El suicidio del suavecito

17 Abr 2024 | Ocurrió aquí

Edgar Jiménez (1936 –1965), conocido por el seudónimo “El Suavecito”, fue un actor y comediante caraqueño de cine y televisión, que protagonizó la primera película de Román Chalbaud, Caín Adolescente, en 1959. También el film Un soltero en apuros, coproducción argentina-venezolana (1964), del director argentino Alberto Du Bois

Por Víctor Manuel Reinoso

El exitoso actor y comediante Edgar Jiménez, conocido por el seudónimo “El Suavecito”, se suicidó a los 29 años, en abril de 1965.

El exitoso actor y comediante Edgar Jiménez, conocido por el seudónimo “El Suavecito”, se suicidó a los 29 años, en abril de 1965.

     “El martes seis de abril de 1965, anocheció con una noticia trágica: Edgar Jiménez “El Suavecito”, se había suicidado. Las televisoras daban la noticia y las radios también. Los reporteros de sucesos, ya sentados a sus máquinas para escribir lo del día, debieron salir volando hacia la quinta “Edgeral”, de la calle Porlamar, Urbanización El Cafetal.

     Cuando “Élite” llegó, allí había una treintena de carros y los reporteros seguían llegando. Bomberos y policías franqueaban las puertas de la quinta, aún no terminada, a la que “El Suavecito”, su esposa y sus dos pequeños hijos se habían mudado tres semanas atrás. El cadáver del muchacho de 28 años que venía divirtiendo a los venezolanos desde que tenía once años, estaba todavía en la segunda planta de la quinta de 140 mil bolívares.

–¿Usted quién es?

–Periodista

–No puede subir. Es un pedido de la familia. Lo único que puedo hacer por usted y sus colegas es decirle cuánto sé.

     Quien habló así fue el inspector Guillermo Yanes, de la Policía Municipal de Petare, que franqueaba la escalera, mientras los detectives de la División de Homicidios de la Policía Técnica Judicial estaban arriba haciendo el levantamiento del cadáver con el forense.

–Así es. No pueden subir. La familia está predispuesta contra los periodistas– dijo una señora joven y gorda que se identificó como cuñada del suicida.

     La quinta “Edgeral” estaba llena. Artistas de TV seguían llegando a cada instante y abrazaban a la madre y hermanos del cómico que siempre decía en sus programas: “Yo soy el que se las sabe todas” . . .  o “como decía Cervantes. . .”

–¿A qué hora fue el disparo?

–A las 6 y 15 de la tarde, aproximadamente– dijo el inspector Yanes. Había llegado pocos momentos antes de la casa de sus padres, quienes viven en El Paraíso.

–¿Cuál fue la causa?

–Eso no lo sé. Solo le puedo decir que fue un disparo en el parietal derecho con orificio de salida, con una pistola española Star calibre 9.

–¿Por qué no se lo han llevado aún?

–Porque los familiares y amigos no quieren que se lo lleven en un carro de la morgue, sino en el de una funeraria.

     Como no podíamos subir, avanzamos hacia el interior de la quinta. La cuñada gordita corrió adelante y les fue diciendo algo al oído a cuantos vio. Les decía que n o debían decir nada a los periodistas

Vieja foto de los comienzos de “El Suavecito”, cuando hacía el papel de hijo de Frijolito y Robustiana con el nombre de Alejo Dolores.

Vieja foto de los comienzos de “El Suavecito”, cuando hacía el papel de hijo de Frijolito y Robustiana con el nombre de Alejo Dolores.

Después de una cerveza

     Betty Egui de Jiménez, en ese momento, estaba con una crisis nerviosa en una de las habitaciones de la quinta. La madre de “El Suavecito”, Leonor María de Jiménez, sollozaba:

 –Se me rompió mi cuadro de muchachos. Y tanto que se querían. Y él que me dijo que volviera pronto porque quería verme antes de dejar la casa.

     Edgar Jiménez y su esposa habían estado en la casa de los padres de él. Por la tarde, Simón Jiménez, salió con doña Leonor hacia el consultorio de un dentista. “El Suavecito” se quedó compartiendo con sus hermanos. Como a las 4:30 de la tarde recibió una llamada telefónica. Alguien que se proponía comprarle un terreno en 75 mil bolívares lo llamaba para confirmarle que sí haría el negocio. Eso descarta cualquier suposición de que el cómico se suicidara por motivos económicos. Los que fueron sus compañeros en Venevisión los últimos años comentaban que no había motivos para que “El Suavecito” pusiera fin a su vida así. Oscar García, cuando habló con esta revista, dijo:

–¿Cómo nos íbamos a suponer semejante cosa? Figúrate que estuvo en la planta por la mañana. Siempre haciéndole bromas a todo el mundo, tirando manotones para embromar. Suponte que a mí me hubieran puesto sesenta personas para que dijera quién podría suicidarse y a Edgar sería el último que se me hubiera ocurrido señalar

