Interioridades del “Barcelonazo”

10 Oct 2022 | Ocurrió aquí

Por Víctor Manuel Reinoso

     “Cuatro años después del “Barcelonazo”, en 1965, los presos continuaban defendiéndose de los 30 años de cárcel que ha pedido el fiscal militar. En el cuartel de Barcelona, el 26 de junio de 1961, murieron 18 personas, pero la justicia militar no se ha interesado por establecer quién los mató. Los abogados dicen que los jefes máximos de ese movimiento fracasado están en libertad. Vivas Ramírez y Massó Perdomo son los oficiales retirados a quienes les han sumado varios expedientes. El “Barcelonazo” fracasó porque el gobierno comenzó a detener a los implicados el 30 de mayo de ese año.

     El 26 de junio fue sábado. Para un centenar de venezolanos fue el aniversario de algo triste. Como ya es costumbre, un grupo de familiares y amigos acudieron a un funeral en memoria de Tony Pérez. Ese día se cumplieron cuatro años de su muerte. Pero Tony Pérez fue solo uno de los 18 muertos del “Barcelonazo”.

     Del “Barcelonazo”se ha escrito bastante. El golpe que tuvo por escenario el cuartel “Pedro María Freites” de Barcelona, se produjo el lunes 26 de junio de 1961. Ese amanecer, y por 6 horas, los insurrectos fueron los dueños de la situación en la capital de Anzoátegui. Pero más tarde todo se acabó.   Los conjurados habían soñado con que Cumaná, Maturín, Ciudad Bolívar, La Guaira, Maracay, Valencia y Maracaibo respaldarían el golpe que terminaría con el régimen de Betancourt.

     Y eso fue lo que no sucedió.

El comandante Oscar Tamayo Suárez, sindicado de ser el jefe del “Barcelonazo”, nunca fue hecho prisionero

El comandante Oscar Tamayo Suárez, sindicado de ser el jefe del “Barcelonazo”, nunca fue hecho prisionero.

     Cerca de las nueve de la mañana, cuando, los oficiales que habían estado con los alzados se dieron vuelta hacia el gobierno, sobrevino una matanza en el patio del Cuartel Freites. Dieciocho hombres que se habían sumado al golpe fueron masacrados dentro del cuartel. Todos eran civiles. Quienes dispararon contra ellos fueron los soldados. Cuatro años después, los, protagonistas de esa intentona, siguen presos. En el Consejo de Guerra han pedido para ellos 30 años de prisión, mientras uno de los oficiales, considerado como uno de los jefes del alzamiento, fue puesto en libertad. El Mayor Vivas Ramírez y el Capitán Massó Perdomo, quienes tomaron el cuartel de Barcelona, están en el Cuartel San Carlos. Sus juicios, actualmente, están en la evacuación de pruebas. Y mientras los abogados esperan que haya un sobreseimiento general, los expedientes se llenan de alegatos. Los pocos que han salido en libertad se niegan a contar su participación en el “Barcelonazo”.

     Los mismos urredistas, que en junio de 1961 fueron sindicados de estar aliados con los insurrectos, a esta altura tampoco quieren hablar del asunto porque pertenecen a la Ancha Base.

     El “Barcelonazo”, sin embargo, tiene sus novedades, a pesar del tiempo que ha transcurrido. Sus organizadores lo planearon tanto o más que el golpe del 20 de abril del 60, abortado en San Cristóbal, tanto o más que el atentado del 24 de junio del 60, que estuvo a punto de mandar a Betancourt al cementerio.

     ¿Por qué el “Barcelonazo” se acabó apenas comenzó el día?

     La respuesta es simple.

     Porque el gobierno esperaba ese golpe. Sus servicios policiales habían comenzado a dar caza a los conspiradores con un mes de anticipación.

     Los venezolanos fueron despertados el lunes 26 de junio de 1961 con la noticia de que un grupo de Oficiales había tomado el Cuartel Freites de Barcelona. Pero mientras la ciudadanía se quedaba esperando noticias, el gobierno ya sabía quiénes eran sus protagonistas y solo faltaba por saber cómo iban a terminar.

     Después de la intentona del general Castro León en San Cristóbal y del atentado de “Los Próceres”, el gobierno de Betancourt no había perdido de vista a un grupo de oficiales y civiles. Entre los oficiales estaba el teniente coronel Oscar Tamayo Suárez, todo un personaje en la época de Pérez Jiménez. Cuando Tamayo entró a Venezuela para intervenir en el golpe fijado para el año 61, los servicios secretos del gobierno no tardaron en saberlo.

