La generación del 28 está más vigente que nunca

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La generación del 28 está más vigente que nunca

     La primera referencia que se conoce para erigir un monumento al Libertador data del primero de marzo de 1825, cuando la municipalidad de Caracas decidió aprobarlo luego de recibir noticias del triunfo apoteósico de Simón Bolívar en la Batalla de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824. El monumento seria ecuestre, de bronce, sobre columna de mármol y estaría ubicado en la Plaza de San Jacinto, cuyo nombre cambiaría por el de Bolívar. Desafortunadamente este acuerdo quedó sin cumplim

     A principios de 1965, ante diversos actos de violencia protagonizados en el país por el movimiento guerrillero contra el gobierno del presidente constitucional Raúl Leoni, dirigentes políticos de la vieja guardia aprovecharon para recordar la férrea lucha del movimiento estudiantil que 37 años antes, en febrero de 1928, marcó el inicio oficial de la lucha contra Juan Vicente Gómez, dictador que domó a la nación entre 1908 y 1935.

     Una dama, Belén Blanco Yepes de Veloz Mancera, publicó el sábado 27 de febrero de 1965, en la página 8 del diario La Esfera, una interesantísima crónica reflexiva, sobre la acción de aquellos muchachos, conocidos como la “Generación del 28”, cuyos ideales de libertad hoy, 93 años después están más vigentes que nunca. El título del mencionado trabajo es: “Los Estudiantes del 28 pasaron el carnaval presos”, cuyo texto ofrecemos a continuación.

     “En 1935 murió JUAN VICENTE GÓMEZ, dejándonos una patria analfabeta y despoblada, hermosa y campesina, una Venezuela que despertaba después de una larga noche de 27 años.

     Pasaron meses, años, crecimos, formamos nuestros hogares y esta vibrante juventud del año 28, a quienes unía un ideal y marchaban compactos hacia una misma meta, se dispersó, tomaron caminos distintos, caminos opuestos, caminos errados; compañeros de una misma celda, hijos de una misma madre, hermanos de un mismo ideal, hoy van muchos por la vida rencorosos y dispersos, llenos de pasiones malsanas y de bajos pensamientos.

     ¡Estudiantes del 65! Venezuela hoy como hace 37 años, los necesita unidos y fraternos, sin lastres mezquinos y doctrinas extrañas, con la mente abierta y la palabra valiente, para el repudio colectivo de posibles dictaduras, con la conciencia limpia y la frente muy alta, conscientes de la responsabilidad que tienen en el destino de la Venezuela del mañana.

Mi canto es para la fuerza atolondrada.

La pupila serena

La turba mezcolanza de candor  de ciencia

EL SACALAPATALAJÁ

Y la boina del estudiante,

(“La Boina” del estudiante Antonio Arráiz, 1928)iento.

     Hubo otras propuestas también incumplidas, una de ellas en 1842, cuando los restos del Libertador llegaron a Caracas procedentes de Santa Marta, Colombia. En esa ocasión, al menos quedó el nombre de Bolívar para la Plaza Mayor.

     Treinta años más tarde, el 18 de noviembre 1872, el entonces presidente de la República, Antonio Guzmán Blanco decretó la construcción de una estatua ecuestre al Libertador Simón Bolívar.

     El gobierno encargó la ejecución del mencionado decreto a la Compañía de Crédito constituida en Junta de Fomento, bajo la responsabilidad de su presidente Juan Röhl.

     La estatua fue moldeada en la fundición real de Múnich (Alemania) bajo la dirección del señor Ferdinando Von Müller y por el modelo ejecutado por el escultor italiano Adamo Tadolini en 1858, en Roma, y erigida al año siguiente en la plaza Constitución de Lima, Perú.

En la sede antigua de la UCV, en el centro de Caracas, los estudiantes de la boina azul, unidos por una misma razón, por un mismo ideal, en 1928

     Corría el trágico año 1928, Venezuela desangrada y oprimida vivía sus largos años de oprobio y dolor bajo una de las dictaduras más crueles que registra la historia de América.

     El optimismo y la rebeldía era una pequeña llama que vivía latente en el corazón de la juventud venezolana; se conspiraba, se hacían planes que siempre fracasaban lamentablemente, las terribles cárceles de Venezuela, la fatídica “ROTUNDA”, el Castillo LIBERTADOR y SAN CARLOS se llenaban más y más de hombres que soñaban con ser libres.

     El día 6 de febrero comenzó la “SEMANA DEL ESTUDIANTE”. Beatriz Peña Arreaza fue la bella y juvenil REINA que eligieron para este efímero reinado; la consigna era ésta: “Boinas azules para todos los estudiantes, y el SIGALA y BAJALA en todos los labios juveniles”. 

     Desde las primeras horas de la mañana se reunió un numeroso grupo de estudiantes a las puertas de la vieja UNIVERSIDAD, desde allí portando numerosas banderas con la gloriosa insignia de la FEV se dirigieron al Panteón Nacional, donde Beatriz colocó una ofrenda al padre nuestro Simón Bolívar, eran rosas de GALIPÁN. El estudiante Jóvito Villalba habló a los presentes en cálidas y emocionadas palabras, explicando el sentido de esa fiesta estudiantil, luego la inmensa multitud se encaminó a la casa de Don Andrés Bello, donde hizo uso de la palabra el estudiante Joaquín Gabaldón Márquez, quien rememoró en bellas frases el gesto de aquellos heroicos estudiantes de 1814,  al incorporarse gozosos a las filas de los derrotados patriotas, en momentos trágicos para la Patria que recién comenzaba a ser libre. . . describió en palabras viriles aquel alegre desfile de estudiantes y seminaristas, que en una madrugada de febrero marcharon heroicos hacia LA VICTORIA… y también hacia la muerte, bajo la mirada angustiada de José Félix Ribas.

     En la noche se llevó a efecto la coronación de BEATRIZ I en el Teatro Municipal, el estudiante Juan Bautista Oropeza obsequió en nombre de sus compañeros a la reina la insignia en oro de la FEV. En este magnífico acto fueron dedicados a Beatriz Primera poemas de los estudiantes Jacinto Fombona Pachano y Pio Tamayo.

