De cómo nació el cine en Caracas

De cómo nació el cine en Caracas

CRÓNICAS DE LA CIUDAD

De cómo nació el cine en Caracas

Por Lucas Manzano

 

     Para historiar acerca de cómo nació y creció esta villa del séptimo arte es necesario haber actuado de cerca en ello y tener las cuentas al día con la memoria.

     Es precisamente por eso por lo que sin ánimo de refutar lo escrito recientemente con relación a las primeras cintas cinematográficas con argumento rodadas, reveladas y exhibidas en el Cine “Ávila” y el “Teatro Caracas” vamos a pergeñar unas cuartillas.

     Corría el año de 1911 cuando un cameraman nativo de yanquilandia, previamente contratado por el Inspector General del Ejército Félix Galavís, apareció en escena para imprimir los actos conmemorativos del Primer Centenario de la Independencia, festejados pomposamente en la capital. Fue nota culminante, que captó la cámara cinematográfica, la revista militar que tuvo teatro en el Hipódromo del “Paraíso”. 

     Debió ser lucrativo el negocio del Mister, toda vez que entró en escena provisto del material y expertos operarios, Henrique Zimmerman, quien estableció su laboratorio en la esquina de “Bolero”. El campo explotado por éste fue el oficial, ya que contaba con la protección del Presidente Provisional.

     Un reducido número de aficionados a la fotografía entre quienes estaban Edgar Anzola, Eugenio Méndez y M. Capriles, filmaban en la Plaza Bolívar y en las Carreras de Caballos asuntos que luego exhibían en el “Cine Ávila” por amor al arte. Se recuerda el ataque del que fue objeto Eugenio Méndez por una dama de pelo en pecho, a quien Méndez fotografió en una película que exhibió sin ánimo de molestarla, aun cuando el asunto despertó la hilaridad de los espectadores

     De palique estábamos con Méndez y sus amigos cuando la dama blandió el paraguas, lo descargó sobre el fotógrafo y a no haber puesto éste los pies en polvorosa como decimos en criollo, habría regresado a su casa hecho una lástima por las acometidas de la fémina.

Lucas Manzano (1884-1966) escritor y periodista caraqueño. Autor de numerosas crónicas costumbristas sobre la historia de la capital venezolana

     En aquellos mismos días los cronistas Federico León, Job Pim, Leo y el autor de esta crónica concebimos la idea de hacernos imprimir una película con Zimmerman, la cual exhibimos en el “Teatro Caracas” en función de gala a beneficio de los chicos de la prensa. El argumento no pudo ser más original; parodiamos “La dama de las Camelias” con el mote de “La Dama de las Cayenas”. 

     Sin preocuparnos por las tomaduras de pelo que habrían de llovernos de colegas no invitados al beneficio, repartimos los papeles como nos vino en ganas. Yo hice el Armando Duval, Aurora Dubain la Margarita, Leo, Job Pim y Federico León otros papeles no menos pintorescos, para interpretar los cuales nos dábamos cita en lugares elegidos por los cameraman.

El Cine Ávila, situado en el centro de Caracas, fue uno de los espacios donde se proyectaron películas a comienzos del siglo XX

     La noche de la función fue apoteósica: El Presidente de la República, los Ministros del Despacho y la sociedad de Caracas colmaron el Coliseo de Veroes. Si el éxito fue clamoroso en cuanto se refiere a nuestro trabajo artístico, no lo fue menos a la hora de repartir los dinerillos que sumaron por conceptos de taquilla y regalos, unos cuantos miles de bolívares.

     Del éxito obtenido nos vino la idea, como aficionados que éramos a la fotografía, de hacernos peliculares. El General Mancera nos trajo de Alemania cámara, película virgen, materiales para el revelado y cuanto era necesario para debutar, no ya como actores de lo cual estábamos arrepentidos, sino como productores.

     No creemos que en la historia del cine se apunte, en estos lados del mundo, casos como los que vamos a narrar.

     Provistos como estábamos del material necesario para producir, obtuvimos la colaboración de Rafael Otazo, quien dicho sea en honor a su memoria, fue el comediógrafo que más hizo por el fomento del teatro en Venezuela. Escribió no menos de cien asuntos que fueron representados en comedias, sainetes, zarzuelas y otras manifestaciones artísticas en el género teatral.

     Otazo escribió para nosotros la película “Don Leandro Tacamahaca”, “Mi Rancho” de doña Soluta Baun, “Paseo Independencia”, Plaza Bolívar, el garito conocido con el mote de “La Hormiga” y varios otros lugares.

     El revelado lo hacíamos en cubetas en forma de urnas que contenían revelador, agua con ácido acético para detener el revelado y baño fijador. De cómo nos coronó nuestra señora de la Buena suerte lo pregonan las ciento y más presentaciones exitosas que obtuvo aquella cinta en teatros de Caracas y del interior.

     Al paso que íbamos habríamos llegado lejos en nuestra empresa peliculera, ignorantes de que nos perseguían de cerca, sin que de ello llegasen noticias a nuestro puesto de mando los llegados de Zimmerman, temeroso éste de que obtuviésemos el negocio que él explotaba con el Gobierno. Es lo cierto que nos incluyeron por tercera vez en la lista de los candidatos a presos políticos del Prefecto Lorenzo Carvallo, y cuando más entregados estábamos a los asuntos cinematográficos fuimos a dar con nuestra pobre humanidad en la Rotunda de Caracas.

     Confundidos allí, cerca de los militares encerrados por desamor al régimen, incomunicados, abrumados con grilletes de sesenta libras y comiendo por alimento conchas de cambur, porque orden superior tenía el Alcalde de que no sobreviviésemos, obtuvimos la libertad más tarde.

     El equipo y todo cuanto conservábamos en nuestros archivos había desaparecido. Fue por ello por lo que no continuamos en nuestra iniciación en el campo del Séptimo Arte.

     Luego de “Don Leandro”, cuyo protagonista era Rafael Guinand, rodamos las corridas de Belmonte en el Circo Metropolitano, “la Fiesta del Árbol” y el “Carnaval de 1918”, que fue el coronamiento de la elegancia y el buen tono de los festivales hasta entonces hechos en la capital venezolana en honor al Dios Momo.

     Otros cineastas rodaron “Ayarí o el Veneno del Indio”, libreto de Ramón David León y varias películas que fueron bien recibidas por el público. Después de nulificado el exitoso ensayo en el cual fuimos actores de baja ralea y productores de postín, entraron a competir compañías peliculeras formadas por capitales abundosos para triunfar. Fracasaron por el poco interés que el público les dispensó a sus producciones. 