     Y el 30 de mayo de 1961, cuando un grupo de opositores se aprestaban a reunirse en un apartamento del “23 de Enero”, el SIFA comenzaba los allanamientos. A las 5,30 de la tarde de ese 30 de mayo, una comisión de esta Policía Militar se dirigió al bloque 24 del “23 de Enero” y allanó en seguida el apartamento 615 de la letra B, detuvo a un grupo de personas cuyos nombres se pasaron a expedientes, y decomisaron 4 subametralladoras M-2 calibre 30 y una carabina M-1 calibre 30. Uno de los detenidos alcanzó a lanzar una pistola por una ventana. Virgilio Carrera Aray, a cuyo nombre estaba ese apartamento, fue detenido poco después, cuando llegaba a él y dijo que se lo había dado prestado a Juan Bautista Rojas sin saber que lo utilizaria en reuniones secretas.

     El SIFA estaba bien dateado. Sabía que en esa reunión iban a detener a Adolfo Meinhart Lares, un civil que había entrado clandestinamente al país en diciembre del 60. Juan Bautista Rojas declararía después que a esa reunión acudiría el Mayor (R) Vivas Ramírez, fugitivo del 7 de septiembre del 58; el Capitán Massó Perdomo, a quien Pérez Jiménez había hecho preso el 1° de enero del 58 y el Teniente Hugo Barillas. Rojas se había encargado de llevar esas armas al apartamento para que sus amigos se protegieran. Y el mismo Rojas se iba a encargar de llevar a esta gente a la reunión. ¿Por qué el SIFA no lo detuvo esa misma tarde? Porque Rojas, “Rojitas”, que también se hacía llamar “Cruz”, tenía un aparato de radio que sintonizaba las radios de la Digepol y del SIFA. Cuando ya iba a salir en busca de sus jefes en un Volkswagen negro, escuchó que el apartamento 615 estaba siendo allanado. Rojas y los invitados especiales pasaron un rato después no lejos del sitio del allanamiento y solo se devolvieron cuando se convencieron que habían sido delatados por alguien.

     Allí mismo la policía comenzó a llenarse de nombres y después, cuando la mayoría de ellos ya estuvieron presos, les cargarían 16 atentados terroristas.

     El mismo 30 de mayo, por la noche,después de interrogar a los primeros detenidos, otra comisión del SIFA salió hacia la calle Bolivia, de los Flores de Catia, y allanó la quinta “Carolina”, donde encontró un lote de armas, comenzando por 5 subametralladoras, 8 rifles, 13 fusiles, varias escopetas, 6 cajas de dinamita y proyectiles. Entre la lista presentada por la comisión también aparecieron 50 uniformes de la Guardia Nacional , cizallas y documentos. El propietario de esta casa, Luis Coello Ron, declararía después que él le había arrendado su quinta a Rojas.

El capitán retirado Masso Perdomo cuando salía hacia el exilio. Es el del maletín, a quien abraza su madre, y avanza rodeado de policías

El capitán retirado Masso Perdomo cuando salía hacia el exilio. Es el del maletín, a quien abraza su madre, y avanza rodeado de policías.

     Pero la cacería de enemigos del régimen seguía. El 9 de junio del 61, gracias a la información de los detenidos y los papeles encontrados en los allanamientos, fue la Digepol la que se dirigió en la noche hacia la Plaza Altamira con el propósito de allanar el pent-house del edificio “Cadora”, donde habían tenido noticias de que podían encontrar escondido a Tamayo Suárez. Pero en el pent-house de Luis Alfonso Osorio no encontraron al ex-Comandante de la Guardia Nacional. La comisión de la Digepol, de la cual formaba parte su propio director, Santos Gómez, bajó entonces por las escaleras tratando de dar con el fugitivo. Ya estaban en el segundo píso sin encontrar a nadie, cuando vieron una maleta abandonada en el pasillo del edificio. La revisaron enseguida y encontraron una serie de papeles que iban a proporcionar otras pistas, una subametralladora Mudsen y una pistola Browning.

     ¿Por dónde había escapado Tamayo Suárez?

     La policía lo vino a saber mucho después: el Comandante Tamayo había bajado por un ascensor interno.

     Pero la Digepol no había terminado su tarea esa noche del 9 de junio del 61. Después de abandonar el edificio “Cadora” con una maleta, la comisión se dirigió hacia La Pastora y allanó la casa N° 197, ubicada entre Santa Ana y San Pascual. Allí fueron detenidos Juan Bautista Rojas y Noel Flaviano Ayala Bocaranda. Debajo de un colchón, los policías dijeron haber hallado dos subametralladoras, y en la maleta, 5 revólveres, una pistola y dos granadas.

