La sociedad económica de amigos del país

La sociedad económica de amigos del país

CRÓNICAS DE LA CIUDAD

Crónicas de la Ciudad

     El asiento principal de la Sociedad Económica de Amigos del País fue la Provincia de Caracas donde tuvo un destacado papel durante el período comprendido entre 1830 -1840. Aunque los propósitos por los que fue establecida eran nacionales. Este tipo de asociación se habían extendido en distintos espacios territoriales de América con la finalidad de informar e ilustrar a la población y al gobierno, acerca de ideas orientadas al mejoramiento de la situación del país. De igual manera, tenía la intención de colaborar en las acciones públicas y privadas indispensables para que los resultados de mejoramiento fuesen eficaces.

     Las gestiones de la Sociedad de Amigos… fueron de gran vigor en los primeros cuatro años de su existencia, aunque no se disolvió de modo formal, ya para 1841 apenas se la mencionó al dar a conocer un posible repunte que nunca cristalizó. Si bien la decisión de su establecimiento fue una iniciativa de elites económicas y culturales de Caracas, su creación se presentó mediante un decreto establecido por José Antonio Páez, el 26 de octubre de 1829. En Europa este tipo de asociación se había generalizado a lo largo del 1700. Su motivación se concentró en la difusión de inventos, la necesaria transformación de valores e ideas para alcanzar el progreso, incrementar las riquezas de las naciones. Fue un servicio enmarcado en la nueva concepción acerca de la razón como facultad humana propicia para la instrucción y nuevos saberes de lo que se estimaba como ciencia moderna.

     Fue una asociación que se llevó a cabo de modo tardío con respecto a otros países latinoamericanos cuya existencia data del 1700. Las condiciones sociales y económicas del país eran bastante precarias, en especial, en lo que respecta al aparato productivo, infraestructura deficiente, vías de comunicación escasas, con una población poco numerosa y con una instrucción pública casi inexistente. Los primeros cuatro años de existencia de la Sociedad de Amigos… fueron de estrecha relación con el gobierno paecista. Es natural que haya sido así porque muchos de sus miembros fundadores ejercían cargos públicos, entre quienes se destacaban: José María Vargas, Carlos Soublette, Francisco Javier Yánez, Pedro Quintero, Miguel Peña y Manuel Felipe Tovar, entre otros.

     Aunque la Sociedad… no presentó un cuerpo de ideas definidas para su funcionamiento, sus integrantes estuvieron de acuerdo en lo atinente a las fórmulas políticas, sociales y económicas para el progreso nacional. 

El médico y político José María Vargas fue uno de los fundadores de la Sociedad Económica del País

     En las Memorias de la Sociedad de Amigos del País, aparecieron algunos discursos de sus miembros que dan cuenta del tono ideológico de varios de ellos. En 1833 José María Vargas preparó una disertación en que abordó el papel del Estado en la sociedad moderna. En ella subrayó que el Estado debía ofrecer condiciones para la creación y fortalecimiento del trabajo individual, por medio de leyes y sanciones en asociación con particulares, encargadas de ofrecer las fuentes de trabajo e industria.

     En este sentido, la Sociedad… se asumió como un intermediario. Al ser creada por gestión gubernamental, su propósito axial se concentraba en colaborar con el gobierno para el establecimiento de condiciones que promovieran las actividades económicas particulares. Otro propósito era el de evitar la amplificación de un espíritu competitivo, al poder expresarse por un afán de riqueza desmedido. Por tal razón, era preciso proporcionar un trabajo equilibrado que aportara una remuneración justa y una estabilidad para el trabajador.

Santos Michelena, propuso en 1836 que el rol del Estado era el de facilitar y hacer viable la acción individual

     Entre los años de 1830 y 1834 las relaciones entre la Sociedad… y la administración estatal fueron de avenimientos mutuos. Una de ellas se centró en la necesidad de estimular estudios en torno a la situación productiva del país, creación y reforma de leyes y el establecimiento de políticas tributarias y fiscales. Así, la Sociedad… presentó un proyecto de Ley Mercantil y un proyecto para el establecimiento de un banco con el cual llevar a cabo actividades de financiamiento y créditos. En lo referente a las reformas fiscales se pidió la reducción de los censos al dos y medio por ciento, la depreciación de derechos de exportación al café y la dispensa de derechos al trigo. A su vez, desde el Ejecutivo se elevaron peticiones a la Sociedad… entre los que se encontraban: la elaboración de un proyecto para la creación de una casa de beneficencia, un informe en el que se informara acerca del Reglamento de Policía de la Provincia de Caracas y prestar auxilio para llevar a cabo un censo en esta última.

     Uno de los aspectos de mayor atención fue la agricultura como base y baluarte del progreso nacional. La intención fundamental fue la de alcanzar un espacio territorial que lograra satisfacer sus necesidades básicas, que no dependiera de bienes provenientes del extranjero. Entre las propuestas que surgieron desde su seno estuvo el apoyo técnico y tecnológico para incrementar la calidad de los cultivos con la incorporación de maquinaria y tecnificación para el cultivo. Bajo este marco se publicaron cartillas agrícolas junto con la creación de escuelas y la instrucción para el mejoramiento agrícola. Asimismo, se discutió la importancia de establecer un Banco Nacional. Se convino en estimular una inmigración de países con mayor desarrollo tecnológico con originarios del norte de Europa y de los Estados Unidos de Norteamérica. Como parte de una política que ofrecía soluciones globales, se insistió en la necesidad de construir vías de comunicación para facilitar el intercambio de bienes y con ello disminuir el costo de los productos.

     En la década del treinta se discutió, con cierta intensidad, la necesidad de extender el cultivo del trigo en la Provincia de Caracas. Por esto se instó al Ejecutivo para que estableciera fórmulas para estimular su producción con la aplicación de impuestos civiles y eclesiásticos preferenciales, al lado de premiaciones para quienes alcanzaran altos promedios productivos en la Provincia. Entre las cartillas publicadas por la Sociedad… una de ellas fue dedicada a los tópicos propios de la siembra del trigo. En lo referente al trigo se informaba acerca del clima y tierras apropiadas para su producción, preparación de la tierra y cómo usar las semillas, su conservación en los graneros y el procesamiento y mantenimiento de la harina de trigo. Se redactaron cartillas del mismo talante para el arroz, añil, cochinilla, caña de azúcar, maíz, tabaco y yuca. Por otro lado, la Sociedad… se encargó de distribuir semillas de trigo que había importado desde España.

     Gracias al papel jugado por la Sociedad…, en favor del trigo, se discutió en el Congreso un proyecto de ley donde se pedía al Ejecutivo la exoneración del pago de impuestos, civiles y eclesiásticos, por un período de seis años. Después de largas discusiones se aprobó esta propuesta elaborada entre la Sociedad… y la Diputación Provincial de Caracas. Esta Diputación fue muy receptiva a las propuestas provenientes de la Sociedad de Amigos del País. En este sentido, se aprobó otorgar premios a los agricultores que lograran cosechar trigo en cantidad importante y para quienes introdujeran mejoras para alcanzar fines productivos.

     Otra de las recomendaciones que ella extendió a las autoridades competentes fue el establecimiento de un banco mercantil. Este serviría para el financiamiento de los productores con una carga impositiva tolerable para las partes. Fue un proyecto que circuló por los pasillos del Congreso. También, se hicieron públicas las reflexiones a su alrededor para intentar disminuir los temores existentes, entre la población, de crear una institución de este tipo a la que se veía con desconfianza. La Diputación Provincial de Caracas fue bastante receptiva en este orden. Desde su seno se estableció una ordenanza para establecer un banco en la Provincia de Caracas.

