Aventuras del secuestro del barco Anzoátegui

18 Ago 2022 | Ocurrió aquí

En 1963, cuatro operaciones de alto impacto, puso en práctica el movimiento guerrillero venezolano, por intermedio de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), con el apoyo del régimen comunista cubano de Fidel Castro, contra el gobierno democrático de Rómulo Betancourt. El robo de cinco importantes obras de artes (enero), el secuestro de un barco (febrero), la retención por casi tres días del famoso futbolista argentino del club español Real Madrid, Alfredo Di Stéfano (agosto), y el ataque al tren de El Encanto (septiembre) fueron las cuatro acciones más notables de la guerrilla venezolana en ese año 1963.

El cabecilla del grupo de guerrillero que secuestró al carguero de la CVN, Wismar Medina Rojas, alias “Comandante Simón”, era un soltero de 29 años, dado más a las conquistas famosas que a la política
El cabecilla del grupo de guerrillero que secuestró al carguero de la CVN, Wismar Medina Rojas, alias “Comandante Simón”, era un soltero de 29 años, dado más a las conquistas famosas que a la política

     En febrero, un grupo de subversivos, capturó el buque “Anzoátegui”, perteneciente a la flota de la Compañía Anónima Venezolana de Navegación (C.A.V.N.), poco después de zarpar del puerto de La Guaira, iniciando así una aventura que durante más de una semana cautivó la atención de medios nacionales e internacionales, hasta que, acosados por la armada de Estados Unidos, los secuestradores lograron conducir la nave hasta Brasil, donde recibieron asilo y entregaron el carguero para ser devuelto a las autoridades de Venezuela. Al barco lo tomaron el día de la Juventud, pero solo avisaron un día después, cuando el presidente de la República, Rómulo Betancourt, celebraba el cuarto año de su gobierno.

     Cuba y Brasil les ofrecieron asilo. Los cabecillas del movimiento guerrillero eran: Wismar Medina Rojas, “Comandante Simón”, era un soltero de 29 años, dado más a las conquistas famosas que a la política; y José Rómulo Niño, el segundo comandante, era estudiante de arquitectura y a sus amigos les dijo: “Este carnaval lo pasaré en Brasil”. Otro guerrillero que tuvo notable participación fue Paul del Río (Máximo Canales), el mismo que, seis meses más tarde, secuestro al astro del fútbol, Alfredo Di Stéfano.

     El misterio es cómo ocho polizones pudieron entrar al muelle, aunque en la puerta no es difícil pasar sin salvoconducto. La captura del “Anzoátegui” opacó el aniversario gubernamental, pero no hizo desistir al Presidente de su viaje al exterior.

     Una extraordinaria crónica sobre este suceso fue escrita por el periodista Víctor Manuel Reinoso, en la edición de la revista Elite del 23 de febrero de 1963, cuya transcripción ofrecemos a continuación.

LA AVENTURA DEL ANZOÁTEGUI

Por Víctor Manuel Reinoso

     “A las 6 de la mañana del sábado 16 de febrero, el “Anzoátegui” fue avistado por un avión norteamericano a 180 millas de la Guayana Holandesa y el lunes 18 atracaba frente a una isla brasileña. En ese instante comenzó la etapa final de la aventura que habían iniciado 8 miembros del FALN a las 5 de la tarde del martes 12. Ese martes era el día de la juventud y los estudiantes lo celebraban en las ciudades más importantes de Venezuela. El 13 era el aniversario del cuarto año del presidente Betancourt en Miraflores. Caracas empezó a llenarse de volantes desde muy temprano. Al anochecer, el presidente se dirigía al país en cadena de radio y TV. Todavía  no terminaba su discurso cuando todos los diarios de Caracas y las agencias internacionales empezaban a recibir llamadas telefónicas: “Les hablamos del Frente Armado de Liberación Nacional. En el pipote de basura de la puerta de su periódico hay una correspondencia muy importante para ustedes. Se trata de la toma del mercante venezolano “Anzoátegui”. Un grupo del FALN lo tomó ayer, poco después de zarpar de La Guaira”. Los jefes de redacción se quedaron de una pieza. Los últimos días el FALN había ocupado la primera plana de todas las publicaciones.

