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José Gregorio en los altares de las iglesias de Venezuela – Parte II

Fatal accidente

     El domingo 29 de junio de 1919, una trágica noticia conmueve al pueblo caraqueño.  El doctor Hernández había salido de su residencia, en la casa número 3 de La Pastora, ubicada entre San Andrés y Desbarrancados, para atender a una señora de muy bajos recursos económicos que vivía muy cerca de allí, entre las esquinas de Amadores y Cardones. Tras evaluar a la paciente, él mismo decidió caminar hasta una botica que quedaba en la esquina, para comprar las medicinas.

     Al salir de la farmacia caminó unos cuantos pasos e intentó cruzar la calle. Desde la esquina de Guanábano subía el tranvía número 27, por lo que se detuvo antes que lo hiciera el operador. Pero no se percató que detrás del transporte colectivo venía un automóvil Hudson Essex, conducido por Fernando Bustamante. El carro detuvo la marcha para permitir que pasara un jovencito que llevaba una carretilla y luego adelantó al tranvía que estaba estacionado, sin advertir que José Gregorio Hernández también intentaba cruzar. El carro le dio un ligero golpe del lado del guardafango del conductor, el médico no pudo sostener el equilibrio y cayó al pavimento, golpeándose la base del cráneo con el borde de la acera.

     Fue una muerte instantánea, sin agonía, por fractura de la base del cráneo que destruyó el tallo cerebral.

El conductor Bustamante y el señor Vicente Romana Palacios, quien visitaba una casa del sector, trasladaron el cuerpo de Hernández en el mismo vehículo hasta el Hospital Vargas, donde el capellán Tomás García Pompa, le impuso los santos óleos y le dio la absolución.

 

Inolvidables exequias

     El acto velatorio del doctor Hernández se celebró en su propia casa. A la residencia se acercaron representaciones de todos los sectores de la sociedad en un largo desfile para compartir la pesadumbre de familiares y amigos. La ciudad estaba conmocionada.

     Al día siguiente, lo llevaron al Paraninfo de la Universidad Central de Venezuela, donde permaneció en capilla ardiente hasta el momento en que el cortejo fúnebre se trasladó hacia el Cementerio General del Sur.

     Según la crónica del diario El Universal, “El féretro fue conducido en hombros por los estudiantes de la Escuela de Medicina, desde la casa familiar hasta el Paraninfo de la universidad, en un recorrido que duró más de una hora. El cortejo fúnebre, ante la mirada de los vecinos que salían de sus casas a rendirle el tributo de sus oraciones, pasó por las esquinas de Tienda Honda, la Merced, Mijares, Santa Capilla, Principal, Las Monjas y San Francisco, precedido por gente humilde y trabajadores de los distintos gremios, quienes portaban en sus manos coronas de flores frescas recién traídas del cerro Ávila”. 

     Acompañaron el cortejo los ministros del Interior, Relaciones Exteriores e Instrucción Pública, al igual que el secretario de la Gobernación del Distrito Federal. Una vez en el Paraninfo, donde los restos reposaron hasta que fueron trasladados a la Catedral, los discípulos formaron una guardia de honor, que en grupos de cuatro, se turnaban cada media hora. 

     En las calles adyacentes y alrededores del Capitolio, familiares, amigos, vecinos, miembros de las asociaciones y gremios, formaron una multitud heterogénea que esperó pacientemente el momento del traslado del cadáver al cementerio”.

     Según la mencionada crónica y otra reseña de El Nuevo Diario, cuando el féretro iba a ser colocado en la carroza fúnebre que esperaba en la calle para conducirlo al cementerio, el pueblo, la gente humilde de Caracas, se adelantó exclamando: “…¡el doctor Hernández es nuestro!… ¡el doctor Hernández no va en carroza al cementerio!…”.