     Solamente “Bolívar Films”, que no se inspiró en aquellas, triunfó exitosamente. Presentó en un festival europeo una buena película que mereció los honores de la crítica universal. 

Las primeras cintas cinematográficas fueron exhibidas en el Teatro Caracas o Coliseo de Veroes

     El competente aficionado Luis Roche no fue menos fortunoso con la cinta en colores“Caracas eterna primavera” que se  catalogó como máxima prueba de tecnicismo y buen gusto antes de que se perfeccionara el cine en tecnicolor en escala universal.

     Ahora tiene la palabra Napoleón Ordosgoiti, amante del Séptimo Arte y quien merece la protección de los pudientes para que el nombre de Venezuela suene en esta rama del arte aquí y más allá de los mares.

     Eso, naturalmente, si en la escogencia de los artistas Napoleón no se deja marear por guiños de ojos bonitos y otras cosas que no sean el buen sentido de la tropa y su capacidad para interpretar y hacer las cosas bien.

     Ojalá Dios lo quiera así. Amén.

 

Tomado de: Manzano, Lucas. Tradiciones Caraqueñas (Libro póstumo). Caracas: Empresa El Cojo C.A., 1967; Páginas 127-133
Nota biográfica: Lucas Manzano (1884-1966) escritor y periodista caraqueño. Autor de numerosas crónicas costumbristas sobre la historia de la capital venezolana. Fundador de la célebre revista Billiken (1919-1958). Manzano fue también uno de los pioneros del cine en Venezuela.

Caracas y la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935) – Parte II

Caracas y la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935) – Parte II

CRÓNICAS DE LA CIUDAD

Caracas y la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935) – Parte II

     En la época de Gómez se logró la paz, pero con la cárcel y el destierro. Se ha dicho que unos 38.000 venezolanos sufrieron vejaciones y prisiones en las cárceles del castillo Libertador de Puerto Cabello, en el castillo de San Carlos de Maracaibo, en las Tres Torres de Barquisimeto y en la Rotunda de Caracas.

     Durante su gobierno concluyó el caudillismo de años anteriores, pero en cambio se fue formando un movimiento clandestino que tenía como meta la libertad política. Gómez se apoyó en su ejército el cual estaba formado en su mayoría, por hombres de su confianza que había traído de su tierra natal, el Táchira. No hay que olvidar que en sus orígenes Juan Vicente Gómez fue un campesino andino, que tenía familiares y amigos absolutamente fieles a su jefe y a su régimen. En este sentido es reveladora la frase del escritor José Rafael Pocaterra, refiriéndose a la época de Gómez y a los grupos reunidos en torno a su persona:

     “Estos últimos, en el caso de Gómez, incluyen el clan que vino con Castro y Gómez, suplementado por la demás parentela de Gómez; otros andinos; nuevos amigos que se logran asociar al general gracias a su habilidad o lealtad y la corte de alcahuetes, los pequeños aduladores, escritores y poetas”.

     Durante su largo mandato hubo varios intentos militares y civiles para derrocarlo, pero todo fue en vano. Después de cada asonada, la represión gubernamental se intensificaba.

     En cuanto a ciertos aspectos culturales, tenemos que entre 1909 y 1935 hubo 1.075 medios impresos en todo el país. Entre esas numerosas publicaciones se destacan las siguientes: El Día (1908), Atenas (1908), La Vanguardia (1909), La Nación (1910), Vida Nueva (1912), Multicolor (1915). 

      Merecen citarse especialmente las revistas Alborada (1909), Cultura(1912) y Revista Técnica del Ministerio de Obras Públicas (1912). Asimismo los diarios El Universal (1909) que existe aún y el Nuevo Diario (1913-1935).

     Con el inicio de la época gomecista aparece una nueva generación de intelectuales como José Tadeo Arreaza Calatrava (1885-1970), Teresa de la Parra (1890-1936), José Rafael Pocaterra (1888-1954), Alfredo Arvelo Larriva (1888-1934), Salustio González Rincones (1886-1933), Luis Correa (1884-1940), Rómulo Gallegos (1884-1969), Julio Planchart (1885-1948), Julio Horacio Rosales (1885-1970) y Henrique Soublette (1886-1912).

     A pesar de todo, Gómez logró estabilizar algunas instituciones de naturaleza política. Las Constituciones gomecistas responden a la voluntad personalista del dictador. Por capricho, El Benemérito, como le decían a Juan Vicente Gómez, extendió el territorio del Distrito Federal hasta la isla de Margarita lo cual era ilógico. Además, consideró el pueblo de Macuto como integrante del Departamento Libertador.

     Dentro del régimen gubernamental, el presidente era la primera autoridad en lo civil y en lo político en el Distrito Federal, pero sí se presentaba una guerra lo sería también en lo administrativo y económico. En esa época el Distrito Federal estaba integrado por los siguientes departamentos: Libertador, Vargas, Guaicaipuro, Sucre y la isla de Margarita.

     El 21 de agosto de 1909 el general Gómez, actuando en su condición de presidente provisional de la Nación, en virtud del artículo 156 de la Constitución, dictó el Decreto Orgánico del Distrito Federal. Este quedó dividido en el Departamento Libertador y Departamento Vargas. El Departamento Libertador lo comprendían las siguientes parroquias: Ciudad de Caracas: Catedral, Santa Teresa, Santa Rosalía, Candelaria, San José, La Pastora y Altagracia. Parroquias foráneas: El Recreo, El Valle, La Vega, Antímano y Macarao. El departamento Vargas comprendía las siguientes parroquias: La Guaira, Maiquetía, Caraballeda, Naiguatá, Caruao, Carayaca y Macuto (el 20 de noviembre de 1909 Macuto pasó a formar parte del departamento Libertador).

     En 1910 se incorporó una nueva disposición al gobernador del Distrito Federal: examinar y aprobar o improbar los reglamentos de los casinos, clubes, sociedades de recreo, etc. También controlaría los juegos de envite y azar como rifas y loterías. En 1914 se le permitió al gobernador asistir al Consejo de Ministros, con voz y voto.

     A pesar de este centralismo del régimen y aun cuando en un principio los jefes militares pertenecían al ejército, no era otra cosa que una coalición del grupo íntimo de Gómez y los soldados que llegaban por medio de la recluta eran muchas veces utilizados en las haciendas del gobernante. Poco a poco, esa situación se va modificando. Con la organización de la Escuela Militar en 1911 comienza el proceso de reforma de la institución armada y el ejército, gradualmente, se va profesionalizando: “Así, la profesionalización trae varias consecuencias parcialmente contradictorias en lo que respecta a las relaciones del cuerpo militar con el sistema político. Tiende a condenar el intervencionismo en la política, pero al mismo tiempo da lugar a grupos revolucionarios modernizantes”.