     Hubo proposiciones para hacer viable el orden público y la seguridad de los individuos. Una de las mayores denuncias fue la relacionada con el contrabando y los perjuicios que causaba al comercio y al erario público. El Reglamento General de Policía fue discutido en el seno de la Diputación Provincial de Caracas. Algunos aspectos del Reglamento se relacionaron con el apresamiento y procesamiento a los infractores de las leyes, los posibles integrantes de este cuerpo del orden, quienes debían estar bien remunerados y debían contar con una fuerza armada para sus labores.

     Resulta necesario agregar que quienes hicieron estas propuestas las formularon a partir de su condición de ciudadanos e integrantes de la elite social de la capital de la república. Se sabe que la base política de este grupo fue la Constitución de 1830 y con la que anhelaban establecer instituciones nuevas en un país dentro del cual vivían esclavos y hombres libres. Igualmente, en una denominada república en la cual los derechos ciudadanos eran prerrogativas de los que sabían leer y escribir, dueños de infraestructuras y negocios productivos, poseedores de diplomas universitarios o con salarios elevados.

     Al amparo de la guerra por la emancipación emergieron los privilegios de la nueva realidad social frente a la importancia que había tenido el título nobiliario y religioso durante el Antiguo Régimen.

     Quizás, sean las palabras delineadas por el Ministro de Interior y Justicia, Antonio Leocadio Guzmán, en 1831 con las que se pueda resumir la situación, experiencia y expectativas presentes en la mentalidad del grupo con mayores privilegios de la sociedad y quienes pretendían un acomodo social y económico bajo el influjo liberal. En su memoria como Ministro, Guzmán, habló acerca de un “misterioso país”, en que apenas se contaba con bienes para vivir, en medio de una naturaleza frondosa en todas las estaciones y con una gigantesca vegetación. Recordó, en esta ocasión, que la guerra había empobrecido al país, por tanto, era necesario “activar el interés particular y multiplicarlo”.

     Tal como lo había esbozado Guzmán, en 1833 Vargas propuso el papel del Estado y la promoción del trabajo productivo, al lado de las limitaciones a las “ganancias excesivas”. Domingo Briceño, miembro de la Sociedad de Amigos del País estableció la necesidad de estimular la formación de un grupo empresarial consagrado al bien social. En un discurso fechado el 30 de marzo de 1834 expresó el requerimiento de una Venezuela “unida y animada por el espíritu de empresa”. Según sus palabras, de este modo Venezuela abriría nuevos caminos hacia el patriotismo gracias a los caudales particulares que se colocarían en obras públicas, limpiar los puertos, formar los muelles, construir acueductos, allanar caminos, establecer bancos y abrir bazares. Sería la vía utilitarista según la cual el bien procurado para uno sería, por mampuesto, el disfrute para todos.

     La catadura exclusivista de los miembros de la Sociedad de Amigos, se puede constatar en lo expresado por Tomás Lander hacia 1835. Para éste un punto de relevante importancia era el de ser ciudadano cultivador y padre de familia, porque eran estas cualidades las que garantizaban el amor a la patria y el interés por la conservación de las instituciones. Santos Michelena a quien se tiene como un teórico de la economía y quien ocupó la cartera de Hacienda, propuso que el rol del Estado era el de facilitar y hacer viable la acción individual. La prosperidad pública, según su concepción, se explayaría por las condiciones materiales provistas desde la autoridad pública, con el propósito de hacer posible el intercambio de los patrimonios particulares.

     Se intentó desplegar un hacer social en que cada sector de la sociedad tenía que dirigir sus maniobras hacia la modernización. En este orden, la Iglesia y su papel bajo estos principios fue objeto de análisis tal cual se puede ratificar en algunas líneas esbozadas por Tomás Lander. En 1835, Lander recordó que las obras pías habían sido una invención para aminorar las fortunas. Llegó a decir que desde temprana edad ella controlaba la conducta hasta el punto de entremeterse en los testamentos y así escamotear valores considerables a las familias de Venezuela. Por esto indicó que los legados para caridad eran sólo un invento sacerdotal con los que, amparados en obras pías, se enriquecían algunos miembros de la Iglesia. En los primeros tiempos de construcción republicana los miembros del grupo de mayores privilegios económicos, en especial, comerciales y agrícolas pretendieron extender un tipo de sociedad según el modelo funcional existente en Occidente.

Sembrar el petróleo

Sembrar el petróleo

CRÓNICAS DE LA CIUDAD

Crónicas de la Ciudad

El destino nos alcanzó 

     El martes 14 de julio de 1936, el diario caraqueño Ahora, en su primera página, publicó un editorial titulado «Sembrar el Petróleo», que plantea la necesidad de invertir los recursos provenientes de la renta petrolera en el sector no petrolero de la economía nacional, con miras al desarrollo integral del país. El autor del escrito es el entonces joven universitario de 30 años, Arturo Uslar Pietri

     El significado de la frase «Sembrar el petróleo» quizá se pueda resumir en este párrafo del editorial: 

     «Urge aprovechar la riqueza transitoria de la actual economía destructiva para crear las bases sanas y amplias y coordinadas de esa futura economía progresiva que será nuestra verdadera acta de independencia. Es menester sacar la mayor renta de las minas para invertirla totalmente en ayudas, facilidades y estímulos a la agricultura, la cría y las industrias nacionales. Que en lugar de ser el petróleo una maldición que haya de convertirnos en un pueblo parásito e inútil, sea la afortunada coyuntura que permita con su súbita riqueza acelerar y fortificar la evolución productora del pueblo venezolano en condiciones excepcionales.»

 

Sembrar el petróleo

Por Arturo Uslar Pietri

      “Cuando se considera con algún detenimiento el panorama económico y financiero de Venezuela se hace angustiosa la noción de la gran parte de economía destructiva que hay en la producción de nuestra riqueza, es decir, de aquella que consume sin preocuparse de mantener ni de reconstituir las cantidades existentes de materia y energía. En otras palabras, la economía destructiva es aquella que sacrifica el futuro al presente, la que llevando las cosas a los términos del fabulista se asemeja a la cigarra y no a la hormiga.

     En efecto, en un presupuesto de efectivos ingresos rentísticos de 180 millones, las minas figuran con 58 millones, o sea casi la tercera parte del ingreso total, sin numerosas formas hacer estimación de otras numerosas formas indirectas e importantes de contribución que pueden imputarse igualmente a las minas.

Editorial Sembrar El Petróleo, publicado en el diario caraqueño Ahora, el 14 de julio de 1936

     La riqueza pública venezolana reposa en la actualidad, en más de un tercio, sobre el aprovechamiento destructor de los yacimientos del subsuelo, cuya vida no es solamente limitada por razones naturales, sino cuya productividad depende por entero de factores y voluntades ajenos a la economía nacional. Esta gran proporción de riqueza de origen destructivo crecerá sin duda alguna el día en que los impuestos mineros se hagan más justos y remunerativos, hasta acercarse al sueño suicida de algunos ingenuos que ven como el ideal de la hacienda venezolana llegar a pagar la totalidad del Presupuesto con la sola renta de minas, lo que habría de traducir más simplemente así: llegar a hacer de Venezuela un país improductivo y ocioso, un inmenso parásito del petróleo, nadando en una abundancia momentánea y corruptora y abocado a una catástrofe inminente e inevitable.