     En Antímano, todavía salía humo de lo que fue el depósito de la Sears, en Barquisimeto habían sido dinamitados 3 puentes. La reacción de un jefe de información fue: “Yo no hago caso a las llamadas anónimas”. Del otro lado del hilo también se molestaron: “Le acabo de decir quiénes somos. Tome un lápiz y escriba. Nuestros nombres se lo iremos a decir cuando llegue la oportunidad”.

     Así se supo el secuestro del “Anzoátegui”. La Compañía Venezolana de Navegación, que tiene otros 9 barcos y 46 años de existencia, no creyó la noticia al principio. La Marina no estaba más enterada. El Contralmirante Sosa Ríos, su comandante general, acababa de volver ese día de los Estados Unidos. El Contralmirante Daniel Gómez Calcaño al frente de la Comandancia solo vino a certificar la toma del “Anzoátegui” al filo de la medianoche.

     Las radios daban la noticia del secuestro del barco, sin confirmarla. En la quinta “Isamar” de Catia La Mar, Isabel Acosta de Pereira fue despertada por sus familiares. Ya no pudo dormir más. Oscar Pereira, capitán del “Anzoátegui”, es su marido. En Caracas, en el aparamento 2 del edificio Pel, en Bello Monte, la madre del protagonista principal del buque tomado, Juana Rojas de Medina, solo supo la novedad cuando leyó los periódicos del jueves.

 

Cables breves

     La toma del “Anzoátegui” trajo enseguida a la memoria de todos, la aventura del “Santa María”, el trasatlántico portugués tomado hace dos años por el capitán Enrique Galvao, enemigo del dictador Oliveira Salazar. Los internacionalistas dijeron que se trataba de un delito político. El gobierno calificó el acto de piratería. Los insurgentes, después de un día de silencio, la noche del miércoles 13, mandaron su primer mensaje. Decía: 

     “En el día de ayer 12 de febrero de 1963, día de la juventud venezolana, una unidad de guerra a bordo, tomó en alta mar sin acto de violencia, el buque “Anzoátegui” con el fin patriótico de denunciar ante la opinión mundial, en el cuarto aniversario del gobierno dictatorial que padece nuestra patria”. Firmaba el grupo Rudas Mezones, encabezado por el segundo piloto Wismar Medina Rojas. “Comandante Simón” en la operación; José Rómulo Niño, “Comandante Rafael”, el jefe de escuadra Máximo Canales y los combatientes Juan H. Montilla, José Mario Peláez, Antonio López Sandoval. Tomas Pereira, Carlos Gil Palma y Carlos Hidalgo. De los 37 tripulantes del buque que había salido hacia Nueva Orleans, solo se supo lo que dijo un cable firmado por el secuestrado capitán Pereira: “Oficiales y tripulación bien. Avisen familiares”. El director de Telecomunicaciones insistió en otro cable: “¿Cómo se encuentra la tripulación y posición del buque?”. Los ocupantes del “Anzoátegui” no querían hablar mucho, para que no fuera descubierta su posición. Contestaron: “Buque en poder del FALN. Tripulación sin novedad” 

El 12 de febrero de 1963, Día de la Juventud, fue secuestrado en alta mar, por un grupo de guerrilleros, el barco “Anzoátegui”, perteneciente a la Compañía Venezolana de Navegación (CVN)
El 12 de febrero de 1963, Día de la Juventud, fue secuestrado en alta mar, por un grupo de guerrilleros, el barco “Anzoátegui”, perteneciente a la Compañía Venezolana de Navegación (CVN)

El jueves fue un día de nerviosismo. El “Almirante Clemente” se hizo a la mar a las 4 de la madrugada; el resto de la flota estaba en Puerto Cabello. Se dijo que el Ministerio de Comunicaciones mandaría un avión de reconocimiento y un enjambre de periodistas voló a Maiquetía para asistir a la recuperación del carguero. Al mediodía esas esperanzas se desvanecieron. Se dijo que el “Sucre”, un gemelo del “Anzoátegui”, lo habían avistado a 150 millas de las costas cubanas. El gobierno venezolano pidió ayuda al de USA y a todos los del Caribe. Barcos y aviones de guerra norteamericanos se dedicaron a la búsqueda del mercante capturado, mientras se creía que éste podía alcanzar Santiago de Cuba al final de ese día. Pero lo del “Sucre” era falso. Este buque había salido el día anterior de Mobile y solo iba a llegar a La Guaira el 19. No podía avistar nada al sur de Puerto Rico.

