CRÓNICAS DE LA CIUDAD

Hablando con el arquitecto Carlos Raúl Villanueva (Parte II)

Por Valentín Frontado,

Cosas de Caracas

En el futuro la ciudad será parte de un armonioso todo

     “El mundo marcha con demasiada rapidez” … Las palabras de Don Carlos Raúl me quedaron danzando en el cerebro. ¿Y porque no utiliza esa rapidez en el dominio de los recursos, para hacerse cada vez más feliz, sino que, al contrario, emplea todos sus inventos y todos sus descubrimientos en la empresa tétrica, estúpida, de aumentar su dolor?…

      Esto pensé, y no pude menos de expresarlo. Mi interlocutor, por toda respuesta, tomó el lápiz, lo fijó entre el pulgar y el índice, y velozmente trazó sobre el bloque de notas la silueta del mapa de Venezuela. Después, como quien pincha pasapalos con el escarbadientes, fue punteando aquí y allá, para indicar las capitales de estados. Finalmente, clavando la punta metálica de un compás en el sitio que correspondía a Caracas, trazó un amplio radio sobre la superficie territorial del país…

     La lección era tan gráfica, que no pude menos de entenderla; ella quería decir que la capital de la República tiene una razón para estar allí en ese punto: el rasgo descrito por el compás pasaba muy cerca de todas las capitales de estado. Observé:

     ― Un jueguito curioso, voy a recomendarlo a los lectores…

     ― Curioso y elocuente. Pero eso no es todo. Vea…

     Y me llevó ante un mapa-mundi. Guiado por su índice relacionó a Caracas, situada casi en la costa, sobre el Atlántico, con las costas europeas, situadas, como si dijéramos, “en la acera de enfrente”. Comenté:

     De modo que nuestra capital no solo responde a exigencias geográficas domésticas, sino internacionales también…

Carlos Raúl Villanueva (1909-1975), es considerado el arquitecto más influyente en la Venezuela del siglo XX

     ― Y así lo será por mucho tiempo, al menos mientras no se invente un sistema de comunicaciones que elimine el Atlántico con cauce del tránsito comercial y cultural entre los dos grandes Continentes…

     Aquí comenté para mis adentros:

     “! ¡Quién sabe si ya llegó ese día! ¡El mundo marcha tan rápido! ¿No se ha hablado de una ruta estratosférica por encima del Polo?” … Don Carlos Raúl prosigue:

La Ciudad Universitaria es la obra cumbre de Villanueva

     ― Con todo eso he querido mostrarle que las ciudades no son, o no deben ser, islotes humanos divorciados de la vida que se desarrolla más allá de sus linderos. La ubicación de una ciudad se ha inspirado siempre en una serie de relaciones más o menos próximas, más o menos lejanas. Pero estas razones estratégicas simples se complicarán en el futuro, tomando un sentido profundamente humano. Quiero decir que la ciudad, la región, el país, y en último término, los países entre sí formarán una trama de vinculaciones materiales que hará del mundo un todo homogéneo y fraternal. La ciudad irá al campo, y el campo vendrá a la ciudad. Los campesinos disfrutarán de los bienes de la ciudad, y los habitantes urbanos gozarán del ambiente campestre dentro de la propia ciudad…

     Para llegar allá es necesario organizar, compulsar, poner en juego esa ciencia que es más bien la reunión de todas las ciencias y que tiende a humanizar lo más profundamente la vida: el urbanismo. Y hace falta igualmente legislar, y esperar que lo legislado surta sus efectos…

     Para llegar allá es necesario organizar, compulsar, poner en juego esa ciencia que es más bien la reunión de todas las ciencias y que tiende a humanizar lo más profundamente la vida: el urbanismo. Y hace falta igualmente legislar, y esperar que lo legislado surta sus efectos…

     Cuando estreché la mano de don Carlos Raúl, ya era de noche. En la calle, una muchedumbre apresurada, angustiada, me lanzaba de aquí para allá, me empujaba, me confundía a cada instante entre las espirales de sus remolinos. Yo iba abstraído, meditando en las cosas que me dijera el artista. Y me decía maquinalmente: “¡Quizá llegaremos a esos días serenos en los que el obrero no sea una mera cabeza de ganado confundido en la muchedumbre de sus semejantes, arreado por el pito de la fábrica, espoleado por el rítmico e irremediable traquetear de las máquinas!…

     ¡Quizá llegará el día en que cambie este torturante espectáculo de cemento armado, y pueda aparecer ante nuestros ojos irritados, la generosa perspectiva del bosque y del riachuelo!” …

     Andando, andando llegué hasta la parte sur de la ciudad, y en un claro respetado hasta ahora por la marejada de la mampostería me detuve, porque al fin tenía ante mí, imponente, magnífica, la lejanía…

La moderna Escuela Gran Colombia de Caracas, fue diseñada por Villanueva en 1939

     Allá abajo, con todo el aparato de una decoración teatral, aparecían las faldas avileñas, teñidas por los últimos destellos solares con tonalidades de musgo, con matices de nácar, con transparentes coloraciones de violeta.

Tomado de la revista Élite. Caracas, N° 1.043, 29 de septiembre de 1945; Páginas 6-7, 34-35

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