     A las 5 de la tarde del día 7, se efectuó el recital en el Cine Rívoli, donde hablaron brillantemente los estudiantes Gonzalo Carnevali, Jacinto Fombona Pachano, Joaquín Gabaldón Márquez, Antonio Arráiz, Fernando Paz Castillo, Miguel Otero Silva y Manuel Noriega Trigo. Beatriz primera leyó alegremente su real decreto: “Único es mi real mandato y orden que todos los estudiantes universitarios, mis súbditos, lleven como emblema de su alta condición la BOINA AZUL. Dado en Caracas, a los siete días del mes de febrero de mil novecientos veinte y ocho. Yo, Beatriz Primera”.

El Castillo Libertador, en Puerto Cabello, y el Cuartel San Carlos, en Caracas, se llenaron de estudiantes presos que soñaban con ser libres, en

     Luego el estudiante Rómulo Betancourt, en cálidas y vibrantes palabras, clausuró el acto. El ambiente se caldeaba por momentos, se hablaba en voz alta, nos atrevíamos a opinar sobre política y nos hacíamos la inmensa ilusión de que comenzábamos a ser libres. El presidente de la Federación de Estudiantes, Raúl Leoni, hoy Presidente de Venezuela, fue llamado por el Gobernador, el temible Rafael María Velasco, para hacerlo responsable de los actos de la semana del Estudiante.

     Gómez, el Zar de Venezuela, el cruel Dictador, dueño de vidas y haciendas. Estaba alerta en Maracay. Lorenzo Carvallo y Rafael María Velasco lo mantenían informado de esas tímidas manifestaciones de libertad. Ordenó las primeras detenciones, comenzó una dolorosa agonía para las madres, hermanas y novias de estos heroicos muchachos, que estaban luchando por algo desconocido para ellos, por algo que conocían por referencias: LA LIBERTAD. 

     El martes de Carnaval son detenidos y encarcelados en el Cuartel El Cuño el valiente tocuyano Pío Tamayo, Jóvito Villalba, Rómulo Betancourt y el bachiller Guillermo Prince Lara.

     El 23 de febrero en un valiente y hermoso gesto de protesta por la prisión de sus compañeros, se entregan a la policía un numeroso grupo de estudiantes. Fueron encarcelados en el Castillo Libertador de Puerto Cabello, en la celda N° 6, en horrible hacinamiento, el grupo más numeroso de estudiantes: Pedro Scarchiofo, Martín Valdivieso, Félix Luciani, Rafael Soto Iribarren, Cipriano Domínguez, Luis Felipe López, Héctor Garrido, Florencio Robles, Cecilio Terife, Felipe Urbaneja, Epifanio Pérez, Rafael Ángel Camejo, Antonio Domíguez, Rafael Monagas, Guillermo Prince Lara, Antonio Noguera, Jaime Ruiz, José Arcay Tortolero, Juan Pablo Pérez. En otras celdas se encontraban Jacinto Fombona Pachano, Raúl Soulés Baldó, Luis Eduardo Chataing, José Tomás Jiménez Arráiz, Carlos Pérez de la Cova, José Antonio Marturet, Ambrosio Perera, Raúl Prag, Fidel Rotondaro, Antonio Anzola Carrillo, Jóvito Villalba, Julio Mac Gill, Joaquín Gabaldón, Rafael Vegas, Carlos Eduardo Frías, Rafael E. Chirinos Larez, Armando Zuloaga Blanco, Agustín Fernández, Germán Tortosa, Humberto Arroyo Parejo y muchísimos más. Fueron puestos en libertad el día 5 de marzo, la prisión aunque corta, los convirtió en hombres que ahora sí sabían lo que querían, que ahora sí estaban conscientes de su misión.

     De esta prisión en el Castillo Libertador conservo un maravilloso recuerdo, el original, muy maltrecho, por cierto, de las COPLAS DEL ESTUDIANTE PRESO, que me obsequió un estudiante amigo, son así: 

COPLAS DEL ESTUDIANTE PRESO 

Por Miguel Otero Silva e Israel Peña, en el Castillo de Puerto Cabello

Tengo una tristeza honda

Como nunca la sentí

Estoy pensando en mi novia

Que está rezando por mí

 

Mi tristeza se mitiga

Con la de aquel compañero

Como un lucero que brilla

Del brillo de otro lucero

 

Con alegría o con dolor

Cantar, cantar y cantar

De día cantamos nosotros

Y de noche canta el mar

 

No importa que tenga hambre

No importa el suelo tan duro

No importa que esté tan lejos

Siendo mi amor tan profundo

 

El recuerdo de la madre

Se nos despertó muy hondo

Porque el rayito de sol

Se metió por la ventana

 

Vuelven nuestras esperanzas

De la reja hacia la playa

Y el mar se las lleva lejos

Donde la están esperando

 

Y la paloma tan libre

Que en el alero se para

Cual si la hubieran mandado

Para que nos torturara

Belen Blanco Yepes de Veloz Mancera, fue una de las jóvenes activistas de la Generación del 28

     Nuevas prisiones dos meses después del fracasado complot del Cuartel San Carlos, siguió una sorda lucha clandestina, y en octubre del mismo año se efectuó la prisión en masa de todos los estudiantes; en tres grupos con intervalos de pocos días, fueron enviados a “LAS COLONIAS” a setenta kilómetros de Caracas. Por la larga y polvorienta carretera, salieron una madrugada a pie para Guarenas, primera etapa del más humillante castigo planeado por Gómez, “para corregir a los muchachos”, como dijera en un corrillo de Las Delicias. 

     A lo largo del camino cantaban los gallos en los corrales de los ranchos y ellos alegres y optimistas entonaban el SACALAPATALAJÁ. A la mitad de la jornada ya estaban sedientos y agotados, muchos de ellos se habían quitado los zapatos y habían comprado alpargatas en las pulperías del camino, para estos fue peor la jornada no acostumbrados a usar la criolla alpargata, tenían los pies hinchados y sangrantes, bajo un sol implacable caminaban lentamente, tristemente, aquella larga columna de estudiantes, que salieron   aquella mañana cantando junto con el sol. Detrás marchaban varios automóviles con las madres, hermanas y novias de los muchachos, le suplicaban al coronel Varela, que comandaba la guardia, que permitiera a los más cansados, subirse un trecho en los estribos de los carros. Corina Ruiz le pidió angustiosa, le permitiera a su sobrino Carlos Ibarra Ruiz sentarse en el automóvil solo por diez minutos para curarle los pies sangrantes y le contestó: “¿No se las estaban echando de hombres?, que lo prueben ahora, pues tienen que seguir a pie hasta que se mueran. Así entró a Guarenas a las cuatro de la tarde aquella dolorosa caravana después de un recorrido de 40 kilómetros; hambrientos, con su alegría y optimismo reducidos a su más mínima expresión; recuerdo que solo el más joven del grupo, Silvio Colimodio, “el loco Colimodio”, como le decían sus compañeros, hacía chistes para hacerlos sonreír, se había hecho afeitar la cabeza con navaja y solo tenía 17 años.