     Superado el incidente el ataúd fue tomado con el mayor respeto por brazos anónimos que lo elevaron sobre una muchedumbre que unida por el agradecimiento, pero sobre todo por el afecto se apropió de aquellos restos para llevarlos en hombros al cementerio.

     El cortejo inició entonces el traslado encaminándose hacia el sur, pasó por las esquinas de Gradillas, Sociedad, Camejo, Santa Teresa, Cipreses, Hoyo, Castán, Palmita, donde cruzó hacia el este siguiendo por Tablitas, El Sordo, Las Peláez y en vez de tomar rumbo hacia Alcabala y pasar por Puente Sucre, vía que usualmente seguían los entierros, cruzó para acortar camino hacia Guayabal y Puente Hierro, sitio donde estaban apostados dos agentes de la policía que cerraban el paso. Un grupo del cortejo se adelantó y les pidió que no intervinieran. En efecto, los guardias persuadidos por aquella imponente manifestación de duelo se retiraron en silencio.

     Al llegar a Roca Tarpeya y el Portachuelo anochecía. La gente prendió antorchas y velas que iluminaron el resto del camino. Eran las ocho de la noche cuando llegaron al cementerio. Con el ataúd en tierra y bendecida la fosa por el capellán encargado de los entierros, pronunciaron emocionados discursos, entre otros, los médicos Luis Razetti y Pedro Acosta Delgado, así como el señor Rafael Benavides Ponce y los bachilleres Pedro P. Serrano Ortiz y P. Rodríguez Ortiz.

 

Del Cementerio General Sur a La Candelaria

     Casi 60 años después de su fallecimiento, el 23 de octubre de 1975, se realizó la primera exhumación del Dr. José Gregorio Hernández, en la que sus restos fueron trasladados desde el Cementerio General del Sur, hasta la Iglesia Nuestra Señora de la Candelaria en la Arquidiócesis de Caracas.

Devoto del Dr. Jose g. Hernandez. Visitan su tumba en la iglesia de La Candelaria. Centenario de su muerte. Recorrido la pastora e iglesia La Candelaria. Caracas. 29-06-2019

     Un año antes, en septiembre de 1974, ocurrió un incendio en su tumba del Cementerio General Sur, dañando parcialmente el recinto. Se cree que la causa del fuego fue la cantidad de velas encendidas con las que los devotos rendían culto al “Médico de los pobres”.

     Inicialmente se solicitó reparar el lugar o trasladar la tumba a la entrada del cementerio, donde pudiera estar con mayor protección, pero no fue posible hasta que monseñor José Rincón Bonilla, vice postulador de la causa de beatificación, decidió buscar una iglesia para colocar los restos del Siervo de Dios. La razón para el traslado de los despojos se resume en la multitudinaria cantidad de personas que visitaban su tumba frecuentemente, siendo necesario incluso un velador para mantener el orden y el cuidado. Se escoge entonces, la capilla de los misterios de la Candelaria.    

     Tras 45 años de este acontecimiento histórico, el 26 de octubre de 2020 se realiza una nueva exhumación de los restos de José Gregorio con el fin de dar cumplimiento al proceso de beatificación. Es un requisito previo a toda ceremonia de beatificación, que se efectúa con anterioridad para ser identificado por el Obispo local.

     En esta nueva exhumación participaron médicos patólogos, especialistas y fiscales jurídicos de la Iglesia, como testigos de la presencia real de restos humanos. La finalidad de este proceso fue verificar la condición de los restos del nombrado beato, en primera instancia, para garantizar la prolongada conservación de su cuerpo, responsabilidad histórica para permitir la devoción, veneración y custodia de sus reliquias por las futuras generaciones. A su vez, fue necesario para recoger las reliquias de primer grado (osamenta) y segundo grado (vestimentas), que fueron distribuidas en las diferentes diócesis del país; las que fueron enviadas a la Santa Sede y las que se enviaron a los países en los que se instauraron santuarios con el nombre del beato.

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