     Después de esto, la policía perdió el rastro de los cosnpiradores.

     Pero el golpe ya estaba casi debelado. “Rojitas”, acusado de ser el encargado de ganar civiles para el golpe y de reunir las armas que los oficiales retirados conseguían en distintas dependencias del ejército, había sido detenido. Tamayo Suárez seguía en libertad, pero la gente partidaria de un golpe no lo aceptaba como cabecilla. Cuando en junio se reunió con algunos conjurados en los Palos Grandes, éstos le dijeron que lo mejor que podía hacer era salir del país. Entre los que le dijeron eso estaba Luis Nouel, quien había entrado en marzo al país, y los capitanes Sánchez Mogollón y Massó Perdomo.

     Pero Tamayo Suárez no salió del país sino un mes y 7 días después del “Barcelonazo”.
Gustavo Adolfo Chirinos González, otro de los indiciados por el “Barcelonazo”, declaró en agosto del 61, cuando fue detenido, que unas 2 semanas antes de lo de Barcelona había sido llamado por, Luis Nouel, citándolo para el apartamento 52 de las Residencias “Mónaco”, frente a Televisa. Chirinos dice que se sorprendió porque no sabía que Nouel estuviera en el país. “Estando yo en el mencionado apartamento me dijo que se avecinaba un movimiento muy grande. . .” El día 25 de junio, Nouel lo citó para el mismo apartamento y a las 11 de la noche le dijo que el movimiento era esa noche. Poco después llegó allí Adolfo Meinhardt con el “Loco Altuve”: “Como a las 12 de la noche me dijeron que yo era el candidato para manejarles un carro, ya que se iban a ir en un convoy para Barcelona”. Chirinos aceptó. Pero un par de horas después llamaban a Meinhardt Lares para decirle que el movimiento había fracasado. La aviación ya no podría sobrevolar Caracas al amanecer del lunes 26, como se había previsto. Meinhardt, cuando fue interrogado, agregaría que la señal definitiva la iba a dar el lunes 26 de junio, entre 5 y media y 6 de la mañana, el Teniente Coronel Martín Parada, cuando pasara en un vuelo rasante sobre Caracas en un B-25.

     ¿Es verdad todo esto?

     El comandante Parada ha declarado que todo este plan jamás existió. Pero los demás dicen que la toma de Maiquetía fracasó y la autopista fue cerrada. Tamayo Suárez, rechazado por muchos oficiales andinos, la noche del golpe se hallaba en Maturín. Su papel era tomar ese cuartel, cuyo Comandante esa noche, quebrantado, dormía en su casa. Pero Tamayo creyó que se trataba de una emboscada y prefirió no hacer nada. Por la mañana, cuando escuchó que en Barquisimeto sí habían tomado el cuartel, trató de llegar hasta allí, pero en el camino ya recibía la noticia por radio de que el golpe era un completo fracaso. Torció el rumbo y logró, una vez más, salvarse de la policía.

     Solo en Barcelona las cosas resultaron bien. Pero no por mucho tiempo.

     El mayor Fidel Parra Rodríguez, comandante del cuartel “Pedro María Freites”, había celebrado el 24 de junio, Día del Ejército, en compañía de sus soldados y las autoridades locales. Como el cuartel carecía de vajilla consiguió una con el capitán Tesalio Murillo, que vivía cerca del cuartel y acababa de volver de Caracas, donde hacía un curso para ser ascendido a Mayor el 5 de julio.

     Eso fue un sábado. Por la noche hubo una velada. Pero el mayor Parra salió en la mañana del domingo para Caracas porque la tarde del sábado había recibido un telegrama, donde le ordenaban que compareciera a Caracas, donde lo condecorarían con la Cruz de las Fuerzas Terrestres.

     Por eso, al mediodía del domingo 25, cuando el Mayor (R) Luis Alberto Vivas Ramírez y el Capitán (R) Rubén Massó Perdomo llegaron a Barcelona, tenían el campo libre. Pronto se reunieron con el Capitán Tesalio Murillo, a quien habían visto en Caracas. La reunión fue en las afueras de Barcelona, en una propiedad de los hermanos Mayor Meneses, cuñados del Capitán Murillo, ex comandante de la guarnición militar de Barcelona.

