Independencia, guerra y ruina económica

Independencia, guerra y ruina económica

CRÓNICAS DE LA CIUDAD

Independencia, guerra y ruina económica

     La Independencia como concepto y acción de soberanía y libertad forman parte inherente del proceso que condujo a la ruptura del nexo colonial en la historiografía venezolana. No se puede dejar de lado que la declaración de Independencia del año once fue anterior a la guerra que se libró en su favor. Junto con esta generalizada percepción se tiene como una verdad revelada que, el enfrentamiento bélico absorbió de manera absoluta a todo el aparato productivo y de intercambio de bienes que servían de sustento a la economía de la antigua Capitanía General de Venezuela, en especial, la provincia de Caracas. Es una disposición historiográfica que ha estimulado una visión generalizadora de un conflicto que, si bien es cierto, tuvo resultados nefastos en cuanto a la vida de los combatientes, así como que la dimensión económica sufrió resultados adversos. En este sentido, se puede argüir que, si no hubo una paralización total de las actividades económicas, si tuvo repercusión en la disminución de la inversión, se acrecentó un mayor déficit de la fuerza de trabajo, el comercio se vio afectado en su intercambio, así como que las actividades alrededor de la ganadería y cría de animales se vieron más afectadas frente a otras actividades productivas y comerciales.

     La guerra librada entre 1811 y 1821 se presentó en algunas porciones territoriales del país y no involucró a más de treinta mil correligionarios. Las actividades agrícolas se vieron afectadas, en primer lugar, entre 1812 y 1814 en la región central de Venezuela. Luego, con el desarrollo del conflicto bélico hacia los Llanos y la región oriental la mayor afectación se concentró en las pérdidas alrededor del ganado vacuno, caballar y mular. Más que destrucción de cultivos u otras instalaciones productivas fue más dañino el secuestro y la distribución de propiedades, como recompensa para los que participaban de modo directo en el conflicto. El uso de artillería no fue generalizado y quienes luchaban lo hacían, de manera mayoritaria, con cuchillos, machetes y armamento pequeño. Si en los Llanos entre 1816 y 1820 se libraron la mayoría de los combates, los valles colindantes a las costas, desde donde se extraían bienes para la exportación, las escaramuzas fueron menos intensas y en lapsos breves. La historia patria o nacionalista ha sido la encargada de difundir la idea según la cual la guerra a favor de la emancipación estuvo signada por la destrucción total.

     Resulta sintomático que quienes visitaron la Venezuela republicana, que hablaron y escribieron acerca del estado de abandono y ruina, de esta comarca, adjudicaron estos más por los efectos del terremoto de 1812 que por la propia guerra independentista. Quienes se han dedicado a estudiar estos asuntos, como el sociólogo Yoston Ferrigni Varela (La crisis del régimen económico colonial en Venezuela, 1770-1830), proporcionan datos que bien valen la pena considerar al momento de hacer balances del impacto de la guerra de Independencia en la antigua provincia de Caracas. También resulta de gran utilidad el estudio preliminar de Materiales para el estudio de la cuestión agraria en Venezuela, redactado por Germán Carrera Damas, así como también de este autor La crisis de la sociedad colonial.

     Desde el inicio de la acción beligerante los bandos en pugna se batieron en contienda para alcanzar el control de la provincia de Caracas. El modelo colonial había impuesto una modalidad extractiva en que los puertos, ubicados en la parte central del territorio venezolano, servían para la extracción de bienes, en especial cacao y añil, y la importación de manufacturas. De igual forma, en esta provincia se concentraba la mayor cantidad de población, instituciones gubernamentales, casas de comercio y el núcleo fundamental del aparato agrícola que servía para abastecer otras provincias de Venezuela. De ahí la importancia de tenerla bajo control por parte de las fuerzas en pugna, puesto que la columna vertebral de la economía y del poder político se centralizaba en ella.

     Durante el lapso que cubre los años de 1811 y 1814, sobre todo el período de aplicación del decreto de Guerra a Muerte, se desarrollaron conflictos que hicieron temer una situación similar a lo acontecido en Haití desde 1791. Con el derrumbe de la Segunda República se restableció el poder de la monarquía española. Hasta 1821 las tropas leales al rey mantuvieron el control de la región central. Los que combatían contra la Corona lo hacían en la parte oriental, los Llanos y Guayana. Entre 1814 y 1821 no se presentaron enfrentamientos de envergadura en la provincia de Caracas, lo que permitió producir y comerciar con relativa paz.

     Fue común en los tiempos de enfrentamiento por la Independencia las expropiaciones y el saqueo entre los bandos en conflicto. Sin embargo, la historia de talante patriótico y nacionalista ha asociado estas prácticas solo con los miembros del ejército realista, siendo figuras emblemáticas Boves, Rosete y Antoñanzas. Sin embargo, desde el bando patriota fue también ejecutada porque se requería cubrir gastos de guerra que un ejercicio fiscal y un erario público exhausto no estaban en capacidad de satisfacer. Si existió un ámbito de ruina preocupante entre 1812 y 1821 fue este. El historiador Germán Carrera Damas demostró en: Boves. Aspectos socioeconómicos de la guerra de Independencia que la práctica del saqueo fue común en este lapso, tanto entre quienes combatían a favor de la Corona como entre quienes pugnaban por la república.

