La hallaca, pastel venezolano de Navidad

La hallaca, pastel venezolano de Navidad

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La hallaca, pastel venezolano de Navidad

     En esta época de sana resurrección y revalorización de lo venezolano no debe faltar el aspecto de las artes culinarias criollas, tanto por lo que atañe al cultivo y defensa de lo nuestro, como por las proyecciones económicas que pueden derivarse de la atracción turística. Todas las naciones, al ofrecer al turista comodidades y atracciones que las conviertan en centro de una corriente extranjera, han concedido lugar especial a las artes culinarias y un ejemplo de lo que en este punto podría hacerse lo constituye la celebridad de ciertos platos típicos tan famosos que sus nombres son ya lenguaje internacional de la mesa.

     Por imperativo de nuestra formación étnica, los platos típicos venezolanos son también expresión de nuestro mestizaje. En la época de la conquista, la cultura española se basaba principalmente en la agricultura, la cría y la minería; mientras que los indios americanos eran pescadores y cazadores. “Junto con los nuevos alimentos ̶̶̶ ̶̶̶ asienta el Dr. Fermín Vélez Boza, en su estudio “La Alimentación y la Nutrición en Venezuela” ̶̶̶ ̶̶̶ se implantaron las normas culinarias y dietéticas hispanas, que, al mezclarse con los alimentos y costumbres de los nativos, llegaron a constituir un tipo de alimentación criolla propia de estas regiones”. Así se iba a lograr un mestizaje de los platos de mesa que, al cabo del tiempo, resultarían tan diferentes de los originales que no los reconocerían ni los españoles puros ni los indios puros; pero que serían familiares a los criollos, producto de la mezcla de sangres.

La hallaca es un producto suculento de ese mestizaje del arte culinario

Origen culinario y filológico de la hallaca

     Producto suculento de ese mestizaje del arte culinario, semejante al tipo criollo que se estaba formando de la conjunción del español peninsular con el indio americano, es la hallaca, pastel venezolano de Navidad. “Creemos que en el origen de este plato  ̶̶̶  ̶̶̶ dice el mismo Dr. Vélez Boza ̶̶̶  ̶̶̶  han intervenido evidentemente las costumbres culinarias del pueblo español y del indio, pues es a modo de un pastel tropical; en España no se conocen ni usan las hallacas pero sí los pasteles; al venir los colonizadores a América el indígena les ofreció el maíz y otros condimentos, ají, tomate, el cambur que algunos discuten si había algunas especies nativas o fue importado, contribuyó al darle el sabor y envoltura; aceptó el colono el maíz a falta de su trigo y así en los primeros tiempos  de la Colonia nació este plato que al estudiarlo con la curiosidad del científico hoy día se le encuentra perfecto tanto en valor nutritivo y composición como sabor; tal vez sea algo rico en grasas pero al pensar que fue creado como alimento para la época fría del año, en estos climas tropicales, se comprende que aún esto es adecuado; más adelante trataremos detenidamente sobre su valor nutritivo”.

     El Dr. Ángel Rosenblat, director del Instituto de Filología “Andrés Bello” de la Universidad Central de Venezuela, resume el origen del vocablo así:

     “La palabra tradicional que designa el pastel de masa de maíz con su guiso de carne de condimentos y sus adornos de aceitunas, alcaparras, pasas, almendras, huevos, etc., es tamal, de procedencia azteca. Esta voz tamal llegó también a Venezuela y seguramente fue general en todo el país, con las variantes tamar, tamare. Más tardíamente empieza a llamarse hayaca, al principio sin duda humorísticamente, porque hayaca era una voz indígena que significaba bojote o atado, como se observa en un documento de 1608 (Arch. Hist Nac., “Encomiendas”, V. 165) que reza: tres hayacas de sal grandes”. Esa designación humorística o despectiva del tamal, se fue generalizando hasta el punto de que la palabra tamar o tamare ha quedado relegada hoy a algunas regiones periféricas del país. La voz tamal aparece ya en los primeros cronistas, desde el Padre Sahagún, y se difundió por casi toda América, hasta el Perú y Chile. Claro que el tamal no es igual en todos los países: cada uno ha generalizado un tipo especial según las preferencias nacionales; por eso tampoco es enteramente igual el tamar venezolano y la hayaca de casi todo el país. En cambio, hayaca es voz exclusivamente de Venezuela y no la hemos encontrado en los antiguos cronistas. Como designación del pastel nos parece voz relativamente moderna. Con el sentido de bojote o atado que tiene en el documento de 1608, se emplea todavía la palabra hayaca en expresiones populares de diferentes regiones del país, tales como: “¿Qué hayaca es esa”, dirigiéndose a una persona que lleva una cosa plana y atada con cuerdas; “Esta hallaca es un bojote de hojas”, de manera burlona cuando al desenvolver una hayaca comprada se encuentra que tiene muchas hojas y poco pastel; “Eso es una hallaca”, se dice de un bojote mal hecho, que contiene objetos no comestibles, mal atado, flojo, descuidado.

La hallaca tiene un agradable sabor y gran valor nutritivo

Hallaca, problema lexicográfico

     El más desprevenido lector podrá observar que la palabra con que se designa el exquisito pastel venezolano no ha disfrutado propiamente de una tranquilidad ortográfica.

     Como ha sucedido con la mayor parte de los americanismos, los lingüistas nacionales tuvieron que librar descomunal batalla para convencer a los señores de la Academia Española de que incluyera en su Diccionario el consabido vocablo. Primero lo glosaron, después hicieron estudios de filología comparada para determinar su origen, llegando a polemizar sobre si procedía de lenguas indígenas o del árabe, y luego lo definieron por sus componentes. Por último, redactaron la respectiva memoria y la sometieron a consideración de la Academia, hasta que ésta, después de limpiarlo, fijarlo y bruñirlo, en la edición décima-tercia del Diccionario, correspondiente al año 1899, le puso óleo y crisma y lo bautizó así: Hayaca.

     Sin embargo, ni el origen ni la ortografía, ni la definición académica satisficieron a los lingüistas venezolanos. Las sucesivas ediciones del Diccionario tuvieron que eliminar la formación del término establecida originalmente. En cuanto a la ortografía y la definición, mantenidas hasta hoy, al principio dieron motivo a una polémica que, si ahora carece del ardor de la crítica inicial, se manifiesta, en cambio, en la renuencia de los escritores a seguir la norma académica.

     En efecto, los escritores venezolanos continuaron escribiendo hallaca con ll y no con y. Así apareció escrita en la sección de cocina campestre que el señor José A. Díaz trae en su obra “El Agricultor Venezolano o Lecciones de Agricultura Práctica Nacional”, publicada en Caracas en 1861, en la cual define el pastel y suministra su forma de preparación. No obstante, el sabio Dr. Adolfo Ernst, en un artículo publicado el 31 de diciembre de 1895 en “La Opinión Nacional”, expresaba sus dudas entre Hallaca o Ayaca, confesando que “a pesar de que la primera de estas formas es hoy la generalmente usada, parece que sería más exacta la segunda”, por estar en mejor armonía con la etimología tupi-guaraní, grupo caribe, que él le atribuye, aunque termina declarando que su conclusión no le satisface totalmente. (Quizás fue D. Julio Calcaño quien primero planteó el problema filológico de la hallaca, que luego recogió en “El Castellano en Venezuela”, publicado en 1897). Uno de los más fuertes argumentos contra la ortografía del vocablo consagrada por el uso es el de que, al parecer, los dialectos indígenas no tenían el sonido del ll, y esto fue quizás lo que guio a la Academia en la adopción de la y. Pero posteriormente, filólogos como el D. Tulio Febres Cordero, D. Gonzalo Picón Febres, D. Lisandro Alvarado y D. R. D. Silva Uzcátegui y los demás escritores venezolanos continuaron escribiendo hallaca con ll.

     La definición adoptada por la Academia fue también motivo de disgusto entre los lingüistas nacionales. El Diccionario definió su hayaca como “pastel de harina de maíz”. Y aquí volvió a arder Troya, porque desde los más afamados filólogos venezolanos hasta la más humilde cocinera nacional, sabían que no se trataba de ninguna harina sino de la masa del maíz. Y al punto, los filólogos Febres Cordero en su “Cocina Criolla” publicada en 1899 en Mérida; Picón Febres en su “Libro Raro”, en 1912, en Curazao; Alvarado en su “Glosario del Bajo Español”, en Venezuela, en 1926: Silva Uzcátegui en su “Enciclopedia Larense”, salieron a corregir a la Academia y a burlarse un poco de los señores académicos españoles.

La hallaca es el plato típico navideño de los venezolanos

La hallaca en la Literatura Nacional

     Mucho antes de que la palabra hallaca fuese limpiada, fijada y bruñida por la real Academia Española, el pueblo venezolano la había creado con su soplo común hasta consagrarla por el uso. En parranda por los días de Navidad, se acercaba a la puerta de las casas para pedir las hallacas cantando aguinaldos. Los hombres del Centro: 

Venimos cantando
desde el Yaracuy
hallacas comiendo
bebiendo cocuy

Y los de Oriente:
Dennos los pasteles
Aunque estén calientes,
que pasteles fríos
avientan la gente

     Pero lo curioso es que D. Andrés Bello, quien en su Silva a la Zona Tórrida se regodeó tanto con los frutos tropicales, no siquiera en la estrofa consagrada al maíz, mencionara indirectamente el exquisito pastel venezolano. Que Bolívar, al menos en sus cartas íntimas, tampoco lo hiciera. Que no se encuentre ninguna huella de él en los “Viajes” de Depons ni de Humboldt. Tal vez extranjeros que visitaron y vivieron posteriormente en el país, como el Consejero Lisboa y algún cónsul o ministro inglés o norteamericano, hayan dejado alguna constancia en sus Memorias; pero no hemos podido averiguarlo. De los extranjeros solo hemos encontrado que el señor D. Pedro Núñez de Cáceres, un puertorriqueño que vino a Venezuela en 1823, y a quien todo lo nuestro le conmovía el hígado, en su “Memoria de Venezuela y Caracas” habla de unas ayacas entomatadas. Y la Enciclopedia Espasa, en cita que no hemos podido confrontar, transcribe un párrafo del Viaje Pintoresco de Caserta en que éste describe con bastante propiedad la preparación de la hallaca criolla.