     La iglesia, como institución, durante el gomecismo pierde gran parte de su poder, ya que sus obispos y arzobispos son nombrados por el gobierno.

     La iglesia otorga honores papales a Gómez, nombrándolo miembro de la Orden Piana. Algunos sacerdotes se oponen a esta posición acomodaticia y son castigados con prisión o destierro.

     Poco a poco se va constituyendo un movimiento estudiantil opositor al régimen. La Federación de Estudiantes de Venezuela, FEV, actúa en una Venezuela que se encuentra en proceso de cambio. En 1928 reúne a jóvenes oficiales del ejército, cadetes, empleados e hijos de comerciantes de Caracas y aunque su intención original no era la de ser un partido político, a la larga actúa como tal.

     El crecimiento de la pequeña industria y del petróleo producen ciertos cambios en los patrones de socialización política. Hay, obviamente, una debilidad en la incipiente clase obrera, pero aun así ésta comienza a hacerse sentir a través de gremios y asociaciones.

     Continúa el crecimiento de los sectores bancarios y comerciales. El desarrollo industrial, tanto en la pequeña industria como en la industria petrolera evoluciona en forma desigual, pues la actividad manufacturera está bajo el control directo de los Gómez quienes incluso compiten con ella. En cambio, el crecimiento de la industria petrolera convierte en poderosos grupos a las compañías extranjeras, tomando posiciones predominantes en la economía nacional.

     En cuanto a la información, todo el período es de censura. El Cuerpo Diplomático acreditado en el extranjero, vigila a los exilados políticos e informa a Gómez de sus actuaciones.

     El régimen de explotación petrolera se rigió al comienzo por la Ley de Minas de 1910; luego, en 1920 se establece la primera Ley de Hidrocarburos. Para entonces se habían denunciado doce yacimientos petrolíferos. Se utilizó el sistema de concesiones mediante el cual se vieron favorecidos personalmente los más cercanos colaboradores de Gómez.

     En 1910 la Bermúdez Company logra una concesión para la exploración y explotación de la península de Paria (estado Sucre). En 1912 The Caribbean Petroleum Company obtuvo concesiones en los estados Mérida, Trujillo, Zulia, Lara, Falcón, Carabobo, Yaracuy, Sucre, Monagas, Anzoátegui y Nueva Esparta. Desde 1912 comenzó a actuar la Royal Dutch Shell con capital britanico. Luego la British Controlled Oilfield. Entre 1920 y 1930 llegan las compañías norteamericanas Standard Oil, Creole Petroleum Corporation, Standard Oil of Venezuela, Vacuum Oil Company, Richmond Petroleum Company y otras.

     En 1914 se hizo la primera obtención de petróleo en el pozo Zumaque 1 del campo petrolero de Mene Grande (estado Zulia). En 1922 salta el pozo Los Barrosos número 2 y en nueve días sacan un millón de barriles de petróleo: comienza así el auge petrolero en Venezuela.

     Entre 1913 y 1934 no se alcanzó una producción extraordinaria, pero sí lo suficiente para dar un vuelco a la economía nacional, lo cual fue aprovechado por Gómez. Durante los 27 años de gobierno de Gómez el Estado percibió una entrada de 3.187.000.000 de bolívares, siendo el petróleo el gran abastecedor del presupuesto nacional. A partir del petróleo se acaba la agricultura y el país dispone de una gran fuente de ingresos. El cambio de país agrario a petrolero es violento.

 

Tomado de: Troconis, Ermila. Caracas. Caracas: Editorial Grijalbo, 1993; Páginas 208-218 Nota biográfica: Ermila Troconis de Veracoechea (1929-2018), ensayista, profesora universitaria e historiadora venezolana, segunda mujer en ser nombrada individuo de número de la Academia Nacional de Historia de Venezuela (1978). Su valiosa contribución historiográfica recogida en libros y artículos es de consulta obligatoria de estudiosos de diversos aspectos de los procesos históricos venezolanos.

Caracas y la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935) – Parte I

Caracas y la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935) – Parte I

CRÓNICAS DE LA CIUDAD

Caracas y la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935) – Parte I

Por Ermila Troconis

 

     El 24 de noviembre de 1908 Cipriano Castro se marcha a Europa para someterse a una intervención quirúrgica. Deja encargado del gobierno al vicepresidente y amigo Juan Vicente Gómez. Pero a los pocos días, Gómez encarcela a los castristas y comienza a ejercer el poder autoritariamente: es el inicio de 27 años de dictadura gomecista.

     Al respecto, una cita de Tomás Rourke: “A Gómez no le gustaba Caracas. No podría conquistarla. Se sentía satisfecho gobernándola y, en ocasiones, castigándola”. Y a modo de explicación de este fenómeno, nos dice lo siguiente: “Desde su primera llegada a Caracas, aquella noche en que se quedó en la plaza al lado de la estatua de Bolívar, cubierto con su ruana y en alpargatas, contemplando las luces de los coches que daban vuelta a la plaza, Gómez había quedado desconcertado de aquella ciudad. Había en ella algo que se le escapaba, algo que le irritaba. No podía dominarla, agarrarla, como podía hacerlo con cualquier otra cosa o persona que se encontraba. Era algo demasiado sutil para él. Aquellos caraqueños con su seguridad de sí mismos, con sus chistes demasiado complicados, se le escapaban como de entre las manos”.

     El 20 de diciembre de 1908 se establece el nuevo gobierno al mando personal de Juan Vicente Gómez, el cual tendrá el lema de «Paz, Unión y Trabajo». Este régimen es conocido como la Rehabilitación y fue una absoluta dictadura, bajo el poder y mandato de un hombre que durante 27 años gobernó al país con un régimen de terror político. Para ese momento, Venezuela era aún un país eminentemente agropecuario. Había grandes hatos en los llanos y prósperas haciendas de café y cacao en los Andes y en la costa. El presupuesto nacional se nutría de las aduanas por donde se exportaban los rubros agrícolas. Castro demostró un cierto nacionalismo al enfrentarse a las grandes potencias en beneficio del país. Gómez, por el contrario, favoreció al capital extranjero y suavizó la política con las naciones poderosas.

     En los primeros años de su mandato, de 1908 a 1920, intensifica su interés por el agro y la ganadería y él mismo se transforma en propietario de grandes extensiones de tierra en Maracay y sus alrededores, pues es en esa ciudad donde va a instalarse y a despachar los asuntos de gobierno. Maracay, hoy capital del estado Aragua, dista unos 110 kilómetros de Caracas y fue la ciudad venezolana que obtuvo los mayores beneficios durante el gomecismo.