El último viaje

     Las noticias seguían siendo escasas. En la C. A. Venezolana de Navegación únicamente podían hablar de las características del “Anzoátegui”, que había sido construido en los astilleros de Roterdam, Holanda, en 1955 y es gemelo del “Mérida”, “Sucre” y “Yaracuy”. Había sido traído a Venezuela por el capitán Víctor González, el mismo que ahora está pegado a la radio de la compañía gritando sin cesar: “¡Atención “Anzoátegui”! “¡Atención “Anzoátegui!” “¡Atención “Anzoátegui!”, sin escuchar respuesta.

     El buque de 5 mil toneladas había costado unos 7 millones de bolívares y ahora valía 5 millones, estaba asegurado por esa suma en dos compañías de seguros, tenía un gasto diario de 4.287 bolívares, entre tripulación y combustible y una depreciación de 946 bolívares.

     Las biografías del capitán Oscar Pereira, a quien le quitaron el mando a unas 5 millas de la salida de La Guaira, no era mayor. Se trataba de un margariteño de 32 años, casado desde hacía 5 con Isabel Acosta, sin hijos. A la C.A. V. N.  había ingresado el 8 de septiembre del 53, como primer oficial del “Ciudad de Barquisimeto”, pasando después a comandar el “Ciudad de Cumaná”. Al “Anzoátegui” había pasado hacía solo 4 meses, hacía viajes al Golfo de México y cuando llegaba a La Guaira, se dirigía a su casa y permanecía allí hasta que solo le quedaban dos horas para zarpar de nuevo. El martes 12 de febrero no fue distinto. Estuvo en la quinta “Isamar” hasta las 3 de la tarde. Había llegado la noche del domingo de Puerto Cabello, donde su buque había descargado 336 mil toneladas de mercaderías para el comercio local. Allí cargó 50 barriles vacíos destinados a Nueva Orleans. En La Guaira solo iba a embarcar unas 600 bolsas de correspondencia. El capitán Román Parra, encargado de la oficina de la C.A.V. N. de La Guaira, supervisó ese día los trámites de rigor; le mandó primero una correspondencia al Administrador de Aduanas, diciéndole que el “Anzoátegui” saldría pronto, y otra correspondencia al Capitán de Puerto. Este mandó los remolcadores y prácticos. Como la operación se hizo dentro de las horas hábiles, el costo de la salida no tuvo recargos: los prácticos costaron 60 bolívares y el servicio de los remolcadores 250. Neptalí Marcano, el despachador de carga de la compañía que trabaja para ella desde hace 9 años, vio al “Anzoátegui” en el muelle 12 y no advirtió nada anormal. A las 5 y 5 minutos de la tarde el buque salió. De que iban 8 polizones que en un rato más iban a ayudarle a Medina Rojas a tomarse el barco, solo vinieron a saberlo al día siguiente.

El guerrillero José Rómulo Niño, segundo jefe de abordo, era estudiante de arquitectura en la UCV; “tenía más facha de pavito que de revolucionario”
El guerrillero José Rómulo Niño, segundo jefe de abordo, era estudiante de arquitectura en la UCV; “tenía más facha de pavito que de revolucionario”

Un rebelde foco político

     Galvao no usó mucho la radio cuando tomó el “Santa María”. Medina Rojas y sus 8 compañeros, la usaron menos, los radioaficionados de Venezuela, con su presidente José Gregorio Sánchez a la cabeza, trataban de comunicarse con el “Anzoátegui”, igual que todos los radioaficionados del mundo, pero sus captores preferían dar noticias por cables.