     Los acuartelaron en una casona desocupada de Pueblo Arriba, que para ironía del destino, fue la casa donde durmió por una noche El Libertador. Las señoras se hospedaron en mi casa, la casa de los Blanco Yepes, mi padre, el general Manuel Blanco, recién salido del Castillo de Puerto Cabello, expuso de nuevo su libertad, al alojar en nuestra casa, a petición de mi madre, a todas estas madres, hermanas y novias desesperadas y llorosas. Lucía Olavarría, Corina Ruiz, Josefina y María Juliac, la señora Benedetti, la señora Parpacén, María Teresa Castillo, Antonia Palacios y muchas más que no recuerdo. Ellas pasaron largas horas de angustia en nuestra casa; a los muchachos les hicimos naranjada, café, sándwiches  y agotamos en la botica los cepillos y pasta de dientes.

     Le suplicamos a Varela nos dijera la hora en que seguirían hacia Guatire para llevarles café antes de irse, nos respondió que a las cinco de la mañana y con toda la crueldad de que él era capaz, los hizo poner en marcha las dos de la madrugada, a las cuatro nos avisaron que se los habían llevado, en un camioncito de repartir hilo, les dimos alcance cerca de la hacienda Santa Cruz, a pesar de los insultos de Valera les repartimos el café que habíamos llevado en termos, así seguimos hasta Guatire, donde les permitieron descansar en las gradas de la iglesia; Ostos, el Jefe Civil de Guatire, puso una custodia para no dejarnos acercar a los muchachos, a pesar de eso logramos repartirles comida, limonada y cigarrillos; más tarde los acompañamos a la salida del pueblo, hacia la última etapa, LAS COLONIAS.

     Nunca olvidaré las tristes escenas de despedida, las lágrimas de las mujeres, la sonrisa valiente y consoladora de los muchachos, y el regreso a nuestra casa llenas de rebeldía y rencor.

     También conservo las coplas que hiciera en LAS COLONIAS Pablo Rojas Guardia

NUEVAS COPLAS DEL ESTUDIANTE PRESO

Como me vine sin novia

Mis coplas van a llevar

Para la madre lejana

Lo que digo en mi cantar

 

Con el Sígala en los labios

Me fue metiendo en la historia

No tenía otro ideal

Que darle a mi Patria gloria

 

Ruidos en la carretera

Palas al sol muy brillante

Se ha hermanado con su tierra

El alma del estudiante

 

Copos de espuma en el cerro

Luz de luna en la prisión

Se está metiendo una pena

Dentro de mi corazón

 

Las rencillas que alteraron

Un momento nuestra fe

Se olvidan con el anhelo

De protestar otra vez

 

Pena pequeña y sincera

Que se va haciendo lejana

Pues mi madre antes de serlo

Fue mujer venezolana

 

Cuando se cante esta copla

Ha de cantarse en voz baja

Para que se vaya el alma

En un Sígala y Balaja

Belen Blanco Yepes de Veloz Mancera, fue una de las jóvenes activistas de la Generación del 28

     A fines de noviembre, nos avisaron que trasladaban a un grupo de estudiantes para Palenque, los que consideraban más rebeldes y peligrosos. Mis hermanas y yo, regamos gran cantidad de tachuelas en un trecho de la carretera cerca de nuestra casa, nos sentimos felices cuando al pasar el autobús oímos el primer reventón de un caucho, logramos lo que deseábamos, obligamos a detenerse unos momentos mientras reparaban el caucho.

     Nos acercamos al autobús y reconocimos a casi todos los del grupo, flacos, con barba, pero llenos de optimismo conversaron con nosotras, nos regalaron figuritas de madera talladas por ellos en LAS COLONIAS, recuerdo que eran 16: Rafael Enrique Chirinos Lares, Pedro Juliac, José Antonio Marturet, Inocente Palacios, Antonio Anzola Carrillo, Luis Villalba Villalba, Luis Felipe Vegas, Ricardo Razetti, Germán Stelling, Nelson Himiob, Enrique García Maldonado, Guillermo López Gallegos, Clemente Parpacén, Juan Gualberto Yánez, Eduardo Celis Sauné y Antonio Sánchez Pacheco, ya fallecidos algunos de ellos, un guardia molesto nos apartó groseramente, los pasaron a otro autobús y a poco vimos con tristeza muchas manos diciéndonos adiós y unas pequeñas luces que se alejaban en la noche. . .

Telares Palo Grande en Caricuao

Telares Palo Grande en Caricuao

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Telares Palo Grande en Caricuao

Depósito para la planta de tratamiento de agua

     Con una inversión de aproximadamente 25 millones de bolívares, se construyó en 1960, en Caricuao, Caracas, la más moderna fábrica textil de Sudamérica.

     A mediados de 1960, culminó la construcción de una de las fábricas textiles más modernas del Continente, cónsona con el auge industrial que entonces vivía Venezuela.

     En la obra trabajaron afanosamente 400 obreros. La construcción de esta fábrica y sus instalaciones industriales significaron una inversión de veinticinco millones de bolívares, capital totalmente venezolano aportado por los grupos de accionistas de Telares Caracas y Telares de Palo Grande. Estas dos empresas de vieja raigambre industrial —Telares Caracas fue fundada en 1908, bajo la razón social “F. de Salas Pérez y Cía” y Telares Palo Grande en 1920— se fusionaron para realizar este ambicioso proyecto.

     La Compañía Anónima Telares de Palo Grande recibió un crédito de la Corporación Venezolana de Fomento por la suma de seis millones y medio de bolívares.

     El lugar escogido para el emplazamiento de la nueva fábrica textil —la planicie de Caricuao— cuenta de un clima excelente y está inmediato a una vasta zona industrial que se convierte rápidamente en una Ciudad Industrial, satélite de la de Caracas.