     Pero no sólo llega a esta grave proporción el carácter destructivo de nuestra economía, sino que va aún más lejos alcanzando magnitud trágica. La riqueza del suelo entre nosotros no sólo no aumenta, sino tiende a desaparecer. Nuestra producción agrícola decae en cantidad y calidad de modo alarmante. Nuestros escasos frutos de exportación se han visto arrebatar el sitio en los mercados internacionales por competidores más activos y hábiles. Nuestra ganadería degenera y empobrece con las epizootias, la garrapata y la falta de cruce adecuado. Se esterilizan las tierras sin abonos, se cultiva con los métodos más anticuados, se destruyen bosques enormes sin replantarlos para ser convertidos en leña y carbón vegetal. De un libro recién publicado tomamos este dato ejemplar: «En la región del Cuyuní trabajaban más o menos tres mil hombres que tumbaban por término medio nueve mil árboles por día, que totalizaban en el mes 270 mil, y en los siete meses, inclusive los Nortes, un millón ochocientos noventa mil árboles. Multiplicando esta última suma por el número de años que se trabajó el balatá, se obtendrá una cantidad exorbitante de árboles derribados y se formará una idea de lo lejos que está el purguo». Estas frases son el brutal epitafio del balatá, que, bajo otros procedimientos, hubiera podido ser una de las mayores riquezas venezolanas.

     La lección de este cuadro amenazador es simple: urge crear sólidamente en Venezuela una economía reproductiva y progresiva. Urge aprovechar la riqueza transitoria de la actual economía destructiva para crear las bases sanas y amplias y coordinadas de esa futura economía progresiva que será nuestra verdadera acta de independencia. Es menester sacar la mayor renta de las minas para invertirla totalmente en ayudas, facilidades y estímulos a la agricultura, la cría y las industrias nacionales. Que en lugar de ser el petróleo una maldición que haya de convertirnos en un pueblo parásito e inútil sea la afortunada coyuntura que permita con su súbita riqueza acelerar y fortificar la evolución productora del pueblo venezolano en condiciones excepcionales.

     La parte que en nuestros presupuestos actuales se dedica a este verdadero fomento y creación de riquezas es todavía pequeña y acaso no pase de la séptima parte del monto total de los gastos. Es necesario que estos egresos destinados a crear y garantizar el desarrollo inicial de una economía progresiva alcance por lo menos hasta concurrencia de la renta minera.

     La única política económica sabia y salvadora que debemos practicar, es la de transformar la renta minera en crédito agrícola, estimular la agricultura científica y moderna, importar sementales y pastos, repoblar los bosques, construir todas las represas y canalizaciones necesarias para regularizar la irrigación y el defectuoso régimen de las aguas, mecanizar e industrializar el campo, crear cooperativas para ciertos cultivos y pequeños propietarios para otros.

     Esa sería la verdadera acción de construcción nacional, el verdadero aprovechamiento de la riqueza patria y tal debe ser el empeño de todos los venezolanos conscientes.

     Si hubiéramos de proponer una divisa para nuestra política económica lanzaríamos la siguiente, que nos parece resumir dramáticamente esa necesidad de invertir la riqueza producida por el sistema destructivo de la mina, en crear riqueza agrícola, reproductiva y progresiva: sembrar el petróleo”.

Arturo Uslar Pietri escribió el editorial Sembrar el Petróleo cuando apenas contaba con 30 años

Circo metropolitano escenario para el cine y boxeo – Parte II

Circo metropolitano escenario para el cine y boxeo – Parte II

CRÓNICAS DE LA CIUDAD

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     En cuanto al “Metropolitano” agregaremos que como la temporada de toros no duraba sino algunos meses, en el intervalo era necesario no dar tregua al Circo a fin de lograr siquiera un módico rédito del capital invertido. Por ello, algún tiempo después de concluido el “Circo Metropolitano”, se acudió a la actividad cinematográfica bajo el comando de Carlos Badaracco, hermano de doña Matilde, la gentil esposa de D. Pedro Salas y, después de la muerte de éste, Marquesa de Lestan Parada.

     A impulsos de una intensa propaganda llevada a cabo en la prensa y en cartelones y programas impresos, en los cuales se indicaba no haber entradas de favor, y a los acordes de una pequeña orquesta que alternaba piezas clásicas con valses y sones de sabor criollísimo, desfilaban por la pantalla circense las siluetas de Francesca Bertini, de las hermanas Costanza y Norma Talmadge, Gabriela Robine, Tina Meniquelli, Mary Pickford, Gloria Swanson, Charlie Chaplin, Pola Negri, Perla White, Jacky Coogan y otros próceres del silente cine.

     Como las películas entonces eran de corta duración, la empresa pasaba otra en calidad de ñapa, generalmente cómica. La costumbre bien pronto se hizo ley y, así, al terminar la película anunciada en el programa, el público comenzaba a gritar entre palmas y rechiflas: “¡la cómica, Badaraco, Badaraquito!, ¡la cómica! la cómica!” Y el soberano era complacido a base de películas interpretadas por Polidoro, Max Linder, Charlie Chaplin y otros virtuosos de la risa.

     Posteriormente el “Metropolitano” fue tomado en arrendamiento para los mismos fines, por la “Sociedad de Cines y Espectáculos”, de la cual era propulsor, cerebro y nervio el caraqueñísimo Manuel Madriz.

     Con amigos en todos los sectores y con una amplia pupila respecto de aquella actividad, eran seguras las utilidades porque, ciertamente, para sus copartícipes, él constituía el negocio en realidad. Espíritu cultísimo y con un corazón abierto a todos los caminos del aprecio y de la simpatía, Manuel Madriz, como buen filósofo que es, ha sabido sacarle provecho espiritual a los mejores años de su vida. Entre la música, el amor y otros delicados sentimientos se han deslizado con altura por los predios del placer. ¿No lleva acaso por el lado materno el Travieso en su genealogía? Y, en realidad, ha sido bien travieso este vernáculo Epicuro! Como alto empleado de la Compañía Anónima Teléfonos de Venezuela rindió años más tarde una brillantísima labor, retirado definitivamente del cambiante mundo de los intereses materiales, hoy, entre los rascacielos neoyorquinos y el bullanguero ambiente caraqueño, goza de la paz interior a que dan derecho la rectitud y el patriotismo. Y si todavía se engalla ante una copa o una falda, no lo hace sino para que digan, porque a la verdad, pertenece todo entero a Hilda, su gentilísima consorte y a su hija la preciosa Luisa Helena, fin y razón de ser de su existencia.

     Por lo demás, con el tiempo, otro circo fue construido y el “Metropolitano” como centro taurino pasó a segundo término, si bien se efectuaban en él algunas corridas. Pero siguió siendo sede para la exhibición de películas y de otros espectáculos como los circos de caballitos y acrobacias; el famoso encuentro entre un rugiente tigre y un temible toro; y la función ideada por el recordado “gringo” Míster Simmerman a base de una lucha entre un caimán y un toro, después de la película de ley. Y es de hacer memoria de cómo por entonces el caimán estaba derrengado y medio muerto. Míster Simmerman, con mañas de prestidigitador, hacía mover al formidable saurio por medio de cordeles invisibles. No son muy claras las noticias que hemos logrado recoger en el particular, pero sospechamos que en la jugarreta metía también la mano don Manuel Madriz.

     Más tarde, el “ring” se instaló en el “Metropolitano”. Allí se dieron cita boxeadores de categorías diferentes y se combinaron halagadores encuentros. 