     La situación geográfica, cercana a Caracas y a la entrada de los llanos, estimuló a Gómez para hacer de ella una importante ciudad: se construyeron urbanizaciones, se estableció un aeropuerto y bases militares que hoy subsisten. Gómez mandó instalar un zoológico, ya que como buen campesino, era gran admirador de los animales. En 1911 se inaugura el hipódromo y en 1912 un circo-teatro. 

     En 1917 la Asamblea Legislativa eleva a Maracay al rango de capital del Estado Aragua. En 1928 queda inaugurado el Teatro Maracay, hoy Ateneo. En 1930 se establece la Línea Aeropostal Venezolana, LAV, la cual comienza a operar en 1931 en la Base de Boca de Río. Otras obras de esa época son la plaza Bolívar y el Hotel Jardín. 

     En las Delicias vivía Juan Vicente Gómez, disfrutando de su residencia campestre. Todo esto en detrimento de Caracas, la  capital, pues, durante esos años de hecho lo fue Maracay. En 1920 Caracas tenía 90.720 habitantes y Maracay 9.311.

     De 1920 a 1935 la situación del país es otra: surge el gran apogeo petrolero y ante esta realidad se producen cambios sustanciales en la política aplicada por el gobierno, como veremos luego.

     En cuanto a la obra material realizada en Venezuela durante el gomecismo destacan el pago de la deuda pública y la construcción de carreteras.

     En 1913 fue decretada la reparación de la carretera entre Villa de Cura y San juan de los Morros y la construcción de otra entre San Juan de los Morros y Uverito.

     En 1916 se inició la construcción de la carretera occidental de los Llanos, la cual fue concluida en 1933, enlazando así a Caracas con San Cristóbal. Gómez se ocupó de hacer vías de comunicación, muchas de las cuales hoy perduran.

     A pesar de que Gómez se ocupó de hacer más obras suntuosas en Maracay que en Caracas, en 1912 se inicia la construcción de grandes colectores que bordeando las quebradas caraqueñas llegaron hasta el río Guaire. Aunque el monumento de La India en la urbanización El Paraíso fue decretado en 1904 bajo el gobierno de Castro, fue en 1911, en la época de Gómez, cuando se autorizó la instalación. La estatua de La India había sido construida con la intención de situarla en el Campo de Carabobo cercano a Valencia, pero alguien resolvió que no era apropiada para conmemorar la batalla de Carabobo la cual selló la independencia de Venezuela y se ordenó colocarla en El Paraíso. Años más tarde fue reubicada en la misma avenida Páez, a la altura de La Vega, donde se encuentra actualmente.

En la época de Gómez se logró la paz, pero con la cárcel y el destierro

     Durante el gobierno de Gómez la única zona caraqueña que recibió ciertos beneficios ornamentales es la urbanización El Paraíso. Allí manda construir la Avenida 19 de diciembre. En El Paraíso vivían los personeros del gobierno y las familias más distinguidas de Caracas.

     En 1910 el gobierno ordenó al ingeniero Alejandro Chataing la reforma y ornamentación del interior del edificio y de la fachada del Panteón Nacional. En esa oportunidad se colocó el pavimento de mármol y los plafones que adornan sus naves. La urna de madera que guardaba los restos del Libertador fue sustituida por una de bronce, fundida con trofeos de la Guerra de Independencia.

     El edificio del Archivo General de la Nación es una de las pocas obras que Gómez ordenó hacer en Caracas.

     Fue concluido en 1912 por Alejandro Chataing: es el primer edificio de más de dos pisos construido con el sistema de concreto armado. Aunque este procedimiento se estaba cumpliendo en varias otras obras, existían reservas que impedían su generalización, sobre todo si la edificación debía soportar un peso considerable. 

     Muy cerca del Archivo, que está situado entre las esquinas de Santa Capilla y Carmelitas, se construyó el edificio para Telégrafos y Teléfonos nacionales (de Santa Capilla a Principal); igualmente se realizó la construcción de la Biblioteca Nacional, respetando la fachada hecha en la época de Guzmán Blanco, en el lado oeste del Palacio de las Academias.

     En 1910 fue reconstruida la Casa de Bolívar. En 1913 la Casa Amarilla se convirtió en sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, haciéndole algunas modificaciones. Como puede observarse, la época de Gómez no fue de gran brillantez urbanística para Caracas. Más que todo, su interés se concretó en mejorar algunos edificios de la época de Guzmán y ciertas obras de carácter utilitario, aparte de la construcción de carreteras en el interior.

La sociedad económica de amigos del país

La sociedad económica de amigos del país

CRÓNICAS DE LA CIUDAD

La sociedad económica de amigos del país

     El asiento principal de la Sociedad Económica de Amigos del País fue la Provincia de Caracas donde tuvo un destacado papel durante el período comprendido entre 1830 -1840. Aunque los propósitos por los que fue establecida eran nacionales. Este tipo de asociación se habían extendido en distintos espacios territoriales de América con la finalidad de informar e ilustrar a la población y al gobierno, acerca de ideas orientadas al mejoramiento de la situación del país. De igual manera, tenía la intención de colaborar en las acciones públicas y privadas indispensables para que los resultados de mejoramiento fuesen eficaces.

     Las gestiones de la Sociedad de Amigos… fueron de gran vigor en los primeros cuatro años de su existencia, aunque no se disolvió de modo formal, ya para 1841 apenas se la mencionó al dar a conocer un posible repunte que nunca cristalizó. Si bien la decisión de su establecimiento fue una iniciativa de elites económicas y culturales de Caracas, su creación se presentó mediante un decreto establecido por José Antonio Páez, el 26 de octubre de 1829. En Europa este tipo de asociación se había generalizado a lo largo del 1700. Su motivación se concentró en la difusión de inventos, la necesaria transformación de valores e ideas para alcanzar el progreso, incrementar las riquezas de las naciones. Fue un servicio enmarcado en la nueva concepción acerca de la razón como facultad humana propicia para la instrucción y nuevos saberes de lo que se estimaba como ciencia moderna.

     Fue una asociación que se llevó a cabo de modo tardío con respecto a otros países latinoamericanos cuya existencia data del 1700. Las condiciones sociales y económicas del país eran bastante precarias, en especial, en lo que respecta al aparato productivo, infraestructura deficiente, vías de comunicación escasas, con una población poco numerosa y con una instrucción pública casi inexistente. Los primeros cuatro años de existencia de la Sociedad de Amigos… fueron de estrecha relación con el gobierno paecista. Es natural que haya sido así porque muchos de sus miembros fundadores ejercían cargos públicos, entre quienes se destacaban: José María Vargas, Carlos Soublette, Francisco Javier Yánez, Pedro Quintero, Miguel Peña y Manuel Felipe Tovar, entre otros.