     Sin embargo, fueron los costumbristas y criollistas venezolanos los que consagraron el pastel venezolano al llevarlo a sus obras literarias. Nicanor Bolet Peraza a mediados del siglo pasado, los bautiza “las imponderables hallacas. . . sabrosísimo manjar que no conocieron ni cantaron los dioses del Olimpo, por lo que no pudieron continuar siendo inmortales”. (“Antología de Costumbristas Venezolanos, 118-119) Luis Manuel Urbaneja Achelpohl, en un cuento publicado en 1905, estampa la oración: “En la madrugada pasamos por Maracay, que ni el ferro, y ya hemos dejado atrás a La Victoria; lo que es esta noche comemos las hallacas en Caracas, Dios mediante” (“El Criollismo en Venezuela”, 73). Rómulo Gallegos expresa: “Mercedes dijo que ella conocía muchas familias muy decentes y de lo principal que vivían de hacer las hallacas para la venta” (“Antología”, I, 98). Y Romero García, en “Peonía”, Teresa de la Parra en “Mamá Blanca”, Mariano Picón Salas en “Viaje al Amanecer”, Antonia Palacios en “Ana Isabel”, no vacilan en hacer referencia al exquisito pastel.

 

Valor nutritivo y social de la hallaca

     Cuatro elementos entran en la preparación de las hallacas: la masa de maíz pilado, sancochado y molido, el guiso de carnes picadas con los demás condimentos, el adorno de huevos, aceitunas, pasas, etc., y el envoltorio de hojas de cambur o plátano soasadas. “El objeto de extender ésta (la masa) en las hojas de cambur” ̶ precisa Silva Uzcátegui ̶ no es solamente para que las últimas sirvan de protección durante el cocimiento, sino también porque al hervir, las hojas comunican a la hallaca el sabor típico que la distingue de cualquier manjar compuesto de guiso y masa. De manera que, si la hallaca fuese envuelta en tela y no en hojas de cambur, tendría otro gusto.

     El Dr. Vélez Boza, médico nutriólogo, presenta, en el estudio citado al principio, los análisis correspondientes y concluye acerca del valor nutritivo de nuestro exquisito pastel lo siguiente:

     “La hallaca puede ser considerada como un buen alimento popular, puesto que desde el punto de vista calórico suministra cada una de ellas 700 calorías y con tres o cuatro de éstas al día, se da una ración de 2.100 a 2.800 calorías.

     Del punto de vista de los prótidos y lípidos, es rica de tal modo, que suministrando dos o tres de ellas, el requerimiento total en proteínas animales da tres cuartos de los requerimientos en Vit. “A”.

     Llenos los requisitos en vitamina B-1, Niacina, y vitamina C, sólo es baja en calcio, pero en la alimentación se la podría suplementar con leche o queso.

     Aquí tenemos el ejemplo de un alimento popular y típico en Venezuela, que puede ser recomendado por su acertada combinación y su agradable sabor, y su gran valor nutritivo”.

     Además, la confección de las hallacas tiene también un valor familiar que no puede pasar inadvertido para el sociólogo. El Dr. Vélez Boza lo apunta así: “En la preparación de las hallacas existe como si dijéramos un ritual que se conserva en cada una de las familias acerca de los diferentes modos como se preparan. Su preparación es el motivo de reunión de las damas de la familia, y está esto tan ligado a la tradición venezolana que se considera muy infeliz el que, en su hogar, las ganancias del año, aguinaldo o cosechas, no le permiten poder compartirla con sus familiares”.

     Por otra parte, Enrique Bernardo Núñez, en una nota periodística que les consagró, señala este aspecto social también importante: “Parientes y amigos las cambiaban entre sí llevados de la idea de que las propias eran las mejores”.

     En resumen, la hallaca, pastel venezolano de Navidad, además de su exquisito sabor, reúne valores universales. Es típico en el sentido de que no tiene sino remotos parientes en los demás países de habla española, que son las empanadas y los tamales. Es nacional por cuanto lo consumen en determinadas épocas del año y tradicionalmente en la Pascua de Navidad, todas las clases sociales del país. Y está en vías de hacerse internacional, porque ha sido consagrado como exquisito por el refinamiento de nuestros huéspedes extranjeros, hasta el punto de que su receta ha sido publicada en castellano e inglés en el libro titulado “Buen provecho-Caracas Cookery”, que ya circula en el país y en el extranjero en su tercera

FUENTES CONSULTADAS

  • Revista Shell. Caracas, 1952

Orígenes del Cementero General del Sur en Caracas 1875-1904

Orígenes del Cementero General del Sur en Caracas 1875-1904

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Orígenes del Cementero General del Sur en Caracas 1875-1904

     El 5 de julio de 1876, se inauguró el cementerio en presencia del presidente de la República, general Antonio Guzmán Blanco; diez días más tarde, se sepultó en ese camposanto el primer cadáver. En 1889, se adquirió un lote de terreno para realizar la primera ampliación del cementerio. El investigador histórico Manuel Landaeta Rosales realiza en este trabajo una minuciosa recopilación de los primero 30 años este singular recinto

     El caraqueño Manuel Landaeta Rosales (1847-1920) fue un militar durante su juventud, pasando luego a desempeñar importantes cargos en la administración pública hasta 1889, cuando se dedicó con ahínco a la investigación histórica. Realizó importantes trabajos de acopio, resguardo y divulgación de documentos históricos. El mencionado año de 1889 fue designado director de la oficina responsable de la edición y publicación de la Gran recopilación geográfica, estadística e histórica de Venezuela, labor que llevó a cabo con una encomiable minucia. Entre sus numerosas obras, en las que destacan publicaciones, manuscritos y compendios sobre los periodos de gobierno de Antonio Guzmán Blanco, Juan Pablo Rojas Paúl, Joaquín Crespo, Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, está la historia del Cementerio General Sur, desde su creación, en 1875, hasta 1904; allí demuestra su insuperable y valioso trabajo.

Mausoleo del ex presidente de la República, general Joauqín Crespo, 1898

Así nació el Cementerio General del Sur

     “Al regresar el general Antonio Guzmán Blanco, presidente de la República, de la campaña de Coro, en marzo de 1875, se ocupó de la necesidad que tenía Caracas de un cementerio adecuado para su población que llenara las condiciones de capacidad, decencia e higiene necesarias. Al efecto comisionó al gobernador del Distrito Federal, general Lino Duarte Level, para localizar el terreno conveniente para tal objeto. Este, acompañado de su secretario, el doctor Miguel Caballero, recorrieron los alrededores de Caracas y se fijaron en el Rincón de El Valle en un terreno que llamaban Tierra de Jugo (diz que por el apellido de uno de sus antiguos dueños), terreno que forma una planicie inclinada suavemente y rodeada de colinas a su espalda. El general Guzmán Blanco, acompañado del mismo Duarte Level, del ingeniero Jesús Muñoz Tébar, Ministro de Obras Públicas, y de otras personas más, vio el terreno y lo creyó apropiado a su objeto.

     El 13 de julio de aquel mismo año de 1875, se dictó una resolución a través del Ministerio de Obras Públicas, mandando construir el cementerio en el lugar referido.

     El plano y presupuesto para la obra lo levantó el citado ingeniero Muñoz Tébar, quien dirigió los trabajos.

     La Junta de Fomento para la obra la compusieron los señores Carlos Arvelo, Juan Bautista Picard y Guillermo Espino.

     El 3 de julio de 1876, el general Guzmán Blanco dictó un decreto declarando abierto al público aquel cementerio, el 10 del mismo mes y año, y prohibiendo enterrar en los otros existentes, que eran “Los Hijos de Dios”, “Las Mercedes”, “San Simón”, “Los Canónigos”, el de “Los Ingleses” y el de “Los Alemanes” y en los Templos, Capillas y otros lugares.

     El mismo 3 de julio dictó el Concejo Municipal el Reglamento del Cementerio, siendo presidente de aquel cuerpo el general Francisco Tosta García, gobernador del Distrito Federal, y secretario del Concejo el señor Carlos Blanco Aranda.

     El 5 del mismo mes de julio, se inauguró solemnemente el cementerio en presencia del general Guzmán Blanco, que fue allí acompañado por muchos empleados de la nación y del municipio, fuera del gran número de ciudadanos que concurrieron al acto. Entre los circunstantes se hallaba el señor Roque Cocchia, delegado Apostólico de Su Santidad Pío IX y el Cuerpo Diplomático. El señor Carlos Arvelo, presidente de la Junta de Fomento del Cementerio, hizo entrega de la obra al Ministro de Obras Públicas, ingeniero Muñoz Tébar, después de un discurso análogo al solemne acto, y éste se dirigió al gobernador Tosta García poniéndolo bajo la égida del Concejo Municipal que éste presidía. El administrador del cementerio, general Salvador Quintero, hizo constar todo en un libro titulado Anales del Cementerio General del Sur.

     El costo de la obra hasta su inauguración, inclusive el mobiliario del edificio de la Administración, alcanzó a los 45.753, 78 venezolanos, o sea 228.768,90 bolívares.

Marmolería Riversi, 1904

Primer entierro

     El primer cadáver que se sepultó en el Cementerio General del Sur, el 10 de julio de 1876, fue el de Bonifacio Flores, de Valencia, miembro de la banda de música de Caracas. También se enterraron allí el mismo día, al general Guillermo Goiticoa, de Caracas, y a José Conrado Olivares, de Guayana, todos adultos.

     El 7 de febrero de 1877, se extendió hasta el Registro Público de esta capital, la escritura del terreno del cementerio, comprado a varias personas. Consta de 117 hectáreas y 6.818 metros siendo su importe de 2.400 venezolanos o sea 12.000 bolívares. El tesoro municipal erogó la suma.

     A petición de muchas personas de Caracas, el Concejo Municipal facultó el 12 de julio de 1877 al gobernador del Distrito Federal, para que hiciera abrir al público los cementerios que estaban clausurados desde el 10 de julio del año anterior; y aquél, que lo era entonces el general Rafael Carabaño, así lo ordenó por resolución del día siguiente, quedando el Cementerio General del Sur clausurado por entonces.

     Triunfante la Revolución llamada de la Reivindicación en febrero de 1879, vino de Europa el general Guzmán Blanco a ponerse a la cabeza de ella con el carácter de Supremo Director, y uno de sus primeros actos fue hacer poner en actividad nuevamente el Cementerio General del Sur y clausurar los otros, como se ve en la resolución del gobernador interino del Distrito Federal, doctor José María Manrique, de fecha 4 de marzo siguiente.

     El señor José Félix Blanco celebró con el gobernador del Distrito Federal el 20 de mayo de 1884, un contrato para establecer una Empresa Funeraria y Cerería estilo americana, y para la construcción de bóvedas subterráneas de mampostería o metal, pero no se llevó a cabo tal contrato.

     El 1 de agosto de 1887, el general Guzmán Blanco dictó un decreto mandando abrir una cortada en las colinas del Portachuelo de El Valle, para prolongar la calle Sur 5 y acortar la distancia al Cementerio General del Sur.

