POR AQUÍ PASARON

Christiaan Barnard en Caracas

      No habían transcurrido 23 semanas de la primera intervención de trasplante de corazón en la historia de la humanidad, cuando el cirujano que la hizo posible, Christiaan Barnard, un surafricano que entonces contaba con 46 años (nacido en Beaufort West, el 2 de septiembre de 1922), aterrizó en el aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía, el 10 de mayo de 1968, invitado a Venezuela por la Academia Nacional de Medicina y otras instituciones científicas del país.

     Cinco meses antes, el 3 de diciembre de 1967, Barnard, conocido como “el cirujano de los dedos de oro” impactó al mundo con la proeza técnica que le valió reconocimientos de sus colegas y reproches de otros sectores que se sintieron indignados por considerar que el hombre no podía reemplazar a Dios.

Christiaan Barnard, famoso médico surafricano

Primeros trasplantes

     Ese día, Barnard y su equipo de 20 médicos, desde la sala de operaciones del Hospital Groote Schuur, de ciudad del Cabo, le colocaron a Louis Washkansky, de 56 años, el corazón de Denise Darvall, de 25 años, quien había fallecido horas antes víctima de un accidente de tránsito.

     La cirugía se realizó en seis horas. Médico y paciente saltaron inmediatamente a la fama como protagonistas de las principales historias de los noticieros de estaciones de televisión y radio y les dedicaron amplio centímetraje en diarios y revistas alrededor de todo el mundo.

     Al despertar de la anestesia, Washkansky, enfermo cardíaco crónico con historial diabético declaró que se sentía muy bien con un nuevo corazón. Pero, lamentablemente, dieciocho días después de la operación, el 21 de diciembre den 1967, falleció a causa de neumonía.

     Cuatro meses antes de presentarse en Caracas, el 2 de enero de 1968, Barnard y su equipo realizaron el segundo trasplante. El médico Philip Blaiberg recibió el corazón de Clive Haupt. El receptor de raza blanca sobrevivió durante 563 días con el órgano de un donante de raza negra. A partir de entonces creció la denominada polémica por la bioética de tales operaciones por parte de quienes consideraban que no puede estar muerto el ser cuyo corazón puede latir.

     Pero lo cierto del caso es que Barnard y sus pacientes ganaron notoriedad porque le dieron a la humanidad mayores expectativas de vida.

     En la medida en que fue perfeccionando el procedimiento quirúrgico, al médico surafricano comenzaron a lloverle ofertas para dictar conferencias, clases magistrales y realizar presentaciones alrededor del mundo. Llegó a convertirse en un personaje asiduo a los encuentros del jet set internacional y también ganó fama de playboy.

Mesa redonda televisada

     Diversas actividades, cumplió Barnard durante su visita de poco más de 72 horas en Caracas. Dictó conferencias en la Academia Nacional de la Medicina y en el hospital Miguel Pérez Carreño, que aún no había sido inaugurado; se reunió con estudiantes de medicina de la Universidad Central de Venezuela y presenció una carrera de caballos en el Hipódromo La Rinconada. Antes de regresar a su país fue condecorado en el Palacio de Miraflores con la orden “Andrés Bello” por el presidente de la República, Raúl Leoni.

     Marcel Granier Doyeux, presidente de la Academia Nacional de Medicina, se encargó de presentarlo en la sede de esta institución el sábado 11 de mayo.

     En esta mesa redonda transmitida a través de la televisión participaron también, entre otras personalidades, los doctores Elías Rodríguez Azpúrua, José María Cartaya, José Gabriel Sarmiento Núñez, Carlos Gil Yépez, Alberto Paris, Carlos Travieso, Armando Soto Rivera, el sacerdote Pedro Barnola, el abogado César Rodríguez y el Ministro de Educación, J. M. Siso Martínez.

Barnard atendiendo a los medios de comunicación en Caracas

     Fue en esta actividad en la que Barnard anunció al mundo que estaba en proceso de desarrollo un suero anti linfocítico, capaz de neutralizar las barreras de los rechazos de los tejidos que entonces dificultaban los trasplantes de diferentes órganos.

     También indicó que estaba en contra del comercio de órganos y promovía la creación de leyes que reprimieran lo que estimaba era un crimen.

     El padre Barnola consultó la opinión en torno a la reacción experimentada por el clero en diversas partes del mundo, a lo que Barnard respondió: “he tenido contacto con los más altos jerarcas de la Iglesia y su reacción ha sido muy favorable”, dijo al tiempo que indicó que el Papa, Pablo VI, reconocía su condición no científica y por lo tanto se limitaba a rezar por el éxito de tales avances en el campo de la medicina.

     El domingo 12, Barnard estuvo reunido con personal médico del moderno hospital de la ciudad de Caracas. En horas de la tarde cumplió un merecido rato de esparcimiento en las tribunas de la pista hípica capitalina. Acompañado por directivos del Colegio Médico del Distrito Federal, presenció el Clásico “José Antonio Páez”, que ganó el ejemplar Con Brío, conducido por Ignacio Jesús Ferrer y preparado por Millard Ziadie.

El doctor Barnard con un grupo de médicos y enfermeras venezolanos
En 1967, Barnard y su equipo le colocaron a Louis Washkansky, de 56 años, el corazón de Denise Darvall, de 25 años

Acto en La Casona

     En su último día en la capital venezolana fue recibido por el presidente Leoni y su señora esposa, doña Menca, en la residencia presidencial de La Casona, en la urbanización Santa Cecilia.

     El imponerle la orden “Andrés Bello”, el primer mandatario venezolano expresó: “Doctor Barnard: su nombre pertenece ya a los grandes valores de la humanidad, como su técnica operatoria a la historia de la medicina. Y en Venezuela, al otorgar a usted esta condecoración que tengo la satisfacción de imponerle, no hago otra cosa que honrar su mérito y reconocer su valor, su audacia y su confianza en sí mismo”.

     Barnard respondió a Leoni lo siguiente: “Desde que llegué a su país, señor presidente, si apenas he hecho otra cosa que decir ¡gracias! Así que nuevamente quiero expresar mi agradecimiento a usted y a su pueblo por esta visita memorable”.

     Tras realizar unas 150 operaciones de trasplante de corazón a lo largo de su exitoso ejercicio como cirujano en cardiología, Barnard se retiró en 1983, aquejado por artritis. Falleció en septiembre de 2001, a la edad de 78 años, luego de sufrir una severa crisis asmática mientras pasaba una temporada en un hotel del balneario chipriota de Pafos.


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