Nixon respondió con béisbol a las agresiones sufridas en Caracas

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Nixon respondió con béisbol a las agresiones sufridas en Caracas

El vicepresidente Nixon y el presidente Larrazabal se reunieron en el Circulo Militar de Caracas

     Unas dieciséis semanas después que el general Marcos Pérez Jiménez fuera depuesto del cargo de presidente de la República de Venezuela, por sus propios compañeros militares, llegó a Caracas Richard Nixon, vicepresidente de Estados Unidos.

     La visita de Nixon fue promovida por el presidente Dwight D. Eisenhower y el Departamento de Estado como una gira de buena voluntad por varias ciudades de América del Sur.

     La administración de Eisenhower quería demostrar su compromiso con la región, en aquellos momentos afectada por las tensiones de la Guerra Fría.

     Nixon, acompañado por una comitiva bastante numerosa que incluía a su esposa Pat Nixon y al edecán militar Vernon Walters como traductor, visitó Buenos Aires, Quito, Lima, La Paz, Asunción, Montevideo, Bogotá y Caracas. Tuvo tuvo alrededor de 15 días de gira por esos países.

     Venezuela fue el último punto del tour que encontró en Argentina, Bolivia, Perú y nuestro país violentas protestas, por el apoyo que le ofrecía entonces el gobierno del norte a las dictaduras militares de la región. Cinco meses después de la amarga experiencia que vivió en Caracas, el alto funcionario que luego sería presidente de su país entre 1969 y 1974, se reivindicó con el pueblo venezolano a través de la actividad deportiva.

     Desde que aterrizó en Maiquetía, antes del mediodía del martes 13 de mayo de 1958, Nixon y su comitiva fueron hostigados con violencia: insultos, huevos y pedradas. La gente expresaba rechazo porque sabía que el gobierno de Eisenhower había apoyado al dictador tachirense, condecorándolo en el año 1954 con la orden Legion of Merit. Tras huir de Venezuela a República Dominicana, Pérez Jiménez inició trámites para que Estados Unidos le garantizara asilo político.

     Poco después de finalizar el recorrido de la autopista de La Guaira a Caracas, a la altura de la avenida Sucre, la caravana de vehículos que llevaba a Nixon con rumbo al Panteón Nacional, para visitar la tumba del Libertador Simón Bolívar, fue agredida de una manera muy violenta por grupos de manifestantes. Fracturaron los vidrios del vehículo en el que iba el alto funcionario con su señora esposa. Los miembros del equipo de seguridad estuvieron a punto de emplear sus armas. Como pudieron lograron llevar al vicepresidente hasta la fortificada sede diplomática estadounidense ubicada entonces en la urbanización San Bernardino, al norte de Caracas.

     La amplia agenda que se había preparado para la visita de Nixon durante tres días a la capital venezolana, tuvo que ser modificada casi en su totalidad. No pudo asistir al almuerzo en la Cámara de Comercio de Caracas ni visitar el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) para observar el reactor nuclear. Se limitó a reunirse con altos funcionarios gubernamentales y conversó con corresponsales de prensa locales e internacionales. La reunión con el presidente Larrazábal se llevó a cabo en la fastuosa sede del Círculo Militar, situada a un costado del Paseo de Los Próceres.

     Tan grave consideraron en Estados Unidos el episodio de agresión que ocurrió el día que arribó a Caracas, que agentes del servicio secreto contactaron al almirante Arleigh Burke, jefe de la armada de ese país, quien de inmediato activó el plan de seguridad denominado Operation Poor Richard, consistente en el envío del portaviones  USS Tarawa y un millar de  infantes de marina a bases militares del Caribe, cercanas a las costas de Venezuela, con la idea de defenderse de los ataques y proteger al vice presidente, sí era estrictamente necesario.

     El gobierno venezolano, por intermedio de su presidente, Wolfgang Larrazábal, condenó el ataque, pero señaló que había que ser comprensivo con la reacción juvenil contra los Estados Unidos por la solidaridad que este mostró con el dictador Pérez Jiménez. Larrazábal buscaba también congraciarse con los sectores de izquierda habida cuenta de las proximidades de las elecciones presidenciales (diciembre 1958), en las que participaría como candidato.

