Gómez prohíbe las carreras de galgos

19 Abr 2022 | Crónicas de la Ciudad |

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
En 1927, José Villaró introdujo las carreras de galgos en Venezuela

     “Cuando José Villaró decidió inaugurar un canódromo en Caracas, su intención fue la de dar a esta, su querida ciudad, un espectáculo que causaba furor en Londres y en numerosas capitales europeas y de este continente. Nunca imaginó que tendría tal éxito que el dictador Juan Vicente Gómez decidió impedirle sus actividades porque amenazaba con superar el fanatismo por las carreras de caballos.

     El verdadero origen de las carreras de galgos en pista data de 1919, cuando el norteamericano Owen P. Smith colocó un conejo de juguete sobre un riel electrificado y le hizo dar una vuelta por una improvisada pista.

     Los galgos, sostenidos por una cadena de hierro, fueron soltados y se lanzaron tras el mecanismo con el mismo ímpetu que si se tratara de una liebre viva en un coto de caza. La idea fue patentada por Smith y la primera pista construida para explotar este novedoso espectáculo, fue la de Emercille (California), con una longitud de 300 metros.

     El nuevo deporte obtuvo gran éxito, debido a las apuestas en taquillas y de inmediato, en 1920, se realizaron las primeras carreras de perros nocturnas.

     En 1925 se inauguró un canódromo en Manchester (Inglaterra), siguiendo los de White City, Cardiff, Glasgow y Birmingham.

     Paris, Miami, Buenos Aires, Madrid y Caracas, no tardaron en imitar a las ciudades inglesas. En cada carrera tomaban parte por lo general ocho y a veces hasta doce galgos, cada cual, con una pequeña gualdrapa con el número correspondiente. La liebre mecánica se halla montada en una diminuta plataforma, atada a un cable que se enrolla en un cilindro movido por unos engranajes, cuya velocidad se regula para que los galgos no puedan alcanzarla.

     La velocidad de la liebre mecánica alcanza a los 60 kilómetros por hora y las pistas oficiales en formas redondas u ovaladas, tienen de 400 a 800 metros de largo.

     Los perros que se utilizan en estas pruebas tenían un instinto tan especial que se comportaban en la carrera como consumados atletas, que incluso se lanzaban enteros, dándolo todo, al “sprint” final, imprimiéndole gran emoción a la competencia. Para que no falte nada, los galgos de carreras poseen su “pedigree”, que es su línea genealógica que los acredita como pura sangre.

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
Aviso de prensa publicado en el diario caraqueño El Universal. el 29 de septiembre de 1927

Carreras de galgos en Caracas

     El personaje que introdujo las carreras de galgos en Caracas, fue el empresario de los grandes espectáculos en Venezuela, promotor de fabulosas temporadas de operetas, zarzuelas, cine y corridas de toros, el señor José Villaró, quien luchó duramente, sin escatimar esfuerzos y dinero, para habilitar el Hipódromo “El Paraíso” (demolido en 1959) en canódromo, denominándolo con el pomposo nombre “Paraíso Greyhound Park”. Las fuertes lluvias caídas en esa temporada, obligaron a José Villaró a aplazar la inauguración de las anunciadas carreras de perros en la fecha fijada.

     Los trabajos de acondicionamiento de la pista fueron suspendidos, ya que el deseo del empresario era presentar el novedoso espectáculo en condiciones favorables para satisfacer y corresponder a la gran expectativa demostrada por el público caraqueño, por el atrayente y simpático deporte.

     Al fin, superados todos los inconvenientes, se efectuó la inauguración de la primera temporada de grandes carreras de galgos, el sábado 1 de octubre de 1927, a las 8 y 30 de la noche, asistiendo a tan magno acontecimiento, invitados especiales y una nutrida concurrencia.

     En las afueras del local se produjo una tremenda galleta de tránsito, entre coches, tranvías, automóviles y peatones, a la llegada y a la salida del espectáculo. Fue de tal magnitud la aglomeración de gente y vehículos, que resultó insuficiente la fuerza policial, temiendo que apelar a los rolazos para mantener el orden en la calle y en las taquillas de venta de los boletos de entrada.

     La función se desarrolló normalmente y la jugada a ganador, placé y mutuales subió a la astronómica cifra de 80 mil bolívares en medio de un ambiente alegre y emotivo. Cuando se consideraba realizado el disfrute de este pasatiempo, y la afición a las carreras de galgos se mantenía viva y efectiva, la gobernación distrital suspendió hasta nuevo aviso las actividades del canódromo paradisíaco, saliendo con “las tablas en la cabeza” el empresario Villaró.

     En cuanto se conoció la resolución de cerrar el concurrido sitio, comenzaron a correr las bolas con piquete político, puestas en circulación por la oposición antigomecista.

     Lo cierto de este caso fue que el general Gómez se dio cuenta que el negocio de las carreras de galgos iba en camino de acabar con las carreras de caballos, y eso no le convenía a sus intereses económicos, tomando en cuenta que el Hipódromo pertenecía a la nación y la mayoría de los caballos pura sangre eran de su propiedad, y los restantes de los miembros de su camarilla.

     Esto explica el porqué de la suspensión de las carreras de perros, cuando estaba en pleno furor colectivo y el auge de las mismas amenazaba extenderse a las principales ciudades del país. Algunos años más tarde, en tiempos de Eleazar López Contreras, reaparecieron las carreras de galgos.

     Las veladas se escenificaron en un canódromo instalado en la vía carretera que conducía a Petare, en la zona de los “Palos Grandes”, allí entre cañamelares y trapiches, armaron lo que los empresarios llamaron “Gran Canódromo del Este”, donde lo único aceptable era la pista, muy bien acondicionada, por cierto, las taquillas de juego y un bar. Lo demás era tierra y polvo en verano y en invierno pantano por todos lados; pero el público apostador como siempre, acudía en masa a jugar a los perros de su preferencia.

     El tercer y último canódromo que funcionó en Caracas, fue el que levantaron al final de la avenida “San Martín”, en unos terrenos desocupados, también usados en ciertas oportunidades por un parque de atracciones mecánicas con pretensiones de “Coney Island”.

     Esta es, a breves rasgos, la historia de un deporte-espectáculo que llenó de mucho beneplácito a los caraqueños de antaño.

     Vale destacar que, durante el gobierno de Luis Herrera Campíns, en 1979 se autorizó la construcción de un canódromo en la isla de Margarita, que fue inaugurado años más tarde, en 1986, durante el gobierno de Jaime Lusinchi. Abrió sus puertas bajo el nombre de “Canódromo Internacional de Margarita” y estuvo administrado por el Instituto Nacional de Hipódromos (INH). Al poco tiempo, en 1992, comenzó una fuerte crisis en el manejo de sus fondos, lo que origino un declive hasta su completo abandono en el año de 1996

José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
El primer canódromo que se estableció en Venezuela estuvo situado en terrenos del Hipódromo de El Paraíso, en Caracas
José Gil Fortoul (1861-1943) fue uno de los más importantes historiados de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX
La primera carrera de perros que se realizó en Venezuela, se llevó a cabo la noche del sábado 1 de octubre de 1927, ante invitados especiales y una nutrida concurrencia
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