     Aunque la Sociedad… no presentó un cuerpo de ideas definidas para su funcionamiento, sus integrantes estuvieron de acuerdo en lo atinente a las fórmulas políticas, sociales y económicas para el progreso nacional. 

El médico y político José María Vargas fue uno de los fundadores de la Sociedad Económica del País

     En las Memorias de la Sociedad de Amigos del País, aparecieron algunos discursos de sus miembros que dan cuenta del tono ideológico de varios de ellos. En 1833 José María Vargas preparó una disertación en que abordó el papel del Estado en la sociedad moderna. En ella subrayó que el Estado debía ofrecer condiciones para la creación y fortalecimiento del trabajo individual, por medio de leyes y sanciones en asociación con particulares, encargadas de ofrecer las fuentes de trabajo e industria.

     En este sentido, la Sociedad… se asumió como un intermediario. Al ser creada por gestión gubernamental, su propósito axial se concentraba en colaborar con el gobierno para el establecimiento de condiciones que promovieran las actividades económicas particulares. Otro propósito era el de evitar la amplificación de un espíritu competitivo, al poder expresarse por un afán de riqueza desmedido. Por tal razón, era preciso proporcionar un trabajo equilibrado que aportara una remuneración justa y una estabilidad para el trabajador.

Santos Michelena, propuso en 1836 que el rol del Estado era el de facilitar y hacer viable la acción individual

     Entre los años de 1830 y 1834 las relaciones entre la Sociedad… y la administración estatal fueron de avenimientos mutuos. Una de ellas se centró en la necesidad de estimular estudios en torno a la situación productiva del país, creación y reforma de leyes y el establecimiento de políticas tributarias y fiscales. Así, la Sociedad… presentó un proyecto de Ley Mercantil y un proyecto para el establecimiento de un banco con el cual llevar a cabo actividades de financiamiento y créditos. En lo referente a las reformas fiscales se pidió la reducción de los censos al dos y medio por ciento, la depreciación de derechos de exportación al café y la dispensa de derechos al trigo. A su vez, desde el Ejecutivo se elevaron peticiones a la Sociedad… entre los que se encontraban: la elaboración de un proyecto para la creación de una casa de beneficencia, un informe en el que se informara acerca del Reglamento de Policía de la Provincia de Caracas y prestar auxilio para llevar a cabo un censo en esta última.

     Uno de los aspectos de mayor atención fue la agricultura como base y baluarte del progreso nacional. La intención fundamental fue la de alcanzar un espacio territorial que lograra satisfacer sus necesidades básicas, que no dependiera de bienes provenientes del extranjero. Entre las propuestas que surgieron desde su seno estuvo el apoyo técnico y tecnológico para incrementar la calidad de los cultivos con la incorporación de maquinaria y tecnificación para el cultivo. Bajo este marco se publicaron cartillas agrícolas junto con la creación de escuelas y la instrucción para el mejoramiento agrícola. Asimismo, se discutió la importancia de establecer un Banco Nacional. Se convino en estimular una inmigración de países con mayor desarrollo tecnológico con originarios del norte de Europa y de los Estados Unidos de Norteamérica. Como parte de una política que ofrecía soluciones globales, se insistió en la necesidad de construir vías de comunicación para facilitar el intercambio de bienes y con ello disminuir el costo de los productos.

     En la década del treinta se discutió, con cierta intensidad, la necesidad de extender el cultivo del trigo en la Provincia de Caracas. Por esto se instó al Ejecutivo para que estableciera fórmulas para estimular su producción con la aplicación de impuestos civiles y eclesiásticos preferenciales, al lado de premiaciones para quienes alcanzaran altos promedios productivos en la Provincia. Entre las cartillas publicadas por la Sociedad… una de ellas fue dedicada a los tópicos propios de la siembra del trigo. En lo referente al trigo se informaba acerca del clima y tierras apropiadas para su producción, preparación de la tierra y cómo usar las semillas, su conservación en los graneros y el procesamiento y mantenimiento de la harina de trigo. Se redactaron cartillas del mismo talante para el arroz, añil, cochinilla, caña de azúcar, maíz, tabaco y yuca. Por otro lado, la Sociedad… se encargó de distribuir semillas de trigo que había importado desde España.

     Gracias al papel jugado por la Sociedad…, en favor del trigo, se discutió en el Congreso un proyecto de ley donde se pedía al Ejecutivo la exoneración del pago de impuestos, civiles y eclesiásticos, por un período de seis años. Después de largas discusiones se aprobó esta propuesta elaborada entre la Sociedad… y la Diputación Provincial de Caracas. Esta Diputación fue muy receptiva a las propuestas provenientes de la Sociedad de Amigos del País. En este sentido, se aprobó otorgar premios a los agricultores que lograran cosechar trigo en cantidad importante y para quienes introdujeran mejoras para alcanzar fines productivos.

     Otra de las recomendaciones que ella extendió a las autoridades competentes fue el establecimiento de un banco mercantil. Este serviría para el financiamiento de los productores con una carga impositiva tolerable para las partes. Fue un proyecto que circuló por los pasillos del Congreso. También, se hicieron públicas las reflexiones a su alrededor para intentar disminuir los temores existentes, entre la población, de crear una institución de este tipo a la que se veía con desconfianza. La Diputación Provincial de Caracas fue bastante receptiva en este orden. Desde su seno se estableció una ordenanza para establecer un banco en la Provincia de Caracas.

     Hubo proposiciones para hacer viable el orden público y la seguridad de los individuos. Una de las mayores denuncias fue la relacionada con el contrabando y los perjuicios que causaba al comercio y al erario público. El Reglamento General de Policía fue discutido en el seno de la Diputación Provincial de Caracas. Algunos aspectos del Reglamento se relacionaron con el apresamiento y procesamiento a los infractores de las leyes, los posibles integrantes de este cuerpo del orden, quienes debían estar bien remunerados y debían contar con una fuerza armada para sus labores.

     Resulta necesario agregar que quienes hicieron estas propuestas las formularon a partir de su condición de ciudadanos e integrantes de la elite social de la capital de la república. Se sabe que la base política de este grupo fue la Constitución de 1830 y con la que anhelaban establecer instituciones nuevas en un país dentro del cual vivían esclavos y hombres libres. Igualmente, en una denominada república en la cual los derechos ciudadanos eran prerrogativas de los que sabían leer y escribir, dueños de infraestructuras y negocios productivos, poseedores de diplomas universitarios o con salarios elevados.

     Al amparo de la guerra por la emancipación emergieron los privilegios de la nueva realidad social frente a la importancia que había tenido el título nobiliario y religioso durante el Antiguo Régimen.