Grandes Ligas en visita de buena voluntad scaled

     Dos semanas después de la visita de Nixon a Caracas, revista Life, en su edición del 26 de mayo de 1958, publicó en portada una foto en la cual dos jóvenes patean el vehículo Cadillac que trasladaba al vicepresidente. Un mes más tarde, el 16 de junio, como parte del proceso de investigación, fue apresado Antonio José Barreto, de 25 años, fiscal de la línea de autobuses de Monte Piedad, quien fue recluido en la cárcel del Obispo, y a finales de año lo trasladaron a las colonias móviles de El Dorado. Fue el único detenido por los sucesos.

Invasión de bates, guantes y pelotas

 

     A la medianoche del 15 de mayo de 1958, Nixon y su comitiva salieron de Caracas fuertemente custodiados por un importante grupo de efectivos de las Fuerzas Armas con destino al aeropuerto de Maiquetía, para de allí viajar hacia la ciudad de Washington.

Tom Runnels Red Sox y otros de los peloteros que dictaron clinicas en Caracas y otras ciudades en noviembre de 1958.

     Una de las primeras tareas que emprendió el alto funcionario tras ser recibido por Eisenhower, fue comunicarse con el comisionado de Grandes Ligas, Ford Frick, para participarle que, por instrucciones expresas del Departamento de Estado, organizara una campaña para llevar jugadores de ligas mayores a Venezuela para dictar clínicas y promover las relaciones entre los dos países.

     El beisbol fue un estupendo vehículo para promocionar la política exterior del gobierno norteamericano, al tiempo de desempeñar un papel positivo para aliviar fricciones, como las que existían entre EE. UU. y Venezuela, por el respaldo que le habían ofrecido a Pérez Jiménez.

     En sus memorias, Frick, periodista deportivo que fue presidente de la Liga Nacional entre 1934 y 1951 y comisionado de Major League Baseball desde 1951 hasta 1965, expresó el valor que tenía el beisbol estadounidense en asuntos internacionales.

     Frick se presentó en Caracas  a principios de noviembre de 1958 junto con Frankie Frisch, miembro del Salón de la Fama, distinguido con el trofeo de Jugador Más Valioso en 1931 y mánager-jugador campeón de la Serie Mundial de 1934, con los Cardenales de San Luis, además  del umpire retirado Cal Hubbard, otro inmortal de Cooperstown, como parte del grupo de personalidades y peloteros que entre el 7 y el 14 de noviembre de 1958 visitaron estadios en Caracas, Los Teques, Maracay, Valencia; Barquisimeto, Maracaibo, Cumaná y Porlamar, para dictar clínicas a niños y jóvenes.

     En la lista de jugadores figuraron  Richie Ashburn, campeón bate de la Liga Nacional en 1958 y jardinero central de los Filis de Filadelfia; Elston Howard, catcher suplente de los Yankees de Nueva York; Gus Triandos, receptor de los Orioles de Baltimore; Pete Runnels, camarero de los Medias Rojas de Boston; Dick Groat, shortstop de los Piratas de Pittsburgh y su compañero de equipo, el lanzador Bob Friend, quien ese año compartió con Warren Spahn el liderato de triunfos de las Grandes Ligas al ganar 22 juegos. Al grupo también se sumó Al Schacht, un ex lanzador que se hizo famoso gracias a su trabajo como payaso en los diferentes estadios de las Grandes Ligas en las décadas de 1940, 1950 y 1960.

Nixon se traslado a Maiquetia acompanado por Larrazabal y bajo una importante custodia militar scaled

     Era la primera vez que el público venezolano podía disfrutar en casa de un espectáculo relacionado con las Grandes Ligas desde marzo de 1947, cuando los clubes Yankees de Nueva York y Dodgers de Brooklyn participaron en varios juegos de exhibición, en el antiguo estadio Cerveza Caracas de San Agustín.

El conocido receptor de los Yankees de Nueva York Elston Howard en el estadio Universitario noviembre 1958 scaled

     Frick aseguró que al llegar a Venezuela los jugadores estaban preocupados por la reacción que podía tener el público, luego de lo que sucedió con Nixon. Pero aquella impresión cambió por completo desde que se presentaron en el estadio Universitario, visitaron hospitales, estuvieron en el centro YMCA de Catia y asistieron al Teatro Municipal de Caracas, invitados al programa de la Sociedad Anticancerosa, así como las diversas presentaciones que cumplieron en los diamantes de ciudades del interior.