     Una agencia norteamericana le preguntó desde Puerto Rico a Medina por qué había tomado el barco, quién era él y su grupo, qué armas tenía, y cuál era su lider político. Wismar Medina Rojas contestó: “Confirmo FALN. Destacamento Rudas Mezones. Confirmo buque tomado patriotas venezolanos. Fin anunciar crímenes dictadura Betancourt. Tripulación bien”. Cuando le preguntaban por la posición del barco, contestaba: “No puedo dar posición”.

     El Contralmirante Sosa Ríos se había trasladado la tarde del jueves a Puerto Cabello a dirigir las operaciones. Cuando volvió el “Almirante Clemente”, se hizo a la mar el destructor “Nueva Esparta”. Se suponía que el “Anzoátegui” se hallaba en las cercanías de República Dominicana, pero nada era seguro. Del amotinado segundo piloto los directivos de la C.A.V.N. solo sabían que se trataba de un muchacho de 29 años, nacido en Caracas el 8 de septiembre de 1934; vivía en la avenida Caroní, en Bello Monte, había ingresado a la compañía el 14 de marzo de 1957, tenía segundo año de bachillerato; ahora era segundo piloto y como tal ganaba 1.100 bolívares mensuales, más sobretiempos. 

     Wismar Medina Rojas servía en el “Ciudad de Barquisimeto”, y el lunes 11 cuando se subió al “Anzoátegui”, para viajar en él por primera vez, volvía de sus vacaciones. Sus compañeros nunca lo vieron interesarse más por la política que por las muchachas, pero allí estaba, de repente, convertido en comandante insurrecto. Hasta sus dos hermanos y 3 hermanas se sorprendieron  al saber la noticia. Su madre se enfermó de terror y no habló con los periodistas. “Ëlite” estuvo dos veces en su casa y la que respondía las llamadas, sin abrir la puerta, era la criada. Ella se encargó de decir que el hijo de su patrona era soltero, buen hijo. Su hermano Silvio sentenció: “El es mayorcito ya para saber lo que le conviene”. Los diarios dijeron al comienzo que se trataba de un hermano del capitán de Fragata Pedro Medina Silva, uno de los jefes del “porteñazo”, eso fue desmentido, pero sí se dijo que era medio hermano del teniente de Navío Wallis Medina Parra, quien también intervino en el alzamiento de Puerto Cabello, por lo cual fue condenado a 25 años de prisión.

     Antes que finalizara el jueves, Medina Rojas se dirigió por primera vez  al senador Arturo Uslar Pietri. La compañía propietaria de la nave tomada logró captar el mensaje cuando estaba siendo enviado a Arrecife. El jefe de los rebeldes pedía al senador independiente que informara a la opinión nacional que el único responsable de la “acción Rudas Mezones” era él y que el capitán y los oficiales y tripulantes estaban bien y que agradecía que evitaran tergiversar noticias.

 

Rumbo hacia el sur

     El viernes por la mañana ya se decía que 1.600 infantes de marina buscaban el “Anzoátegui”. Cuba, por su lado, ofrecía asilo a los secuestradores y prometía entregar la nave al Secretario General de la ONU, si llegaba a algún puerto suyo. Esa mañana el telegrafista del “Anzoátegui”, Gary Arias Lugo, dirigió un mensaje a Andrés Arias, jefe de máquinas del “Mérida”, su padre, que se hallaba en ese momento en Nueva Orleans. Decía: “Estamos bien, bajo coacción, pero bien. Apagamos la radio”. Después de eso las informaciones dieron un vuelco. Se hacían conjeturas que el barco avanzaba con destino a Europa, porque sus captores no iban a caer en la trampa de acercarse a Cuba, donde le iban a salir al paso todas las unidades de la base de Guantánamo y la de Puerto Rico. “Ellos van por la ruta por la que vienen a Cuba los barcos de Europa” –se dijo–. Cuando encuentren uno trasbordarán y dejarán el buque en libertad. El objetivo era la publicidad y esa ya a consiguieron”. Esa teoría tenía muchas posibilidades, pero entonces líderes miristas de Venezuela dijeron que el “Anzoátegui” se dirigía hacia las costas de Brasil. Iban a repetir la aventura del “Santa María” desde el comienzo hasta el final. La operación se llama Rudas Mezones en homenaje al estudiante muerto en 1961, cuya conmemoraciópn del primer aniversario de su asesinato, causó el del profesor Ramírez Labrador. Los miembros del FALN en Caracas, a todo ésto, no perdían el tiempo. Sirviéndose del teléfono y de los pipotes de basura dejaban nuevos sobres con más informaciones, esta vez con fotografías de los captores del barco. Sus informaciones ponían a José Rómulo Niño como primer comandante de la operación. Niño es un estudiante de arquitectura alocado, que les reveló indirectamente a sus amigos su participación en la aventura con esta frase: “Este carnaval de Brasil no me lo pierdo. Acuérdense de que cuando llegue el carnaval, yo estaré allá”. De sus otros compañeros se sabían escasamente los nombres que ellos mismos habían dado. La excepción era Carlos Gil Palma, que trabajó como tercer piloto en el “Ciudad de Barquisimeto” hasta abril de 1958.

