Martínez: «El nuevo CNE es el punto de partida para disipar la crisis venezolana»

Martínez: «El nuevo CNE es el punto de partida para disipar la crisis venezolana»

Martínez: «El nuevo CNE es el punto de partida para disipar la crisis venezolana»

Por: Marian Carmona

     Para Francisco Martínez, expresidente de Fedecámaras y actual rector suplente del Consejo Nacional Electoral (CNE), los problemas políticos han distorsionado las oportunidades, fortalezas y valores de los venezolanos, por ende señaló que el nuevo CNE es el punto de partida para solucionarlo.

     «La crisis política tan grave que hay en el país nos ha llevado a los venezolanos a sumergirnos en una crisis de vida existencial»

     Martínez comentó que el voto es el único elemento que puede sustituir los mecanismos y dirimir las controversias entre los ciudadanos de un Estado. «Soy un ciudadano creyente en el voto»

     «Creo que en este momento el país necesita la convocatoria de los que pudiéramos establecer o aportarle al país soluciones en construcción y confianza»

     Durante une entrevista en el programa «Tributos y Algo Más» conducido por Leonardo Palacios, el empresario indicó que el nuevo CNE es el punto de partida para disipar la crisis venezolana.

     «Si no lo vemos como una oportunidad de fortalecimiento posible o no actuamos con rectitud, vamos a llegar a los mismos errores y seguiremos haciéndole daño al país»

     Según Martínez, parte de la confianza comienza en seleccionar buenos agentes de cambio, rostros que generen fiabilidad y sean consecuentes con sus acciones y resultados que partan de ellas.

     Aseguró que la única manera de poder generar desarrollo, progreso y bienestar en cualquier país es a través de una democracia sólida, robusta y bien transparente. «No es solo el CNE el que debe mejorar sino también todos los venezolanos».

Misión Caracas gris

Misión Caracas gris

Misión Caracas gris

«Volver Gris a Caracas que siempre ha inspirado a muchos por sus colores y alegría es un acto de vandalismo a la ciudad que vio nacer a Bolívar y es además un acto invasivo a la propiedad privada”.

Por: Diana Mayoral

     Desde hace mucho tiempo me declaré amante de Caracas. La ciudad donde nací, donde nacieron y crecieron mis hijos, donde están enterrados algunos de mis antepasados y de la que me confieso totalmente enamorada.

     Es cierto que como toda ciudad tiene sus áreas de preocupación y que a diario leemos sobre cosas que no deberían pasar, pero es que todo lo bueno que tiene sobrepasa lo malo. El clima, el Ávila con todos sus tonos de verde, las aves que nos visitan a diario, sus plazas y parques y un larguísimo etcétera.

     El pasado 11 de mayo, la Alcaldía del Municipio Libertador emitió un decreto en el que obliga a los edificios públicos, residenciales y a los locales comerciales a pintar sus fachadas o muros laterales de color gris y exige la colocación de un logo correspondiente a la campaña del Ejecutivo nacional por el Bicentenario de la Batalla de Carabobo, que se celebra el próximo 24 de junio. A esto lo llamo “Misión Caracas gris” cuyo objetivo debe ser llevar a la Caracas de los techos rojos a la Caracas Gris.

     Es una contradicción que para la celebración del 200 aniversario de la batalla que selló la independencia de Venezuela, se obligue a sus ciudadanos a someterse a un plan irracional que genera rechazo al evento que les dio la independencia. Es un plan irracional porque no se corresponde al momento que estamos viviendo. Crear una “Misión Caracas Gris” cuando los comerciantes y ciudadanos solo buscan sobrevivir, es una expresión clara del dominio socio-político que define nuestra realidad diaria y que demuestra una vez más la indefensión que sufrimos los ciudadanos.

     Volver gris a Caracas, que siempre ha inspirado a muchos por sus colores y alegría es un acto de vandalismo a la ciudad que vio nacer a Bolívar y es además un acto invasivo a la propiedad privada. Como nos recuerda Billo en su canción Bella Caracas: “Caracas, ciudad hermosa, tu eres bella, Caracas, la cuna del Libertador”. Me pregunto si la casa de Bolívar en pleno centro le pintarán las piedras de la fachada en gris.