    El Departamento de Estado daba inicio así al desarrollo de una política exterior basada en una alianza para el progreso, que tendría su mayor impulso dos años más tarde, en 1961, con la visita a Venezuela del presidente John F. Kennedy, quien, al contrario de Nixon, fue recibido con afecto y admiración por el pueblo venezolano. El beisbol contribuyó en parte, a limar las asperezas entre ambos países.

Mensaje Navideño 2020

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Un bogotano en Caracas

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Un bogotano en Caracas

Alberto Urdaneta

     Para 1883 se llevó a cabo en Venezuela la llamada Fiesta del Centenario, momento que sirvió de marco para recordar los cien años del nacimiento del Libertador. En este evento se dieron cita personalidades de la vida nacional y de otros espacios territoriales de la América española y distintos lugares del mundo. Mucha de la ornamentación de la Venezuela guzmancista se llevó a efecto bajo este evento que también sirvió para estimular el culto bolivariano alrededor del poder establecido. Entre los invitados estuvo un bogotano, entre otros, de nombre Alberto Urdaneta (1845-1887) quien había sido general del ejército de Colombia, además de empresario agrícola y pecuario. Creador de la escuela de Bellas Artes, pensador, fundador de Papel periódico ilustrado donde publicó “De Bogotá a Caracas” entre 1883 y 1884.

     Las observaciones que plasmó Urdaneta las recopiló en los cincuenta días que estuvo por Caracas. Comenzó su escrito al hacer referencia al Calvario y le informó al lector que al adentrarse a Caracas el ambiente le pareció seductor. Las casas las describió como construcciones de un solo piso, edificadas con mampostería y en calles angostas. Recordaría que con Antonio Guzmán Blanco se comenzaría a construir, desde el denominado Septenio, alamedas o bulevares que imitaban y, en algunos casos, aventajaban las de París por su anchura y protección de la vegetación. De ésta expresó que era abundante y frondosa, cuyo cultivo, se apreciaba, habían ejecutado con esmero lo que ofrecía al observador de la ciudad un aspecto de una ciudad oriental.

     Caracas para su gusto era una ciudad bonita, incluso más bonita que París, y como Bogotá, tenía aspecto de ciudad. Subrayó que su embellecimiento se llevó a cabo luego del movimiento telúrico de 1812. Entre otras virtudes, Urdaneta recordaría la pulcritud y aseo de la ciudad. Aunque era raro ver una escoba y quienes la utilizaran. Como ejemplo de limpieza contó que por el mes de agosto decidió comer una naranja, ofertadas en la calle, para refrescarse, pero no encontró lugar para desprenderse de las conchas puesto que no había cestos de basura, por lo que optó por guardarlas y desembarazarse de ellas en el lugar que tenía como morada. Sin embargo, agregó que había barredoras mecánicas, tiradas por un caballo y dirigidas por un peón. Pero, no era esto lo que mantenía aseadas las calles de Caracas, sino las lluvias porque con éstas las aguas corrían de arriba abajo y esta corriente servía para limpiarlas, a esto agregaría el carácter pulcro de los habitantes.

     En cuanto a estos últimos recordaría que no usaban ruana, ni las mujeres vestían de negro. En su recorrido inicial le vino a recordación tanto el 19 de abril de 1810 como el 5 de julio de 1811 y el espíritu de Independencia, nacido de las doctrinas de Antonio Nariño y los precursores comuneros del Socorro en 1781. Sin duda, una aseveración exagerada a la luz de los estudios, en este orden, dados a conocer posteriormente. En su narración llamó la atención acerca del arzobispado de Venezuela, el Colegio de Ingenieros, la Facultad Médica Nacional, el Instituto de Bellas Artes y la Biblioteca en donde reposaban treinta mil volúmenes.

 

Calles y coches

     En lo referente a la organización y ornamentación de la ciudad delineó en su narración la existencia de 19 puentes, 14 de mampostería y uno de hierro, el cual se ubicaba sobre el río Guaire. En cuanto a las variaciones climáticas habló de dos: lluvia y sequía. Dejó escrito que en los tiempos del Centenario (1883) Guzmán Blanco había mandado a eliminar el que la parte frontal de las casas se blanquearan con cal, yeso o tierra blanca y se sustituyeran por pinturas a base de aceite, con colores claros. Junto con este cambio se dispuso a suprimir los impresos y anuncios públicos en las paredes de ellas. Acerca de esto último, indicó que en lugar de esta práctica se comenzaron a utilizar los árboles, donde con una tablilla se colocaban anuncios de interés.