    El gobierno venezolano solicitó ayuda al gobierno de Estados Unidos, que envió aviones de la armada que localizaron al barco mercante secuestrado
    El gobierno venezolano solicitó ayuda al gobierno de Estados Unidos, que envió aviones de la armada que localizaron al barco mercante secuestrado

    Un cable de “Élite”

         En Caracas se seguían haciendo conjeturas acerca de cómo los 8 polizones habían podido burlar la vigilancia portuaria. Para pasar hasta los muelles los trabajadores marítimos tienen que llevar una tarjeta rosada, mientras que a los visitantes se los provee de una tarjeta celeste.

         Si hubo cómplices para que los miembros de la organización clandestina pasaran al muelle, es algo que se sabrá después. Lo que los reporteros de “Élite” pudieron comprobar que no es imposible pasar sin salvoconducto. Nosotros atravesamos el túnel de la plaza Vargas y salimos hacia los muelles. Un par de guardias nacionales apostados allí no nos pidieron ningún tipo de documento. Los miembros del FALN  pudieron hacer lo mismo.

         El “Anzoátegui”, que tiene 832 pies de largo y puede desarrollar una velocidad de 15 millas por hora, ese día seguía sin ser ubicado. Los famiiares de la tripulación se acercaban a las oficinas de la compañía que ocupa todo el segundo piso del edificio central, en la avenida Urdaneta; preguntaban cuánto duraría el combustible y se decorazonaban al saber que el barco tenía para navegar 15 días; entonces preguntaban por el abastecimiento y eran informados que también había comida para 15 días que, racionada, podía alcanzar para 20 días. Fuera de eso, el buque llevaba 50 mil bolívares para comprar lo que fuera necesario.

         El viernes al anochecer, “Élite” cablegrafió al “Anzoátegui. Les dijimos: “Interésanos reportaje aventura ustedes. Favor contestar objetivo acción, destino motonave, estado tripulación, situación a bordo, país donde se asilarán, etcétera. Gracias. Casi al amanecer, un radioaficionado nos hizo saber que recibiríamos respuesta. Poco después se supo que un avión P2V de la base de Jacksonville, USA, lo había avistado a 180 millas de la costa de Surinán, cuando avanzaba en dirección sur-sureste, posición 9 grados, 9 minutos, latitud norte; 54 grados, 14 minutos, longitud oeste, curso 150 grados.

     

    El mutismo del “Anzoategui”