     Los aprietos fiscales estuvieron a la orden del día debido a la propia dinámica de una guerra. Las dificultades para llevar a cabo actividades asociadas con el comercio exterior, la devastación que acompañó al terremoto y sus efectos colindantes repercutieron para que aquella se extendiera. Fuese el bando patriota o lo fuese el realista ambos debieron sortear estos inconvenientes. Para tener una idea aproximada de la situación del gasto que implicaba mantener las fuerzas de una comisaría, que era equivalente a un 80% de renta mensual producida por la actividad tabacalera en el departamento de Caracas, unos 37.204 pesos, resulta de imponderable interés estudiar el tributo tabacalero. Esto sin contar el armamento que no era de fácil adquisición por la realidad internacional del momento (1814) y que era propicia para elevar e inflar los precios de fusiles y pistolas.

Mapa de la Provincia de Caracas

     En momentos cuando ya fenecía la Segunda República hubo la orden de retirar la plata macuquina que reposaba en la casa de la moneda, cuando los repúblicos ya emprendían su incursión hacia tierras orientales. La búsqueda de fondos se extendió por Caracas, y con la particularidad de acciones extremas para hacerse de ellos. En el mencionado estudio relacionado con la figura de Boves y los aspectos sociales y económicos de la guerra, se dan a conocer algunas de estas medidas que se desplegaron por toda la provincia de Caracas. Así, para el 14 de septiembre de 1813, Cristóbal Mendoza informó al director general de rentas que en poder de éste había treinta y un mil pesos, pertenecientes al residuo del caudal de los padres jesuitas y que, en vista de las dificultades económicas de la república, debían pasar a manos del gobierno para cubrir los gastos de guerra. El cumplimiento de esta petición no debía pasar de los treinta días para la entrega de quince mil pesos. También se recurrió a acciones con un tono distinto como el de una viuda llamada María del Carmen Yorden, a quien se le exigió la entrega de mil pesos de plata que su marido, Antonio Díaz Navarra, quien al morir no honró una deuda que tenía con la Corona debía hacerlo en este momento. Situación similar debió sortear Monteverde al acudir a auxilios monetarios y materiales de emigrados venezolanos radicados en Curazao.

     Desde 1813 se comenzaron a instrumentar fórmulas administrativas para reorganizar la casa de la moneda. Una de las acciones que se barajó para superar la falta de numerario se pensó con la plata que estaba en manos de particulares, quienes por dificultades económicas se vieron en la obligación de desembarazarse de ella. También, a corporaciones como la Iglesia se le cursaron peticiones para que entregaran la plata labrada en reliquias y objetos de adoración. El director general de rentas le comunicó, en enero de 1814, al párroco encargado de la iglesia parroquial Nuestra Señora del Carmen que, en el templo bajo su responsabilidad se hallaba un trono de plata roto y que en tales condiciones no servía para la decencia del culto. Por tales circunstancias, el director de rentas pedía que fuese entregado, junto con las demás alhajas de plata y oro, para ser convertidas en moneda y que con tal acción produciría una satisfacción a las graves penurias por las que atravesaba la república. De igual modo, con dicha satisfacción y entrega se fomentarían las artes, el comercio, la agricultura al beneficiar al Estado y la población de esta comarca.

     Aunado a estos contratiempos no dejó de estar presente las querellas de competencia administrativa, tal como se vivió en Caracas para abril de 1814 entre el gobernador militar de Caracas, Manuel Aldao, y el director general de rentas, Juan Nepomuceno Ribas. Este último le reclamó al primero su persistente injerencia en los asuntos propios que correspondían a su cargo, al haber ordenado que el cuidador del almacén de víveres entregara raciones suficientes para la subsistencia del cuerpo de artillería, pues carecía de facultades para tal acción. Aldao agregó que él había sido respetuoso a la autoridad del director del almacén. No obstante, el estado de inopia en que se encontraba la tropa por hambre y las consiguientes quejas contra el gobierno, era necesario intervenir para salvar la patria del peligro que se cernía sobre ella.

     En el campo realista no eran muy diferentes las condiciones en las que se vio envuelta la tropa. A pesar de haber tomado Caracas, las quejas por el estado de indigencia en que se encontraban los soldados, de la causa española, en lo atinente al abastecimiento de alimentos y vestimenta estuvo a la orden del día. En consecuencia, con la extensión del conflicto bélico el empobrecimiento y el bandolerismo se extendió.

     En Caracas y espacios territoriales colindantes, con la instauración realista aisló esta zona del resto del país, aunque las acciones de bandoleros y la migración de la población, por causa de las acciones de guerra, estimuló fórmulas políticas y administrativas que exigieron a la población que entregara propiedades a favor del ejército. A partir del mismo momento que se iniciaron las acciones contra de la Segunda República se decidió recurrir a prácticas que ayudaran a mantener Caracas. Esta necesidad se impuso porque en ella reposaban todos los recursos necesarios para mantener las fuerzas militares. El movimiento poblacional había provocado que Caracas recibiera el éxodo proveniente de los valles aragüeños, del Tuy y Villa de Cura.