     A medida que avanza su descripción agregaría nuevos aspectos que le llamaron la atención en comparación con su originaria Bogotá. Reconoció que el uso del cemento apenas comenzaba en Venezuela y que la mayoría de las calles centrales eran de este material. El mismo estaba siendo utilizado para sustituir en las calles las antiguas lajas de formas irregulares y variadas. Aunque las calles fuesen empedradas, con pequeñas piezas, ello no impedía el libre flujo de los carruajes.

     En lo que se refiere al transporte señaló que, el uso de los carruajes estaba bien reglamentado y que existían dos tipos diferentes de ellos, aparte de los particulares: los de plaza y tirados por uno o dos caballos. Para su convencimiento la mayoría de choferes eran italianos. Las tarifas variaban según las situaciones. Un bolívar por cada carrera o un venezolano por hora. Ofreció la información sobre la existencia de unos 160 carruajes de plaza en Caracas.

     A estos sumó los coches de lujo tirados por dos caballos y los cocheros hijos del país, según lo anotado por Urdaneta. El costo del servicio eran dos venezolanos por hora. Los días de fiesta y al salir de la ciudad al campo el costo era el doble. Indicó que cada cochero llevaba un reloj y vestían indumentaria presentable y pulcra. En Caracas habría unos cuatrocientos de este tipo reseñó en su texto. El medio de transporte más utilizado para trasladar objetos y mercaderías eran animales como el asno o pequeños carros de dos ruedas, halados por mulas, un solo arriero conducía hasta doce asnos en recua.

     De las calles anotó que estaban bien alumbradas con faroles de petróleo. Para la fiesta del Centenario se agregaron faroles de esperma y la luz eléctrica, basada en el sistema de Weston en algunos puntos de la Plaza Central y monumentos importantes. En la visita que llevó a cabo a la Catedral de Caracas, destacó un cuadro de Antonio Herrera, pintor de tendencia modernista. De igual modo, subrayó que en los alrededores de ellas había espacios vacíos, uno de ellos donde reposaba el corazón de Girardot, sin lápida que identificara el lugar. Con cierto aire quejumbroso señaló que un sentimiento patriótico debía embellecer este lugar, en vez de estar sepultado en medio de grama crecida. De otras iglesias caraqueñas señaló que la de Altagracia era la predilecta de las mujeres y la iglesia de la Merced donde existían fosas y que para él sería importante que, en Bogotá algunos templos, imitaran esta práctica y así obtener recursos económicos que ayudaran en su funcionamiento.

 

Caraqueños y caraqueñas

     Su relato es muy sobrio respecto a hábitos, usos, costumbres, gustos de lo que denominó sociedad caraqueña. Justificó que no se extendería en este punto porque el poco tiempo de observación de sus cualidades y por lo reducido de los defectos de ella no se prestaban para ser calificada.

     Del caraqueño anotó que eran mezcla de alemanes, vascos y que las razas primitivas constituían la costa norte de Suramérica. Estos grupos mezclados le sirvieron de pauta para calificarlos como sigue: raza pronta a las buenas o malas pasiones, despierta para todo, no perezosa, apasionada, sensible, apta para las armas como para escribir tratados jurídicos o una novela, vehementes en el afecto como en el resentimiento. Agregó la falsedad de la idea según la cual el caraqueño no era blanco, por eso adicionó que era tan blanco como el europeo, como “nosotros”, subrayó Urdaneta. El mismo vigor y energía corría por sus venas esa buena sangre azul, atributo de la raza especial suramericana, remató el autor.

     Advirtió que, a pesar de su edad y sin perder la sangre fría, se dio a la tarea de observar las generalidades en saraos, visitas oficiales o familiares, en calles, jardines de los caraqueños. En fin, apreciar la parte poética del género humano. Sus conceptos alrededor de este aspecto son como sigue. El caraqueño reunía la gracia innata de los pobladores de tierras templadas. En cuanto a la mujer insistió que el clima facilitaba baños depurativos desde tempranas horas del día. A ello se agregaba la vestimenta vistosa y de sus encantos como mujer. Dejó escrito que, las tibias mañanas se prestaban para el encuentro furtivo de parejas de enamorados en la choza, el valle y la finca. Aseveró que las damas lucían trajeadas a la usanza de las parisinas en la época primaveral.