     Además de la tristeza que genera el color gris (que no es ni blanco, ni negro) me recuerda tanto a lo que he visto en países que antes fueron comunistas y uniformaron de ese color las edificaciones de las ciudades. ¡Cuántos planes se han llevado a cabo para limpiarle el rostro a nuestra ciudad, sin que haya habido continuidad en los mismos para que ahora haya que inventar un “operativo” nuevo! ¡Qué diferente sería una buena campaña de concientización ciudadana, la creación de la ciudadanía responsable que permitiese que nuestra ciudad brillase!

     A pesar de que la resolución no habla de sanciones por el incumplimiento, estoy segura de que querrán aplicarlas sin ningún basamento jurídico.

     Sé de muchos que han levantado su voz contra esta resolución, proponiendo alternativas para la celebración que no se conviertan en un rechazo de los ciudadanos. Espero que sean escuchadas y que nuestra amada Caracas pueda seguir teniendo su alegre y colorida cara que a tantos ha inspirado.

@dmayoral1

Fuente: https://www.termometronacional.com/opinion/mision-caracas-gris/

 

BOLETÍN de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales

BOLETÍN de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales

     Con gran satisfacción presentamos el Boletín No. 162 de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales correspondiente al primer trimestre de 2021. Varias razones concurren para hacer de esta edición una especial celebración. 

     El Boletín de la Academia es la memoria de la actividad de la corporación. Una radiografía del trabajo efectuado por los académicos en el período respectivo. Hoy da cuenta de como la Academia de Ciencias Políticas y Sociales está más que nunca activa, presente y productiva en sus 105 años de historia institucional, consolidando un protagonismo indiscutible como la conciencia jurídica y política del país.

Una forma de celebración obligada pintará de gris a Caracas para el bicentenario de la batalla que selló la libertad de Venezuela

Una forma de celebración obligada pintará de gris a Caracas para el bicentenario de la batalla que selló la libertad de Venezuela

Una forma de celebración obligada pintará de gris a Caracas para el bicentenario de la batalla que selló la libertad de Venezuela

     La exigencia, que constituye una carga irracional para los ciudadanos y empresas en la actual situación que atraviesa el país, es una imposición que convertirá en gris y sin motivación ciudadana la celebración bicentenaria de la batalla que selló la libertad de Venezuela.

     Este viernes 12 de junio venció el plazo para cumplir con la Resolución de la alcaldía de Caracas Nº 007-2021 que obliga a incorporar en vinil autoadhesivo o estampado de pintura gris, los elementos presentes en el logo de la celebración de los 200 años de la Batalla de Carabobo, en la cara externa visible de las rejas metálicas protectoras de edificaciones bien sean de uso institucional residencial o de vivienda o locales comerciales. Adicionalmente es obligatorio pintar las rejas de gris.

     El presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Caracas, Leonardo Palacios, expresó su rechazo a esta resolución, que extralimita la autonomía local por considerar que una fecha tan importante como el bicentenario de la Batalla de Carabobo, debe ser motivo de celebración en comunidades, escuelas, universidades, gremios e instituciones, mediante coloquios, foros, publicaciones y otras manifestaciones, y no de medidas que generan rechazo.

     “Lo que si no puede pasar es que se imponga la obligación de celebrar, eso es propio de regímenes contrarios a la participación y protagonismo de ciudadanía y empresariado. Llama la atención que subrepticiamente salió esta resolución en gaceta municipal y agarró a todo el mundo fuera de base, porque todo el mundo está pendiente de cómo mantener sus negocios, de pagar la nómina, los impuestos municipales, de garantizar la cobertura de salud y medidas de bioseguridad, gastos de alimentación y servicios cada vez más deficiente, más en una época en que enfrentamos una pandemia”.

     Lamenta que los caraqueños ahora tengan que preocuparse, para no ser multados, de cumplir un acto administrativo lesivo a la propiedad, que no se corresponde con lo que debería ser la celebración bicentenaria de la Batalla de Carabobo, y que no está dentro de las competencias de la Alcaldía del Municipio de Libertador. Además de tener que incurrir en gastos para comprar un cuñete de pintura gris en una economía dolarizada como la venezolana.

     “Más allá de lo jurídico es absolutamente irracional, no se corresponde con el momento que estamos viviendo, crear una “Misión Gris” porque a alguien se le ocurrió imponer y uniformar con una tendencia urbanística en el municipio. Esta es una expresión de dominio socio-político, y que nos lleva a otro punto: la indefensión”.

