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La Cámara de Caracas

Discurso del Expresidente Fernando Eseverri


Queridos invitados, compañeros de Cámara y amigos:

Quiero agradecer la presencia de todos ustedes en este acto. Me siento honrado de su compañía en esta ceremonia que se ha repetido unas 44 veces en los últimos 121 años. Me refiero a la tradición institucional de reconocernos como parte de un esfuerzo histórico en el que hemos estado involucrados para construir un país próspero, lleno de oportunidades productivas y empeñados en proponer un modelo en el que la libre empresa, los derechos de propiedad, la libertad contractual y la ética de los negocios son condiciones indispensables para lograr el bien social.

 

El papel y el impacto de nuestras instituciones gremiales hay que apreciarlos en perspectiva. Como representantes y voceros del sector privado hemos participado en el progreso del país y también hemos vivido momentos difíciles. Aún hoy quedan unos 380.000 empresarios a cargo de 500.000 empresas, dando la cara y aspirando a que superados los obstáculos que ahora nos afectan podamos multiplicar nuestro aporte al país. Aquí y ahora en este momento del país, cuando encaramos tantas dificultades, el papel de nuestras instituciones gremiales es todavía más determinante para seguir señalando el contraste entre lo que tenemos y lo que podríamos tener; entre lo que somos y lo que podríamos ser. Seguimos siendo importantes para resaltar que la ruta de la libertad pasa necesariamente por la empresa privada, un mercado libre y el trabajo productivo.

 

Nunca antes en nuestra historia habíamos vivido una crisis política y económica tan importante como la que estamos experimentando. Como ciudadanos estamos en todo nuestro derecho civil de exigirle a este gobierno eficiencia, capacidad, transparencia y honestidad en el manejo de los recursos del país. Lo único que vemos es retórica y no intención de corregir para hacer las cosas mejor. La crisis es tan grave y profunda que no debemos ni podemos quedarnos callados. Toda esta crisis política y económica nos ha traído inseguridad  jurídica, corrupción, pérdida de valores, inflación, desabastecimiento y desempleo. El gobierno habla constantemente de una guerra económica que no existe, inventada por ellos para ocultar el rotundo fracaso de su modelo económico. La única guerra que existe es la que el gobierno le está haciendo a los venezolanos. Cuando oigo esto de guerra económica no puedo dejar de pensar en la película de Dustin Hoffman, donde él inventa una guerra que no existe y es la primera víctima de su propio invento. En vez de guerra económica lo que estamos viviendo es una economía de guerra.

 

Frente a este panorama hoy más que nunca son importantes las instituciones que representamos: los gremios, la Cámara de Caracas, Fedecámaras, Conindustria, Consecomercio, todas las cámaras Sectoriales y regionales del país. Hoy es fundamental el hecho de que estemos unidos, que coordinemos los mensajes que queremos enviarle al país. Estamos en la obligación de ofrecer alternativas. La credibilidad de la empresa privada en las encuestas más recientes está en alto. A la pregunta  » ¿La economía del país sólo mejorará  si el gobierno ayuda a prosperar a las empresas privadas?» el 87,8 de la población está de acuerdo con esta frase. Y a la pregunta de «¿la revolución deberá expropiar a las empresas privadas para transferirlas a los trabajadores? «, el 85,9% está en desacuerdo.

 

Cada uno de los que hemos aceptado la responsabilidad de dirigir un gremio empresarial sabemos que sobre nuestros hombros cargamos el desafío inmenso de no defraudar una trayectoria de décadas. Pero ese peso se vuelve ligero cuando se cae en cuenta que además de todo el empuje que viene de atrás, y que compromete, se comparte la responsabilidad con un equipo de colegas que están igualmente comprometidos. Yo me siento orgulloso de haber compartido mis dos años como presidente con una junta directiva impecable, un grupo de ex presidentes totalmente integrados y un comité ejecutivo involucrado. Para todos ellos mi eterno agradecimiento. Quiero también agradecer muy especialmente a todo el equipo de la Cámara que me acompañó durante mi presidencia, a Víctor Maldonado, su Director Ejecutivo, a Diana Droulers como Directora del Centro de Arbitraje y al resto del equipo (Adriana, Arcadio, Diego, Letizia, Zoila, Yauri, Nazareli, Margarita y Ricardo), para todos ellos mi reconocimiento y cariño.

Nuestras instituciones tienen el reto constante de ser útiles y representativas. Ser la voz de los principios y en paralelo acompañar la cotidianidad de las empresas pequeñas, medianas y grandes. En Caracas somos parte de una red difusa pero abundante de expresiones sectoriales y locales de empresarios. Y nos corresponde seguir en la ruta de fortalecer las redes, afianzar las comunicaciones, intensificar los vínculos y practicar con constancia la disciplina de la solidaridad. También nos toca seguir insistiendo en fortalecer nuestra propia representatividad a través de nuevas afiliaciones. Dejo constancia que no solo tenemos nuevos afiliados sino que ninguno ha decidido retirarse por miedo o temor a la defensa intensa de los principios. Porque el reto de una Cámara como la de Caracas es hacerse sentir como buena socia y líder eficaz, sin caer en la trampa de la hegemonía y reconociendo que el signo de los tiempos modernos es el pluralismo de las redes y la presencia moral como parte de las nuevas soluciones y los nuevos enfoques. En ese sentido trabajamos con ahínco y dejamos como testimonio la iniciativa del Consejo Empresarial de Caracas, un espacio concebido  para compartir problemas y permitir el abordaje de la complejidad de una urbe como Caracas.

 

Debemos cuidar el tejido empresarial que tenemos. Duele ver que en los últimos tiempos se ha incrementado el cierre de empresas y que nuestras calles lucen desoladas donde antes había pujanza. Por eso nuestro mensaje es de resiliencia. Sabemos que no vivimos la mejor época, pero también sabemos que las peores épocas preceden a los mejores tiempos. Tal vez esa es la esencia de nuestra fortaleza institucional. La sabiduría que consiste en haber visto muchas malas épocas y muchos buenos momentos. Y no me cabe duda en esta oportunidad se repetirá el ciclo.

 

 

La Cámara cuelga la foto de sus ex presidentes pero no los pasa a retiro. Seguimos disponibles y articulados a los proyectos institucionales, animados por el mismo espíritu de lucha y empeño para lograr lo mejor de este país. En el negocio gremial es más fácil entrar que salir. Y no es un problema de reglamentos sino de espíritu de equipo y porque mantenemos nuestro compromiso de trabajar y soñar juntos por un país decente y próspero. Porque las libertades siempre consiguen la forma de imponerse.

 

Quiero hacer pública en este momento mi solidaridad con el Alcalde Metropolitano Antonio Ledezma, gran demócrata, gran amigo de esta Cámara y siempre dispuesto a apoyarnos y ayudarnos en nuestras iniciativas.

 

Concluyo agradeciendo nuevamente el gesto institucional y la
 significación de este acto. Y a todos los presentes por ser parte de esta celebración.