     Al fin de aquella cortada iría una capilla donde se rezarían los oficios a los difuntos. La Junta de Fomento de estos trabajos la compusieron los señores Guillermo Espino, Bonifacio Coronado Millán y Luis R. González y el ingeniero director Juan de Dios Monserrate, y fueron inspectores, el general Gregorio Cedeño Colón, primero, y después, David Montiel. Los trabajos de la cortada que nunca se llevó a cabo completamente, alcanzaron el valor de Bs. 241.348,77 y los de la Capilla Bs. 40.855,50. Esta última no se concluyó tampoco y fue demolida más después de 1893.

     El agua potable se condujo al cementerio por un contrato con el ingeniero Juan de Dios Monserrate, en 1888, pues los trabajos y el riego de los árboles y arbustos se hacían con el agua de una acequia del señor Guillermo Espino que corre cerca de allí.

Ampliación del cementerio

     El 15 de noviembre de 1889, se compró el segundo lote de terreno para ensanchar el cementerio. Su extensión alcanza 51.154 metros y su precio fue de Bs. 10.000, que pagó la nación. Esta escritura fue registrada en esta ciudad, hallándose inserta, como la del terreno primitivo, en la memoria que el gobernador del Distrito presentó al Congreso de 1899. Los linderos son los siguientes: El del primer terreno comprado en 1876, así: por el Norte, Sur y Oeste, las filas de los cerros, cuyas vertientes caen al terreno plano del Cementerio; y por el Este, la portada y paredones allí construidos.

     Los comprados en 1889, éstos: por el Norte, el cementerio general del Sur, camino llamado de la pica con terrenos de Antonio Pulido, Isidoro Obregón e Hipólito Molina; por el Naciente, terrenos del propio vendedor José de jesús González; y por el Poniente, la fila del cerro conocida con el nombre de Guarataro.

     Las primeras aceras del interior del cementerio se hicieron por un contrato entre Eloy Escobar Llamozas y el gobernador, trabajos que corrieron en 1890 por cuenta del Ministerio de Obras Públicas, costando Bs. 24.650.

     Por resolución de la Gobernación del Distrito Federal, de fecha 24 de septiembre de 1891, se nombró una Junta de Fomento para el cuido, mejora y conservación del cementerio, la cual la compusieron los señores Guillermo Espino, Luis R. González, Manuel Oramas y Guillermo Anderson.

 

     El 15 de diciembre de 1892 el señor A. M. Jelambi dirigió unas proposiciones al gobernador del Distrito Federal para empedrados monolíticos y aceras de concreto romano dentro del cementerio y principió los trabajos el 10 de febrero de 1893 y se suspendieron el 10 de noviembre siguiente, después de un gasto de Bs. 111.638,40.

     El boulevard que conduce de El Rincón de El Valle al cementerio, se hizo de 1893 a 1896, durante el gobierno del general Joaquín Crespo. Las aceras y camellón por varios encargados y contratistas y los árboles lo mismo.

     Los señores Enrique Fánger y Fernando Morales, formaron en 1893 una “Agencia Sepulcral”, para asear, cuidar y conservar las tumbas y para construir catafalcos en el cementerio, la cual duraría como ocho meses en actividad. 

     El señor Nicolás Arturo Díaz estableció en 1894 la Agencia “Cruces-marcas”, para las sepulturas. Después de muerto aquél, siguió su esposa en la misma agencia, hasta que muerta aquélla también, siguió el mismo negocio su hermano Manuel Camacho.

     El señor Adolfo Ruiz hizo un contrato por cinco años con el gobernador del Distrito el 11 de mayo de 1895, para construir bóvedas portátiles de concreto romano para sepultar en el cementerio General del Sur. El Concejo Municipal lo aprobó el 15 de julio siguiente, pero para principios de noviembre de 1898 terminó.

     El tranvía al cementerio que parte de la línea férrea de Caracas a El Valle, se inauguró a mediados de noviembre de 1895.

     El Concejo Municipal del Distrito Federal dictó otra Ordenanza sobre cementerios el 11 de julio de 1897 y derogó la del 3 de abril de 1876.

     El primer cuadro demográfico que se ha formado en Caracas fue del año 1897, que hizo el general Carlos Márquez García, siendo administrador del cementerio, por primera vez, cuadro que se insertó en el diario El Derecho, número 394, de 10 de enero de 1898. Además adelantó el trabajo de otros años anteriores para formar la demografía de Caracas desde 1876 en adelante.

El 5 de julio de 1876, se inauguró el cementerio en presencia del presidente de la República, general Antonio Guzmán Blanco

     El señor Julio Carrera hizo un contrato con el Concejo Municipal de Caracas para construir a su costa una capilla funeraria que llamaría “Cruz de María”, para depósito de restos humanos, la cual se levantaría frente al cementerio. A los veinte años pasaría a ser propiedad municipal. El contrato se firmó el 23 de junio de 1898, pero no se llevó a cabo.

     El gobernador del Distrito Federal, por resolución de 2 de noviembre de 1898, nombró una Junta administradora del cementerio, compuesta de los siguientes ciudadanos; Federico Alcalá, Miguel R. Ruiz, Pedro Pablo Azpúrua Huizi, Juan Bautista Egaña y Eduardo Montauban. Dicha junta fue eliminada el 10 de marzo de 1900, pero el tesorero Montauban había renunciado días antes y en su lugar estaba el señor Pablo S. Guerra. Esta junta hizo arreglar los registros de defunciones en forma estadística: reglamentó la construcción de bóvedas y fosas, construyó 13 aceras de concreto romano con 843 metros de longitud todas, como se ve del informe que pasó el 12 de noviembre de 1899, que corre inserto en la Gaceta Oficial número 7.785 del 24 del mismo mes y año.

     Los entierros se efectúan en Caracas en carros fúnebres desde 1868, y todavía muchos acostumbran hacerlo en lo que llaman Andas y a la mano de párvulos.

     El servicio se hace desde hace más de 40 años por “Agencias Funerarias” montadas al estilo moderno y más adelantado. También el “Tributo a los Pobres”, asociación benéfica fundada el 1° de junio de 1880, ha prestado y presta sus valiosos servicios a la parte desvalida.

     El precio por metro cuadrado de terreno a perpetuidad que se le dio por decreto del general Guzmán Blanco, el 3 de julio de 1876, fue de diez venezolanos, y dos venezolanos por derecho de sepultura.

     El gobernador del Distrito Federal, general Emilio Fernández, por resolución de 10 de marzo de 1900, dividió el terreno del cementerio en seis cuadros o cuarteles, fijando los siguientes precios 

  •          cuartel……………… 60 bolívares
  •          cuartel……………… 50 bolívares
  •          cuartel……………… 40 bolívares
  •          cuartel……………… 30 bolívares
  •          cuartel……………… 20 bolívares
  •          cuartel……………… 10 bolívares
El Cementerio el Día de los Difuntos

     El 18 de junio de 1904, el gobernador del Distrito Federal, general Ramón Tello Mendoza, dictó una ordenanza para el Cementerio General del Sur en ciertos puntos.

     Los artículos 27 y 28 de aquella ordenanza dicen así:
     Art. 27. El Cementerio General se divide en seis cuerpos o cuarteles de ciento cincuenta metros lineales de longitud, por el ancho que actualmente tienen, y sus valores son los siguientes:

  • Primer cuerpo o cuartel del centro, de derecha a izquierda, cincuenta bolívares (Bs. 50), el metro cuadrado.
  • Segundo cuerpo o cuartel, en la misma forma, cuarenta bolívares (Bs. 40).
  • Tercer cuerpo o cuartel , treinta y cinco bolívares (Bs. 35).
  • Cuarto cuerpo o cuartel , treinta bolívares (Bs. 30).
  • Quinto cuerpo o cuartel , diez y seis bolívares (Bs. 16).
  • Sexto cuerpo o cuartel, ocho bolívares (Bs. 8).

Art. 28. El nuevo ensanche del Cementerio General, según el plano levantado por el Ingeniero Municipal, se divide en la forma que sigue:

  • Primer cuerpo o cuartel, situado en frente del edificio, de Norte a Sur, que corresponde a primer cuerpo o cuartel central, cincuenta bolívares (Bs. 50) el metro cuadrado.
  • Segundo cuerpo o cuartel, en la misma situación, y que corresponde al segundo cuerpo central, cuarenta bolívares (Bs. 40)
  • Tercer cuerpo o cuartel, en igual situación a los anteriores, que corresponde también al tercero del central, treinta y cinco bolívares (Bs. 35).
  • El cuarto cuerpo o cuartel, se considera por su situación topográfica, como un cuerpo o cuartel “Especial” y su valor es de ocho bolívares (Bs 8).

     El 21 de junio de 1904, el mismo gobernador, general Ramón Tello Mendoza, dictó una resolución nombrando una Junta de Fomento, para que corriera con la administración del Cementerio, compuesta aquella del mismo gobernador como presidente, de Federico Alcalá como primer vicepresidente, de P. P. Azpúrua Huizi como segundo vicepresidente, y de Alcides Ayala como tesorero.

     El Artículo de aquella Resolución dice así:

     5° El Administrador General de rentas Municipales llevará en cuenta, por separado, el producto de los ingresos del cementerio, tales como “Terrenos a perpetuidad”, “Derechos de inhumación”, “Derechos de bóvedas”, etc., etc., para con ellos atender, la expresada Junta, a los gastos de empleados y de Fomento y Ornato de la Necrópolis.

     El 4 de julio del mismo 1904 se instaló aquella Junta, entrando en lugar del señor Azpúrua, que se encontraba enfermo, el señor Tomás Reina, y aquella Junta ha mantenido en el mayor aseo el cementerio y atendido debidamente a sus obligaciones.

     El valor de los monumentos, estatuas, capillas, mausoleos, túmulos y demás objetos de arte, colocados en el Cementerio General del Sur, montan a más de 4.000.000 de bolívares, fuera del costo de él, que no bajará de otro millón de bolívares como hemos visto.

  •      Actualmente existen en Caracas las marmolerías siguientes:
    Emilio Aagaard, lapidario
    Eusebio Chellini, fabricante de piedra artificial
    Julio Roversi, comerciante en estatuas, túmulos, monumentos, etc., para cementerios
    E. Marré y Ca., ídem, ídem, ídem.
    E. Gariboldi, ídem, ídem, ídem y fabricante de ellos.
    Francisco Pigna, marmolista

     Los mejores monumentos que hay en el cementerio han sido traídos de Italia y de otras naciones de Europa.