     Adyacentes a los terrenos que ocupa la nueva planta, se encuentran terrenos del Banco Obrero y de la C. A. Telares de Palo Grande, donde se levantarán modernas viviendas para los obreros. El Banco Obrero tiene planes de construir seiscientas casas, aproximadamente.

     El terreno que ocupa la C. A. Telares de Palo Grande en Caricuao alcanza los 80.000 m2.

     El diseño de esta nueva fábrica fue hecho sobre las bases de las modernas normas de Estados Unidos, tomando en cuenta los últimos conceptos de índole técnica y de ambiente agradable para el personal que ha de trabajar en la misma.

     Todo el complejo de la fábrica fue construido en forma de U y ocupa 34.000 metros cuadrados. La entrada del algodón y la salida de la tela terminada y empaquetada es por un mismo lado de la factoría, permitiendo así el control desde la oficina tanto de recepción de materias primas y otros artículos como del despacho de las manufacturas.

     Las áreas que ocupan las secciones industriales más importantes que integran el complejo de la nueva fábrica, son las siguientes:

  • Depósito de algodón 1.500 m2
  • Hilandería 8.200 m2
  • Tejeduría 5.400 m2
  • Tintorería 5.000 m2
  • Preparación 4.800 m2
Plaza Bolívar. Caracas, 1874

     Los depósitos de algodón los constituyen tres naves, construidas a prueba de fuego, capaces para almacenar la materia prima necesaria para un año de funcionamiento de la planta.

     La fábrica tendrá 20.000 mechones y 400 telares. Componen sus instalaciones industriales un aporte de las más modernas máquinas textiles esmeradamente escogidas y adquiridas por técnicos de la empresa en las recientes exposiciones de Alemania, Estados Unidos, Inglaterra e Italia, y cuyo valor de compra alcanza los 10.000.000 de bolívares, además de esta maquinaria nueva, contarán también con las máquinas antiguas que están en funcionamiento en las fábricas de Telares de Palo Grande y Telares de Caracas. El equipo industrial de esta nueva planta textil incluyó, entre otras novedades, telares europeos muy rápidos, blanqueado continuo, teñido continuo, sanforizado y equipos para acabados inarrugables.

     El diseño del amplio edificio de la nueva fábrica textil ofrece el singular aspecto de aparecer sin ventanas, a excepción de la tintorería, donde se trabaja con vapor, y en las oficinas; esta circunstancia no obedece a un capricho arquitectónico sino a poderosas razones técnicas aceptadas en Estados Unidos y en Europa; es el tipo de construcción industrial específica para industrias textiles que requieren un clima controlado para la producción.

     Gran parte del secreto de la calidad que desde muchos años ha caracterizado a las telas inglesas, consiste en el clima de una determinada humedad constante que existe en las regiones industriales como Manchester; hoy, la técnica permite establecer esas mismas condiciones ideales para la producción textil mediante un sistema de aire acondicionado central.  De ahí que en la nueva planta industrial de Telares de Palo Grande se haya instalado un sistema completo de aire acondicionado industrial, y que se hayan seguido normas de arquitectura industrial tales como: planchas de concreto aislantes en los techos, revestidas por encima de corcho para aislar completamente el interior de la fábrica de los rayos calientes del sol y la comentada supresión de ventanas, para así lograr el medio ambiente que es necesario a una industria textil que pretenda hacer hilados y tejidos de calidad. 

     El control absoluto de la humedad mejora la eficiencia de la hilandería y la tejeduría hasta un 20%, dando un hilo más uniforme y con menos roturas y por consiguiente una calidad constante en las telas producidas.

     Además, toda la fábrica tiene cielos rasos con sus lámparas embutidas y todos los ductos de aire acondicionado, cables eléctricos, etc., se colocaron entre el cielo raso y el techo a fin de facilitar la limpieza de la fábrica, factor también muy importante en la producción de tejidos de óptima calidad. En la tejeduría el cielo raso es de material aislante de ruidos con el fin de dar a ese salón, normalmente muy ruidoso, un ambiente muy favorable para los obreros que trabajan en el mismo.

     Asimismo el aire acondicionado central hace más agradable el trabajo a los obreros para los cuales, según corresponde a las modernas realizaciones industriales, se han previsto en la novísima planta, todas las facilidades, comodidades y servicios, tales como: una enfermería con consultorios médicos y odontológicos, una confortable cafetería, en la cual se sirve comida caliente, al día, a todo el personal; salas modernas de duchas, lockers, etc.

     Dentro de los terrenos que ocupa la nueva fábrica textil se instaló una planta muy completa de tratamiento de agua para el necesario acondicionamiento de líquido elemento a las necesidades de la tintorería, a fin de asegurar unos teñidos claros y uniformes

     Por medio de controles eléctricos y básculas de pesaje instaladas en cada departamento fabril de la factoría, se establecen rígidos controles de calidad para producir telas que compitan favorablemente en calidad con las importadas.

     En esta fábrica textil se utiliza únicamente algodón producido en los campos venezolanos, constituyéndose así la Fábrica de Telares de Palo Grande, en una industria básica y completa, pues se empieza con la materia prima, el algodón nacional, pasando por los hilados, tejeduría, tintorería y sección de estampados y acabados, hasta entregar la tela terminada.

     Los principales renglones que se producen en la nueva fábrica textil son: los driles de Palo Grande, ya muy conocidos en nuestro mercado; telas para sábanas; toallas; telas para camisas; telas estampadas de varios tipos y lonetas. Todas estas telas, como queda dicho, son hechas con algodón nacional sin intervención de otras fibras.

     En el funcionamiento de esta gran factoría textil se consumen 3.000 KWA = 2.000.000 KWH/mes y 1.200.000 litros de agua al día.

     La planta le dará trabajo a casi mil venezolanos, entre obreros, técnicos y empleados administrativos. 

 

Fuente consultada: Revista Producción. Caracas, N° 131, 1960

Evolución de la demografía en Venezuela

Evolución de la demografía en Venezuela

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Evolución de la demografía en Venezuela

     En un interesante libro publicado por la Fundación Bigott, en el año 2003, que lleva por título Fábrica de ciudadanos. La construcción de la sensibilidad urbana (Caracas 1870-1980), se ofrece un interesante panorama de los cambios y transformaciones de Venezuela desde un momento histórico, denominado por los historiadores proceso de modernización. Lo interesante de lo expuesto en esta obra es cómo varios de los cambios alrededor de la familia, el entretenimiento, la sexualidad, el ocio y las relaciones laborales, entre otros sirven de base para mostrar cómo una nueva sensibilidad se fue desplegando en conjunto con tendencias ideológicas, sociales y políticas. Rafael Cartay (Barinas, 1941) fue quien estructuró una obra de gran utilidad y con la que es posible una aproximación a la historia del país a partir de una perspectiva distinta a la usual y privilegiada por los historiadores como ha sido la historia política.