         En las oficinas centrales del presidente de la C.A.V.N. el Dr. Alfonso Márquez Añez, se puso la corbata para darle la noticia a los periodistas. Pronto salieron de Ciudad Bolívar 3 aviones de las Fuerzas Aéreas Venezolanas y sobrevolaron el “Anzoátegui”. El destructor “Nueva Esparta”, al mando del capitán de Corbeta García Ibarra, que se hallaba la mañana del sábado nevegando en aguas internacionales en las inmediaciones de Cuba, recibió órdenes de dirigirse hacia las costas de Brasil, para que tratara de interceptar la ruta de los rebeldes. Desde ese momento el destructor de la Marina venezolana se puso a navegar a su máxima velocidad, 24 millas por hora, pero las esperanzas de alcanzar al carguero no eran muchas. En la central de la empresa naviera venezolana se escuchó antes del mediodía del sábado una transmisión de 3 minutos de Medina Rojas. El capitán Marcel Antonorsi, jefe de producción que estaba en ese momento a la radio, puso su dictáfono con la esperanza de conservar el mensaje, pero Medina hablaba un poco en clave y se le oía bastante mal. Decía que 4 aviones norteamericanosm estaban sobrevolando la nave como si tuvieran intenciones de ametrallarla “Eso demuestra –decía el “Comandante Simón”–, la interferencia de los Estados Unidos, en los asuntos venezolanos”. En Nueva York escucharon el mismo mensaje de esta manera: “La Papagua avisa al papago que va para Baracoa”. Haciendo una interpretación muy especial,una agencia noticiosa dijo que Papagua podría ser “Anzoátegui” y Baracoa, Belem. O Sea, el barco secuestrado iba para Belem, el puerto brasilero en la desembocadura del Amazonas, el más cercano, desde su posición de ese momento.

       Antes de que anocheciera, el gobierno de Joao Goulart hizo saber que si los rebeldes venezolanos llegaban al puerto brasilero, se les concedería asilo político y el barco sería devuelto a Venezuela. En Caracas, los miembros del Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL), que capturó el “Santa María”, felicitaba a la tripulación por la captura del “Anzoátegui”, diciéndoles: “En estos momentos todos los hombres libres están con vosotros”. Sin embargo, en Sao Paulo, el capitán Galvao, quien dirigió la “operación Dulcinea”, decía que la captura del barco venezolano no podía compararse con la del portugués, porque el “Santa Marta” no había sido tomado por comunistas. Los aviones norteamericanos que vigilaron durante todo el sábado la navegación del “Anzoátegui”, le transmitieron las instrucciones del Almirante Robert L. Dennison, Comandante de la Flota del Atlántico, de que se dirigiera a Puerto Rico. Medina Rojas y sus hombres se hacían los sordos. No contestaron. Ya era de noche cuando uno de los aviones disparó cohetes en la ruta del “Anzoátegui”, pero la nave calificada de pirata por el gobierno venezolano, continuó imperturbable su camino.

       En Caracas se pensaba que los captores del carguero venezolano, bien podrían elegir Georgetown, el puerto capital de la Guayana Británica, gobernada por el filocomuista Jagan, para atracar. El domingo en la noche la incógnita seguía. Varias unidades de la marina brasilera habían salido con la esperanza de llevar hacia uno de sus puertos el barco de la aventura. El “Anzoátegui” se hallaba entonces a unas 85 millas de la Guayana Francesa. Como el puerto más cercano seguía siendo Belem, se calculó que el carguero llegaría a puerto brasilero el martes en la noche. El destructor “Nueva Esparta” todavía no aparecía por la zona y nadie podía asegurar si iba a llegar a tiempo. Los aviones americanos no procedían porque la nave se encontraba en aguas internacionales y cualquier paso decisivo podía ser tomado como intervención directa en la política interna de Venezuela. En Caracas, la Venezolana de Navegación sacaba una sola cuenta: con la aventura había perdido hasta entonces unos 300 mil bolívares, porque ya había tenido que contratar otro barco para que trajera la carga que el “Anzoátegui” iba a recoger en Houston. Sobre el buque flameaba todavía la bandera roja y negra del FALN, cuando al amanecer del lunes 18 entraba definitivamente en aguas brasileñas y sus captores se preparaban a solicitar asilo político.

       Después de recibir asilo en Brasil, los guerrilleros venezolanos vajaron a Cuba, país donde se reunieron con uno de los líderes del gobierno comunista de la nación antillana, Ernesto “Che” Guevara, y luego ingresaron de manera  clandestina a Venezuela, para reincorporarse a la fracasada actividad subversiva que combatió con éxito tanto el gobierno de Betancourt como el de su sucesor, Raúl Leoni.

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