     Aunque ningún familiar lo confirmó en ese momento, se dijo que Jiménez había llegado a la quinta un poco bebido. Se había dirigido a un refrigerador en busca de una cerveza y su esposa lo había regañado por eso. A ella no le gustaba que bebiera y por eso discutieron muchas veces. Esta tarde, en su dormitorio, “El Suavecito” estaba con su esposa y su suegra María Zirit de Egui. Molesto, salió de la habitación y se encerró en la de su pequeña hija y un instante después se escuchaba el disparo. Cuando su esposa corrió a ver qué había sucedido, lo encontró tirado, desangrado, ya sin vida. Yacía con la sien ensangrentada, la pistola cerca. Betty Egui de Jiménez, llorando, llamó inmediatamente a Venevisión, donde “El Suavecito” trabajaba desde que esta planta televisora se fundó. Allí no quisieron creer la noticia, a pesar de la voz afligida de su esposa. Antes de darla al público llamaron a Néstor Zavarce, otro artista de esa planta, que vive, como Oscar García, en la Urbanización El Cafetal. Néstor Zavarce, a ocho cuadras de la Calle Porlamar, acudió enseguida. Subió a la segunda planta de la quinta y vio a su amigo con unos pantalones oscuros y una camisa a cuadros, sin vida. Se abrazó a él y lloró: “¡Edgar, Edgar, hermanito!, ¿cómo pudiste hacer eso?” Reponiéndose, llamó a Venevisión y a la policía. Cuando ésta llegó no lo dejaron subir. A esta hora comenzaron a llegar siete de los ocho hermanos del suicida con sus padres. Los muchachos, delgados como “El Suavecito”, lloraban por los pasillos de la quinta y se abrazaban a cuantos llegaban, diciendo:

–Se nos mató Edgar!! ¡¡Se nos mató Edgar!!

El cadáver del actor venezolano fue sacado de la quinta “Edgeral”, en la urbanización El Cafetal, por los bomberos de Petare hacia la ambulancia de una funeraria.

El cadáver del actor venezolano fue sacado de la quinta “Edgeral”, en la urbanización El Cafetal, por los bomberos de Petare hacia la ambulancia de una funeraria.

Un veterano de la farándula

     Cuando “Élite” habló con Néstor Zavarce, el conocido cantante y animador seguía desconcertado frente a la muerte tan inesperada de su amigo:

–Todavía no lo puedo creer –dijo–. Él tenía, como yo, 28 años. Nosotros éramos amigos desde antes que el comenzara a trabajar junto a “Frijolito y Robustiana”. Juntos estudiamos primaria en el “Miguel Antonio Caro”. Después, cuando estaba en el liceo Independencia, seguimos siendo amigos. Últimamente en Venevisión animábamos juntos el programa “Ritmo y Juventud”, además de Franklin Vallenilla. Él había dejado de hacer su programa de “El Suavecito”, pero eso, de ninguna manera, lo afectaba económicamente; a él le habían renovado el contrato, incluso con más sueldo, y pronto iba a comenzar otro programa. Como yo también tenía que retirarme de “Ritmo y Juventud” para comenzar otro programa, el domingo pasado él me dijo que se aprestaba a despedirme de “Ritmo y Juventud” con una pequeña fiesta con torta. Ahora, su muerte, tan inesperada, no sé atribuirla a nada que no sea un arrebato de locura. Él no tenía problemas económicos. Estaba viviendo en San José de los Altos y hace tres semanas se mudó a esta quinta que cuesta 140 mil bolívares. Tampoco sé que haya tenido alguna enfermedad incurable que lo haya tenido deprimido. A todos los compañeros lo primero que le decía cuando los veía era:

     “Mi caballo, ¿cuándo va a ir a conocer mi quinta de El Cafetal?” Problemas serios con su esposa, nunca supe que los tuviera.

     Carlos Fernández y Ana Teresa Guinand, “Frijolito y Robustiana”, que iniciaron en la farándula a Edgar Jiménez, llegaron igualmente sorprendidos a la quinta de “El Suavecito”, que había hecho de hijo de ellos en la radio con el nombre de “Alejo Dolores”.

     Mientras el doctor Luis Rodríguez, jefe de la División de Homicidios y el forense Gabaldón ultimaban su labor, los amigos del actor cómico recordaban que se había iniciado en la TV en el programa infantil “Jorge el Águila”, de allí pasó a Radio Caracas TV. Aparte de eso, actuó en piezas teatrales como “Ángeles de la Calle”, donde hizo el papel de “Fosforito”. También actuó en el cine. Tuvo un papel en “Caín adolescente”, una película con libreto de Román Chalbaud, y fue muy aplaudido por su papel en “Sagrado y Obsceno”.

     Últimamente, fue una de las figuras de “Un soltero en apuros”, que le trajo disgustos cuando su nombre fue puesto de segundo. En la televisora donde consiguió su máxima popularidad, aparte de su programa cómico, solía aparecer en el “Consultorio Sentimental”.

     Después que los policías terminaron su labor, en la camilla de una funeraria fue bajado hacia una ambulancia amarilla, placas A3-2805. Sus compañeros debieron repeler con palabras duras a los empleados de las funerarias que querían monopolizar el entierro, Hubo unos, incluso, que querían sacarle metido en un ataúd para que los otros que esperaban llevárselo no tuvieran nada que hacer. Mientras la ambulancia amarilla seguida de otra roja se dirigía hacia el hospital Pérez de León para la autopsia legal, los familiares anunciaron que sería velado en la Avenida Los Jabillos, en La Florida, no lejos de Venevisión. Fue enterrado a las 4 de la tarde del día siguiente.

     “El Suavecito” dejó dos hijos, Geraldine y Edgar. A su esposa, solo le dejó estas últimas palabras: “Hágale el tetero a la reina”. Después se suicidó. El cómico que siempre aseguró: “Se lo dice El Suave, que se las sabe todas”, no supo seguir viviendo”.

FUENTE CONSULTADA

  • Revista Elite. Caracas, 17 de abril de 1965.
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