FUENTES CONSULTADAS

  • Landaeta Rosales, Manuel. Los Cementerios de Venezuela desde 1567 hasta 1906: Tipografía Herrera Irigoyen, 1906

El Palacio de Misia Jacinta

El Palacio de Misia Jacinta

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El Palacio de Misia Jacinta

     El terreno, comprado en 1833 por Petronila Madrid en 500 pesos, fue adquirido por Joaquín Crespo en 1884 por Bs. 36.000. Años más tarde, en 1911, el Palacio de Miraflores fue obtenido por medio millón de bolívares en una subasta pública por el gobierno del general Juan Vicente  Gómez. Cipriano Castro fue el primer presidente que habitó y despachó desde Miraflores 

     La primera centuria de vida republicana no contaba con una residencia presidencial, propiamente dicha. El primer presidente de Venezuela, José Antonio Páez, despachaba en la vieja casona de “La Viñeta”. El presidente José María Vargas tuvo sus oficinas de trabajo en una casa alquilada, próxima a la esquina de Camejo. En la ya desaparecida Plaza de San Pablo, José Tadeo Monagas, en casa adquirida por él mismo, ejercía sus funciones presidenciales. Antonio Guzmán Blanco dividía su quehacer gubernamental entre su casa caraqueña y su residencia de descanso, en Antímano. Desde Juan Pablo Rojas Paúl hasta Cipriano Castro, el despacho del Jefe del Estado se ubicó en la Casa Amarilla, frente a la Plaza Bolívar, la cual, a decir del propio Rojas Paul, no era lo suficientemente digna para un primer magistrado, encontrándose “harto puerca”. El general Cipriano Castro fue el primer mandatario que utilizó el Palacio de Miraflores como residencia presidencial.

Foto postal Palacio Miraflores

Una casa familiar para Crespo

     Queriendo perpetuar uno de sus hechos de guerra, el general Joaquín Crespo construyó en el sector de Caño Amarillo una vieja casona denominada “Santa Inés”. No contento con ella e instado por doña Jacinta, Crespo pensó construir un palacio en “La Trilla”, hermoso lugar ubicado en un pequeño montículo frente a El Calvario.

     Según consta en los archivos públicos de Caracas, la finca “La Trilla” pertenecía en 1833 a Petronila Madrid. Años más tarde, pasaba a poder de Manuel Pompa y Encarnación Magallanes. En 1843 Jahn y Wassmann, negociantes en compra-venta de lotes de terrenos, compran “La Trilla” para asiento de una empresa de maquinaria y fundición. En el año 1882, Ernesto Stein adquirió el lote y dos años después se lo vendió a Joaquín Crespo, quien inició la construcción allí de su residencia particular. Los terrenos que habían costado a Petronila Madrid la suma de 500 pesos, eran pagados por Crespo en Bs. 36.000.

     En el mismo año de 1884 se iniciaron los trabajos de construcción del Palacio de Miraflores, bajo la dirección del constructor italiano Giuseppe Orsi de Mombello. Las obras fueron suspendidas por algunos años y continuadas por el arquitecto catalán Juan Bautista Sales, quien contrató a tallistas, escultores, decoradores y maestros de obra para elaborar finas piezas destinadas a la decoración del Palacio. El ingeniero Juan Hurtado Manrique, junto con el pintor español Julián Oñate, tuvieron mucho que ver con la decoración inicial del imperio francés que se le quiso dar a la mansión. Para fines de siglo, ya el Palacio estaba concluido. “La célebre revista caraqueña, El Cojo Ilustrado, en su edición del primero de junio de 1899, consideró entonces a esta casa “como el edificio más vasto, costoso y magnífico fabricado en el país para residencia privada”.

     Muchas de las obras de arte serían más tarde despojadas de galones y muros, convirtiéndose Miraflores en un adefesio interior en el que no predominaba estilo alguno. Muchos de los muebles, enterrados en el sótano, fueron devueltos a la luz por Helenita Chapellín y rescatados para la actual casa presidencial de “La Casona”.

     Asesinado Crespo, Misia Jacinta Parejo, pasó a ocupar la casa en la que nunca había habitado su marido, pero numerosos líos le llevaron a rematar el entonces suntuoso palacio.

     Así, el 13 de mayo de 1911, el general Félix Galavís obtuvo el inmueble llamado Miraflores, por la suma de quinientos mil bolívares. El remate de la casa se efectuó ante el Juzgado de Primera Instancia en lo civil y en el juicio seguido por el general Vicente S. Mestre contra la sucesión del general Joaquín Crespo.

     Castro anduvo tras de Misia Jacinta para que le alquilara el Palacio, ilusionado con la noticia de que dentro de la mansión se había construido una habitación antisísmica, en la cual él podría dormir tranquilo, sin recurrir a carreras o lanzamientos desde ventanales, como le ocurrió durante el terremoto de 1900, cuando se lanzó desde uno de los balcones de la Casa Amarilla, lujándose un pie.

     Fue el propio hijo de Crespo, Gonzalo, quien era coronel y edecán de la presidencia, quien le contó a Castro las bondades de Miraflores.

     Pero la demanda de Mestre mató los ensueños de Castro. La demanda se basaba en un pedimento de Br. 111.000 o la restitución de la obra inédita “Proyecto de Código Militar”, escrita a mano en siete volúmenes. La demanda culminó, con el remate. Castro habitó muy poco tiempo en Miraflores.

     Fue el propio Castro quien propuso a la nación la compra del inmueble, la cual sólo se pudo realizar en el año 1911, cuando Juan Vicente Gómez comunicara oficialmente al Congreso Nacional que “la Casa de Miraflores quedaba como de propiedad nacional, destinada a la residencia de los Presidentes de la República”. Gómez la compró a Galavís por la misma suma que este pagó en el remate: medio millón

Cipriano Castro fue el primer presidente que habitó y despachó desde Miraflores

Los despachos en Miraflores

     Antes de pertenecer al patrimonio nacional, despachó en Miraflores el general Cipriano Castro ̶ después del terremoto de 1900 ̶ y luego el general Juan Vicente Gómez, cuando éste quedaba encargado de la presidencia.

     En la madrugada del 22 de junio de 1923, en una de las piezas de la galería situada al este del edificio, fue asesinado de 7 puñaladas, el general Juan Crisóstomo Gómez, hermano del presidente de la República.

     El hecho se consumó en el propio lecho de la víctima y la reacción del Mandatario fue feroz, desatándose en el interior del Palacio de Miraflores sanguinarias venganzas en las personas de la servidumbre y encarcelamientos de personas enemigas del régimen, entre ellas, el poeta Francisco Pimentel “Job Pim” y el caricaturista Leoncio Martínez “Leo”. Hasta los años cincuenta, existían aún los sótanos en donde se torturaba y encadenaba a los prisioneros.

     Muy cerca de ellos se encontraba la hemeroteca, con prodigiosa colección de periódicos, la cual, es muy poco visitada, dadas las medidas de seguridad que son tomadas dentro del Palacio de Miraflores.

     De 1911 en adelante, ya convertida la mansión en Despacho Presidencial, actuaron en ella los presidentes Juan Vicente Gómez, Victorino Márquez Bustillos, Juan Bautista Pérez, Eleazar López Contreras, Isaías Medina Angarita, Rómulo Betancourt, Rómulo Gallegos, Carlos Delgado Chalbaud, Germán Suárez Flamerich, Marcos Pérez Jiménez, el propio Betancourt nuevamente, Raúl Leoni, Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera Campíns, Jaime Lusinchi, Pérez otra vez, Ramón J. Velásquez,  Caldera de nuevo, y Hugo Chávez  y el actual presidente Nicolás Maduro.

     El contralmirante Wolfgang Larrazábal y el doctor Edgar Sanabria, actuaron en el Palacio Blanco, construido al frente de Miraflores.

Los sucesos en Miraflores

     Durante el gobierno gomecista y a raíz del asesinato del hermano del presidente, Miraflores fue escenario de no pocos crímenes y torturas.

     El 18 de octubre de 1945, al caer el gobierno presidido por el general Isaías Medina Angarita, se instaló en Miraflores la Junta Revolucionaria de Gobierno que presidió Rómulo Betancourt.

     El 24 de noviembre de 1948, el movimiento subversivo que derrocó al presidente constitucional Rómulo Gallegos tuvo su epílogo en Miraflores, al instalarse en el Palacio la Junta Militar, bajo la presidencia de Carlos Delgado Chalbaud, e igual cosa sucedió a raíz de su muerte (1950), cuando se reformó la Junta, bajo la presidencia del doctor Germán Suárez Flamerich.

     Años más tarde, en 1992, una intentona golpista, dirigida por el teniente coronel Hugo Chávez, asaltó violentamente al Palacio, pretendiendo derrocar al entonces presidente Carlos Andrés Pérez.

     Los sucesos del movimiento del 23 de enero de 1958, que derribó del poder al general Marcos Pérez Jiménez, se escenificaron en el Palacio Blanco.

Palacio de Miraflores

Miraflores por dentro

     Durante el gobierno de Pérez Jiménez se quiso convertir a Miraflores en una casa de estilo colonial. De esta forma se hicieron desaparecer los mosaicos de los pisos con el monograma de Joaquín Crespo, gran parte del artesonado de los techos, los medallones de los dueños de la mansión que estaban en la parte alta de las columnas de los corredores del jardín, los nombres de las batallas ganadas por el caudillo liberal, los cuadros del pintor Arturo Michelena y otros detalles originales. De esta forma, Miraflores se convirtió en una mezcolanza rara de estilos.

     Queda su entrada, el Salón llamado de los Espejos, el del Sol del Perú, el Salón Boyacá y el Salón del Despacho Presidencial. Tanto al este como al oeste, se hallan dos galerías en la primera de las cuales funcionan las oficinas de la Casa Militar de Palacio y en la otra, al oeste, las oficinas de la Secretaría General de la Presidencia. Mediante la supresión del cuartel “Motoblindado” que existiera en la parte norte del Palacio, se han construido locales modernos para Salón de Consejo de Ministros, Oficina de Prensa y otras dependencias.

     Aún perduran algunas manifestaciones del estilo Imperio francés, tales como lámparas de cristal colgantes, cuatro estatuas de los dioses de la mitología griega y algunas alegorías artísticas.

     Se conservan además varias obras de arte, entre ellas cuadros de Tito Salas, de Martín Tovar y Tovar y de Arturo Michelena, alusivos a acontecimientos históricos.

     En la planta baja, a la derecha de la entrada de la parte sureste, está una pequeña y artística capilla para el culto católico, provista de todo lo necesario y antecedida por el Salón llamado de Embajadores

No se puede ver ni fotografiar

     Actualmente, por medidas de seguridad, el Palacio de Miraflores está considerado como “Casa Militar”, por lo tanto sus dependencias íntimas no se pueden fotografiar, ni visitar. Tampoco es posible tomar gráficas de sus patios, salones y corredores, sin previo permiso de los altos mandos militares.

     Hay un segundo piso en Miraflores que muy pocas personas conocen. Es la suite presidencial con una hermosa terraza y un jardín estilo japonés. Pocos presidentes han dormido en esta suite, ya que la mayoría de ellos han preferido vivir fuera del Palacio de Miraflores.

