En agosto de 1904 arribó el tercer automóvil, segundo que circuló en el país. Fue importado de Francia por un comerciante de Barquisimeto, cuyo nombre no fue posible precisar, aunque se presume que haya sido el francés J. Hauser, dueño de una ferretería en la capital larense.[1] Este vehículo entró por Puerto Cabello, donde el Jefe Civil de esa localidad lo retuvo por más de dos semanas mientras llegaba de visita a esa población el presidente de la República, general Cipriano Castro.
El 29 de agosto fue probado por las angostas calles de la población carabobeña, produciéndose, naturalmente, un gran entusiasmo entre los porteños, pues -decía el periodista- era la primera vez que un automóvil atravesaba las calles de Puerto Cabello”.[2]
Después que el “Cabito” se marchó, a principios de septiembre, el automóvil emprendió, a través de los rieles del ferrocarril, su recorrido hacía Barquisimeto.
En la travesía pasó por diversas poblaciones, causando, por supuesto, gran asombro. En Tucacas, por ejemplo, su llegada “fue de grande alarma entre sus habitantes, quienes corrieron a esconderse en sus casas por temor de aquel Duende encantado. La policía pretendió poner preso al dueño del automóvil por haberlo introducido allí sin previo aviso a los habitantes”. [3]
Solucionado el incidente, el “duendecillo” continuó hacia Duaca, donde también causó sobresalto. Aunque nunca como en Tucacas, pues sus pobladores fueron advertidos con anterioridad de la presencia de ese “bicho”; así que, cuando llegó el carro, los duaquenses disfrutaron, no sin temor, viendo aquella pequeña criatura de hierro. Fue tal el revuelo que causó este vehículo, que los habitantes del pueblo le solicitaron al Jefe Civil, general Julio Couput, que lo retuviese allí algunos días para que los niños gozaran de las maravillas del “progreso”. Y así fue, el automóvil permaneció en Duaca unos días más, deleitando a grandes y chicos. Lamentablemente, al tercer día el bicho se quedó sin combustible, y no fue sino en diciembre de ese año cuando su propietario logró el permiso de las autoridades para trasladar hasta esa localidad varios envases con gasolina. Sin embargo, no se logró ponerlo en funcionamiento, por lo que su traslado a Barquisimeto se produjo “no en su macho talón ó por sus propias fuerzas locomotrices, sino muy encaramado en el ferrocarril”.[4]
Una vez en la capital larense, el automóvil fue embargado por un tribunal local, desconociéndose hasta ahora las causas que motivaron tal decisión. Lo que sí se supo fue la pena que causó esa confiscación en la población barquisimetana, tanto que la prensa local se hizo eco de ello en los siguientes términos: “como ha dado lastima el embargo del automóvil. Cuantas carreras no hubiera dado por nuestras calles, a tiempo como llegó, y en vísperas de pascuas y año nuevo”.[5]
En verdad que fue una lástima que los barquisimetanos no hayan podido disfrutar de ese espectáculo, de esa expresión de “desarrollo”, como dijo Lisandro Alvarado. Se imagina usted, amigo lector, lo que representaba para la época ver un automóvil en las estrechas y empedradas calles de Barquisimeto. Algo increíble, si tomamos en cuenta que tan sólo hacía un año (1903) que Henry Ford había ideado una industria que permitía producirlos en serie, por lo que su comercialización en el mundo era incipiente.
Año y medio pasó el “duende” guardado en la ferretería del señor Hauser, hasta que el 29 de junio de 1906 lo embarcaron para Caracas, “en busca de mejor temperamento para su salud quebrantada; y ver que también como le fue en Duaca –decía el cronista– seguramente por la temperatura, igual a la de Caracas y parecida a la de Europa, de donde es oriundo. El calor de aquí le hizo mal y se fue en solicitud de otros aires. Lástima que no hubiéramos tenido el orgullo de verlo corretear por nuestros paseos”. [6]
No sería sino en 1913 cuando los barquisimetanos pudieron sentirse orgullosos de ver un vehículo automotor corretear por sus angostas calles. [7] Pero esa es otra historia.
[1]Silva Uzcátegui, Rafael Domingo. Enciclopedia Larense. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la Republica, 1982; p. 234
[2]El Pregonero. Caracas, septiembre 1, 1904; p. 2
[3]El Pregonero. Caracas, octubre 6, 1904; p. 2
[4]El Eco Industrial. Barquisimeto, diciembre 21, 1904; p. 1
[5]El Eco Industrial. Barquisimeto, enero 5, 1905; p. 1
[6]El Eco Industrial. Barquisimeto, junio 30, 1906; p. 1
[7]El Impulso. Barquisimeto, febrero 6, 1913; p. 3
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