      En esta ocasión voy a hacer referencia a lo que Cartay expuso como comportamiento demográfico de los venezolanos. Para alcanzar sus inferencias hizo uso de fuentes diversas existentes en el país. Según este destacado historiador, el comportamiento demográfico en Venezuela, durante los dos últimos siglos son los siguientes:

 

  1. Elevado y persistente crecimiento de la tasa de natalidad, aunque a partir de la década de 1960 disminuyó su impulso.
  2. Importante reducción de la tasa de fecundidad desde la década de 1960.
  3. Constante reducción de la tasa de mortalidad, desde 1941.
  4. Aumento del promedio de esperanza de vida, desde la década de 1940.
  5. Baja tasa inmigratoria, con aumento desde la década de 1950.
  6. Desde la década de 1930 la población del país ha aumentado.
  7. El promedio de edad de la población es de predominancia juvenil.
  8. Fuerte movimiento poblacional hacia las ciudades del centro de Venezuela.
  9. Población concentrada en la franja costera – montañosa del norte del país.
  10. Concentración poblacional en las grandes capitales.

     Las cifras mostradas por Cartay llevan a considerar que la tasa de natalidad se ha caracterizado al mostrar una tendencia hacia el crecimiento, entre 1891 y 1961, con períodos de decrecimiento como lo fue por la propagación del paludismo, y con tendencias al crecimiento gracias a las políticas epidemiológicas y de higiene personal. Llama la atención que la tasa de natalidad se redujo debido a la tasa de fecundidad. Esta pauta pasó de 6,6 hijos por mujer, hacia 1961, a 3,6 para mediados de la década de 1980. Esta disminución se debió, de igual modo, a la agregación de las mujeres a un mercado de trabajo más amplio y a su incorporación al sistema de educación, así como al costo de las viviendas, el precio de los alimentos y los costos de manutención familiar.

     El mismo autor dejó asentado que la tasa de mortalidad ha sufrido modificaciones desde finales de 1800. Un primer período que arranca desde 1887 hasta 1924, cuya tasa fue de 22 por cada cien. Un segundo periodo que inicia hacia 1925, cuando la tasa muestra una disminución, en especial para 1941. Según este historiador venezolano, la disminución de la tasa de mortalidad tuvo su razón de ser en la formación de un conjunto de profesionales de la medicina, quienes adquirieron sus conocimientos en los Estados Unidos de Norteamérica, a partir de 1925, la creación de la Oficina Nacional de Salud y a un convenio firmado con la Fundación Rockefeller, “interesada en ayudar a sus compañías en la explotación del petróleo venezolano, en la década de 1920 que permitió el combate del paludismo y la anquilostomiasis”. Gracias a estas prácticas bajó la

     incidencia de la malaria y del tétano infantil, que era la principal causa de muerte entre los recién nacidos.

     La esperanza de vida de los venezolanos también mostró efectos positivos. Si para 1880 el promedio alcanzaba los 29,34 años para 1903 se había calculado en 24,58 años. El cambio se presentó luego del año de 1931. Entre este año y 1961 pasó de 32,45 años a los 61,37 años y logró alcanzar para los años de 1990 a 71,1 años.

     De acuerdo con lo examinado por Cartay, estos cambios demográficos no se debieron a la inmigración, al contrario de lo sucedido en países como Brasil, Uruguay y Argentina. La incidencia de la inmigración en la estructura poblacional del país se presentó luego de 1944. En más de un siglo, entre 1830 y 1932, habían ingresado al país sólo 63.420 inmigrantes. Pero, para 1961 inmigrantes italianos, españoles y portugueses habían superado la cantidad de los 500 mil. Para la década de 1970 los inmigrantes que se sembraron en Venezuela provenían del Cono Sur, Perú, Colombia, Ecuador y República Dominicana. De mayor importancia ha sido la emigración interna o migración campo ciudad que se convirtió en algo usual luego de 1916 y como corolario de las actividades que se desarrollaron con la explotación del petróleo.

     Es de destacar que, de acuerdo con la información proporcionada por este historiador venezolano, Venezuela se muestra diferente en lo que respecta a su desarrollo demográfico frente a otros países del orbe. La suma de estos elementos, tal como lo puso de relieve Cartay, sin incluir la migración interna, la población de Venezuela ha tenido un crecimiento considerable. El momento más destacado, en este sentido, fue en la década de 1950 cuando la población creció a un ritmo de 4% y que se duplicara entre este año y 1971, y de triplicarse entre 1950 y 1981. Cartay anotó que históricamente no había sido así. Entre 1900 y 1920 el crecimiento demográfico fue muy lento, casi nulo, “porque la elevada tasa de natalidad fue compensada por una alta tasa de mortalidad, pero luego la tasa de mortalidad comienza a descender, al principio suavemente, mientras se mantenía alta la tasa de natalidad”. Dentro de esta dinámica, la población se ha caracterizado por mostrar una media mayoritaria de integrantes jóvenes. Durante 1950 un 42 por ciento de la población estaba constituida por menores de los catorce años de edad, proporción que se mantuvo hasta los años de 1990 cuando representaba a un 37 por ciento del total poblacional.

     Cartay puso de relieve otra característica de la población del país. Su distribución a lo largo y ancho del territorio no parece haber variado durante siglos. Ha mostrado una tendencia a concentrarse en la franja costera montañosa de la parte norte. Dos variables han marcado esta tendencia. Una, la migración interna. Otra, por la acción del Estado y su política de gasto público que ha privilegiado a las grandes capitales estatales. Rememora que los censos nacionales revelan esta situación. Desde el primero realizado en 1873 ponen en evidencia lo destacado por él. En efecto, un 61 por ciento de los habitantes del territorio vivía en una reducida porción de Venezuela, representada en un 20 por ciento, con la tendencia hacia un aumento con el paso de los años. Esto se puede constatar con el censo realizado en 1991 con el que se mostró que el 40 por ciento de la población ocupaba un rectángulo territorial cercano a los 21 mil kilómetros cuadrados, lo que significa un 2,3 por ciento del total territorial. “De ese 40 por ciento, el 22 por ciento correspondía a la subregión capital, con apenas el 1 por ciento del territorio nacional”.