     Después del atentado al presidente Rómulo Betancourt, en 1960, éste permaneció varios días en Miraflores reponiéndose de las heridas. También Gonzalo Barrios, durante su suplencia a Leoni, durmió en la suite Presidencial. Otros presidentes como Jaime Lusinchi y Hugo Chávez disfrutaron esta alcoba. Dicen que Nicolás Maduro también habita ese aposento.

     En Miraflores se han ofrecido elegantes recepciones y fiestas señoriales, pero estas han escaseado en los últimos tiempos.

     Miraflores mantiene su antiguo esplendor. Continúa sirviendo para funciones oficiales.

     Guarda este palacio de Misia Jacinta, como muchos lo llaman, un mundo de leyendas misteriosas, entre las cuales figura la existencia de un túnel hasta Caño Amarillo, construido por Crespo. Dicen que en las noches se oyen lamentos en los sótanos y risas en los corredores. Afirman muchos, haber visto fantasmas y escuchado ruidos tenebrosos, hacia la medianoche.

     Nadie puede hoy comprobar esto. En Miraflores nunca se habla de Miraflores, ni se descorre el telón de su misterio. Ya en Miraflores no se ofrecen datos sobre su vida, ni se permite tomar fotografías. Miraflores se está convirtiendo en una Esfinge.

FUENTES CONSULTADAS

  • Catálogo del Boletín del Archivo Histórico de Miraflores. Caracas, 1982
  • El Palacio de Miraflores. El Nacional. Caracas, 3 de marzo de 1967; Pág. D-10
  • Palacio de Miraflores: historia y curiosidades. El Heraldo. Caracas, 27 de abril de 1956

El Nazareno de San Pablo y la soledad de San Francisco

El Nazareno de San Pablo y la soledad de San Francisco

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El Nazareno de San Pablo y la soledad de San Francisco

     De las añejas y generosas conmemoraciones religiosas coloniales apenas sobreviven las que el pueblo le dedica al Nazareno de San Pablo y a la virgen de la Soledad del templo de San Francisco, ambas despiertan un gran fervor entre los caraqueños.

     El historiador Mario Briceño-Iragorry afirma que el tradicionalismo religioso de la capital ha quedado reducido a la devoción entusiasta e ingenua que hasta los “incrédulos” rinden al viejo Nazareno de San Pablo y a la Soledad de San Francisco, en los días Miércoles y Viernes de la Semana Mayor.

El Nazareno

 

     El primero recibió culto en la antigua iglesia de San Pablo Ermitaño, destruida por orden del presidente de la República, general Antonio Guzmán Blanco, para edificar en su lugar el Teatro que llevaba su nombre, posteriormente llamado Municipal. Divulgóse la leyenda de que la noche de la inauguración de éste, el Ilustre Americano sintió interrumpido su sueño por suaves toques al balcón del dormitorio presidencial. Puesto de pies, se dirigió a abrir las alas de aquél, y con asombro y terror hallóse ante el doliente Nazareno que le preguntaba: “¿Qué hiciste de mi templo?”. Consecuencia de este encuentro fue la inmediata edificación, en la esquina del viejo Oratorio de San Felipe Neri, del hermoso templo de Santa Ana y Santa Teresa, con que quiso honrar a las santas cuyos nombres llevaba con orgullo Doña Ana Teresa Ibarra de Guzmán Blanco, su esposa. Desde entonces reposa en ese templo, con su cruz a cuestas, el venerado Nazareno.

     En una de las capillas de la basílica se venera la secular imagen del Nazareno, motivo de espectaculares cultos el Miércoles Santo y objeto de veneración muy especial de parte de la Cofradía de Nuestra Señora del Carmen y Jesús Nazareno, fundada en 1666, en virtud de patente otorgada por el Provincial del Convento de Carmelitas descalzos de la Provincia de Nueva España, con aprobación del Ilustrísimo Obispo de Caracas Fray Alonso Briceño. Tenía obligación esta cofradía, además del culto y procesión de la Semana Mayor, de dedicarle fiesta solemne el día 4 de mayo.

La Soledad

     La Soledad es centro del señaladísimo culto en la iglesia del antiguo Convento de Religiosos del Orden de San Francisco (Hoy Iglesia de San Francisco). La hermosa imagen que tanto venera el pueblo de Caracas, fue adquirida el año 1654, por el piadoso hacendado de Naiguatá, Don Juan del Corro, quien prometió ofrendarla con motivo de grave enfermedad de su esposa Doña Felipa de Ponte y Villena. Cuéntase que la nave que traía la imagen naufragó en el Caribe y que la caja llegó por sí sola a las playas de Naiguatá, donde posteriormente fue reconocida por el armador Don Sancho de Paredes. El cabello que luce es la propia cabellera de Doña Felipa. Esta imagen es copia de la famosa Soledad del convento madrileño de La Victoria, el cual fue destruido durante la rebelión de 1936. Pedro de Répide, cronista de Madrid, hizo hacer una réplica de la imagen de San Francisco para ser llevada a España.

Hermosa imagen de las Virgen de la Soledad, venerada por el pueblo de Caracas

Miércoles y Viernes Santos

     De las antiguas y espléndidas conmemoraciones coloniales, apenas sobreviven las que el pueblo  dedica a estas viejas devociones, mantenidas con fervoroso respeto a través de todas las inquietudes de la ciudad. Miércoles y Viernes Santos son días en que se vuelca la vieja conciencia religiosa del pueblo, y grandes y pequeños, crédulos e “incrédulos”, se encaminan a Santa Teresa y a San Francisco para quemar candelas y dirigir oraciones a las imágenes amadas. Laurel, romero, manzanilla y aroma, son ofrecidos, con estampas y escapularios, por los “rameros” y “santeros” que hacen lonja de las puertas sagradas, como en los propios días de la Colonia. En el primero, ponen su nota violácea los penitentes, vestidos de la hopa nazarena, que en años pasados fue atavío exhibido aun por encumbrados señores, a quienes hiciera algún milagro la venerada imagen. (Se recuerda haber salido “de Nazareno” en Miércoles Santo, el ilustre médico Dr. Guillermo Michelena, después de abjuradas sus viejas ideas heréticas). De la Soledad se hace procesión, con el Sepulcro, en la tarde del Viernes Santo.

     Han decaído las vistosas fiestas patronales de las Parroquias y las que prometió celebrar ad perpetuam el propio Municipio, para recuerdo de una epidemia o de un terremoto. Las fiestas de tabla han perdido también su antiguo apogeo; apenas el viejo Nazareno de San Pablo y la primorosa Soledad de San Francisco mantienen el lazo que nos une con la liturgia colonial. Ante dichas imágenes, la propia fe individual, sintiéndose añeja de siglos y ancha de contornos, comprende el valor de la tradición que perfila el carácter y da distinción a los pueblos.

     Nazareno y Soledad son valores que mantienen el relieve de una historia que hoy intentan adulterar modas extrañas e intereses disolventes.

     Pareciese que hubiese empeño por arrancar de cuajo el sabor de la tradición donde toman alimento las raíces de la Patria, del mismo modo como el progreso del asfalto y del concreto desgarró ayer el viejo limonero del Señor, cantando y perpetuado por la musa egregia de Andrés Eloy Blanco. 

La Sampablera

     También quedó para la posteridad, debido a un hecho político que se suscitó en 1859, en la plaza adyacente a la ermita que resguardaba la figura del Nazareno, el término Sampablera, expresión que ha pasado a constituir un venezolanismo aplicado a situaciones que se caracterizan por la confusión y el desorden. 

Plaza y ermita de San Pablo El Ermitaño
En la basílica de Santa Teresa reposa, con su cruz a cuestas, el venerado Nazareno de San Pablo
De la iglesia de San Francisco sale en procesión la Virgen de Soledad, la tarde de cada Viernes Santo

FUENTES CONSULTADAS

  • Briceño-Iragorry, Mario. El Nazareno y la Soledad. Crónica de Caracas. Febrero-Marzo 1951 Nos 2 y 3.

  • El Nazareno de San Pablo. El Heraldo. Caracas, 20 de abril de 1951.

  • La Virgen de la Soledad. La Esfera. Caracas, 11 de abril de 1947.

Invasiones contra Gómez

Invasiones contra Gómez

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Invasiones contra Gómez

El general Juan Vicente Gómez se mantuvo en el poder, bajo una férrea dictadura, durante 27 años (1908-1935)

     Entre 1929 y 1931, un grupo de venezolanos se apoderó de tres barcos: uno alemán y dos norteamericanos. El “Falke”, el “Maracaibo” y el “Superior”. Los 3 vinieron con gente dispuesta a derrocar al general Ju¬an Vicente Gómez, dictador que gobernaba a Venezuela por aquella época

     La más espectacular del siglo. Romántica. Única. ¬La aventura del “Santa María” recibe muchos epítetos más. El capitán Enrique Galvao vuelve a recordar a los arrojados portugueses de la época de los descubrimientos: Vasco de Gama, Fernando de Magallanes.
Sobre el “Santa María” se han despachado millares de cables. Los gobiernos de todos los países occidentales han discutido el asunto. Los pormenores son apasionantes.

     De todas maneras, la toma de naves fue costumbre de otro tiempo, cuando la piratería era un negocio protegido por algunos Estados.

     El caso más famoso es la rebelión del Bounty. El buque inglés al mando de Guillermo Blight, recibió la orden de trasladarse a Tahití para recoger semillas del árbol del pan con el fin de aclimatar dicha planta en las Indias Occidentales. Pero Blight era un tirano. La tripulación se amotinó y el 28 de abril de 1787 nombró capitán al contramaestre Fletche Christian. Blight y 18 de sus marineros fueron abandonados en un bote, y medio muriéndose de hambre, debieron navegar más de 5 mil kilómetros para llegar a tierra habitada por blancos.

    Los amotinados del Bounty llegaron a Tahití y se dividieron en dos grupos: el primero fue ahorcado por los ingleses, después de haber sido apresados; el segundo se marchó a una isla deshabitada, junto a varios indígenas. La historia inspiró a Lord Byron “The Island”, y en este siglo, a Nordhoff y Hall para “Motín a bordo”, llevada al cine con Clark Gable y Charles Laughton, premiada por la Academia de Artes y Ciencias de Hollywood en 1935.

Curazao y Urbina

     Pero volvamos a Venezuela y retrocedamos a 1929, un año violento. Como si la efervescencia estudiantil fuera poca, los militares también conspiraban contra Juan Vicente Gómez. Es el año de la toma de 2 barcos: “Maracaibo” y el “Falke”. El primero fue tomado el 9 de junio en Curazao, después que un grupo de venezolanos se refugió en esa colonia holandesa. El segundo vino de Alemania y después de la aventura que terminó en agosto en Cumaná, hubo un proceso sonadísimo por el rapto de la tripulación.