     Las mañanas eran las predilectas para las compras, pasear, oír misa o la visita de confianza. Ya desde las once de la mañana hasta las tres de la tarde la ciudad presentaba su monotonía. Contó que las mujeres al caer el sol salían con sus costosos vestidos, pero de buen gusto, y se exhibían en paseos y lugares públicos. A la armonía especial de la costa, la mujer caraqueña la acentuaba al darle un movimiento a la frase importante que intentaba comunicar. En el teatro y el baile, el donaire en el vestir, su constante sonrisa, la amabilidad que seducía le daban a la caraqueña un atractivo incomparable, según dejó escrito Urdaneta.

Urdaneta fue fundador de Papel periódico ilustrado, donde publicó “De Bogotá a Caracas”

     Sin embargo, propuso que estas características las había apreciado en un momento muy puntual. Por ello añadió que bien pudieran ser estas acciones o características habituales o, al contrario, propiciadas por una situación específica. De los hombres dejó plasmado que, vestían con trajes propios de época de verano, usaban sombrero de copa o de paja. Las vestimentas de dril blanco sólo las portaban los más elegantes. En las visitas de etiqueta o asistencia a la ópera iban con frac. En lo referente al consumo de bebidas espirituosas recordó la sobriedad con que las degustaban y que de una copa de cerveza no se excedían, mostró su gusto al ver que el brandy no fuese común entre ellos. En ágapes o fiestas preferían el ron Carúpano.

Para Urdaneta, Caracas era una ciudad bonita, incluso más bonita que París

     También resaltó el gusto de los caballeros por el baile, que lo ejecutaban con maestría. Cumplidores en sus visitas, no tenían impedimento para prolongarlas, si eran de su agrado, dos o tres horas. Aceptaban u ofrecían con franqueza un almuerzo o cena al visitante. Otras virtudes que resaltó: eran madrugadores y como las damas salían a dar paseos. Se trasladaban sin quejas hacia otras parroquias, en ocasiones a pasar el día o a pasear en horas de la mañana. Como seres serviciales y galantes atendían presurosos el pedido ajeno. Urdaneta destacó el uso del bastón por parte de los caballeros. En cuanto a los obreros, aquellos dedicados al trabajo rudo, no usaban la por él llamada perezosa y sucia ruana, andaban en mangas de camisa o con un ligero saco de dril blanco.

     A lo largo de su narración, el autor, expuso sus observaciones con bastante cuidado. Se cuidó de no ser muy crítico, condición que exhibió cuando hizo referencia a lo que en Bogotá era usual. Resulta de gran interés la escasa consideración en torno a la realidad política. Igualmente, cuando refería comparaciones con la realidad europea lo hizo para enaltecer esta comarca caraqueña, así como a su lugar de origen. Esto, de ningún modo, desdice lo relatado. Me parece que el interés principal es la coincidencia respecto a algunos atributos que se daban como un hecho entre quienes examinaron Caracas desde su realidad vital. El viajero relator hace uso de su propia experiencia, así como de sus vivencias personales y territoriales, ejes a partir de los cuales establece diferenciaciones y también coincidencias. Si algo se puede destacar entre el viajero hispanoamericano y el proveniente de Europa es aquel en que su propia experiencia es la impronta del relato. A este tenor, que entre uno y otro el relato normativo se torna diferente al momento de la comprensión del desenvolvimiento social en civilización.

El asesinato de Delgado Chalbaud

El asesinato de Delgado Chalbaud

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El asesinato de Delgado Chalbaud

     Hace 70 años se llevó a cabo el único magnicidio que se ha cometido contra un presidente de la República en la historia política venezolana.

     La mañana del lunes 13 de noviembre de 1950, mientras se dirigía desde su residencia de la urbanización Country Club hasta el despacho del Palacio de Miraflores, fue ultimado en medio del secuestro del cual fue objeto, el teniente coronel Carlos Román Delgado Chalbaud, presidente de la Junta Militar de Gobierno que había tomado el poder el 24 de noviembre de 1948, tras derrocar el gobierno constitucional de Rómulo Gallegos.

     Dado que Delgado Chalbaud, quien contaba apenas 41 años (había nacido en Caracas el 20 de enero de 1909), ocupaba el principal cargo del poder ejecutivo venezolano, su repudiable crimen está registrado en nuestra trayectoria política como el único magnicidio contra un primer mandatario de Venezuela.