     Al presidente de la Cámara de Caracas sorprende que las autoridades del municipio Libertador no hayan consultado esta medida, cuando en el pasado han dado pruebas de su disposición a dialogar, como ocurrió con el decreto de armonización tributario municipal dictado por el Tribunal Supremo de Justicia.

     Pide a la Alcaldesa y las autoridades municipales que revisen este acto administrativo, para que sea algo voluntario y no impuesto, y sugiere que planifiquen actividades conmemorativas con los jóvenes, historiadores de lo que significó la Batalla de Carabobo tanto en Venezuela como a nivel internacional.

La supuesta invasión francesa a Caracas

La supuesta invasión francesa a Caracas

POR AQUÍ PASARON

La supuesta invasión francesa a Caracas

     Pretende esta crónica desmentir un supuesto saqueo ejecutado por filibusteros franceses en la provincia de Caracas en los tiempos del período colonial. Arístides Rojas (1826-1894) comenzó su escrito titulado: “De cómo los franceses huyeron de Caracas sin saquearla” al referir que se había generalizado la creencia según la cual piratas franceses habían saqueado Caracas en 1679. Hizo referencia a lo redactado por el jesuita Coleti, en su Dizionario Storico – Geografico dell`America Meridionale – 1771, Alcedo en Diccionario geográfico – histórico de las Indias Occidentales o América, publicado en 1789. De igual manera, lo reiteraron Francisco Javier Yanes, en texto editado en 1840, y Rafael María Baralt en su Resumen de Historia de Venezuela difundido a partir de 1841. 

     Rojas indicó que este era un tema embrollado puesto que filibusteros franceses no asaltaron tierras venezolanas, pero si se hicieron de un gran y rico botín. Según narró este cronista, los únicos perjudicados fueron los miembros del venerable cabildo eclesiástico, quienes vieron cómo se perdían seis mil pesos. A esta información sumó el que Caracas “fue y no fue saqueada en 1679”. Sin embargo, los franceses entraron y salieron del territorio cargando consigo “hasta las gallinas”, además que los capitulares de la ciudad se vieron obligados a pagar un rescate a los invasores.

     Se debe seguir de manera fidedigna lo anotado por Rojas para poder discernir lo que intentó establecer con este escrito. De acuerdo con su experiencia se había enterado que un hombre llamado Jaime Urrieta se dio a la tarea de colocar el mismo nombre a sus hijos.

Arístides Rojas asegura que este era un tema embrollado puesto que filibusteros franceses no asaltaron tierras venezolanas

     Algo que halló similar fue el de mencionar lugares geográficos bajo un mismo calificativo. De esta manera pasó a hacer referencia que Caracas era la denominación de la capital de Venezuela, aunque también llevaba el mismo nombre un riachuelo en la costa de Naiguatá. Afluente proveniente de la cordillera y que derivaba en el mar. Anotó que la bahía de los Caracas figuraba en esos lugares con el mismo nombre que tenían las ricas haciendas en la costa mencionada. Continuó enumerando que Caracas indicaba también un grupo de islas de la costa, a sotavento de Cumaná. También, en los iniciales años de la conquista lo que se conoció bajo el nombre de Provincia de los Caracas o Caracas fue una porción de la costa vecina a las cimas del Ávila y tierras despobladas en su interior.

     Rojas hizo referencia a los años de 1678 a 1680 cuando el filibustero francés Francisco Gramont, luego de haber saqueado varios puntos de la costa venezolana, llegó a apoderarse, para 1680, del puerto de La Guaira, “del cual tomó lo que quiso y se llevó prisioneros al jefe y a la guarnición del puerto que alcanzaba a 150 hombres”. Según escribió, Gramont y los suyos no se conformaron con este pillaje, sino que arrasaron con animales y objetos que había en la costa de los Caracas y haciendas denominadas bajo el mismo nombre. Rojas subrayó que había sido esta la incursión que cronistas e historiadores confundieron con un supuesto saqueo de Caracas, la capital.