     La toma del “Maracaibo” no tiene un solo líder. Gustavo Machado dice haber concebido el plan, pero Rafael Simón Urbina, que cayó acribillado en noviembre de 1950, después de matar al presidente de la República, Carlos Delgado Chalbaud, alegaba toda la gloria para sí. Dos años después, en 1931, se tomaría un nuevo barco, el “Superior”, viniendo de Veracruz. En su libro “Victoria, Dolor y Tragedia” dice: “El mismo Machado, quien después en el extranjero, aparece llamándose director del movimiento, fue insinuado por Urbina para Jefe del Estado Mayor y respondió que él no servía para eso y se negó”.

La tercera toma de barcos por parte de venezolanos en este siglo, la realizó Rafael Simón Urbina en 1931

     Urbina había estado preso en Curazao y el año siguiente, cuando la toma de puerto de abastecimiento, lo hizo vengarse de los malos tratos. Había ido a Panamá, pero volvió para esa fecha. El plan estaba elaborado. Ramón Torres logró conseguir 50 machetes, 2 hachas y 2 revólveres. Para que los voluntarios no llamaran la atención, fueron llevados en grupo como si asistieran a un bautizo. Después de la arenga vino el reparto de armas y se formaron tres grupos. En el primero iban Ramón Torres, Gustavo Tejera y Gustavo Machado. Los 27 hombres debían apresar a los guardias del fuerte; el segundo grupo de 8 hombres al mando de Redondo y Marín, en la planta baja, debían apagar todas las luces del fuerte; Urbina y 4 revolucionarios iban a encargarse de la parte alta donde se hallaba el comandante y sus oficiales. A las 7 de la noche entraron en camiones al fuerte. Sorpresa. Tiros. Corto combate. Dominación. Pánico en la isla. Otros venezolanos que trabajaban allí se sumaron a los insurgentes. 300 en total. Los hombres de la fortaleza entregaron 300 fusiles, 2 ametralladoras, 2 mil cartuchos de guerra y 150 mil de fogueo.

 

Rumbo a falcón en el “Maracaibo”

     Entre los estudiantes que se presentaron estaban Gustavo Ponte, Pablo González Méndez, Guillermo Prince Lara, José Tomás Jiménez Arraiz y Miguel Otero Silva.

     El próximo paso fue tomar preso al gobernador Fruyter. El capitán Correr, el Tigre de Amsterdam, por sus horrendas carnicerías en Indonesia, ya se había entregado.

     Ahora faltaba el barco. En Aruba esperan otros descontentos que serán recogidos. En la bahía de Curazao esperaban 6 naves. Los revolucionarios le dieron órdenes al gobernador. A las 12 de la noche estaban camino al muelle.

     El “Maracaibo” fue elegido porque aún tenía las calderas al punto. Acababa de llegar de La Guaira. Machado y Urbina discutían. Pero todo fue mejor de lo que esperaban. A bordo del “Maracaibo” no había tripulación. Solo los oficiales esperaban una orden escrita por las autoridades de la isla para obedecer.

     La tripulación la formaban 150 venezolanos. Fruyter, Correr y algunos militares eran los prisioneros. La multitud que se quedaba los despedía con pañuelos blancos. A las 3 de la mañana ya estaban rumbo a Falcón. Y siguieron las sorpresas. El gobernador y el militar le dijeron al práctico que lo hiciera encallar. Sorprendido, la amenaza de ser fusilados, dejó el proyecto en nada.

     A 3 millas de la vela de Coro fue el desembarco. Comenzó pronto la batalla en tierra. El “Maracaibo” volvió con los prisioneros hacia Curazao y los enemigos de Gómez, después de matar al General Gabriel Laclé, con sus balas a fogueo, perdieron gente y posibilidades. Vino la fuga. La persecución, mientras la prensa extranjera calificaba la aventura de “una hazaña digna de los bucaneros de los siglos XVI y XVII”.

Golpe planeado en París

     Cambiemos de escenario. El general Román Delgado Chalbaud, mientras Urbina y los estudiantes perdían en Falcón, conspiraba en Paris. El cazurro Juan Vicente tenía sus espías donde quiera que hubiera opositores suyos, pero julio es el verano en Europa. Embajadores y policías venezolanos se iban a las playas. Delgado Chalbaud aprovechó los días. El coronel Samuel McGill lo puso en contacto con Kramarsky, socio de la firma Félix Prelau & Co. de Hamburgo, y los banqueros judíos suplieron los fondos necesarios para organizar la primera expedición: la del “Falke”.

     Delgado Chalbaud, que iría al frente de ésta, hipotecó sus pertenencias y las de otros venezolanos residentes en Paris. Con esos fondos compró 2 mil fusiles máuser calibre 8 mm, 2 millones de cartuchos en peines de 5 tiros; 25 carabinas de caballería; 25 pistolas Parabellum alemanas con 20 mil cartuchos, mil cartucheras y 6 ametralladoras. Cuando ya estaba por partir supo la noticia del nombramiento del general Emilio Fernández como Presidente del Estado Sucre. Era un tropezón para sus planes de desembarcar en Cumaná. Pero la suerte ya estaba echada. Después saldría una segunda expedición con mercenarios alemanes. El general Régulo Olivares sería el Jefe de Operaciones de Occidente. El primer grupo, después de largas reuniones en la Ciudad Luz, fue tomando trenes para abordar el “Falke”.

     La historia del secuestro de la tripulación la contó en Puerto España en agosto de 1929, el contramaestre del “Falke”. Delgado Chalbaud desembarcó a destiempo. El contingente de Pedro Elías Aristeguieta no llegó a tiempo y lo arruinó todo. Ambos caudillos murieron en la refriega de Cumaná.

     ¿Cuál había sido el papel del “Falke”?

La tripulación secuestrada

     En Hamburgo el proceso fue gigantesco. Se trataba nada menos que del secuestro de una tripulación. La explicación la da el contramaestre Karl Gietz, declarando al Almirantazgo:

     “A las 9 de la noche del día martes 9 de julio, el “Falke” salió de Hamburgo, Alemania, con destino a Dantzig, en el Báltico, pero no llegó allí sino a 30 millas, a Gdingen, donde esperó cargamento, el día 17 de julio éste llegó y cargadores de muelle polacos lo subieron a bordo. La tripulación descubrió que se trataba de armas y municiones. Se lo preguntaron al capitán porque no estaban en tiempos de guerra”. El capitán Zipplit replicó: “Esas no son cuentas de ustedes. Todo este cargamento está perfectamente en orden, según las declaraciones de aduanas”. El 19 de julio dos dueños del barco contestaron algo parecido a los marineros y que debían conducirlo a un puerto de Surámerica.

     Los marineros tenían recelo: el cargamento era peligroso. El capitán prometió doble paga y 500 marcos extras en bonos cuando el barco hubiese cumplido el viaje: “Esto no es peligroso, muchachos ̶̶ le advirtió ̶̶ . Tan pronto como lleguemos la gente vendrá por el cargamento y se mostrará muy contenta en recibirlo”.

     Antes de salir de Gdingen 22 hombres subieron al “Falke” como pasajeros. Cuando el buque ya estaba a la salida del canal inglés, esos pasajeros izaron la bandera venezolana en el palo mayor y se vistieron de uniforme.

     El contralmirante Kierl cuenta esto:

 ̶     Un día y vio al capitán Zipplit de pie en el comedor, llevando en la mano izquierda una bandera, mientras la derecha señalaba hacia arriba con los dedos del medio extendidos. Una carabina de caza pendía de sus hombros y una espada colgaba de su cinto. No pude entender qué habló en español, pero vi claramente que se trataba de una ceremonia.

      Después le dijo a la tripulación:

 ̶̶      Ustedes están locos si de ahora en adelante no me obedecen.
Durante 7 días los tuvo limpiando rifles.

Pedro Elías Aristeguieta, uno de los encargados del ataque por vía terrestre a Cumaná, cae muerto en Carúpano, el 27 de agosto de 1929

El “falke” llega a Cumaná

     Dos días antes de llegar a Cumaná los venezolanos hicieron que la tripulación sacara al pasadizo del puente 34 cajas de 45 rifles cada una. La noche antes de llegar a Cumaná el capitán llamó al contralmirante y le ordenó que montase una ametralladora en el castillete de proa.

     Mientras para la tripulación todo era misterioso, los venezolanos se disponían a tomar Cumaná y quitarle el gobierno a Gómez. El barco alemán se detuvo a 3 horas del puerto oriental. Unas 15 gabarras, llevando a unos 500 hombres, se acercaron entonces a recibir rifles y municiones. Unos 120 subieron a bordo pidiéndole al capitán que les diera de comer. A la mañana siguiente el barco llegó a Cumaná. El capitán les ordenó bajar. La tripulación se negó. Fueron intimidados con revólver. El contramaestre permaneció a bordo porque alegó que su puesto estaba allí. El barco siguió hasta casi 200 yardas de la playa. En tierra muy pronto y muy cerca las descargas eran cerradas. Veinte minutos después volvió el primer bote. La gente comenzó a llegar por grupos con heridos. El barco zarpó. En Puerto España, donde la tripulación amotinada se negó a seguir bajo las órdenes de Zipplit, terminó la historia del contramaestre: “Tan pronto como salimos del puerto, el capitán nos ordenó tirar al mar el resto del cargamento que no se había repartido. Tiramos al agua cerca de mil rifles y 1.500 cajas de municiones y salimos para Granada. Los dueños del barco son Félix Prelau & Co. De Hamburgo y el navío está registrado en Altona, Hamburgo.

Urbina viene de México

     La tercera toma de barcos por parte de venezolanos en este siglo, la realizó Rafael Simón Urbina en 1931. Sus ajetreos comienzan a mediados de abril en la capital mexicana, haciéndose pasar por Carlos Martínez. Su lugarteniente es el zuliano Isidro Muñoz. En julio cae preso por 2 días. Pero en ese tiempo las relaciones diplomáticas entre México y Venezuela estaban rotas. Urbina, después de pagar mil pesos de multa, puso salir en libertad y seguir contando su historia. Según ella, él era el representante de una poderosa compañía cauchera de Yucatán. Comenzó a reunir gente y planeó tomarse el “Superior” en alta mar. Comenzó a entenderse como un gran señor con los agentes navieros. Se consiguió 30 mexicanos y a los que no podía engañar con su historia, les decía que la revolución tenía muchos financiadores. Urbina, como buen golpista profesional, cuidaba los detalles. Mandó llamar a Nueva York a un italiano para que se hiciera cargo de la nave cuando llegara la hora. Pero el “Superior” demoraba. Debía zarpar el 26 de septiembre: demoró 5 días. Los mexicanos enganchados eran 300 más en ese lapso solo se quedaron 137. Ya en alta mar intimidaron al capitán y sus oficiales. Carotti se hizo cargo de la ruta y “las herramientas” embarcadas para la explotación cauchera, fueron sacadas a cubierta. El rumbo era Falcón, pero había otra orden secreta de desembarcar más allá de Paraguaná. La toma del “Superior” había sido el día 2 de octubre a la 1 de la tarde. Urbina siempre bajo su seudónimo le dijo a los mexicanos: ̶̶ Esta es la última vez que almorzaremos de pie.