     El aumento de la población en esta comarca estuvo acompañado del empleo de seiscientos hombres en labores de fortificación de la ciudad. Esto exigió un considerable consumo de alimentos que sólo se podría satisfacer con la importación. Importación que ingresaba por los puertos y que no resultaba ser suficiente para quienes exigían a las autoridades republicanas auxilio alimenticio. La disminución de la población caraqueña repercutió en la acumulación de renta proveniente del tabaco. A esto se sumó que el bajo consumo de tabaco estuvo acompañado de los pírricos recursos con los que contaba la población para alimentarse

     El estudio ofrecido por Ferrigni propone como referencia de recuperación económica cuatro haciendas, la de las Monjas de la Concepción, en que la producción de cacao, entre 1811 y 1822, experimentó un incremento. Sin duda, resulta de un valor imponderable, para el estudioso de este período de la historia venezolana, volcar la mirada alrededor de la guerra de Independencia porque muestra que la idea de ruina total debe ser revisada. El intercambio comercial en la provincia de Caracas, impele a suponer que tanto productividad como beneficios de las propiedades, del convento mencionado, se orientaron en un mejoramiento de las condiciones de producción, mientras una gran porción territorial era escenario de una guerra librada por dos bandos que pugnaban por imponerse.

El país espera por soluciones y el sector empresarial está obligado a conversar con quien sea

El país espera por soluciones y el sector empresarial está obligado a conversar con quien sea

El país espera por soluciones y el sector empresarial está obligado a conversar con quien sea

Por: Zuhé Rodríguez

     Eduardo Garmendia, tesorero de Fedecámaras, precisó que el sector empresarial privado está obligado a sentarse para conversar con quien sea, debido a que hay un país cansado esperando soluciones.

     Comentó que en Venezuela se ha perdido la capacidad de dialogar y se ha radicalizado, sin embargo, señaló que con todas las diferencias que se pueda tener es vital encontrar algunos puntos en común y acordar propósitos que salgan en beneficio de la sociedad.

     “Muchos han pensado que es un juego de suma cero y no lo es, si no podemos conseguir soluciones acordadas los que vamos a perder son todos”

     En entrevista para Tributos y Algo Más, Garmendia dijo que en la reunión entre Fedecámaras y la Comisión de Diálogo, Reconciliación y la Paz solicitaron más encuentros para reconstruir el diálogo social.

     “Hay que sentarnos el gobierno, los trabajadores y los empleadores porque hay que atacar el problema de la capacidad de compra que tienen los salarios y solo se puede hacer con las tres patas”

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Intento de magnicidio contra Rómulo Betancourt – Parte I

Intento de magnicidio contra Rómulo Betancourt – Parte I

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Intento de magnicidio contra Rómulo Betancourt – Parte I

El presidente Betancourt fue atendido en el Hospital Universitario de Caracas

     Poco más de un año llevaba Rómulo Betancourt como el 34° presidente de la República de Venezuela cuando fue objeto de un intento de magnicidio en Caracas, ordenado por el dictador dominicano Rafael Leonidas “Chapita” Trujillo y sectores vinculados al tirano Marcos Pérez Jiménez, derrocado del poder en Venezuela en enero de 1958.

     La mañana del viernes 24 de junio de 1960, un año, cuatro meses y once días después de asumir el cargo como primer mandatario de la era democrática venezolana, se produjo el frustrado atentado contra la vida de Betancourt, el cual causó conmoción en toda la nación. Hubo dos muertos: el jefe de la Casa Militar, coronel Ramón Armas Pérez, y Luis Elpidio Rodríguez, un estudiante que transitaba por el lugar al momento de la repudiada acción terrorista.

     Habían pasado las nueve de la mañana cuando el presidente y su comitiva se dirigían hacia la explanada de la Academia Militar, para asistir al desfile militar en conmemoración del 139° aniversario de la Batalla de Carabobo y Día del Ejército. Cuando la caravana oficial formada por tres vehículos Cadillac transitaba metros después del cruce del puente La Nacionalidad, en el paseo de Los Próceres, hizo explosión el material colocado dentro de un vehículo Oldsmobile color verde, estacionado en la vía.

     Dicha bomba fue accionada a control remoto, en el preciso instante en que pasaba el carro que llevaba a Betancourt, al ministro de la Defensa, general Josué López Henríquez y a su señora esposa, Dora de López, y al jefe de la Casa Militar.

     En enero de 2021, a la edad de 93 años, don Manuel Pichardo, quien conducía uno de los vehículos de la caravana presidencial, rememoró interesantes detalles del atentado al primer mandatario.

     “Desde principios de junio el señor presidente guardaba reposo por recomendación médica, por lo que por esos días el equipo de seguridad y escoltas teníamos poca actividad. Para ese día estaba en agenda la parada y desfile militar, pero no se sabía si el presidente asistiría a ese acto”, afirma Pichardo en su anecdotario familiar, facilitado por su sobrino, Rafael García Pichardo, denominado Remembranzas de una vivencia.