     Los días de la década comprendida entre 19390 y 1940 fueron épocas estelares para Armando Best , para Simón Chávez, El Pollo de la Palmita, para Enrique Chafardet y para otros boxeadores criollos enfrentados a rivales de cartel, como el terrible Peter Martin y tantos más que hemos olvidado.

     Si no estamos equivocados, en realidad el boxeo comenzó en el “Metropolitano” por allá en el año de 1925. Fueron los primeros empresarios los señores Alfredo de la Sota y Urbaneja y José Antonio Borges Villegas, cordialísimos amigos, incansables luchadores en el campo del trabajo y muy jóvenes para la época a que nos referimos.

     Ante la escasez de púgiles, comenzaron la tarea con bastante ingenio. En uno de los pocos garajes que por entonces existían en la ciudad, antecesores de las modernas y lujosas estaciones de servicio, de la Sota y Urbaneja y Borges Villegas localizaron a un mozo venezolano, color de ébano, lavador de carros, quien gozaba en exhibir su formidable musculatura cuando se daba a la faena de montar y desmontar neumáticos a los carros de los clientes del garaje.

     Enseguida los indicados empresarios, con el propósito de conquistarlo para las labores del “ring”, entraron en tratos con el criollo y musculoso atleta. Aceptada por éste la propuesta y después del consiguiente entrenamiento y de recibir algunas clases e instrucciones en el arte de dar y de recibir puñetazos con enguantada mano, se resolvió concertar una pelea para presentarlo en público. 

Aviso Boxeo en el Circo Metropolitano de Caracas

     Con el fin de imprimirle novedad al encuentro y atraer a los aficionados, la empresa urdió una novela o leyenda. En cartelones y programas presentaban al fornido compatriota con el nombre de Battling Hamley y lo anunciaban como el gran campeón antillano. La pelea la cazaron con el italiano Vittorio Carreta, quien a pesar de dárselas de experto boxeador, la noche del estreno fue víctima de los terribles puños del temible caraqueño, hasta el punto de quedar completamente destrozado.

     Animados por el éxito de taquilla alcanzado mediante la actuación del falsificado Battling Hamley, los  empresarios contrataron al conocido Armando Best, hombre laborioso y honesto. Era entonces joven, dotado de fuerte contextura y con bastantes conocimientos en las cuestiones y peripecias del “ring”. En aquellos días figuraba también entre los noveles púgiles, el señor Rafael Carabaño, dotado igualmente de vigorosa naturaleza física, fraguada en el  constante ejercitar en trapecios, argollas y paralelas; mozo de muchos amigos por su ingénita simpatía; de marcada vocación revolucionaria y peleador de barrio, actividad esa en la cual sobresalía por la agilidad con que lanzaba cabezazos al cuerpo del contrario.

     Se concertó la pelea entre Carabaño y Best. Si mal no recordamos, sirvió de “referee” Jesús Corao, veterano deportista, meritorio industrial, rebelde en política a los dictados de la fuerza y leal en la amistad, como lo fue también otro “referee” de aquellos días, el gran caballero Alexis Pietri Ibarra, infortunadamente desaparecido hoy. En medio de los gritos de los partidarios de uno y otro boxeador, la función se desarrolló en forma favorable para Armando best, quien desbarató a su contrario. De allí surgió el estribillo: Carabaño, mis golpes te han hecho daño, aprovechado por la empresa como eslogan  para su propaganda.

     Consagrado Armando Best, hubo que buscarle contendor en las plazas extranjeras y fue así importado el argentino Godin, para más señas, tuerto y agilísimo para el esguince y para el juego de cuerdas. La verdad es que Godin deterioró bastante el bien ganado prestigio del meritorio Armando Best, quien sufrió también el castigo de los terribles golpes del norteamericano Peter Martin, cuando ya la empresa estaba en otras manos con Roberto Santana Llamozas como principal capitalista.

     Por aquellos tiempos llegó a La Guaira un buque de guerra yanqui y entre la tripulación figuraba un joven y fornido “musiú” a quien conquistaron para el tablado del “Metropolitano”. Lamentablemente para el rubio “gringo”, Godin acabó con él la primera noche de su actuación, ante la sorpresa de sus compañeros de marinería. Nuevos púgiles aparecieron posteriormente en el horizonte caraqueño, entre ellos el chileno Víctor Vásquez y luego los boxeadores antillanos. Estos, en la punta de sus guantes, se llevaron enredada la fama del nombrado Vásquez, de Godin y de otros líderes del “ring” de entonces.

     Por lo demás, en el implacable discurrir del tiempo, los altibajos en la vida del “Metropolitano” desembocaron inevitablemente en su completa desaparición.

     La Compañía Anónima “Metropolitana”, constituida por los doctores Pablo y Emilio Fernández y por los señores Ilio Ulivi, Dionisio Bolívar y Cipriano Jiménez Macías, se encargó  ̶ hablando en términos taurinos ̶ de darle la puntilla.

     Pero después de haber sido límpido fanal que por varias décadas marcó el rumbo al entusiasmo caraqueño, él no podía morir oscuramente. Y fue así como el año de 1952, bajo el comando de aquellos distinguidos e importantes factores de la economía nacional, reforzados los primitivos cimientos sobre los cuales descansó el pesado casco o armadura, se levantó allí un amplio y lujoso teatro de arquitectura modernísima, más un edificio de ocho pisos, a un costo de ocho millones de bolívares, y en el cual están instaladas casi todas las empresas que trabajan en Caracas en el ramo de películas. Y para honrar, sin duda, la memoria del antiguo coso de D. Pedro Salas Camacho, al hermoso teatro se le dio el nombre de “TEATRO METROPOLITANO”.

     Pero recordemos que, desde 1919, otro circo había salido a disputarle al “Metropolitano” el afecto de los caraqueños.

     En efecto, primero bajo la dirección del arquitecto Luis Muñoz Tébar y luego bajo la del también arquitecto Alejandro Chataing, por haber fallecido aquél, víctima de la gripe española, se construyó el llamado “NUEVO CIRCO DE CARACAS”, más amplio que el “Metropolitano” y con estilo arquitectónico distinto.

 

Información tomada de: Parra Márquez, Héctor. Sitios, sucesos y personajes caraqueños. Caracas: Empresa El Cojo S.A., 1967; páginas 220-229

Circo metropolitano escenario para el deporte y la cultura – Parte I

Circo metropolitano escenario para el deporte y la cultura – Parte I

CRÓNICAS DE LA CIUDAD

Crónicas de la Ciudad

Por: Héctor Parra Márquez
En 1896 se inauguró el Circo Metropolitano, situado entre las esquinas de Miranda y Puerto Escondido, en el centro de Caracas

     [En 1894], “se acometió la tarea de edificar un verdadero coso en un terreno situado entre las esquinas de Miranda y Puerto Escondido, y apareció así el “CIRCO METROPOLITANO”. 

     Esta plaza de toros, aparte de que significó un adelanto material, porque dotaba a la capital de un inmueble para el fin al cual se destinaba, imprimió nuevos alicientes a la vida caraqueña y vino a satisfacer una vieja aspiración de los taurinos. La afición renació jubilosa, alentada por la donosa pluma de jacarandosos cronistas, quienes ensalzaban la estupenda idea de D. Pedro Salas Camacho, capitalista del moderno coso. 