 

Secuestro y ejecución

     El vehículo presidencial, un Cadillac Imperial, año 1947, tipo limosina, conducido por Felipe Figueroa, llevaba en su interior al teniente coronel Delgado Chalbaud y su edecán, el teniente de navío Carlos Bacalao Lara. Como escolta motorizado los acompañaba un efectivo militar de apellido Aponte.

     A la altura del puente de Chapellín, a escasos minutos de haber salido de la Quinta Lois, se encontraron con un taxi marca Ford, conducido por Carlos Mijares, quien simulaba estar accidentado en la vía, por lo que Figueroa tuvo que disminuir la velocidad. En ese momento, el Cadillac fue interceptado por más de 20 hombres armados, borrachos y amanecidos a bordo de cuatro vehículos: un Packard negro del que bajó Rafael Simón Urbina, un Hudson, un Plymouth y un Chevrolet. Unos ocho hombres del grupo se encargaron de desarmar Bacalao Lara, en tanto que el resto se dedicó a reducir a Delgado Chalbaud y al motorizado Aponte.

Teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud, presidente de la Junta Militar de Gobierno

     Urbina y varios de sus secuaces retiraron violentamente de su vehículo a Delgado Chalbaud y sus acompañantes y los subieron al Ford que guiaba Mijares. Regresaron hacia el Country Club, para luego emprender rumbo al Rosal y de allí hacia la vía de Baruta. Hay que tomar en cuenta que entonces no existía ni la autopista Francisco Fajardo ni la avenida Francisco de Miranda y que urbanización Las Mercedes, hacia donde se dirigían exactamente, tenía entonces muy pocas casas y edificaciones.

     Según versiones de prensa, a eso de las 9 y media de la mañana, la caravana de vehículos de los secuestradores y sus tres víctimas arribó a la quinta Maritza en la calle La Cinta de Las Mercedes. Apenas terminaban de aparcar el Ford en el estacionamiento, se escuchó un disparo de pistola, era un balazo que se escapó del arma de Pedro Antonio Díaz e impactó en la pierna izquierda de Rafael Simón Urbina, que prácticamente le destrozó todo el tobillo.

     En medio de la escena, en la que el líder del grupo resultó herido, Delgado Chalbaud pretendió auxiliar a Urbina, pasándole un pañuelo para intentar detener la hemorragia. Los nervios llevaron a Domingo Urbina, Pedro Antonio Díaz y a Mijares a accionar sus armas y herir de muerte al primer mandatario, mientras que los otros secuestradores dispararon contra Bacalao Lara y casi también la emprenden a balazos contra el chofer y el escolta motorizado, quienes se salvaron gracias a la intervención de Urbina, quien ordenó que los dejaran amarrados.

     En un gesto de valentía, Bacalao Lara, herido con siete tiros, salió de la casa y pudo llegar a una vivienda cercana. Allí se identificó y solicitó a los habitantes que le permitieran comunicarse por teléfono con el Palacio de Miraflores para dar parte del atentado que se acababa de producir. Habló con el teniente coronel Luis Felipe Llovera Páez, uno de los miembros del triunvirato de la Junta Militar de Gobierno, y le informó la situación. De inmediato se inició la persecución. Policías y soldados se dirigieron a Las Mercedes y se activó un plan de búsqueda para dar con los forajidos.

     Tanto el teniente de navío, Bacalao Lara, como el teniente coronel Delgado Chalbaud fueron trasladados de urgencia al Hospital Militar. El primer mandatario falleció a las 11 de la noche de ese 13 de noviembre, en tanto que su edecán, sobrevivió tras permanecer varias semanas hospitalizado.

Ultimado el cabecilla

 

     Los agresores huyeron y Rafael Simón Urbina fue llevado en su vehículo a la casa del abogado colombiano y técnico electoral Juan Francisco Franco Quijano en procura de un médico, pero ante la imposibilidad de que este llegara oportunamente se dirigió a la Embajada de Nicaragua, pero ante la necesidad de ser atendido por un médico, decidió entregarse ante las autoridades. Una comisión de la Seguridad Nacional lo llevó a la cárcel de El Obispo, en el Guarataro. Allí le practicaron las primeras curas y al final del día, cuando o trasladaban a la Cárcel Modelo de Propatria, por supuesta aplicación de la Ley de Fuga, Urbina fue ultimado de un balazo en la subida del cerro El Atlántico, en Catia.