     Quizás, sean las palabras delineadas por el Ministro de Interior y Justicia, Antonio Leocadio Guzmán, en 1831 con las que se pueda resumir la situación, experiencia y expectativas presentes en la mentalidad del grupo con mayores privilegios de la sociedad y quienes pretendían un acomodo social y económico bajo el influjo liberal. En su memoria como Ministro, Guzmán, habló acerca de un “misterioso país”, en que apenas se contaba con bienes para vivir, en medio de una naturaleza frondosa en todas las estaciones y con una gigantesca vegetación. Recordó, en esta ocasión, que la guerra había empobrecido al país, por tanto, era necesario “activar el interés particular y multiplicarlo”.

     Tal como lo había esbozado Guzmán, en 1833 Vargas propuso el papel del Estado y la promoción del trabajo productivo, al lado de las limitaciones a las “ganancias excesivas”. Domingo Briceño, miembro de la Sociedad de Amigos del País estableció la necesidad de estimular la formación de un grupo empresarial consagrado al bien social. En un discurso fechado el 30 de marzo de 1834 expresó el requerimiento de una Venezuela “unida y animada por el espíritu de empresa”. Según sus palabras, de este modo Venezuela abriría nuevos caminos hacia el patriotismo gracias a los caudales particulares que se colocarían en obras públicas, limpiar los puertos, formar los muelles, construir acueductos, allanar caminos, establecer bancos y abrir bazares. Sería la vía utilitarista según la cual el bien procurado para uno sería, por mampuesto, el disfrute para todos.

     La catadura exclusivista de los miembros de la Sociedad de Amigos, se puede constatar en lo expresado por Tomás Lander hacia 1835. Para éste un punto de relevante importancia era el de ser ciudadano cultivador y padre de familia, porque eran estas cualidades las que garantizaban el amor a la patria y el interés por la conservación de las instituciones. Santos Michelena a quien se tiene como un teórico de la economía y quien ocupó la cartera de Hacienda, propuso que el rol del Estado era el de facilitar y hacer viable la acción individual. La prosperidad pública, según su concepción, se explayaría por las condiciones materiales provistas desde la autoridad pública, con el propósito de hacer posible el intercambio de los patrimonios particulares.

     Se intentó desplegar un hacer social en que cada sector de la sociedad tenía que dirigir sus maniobras hacia la modernización. En este orden, la Iglesia y su papel bajo estos principios fue objeto de análisis tal cual se puede ratificar en algunas líneas esbozadas por Tomás Lander. En 1835, Lander recordó que las obras pías habían sido una invención para aminorar las fortunas. Llegó a decir que desde temprana edad ella controlaba la conducta hasta el punto de entremeterse en los testamentos y así escamotear valores considerables a las familias de Venezuela. Por esto indicó que los legados para caridad eran sólo un invento sacerdotal con los que, amparados en obras pías, se enriquecían algunos miembros de la Iglesia. En los primeros tiempos de construcción republicana los miembros del grupo de mayores privilegios económicos, en especial, comerciales y agrícolas pretendieron extender un tipo de sociedad según el modelo funcional existente en Occidente.

Sembrar el petróleo

Sembrar el petróleo

CRÓNICAS DE LA CIUDAD

Sembrar el petróleo

El destino nos alcanzó 

     El martes 14 de julio de 1936, el diario caraqueño Ahora, en su primera página, publicó un editorial titulado «Sembrar el Petróleo», que plantea la necesidad de invertir los recursos provenientes de la renta petrolera en el sector no petrolero de la economía nacional, con miras al desarrollo integral del país. El autor del escrito es el entonces joven universitario de 30 años, Arturo Uslar Pietri

     El significado de la frase «Sembrar el petróleo» quizá se pueda resumir en este párrafo del editorial: 

     «Urge aprovechar la riqueza transitoria de la actual economía destructiva para crear las bases sanas y amplias y coordinadas de esa futura economía progresiva que será nuestra verdadera acta de independencia. Es menester sacar la mayor renta de las minas para invertirla totalmente en ayudas, facilidades y estímulos a la agricultura, la cría y las industrias nacionales. Que en lugar de ser el petróleo una maldición que haya de convertirnos en un pueblo parásito e inútil, sea la afortunada coyuntura que permita con su súbita riqueza acelerar y fortificar la evolución productora del pueblo venezolano en condiciones excepcionales.»

 

Sembrar el petróleo

Por Arturo Uslar Pietri

      “Cuando se considera con algún detenimiento el panorama económico y financiero de Venezuela se hace angustiosa la noción de la gran parte de economía destructiva que hay en la producción de nuestra riqueza, es decir, de aquella que consume sin preocuparse de mantener ni de reconstituir las cantidades existentes de materia y energía. En otras palabras, la economía destructiva es aquella que sacrifica el futuro al presente, la que llevando las cosas a los términos del fabulista se asemeja a la cigarra y no a la hormiga.

     En efecto, en un presupuesto de efectivos ingresos rentísticos de 180 millones, las minas figuran con 58 millones, o sea casi la tercera parte del ingreso total, sin numerosas formas hacer estimación de otras numerosas formas indirectas e importantes de contribución que pueden imputarse igualmente a las minas.

Editorial Sembrar El Petróleo, publicado en el diario caraqueño Ahora, el 14 de julio de 1936

     La riqueza pública venezolana reposa en la actualidad, en más de un tercio, sobre el aprovechamiento destructor de los yacimientos del subsuelo, cuya vida no es solamente limitada por razones naturales, sino cuya productividad depende por entero de factores y voluntades ajenos a la economía nacional. Esta gran proporción de riqueza de origen destructivo crecerá sin duda alguna el día en que los impuestos mineros se hagan más justos y remunerativos, hasta acercarse al sueño suicida de algunos ingenuos que ven como el ideal de la hacienda venezolana llegar a pagar la totalidad del Presupuesto con la sola renta de minas, lo que habría de traducir más simplemente así: llegar a hacer de Venezuela un país improductivo y ocioso, un inmenso parásito del petróleo, nadando en una abundancia momentánea y corruptora y abocado a una catástrofe inminente e inevitable.