     Contó el cronista que los habitantes de Caracas vivían en constante zozobra por el temor a invasiones e incursiones filibusteras, capitaneadas por holandeses, franceses e ingleses en su disputa con la corona de España y alrededor de las tierras atesoradas por los españoles desde principios del 1500. Rojas aseguró que Caracas no había sido asaltada por piratas que rondaban islas y archipiélagos del Caribe. Sin embargo, se dedicó a mostrar cómo los franceses tuvieron que huir de la provincia. El propósito axial que motivó este escrito fue el de superar los mitos tejidos alrededor de esta creencia, “y triunfe por completo la verdad histórica”. Sin duda, lo que hoy se puede asumir del mismo escrito es la intención de crítica, que fue una de las banderas enarboladas por quien asumió el enfrentamiento de suposiciones tenidas como verdad y hechos consumados en la historia de Venezuela.

     Agregó en su artículo que, en los días de la segunda expedición de Miranda y su llegada a las costas de Falcón en 1806, hubo alarma entre los habitantes de la provincia. Por ello el gobernador Guevara Vasconcelos se aseguró de pedir auxilio a las autoridades francesas de Guadalupe, desde donde se envió un contingente de soldados que permanecieron acantonados, hasta fines de 1808, en el Cuartel San Carlos a la espera de cualquier eventualidad para las que se les requiriese.

     Guevara Vasconcelos murió en 1807 y fue sustituido por Juan de Casas, “español de buena índole, aunque de carácter débil para afrontar las difíciles circunstancias que iba a atravesar su gobierno”. Para julio de 1808 se conoció en Caracas lo acontecido con la llamada abdicaciones de Bayona. Renuncias que habían sido acicateadas por Napoleón luego del motín de Aranjuez. Para mayo de este año Napoleón había conducido a las autoridades españolas a Bayona, Francia, donde obligó a Fernando VII a que devolviera el cetro a su padre, Carlos IV. Hecho esto Napoleón constriñó a este último que entregara el mando regio a él. Al haberse consumado esta renuncia el emperador francés nombró a su hermano, José Bonaparte, monarca del reino español. A quien le adjudicaron el mote: Pepe botella, entre los españoles que le adversaban, no por beodo, sino por haber decretado la libertad del juego de naipes y la eliminación de aranceles que pechaban el aguardiente y los licores.

     Para aquellos días, los gobiernos de Inglaterra y Francia enviaron emisarios para la provincia de Caracas, centro de poder administrativo y político de la Capitanía General de Venezuela.

     El emisario francés entregó a la autoridad provincial documentación referida al nuevo estatus político – administrativo de España y su reino bajo el mando de Bonaparte. Los ingleses, en cambio, pedían a las autoridades de la Capitanía no ceder a las pretensiones napoleónicas y garantías de protección a sus intereses, como aliados de la monarquía española y de los españoles que libraban una guerra contra el invasor francés.

     Escribió Rojas que, para el 15 de julio la población caraqueña ya estaba enterada de la llegada del bergantín francés “Le Serpent”, en el que venía el portador de información enviada desde el Viejo Continente. Un comisionado francés entregó al coronel Casas información acerca del nuevo estatus político y administrativo de España y de ultramar. De manera inmediata algunos miembros de la comisión napoleónica se combinaron con los pobladores de la comarca. Rojas anotó que uno de ellos, Mr. Lemanois, quien se hallaba alojado en la posada del Ángel, procedió a difundir y leer informaciones acerca de los sucesos de Bayona extraídas de las Gacetas francesas. Narró Rojas que, hubo algunos curiosos que escucharon con atención la lectura que llevó a cabo un comisionado francés. Sin embargo, uno de los que oía, el oficial ingeniero Diego Jalón, mostró su indignación con modales poco corteses y con señalamientos acusatorios contra el gobierno francés.

     Según Rojas la polémica se fue extendiendo a otros oficiales en apoyo a Jalón convirtiendo la posada en recinto de querella. Entre las frases utilizadas por los oficiales de la comarca fue: “Viva Fernando VII y muera Napoleón con todos sus franceses”. En cuestión de minutos, indicó Rojas, un numeroso grupo de personas se encontraba frente al palacio de gobierno a la vez que vociferaban consignas a favor del rey depuesto y en contra de los franceses y su emperador. Fue bajo este contexto que se reunió el Cabildo en que se acordó tributar fidelidad a Fernando VII y no a José Bonaparte. De esta reunión salió una comisión para exigir al capitán general que emitiera una declaración en la que mostrara la obediencia debida al primogénito de Carlos IV. Se sabe que Juan de Casas y sus inmediatos colaboradores se mostraron recelosos de la difusión de la información de los comisionados franceses. No obstante, al saber el propósito de la inusual visita no tardaron en aparecer expresiones de descontento y adhesión a ella.

