Los movimientos precursores del 19 de Abril

6 Jun 2022 | Ocurrió aquí |

Este escrito fue publicado por el historiador larense José Gil Fortoul, en la célebre revista caraqueña El Cojo Ilustrado, en su edición del 15 de abril de 1910. Gil Fortoul, prolífico escritor, fue uno de los principales divulgadores del positivismo en la Venezuela de comienzos del siglo XX. Su obra presenta rasgos que la distinguen por su voluntad de incorporar diferentes corrientes de pensamiento: evolucionismo, darwinismo y liberalismo

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
El guaireño José María España fue uno de los dirigentes del célebre movimiento independentista de 1797, conocido en la historia como Conspiración de Gual y España

     Si fue casi nula durante los tres siglos de la Colonia la iniciativa local en ciencias, artes, industrias ni política, observase que no hubo tampoco degeneración ni decadencia; antes fueron aquellos largos siglos una especie de laboratorio en el que empezaron a compenetrarse las tres castas originales.  ̶ española, india y africana ̶   para formar la variedad mestiza que predominó después en la evolución de la República. Por otra parte, todos los seres organizados, o individuales o colectivos, tienden instintivamente a durar; y en toda agrupación humana, por imperfecta que sea su constitución, se forma al cabo de cierto tiempo una clase de individuos social e intelectualmente superiores, que se atribuye de hecho la función cerebral de la colectividad. ¿De dónde vienen? O surgen del seno mismo de ella, en virtud de la sola tendencia social a la diferenciación, o son conquistadores o inmigrantes pertenecientes a otras razas: fenómenos que se efectúan unas veces en sucesión y otras conjuntamente. A menudo, por las relaciones con pueblos más civilizados, se produce en el que lo es menos una infiltración de ideas extranjeras, que transforman tarde o temprano el acervo de las ideas tradicionales.

     Cuando comienza el siglo XIX, a pesar del sistema español de trabas y aislamiento, y no obstante la tendencia conservadora de la Universidad de Caracas, verse ya constituida en Venezuela una clase social superior, por sus riquezas y por sus dotes intelectuales, la cual propende naturalmente a predominar en el destino de la Colonia. Muchos miembros de las familias ricas, nobles y «mantuanas», aparecen contagiados del espíritu revolucionario europeo, leyendo ocultamente libros nuevos o viajando por países extraños.

     Y esta infiltración de la corriente revolucionaria de Francia, Inglaterra y Estados Unidos, junto con la reviviscencia de las antiguas instituciones españolas como la autonomía municipal y provincial, explican el final empeño de los colonos venezolanos en atacar, en sus fundamentos mismos, la organización política implantada por sus antepasados. Al través de vacilaciones, componendas, tentativas y ensayos eclécticos, acaban por sustituir el régimen monárquico con el republicano, y poco a poco van suavizando la férrea oligarquía territorial o agraria, hasta preparar la evolución democrática.

     A mediados de 1797 se descubre y fracasa el movimiento revolucionario dirigido por Gual y España. Cuán radical era su propósito revelando las ordenanzas que distribuyeron entre sus copartidarios: Según las cuales los vecinos se armarán como puedan  para deponer a todos los empleados españoles en rentas, guerra y justicia; en cada pueblo se constituirá una Junta de gobierno provisional, y dentro de dos meses enviarán diputados a la capital para declarar la Independencia y establecer el gobierno definitivo; serán libres la siembra y venta del tabaco; se suprimirá todo impuesto sobre los comestibles, y se rebajará la cuarta parte de las demás contribuciones; se abolirá el derecho de composición de tiendas y pulperías, y el de alcabala; se abrirán todos los puertos al comercio exterior; se prohibirá la exportación de oro y plata, a no ser en cambio de efectos de guerra; se proclamará la igualdad natural de todos los blancos, pardos, indios y negros; se abolirá para siempre el tributo de los indios y la esclavitud de los negros, pero abonando a los amos de esclavos su justo valor de los fondos públicos; se establecerá la milicia de todos los ciudadanos de dieciséis a cuarenticinco años; la nueva república se compondrá de las cuatro Provincias de Caracas, Maracaibo, Cumaná y Guayana, y la bandera nacional será blanca, azul, amarilla y encarnada, en alusión a las antiguas cuatro castas de blancos, pardos, negros e indios.  ̶ Como se ve, esta tentativa de reforma radical, y no la aventura oligárquica   y reaccionaria de Juan Francisco de León en 1749, fue el primer paso dado hacia la Independencia. El programa de 1797 contiene ya en germen el que realizarán los patriotas de 1810 y 1811.