     Para mostrar un crecimiento contundente de la población recordó que para 1920 no había ninguna ciudad de Venezuela con un número mayor a los 100 mil habitantes, quizás sólo Caracas llegaba o superaba ese número. Cartay caracteriza a este fenómeno como acelerado y desordenado, que pasó del 29 por ciento en 1936 al 84 por ciento en 1990. Las consecuencias de tal magnitud de cambios se muestran en la precariedad de los servicios públicos y el servicio que deben cumplir, tal como ha venido sucediendo en el ámbito educativo y en el de salud.

     Citó el caso de Educación que, de acuerdo con las cifras tomadas de fuentes distintas, mostró un crecimiento en el número de docentes, entre 1961 y 1982, mayor a cuatro veces, mientras la matrícula estudiantil, en todos los niveles, en más de tres veces. En lo atinente a la educación superior, la tasa de escolaridad fue del 1 por ciento para 1960 y 21 por ciento para la década de 1980, “el número de docentes se incrementó en 9 veces y la matrícula universitaria en 13 veces”.

     En términos generales, indicó el autor, lo que ocurrió en Venezuela debe ser analizado poniendo como ejemplo a lo acontecido en el Área Metropolitana de Caracas, constituida por los municipios Libertador, que sigue siendo el más poblado, junto con los municipios de Baruta, Chacao, El Hatillo y Sucre. Según sus cálculos, la población pasó de 704.567 habitantes en 1950 a 1.360.019 pobladores para 1961. Para el año de 1971 superó los dos millones y llegó a la cercana cifra de tres millones en 1990. “Una población que apenas equivalía al 3,9 por ciento de la población total del país en 1873, pasó a representar el 9,20 por ciento en 1941, el 17,76 por ciento en 1961 y el 20,4 por ciento en 1971”.

     El estudio proporcionado en este texto obliga a comparar la Venezuela del siglo XIX con la que se extendió durante la centuria del XX. Este requerimiento permitiría una aproximación a una serie de cambios que dieron al país una fisonomía que se estructuró en un tiempo relativamente corto. De igual manera, permitiría colocar en su lugar al papel que cumplió la industria petrolera en la transformación del país. Permitiría, de igual manera, explicar la estabilidad alcanzada durante una porción del siglo XX de un sistema político basado en acuerdos y la representación de la soberanía, uno de los propósitos del liberalismo decimonónico.

     Por otro lado, las líneas hasta acá esbozadas servirían de base para mostrar cómo la historia no supone un ascenso constante. Si se estudia con algo de detenimiento la historia de Venezuela, como comunidad nacional que se comenzó a estructurar durante el siglo XIX, se constataría la gran cantidad de problemas no resueltos al interior de la sociedad. Toda esta centuria estuvo caracterizada por llamados al despliegue educativo en aras de instruir habilidades y destrezas de los habitantes de esta porción territorial. Pero, quizás, uno de los grandes bemoles para alcanzar el anhelado progreso en el 1800 y el desarrollo autónomo en el 1900 no estuvo centrado sólo en el plano educativo.

     Los estudios demográficos no sólo muestran un crecimiento vegetativo, también sirven de base para el estudio de elementos culturales que se presentan en conjunto con migraciones internas y de las que provienen fuera del territorio nacional. Por lo general, se suele olvidar que al lado de números que ofrecen la oportunidad de explicar cambios, también dan cuenta de factores que pudieran propiciar, ralentizar o impedir cambios en la estructura social, de la que la demografía es indispensable.

La Plaza Bolívar de Caracas

La Plaza Bolívar de Caracas

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La Plaza Bolívar de Caracas

La estatua ecuestre de la Plaza Bolívar de Caracas, fue elaborada por el escultor italiano Adamo Tadolini

     La primera referencia que se conoce para erigir un monumento al Libertador data del primero de marzo de 1825, cuando la municipalidad de Caracas decidió aprobarlo luego de recibir noticias del triunfo apoteósico de Simón Bolívar en la Batalla de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824. El monumento seria ecuestre, de bronce, sobre columna de mármol y estaría ubicado en la Plaza de San Jacinto, cuyo nombre cambiaría por el de Bolívar. Desafortunadamente este acuerdo quedó sin cumplimiento.

     Hubo otras propuestas también incumplidas, una de ellas en 1842, cuando los restos del Libertador llegaron a Caracas procedentes de Santa Marta, Colombia. En esa ocasión, al menos quedó el nombre de Bolívar para la Plaza Mayor.

     Treinta años más tarde, el 18 de noviembre 1872, el entonces presidente de la República, Antonio Guzmán Blanco decretó la construcción de una estatua ecuestre al Libertador Simón Bolívar.

     El gobierno encargó la ejecución del mencionado decreto a la Compañía de Crédito constituida en Junta de Fomento, bajo la responsabilidad de su presidente Juan Röhl.

     La estatua fue moldeada en la fundición real de Múnich (Alemania) bajo la dirección del señor Ferdinando Von Müller y por el modelo ejecutado por el escultor italiano Adamo Tadolini en 1858, en Roma, y erigida al año siguiente en la plaza Constitución de Lima, Perú.

     El pedestal fue construido en Weissenstadt, Baviera, por Edwards Akermann y llegó a Venezuela en 34 cajas, abordo del bergantín Annani, la mañana del 24 de septiembre de 1874. El pedestal era de mármol, de tres metros y medio de alto, con dos gradas concebidas en piedra sienita de color negro con la inscripción:

“Nació en Caracas el 24 de julio de 1783, murió en Santa Marta de Colombia, el 17 de diciembre de 1830. Sus restos fueron trasladados a Caracas el 17 de diciembre de 1842”.

El 11 de octubre de 1874, el presidente Guzmán Blanco, acompañado por diversas personalidades, procedió a la ceremonia de instalación del pedestal, en cuya fosa se colocaron en unas cajas metálicas los siguientes objetos:

“Acta de la colocación de la piedra fundamental de la estatua.