     La administración de los trabajos fue encomendada al señor E. Franco López y de nada valieron para el avance de la obra los esfuerzos desplegados en contrario por la señora Adelaida Almeida de Crespo, esposa del Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario del Brasil y Presidenta de la famosa “Sociedad protectora de Animales”, empeñada en obtener de las autoridades la prohibición de las corridas de toros.

     Echadas las primeras bases en los años 1894 y 1895, y mientras avanzaba la edificación, se adelantaba por parte de los empresarios conocedores del negocio la tarea de estudiar las ganaderías en las cuales habría de seleccionar los animales de lidia, y de contratar en las más prestigiosas plazas taurinas, diestros de renombre, capaces de satisfacer el popular entusiasmo. Los resultados fueron singularmente halagüeños. 

     La plaza resultó con una capacidad para cuatro mil personas. En su estructura predominaba el hierro y el cemento. El ruedo medía treinta y seis metros de diámetro.

     Desde días antes de que el circo abriera al público sus puertas, las entradas se habían agotado totalmente y el entusiasmo retozaba visiblemente entre los aficionados.

Grandes figuras internacionales del toreo

     La inauguración tuvo lugar el 2 de febrero de 1896 con asistencia del gran caudillo llanero, General Joaquín Crespo, Presidente de la República. Entre los diestros actuaron los matadores gaditanos Manuel Hermosilla y Francisco Jiménez, Rebujina, en medio de la aprobación de los asistentes. Posteriormente, se dividió el redondel del “Metropolitano” en dos mitades, separadas por obstáculos y se soltaba un toro en cada una de ellas, de tal manera que, al igual de cómo se efectúa en algunas partes de Europa respecto de los circos de caballitos y de otros espectáculos, el público caraqueño pudo darse el lujo entonces de presenciar dos corridas a la misma hora. Más tarde se dotó al circo de una planta eléctrica y se dictó un Reglamento, al cual se le hicieron modificaciones posteriormente.

     En los tiempos subsiguientes el “Circo Metropolitano” gozó del más claro prestigio. El solaz de los caraqueños se regodeó allí con los intereses de D. Pedro Salas y de los empresarios, para quienes el éxito de taquilla y otras derivaciones del negocio se traducían en utilidades jugosas.

 

Esta plaza de toros imprimió nuevos alicientes a la vida caraqueña y vino a satisfacer una vieja aspiración de los taurinos

     Repletos de público los palcos, los tendidos y demás asientos, fueron muchas las tardes durante las cuales la afición logró presenciar lucidísimas faenas. Altas figuras internacionales del toreo de entonces recogieron allí los aplausos, los olé, los gritos de aprobación y otros homenajes que, puesta de pie, les tributaba aquella abigarrada multitud poseída de férvido entusiasmo.

     Hasta el último momento de su preclara existencia y como reminiscencia de aquellos días esplendorosos para él, el “Circo Metropolitano” lució en uno de sus muros la placa de mármol consagratoria del triunfo alcanzado allí en una rutilante tarde caraqueña por D. Juan Belmonte, el más grande torero de todos los tiempos y quien hizo historia en el toreo, y al igual del sin par “Manolete”, logró reunir con perfecto dominio las escuelas sevillana y rondeña.

     D. Juan Belmonte nació en Sevilla en abril de 1892 y murió de un síncope cardíaco en la misma ciudad el 8 de diciembre de 1962, o sea, a los setenta años. Algunos aseguran que se suicidó. Se inició en su carrera completamente pobre y a su muerte dejó una gran fortuna. Se retiró en 1927 después de haber actuado en primer plano en más de cuatrocientas corridas. Debutó en Elbas, Portugal. Fue el gran rival de José Ortega, “Joselito” y maestro de “Manolete”, otro gran genio del ruedo. Debido a su prestigio, se dice que la historia del toreo se divide en dos partes o épocas: antes y después de Belmonte.

     Contratado por Eloy Pérez, llegó Juan Belmonte a Caracas en 1918. Fueron días durante los cuales la afición vibró en todos los tonos en la capital de Venezuela. Desde diversos puntos del interior de la República muchas personas vinieron a Caracas a admirar al formidable diestro. Dio cuatro corridas en el “Metropolitano” y por ellas cobró cerca de noventa mil pesetas españolas. Para la primera corrida las entradas costaban: asiento de palco, cien bolívares; tendido de sombra, cuarenta y seis bolívares y tendido de sol, veintiocho bolívares. Tales precios disminuyeron en las subsiguientes funciones.

     Resultaría difícil, prolijo y en extremo tedioso, hacer una enumeración siquiera aproximada de los diestros que, además de Belmonte, actuaron en el “Metropolitano” a todo lo largo de su trayectoria.

     Los hubo de calidad mediocre, pero también de máximo cartel. Con ayuda de las fuentes consultadas y de nuestra propia memoria, recordaremos a los siguientes: “Potoco”; Vicente Ferrer; las toreras Laura López, la Sorianito, y Pepita y Finita; Fortuna; Saleri Segundo; Almanseño; Chiquito de Begoña; Calerito; Chicuelo (creador de la chicuelina); Cagancho; Manolete Segundo y el padre del infortunado Manolete; Machaquito de Sevilla; Sánchez Mejías (uno de los más espléndidos banderilleros de la época, quien practicó el toreo sentado contra la barrera al igual de como El Gallo lo hacía en una silla y lo hizo en el “Metropolitano”); el ya citado Vicente Mendoza, El Niño, quien no tenía gran estilo pero, en cambio, despachaba los toros de una sola estocada, en ocasiones admirable; Dominguín; Carnicerito de Málaga; el ya nombrado Rafael Gómez, El Gallo; Pablo Lalanda; Gaonita; el padre de los Bienvenida, alias El Papa Negro; Rubito; El Diamante Negro; y el famoso caraqueño Joaquín Briceño o El Trompa, infeliz y explotado histrión quien entró a la historia del toreo vernáculo en alas de sus payasadas y su audacia, en virtud de las cuales atraía numeroso público. De su popularidad quedó como recuerdo el refrán. Se zumbó como el Trompa, aplicable a los casos en los que una persona procede irreflexivamente o con gran temeridad. Porque ha de saberse que tan pronto salía el toro a la arena, nuestro inefable compatriota se lanzaba como loco y era él quien embestía. De ahí que su inmortal celebridad descanse sobre un pedestal de revolcones, topetazos y cornadas. 

     Por cierto, que El Trompa fue de los organizadores de una corrida de aficionados realizada en junio de 1906 en el “Metropolitano” y a la cual asistió el entonces Encargado de la Presidencia de la República, General J. V. Gómez, el futuro Benemérito, por invitación que, además de El Trompa, aparecía firmada por Rafael Aniceto, Sevillano; Luis Navarro, Giraldillo; Enrique Neun, Llaverito; S. Arias R., Poquito Pan; José Francisco Canelo, Canelo; Luis Olivo, El Simpático; Francisco Tovar, Carrillito; Juan B,. Arribillaga, El Bisojo y Esteban Flores, La Vieja. 

La imprenta de Caracas en tiempos de emancipación

La imprenta de Caracas en tiempos de emancipación

CRÓNICAS DE LA CIUDAD

Crónicas de la Ciudad

     A propósito de la ocupación francesa en la península ibérica y el conflicto bélico que se derivaría desde 1808, entre España y Francia, el capitán general Juan de Casas solicitó el envío de una imprenta al gobierno de Trinidad en agosto de este año. El equipo llegó a la provincia de Caracas en septiembre de 1808 junto con los impresores británicos Mateo Gallagher y James Lamb. Ella sirvió para la publicación de la Gazeta de Caracas cuyo primer número vio la luz el 24 de octubre de aquel año. Su redactor principal fue Andrés Bello (1781-1865) hasta el año de 1810, cuando emprendió su viaje para Inglaterra como miembro de la secretaría de relaciones exteriores de la provincia.