     Ante la conmoción, los franceses, quienes se encontraban degustando un almuerzo en la casa del comerciante Joaquín García Jove, mostraron una inquietante actitud ante lo que acontecía en las afueras, provocada por su presencia en la comarca. Ante tal situación se comunicaron de forma inmediata con el gobernador Casas, éste respondió por medio de su secretario, Andrés Bello, quien fue recibido con la siguiente petición: “Sírvase usted decir a su excelencia que ponga a nuestra disposición media docena de hombres, y no tenga cuidado por lo que pueda hacerme la turba que está vociferando en la calle”. Aunque este pedimento fue recibido, los franceses debieron salir de modo presuroso y escoltados por soldados enviados por el gobernador.

     Coincidió con este evento el arribo a puerto venezolano de la fragata inglesa denominada Acasta. Su capitán, y tripulación que le acompañaba, había sido comisionado por el gobierno de Inglaterra para que informara a los venezolanos que los pueblos de la península se encontraban en guerra contra los ocupantes franceses en su territorio. Mientras los franceses transitaban hacia el puerto de La Guaira y escudados por un grupo de hombres bien pertrechados, los ingleses llegaron a Caracas donde fueron recibidos con poco entusiasmo por parte de las autoridades reales y con alborozo por parte de algunas familias de la comarca.

     Dejó asentado Rojas que lo presenciado hacia 1808, en Caracas, avizoraba lo que acontecería desde el año de 1810. No le faltaron razones al cronista venezolano para referir lo narrado como precedente del 19 de abril de 1810. Los historiadores han hablado de un último acto de fidelidad a Fernando durante 1808, también del proceso judicial del que fueron objeto por las exigencias que hicieron al capitán general ante lo acontecido en Bayona. Lo cierto del caso es que los argumentos esgrimidos durante abril de 1810, muestran hoy el temor existente frente a un nuevo colonialismo protagonizado por el emperador de los franceses. De igual manera, la desconfianza que despertó el consejo de regencia, avalado por el consejo de España y América, por su asociación con la ocupación francesa, por una parte, y, por otra, por haber sido propuesto por las autoridades inglesas por medio de Wellington.

     Escribió Rojas que el capitán inglés Beaver, antes de abandonar Caracas, mostró sus intenciones por apoderarse de la embarcación francesa Le Serpent. Casas se adelantó a los planes del inglés y le hizo frente al amenazarle de abrir fuego contra el barco por él capitaneado si llegare a atacar el barco francés. Al no contar con protección y apoyo para sus intenciones Beaver se dirigió a La Guaira para emprender su regreso a tierra inglesa. Unos días después el capitán general mandó a salir a los soldados franceses, para ello los dividió en dos grupos. Los integrantes de las tropas que habían llegado desde Guadalupe en 1806, y que habían sido apostados en Puerto Cabello, fueron los primeros en iniciar su regreso a la isla antillana, habían partido cuando la tripulación del Le Serpent era objeto del ataque inglés bajo el mando de Beaver en el mar océano.

     Rojas no dejó de destacar que lo que cronistas e historiadores venezolanos observaron y difundieron como un ataque filibustero a la ciudad de Caracas, era parte de una confusión proveniente del nombre de un espacio geográfico y utilizado para otros lugares de la Capitanía General de Venezuela. Resulta interesante observar cómo Rojas abordó el examen de tradiciones, mitos y leyendas que habían nutrido las narraciones históricas hasta, al menos, el 1800 venezolano. Sus narraciones y relatos no sólo fueron tramadas como búsqueda por aclarar confusiones sino de mostrar y mostrarse dentro del ámbito historiográfico. El ejemplo que mostró con las denominaciones utilizadas para identificar personas, así como los nombres utilizados para hacer referencia a lugares geográficos deben ser necesariamente revisados para encontrar un origen y una autenticidad que se supone se encuentran en las huellas del pasado. En términos generales, Rojas ejercitó un tipo de crítica histórica de gran relevancia, aunque muy marcada por el ambiente historiográfico de su tiempo.

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