Copia del decreto del 18 de noviembre de 1872 mandando construir la estatua con la firma autógrafa del Ilustre Americano, General Guzmán Blanco

Una pieza de un venezolano

Una pieza de cincuenta céntimos

Una pieza de veinte céntimos

Una pieza de diez céntimos

Una pieza de cinco céntimos

Una medalla del busto del Libertador

Una medalla conmemorativa del 28 de octubre de 1874

Dos medallas del Capitolio

4 tomos de Historia y Geografía de Venezuela de Agustín Codazzi

Recopilación de leyes y decretos de los Congresos de Venezuela, 1830-1850, 1 tomo

Recopilación de leyes y decretos mandada a hacer por el General Guzmán Blanco, 1874, 5 tomos

Mensaje y documentos de la Cuenta rendida por el General Guzmán Blanco, 1873, 1 tomo

Primer Censo de la República, 1874, 1 tomo

Una fotografía del Ilustre Americano

Plano topográfico de Caracas

Cuadernos de las Constituciones de 1857, 1858, 1864 y 1874

Acta de la Independencia del 5 de Julio de 1811

Periódicos del 10 de octubre de 1874: La Opinión Nacional, Diario de Avisos

y una colección de periódicos de los Estados

Plaza Bolívar. Caracas, 1874

     Un día antes del acto de instalación del pedestal, el vapor danés Thora, que traía la estatua del Libertador, encalló a pocas millas de la isla venezolana Los Roques. El capitán y la tripulación de la embarcación notificaron al cónsul danés que habían perdido “toda esperanza de salvarlo”, ya que “tenía éste tres pies de agua en la bodega.”

     Cinco días más tarde, el jueves 15 de octubre de 1874, comenzaron las labores de rescate; la goleta Cisne al mando del capitán Adolfo Prince salió para Los Roques. Abordo se encontraban Vicente Ibarra y el general Juan Francisco Pérez quienes llevaban 38 hombres. También zarparon para el lugar de los acontecimientos el vapor Pacificador y la goleta Faro. De igual manera Alejandro Ibarra, jefe de las artillerías del Distrito Federal, acudió con un destacamento de la guarnición para evitar que otras expediciones pudiesen saquear el Thora.

     El lunes de 19 de octubre la prensa caraqueña anunció el remate del referido buque con su “carga, velámenes y aparejos”. Ese mismo día, la ardua labor de la expedición oficial dio sus frutos.

     La estatua fue rescatada de las aguas por Vicente Ibarra y el general Juan Francisco Pérez. De igual manera el contramaestre de la barca italiana Eduardo, Felipe Groot, y Adolfo Prince, capitán de la goleta Cisne, habían tenido una destacada participación. Catorce de las quince cajas fueron llevadas ese 19 de octubre para La Guaira; la decimoquinta caja, por ser la más voluminosa, debido a que contenía la pieza del caballo, arribó a ese puerto la mañana del martes 20, en la mencionada goleta Cisne.

     Los restos del Thora nunca fueron rescatados, por lo que aún permanecen en las profundidades de las aguas del archipiélago.

El chorrito del caballo

     Debido al lamentable incidente del vapor danés, el monumento a Bolívar no pudo ser inaugurado para la fecha prevista, miércoles 28 de octubre de 1874, día de San Simón.

     Ferdinando Von Müller vino expresamente a Caracas para dirigir los trabajos de colocación del monumento. Cuenta el escritor y coleccionista Carlos Eduardo Misle (CAREMIS) que “existe una versión que refiere un hecho curioso sobre tales trabajos, y es que pareciéndoles a los que estaban levantando el monumento, que la estatua pesaba demasiado, pensaron que pudiera haberse llenado de agua del mar, en el momento del encallamiento y casi naufragio de la nave que la transportaba. Para convencerse abrieron un pequeño agujero en el anca derecha del caballo, por ser la parte que en aquel momento presentaba el nivel más bajo, y se dice que por espacio de varias horas un chorrito de agua de Los Roques estuvo remojando el piso de la plaza”.

 

Inauguración de la estatua

     Finalmente, el 7 de noviembre un repique general de campanas y el estruendo del cañón, resonando desde la explanada del Paseo Guzmán Blanco (El Calvario), daban la señal de que las fiestas para celebrar la erección de la estatua iban a comenzar.

     A la siete de la mañana, el triple estampido del cañón les anunció a los empleados públicos y demás habitantes de una Caracas que despertó engalanada con lujosos atavíos, que debían concurrir a sus localidades respectivas.

     A las 8 de mañana se inició la programación, cuyos detalles fueron descritos por el historiador Francisco González Guinad:

     “A la hora indicada se presentó el Ilustre Americano en gran uniforme, acompañado de su esposa y familia, del cuerpo de edecanes y empleados públicos. El cuerpo diplomático, los ministros del Despacho y los representantes de las corporaciones estaban allí con sus insignias, banderas y ofrendas.

     El presidente Guzmán Blanco leyó una breve alocución. Posteriormente sus edecanes pusieron en las manos del primer mandatario una corona de laurel batida en oro, la cual colocó al pie del pedestal”.

(…) “Llegó, por fin, el suspirado momento. Descorrióse el velo que cubría la estatua del Libertador, y ante aquella multitud entusiasmada apareció Bolívar, como un semidiós, sobre su corcel de batalla, saludando al pueblo”…

FUENTES CONSULTADAS

Libros

  • González Guinad, Francisco. Historia Contemporánea de Venezuela. 2da Edición. Caracas: Presidencia de la República, 1954; 15 v.
  • Misle, Carlos Eduardo. Plaza Bolívar, corazón de la Patria. Caracas: Procter & Gamble, 1999; 231 p.
  • Palenzuela, Juan Carlos. Primeros monumentos en Venezuela a Simón Bolívar. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1983; 193 p.

Periódicos

  • Diario de Avisos. Caracas, octubre-noviembre de 1974
  • La Opinión Nacional. Caracas, noviembre de 1872
  • La Opinión Nacional. Caracas, octubre-noviembre de 1874

Orígenes de la palabra caimanera

Orígenes de la palabra caimanera

CRÓNICAS DE LA CIUDAD

Orígenes de la palabra caimanera

     El vocablo «Caimanera» forma parte del léxico coloquial del venezolano. Su origen no guarda ninguna relación con el poblado pesquero del mismo nombre que está en las adyacencias de Guantánamo, Cuba. Tampoco tiene nada que ver con el término que se utiliza en Chile para mencionar a una persona lerda.