     La Gazeta de Caracas surgió bajo circunstancias críticas para el imperio español. En mayo de 1808 había estallado la disputa alrededor del trono entre Carlos IV y su hijo Fernando de Borbón, conocido luego como Fernando VII. En mayo de 1808 Napoleón obligó a este último devolver la corona a su padre. 

Andrés Bello fue redactor principal de la Gazeta de Caracas, entre 1808 y 1810

     Con estas abdicaciones constriñó a Carlos IV que le cediera el trono a él, quien luego lo entregaría a su hermano José Bonaparte. Las primeras informaciones de estos acontecimientos se conocieron en los iniciales días de julio de 1808, gracias a dos ejemplares del Times de Londres, que habían sido enviados por funcionarios de Cumaná al capitán general Juan de Casas, que los puso a la orden de Bello para que los tradujese. Bello hizo lo propio y extrajo noticias que con premura comunicó a Casas, quien incrédulo no dio crédito a la información. Sin embargo, Casas llamó a consulta a personas influyentes de la provincia, pero excluyó a los españoles americanos. Allí se discutió la gravedad del asunto y se decidió no divulgar la noticia.

     Cuando el 15 de julio de 1808 llegó a Caracas un emisario francés, el teniente Paul de Lamanon, para informar de manera oficial lo relacionado con la incursión francesa en la península ibérica, y las nuevas autoridades que ahora regirían la administración colonial en América, la divulgación de los acontecimientos que se sucedían en la provincia ibérica se extendió. A Casas no le quedó otra que aceptar la noticia que días antes le había proporcionado Bello y que él no creyó. Lamanon confirmó lo que el gobernador se negaba a aceptar. El teniente francés, luego de haber informado al capitán general de la situación del imperio, se dedicó a divulgar la noticia con todo aquel que se topó en esta comarca. Por tal motivo en la posada El Ángel lo intentaron linchar. Por esto Casas ordenó su retiro inmediato de la provincia de Caracas, lo que pronto cumplió el oficial francés.

Entre los periódicos caraqueños que apoyaron la emancipación destaca el Semanario de Caracas

     Fue bajo este marco que se introdujo la imprenta en Venezuela. Se tiene como precursor a Francisco de Miranda, quien hacia 1806, a bordo del Leander, bordeó las costas de Coro, quien traía consigo una pequeña imprenta con la que imprimió, al menos, cinco proclamas. Una, fechada en Jacmel, otra la hizo en la propia embarcación, dos fechadas en Coro y otra en Aruba. Se conoce que llegaron a manos venezolanas y que fueron quemadas, como manifestación de rechazo a aquel que pretendía la instauración de un gobierno republicano. Aunque la imprenta no llegó a ser instalada en territorio venezolano, si logró imprimir despachos y nombramientos que haría Miranda si hubiese logrado su cometido. Dos años después se instalaría la imprenta en este territorio de tierra firme, gracias al contrato conseguido por Manuel Sorzano, quien llevó a cabo las instrucciones dadas por el comerciante de La Guaira, Francisco González Linares, a quien había encargado el capitán general para las gestiones correspondientes.

     El 24 de octubre de aquel año apareció el primer número de la Gazeta de Caracas, en el que se ponderó la importancia y la excelencia del nuevo arte y el valor para la provincia. En la Capitanía se instalaría otra imprenta en Cumaná. El licenciado Miguel José Sanz recomendó para que se instalara otra imprenta en Caracas. Para octubre de 1810 inició actividades de impresión la de Baillío y Delpech. Esta sociedad sólo duró un año y prosiguió sólo con Juan Baillío. Simón Bolívar y José Tovar habían traído una imprenta que se instaló en Caracas. Para febrero de 1812 se colocó un taller de impresión en Valencia, a cargo de Juan Gutiérrez Díaz.

     A decir verdad, fueron muy pocos los talleres de impresión que se instalaron en territorio venezolano. La mayoría de impresos fueron de talante político. De estos talleres salieron periódicos, semanarios, hojas sueltas, folletos y libros de interés para la historia política de Venezuela. Los temas variaron en la puja por el control de la provincia de Caracas entre patriotas y realistas. También en ellos se encuentran las argumentaciones y reflexiones alrededor de la Independencia frente a las pretensiones de la corona española.

     El 6 de agosto de 1811 la Gazeta de Caracas incluyó el texto de la Ley de Imprenta, sancionada por la Sección Legislativa de Caracas, en la que se subrayó que la imprenta era el instrumento más fiable para comunicar las luces del conocimiento, y la facultad individual de los ciudadanos para hacer públicas sus ideas políticas y reflexiones. Con esta aseveración se refrendaba uno de los propósitos del liberalismo político como lo era la libertad de opinión, y con la que se podría hacer frente a todo tipo de arbitrariedad de los gobernantes. Se agregó, además, que el producto de la imprenta era imprescindible para ilustrar a los pueblos en sus derechos y el único camino para alcanzar el conocimiento de la verdadera opinión pública.

     Los que dirigieron los asuntos propios de la Primera República participaron de modo entusiasta en todo lo que se produjo en los talleres de Caracas, Cumaná y Valencia. Fueron varias las publicaciones en forma de libro o folleto a iniciativa de ellos. Quizá, fueron los periódicos donde aparecieron la mayor cantidad de argumentaciones políticas que sirvieron de base a las realizaciones políticas. La hoja suelta sirvió para dar a conocer información que debía circular de manera presurosa y superar demoras que con equipos de técnica deficiente retrasaban la impresión de los periódicos.

     El único medio impreso que existía en el mes de abril de 1810 en la Capitanía era la Gazeta de Caracas, en cuya página principal aparecía un lema escrito en latín y que rezaba: “la salud del pueblo es la suprema ley”. La edición del 25 de abril corrió a cargo de quienes desconocieron la regencia como gestora de la política en Venezuela. Un fragmento de los razonamientos esgrimidos fue que la Gazeta de Caracas había estado destinada a propósitos que ya no estaban de acuerdo con el espíritu público de los habitantes de Caracas. Ello sirvió para indicar que el espíritu que se iba a restituir era el carácter de franqueza y sinceridad que debía tener, para que el pueblo y el gobierno lograra con ella los benéficos designios que han “producido nuestra pacífica transformación”.

     Junto con este escrito apareció el primer artículo de talante doctrinal cuyo título fue: “Sin virtud no hay felicidad pública, ni individual”. En un número anterior Vicente Emparan y Orbe publicó un “Manifiesto”, con fecha 7 de abril, donde intentó calmar los ánimos de los habitantes de la comarca, en virtud de los fracasos de las tropas españolas contra los franceses, y con la exhortación de continuar bajo los auspicios de la legislación colonial. Ya en números precedentes se habían incorporado los donativos que, a instancias del marqués Casa – León, debían recabarse para ayudar a la península en su lucha contra el “usurpador universal”, tal como se calificaba a Napoleón por estas tierras.