     “A eso de las ocho y media de la mañana ordenaron que preparáramos los carros, que el presidente iba a salir y como a las nueve partimos desde la quinta Los Núñez, residencia presidencial situada en la parte alta de la urbanización Altamira. Tomamos ruta hacia el Country Club, luego bajamos por Chacaíto y de allí hacia Las Mercedes. A la altura del puente de Las Mercedes cruzamos a la derecha, bordeando el río Guaire por Bello Monte, hasta que llegamos a la tienda Sears y de allí seguimos hasta el final de la avenida principal de Santa Mónica, donde cruzamos a la derecha para conectar con la avenida Los Próceres y girar hacia la izquierda antes del puente de La Nacionalidad. Como a media cuadra después de hacer ese cruce, ocurrió la explosión de un vehículo que estaba estacionado a la derecha, exactamente cuando nosotros pasábamos”.

     “El carro que yo manejaba era un Cadillac con placas de la Casa Militar, asignado a los edecanes, que siempre iba detrás del carro presidencial. Recuerdo que la guardia de ese día correspondía al capitán Porras, de la Marina, y el capitán Alí Araque Angulo, de la Aviación, que también era uno de los pilotos del presidente. A mi lado iba el doctor Francisco Pinto Salinas, médico del presidente. La escolta estaba conformada por dos motorizados, una camioneta donde iba el comandante de patrulla con cuatro efectivos de la Guardia de Honor, detrás iba el carro presidencial. Luego venía el vehículo de los edecanes que yo conducía. Seguían dos patrullas con ocho efectivos militares y una última camioneta con cinco escoltas civiles, comandada por un hombre de confianza del presidente que se llamaba Héctor del Moral. Todos estos vehículos se comunicaban entre sí por radio transmisores”, evocó Manuel Pichardo pasado un poco más de sesenta años del atentado al presidente Betancourt.

     “Tanto el presidente como los esposos López Henríquez resultaron lesionados, así como el conductor del auto, Azael Valero, el médico personal del presidente, doctor Pinto Salinas, quien viajaba en otro vehículo, y Félix Acosta, motorizado de la comitiva”, reseñó el diario El Nacional.

     El periódico Últimas Noticias publicó en la edición del sábado 25 de junio de 1960, la versión oficial del suceso, revelada por la Oficina de Prensa de la Presidencia:

     “Hoy, a las 9:20 de la mañana, a la altura de la avenida Los Ilustres, cuando el señor Presidente de la República, don Rómulo Betancourt, acompañado del Ministro de la Defensa, General Josué López Henríquez y su esposa, y del Jefe de la Casa Militar, Coronel Ramón Armas Pérez, se dirigía al acto que se celebraba con motivo del día del Ejército, un vehículo que se hallaba estacionado a la parte derecha de la vía estalló por explosión de una carga de gran poder.

     La explosión ocurrida en el automóvil que allí se hallaba abandonado, alcanzó al vehículo donde se encontraba el señor Presidente de la República y sus acompañantes. Así mismo, los de la escolta militar del presidente y el vehículo de la Casa a Militar.

     El estallido produjo un incendio en el auto del señor Presidente, y fragmentos de granada alcanzaron al vigilante motorizado que guiaba los vehículos, y a los autos de la escolta militar y de la Casa Militar.

     La explosión y el incendio provocaron el cierre de las puertas delanteras del automóvil donde viajaba el señor Presidente, impidiendo que los que viajaban en esta parte del vehículo, Coronel Ramón Armas Pérez, Jefe de la Casa Militar, y el chofer del auto, pudieran escapar del incendio.

     Entretanto, el señor Presidente y el Ministro de la defensa y su esposa, pudieron abandonar el auto después de gran esfuerzo, debido a que también las puertas traseras habían sufrido con el impacto”.

     El presidente de la República sufrió leves quemaduras en las manos y su estado de salud se señala en el presente boletín emitido por los médicos que le atienden en el Hospital de la Ciudad Universitaria, donde se encuentra:

     “El señor Presidente de la República se encuentra hospitalizado bajo cuidados médicos por haber sufrido en la mañana de hoy quemaduras de primer grado en manos y cabeza. Sus lesiones no son de gravedad. Su estado general es satisfactorio. Caracas, 24 de junio de 1960.- Víctor Brito, Joel Valencia Parpacén, Carlos Gil Yépez, José Ochoa, Álvaro Benzecry”.

El Cadillac presidencial que transportaba al presidente Rómulo Betancourt

     En cuanto al señor Ministro de la Defensa y su esposa, sufrieron quemaduras leves y se encuentran también hospitalizados en el Hospital de la Ciudad Universitaria.

     Es de lamentar que en el atentado pereciera el coronel Ramón Armas Pérez, quien sufrió gravísimas quemaduras en todo el cuerpo, al producirse el incendio del automóvil del señor Presidente por explosión de la carga que se encontraba dentro del vehículo que estaba estacionado en la vía.

     Desde las once de esta mañana hasta las doce y cuarenta y cinco minutos del mediodía se celebró una reunión del Gabinete Ejecutivo con el Jefe del Estado Mayor Conjunto, general Régulo Pacheco Vivas; el Comandante general del Ejército, General Pedro José Quevedo, y el Contralmirante Ricardo Sosa Ríos, en representación de la Marina. No estuvieron en la reunión el general Antonio Briceño Linares, quien se encuentra en la base aérea de Maracay y el coronel Carlos Luis Araque, quien se encuentra al frente de su comando en las Fuerzas Armadas de Cooperación.