     Y después de oír los 3 pitazos comenzó la operación. El capitán Prevé se encargó del capitán del “Superior”: el capitán Campos y el coronel Julio Ramón Hernández, de las máquinas; Cano y varios hombres cuidaron la proa, y el coronel Ojendis, la popa. Los ayudantes se dedicaron a comer en primera clase junto al telegrafista, esperando el momento. Cuando todo se fue cumpliendo cronométricamente, Urbina bajó al comedor con una pistola 45: ̶̶ ¡Nadie se mueva!

     Y como un árbitro de fútbol, llevándose el pito a los labios, tocó con todos sus pulmones. Los mexicanos entraron en acción. Se zarandeó el barco. Los pobres mexicanos vitoreaban la revolución y daban vivas al coriano Urbina sin saber que era el hombre que los mandaba. El coronel Torres Guerra, ex ayudante de Pancho Villa, estaba en su elemento. Para que nadie los sorprendiera, el “Superior” fue pintado de rojo y negro, en vez del amarillo y azul, bautizado con el nombre de “Elvira”, y enarbolada una bandera argentina.

El “superior” y una nueva derrota

     El programa era sacar bandera blanca si se veía otra nave y volarla cuando se acercara. Las intenciones de Urbina eran llegar a Puerto Cabello, libertar a los presos y seguir a Maracay para ofrecerle combate al ejército de Gómez.

     A los 5 días de navegación, al barco secuestrado se le descompuso una caldera y solo pudo andar a 18 millas por hora. Entonces se dirigió a la costa de Falcón. A bordo iban 60 mil pesos mexicanos en mercaderías para Yucatán, pero los improvisados combatientes tomaron únicamente los alimentos. El 11 de octubre por fin divisaron tierra venezolana. A las 4 de la tarde se le acabó el petróleo al barco y entonces avanzó penosamente, echando fuego por su chimenea. Pero ya estaban cerca de la playa y los oficiales se peleaban por ocupar la vanguardia. Como se tenían dudas de la eficiencia estuvo a punto de hundirlo. 

     Después del desembarco la gente de Urbina tuvo algún principio de victoria, pero pronto el fracaso volvió a ser suyo. La batalla comenzada en la noche prosiguió a las 4 de la madrugada del 12 de octubre a 6 kms de allí, en Capatárida. Borregales, con sus 300 hombres, retrocede a Coro en busca de auxilio.

     Los guerrilleros seguían vitoreando a Urbina y a Bolívar. Después todo terminó. Murieron los principales cabecillas y Urbina, disfrazado de mendigo, por la sierra, como lo había hecho antes, volvió a desaparecer hacia el destierro por las fronteras colombianas.

     Gómez, sin embargo, se portó magnánimo. No solo no encarceló a los mexicanos, sino que les dio un regalo en el Pabellón del Hipódromo, antes de devolverlos a México en el mismo “Superior”. Muñoz fue confinado a su tierra, Maracaibo, y la gente de Falcón rezó dos rosarios por mucho tiempo: uno por los venezolanos y otro por los mexicanos que entonces perecieron.

 

FUENTES CONSULTADAS

  • Fernández, Carlos Emilio. Hombres y sucesos de mi tierra, 1909-1929. Caracas, Tipografía Vargas, 1960
  • Reinoso, Víctor Manuel. Los venezolanos luchaban con Gómez. En: Elite. Caracas, 4 de febrero de 1961
  • Urbina, Rafael Simón. Victoria, dolor y tragedia: relación cronológica y autobiográfica de Rafael Simón Urbina. Caracas, 1946
  • Vegas, Federico. Falke. Caracas, 2005
La generación del 28 está más vigente que nunca

La generación del 28 está más vigente que nunca

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La generación del 28 está más vigente que nunca

     La primera referencia que se conoce para erigir un monumento al Libertador data del primero de marzo de 1825, cuando la municipalidad de Caracas decidió aprobarlo luego de recibir noticias del triunfo apoteósico de Simón Bolívar en la Batalla de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824. El monumento seria ecuestre, de bronce, sobre columna de mármol y estaría ubicado en la Plaza de San Jacinto, cuyo nombre cambiaría por el de Bolívar. Desafortunadamente este acuerdo quedó sin cumplim

     A principios de 1965, ante diversos actos de violencia protagonizados en el país por el movimiento guerrillero contra el gobierno del presidente constitucional Raúl Leoni, dirigentes políticos de la vieja guardia aprovecharon para recordar la férrea lucha del movimiento estudiantil que 37 años antes, en febrero de 1928, marcó el inicio oficial de la lucha contra Juan Vicente Gómez, dictador que domó a la nación entre 1908 y 1935.

     Una dama, Belén Blanco Yepes de Veloz Mancera, publicó el sábado 27 de febrero de 1965, en la página 8 del diario La Esfera, una interesantísima crónica reflexiva, sobre la acción de aquellos muchachos, conocidos como la “Generación del 28”, cuyos ideales de libertad hoy, 93 años después están más vigentes que nunca. El título del mencionado trabajo es: “Los Estudiantes del 28 pasaron el carnaval presos”, cuyo texto ofrecemos a continuación.

     “En 1935 murió JUAN VICENTE GÓMEZ, dejándonos una patria analfabeta y despoblada, hermosa y campesina, una Venezuela que despertaba después de una larga noche de 27 años.

     Pasaron meses, años, crecimos, formamos nuestros hogares y esta vibrante juventud del año 28, a quienes unía un ideal y marchaban compactos hacia una misma meta, se dispersó, tomaron caminos distintos, caminos opuestos, caminos errados; compañeros de una misma celda, hijos de una misma madre, hermanos de un mismo ideal, hoy van muchos por la vida rencorosos y dispersos, llenos de pasiones malsanas y de bajos pensamientos.

     ¡Estudiantes del 65! Venezuela hoy como hace 37 años, los necesita unidos y fraternos, sin lastres mezquinos y doctrinas extrañas, con la mente abierta y la palabra valiente, para el repudio colectivo de posibles dictaduras, con la conciencia limpia y la frente muy alta, conscientes de la responsabilidad que tienen en el destino de la Venezuela del mañana.

Mi canto es para la fuerza atolondrada.

La pupila serena

La turba mezcolanza de candor  de ciencia

EL SACALAPATALAJÁ

Y la boina del estudiante,

(“La Boina” del estudiante Antonio Arráiz, 1928)iento.

     Hubo otras propuestas también incumplidas, una de ellas en 1842, cuando los restos del Libertador llegaron a Caracas procedentes de Santa Marta, Colombia. En esa ocasión, al menos quedó el nombre de Bolívar para la Plaza Mayor.

     Treinta años más tarde, el 18 de noviembre 1872, el entonces presidente de la República, Antonio Guzmán Blanco decretó la construcción de una estatua ecuestre al Libertador Simón Bolívar.

     El gobierno encargó la ejecución del mencionado decreto a la Compañía de Crédito constituida en Junta de Fomento, bajo la responsabilidad de su presidente Juan Röhl.

     La estatua fue moldeada en la fundición real de Múnich (Alemania) bajo la dirección del señor Ferdinando Von Müller y por el modelo ejecutado por el escultor italiano Adamo Tadolini en 1858, en Roma, y erigida al año siguiente en la plaza Constitución de Lima, Perú.

En la sede antigua de la UCV, en el centro de Caracas, los estudiantes de la boina azul, unidos por una misma razón, por un mismo ideal, en 1928

     Corría el trágico año 1928, Venezuela desangrada y oprimida vivía sus largos años de oprobio y dolor bajo una de las dictaduras más crueles que registra la historia de América.

     El optimismo y la rebeldía era una pequeña llama que vivía latente en el corazón de la juventud venezolana; se conspiraba, se hacían planes que siempre fracasaban lamentablemente, las terribles cárceles de Venezuela, la fatídica “ROTUNDA”, el Castillo LIBERTADOR y SAN CARLOS se llenaban más y más de hombres que soñaban con ser libres.

     El día 6 de febrero comenzó la “SEMANA DEL ESTUDIANTE”. Beatriz Peña Arreaza fue la bella y juvenil REINA que eligieron para este efímero reinado; la consigna era ésta: “Boinas azules para todos los estudiantes, y el SIGALA y BAJALA en todos los labios juveniles”. 

     Desde las primeras horas de la mañana se reunió un numeroso grupo de estudiantes a las puertas de la vieja UNIVERSIDAD, desde allí portando numerosas banderas con la gloriosa insignia de la FEV se dirigieron al Panteón Nacional, donde Beatriz colocó una ofrenda al padre nuestro Simón Bolívar, eran rosas de GALIPÁN. El estudiante Jóvito Villalba habló a los presentes en cálidas y emocionadas palabras, explicando el sentido de esa fiesta estudiantil, luego la inmensa multitud se encaminó a la casa de Don Andrés Bello, donde hizo uso de la palabra el estudiante Joaquín Gabaldón Márquez, quien rememoró en bellas frases el gesto de aquellos heroicos estudiantes de 1814,  al incorporarse gozosos a las filas de los derrotados patriotas, en momentos trágicos para la Patria que recién comenzaba a ser libre. . . describió en palabras viriles aquel alegre desfile de estudiantes y seminaristas, que en una madrugada de febrero marcharon heroicos hacia LA VICTORIA… y también hacia la muerte, bajo la mirada angustiada de José Félix Ribas.

     En la noche se llevó a efecto la coronación de BEATRIZ I en el Teatro Municipal, el estudiante Juan Bautista Oropeza obsequió en nombre de sus compañeros a la reina la insignia en oro de la FEV. En este magnífico acto fueron dedicados a Beatriz Primera poemas de los estudiantes Jacinto Fombona Pachano y Pio Tamayo.

     A las 5 de la tarde del día 7, se efectuó el recital en el Cine Rívoli, donde hablaron brillantemente los estudiantes Gonzalo Carnevali, Jacinto Fombona Pachano, Joaquín Gabaldón Márquez, Antonio Arráiz, Fernando Paz Castillo, Miguel Otero Silva y Manuel Noriega Trigo. Beatriz primera leyó alegremente su real decreto: “Único es mi real mandato y orden que todos los estudiantes universitarios, mis súbditos, lleven como emblema de su alta condición la BOINA AZUL. Dado en Caracas, a los siete días del mes de febrero de mil novecientos veinte y ocho. Yo, Beatriz Primera”.