     Pero no sólo llega a esta grave proporción el carácter destructivo de nuestra economía, sino que va aún más lejos alcanzando magnitud trágica. La riqueza del suelo entre nosotros no sólo no aumenta, sino tiende a desaparecer. Nuestra producción agrícola decae en cantidad y calidad de modo alarmante. Nuestros escasos frutos de exportación se han visto arrebatar el sitio en los mercados internacionales por competidores más activos y hábiles. Nuestra ganadería degenera y empobrece con las epizootias, la garrapata y la falta de cruce adecuado. Se esterilizan las tierras sin abonos, se cultiva con los métodos más anticuados, se destruyen bosques enormes sin replantarlos para ser convertidos en leña y carbón vegetal. De un libro recién publicado tomamos este dato ejemplar: «En la región del Cuyuní trabajaban más o menos tres mil hombres que tumbaban por término medio nueve mil árboles por día, que totalizaban en el mes 270 mil, y en los siete meses, inclusive los Nortes, un millón ochocientos noventa mil árboles. Multiplicando esta última suma por el número de años que se trabajó el balatá, se obtendrá una cantidad exorbitante de árboles derribados y se formará una idea de lo lejos que está el purguo». Estas frases son el brutal epitafio del balatá, que, bajo otros procedimientos, hubiera podido ser una de las mayores riquezas venezolanas.

     La lección de este cuadro amenazador es simple: urge crear sólidamente en Venezuela una economía reproductiva y progresiva. Urge aprovechar la riqueza transitoria de la actual economía destructiva para crear las bases sanas y amplias y coordinadas de esa futura economía progresiva que será nuestra verdadera acta de independencia. Es menester sacar la mayor renta de las minas para invertirla totalmente en ayudas, facilidades y estímulos a la agricultura, la cría y las industrias nacionales. Que en lugar de ser el petróleo una maldición que haya de convertirnos en un pueblo parásito e inútil sea la afortunada coyuntura que permita con su súbita riqueza acelerar y fortificar la evolución productora del pueblo venezolano en condiciones excepcionales.

     La parte que en nuestros presupuestos actuales se dedica a este verdadero fomento y creación de riquezas es todavía pequeña y acaso no pase de la séptima parte del monto total de los gastos. Es necesario que estos egresos destinados a crear y garantizar el desarrollo inicial de una economía progresiva alcance por lo menos hasta concurrencia de la renta minera.

     La única política económica sabia y salvadora que debemos practicar, es la de transformar la renta minera en crédito agrícola, estimular la agricultura científica y moderna, importar sementales y pastos, repoblar los bosques, construir todas las represas y canalizaciones necesarias para regularizar la irrigación y el defectuoso régimen de las aguas, mecanizar e industrializar el campo, crear cooperativas para ciertos cultivos y pequeños propietarios para otros.

     Esa sería la verdadera acción de construcción nacional, el verdadero aprovechamiento de la riqueza patria y tal debe ser el empeño de todos los venezolanos conscientes.

     Si hubiéramos de proponer una divisa para nuestra política económica lanzaríamos la siguiente, que nos parece resumir dramáticamente esa necesidad de invertir la riqueza producida por el sistema destructivo de la mina, en crear riqueza agrícola, reproductiva y progresiva: sembrar el petróleo”.

Arturo Uslar Pietri escribió el editorial Sembrar el Petróleo cuando apenas contaba con 30 años

Circo metropolitano escenario para el cine y boxeo – Parte II

Circo metropolitano escenario para el cine y boxeo – Parte II

CRÓNICAS DE LA CIUDAD

Circo metropolitano escenario para el cine y boxeo – Parte II

     En cuanto al “Metropolitano” agregaremos que como la temporada de toros no duraba sino algunos meses, en el intervalo era necesario no dar tregua al Circo a fin de lograr siquiera un módico rédito del capital invertido. Por ello, algún tiempo después de concluido el “Circo Metropolitano”, se acudió a la actividad cinematográfica bajo el comando de Carlos Badaracco, hermano de doña Matilde, la gentil esposa de D. Pedro Salas y, después de la muerte de éste, Marquesa de Lestan Parada.

     A impulsos de una intensa propaganda llevada a cabo en la prensa y en cartelones y programas impresos, en los cuales se indicaba no haber entradas de favor, y a los acordes de una pequeña orquesta que alternaba piezas clásicas con valses y sones de sabor criollísimo, desfilaban por la pantalla circense las siluetas de Francesca Bertini, de las hermanas Costanza y Norma Talmadge, Gabriela Robine, Tina Meniquelli, Mary Pickford, Gloria Swanson, Charlie Chaplin, Pola Negri, Perla White, Jacky Coogan y otros próceres del silente cine.

     Como las películas entonces eran de corta duración, la empresa pasaba otra en calidad de ñapa, generalmente cómica. La costumbre bien pronto se hizo ley y, así, al terminar la película anunciada en el programa, el público comenzaba a gritar entre palmas y rechiflas: “¡la cómica, Badaraco, Badaraquito!, ¡la cómica! la cómica!” Y el soberano era complacido a base de películas interpretadas por Polidoro, Max Linder, Charlie Chaplin y otros virtuosos de la risa.

     Posteriormente el “Metropolitano” fue tomado en arrendamiento para los mismos fines, por la “Sociedad de Cines y Espectáculos”, de la cual era propulsor, cerebro y nervio el caraqueñísimo Manuel Madriz.

     Con amigos en todos los sectores y con una amplia pupila respecto de aquella actividad, eran seguras las utilidades porque, ciertamente, para sus copartícipes, él constituía el negocio en realidad. Espíritu cultísimo y con un corazón abierto a todos los caminos del aprecio y de la simpatía, Manuel Madriz, como buen filósofo que es, ha sabido sacarle provecho espiritual a los mejores años de su vida. Entre la música, el amor y otros delicados sentimientos se han deslizado con altura por los predios del placer. ¿No lleva acaso por el lado materno el Travieso en su genealogía? Y, en realidad, ha sido bien travieso este vernáculo Epicuro! Como alto empleado de la Compañía Anónima Teléfonos de Venezuela rindió años más tarde una brillantísima labor, retirado definitivamente del cambiante mundo de los intereses materiales, hoy, entre los rascacielos neoyorquinos y el bullanguero ambiente caraqueño, goza de la paz interior a que dan derecho la rectitud y el patriotismo. Y si todavía se engalla ante una copa o una falda, no lo hace sino para que digan, porque a la verdad, pertenece todo entero a Hilda, su gentilísima consorte y a su hija la preciosa Luisa Helena, fin y razón de ser de su existencia.

     Por lo demás, con el tiempo, otro circo fue construido y el “Metropolitano” como centro taurino pasó a segundo término, si bien se efectuaban en él algunas corridas. Pero siguió siendo sede para la exhibición de películas y de otros espectáculos como los circos de caballitos y acrobacias; el famoso encuentro entre un rugiente tigre y un temible toro; y la función ideada por el recordado “gringo” Míster Simmerman a base de una lucha entre un caimán y un toro, después de la película de ley. Y es de hacer memoria de cómo por entonces el caimán estaba derrengado y medio muerto. Míster Simmerman, con mañas de prestidigitador, hacía mover al formidable saurio por medio de cordeles invisibles. No son muy claras las noticias que hemos logrado recoger en el particular, pero sospechamos que en la jugarreta metía también la mano don Manuel Madriz.