     El resto de la pandilla que acompañó a Rafael Simón Urbina fue capturada en su totalidad y sometida a juicio y condena. La integraron, entre otros, su hermano Domingo José Urbina Rojas, Pedro Antonio Díaz, Honorio Gutiérrez, Ángel Medina, Antonio José Medina, Cipriano Medina, Pedro José Medina Túa, Carlos Mijares, Osorio de Jesús Ollárvez, Máximo Paz, Antonio Paulino Reyes. Casi todos llegaron a Caracas procedentes del estado Falcón. Años más tarde, durante el gobierno de Rómulo Betancourt, Domingo Urbina se fugó de la Cárcel Modelo y incorporó a la guerrilla, donde permaneció cuatro años. Luego se acogió a la política de pacificación que inició el presidente Raúl Leoni y concluyó Rafael Caldera durante su mandato. En 1985, fue asesinado en un sombrío hecho de venganza.

     Una vez iniciadas las investigaciones sobre el secuestro de Delgado Chalbaud, se conoció que entre los implicados figuraban el millonario Antonio Aranguren Leboff, amigo personal y compadre de Urbina, quien había financiado sus aventuras antigomecistas previas, y el mencionado abogado colombiano Franco Quijano, quien fue preso y enjuiciado. Sin embargo, su causa fue sobreseída poco tiempo después.

Marcos Pérez Jiménez, Carlos Delgado Chalbaud y Luis Felipe Llovera Páez

La ambición de Pérez Jiménez

 

     Delgado Chalbaud, ingeniero que había asistido a una academia militar en Francia. Presidía la Junta Militar de Gobierno junto con los tenientes coroneles Marcos Pérez Jiménez y Luis Felipe Llovera Páez desde el 24 de noviembre de 1948, cuando derrocaron del poder al novelista caraqueño Rómulo Gallegos.

     Desde el mismo momento en que se produce el atentado comienzan a circular rumores en torno a que la salida del juego de Delgado Chalbaud fue ordenada desde el propio gobierno. Todo ello obedecía a los comentarios que hizo el propio Urbina al momento de ser capturado, al exigir que lo pusieran en contacto con Pérez Jiménez.

Plano del lugar donde fue secuestrado Delgado Chalbaud

     El expresidente Rómulo Betancourt, quien trató el tema en su obra “Venezuela Política y Petróleo”, ofrece una interesante versión: “Rafael Simón Urbina, la persona que hubiera podido aclarar mejor las partes nebulosas de la historia y aun librar de culpabilidad en su declaración a quienes lógicamente acusaría la opinión pública como fraguadores del asesinato, no alcanzó a hablar ante un juez. Estaba gravemente herido, de un balazo, cuando se entregó a la policía, abandonando el asilo que recibió en la Embajada de Nicaragua; y, ya en la cárcel, como para confirmar las vehementes sospechas que recaían acerca de los instigadores de su sangrienta aventura, lo asesinaron. Se piensa, aplicándose un razonamiento elemental, que con la eliminación de Urbina se pretendió acallar definitivamente la voz de quien sabía demasiado. Pero antes de morir, Urbina dejó testimonios de su puño y letra, y una cauda de testigos, que han permitido reconstruir, con perfiles muy verosímiles, el proceso de incubación y ejecución de un crimen político que tuvo tanta resonancia, dentro y fuera de Venezuela (…)

     De la conexión que existía entre Pérez Jiménez y Urbina antes del magnicidio se encuentra un testimonio caudaloso, abrumador casi, en las 665 páginas del libro Sumario del juicio seguido a las personas indiciadas por haber cometido el asesinato del coronel Carlos Delgado Chalbaud, presidente de la Junta Militar de Gobierno, edición oficial de la Oficina Nacional de Informaciones y Publicaciones del Ministerio de Relaciones Interiores, Caracas, 1951 (…) Entre las personas indiciadas estaba la viuda de Urbina, María Isabel de Urbina. Fue ella la que guio el automóvil en que Urbina se trasladó de su casa de habitación al lugar donde Delgado Chalbaud fue secuestrado. Declaró al juez instructor que el día anterior al crimen (12 de noviembre de 1950), Urbina le dijo: «Mañana cuando vayas donde Franco Quijano, vas a pasar donde el señor Rivero Vásquez y le dices que el hombre está preso, para que se lo comunique al teniente coronel Marcos Pérez Jiménez»” (Op. cit. p. 36).

Carroza fúnebre con los restos del coronel Carlos Delgado Chalbaud

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