     En Venezuela la palabra «Caimanera» se relaciona con un juego de béisbol improvisado, en muchas ocasiones sin árbitros, en el que se escogen de forma espontánea a los jugadores, que por lo general se lleva a cabo en las calles, en los patios de los colegios o en algún terreno o campo deportivo. La mayoría de las veces en las caimaneras se juegan sin el número de peloteros reglamentarios (9) y con reglas adaptadas al terreno donde se vaya a realizar el partido.

     El término se ha extendido a todas las disciplinas deportivas e incluso a áreas que nada tienen que ver con el deporte. Hoy día, para los venezolanos caimanera también es sinónimo de desorden.

Vidal López y Alejandro 'Patón' Carrasquel fueron dos 'fiebruos' de las caimaneras

Origen de la palabra caimanera

     En las primeras dos décadas del siglo XX, los cronistas deportivos de los diarios caraqueños denominaban “caimán” a los juegos de béisbol con muchas carreras y errores. Así como también a los peloteros que jugaban muy mal. En general, el término caimán era utilizado entonces para referirse a la mala calidad de una cosa. Su significado tiene mucha relación o similitud con la palabra “chimbo” de hoy día.

     En la década de 1920, había entre los jóvenes caraqueños una gran pasión por el béisbol. Por lo general se jugaban partidas de pelota en Catia, Sarría, San José, El Paraíso, El Valle, Prado de María y el Cementerio. También había un notable furor por establecer equipos de béisbol. En esos años se fundaron centenares de clubes, la mayoría de vida muy efímera.

     Para entonces, Domingo Betancourt, uno de los muchachos más entusiastas del juego de los bates, guantes y pelotas, tenía gran fama dentro del mundo beisbolistico de Catia. No precisamente por sus habilidades para jugar este complicado deporte, por lo que sus compañeros lo llamaban “Caimán”, en franca alusión a lo desastroso que era fildeando y bateando. No obstante, su gran amor por el béisbol lo llevó a fundar un equipo, que según el periodista Simón B. Rodríguez (Mr Fly), saltó a la palestra el primero de enero de 1925, bajo el nombre de “La Caimanera”. Entre los organizadores de este club se encontraban, además, Jesús “Pollo Jabado” Peña y Manuel “Chivo” Capote, quien luego se convirtió en el mánager de nuestra primera selección nacional que participó en un Mundial de Beisbol Amateur (1940). También fue el primer estratega campeón del Cervecería Caracas (1942). Igualmente, dirigió al Magallanes.

     El club “La Caimanera” promovería durante muchos años partidas de pelota en los terrenos de El Yunque, en Catia, donde, además, por iniciativa del propio Betancourt, se hizo tradicional realizar un encuentro de beisbol, todos los 1° de enero, para darle la bienvenida al año nuevo. 

     Este encuentro era animado por un conjunto musical; al concluir el cotejo, jugadores y aficionados disfrutaban de un sancocho preparado por el propio “Caimán” Betancourt. quien para el oficio de cocinero sí contaba con extraordinaria habilidad.

     Con el tiempo, esas partidas fueron adquiriendo gran popularidad por la presencia de notables peloteros, vale mencionar a Marianito Bordón, conocido como el “Ángel de los Bosques” por su gran pericia para fildear la pelota, Manuel “Pollo” Malpica, Balbino Inojosa y los cubanos Lázaro Quesada, Pelayo Chacón y Manuel “Cocaína” García, entre muchos otros. Entonces la prensa se hacía eco anunciando el “Juego de Caimán” en el campo del Yunque en Los Flores de Catia.

Jugadores de Caimanera en el campo de La Araña. Allí figuran, entre otros, Manuel González, Balbino Inojosa y Chucho Ramos

     El primero de enero de 1938, para celebrar los diez años de la primera “Caimanera”, “Caimán” Betancourt invitó a participar en el ya célebre juego de año nuevo a los famosos peloteros Alejandro “Patón” Carrasquel y Vidal López. Ese día, El Yunque estuvo abarrotado de aficionados como nunca.

     Ya en la década de 1940, el término “Caimanera” era de uso común en el mundo del béisbol venezolano.

     En esa época, el equipo La Caimanera jugó un papel de primer orden en los entrenamientos de la selección nacional que nos representaría en la IV Serie Mundial de Béisbol Amateur que se disputaría en La Habana, Cuba, entre septiembre y octubre de 1941. Entonces se reforzó con jugadores de la talla de Vidal López, Alejandro Carrasquel y Luis Aparicio padre, entre otros, y realizó varios encuentros contra la novena criolla que, finalmente, se tituló campeona de ese importantísimo evento internacional.

     Desde esos años han sido numerosas las “Caimaneras” que se han jugado en Caracas y muchas otras partes del país. La “Caimanera” activa más antigua de la capital, y quizás del país, es la de los Profesores, que se juega todos los miércoles desde 1960 en el estadio Universitario. En tanto que, en Valencia, estado Carabobo, se realiza desde 1980, en el mes de diciembre, “La Caimanera de Ruyío”.

     Es de interés señalar que Ramón Corro también instituyó durante muchos años en Caracas, en ese mismo mes, una “Caimanera” a la que asistían muchos exjugadores profesionales, periodistas deportivos y distinguidas personalidades de la política, la televisión, industria, etc.

    Entre los grandes jugadores de “caimaneras” se recuerda a Vidal López, “Chucho” Ramos, “Patón” Carrasquel, Nicolás Berbesía, Luis Meza, César Tovar, Teodoro Obregón, Vitico Davalillo, Freddy Rivero, Víctor Colina, Ulises Urrieta, Robert Marcano, Oswaldo Blanco, “Chiquitín” Ettedgui, Joe Bikini, Francisco Gorrín, Jesús “Chuchú” Padrón y muchísimos otros amantes de la pelota.

     En Caracas, además de Catia y el Universitario, fueron célebres las “Caimaneras” del estadio San Agustín, La Rinconada, La Araña, el “Chato” Candela, MOP Zona 10, San Pablo en San Martín, La Guairita y La Planta, entre otras.

     Hoy día la palabra “Caimanera” tiene una connotación mucho más allá de un encuentro de béisbol o de alguna otra disciplina deportiva. Aunque para el venezolano el vocablo Caimanera continúa siendo sinónimo de una partida de béisbol, su utilización ha trascendido el terreno de juego para convertirse también en una expresión popular que simboliza desorden o improvisación.

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