     El capitán Murillo entró en el Cuartel “Freites” a las 7,30 de la tarde del domingo 25 de junio de 1961. Salió y regresó 15 minutos después, acompañado por dos civiles. Al Subteniente Ramón Carrasquel se los presentó como primos. La tropa se entretuvo viendo una película. Después que terminó, Murillo le dijo a Carrasquel que mandara a buscar a los oficiales que estaban fuera. Carrasquel preguntó para qué. Murillo no le dio razones. Antes de que llegaran los oficiales, se presentaron unos civiles y el Capitán Murrillo, y de acuerdo con la versión de Carrasquel, los hizo pasar al Casino de Oficiales. Cuando todos los oficiales, a excepción del Subteniente Carlos Prato Martínez, estuvieron presentes, el capitán Murillo les explicó que se iban a dar un golpe militar que tenía comprometidos en varias ciudades. A ellos, los oficiales, les quedaban 3 caminos: unirse a los alzados, mantenerse neutrales o ir contra ellos. A uno de los civiles que lo acompañaban lo presentó como el Capitán Rubén Massó Perdomo. El otro era Ernesto Azpúrua. Después de esa reunión cada suboficial se fue a su habitación, vigilado por civiles. A las 3 de la madrugada del lunes 26 los subtenientes fueron despertados. El capitán Murillo arengó a la tropa y a los suboficiales les dio diversas comisiones: al Subteniente Luis Branchi Rodríguez ordenó que se encargara de la defensa circular del cuartel; al Subteniente Emilio Arévalo Braasch, que tomara el Aeropuerto; al Subteniente José Benito Querales, que fuera al cruce de Lechería; y al Subteniente Eleazar Flores León le ordenó que fuera a la ciudad y tomara la Digepol, la PTJ y la Policía Municipal.

Comandante (R) Martín Parada: en el expediente del “Barcelonazo” han declarado que él debía dar la señal sobrevolando Caracas al amanecer del 26 de junio de 1961

Comandante (R) Martín Parada: en el expediente del “Barcelonazo” han declarado que él debía dar la señal sobrevolando Caracas al amanecer del 26 de junio de 1961.

     De acuerdo con las declaraciones de Carrasquel, antes de que estas comisiones salieran ya habían comenzado a entrar civiles que fueron provistos de uniformes y armas. El Mayor Vivas Ramírez, de uniforme y ametralladora, entró a las 5.15 con el Capitán Enrique Olaizola; se hizo cargo del Comando mientras las patrullas salían a tomar lugares claves y a detener a personajes locales. Solórzano Bruce era el Gobernador. Poco después de las 5, en su residencia de Lechería, en el camino a Puerto La Cruz, ya estaba detenido con sus 6 guardias. Pidió que lo dejaran en su dormitorio porque se hallaba enfermo. Sus captores habían cortado los alambres del teléfono, pero el Gobernador tenía su teléfono adentro. Llamó a Canache Mata pero éste no le contestó. Ya había sido detenido. Al no conseguir al Secretario de Gobierno, ubicó a Efraín Landa, Director de Relaciones Interiores. La radio “Barcelona” ya transmitía el manifiesto de los alzados. El Gobernador pudo llamar al Comandante de la Guarda Nacional de Puerto La Cruz. Este le habló de rescatarlo por la playa, con una lancha. Landa, después de dar la noticia a Caracas, se fue a la casa de su jefe, pero fue detenido. Pronto lo llevaron al cuartel con Solórzano, donde ya estaba Canache Mata.

     El subteniente Carrasquel declaró después que él, Brachi Rodríguez y Prato Martínez eran vigilados por los civiles armados, pero que en un momento de descuido le dijeron a la tropa que se colocaran de a dos junto a cada civil y de a 3 junto a cada oficial alzado para recapturar el cuartel al primer descuido. Mientras las radios daban noticias contradictorias, el Teniente Coronel Ramón Blanco González, jefe de la Proveeduría de oriente, salió hacia Lechería a comunicarles el asunto a los Subtenientes Querales y Arévalo.

     A las 8 de la mañana se estaba amontonando la gente frente a la casa de AD. Ya se decía que los aviones bombardearían el Cuartel y el destructor “Almirante Clemente” había recibido órdenes de acercarse a Puerto La Cruz.