      Estuvieron además en la reunión el Procurador General de la Nación, doctor Pablo Ruggeri Parra, y el Contralor General de la Nación, doctor Luis A. Pietri; los dirigentes políticos doctor Raúl Leoni, presidente del Congreso Nacional y presidente del partido Acción Democrática; doctor Rafael Caldera, vicepresidente del Congreso Nacional y secretario general del partido Social Cristiano Copei; el doctor Jóvito Villalba, secretario general del partido Unión Republicana Democrática, y el señor José González Navarro, presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela.

     Fueron discutidos aspectos generales de la situación y se acordó que una comisión integrada por los doctores Juan Pablo Pérez Alfonso, Ministro de Minas e Hidrocarburos; Lorenzo Fernández, Ministro de Fomento e Ignacio Luis Arcaya, Ministro de Relaciones Exteriores, sostuvieran una entrevista con el señor Presidente de la República en el Hospital Clínico de la Ciudad Universitaria, para someterle a su consideración las medidas acordadas en principio en esta reunión.

     La mencionada comisión se encuentra reunida con el señor Presidente en el Hospital Clínico de la Ciudad Universitaria y dentro de poco tiempo se informará al país sobre dichas medidas.

El presidente habló con los medios de comunicación

     El presidente Betancourt fue atendido en el Hospital Universitario de Caracas y allí mismo cumplió el proceso de observación por varias horas. Antes de recibir autorización médica al final de la tarde, atendió varios periodistas, destacó El Nacional en su portada del 25 de junio.

     “Tras las curas de rigor, manifestó deseos de hablar con los periodistas. Virginia Betancourt, su hija, llamó a Miraflores y acompañados por Ramón J. Velásquez, Secretario General de la Presidencia y por el Jefe de Prensa señor Carcavale, más de veinte reporteros pasaron en dos grupos hasta la habitación ocupada por el Jefe de Estado. El presidente había recibido primero la visita de dos periodistas y sonriendo dijo:

      ̶  Así no vale. Yo quiero ver a todos los periodistas.

     El presidente tiene algo hinchada la cara y más pronunciada la hinchazón en el labio superior. Una herida cicatrizada en la mejilla derecha aparece al descubierto. En la sien derecha el pelo que fue quemado aparece cortado. Las dos manos con vendajes que le cubren hasta las muñecas. Está acostado en su cama y una sábana blanca cubre el cuerpo. A su lado permanece constantemente su esposa doña Carmen y su hija Virginia. Fuera, en el pasillo, docenas de personas, guardianes y personal del hospital.

     ̶  ¿Cómo están ustedes?, saludó el presidente antes de que los periodistas hablaran. Ya ven que yo estoy relativamente bien. No tengo afortunadamente lesión orgánica alguna y por mis propios pies salí del carro.

     Hizo una pausa y los periodistas aprovecharon para expresarle sus mejores sentimientos. Henríquez Alvarenga, en nombre de la AVP y del Sindicato de Prensa, dijo al presidente que todos los profesionales de la prensa hacían votos por su pronto restablecimiento y pidió al presidente que creyera en la sinceridad de su apoyo decidido.

     ̶  Gracias, muchas gracias. Yo sé que son sinceros y espero que pronto estaré bien. Si no hubiera sido por esto, el lunes habría vuelto a Miraflores. Pero aun después de lo sucedido pronto me recuperaré.

     El presidente había hablado tres veces con los periodistas y en las tres ocasiones manifestó que sentía mucho las lesiones sufridas por el Ministro de la Defensa y su esposa, algo más delicadas que las suyas sin ser de gravedad.

     ̶  El más grave los heridos es el jefe de mi Casa Militar, coronel Armas Pérez, pero afortunadamente y según me informan los médicos, se está recuperando satisfactoriamente.

     Todos sabían que no debía mostrarse sorpresa ante esta afirmación del presidente. Por prescripción facultativa se ha ocultado al presidente la muerte del coronel Armas Pérez. No se desea en modo alguno que pueda subirle la tensión una noticia de tal naturaleza.

     El presidente llamó por sus nombres a la mayoría de los periodistas. Tenía diferentes anteojos a los que usa normalmente y se supo que habían sido encargados dos pares mientras dormía, por haber quedado mal los que llevaba en la mañana.

     Tremendamente afectada aparecía la primera dama doña Carmen de Betancourt y con ánimo resuelto su hija Virginia.

     El presidente mueve los brazos fuera de la sábana y acciona pausadamente por efecto de los vendajes. Habla pausado, Quizás habló más de lo que habían previsto los médicos quienes esperaban que la visita de los periodistas se limitara a constatar la realidad del estado del Primer Magistrado.

     En resumen el presidente estaba anoche a las diez y cuarto, al recibir a los periodistas, bajo los efectos de la tremenda explosión, pero denotaba toda la entereza de su carácter.

     Según determinaron las experticias practicadas por la Policía Técnica Judicial (PTJ) con asesoría del famoso cuerpo de investigaciones británico Scotland Yard, en el Oldsmobile color verde con matrícula HK-6-ARI, fueron colocados poco más de sesenta kilogramos de dinamita, una mortal carga que fue accionada a control remoto, vía microonda, por Luis Cabrera Sifontes, una vez que Manuel Vicente Yánez Bustamante le transmitiera la señal para detonar, al quitarse el sombrero al momento que pasara la caravana presidencial.