     También aparecieron las “Instrucciones para elegir diputados a las cortes de España”. Se combinaban noticias de triunfos de españoles en batallas contra las huestes napoleónicas. Sin embargo, se intercalaban con escritos de ingleses que veían con preocupación el escaso avance de los españoles contra las iniciativas de Napoleón y los suyos. También, aparecían noticias locales relacionadas con nombramiento de autoridades, resúmenes de gacetas inglesas, avisos mercantiles, ventas de artículos, huidas de esclavos y proyectos para la edición de otros impresos. El tono de la Gazeta de Caracas cambiaría con la edición número noventa y cinco y en la que anunció un tiempo otro a raíz de la declaración del 19 de abril del diez.

     En efecto, un conjunto de argumentaciones se tramó respecto al consejo de regencia y sus implicancias. Así, se puede leer una proclama, firmada por José de las Llamozas y Martín Tovar Ponte, en que se informaba acerca de la penosa situación de España en los primeros meses de 1810, luego de dos años de enfrentamiento con los franceses. 

Gazeta de Caracas, primer periódico de Venezuela, su primer número vio la luz el 24 de octubre de 1808

     En ella se indicó que la guerra, iniciada en 1808, la venían desarrollando los españoles en defensa de su libertad e independencia para escapar del “yugo tiránico de sus conquistadores”. Con el arrollador avance de las tropas de Napoleón por el territorio español, “los honrados y valerosos Patriotas Españoles” libraban batallas para preservar la “soberanía nacional”, pero se vieron obligados a buscar refugio en Cádiz. Al lado de esta acción, la Junta Central Gubernativa del Reino, en la que se había depositado la soberanía en disputa, debió disolverse y con la que se difuminó una soberanía constituida legalmente para la conservación general del Estado.

     Por esta razón, indicaron los redactores, hubo la necesidad de constituir un nuevo sistema de gobierno con el título de regencia que, no podía tener otro propósito que el de preservar la vida de los pocos españoles que habían escapado del yugo francés. La regencia no representaba los intereses de la nación porque no se constituyó con el voto general de quienes tenían la potestad de justificarla. A lo largo de 1810 en las páginas de la Gazeta de Caracas aparecieron un compuesto de argumentaciones alrededor de la ilegitimidad de la regencia, la reclusión de Fernando VII y en manos de quienes estaba la representación de la soberanía.

     La cantidad de razonamientos vertidos en sus páginas, después de la edición 95, fueron afinando la necesidad de romper el nexo colonial. Unos catorce meses después, en la edición del 9 de julio de 1811, apareció en la primera página el titular: “Independencia de Venezuela”. Si se observa con atención los distintos escritos que se dieron a conocer luego del 19 de abril, se puede constatar que lo asumido en 1810 ya anunciaba la ruptura con la sociedad progenitora. Otros impresos, de corte doctrinario, en especial, conformaron argumentos a favor de la emancipación. El Semanario de Caracas, El Patriota de Venezuela, El Mercurio Venezolano y El Publicista de Venezuela confirman la actitud que se fraguó desde 1810 entre algunos caraqueños. En sus páginas, al igual que en la Gazeta de Caracas, se publicaban textos del irlandés William Burke que defendía airadamente el derecho de la América española a independizarse.

     Si la intención de las autoridades coloniales fue la de establecer una imprenta en la Capitanía General de Venezuela, para contrarrestar la información de sus enemigos, como efecto no deseado ella sirvió de espacio para el convencimiento de un grupo de venezolanos a favor de la Independencia. En el mundo moderno la imprenta se convirtió en un agente de cambio y no un cambio por sí misma. Aunque se debe tomar en cuenta que no todos los individuos de este período sabían leer. La lectura colectiva fue una opción, además en tabernas, posadas, plazas, iglesias se transmitían informaciones por vía oral. Uno de los aspectos de gran relevancia en el mundo y que ayudó a la generalización de impresos fue gracias al uso del papel y la paulatina sustitución del pergamino, más bien de uso para ediciones lujosas. Es necesario dejar claro que las iniciativas de emancipación surgieron entre habitantes de la provincia de Caracas, a las que se agregarían otras provincias y que la Gazeta… se tiene como pionera en la divulgación de las informaciones a su alrededor.

Primer periódico libre e independiente de Caracas

Primer periódico libre e independiente de Caracas

CRÓNICAS DE LA CIUDAD

Crónicas de la Ciudad

     Con fecha domingo 4 de noviembre de 1810 apareció el primer número de un periódico libre e independiente en la provincia de Caracas. En un espacio territorial conmovido por la suerte de la Madre Patria, a raíz de las acciones bélicas contra las tropas francesas, la reclusión del rey Fernando VII y la entronización de una regencia en su lugar. Reviste gran importancia la aparición de un órgano periodístico cuyo carácter no fue oficial ni oficioso en una Caracas en la que revoloteaban noticias, informaciones y pensamientos alrededor de asuntos muy propios de la filosofía y teoría política. Es cierto que, para 1808 ya existía la Gaceta de Caracas que basculó, hasta la ruptura del nexo colonial, entre ediciones a favor de la corona, en algunos momentos de su historia, y reproducciones en contra de ella, en otras oportunidades. También, es importante porque permite visualizar la conformación de una opinión pública, así como el ensanchamiento del espacio público, a partir de los cuales la publicitación de ideas políticas y sociales se explayaron.

     El Semanario de Caracas fue un órgano de divulgación que, entre otros propósitos, intentó contribuir con la ilustración y difusión de ideales a favor de la “prosperidad de la patria”. Para cumplir este cometido se eligieron una serie de aspectos relacionados con la agricultura, el comercio, la estadística y, quizá la de mayor relieve, la política. Desde un primer momento con la estructuración de la Junta de Caracas, a favor de la figura de Fernando VII, se comenzó a generalizar, entre otras argumentaciones, el triunfo de la “opinión” frente al silenciamiento de trescientos años de tiranía. Es decir, el despotismo como dique de contención de la libertad. De lo que se trató, tal como quedó redactado en el acta que acompañó al desconocimiento del consejo de regencia el 19 de abril de 1810, en la Capitanía General de Venezuela, y en la “Declaración de los Derechos del Pueblo”, dada a conocer el primero de julio de 1811, fue el de restituir la soberanía y la libertad a aquellos que se la habían cedido, temporalmente, al rey.

     En ellas los caraqueños establecieron que la sociedad al recuperar la libertad civil, la opinión recobraba su importancia y los “periódicos” que eran el órgano de ella adquirían la influencia que debían tener. La idea de opinión pública tuvo que ver con la soberanía en la medida que se pensó que las “luces” se encontraban en los espacios geográficos donde el derecho a representación, en calidad de espacio soberano, se expresaba por el uso de la razón que implicaba independencia de juicio. Las ciudades capitales que lo eran desde el Antiguo Régimen se impusieron, entre otras argumentaciones, con la idea de opinión pública como expresión de soberanía, porque se suponía que la opinión pública, en materia de gobierno, residía en las grandes ciudades, o sedes de gobierno y no en las “aldeas o cabañas”. Si de un espacio cosmopolita y con fuerte vinculación de hábitos y costumbres de la Europa ilustrada se trataba, esa fue la provincia de Caracas, o sus elites, que abrazaron el ideal independentista.

     Resulta de gran interés recordar que quienes hicieron posible la publicación de este semanario, hasta el número treinta, correspondiente al 21 de julio de 1811, siguieron rumbos distintos, al momento de definirse la Independencia con la guerra. Miguel José Sanz murió en la lucha a favor de la emancipación y José Domingo Díaz fue a España y publicó La rebelión de Caracas donde arremetió en contra de todo lo que representaron los patriotas. El Semanario de Caracas contaba con dos secciones: “Política” a cargo de Sanz y “Estadística” cuya elaboración fue responsabilidad de Díaz. Mientras en las primeras páginas con las que abría cada edición, el primero delineó con su pluma principios republicanos, con matices liberales, los valores políticos con los cuales debía regirse la república a desplegar, Díaz ofrecía cifras y series de prosperidad de esta comarca bajo el marco de la experiencia colonial presentes aún para 1810.