El Castillo Libertador, en Puerto Cabello, y el Cuartel San Carlos, en Caracas, se llenaron de estudiantes presos que soñaban con ser libres, en

     Luego el estudiante Rómulo Betancourt, en cálidas y vibrantes palabras, clausuró el acto. El ambiente se caldeaba por momentos, se hablaba en voz alta, nos atrevíamos a opinar sobre política y nos hacíamos la inmensa ilusión de que comenzábamos a ser libres. El presidente de la Federación de Estudiantes, Raúl Leoni, hoy Presidente de Venezuela, fue llamado por el Gobernador, el temible Rafael María Velasco, para hacerlo responsable de los actos de la semana del Estudiante.

     Gómez, el Zar de Venezuela, el cruel Dictador, dueño de vidas y haciendas. Estaba alerta en Maracay. Lorenzo Carvallo y Rafael María Velasco lo mantenían informado de esas tímidas manifestaciones de libertad. Ordenó las primeras detenciones, comenzó una dolorosa agonía para las madres, hermanas y novias de estos heroicos muchachos, que estaban luchando por algo desconocido para ellos, por algo que conocían por referencias: LA LIBERTAD. 

     El martes de Carnaval son detenidos y encarcelados en el Cuartel El Cuño el valiente tocuyano Pío Tamayo, Jóvito Villalba, Rómulo Betancourt y el bachiller Guillermo Prince Lara.

     El 23 de febrero en un valiente y hermoso gesto de protesta por la prisión de sus compañeros, se entregan a la policía un numeroso grupo de estudiantes. Fueron encarcelados en el Castillo Libertador de Puerto Cabello, en la celda N° 6, en horrible hacinamiento, el grupo más numeroso de estudiantes: Pedro Scarchiofo, Martín Valdivieso, Félix Luciani, Rafael Soto Iribarren, Cipriano Domínguez, Luis Felipe López, Héctor Garrido, Florencio Robles, Cecilio Terife, Felipe Urbaneja, Epifanio Pérez, Rafael Ángel Camejo, Antonio Domíguez, Rafael Monagas, Guillermo Prince Lara, Antonio Noguera, Jaime Ruiz, José Arcay Tortolero, Juan Pablo Pérez. En otras celdas se encontraban Jacinto Fombona Pachano, Raúl Soulés Baldó, Luis Eduardo Chataing, José Tomás Jiménez Arráiz, Carlos Pérez de la Cova, José Antonio Marturet, Ambrosio Perera, Raúl Prag, Fidel Rotondaro, Antonio Anzola Carrillo, Jóvito Villalba, Julio Mac Gill, Joaquín Gabaldón, Rafael Vegas, Carlos Eduardo Frías, Rafael E. Chirinos Larez, Armando Zuloaga Blanco, Agustín Fernández, Germán Tortosa, Humberto Arroyo Parejo y muchísimos más. Fueron puestos en libertad el día 5 de marzo, la prisión aunque corta, los convirtió en hombres que ahora sí sabían lo que querían, que ahora sí estaban conscientes de su misión.

     De esta prisión en el Castillo Libertador conservo un maravilloso recuerdo, el original, muy maltrecho, por cierto, de las COPLAS DEL ESTUDIANTE PRESO, que me obsequió un estudiante amigo, son así: 

COPLAS DEL ESTUDIANTE PRESO 

Por Miguel Otero Silva e Israel Peña, en el Castillo de Puerto Cabello

Tengo una tristeza honda

Como nunca la sentí

Estoy pensando en mi novia

Que está rezando por mí

 

Mi tristeza se mitiga

Con la de aquel compañero

Como un lucero que brilla

Del brillo de otro lucero

 

Con alegría o con dolor

Cantar, cantar y cantar

De día cantamos nosotros

Y de noche canta el mar

 

No importa que tenga hambre

No importa el suelo tan duro

No importa que esté tan lejos

Siendo mi amor tan profundo

 

El recuerdo de la madre

Se nos despertó muy hondo

Porque el rayito de sol

Se metió por la ventana

 

Vuelven nuestras esperanzas

De la reja hacia la playa

Y el mar se las lleva lejos

Donde la están esperando

 

Y la paloma tan libre

Que en el alero se para

Cual si la hubieran mandado

Para que nos torturara

Belen Blanco Yepes de Veloz Mancera, fue una de las jóvenes activistas de la Generación del 28

     Nuevas prisiones dos meses después del fracasado complot del Cuartel San Carlos, siguió una sorda lucha clandestina, y en octubre del mismo año se efectuó la prisión en masa de todos los estudiantes; en tres grupos con intervalos de pocos días, fueron enviados a “LAS COLONIAS” a setenta kilómetros de Caracas. Por la larga y polvorienta carretera, salieron una madrugada a pie para Guarenas, primera etapa del más humillante castigo planeado por Gómez, “para corregir a los muchachos”, como dijera en un corrillo de Las Delicias. 

     A lo largo del camino cantaban los gallos en los corrales de los ranchos y ellos alegres y optimistas entonaban el SACALAPATALAJÁ. A la mitad de la jornada ya estaban sedientos y agotados, muchos de ellos se habían quitado los zapatos y habían comprado alpargatas en las pulperías del camino, para estos fue peor la jornada no acostumbrados a usar la criolla alpargata, tenían los pies hinchados y sangrantes, bajo un sol implacable caminaban lentamente, tristemente, aquella larga columna de estudiantes, que salieron   aquella mañana cantando junto con el sol. Detrás marchaban varios automóviles con las madres, hermanas y novias de los muchachos, le suplicaban al coronel Varela, que comandaba la guardia, que permitiera a los más cansados, subirse un trecho en los estribos de los carros. Corina Ruiz le pidió angustiosa, le permitiera a su sobrino Carlos Ibarra Ruiz sentarse en el automóvil solo por diez minutos para curarle los pies sangrantes y le contestó: “¿No se las estaban echando de hombres?, que lo prueben ahora, pues tienen que seguir a pie hasta que se mueran. Así entró a Guarenas a las cuatro de la tarde aquella dolorosa caravana después de un recorrido de 40 kilómetros; hambrientos, con su alegría y optimismo reducidos a su más mínima expresión; recuerdo que solo el más joven del grupo, Silvio Colimodio, “el loco Colimodio”, como le decían sus compañeros, hacía chistes para hacerlos sonreír, se había hecho afeitar la cabeza con navaja y solo tenía 17 años.

     Los acuartelaron en una casona desocupada de Pueblo Arriba, que para ironía del destino, fue la casa donde durmió por una noche El Libertador. Las señoras se hospedaron en mi casa, la casa de los Blanco Yepes, mi padre, el general Manuel Blanco, recién salido del Castillo de Puerto Cabello, expuso de nuevo su libertad, al alojar en nuestra casa, a petición de mi madre, a todas estas madres, hermanas y novias desesperadas y llorosas. Lucía Olavarría, Corina Ruiz, Josefina y María Juliac, la señora Benedetti, la señora Parpacén, María Teresa Castillo, Antonia Palacios y muchas más que no recuerdo. Ellas pasaron largas horas de angustia en nuestra casa; a los muchachos les hicimos naranjada, café, sándwiches  y agotamos en la botica los cepillos y pasta de dientes.

     Le suplicamos a Varela nos dijera la hora en que seguirían hacia Guatire para llevarles café antes de irse, nos respondió que a las cinco de la mañana y con toda la crueldad de que él era capaz, los hizo poner en marcha las dos de la madrugada, a las cuatro nos avisaron que se los habían llevado, en un camioncito de repartir hilo, les dimos alcance cerca de la hacienda Santa Cruz, a pesar de los insultos de Valera les repartimos el café que habíamos llevado en termos, así seguimos hasta Guatire, donde les permitieron descansar en las gradas de la iglesia; Ostos, el Jefe Civil de Guatire, puso una custodia para no dejarnos acercar a los muchachos, a pesar de eso logramos repartirles comida, limonada y cigarrillos; más tarde los acompañamos a la salida del pueblo, hacia la última etapa, LAS COLONIAS.

     Nunca olvidaré las tristes escenas de despedida, las lágrimas de las mujeres, la sonrisa valiente y consoladora de los muchachos, y el regreso a nuestra casa llenas de rebeldía y rencor.

     También conservo las coplas que hiciera en LAS COLONIAS Pablo Rojas Guardia

NUEVAS COPLAS DEL ESTUDIANTE PRESO

Como me vine sin novia

Mis coplas van a llevar

Para la madre lejana

Lo que digo en mi cantar

 

Con el Sígala en los labios

Me fue metiendo en la historia

No tenía otro ideal

Que darle a mi Patria gloria

 

Ruidos en la carretera

Palas al sol muy brillante

Se ha hermanado con su tierra

El alma del estudiante

 

Copos de espuma en el cerro

Luz de luna en la prisión

Se está metiendo una pena

Dentro de mi corazón

 

Las rencillas que alteraron

Un momento nuestra fe

Se olvidan con el anhelo

De protestar otra vez

 

Pena pequeña y sincera

Que se va haciendo lejana

Pues mi madre antes de serlo

Fue mujer venezolana

 

Cuando se cante esta copla

Ha de cantarse en voz baja

Para que se vaya el alma

En un Sígala y Balaja

Belen Blanco Yepes de Veloz Mancera, fue una de las jóvenes activistas de la Generación del 28

     A fines de noviembre, nos avisaron que trasladaban a un grupo de estudiantes para Palenque, los que consideraban más rebeldes y peligrosos. Mis hermanas y yo, regamos gran cantidad de tachuelas en un trecho de la carretera cerca de nuestra casa, nos sentimos felices cuando al pasar el autobús oímos el primer reventón de un caucho, logramos lo que deseábamos, obligamos a detenerse unos momentos mientras reparaban el caucho.

     Nos acercamos al autobús y reconocimos a casi todos los del grupo, flacos, con barba, pero llenos de optimismo conversaron con nosotras, nos regalaron figuritas de madera talladas por ellos en LAS COLONIAS, recuerdo que eran 16: Rafael Enrique Chirinos Lares, Pedro Juliac, José Antonio Marturet, Inocente Palacios, Antonio Anzola Carrillo, Luis Villalba Villalba, Luis Felipe Vegas, Ricardo Razetti, Germán Stelling, Nelson Himiob, Enrique García Maldonado, Guillermo López Gallegos, Clemente Parpacén, Juan Gualberto Yánez, Eduardo Celis Sauné y Antonio Sánchez Pacheco, ya fallecidos algunos de ellos, un guardia molesto nos apartó groseramente, los pasaron a otro autobús y a poco vimos con tristeza muchas manos diciéndonos adiós y unas pequeñas luces que se alejaban en la noche. . .

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