     Cuatro días después del atentado el diario Últimas Noticias publicó que técnicos de PTJ y de la policía inglesa se trasladaron al lugar de los hechos la madrugada del 27 de junio y realizaron la reconstrucción del atentado.

Caracas en el bicentenario de Bolívar, 1883

Caracas en el bicentenario de Bolívar, 1883

CRÓNICAS DE LA CIUDAD

Caracas en el bicentenario de Bolívar, 1883

      A propósito de los cien años del nacimiento del Libertador, Simón Bolívar, se llevó a cabo la Exposición Nacional de 1883 con la que se celebró y rememoró su fecha natalicia. En conjunto, se inauguraron obras públicas, obras de arte y estatuas. Fueron otorgados reconocimientos y premios literarios, se realizaron eventos culturales, se editaron distintas publicaciones, se elaboraron cuadros, se llevaron a cabo ceremonias, desfiles cívicos, elegías y recuerdos. Como acompañamiento, se montó una exposición, muy al estilo de las realizadas en Europa durante el siglo XIX. Fue una ocasión propicia para que el gobernante de turno, Antonio Guzmán Blanco (1829-1898), exhibiera un despliegue de su poder e influencia entre sus adeptos y detractores.

     La celebración del centenario del natalicio del Libertador sirvió de excusa para establecer lo que se denominó La Exposición Nacional de 1883. Fue un evento en el que se dieron cita una gran gama de expresiones, símbolos y emblemas relacionados con localidades y regiones de Venezuela. Sin duda, se trató de un encuentro de expresiones diversas, alrededor de la figura de Simón Bolívar y Guzmán Blanco como su mentor e insigne representante. Lo en ella expuesto sirvió de moldura para mostrar logros materiales y simbólicos del país, también para extender rasgos de lo que se consideraba como el carácter nacional de Venezuela.

     Entre el 2 de agosto y el 4 de septiembre de 1883 se desarrolló en Caracas, la Exposición Nacional de Venezuela en el marco de las actividades conmemorativas del centenario del natalicio de Bolívar. Ella se concibió como una gran oportunidad para exponer una imagen general del país en varios ángulos territoriales. El núcleo central de la celebración lo fue la exposición. El gobierno guzmancista no escatimó esfuerzos y grandes gastos para su financiamiento. Gracias a la actitud arrolladora de Guzmán Blanco quien se propuso, en esta oportunidad, ofrecer una idea, la más “exacta” posible, del estado actual de Venezuela y de un adelanto progresivo en sus distintas épocas el éxito de la empresa fue posible.

El actual Palacio de las Academias fue originalmente sede de la UCV

     Durante un mes fueron exhibidas producciones industriales, espirituales y culturales, hábitos, costumbres y la diversa gama de recursos naturales que el país guardaba en su superficie. Para su preparación, algunas representaciones gubernamentales habían estado en las exposiciones de Londres (1862), París (1867), Viena (1873), Bremen (1874), Santiago de Chile (1875), Filadelfia (1876), de nuevo París (1878) y Buenos Aires (1881). Aunque con una representación muy modesta, la asistencia a ellas sirvió como referencia para la que se hizo en Caracas. Sin embargo, la exposición de 1883 tuvo un talante nacional, con la presentación de algunas producciones provenientes de otras naciones. El objetivo fue mostrar las particularidades regionales y locales del país en lo atinente a sus recursos naturales, logros en el campo agrícola, alcances técnicos e industriales, así como realizaciones espirituales y de arte en general.

     La cifra de compradores de billetes alcanzó las 62.761 personas, más las 3.000 que se habían entregado como pase de cortesía, según lo informó Adolfo Ernst, curador de la exposición. Ella fue instalada en un edificio construido para la ocasión en el centro de la ciudad, al frente del Palacio Legislativo y al lado de la sede de la Universidad Central de Venezuela (UCV). La organización de la exposición fue responsabilidad de la Junta Directiva del Centenario, cuyo presidente fue Antonio Leocadio Guzmán (1801-1884), padre del presidente Guzmán Blanco. El encargado de la Exposición, el alemán Adolfo Ernst, redactó un texto en dos volúmenes en el que presentó el catálogo general con notas y sus respectivos comentarios acerca de los pormenores de ella, en el primer volumen. En el segundo, lo utilizó para publicar cartas y documentos relacionados con el evento de 1883. El título de estas notas fue La Exposición Nacional de Venezuela en 1883 y editada por el Ministerio de Fomento en 1884.

     En la parte introductoria de este texto, Ernst hizo referencia a las intenciones políticas del proyecto nacional del gobierno presidido por Guzmán Blanco, la conformación de la Junta Directiva, bajo cuya responsabilidad se llevó a cabo la Exposición y una escueta descripción del lugar en el que ella se dio a conocer al público. En otro aparte se presentó la enumeración de los diversos agrupamientos de los objetos mostrados en la Exposición Nacional del Centenario, ordenada según las localidades. En el texto se incorporó un escrito delineado por Ramón de la Plaza en el que éste destacó la exhibición de un grupo de obras pictóricas, realizadas para el evento y que resaltaban aspectos importantes de la historia patria. De igual manera, se agregó una colección de objetos científicos, en el que estaban objetos elaborados por algunos grupos aborígenes de Venezuela. En otra sección se llevó a cabo una descripción de los objetos que en vida fueron posesión de Simón Bolívar y las ofrendas con las que se honró su memoria.