     Se ha expresado, por parte de estudiosos del desarrollo del periodismo en Venezuela, que el pionero de la prensa fue el Semanario de Caracas. Esto porque en territorio venezolano, antes del 4 de noviembre de 1810, no se conoció un periódico independiente que, entre sus propósitos estuviese el de ser un órgano para difundir las “luces” necesarias respecto a la prosperidad de los “pueblos de Caracas” y la patria en general. Para este cometido en sus páginas encontraron eco asuntos relacionados con la agricultura, el comercio y la estadística, de manera especial. Nació justo cuando estaban por llevarse a cabo las elecciones para la selección del primer Congreso de las provincias emancipadas. Con ello se extendería un poder legislativo por medio de la escogencia de representantes que delegarían de manera temporal, en quienes fuesen electos, su soberanía.

     Sanz se había formado en el ámbito de las leyes durante el Antiguo Régimen. Tenía conocimiento de sus pares letrados como él, además conocía de cerca la realidad de la vida campesina en Barlovento por el ejercicio como abogado y asesor del Consulado. Buscó la asociación con Díaz por los conocimientos que éste tenía acerca de la estadística y lo hizo editor responsable de la publicación semanal. Desde el primer número del Semanario… en la sección “Política”, su autor, se dedicó a elucubrar acerca de la Ley y la necesidad de que ella garantizara un gobierno probo y justo. En este orden de ideas, expuso el caso de la Revolución Francesa y el producto más visible de ella: Napoleón Bonaparte. Con esto intentó demostrar que una revolución podría desembocar en una situación igual o peor a lo que la originó. Por ello en el primer número estampó que el Semanario… será libre, pero lo “será como debe ser, amando respetando la ley y obedeciendo a sus ejecutores: él será libre con dignidad”.

     En el aparte “Política”, del primer número, en las líneas de cierre, Sanz, ratificaría que, la felicidad de los pueblos provenía de la instrumentación de “buenas leyes”, del afecto que sus integrantes profesaran hacia ellas, de la “justa y racional” libertad de los integrantes de la sociedad, de la educación y de la opinión pública, así como de la “excelencia y rectitud del gobierno”. A partir de estas reflexiones concluyó que lo esencial de la “política” era alcanzar aquellos propósitos, en los que Sanz combinó principios de la teoría política republicana y la propia liberal.

     En el propio primer número, en el aparte “Estadística”, Díaz se explayó a razonar que era la opulencia. Enunció, en las primeras líneas, que no bastaba que un pueblo fuese feliz, gracias a que era libre, “es necesario que lo sea porque es opulento”. Según su apreciación ser opulento permitía obtener un poder con el cual contrarrestar las ambiciones de los demás pueblos, gracias al manejo de recursos y medios con los cuales se haría respetar. De igual modo, esa abundancia haría posible hacer pueblos virtuosos que nada temerían a la santidad de sus leyes.

     Los razonamientos de Díaz, a quien la historiografía de talante nacionalista y patriótico adjudican sólo avieso interés y ambición al servicio de la Corona, razonó de modo distinto respecto a la idea de poder, libertad y de riqueza que debería extenderse entre las comunidades humanas. Entre otras argumentaciones ponderó que, el poder de un pueblo, útil y respetable, debía estar sustentado en la proporción del número y la calidad de los individuos que lo componían. Por tanto, el pueblo en que la mayor parte fuese opulenta, o donde no existiera una “debida” proporción de bienes, en él cabría la posibilidad de extenderse la molicie, el lujo y otros “vicios corruptores”. Tal cual había pasado en Roma en tiempos antiguos, de acuerdo con su percepción.

     En los delineamientos de Díaz es posible reconocer una de las dimensiones conceptuales de la palabra pueblo, entre los publicistas del momento. En acompañamiento a la idea del gasto moderado con unas mismas tareas se estimularía la prosperidad de una sociedad. El conocimiento de los mecanismos para moderar los gastos de la distancia entre los pueblos y las dificultades de comunicación entre ellos, era básico para la “última clase del pueblo”, es decir, la más numerosa y la de mayores padecimientos, en este sentido.

Miguel José Sanz, jurista, político, periodista e ideólogo de la independencia de Venezuela

     El primer número cerró su edición bajo los siguientes señalamientos o propósitos de la sección “Estadística”, dentro del que los “Redactores” ofrecerían los elementos fundamentales que formaban parte de la opulencia y poder de Venezuela. Pretendían dar a conocer datos a los vecinos de la Provincia, y a pueblos distantes de ella, para mejorar la producción y el comercio de recursos entre ellos. El objetivo era hacer público la producción de bienes y los posibles fondos que pudieran ser explotados en el ámbito agrícola, no sólo para aumentar su número, también producirlos a menor costo y que fuesen de utilidad pública.

Semanario de Caracas, primer periódico libre e independiente en la provincia de Caracas

     En los subsiguientes números Sanz continuó con el desarrollo de sus conceptos alrededor de su concepción acerca de la política. De acuerdo con su percepción la función de esta era alcanzar la “felicidad”. Concepto éste que se asimiló con los de seguridad, libertad y propiedad puesto que estos eran la garantía de individualidad o independencia de acción de los hombres en sociedad. Siendo las leyes, y su cumplimiento, el centro axial de desarrollo, crecimiento y progreso de las sociedades. Por eso, cuando se refirió a subordinación civil lo hizo bajo esta perspectiva, es decir, la necesidad de acuerdos, pactos y su cumplimiento en el marco constitucional. Así, subrayó que la “felicidad de Caracas” dependía de que se crearan mecanismos de vigilancia de los hombres, porque de “toda revolución” surgían conflictos entre contrarios o por distintos intereses. Entre éstos se encontraban la ambición, el orgullo, la avaricia con esperanzas de provecho entre aquellos que los ponían en práctica.

     Por tanto, era preciso establecer diques a una fracción de los querellantes y así evitar la tiranía, si uno se arrogaba la soberanía podía imponer el despotismo, si era una o algunas familias se erigiría una aristocracia, si se dejaba libre cauce al “populacho” el desorden y los trastornos formarían parte de la “funesta anarquía”.

     En la sección “Estadística” se insistió en la idea de “Redactores”. Quizás, para dar vigor a un medio impreso que pretendió ejercer algún tipo de influjo entre quienes buscaban edificar otro orden de cosas y distantes del imperio francés. También resulta interesante resaltar la insistencia en que era un órgano periodístico dirigido a la provincia de Caracas y las villas y pueblos que la constituían. No deben quedar dudas que fue un impreso cuyas características radicó en su independencia frente a quienes manejaban los asuntos públicos. De igual manera, que quienes lo hicieron posible ya mostraban, al menos para el tiempo que se editó el Semanario…, algunas diferencias respecto al camino y prosperidad que debía seguir la provincia para alcanzar su “felicidad”. Por otro lado, es importante rememorar que, durante los primeros momentos de edificación republicana, no dejó de estar presente una percepción de los componentes de la sociedad caraqueña y lo que se denominó opinión pública. Para el año de su edición esta última idea se combinó con la de pueblo y sus componentes: pueblo ignorante, elites ilustradas y corruptores de la opinión.


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