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La Cámara de Caracas

Diez razones que arruinaron a Pdvsa


 

Pdvsa está mal. La compañía está pagando el costo de la pérdida de su capital humano. Por eso sigue cayendo la producción y los precios no terminan de levantarse a los niveles que el gobierno quisiera. Recuperar la producción de Pdvsa pasa por un programa de repatriación del capital humano que tuvo que irse a trabajar a otros países, y por el fortalecimiento de la gerencia de la compañía.

 

 

La narrativa oficial sobre el rescate de Pdvsa tendrá que reescribirse porque muchos de los hechos que ayer se presentaron como logros y hazañas de la compañía, hoy se revierten en su contra y amenazan con su bancarrota. ¿Por qué está en ruinas Pdvsa? Aquí hay diez razones que responden esa pregunta:

 

 

1) Por una política cambiaria que la obliga a rematar 66% de sus divisas a 10Bs/$. Pdvsa tiene 144.000 trabajadores y para pagar un obrero que gana Bs 1 millón tiene que cambiar 100.000 dólares. A esa tasa de cambio no le rinden los bolívares y por eso se endeuda con el BCV que emite dinero inflacionario para cubrir su déficit.

 

 

2) Las finanzas de Pdvsa está deterioradas por un subsidio a la gasolina cuyo costo de oportunidad alcanza los $14.000 millones anuales. El bajísimo precio de la gasolina estimula el contrabando de 100.000 barriles diarios y es un subsidio que no favorece a los más pobres que no tienen carro.

 

 

3) Pdvsa está aplastada por la pesada carga de una deuda externa que ya no puede pagar, debido al estancamiento de los precios del petróleo y a la caída de la producción que reducen el ingreso en divisas y su capacidad de pago.

 

 

4) Pdvsa no puede seguir soportando el peso de PetroCaribe, el Convenio con Cuba y demás acuerdos energéticos que financia a 20 años y con tasas de interés de 2%.

 

 

5) Tampoco está en condiciones de cargar con toda clase de programas agrícolas, industriales y vivienda que no tienen nada que ver con su naturaleza de compañía petrolera y deben ser transferidos a los ministerios que corresponde.

 

 

6) El sobrepeso que representan las misiones sociales deteriora la capacidad operativa y gerencial de Pdvsa, cuya nómina está sobresaturada con más de 100.000 promotores y activistas que no agregan valor a la empresa.

 

 

7) El desvío de los fondos destinados al mantenimiento para financiar programas clientelares causa accidentes e interrupciones no programadas que afectan el desempeño de la industria.

 

 

8) La sustitución de los procesos de licitación por adjudicaciones directas se convirtió en práctica común y encubre sobreprecios e incumplimiento de contratos, causando graves daños a la empresa.

 

 

9) La corrupción generalizada en todos los niveles técnicos y gerenciales, que desembocó en el encarcelamiento de decenas de gerentes y dos expresidentes de Pdvsa, ha sido uno de los factores de mayor peso en la ruina de la compañía.

 

 

10) Pero el desmoronamiento de Pdvsa comenzó con el despido masivo de 20.000 trabajadores. La industria perdió su principal materia prima: la materia gris de miles de profesionales que formó a nivel de pregrado y posgrado. Así quedó en manos de mediocres e incapaces que la llevaron a la ruina.

 

 

No olvidemos que la principal capacidad de pago del país depende de las petrodivisas que genera Pdvsa. Y si se hunde Pdvsa se hunde Venezuela. Para evitar esa tragedia, lo mejor es declarar un default preventivo y acordado con los acreedores. Esto será menos traumático que una tardía y caótica cesación de pagos que traerá como consecuencia el embargo de activos físicos y financieros de Pdvsa en el exterior, incluyendo las cuentas por cobrar por ventas de petróleo.

 

 

Un default preventivo y concertado con los acreedores es perfectamente posible y conveniente para el interés nacional. En una reestructuración amistosa, además de ampliar el plazo de vencimiento de los bonos y de mejorar las tasas de interés, el país se puede beneficiar con una rebaja de la deuda, equivalente a la diferencia entre el valor facial y el valor real al que se cotizan los bonos venezolanos en los mercados. Esto permitiría liberar recursos que se puedan reorientar en favor de la reactivación de Pdvsa y del aparato productivo interno.

 

 

Para que los acreedores acepten esta alternativa, urge un profundo proceso de reingeniería de Pdvsa que la libere de la sobrecarga de funciones que no son consubstanciales con la misión de una compañía petrolera. La transferencia de estas tareas a los entes públicos a los cuales realmente corresponde, ayudará a sincerar la nómina que necesita la empresa para realizar sus funciones medulares de exploración, extracción y refinación de crudos. Una gerencia profesional que recupere la producción, aún en un contexto de estancamiento de los precios del petróleo, generará confianza y abrirá el acceso a los mercados financieros.

 

 

La deuda externa de Pdvsa todavía es manejable, si se le compara con las enormes reservas de petróleo. Esto convierte a Pdvsa una empresa mucho más solvente que otras compañías petroleras que tienen una deuda equivalente, pero con un nivel de reservas mucho menor. Esto da un margen de negociación para refinanciar la deuda, pero si Pdvsa cae en una cesación de pagos desordenada, sus acreedores desencadenarán una ola de litigios y embargos que haría trizas la empresa.

 

 

Para aliviar las finanzas de Pdvsa, hay que unificar el régimen de cambios a un nivel que exprese la verdadera productividad del aparato productivo nacional. Esta tasa puede estar en torno a 10.000 Bs/$, nueve veces menos que el paralelo. Así, en lugar de recibir solo 10 millones de bolívares por cada millón de dólares a la tasa Dipro, Pdvsa obtendría 10.000 millones de bolívares.

 

 

La unificación cambiaria a este nivel no solo generaría más bolívares a Pdvsa para pagar la nómina y poner al día las deudas que arrastra con proveedores y contratistas, sino que también ayudaría a drenar el exceso de liquidez que presiona la inflación y la cotización del paralelo.

 

 

 

Fuente El Estímulo


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