     En la introducción, preparada por Adolfo Ernst, expresó que todo pueblo cumplía con un sagrado deber al brindar honores a favor de sus hijos, cuyos grandiosos hechos formaban parte de una historia “pletórica de glorias”. Por tanto, fue un imperativo, como ningún otro, celebrar el centenario del “más ilustre de sus varones” y a quien, con sobrado derecho, el pueblo nacional veneraba como Padre y Libertador. Por ser tal la honra alcanzada no debía ser menos la rememoración en su honor.

     El decreto con el que se selló la celebración fue dado en septiembre 3 de 1881, con el cual el “Ilustre Americano” declaró fiesta nacional el día 24 de julio de 1883, para rendir la primera de las grandes manifestaciones que a cada nuevo siglo se debe manifestar la gratitud de los pueblos americanos, a quien con su afán y empeño les brindó la libertad. Ernst dio a conocer que la idea de presentar una exposición fue ideada por Guzmán Blanco. A partir de allí, la Junta que, además estuvo integrada por Arístides Rojas, Agustín Aveledo, el general Andrés Aurelio Level, Fernando Bolívar y Manuel Vicente Díaz, fue la que dio cuerpo a la Exposición. Fue un objetivo cardinal de la Junta Directiva ofrecer la idea más cercana a los “hechos reales”, en torno a la situación presente en Venezuela y de su “adelanto progresivo en sus distintas épocas, desde el siglo pasado a la fecha”.

     Comentó, además, que denominaron “Feliz” la idea de cerrar el gran evento con una Exposición Nacional a la brillante serie de festividades del primer Centenario del Libertador, porque no sólo era oportuna y de estar en completa armonía con las tendencias de la época, con la que se correspondía de modo “perfecto” el carácter esencial de las fiestas del Centenario. 

     Así, la idea de la Exposición cabía en una verdadera ofrenda en la conmemoración de una figura “providencial”, a quien Venezuela, junto con varias de sus hermanas de América Latina, debía su existencia política y el lugar como países independientes. Insistió que, todo hijo agradecido estaba en la obligación de dedicar, con real gusto, a la venerada memoria de sus progenitores, las realizaciones de sus industrias y las creaciones de sus talentosos hijos. En efecto, Venezuela ofrendaría, a quien sacrificó todo lo que poseía y cuanto era como ser humano, los tesoros de su fértil suelo, las cosechas de sus ubérrimas campiñas, todos los adelantos de su industria, las obras de sus pensadores, artistas y hombres de Estado, “todo, todo lo había de traer al ara de su gratitud hacia el Padre de la Patria”.

     Traer a colación esta Exposición resulta de gran importancia porque requirió la movilización de todo el aparato estatal, con el cual reunir en un espacio bienes naturales, industriales, intelectuales y culturales. Estos fueron exhibidos para que pudiesen ser apreciados bajo una mirada de reconocimientos y con los que los venezolanos alcanzaran a identificarse. Se debe agregar que, en este orden, el guzmanato se caracterizó por la reformulación del Proyecto Nacional ideado desde los inicios republicanos. El acto conmemorativo, muy propio del 1800, fue de suyo mundial, es decir, sirvió de acompañamiento para forjar una conciencia nacional. Lo que en el decimonono se denominó carácter nacional no sólo implicó atributos y especificidades nacionales, también formó parte del uso de una serie de dispositivos con los cuales inventar un sentido de pertenencia con el despliegue de las academias de la lengua y de la historia, así como la generalización de publicaciones, para niños, bajo el título de historia patria.

Presidente de la República, Antonio Guzmán Blanco

     Antes de 1883 Venezuela había formado parte de delegaciones que hicieron acto de presencia en algunas exposiciones internacionales, con lo que ya se habían realizado inventarios respecto a objetos industriales existentes. Sin embargo, para esta oportunidad la muestra fue mayor en cantidad, al no dejar de lado ningún objeto que constituyera los recursos trabajados o por trabajar en el país. Al justificar la Exposición, Ernst explicó que las exposiciones, fuesen nacionales o internacionales, industriales, artísticas o científicas, formaban parte del progreso moderno. Entonces, resultó muy natural que Venezuela diera prueba del “sorprendente progreso” que eran característicos de las “épocas presidenciales del general Guzmán Blanco”, y que, luego de haber participado en varios de los grandes certámenes industriales, en distintos continentes, viese realizado en su capital un torneo del “progreso semejante a aquellas”, aunque circunscrito a las producciones del propio suelo y a las obras de sus propios hijos.