     Un par de horas después cuando Murillo y Massó salieron a la calle, llegó el momento de volverse hacia el lado del Gobierno. El Capitán Olaizola fue el primero en ser detenido. El cabo Porfirio Trías Díaz hizo preso a Vivas Ramírez. Inmediatamente comenzaron los tiros. Todos los civiles, aunque uniformados, se distinguían por una insignia en el brazo. El Subteniente Luis Brachi Rodríguez, dijo en sus declaraciones: “Los civiles, al ver detenido al Mayor Vivas Ramírez, comenzaron a disparar. La tropa contestó el fuego, dominándolos, luego de causarles muchas bajas entre muertos y heridos”. Y Carrasquel no fue más explícito: “Aprovechando el momento en que los Capitanes Massó y Murillo salieron de este Cuartel, fue dada la voz de ¡Ya! Y apresados el Mayor Vivas Ramírez y el Capitán Olaizola, quien también había entrado a este Cuartel. A tiempo que esto ocurría hubo una descarga que dejó un saldo de varios muertos, pero lográndose recapturar el cuartel. Poco después apareció aquí el Subteniente Prato Martínez trayendo presos a los capitanes Murillo y Massó”.

     Lo curioso de ese instante, el más discutido del “Barcelonazo”, es que los civiles fueron los que comenzaron a disparar, pero ningún militar resultó herido. Los civiles, en cambio, cayeron como moscas. Allí murieronn 16 y solo 7 resultaron heridos. En la calle habían muerto otras dos personas . Así los muertos aumentaron an 18.

     Los prisioneros, entre los que estaban Solórzano, Canache y Landa, estaban en el corredor en el momento de la matanza y creyeron que no iban a salir con vida. Se arrojaron detrás de las vieja sillas. Landa resultó con una bala en el tórax. El Gobernador Solórzano dijo que encomendó su alma a Dios cuando alguien lo apuntó, pero entonces alguien gritó: “¡A ellos no, son los gobernadores!”

     Ese día fueron detenidos más de cien personas. Por la tarde, mientras los deudos lloraban a sus muertos, algunos con más de 20 balas en el cuerpo, los detenidos fueron trasladados a Caracas.

Las investigaciones siguieron. Se dijo que se investigaría quién había provocado la matazón del cuartel Freites, pero eso no se hizo.

     El 3 de agosto del 61 una comisión de la Digepol mandada por Octavio Corales acudió a la avenida Juan Bautista La Salle a allanar el apartamento 52 de las “Residencias Mónaco”. En la calle detuvieron a Gustavo Adolfo Chirinos y Sixto Gerardo Reiles Piñero, quienes, según la policía, le cambiaron placas a un Mercedes Benz en el que irían enseguida al Hospital Militar a rescatar unos prisioneros. Cuando subieron al apartamento del quinto piso detuvieron a Luis Emilio Nouel Alonso, a Thelmo Naranjo, estudiante dueño del apartamento; el Capitán Simón Sánchez Mogollón y al Sargento Técnico Víctor Colmenares que se había fugado de la Escuela Militar; a Esteban Marcano Guerra y Eliseo Arcila.

     Adolfo Meinhardt Lares fue detenido después. El habló de los sitios donde habían tenido reuniones con los conjurados, y que le había pedido a Tamayo Suárez que se marchara porque la mayoría no quería nada con él. En el mismo mes de agosto fueron allanados el edificio Sucre, de la avenida Francisco de Miranda, donde hallaron algunas armas e insignias que se habrían usado en Barcelona; también el edificio “Los Médanos”, donde encontraron dinamita en el estacionamiento. Pero ese edificio de la avenida Las Palmas, de Boleíta, no fue el último allanado. La quinta “Linda”, de Los Chorros, también fue allanada y decomisaron otro poco de dinamita.

     Por esto es por lo que una treintena de personas siguen detenidas. Y los abogados, aunque han alegado que la pena pedida por el Fiscal es ilegal, confían en una absolución. Alegan que los muertos del “Barcelonazo” no fueron hechos por sus defendidos sino por los soldados que en ese momento se dieron vuelta al Gobierno.

     Massó Perdomo, poco después del “Barcelonazo” escribió, lleno de indignación: “La prensa capitalina afirmó que oficiales y soldados de la democracia reconquistaron el Cuartel, pero nadie señaló que horas antes, esa misma oficialidad al mando de sus tropas, desarrolló un plan que culminó con la ocupación militar de Barcelona. Entonces no eran soldados de la democracia: eran hombres de un movimiento que podía asomarse a la historia, pero cuya pequeñez no alcanzó a integrar la grandeza de los fines con el desprendimiento del corazón”.

FUENTES CONSULTADAS

  • Elite. Caracas, 3 de julio de 1965. Págs. 32-35

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