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
El guaireño Manuel Gual, fue uno de los dirigentes del célebre movimiento independentista de 1797, conocido en la historia como Conspiración de Gual y España

     En mayo de 1799 estalla otra revolución republicana en Maracaibo. Sin mejor éxito que la de Gual y España. En abril de 1806 el régimen colonial se ve amenazado por un peligro mayor: la expedición libertadora de Francisco de Miranda. Proponíase éste emancipar todas las Colonias hispano-americanas, y desde 1790 venía negociando a este respeto en Londres con el ministro Pitt. Tratábase de formar un grande Estado desde el Mississipi al cabo de Hornos. Estado que había de organizarse a imitación de la Monarquía Inglesa, con un Inca o Emperador hereditario, una Cámara Alta de Senadores o Caciques vitalicios y otra Cámara de los Comunes elegida por los ciudadanos. Con semejante plan, y con el apoyo moral y material de Inglaterra, se presenta Miranda en las costas de Venezuela en 1806, y fracasa. Porque si bien es cierto que la oligarquía criolla deseaba contar con la simpatía del Gobierno británico, temía al propio tiempo las consecuencias de cualquier comromiso que al desligarla de la Corona de España la sometiese a otra Corona extranjera. Aspiraba a su autonomía, ora llamando a un Borbón a ceñirse la corona deTierra Firme, ora aparentando fidelidad a la bamboleante dinastía española, o ya constituyendo un Estado independiente cuando ésta desaparecise bajo la invasión francesa.

     En 1808 vuelve a equivocarse Miranda acerca de los sentimientos y tendencia de sus compatriotas. No bien tuvo noticias de la abdicación de Bayona, escribió desde Londres al marqués del Toro, quien recibió la carta en Caracas por el mes de octubre y se apresuró a comunicársela al Capitán General calificando a Miranda nada menos que de traidor, por haber procedido y estar procediendo de acuerdo con una potencia extranjera contra su Rey. Ignorante de este incidente volvió a escribirle Miranda al marqués remitiéndole, entre otros papeles, dos proyectos: el uno de Gobierno Provisorio, el otro de Gobierno Federal; papeles que no llegaron a su destino, porque los interceptó el Gobierno de Curazao y los devolvió a Londres, al Ministerio de Colonias (enero de 1809). Estos proyectos difieren en puntos esenciales del de 1790. No se trata ahora del Inca hereditario, ni Senadores vitalicios. El Poder Ejecutivo se renovará cada diez años y lo ejercerán dos ciudadanos, con el título de Incas, nombrados por el Concilio Colombiano (parlamento); y éste se compondrá de representantes elegidos por las asambleas provinciales. Además «toda autoridad que emane del Gobierno español queda abolida ipso facto», y «las autoridades españolas serán sustituidas por los cabildos y ayuntamientos de las diferentes ciudades, los que agregarán al número de sus miembros un tercio escogido entre los indios y gente de color de la Provincia.»

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
La expedición de Francisco de Miranda, en 1806, fue otro de los movimientos precursores de nuestra independencia

     Pero la abdicación de Carlos IV y renuncia de Fernando VII habían trazado a los colonos venezolanos otro camino más llano para llegar a la autonomía, a la Independencia y a la República, Camino que recorren, entre vacilaciones, componendas y tentativas, de 1808 a 1811. Cuando la Junta Central de Sevilla declara en enero de 1809 que los dominios de España en las Indias no son ya «propiamente Colonias o factorías, como los dominios de otras naciones, sin una parte esencial e integrante de la Monarquía española»; cuando llama a su seno a representantes de los Virreinatos y Capitanías Generales; cuando en 1810 la regencia convoca a elecciones a sus colonos americanos, éstos ven que está agonizando el régimen colonial. La misma Regencia puede decirse que pronunció la oración fúnebre de la dominación española en las Indias Occidentales, cuando dijo en su Manifiesto del 11 de febrero: «Desde este momento españoles americanos, os veis elevados a la dignidad de hombres libres, no sois ya los mismos de antes, encorvados bajo un yugo mucho más duro mientras más distantes estabais del centro del poder; mirados con indiferencia, vejados por la codicia y destruidos por la ignorancia. Tened presente que al pronunciar o al escribir el nombre del que ha de venir a representaros en el congreso nacional, vuestros destinos ya no dependen ni de los ministros, ni de los Virreyes, ni de los Gobernadores: están en vuestras manos». La última frase resumía la aspiración de los colonos americanos; y en vez de confiar en unas Cortes y en una regencia amenazada por los soldados de la invasión extranjera, prefirieron determinar solos y libremente el destino de la nueva patria”.

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