     A pesar del carácter de la Exposición, las pautas contenidas en el reglamento, con las que ella se estableció, permitía la participación de países extranjeros que solicitaran incorporación al evento. El Comité Organizador se rigió de acuerdo con un Sistema General de Clasificación a partir del cual se organizó en ocho secciones, siendo dos de estas denominadas secciones especiales, integrada por: animales domésticos, horticultura y floricultura. La primera sección la integraron los productos naturales y agrícolas, la segunda por máquinas y utensilios, la tercera por productos industriales, la cuarta sección por bellas artes, la quinta por publicaciones oficiales, obras científicas y literarias y la sexta por objetos que pertenecieron al Libertador.

     La concepción general de la Exposición fue dada a conocer por Antonio Leocadio Guzmán en carta fechada en julio 27 de 1882. En ella insistió que debía mostrarse todo lo que se tenía en las distintas localidades del territorio nacional en lo atingente a alimentos, vivienda, vestimenta, educación, instrucción, costumbres, industrias, recursos por explotar, acompañado de estudios especiales, monografías y memorias en las que se ofrecieron detalles explicativos de cada uno de estos componentes.

     En la misma fecha, el presidente de la república había enviado una misiva a los presidentes de cada uno de los estados federales de la república, invitando a la participación en la Exposición. Las palabras tramadas por Guzmán Blanco evocaron la figura del Libertador como referente de identificación y pertenencia, así como que el afán aglutinador fue su propósito axial. Expresó que la Exposición del Centenario, que él había decretado como la “más grande manifestación de la gratitud de la patria a la memoria de su libertador”, simbolizaba una de las más trascendentes aspiraciones del país, en el que estaban cifradas las esperanzas de un importante desarrollo de sus elementos de prosperidad. La idea de nación que se buscó generalizar, entre quienes militaban en las filas del Liberalismo Amarillo, tuvo como modelo de construcción nacional las realizaciones de algunos espacios territoriales europeos y los Estados Unidos de Norteamérica.

     A raíz de esta disposición el espíritu reinante de la Exposición fue el de divulgar elaboraciones concordantes con el progreso material y la concepción de lo moderno en boga. De igual manera, no debe ser olvidado que el 1800 fue el siglo de la edificación de los Estados nación modernos. Fue una tratativa mundial en que se combinó el origen histórico con lo que la naturaleza ofrecía como potencialidad. El posibilismo fue una de las bases fundamentales para alcanzar el progreso y la civilización entre quienes reflexionaron y actuaron desde espacios postcoloniales. También la celebración de centenarios sirvió de pretexto para imaginar la memoria histórica, porque se pensó que ella era un eslabón necesario para crear similitudes y rasgos comunes pensados como propios de toda comunidad nacional.

«COVID-19 no es una enfermedad ocupacional per se»

«COVID-19 no es una enfermedad ocupacional per se»

«COVID-19 no es una enfermedad ocupacional per se»

Actualización y aplicabilidad de la Providencia Administrativa 060 del Inpsasel

Comité de Gestión del Talento y Relaciones Laborales

 

     La clasificación de la COVID-19 como una enfermedad ocupacional o no, la responsabilidad de los empleadores en la prevención de contagios y qué criterios deben las empresas tomar en cuenta para la elaboración de sus programas de bioseguridad, fueron los temas analizados durante la videoconferencia “Actualización y aplicabilidad de la Providencia Administrativa 060 del Inpsasel para la prevención de SARS-COV2 (COVID-19)”. Esta actividad realizada por nuestro Comité de Gestión del Talento y Relaciones Laborales, tuvo como ponente a Francisco Casanova, Socio de Ponte, Andrade & Casanova  y contó con la moderación Nelson Martínez Ubieda, vicepresidente de nuestro comité. 

     Para dejar claro que la COVID-19 no es una enfermedad ocupacional, Casanova parte de la definición hecha por la Organización Mundial de la Salud, en cuanto a que es una enfermedad respiratoria e infecciosa causada por el coronavirus. “No es una enfermedad ocupacional per se”.

     El especialista en salud y prevención laboral, en su exposición advierte sobre los aspectos contradictorios de la Providencia 060 de Inpsasel, que aún no está publicada en Gaceta Oficial. Razón por la cual considera importante que las empresas revisen los criterios establecidos en esa providencia, otras normas que han sido dictadas, la LOPCYMAT y la Resolución 090 del Ministerio de Salud, para la puesta en práctica de los protocolos de prevención y su divulgación entre los trabajadores, siendo esa la forma de cumplir sus responsabilidades, lograr la certificación y evitar cualquier tipo de llamado de corrección por parte del Inpsasel. “Si el empleador aplica esos protocolos y aún así el trabajador contrae COVID-19 habría una responsabilidad objetiva pero no subjetiva”.

     Compartió la información que maneja sobre cuáles serían los pasos para la certificación y acreditación del programa de bioseguridad, que hará la Comisión científico-técnica del Inpsasel. “La empresa interesada deberá presentar una copia física a la Geresat de su jurisdicción, que entregará un recibo”. Ese recibo podrá ser presentado a los inspectores de Inpsasel, como prueba de la consignación del programa de bioseguridad para su consideración a la correspondiente Gerencia Estadal de Salud de los Trabajadores.

     Para conocer más los invitamos a ver la videoconferencia completa “Actualización y aplicabilidad de la Providencia Administrativa 060 del Inpsasel” en nuestro canal de Youtube: Cámara de Caracas.

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