimientos tácticos o estratégicos avanzados, según comprobó Carrera.

     En continuidad con lo examinado por este historiador venezolano, se debe agregar que la práctica del saqueo no resultaba suficiente para satisfacer los requerimientos de los ejércitos. Por esta razón se instrumentaron otras modalidades para satisfacer las necesidades de los combatientes. El caso de Caracas resulta paradigmático en este sentido. En esta comarca no se produjo el saqueo que se esperaba durante 1814. De ahí que se instrumentaron otros mecanismos para extraer de la población los últimos recursos de un espacio territorial en parte desolado y con afectación de sus propiedades. Carrera agregó que las exacciones tomaron su lugar a través de un régimen hacendario normal. Las exacciones que se habían instrumentado las dividió en tres modalidades principales: 1) los secuestros y confiscaciones de bienes pertenecientes a enemigos o emigrados sospechosos, 2) el acopio de provisiones y recursos para la guerra, mediante embargo, despojo o compra con pago diferido y aleatorio y 3) los empréstitos forzosos, impuestos y contribuciones especiales, multas o donativos, entre otros.

     Según describió Carrera, el acopio de provisiones y recursos para la guerra era cosa de todos los días. En lo que respecta a los empréstitos forzosos, impuestos y contribuciones especiales, multas y donativos, éstos se practicaban con especial énfasis en espacios urbanos, aunque también los habitantes del campo se veían sometidos a despojos o compras diferidas y contribuciones especiales. A lo largo de este texto su autor va mostrando que Boves no fue el único y mucho menos el que inició la práctica del saqueo. Por diversas confirmaciones, que le sirven de sustento a sus reflexiones, puso de relieve que había sido Domingo Monteverde el “primer saqueador señalado de la larga serie”. En efecto, permitió a sus tropas el libre saqueo de bienes en lugares como Araure, Carora, Barquisimeto, Calabozo, San Carlos, los Valles de Aragua, La Guaira y Caracas.

     Pedro Urquinaona en Memorias de Urquinaona describió su proceder y que había sido reconocido por el mismo Monteverde. Inauguró un proceder cuya característica inicial fue que los soldados de su ejército eran europeos. Carrera agregó a los testimonios de Francisco Javier Yanes, Cajigal y Miyares que en sus comienzos la tropa de Monteverde era de origen europeo, y que no hubo diferencia de actitudes entre ese momento y cuando los ejércitos realistas fueron integrados con americanos. En algunos casos los servidores del rey lograban atesorar bienes para el lucro personal. Indicios de aprovechamiento individual por parte de militares como Morales, Monteverde o Morillo así lo certifican. En este sentido, Carrera citó el reporte elaborado por Urquinaona como comisionado del rey fechado el 15 de abril de 1814.

     La acusación de enriquecimiento no recayó sólo entre quienes dirigían la soldadesca a favor del rey. Al presbítero José Ambrosio Llamosas, capellán de Boves y comisionado de Morales, se le acusó de utilizar su investidura para labrar fortuna personal. Igual corresponde al caso del indio Reyes Vargas al que Carrera calificó de “consecuente depredador”. A Reyes Vargas le fue adjudicado, por parte de Manuel Yepes, robos a particulares como el caso de doña Josefa de Paris a la que despojó de dos de sus haciendas. También haber robado a doña Guadalupe Yepes y de secuestrarle a tres de sus esclavas y a doña Josefa Castillo a quien asesinó a su marido y robó animales y prendas de oro y plata. Todo ello en nombre del rey, lo que no quiere decir que éste avalara tales actitudes. De haber sido así los que integraron la tropa de Boves, Antoñanzas o Yáñez hubiesen pasado a ser integrantes del ejército español. La misma condición de desconfianza y distanciamiento con las castas jugó a favor de los republicanos, que pudieron integrarlos a la tropa que, en un momento anterior negros, mulatos y llaneros integraron. Cuestión esta última de difícil asunción por los remilgos que estimulan la elusión.

     A Monteverde y sus andanzas en contra de la propiedad ajena le seguirían las de Eusebio Antoñanzas en los llanos venezolanos, las de Rosete de quien se recordaba como líder de bandas indisciplinadas e inclinadas a la rapiña, la crueldad y a vivir del pillaje, igual toca a Yáñez y a su sucesor, Sebastián de la Calzada. Carrera subrayó que Morillo había llevado las exacciones a un mayor nivel que las de su amigo Morales, los que actuaron de manera autónoma y de lo que la historiografía venezolana sólo acusa a Boves.

     En términos generales, la práctica del saqueo acompañó las acciones de los jefes realistas a lo largo de la guerra. Tanto al comandar grandes ejércitos como en pequeñas partidas fue usual operaciones circunscritas en el pillaje y el saqueo. Por esta razón Carrera planteó la interrogante: “¿qué había de nuevo o de sorprendente, en materia de saqueo, en la actuación de Boves?”. Interrogante a la que agregó: ¿hizo alguna aportación original que justifique la asociación de su nombre con cuestiones económico – sociales de amplia proyección? El mismo autor estableció dos hechos que tienen que ver con estos asuntos. 1) que las formas de saqueo practicadas por Boves fueron similares a las realizadas por los jefes españoles que le antecedieron y le siguieron, 2) que el saqueo fue una práctica usual por casi todos los jefes españoles, regulares e irregulares, de forma continua. No obstante, se ha creído ver en las acciones ejecutadas por Boves aspectos de especial significación frente a toda una práctica común, incluso entre quienes integraron el ejército patriota.

     Es necesario insistir en este tema por la orientación historiográfica asumida bajo el influjo de la historia patria. También, por la exaltación de la Independencia como un bien positivo se ha asumido por desconocimiento, consciente o inconsciente, por costumbre o compromiso moral un quehacer que se hizo común por las circunstancias propias de una guerra, cuya mayor ferocidad se ha precisado en lo acontecido entre 1812 y 1814. La confusión ha persistido por la asociación de la acción de las castas con rebelión popular. Ello ha impedido la vinculación de lo sucedido en este período con un deseo de venganza, tal como se vio en los momentos que precedieron a la declaración del imperio de Haití en 1804.

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