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La Cámara de Caracas

Venezuela, Estado contra Estado


 

Dos vicefiscales, dos magistrados para cada silla del Tribunal Supremo de Justicia, dos Parlamentos en el firmamento, y un camino empedrado hacia un completo desbarajuste institucional. Venezuela transita por donde otras naciones ya caminaron, la construcción de Estados paralelos que confirmen el absoluto divorcio entre sectores políticos enfrentados

 

 

 

Doña Flor tuvo dos maridos. Y doña Venezuela está al borde de tener dos Estados. La división de la sociedad ya alcanzó a las instituciones. Antes de ser absolutamente disuelta por la Asamblea Constituyente del presidente Nicolás Maduro, las bases de la República Bolivariana estallan en mil pedazos.

 

 

 

Los dos poderes que emanan del voto popular, Ejecutivo y Legislativo, no se reconocen mutuamente. También existen dos poderes judiciales, uno controlado por Maduro y otro designado por el Parlamento de mayoría opositora. Y siguiendo las instrucciones de Miraflores, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) nombró a una vicefiscal que ya asume las funciones propias de la jefa del Ministerio Público, Luisa Ortega Díaz.

 

 

 

Cada parte organiza y celebra su elección. La consulta popular del 16 de julio, donde más de 7,5 millones de venezolanos expresaron su rechazo a la Constituyente, fue convocada por la Asamblea Nacional y desarrollada por los partidos de la oposición y las organizaciones de la sociedad civil. A falta de los rectores del Consejo Nacional Electoral (CNE), los rectores de las principales universidades del país sirvieron como garantes del proceso impulsado por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

 

 

 

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El chavismo, por su parte, escogerá a los 545 miembros de su Constituyente este domingo, contando con el respaldo del CNE y la Fuerza Armada Nacional (FAN). De esa votación surgirá un cuerpo que, según han indicado distintos voceros del oficialismo, no solo reescribirá la Carta Magna, sino que cerrará el Parlamento, removerá a Ortega Díaz y encarcelará al liderazgo opositor por “golpista” y “terrorista”. En definitiva, un Estado a la medida de la revolución.

 

 

 

Todos se acusan de subvertir el orden constitucional. “Ahora están cometiendo el error garrafal de crear un Estado paralelo que es una barrabasada, una estupidez”, declaró Maduro, quien se lanzó a la cacería de los magistrados ungidos por la Cámara. “Todos van a ir presos, uno detrás de otro y a todos les congelarán los bienes, cuentas y nadie los defenderá”, manifestó el dignatario, que hasta el momento de escribir esta nota ya había detenido a tres de los 33 togados seleccionados por la AN.

 

 

 

El primer vicepresidente del Parlamento y coordinador de Voluntad Popular, Freddy Guevara, desmontó los señalamientos de Miraflores con este argumento: “Ellos están acusándonos de armar un Estado paralelo y yo quiero preguntarle a ellos quién nombró un CNE cuando eso le correspondía a la AN, quién nombró a una vicefiscal paralela cuando eso le corresponde a la AN. Quienes comenzaron a crear un Estado paralelo fueron ellos, quienes quieren montar un Estado paralelo con la Constituyente para hacer un Estado comunal y comunista son ellos, nosotros estamos instaurando el Estado constitucional”.

 

 

 

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Muy peligroso

 

Esta construcción de dos Estados, uno en contra del otro, lleva al politólogo Ángel Álvarez a recordar los escenarios de “pre-guerra” que se han registrado en otras latitudes. “Ejemplos: España después del fracaso del golpe de Franco a la República en 1936, y más contemporáneamente, Libia desde 2014. También hay casos de guerra interna con intervención internacional: Vietnam y Corea durante sus guerras internas, Haití en 2009”, cita el académico.

 

 

 

Concentrándose en el drama nacional, Álvarez sostiene que la República Bolivariana experimenta en este momento “un descenso importante en la escala de Estado fallido”. “Con dos TSJ y eventualmente dos estructuras de Estado separadas, el próximo paso sería el conflicto abierto. Este, sin embargo, solo sería posible con dos ejércitos enfrentados y no veo esa posibilidad en el futuro inmediato”, expone el analista.

 

 

 

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Aunque el gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski, insiste en destacar las tensiones que atravesarían a la Fuerza Armada Nacional, hasta la fecha la cúpula militar, encabezada por el ministro de Defensa Vladimir Padrino López, mantiene su apoyo a Maduro y su Constituyente. El Parlamento y Ortega Díaz llaman a los militares a desconocer la autoridad de su comandante en jefe, pero todavía los uniformados permanecen leales a Miraflores.

 

 

 

“Lo más probable, entonces, es un periodo breve de coexistencia conflictiva de los órdenes políticos sin clara división territorial, y la imposición violenta del gobierno militar bien armado sobre la oposición”, concluye Álvarez.

 

 

 

Sin fuego

 

El consultor político Miguel Ángel Martínez Meucci subraya que “mientras el gobierno se ha ido haciendo más ilegítimo y violento, la oposición aumenta su legitimidad sin tener cómo recurrir a un ejercicio legal de la violencia. En resumen, legitimidad y violencia no están repartidos equitativamente, sino que se han convertido en atributos opuestos de los actores en conflicto. Esta situación no es característica de guerras civiles, sino de rebeliones populares ante gobiernos tiránicos fuertemente desacreditados”.

 

 

 

Descartada en principio la hipótesis de la guerra civil, el politólogo considera que Venezuela marcha hacia “una situación de ingobernabilidad creciente en la cual el régimen terminará de perder la poca legitimidad con la que aún cuenta, dependiendo cada vez más de una lealtad militar que, por su parte, enfrenta fuertes costos y presiones”.

 

 

 

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Martínez Meucci observa que el rechazo interno y externo contra el gobierno, aunado a su incapacidad para atender las necesidades de la población, puede convertir a la Constituyente en una especie de “autogol” que aumente la inestabilidad de la revolución, “pero solo si la presión que actualmente ejercen la ciudadanía y la comunidad internacional se sigue manteniendo”.

 

 

 

“En medio de este proceso, está claro que la población sufrirá aún más y que la oposición posiblemente será objeto de mayor persecución, pero si a pesar de ello ambos son capaces de seguir manteniendo la presión de los últimos meses, es muy probable que el desenlace sea la salida de Maduro del poder. Por el contrario, si esa presión decae absolutamente, el régimen puede terminar reinando sobre escombros, consolidándose como entramado de mafias puramente extractivas y depredadoras de las riquezas de la nación (tal como sucede con varios regímenes africanos) y comprometiendo la viabilidad de ésta para varias décadas”, finaliza el experto.

 

 

 

Fuente: Clímax

 


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