     Más tarde, el “ring” se instaló en el “Metropolitano”. Allí se dieron cita boxeadores de categorías diferentes y se combinaron halagadores encuentros. 

     Los días de la década comprendida entre 19390 y 1940 fueron épocas estelares para Armando Best , para Simón Chávez, El Pollo de la Palmita, para Enrique Chafardet y para otros boxeadores criollos enfrentados a rivales de cartel, como el terrible Peter Martin y tantos más que hemos olvidado.

     Si no estamos equivocados, en realidad el boxeo comenzó en el “Metropolitano” por allá en el año de 1925. Fueron los primeros empresarios los señores Alfredo de la Sota y Urbaneja y José Antonio Borges Villegas, cordialísimos amigos, incansables luchadores en el campo del trabajo y muy jóvenes para la época a que nos referimos.

     Ante la escasez de púgiles, comenzaron la tarea con bastante ingenio. En uno de los pocos garajes que por entonces existían en la ciudad, antecesores de las modernas y lujosas estaciones de servicio, de la Sota y Urbaneja y Borges Villegas localizaron a un mozo venezolano, color de ébano, lavador de carros, quien gozaba en exhibir su formidable musculatura cuando se daba a la faena de montar y desmontar neumáticos a los carros de los clientes del garaje.

     Enseguida los indicados empresarios, con el propósito de conquistarlo para las labores del “ring”, entraron en tratos con el criollo y musculoso atleta. Aceptada por éste la propuesta y después del consiguiente entrenamiento y de recibir algunas clases e instrucciones en el arte de dar y de recibir puñetazos con enguantada mano, se resolvió concertar una pelea para presentarlo en público. 

Aviso Boxeo en el Circo Metropolitano de Caracas

     Con el fin de imprimirle novedad al encuentro y atraer a los aficionados, la empresa urdió una novela o leyenda. En cartelones y programas presentaban al fornido compatriota con el nombre de Battling Hamley y lo anunciaban como el gran campeón antillano. La pelea la cazaron con el italiano Vittorio Carreta, quien a pesar de dárselas de experto boxeador, la noche del estreno fue víctima de los terribles puños del temible caraqueño, hasta el punto de quedar completamente destrozado.

     Animados por el éxito de taquilla alcanzado mediante la actuación del falsificado Battling Hamley, los  empresarios contrataron al conocido Armando Best, hombre laborioso y honesto. Era entonces joven, dotado de fuerte contextura y con bastantes conocimientos en las cuestiones y peripecias del “ring”. En aquellos días figuraba también entre los noveles púgiles, el señor Rafael Carabaño, dotado igualmente de vigorosa naturaleza física, fraguada en el  constante ejercitar en trapecios, argollas y paralelas; mozo de muchos amigos por su ingénita simpatía; de marcada vocación revolucionaria y peleador de barrio, actividad esa en la cual sobresalía por la agilidad con que lanzaba cabezazos al cuerpo del contrario.

     Se concertó la pelea entre Carabaño y Best. Si mal no recordamos, sirvió de “referee” Jesús Corao, veterano deportista, meritorio industrial, rebelde en política a los dictados de la fuerza y leal en la amistad, como lo fue también otro “referee” de aquellos días, el gran caballero Alexis Pietri Ibarra, infortunadamente desaparecido hoy. En medio de los gritos de los partidarios de uno y otro boxeador, la función se desarrolló en forma favorable para Armando best, quien desbarató a su contrario. De allí surgió el estribillo: Carabaño, mis golpes te han hecho daño, aprovechado por la empresa como eslogan  para su propaganda.

     Consagrado Armando Best, hubo que buscarle contendor en las plazas extranjeras y fue así importado el argentino Godin, para más señas, tuerto y agilísimo para el esguince y para el juego de cuerdas. La verdad es que Godin deterioró bastante el bien ganado prestigio del meritorio Armando Best, quien sufrió también el castigo de los terribles golpes del norteamericano Peter Martin, cuando ya la empresa estaba en otras manos con Roberto Santana Llamozas como principal capitalista.

     Por aquellos tiempos llegó a La Guaira un buque de guerra yanqui y entre la tripulación figuraba un joven y fornido “musiú” a quien conquistaron para el tablado del “Metropolitano”. Lamentablemente para el rubio “gringo”, Godin acabó con él la primera noche de su actuación, ante la sorpresa de sus compañeros de marinería. Nuevos púgiles aparecieron posteriormente en el horizonte caraqueño, entre ellos el chileno Víctor Vásquez y luego los boxeadores antillanos. Estos, en la punta de sus guantes, se llevaron enredada la fama del nombrado Vásquez, de Godin y de otros líderes del “ring” de entonces.

     Por lo demás, en el implacable discurrir del tiempo, los altibajos en la vida del “Metropolitano” desembocaron inevitablemente en su completa desaparición.

     La Compañía Anónima “Metropolitana”, constituida por los doctores Pablo y Emilio Fernández y por los señores Ilio Ulivi, Dionisio Bolívar y Cipriano Jiménez Macías, se encargó  ̶ hablando en términos taurinos ̶ de darle la puntilla.

     Pero después de haber sido límpido fanal que por varias décadas marcó el rumbo al entusiasmo caraqueño, él no podía morir oscuramente. Y fue así como el año de 1952, bajo el comando de aquellos distinguidos e importantes factores de la economía nacional, reforzados los primitivos cimientos sobre los cuales descansó el pesado casco o armadura, se levantó allí un amplio y lujoso teatro de arquitectura modernísima, más un edificio de ocho pisos, a un costo de ocho millones de bolívares, y en el cual están instaladas casi todas las empresas que trabajan en Caracas en el ramo de películas. Y para honrar, sin duda, la memoria del antiguo coso de D. Pedro Salas Camacho, al hermoso teatro se le dio el nombre de “TEATRO METROPOLITANO”.

     Pero recordemos que, desde 1919, otro circo había salido a disputarle al “Metropolitano” el afecto de los caraqueños.

     En efecto, primero bajo la dirección del arquitecto Luis Muñoz Tébar y luego bajo la del también arquitecto Alejandro Chataing, por haber fallecido aquél, víctima de la gripe española, se construyó el llamado “NUEVO CIRCO DE CARACAS”, más amplio que el “Metropolitano” y con estilo arquitectónico distinto.

 

Información tomada de: Parra Márquez, Héctor. Sitios, sucesos y personajes caraqueños. Caracas: Empresa El Cojo S.A., 1967; páginas 220-229

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